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Laws of Spain

Libro Blanco del Agua de España

Made 2000 · Text as of 2026-10-01

Public law and official guidance, published as research. Not legal, tax or financial advice.

About this law

Language
Spanish
Kind
policy
Organisation
European Union
Country
Spain
Subjects
Food and nutrition, Water
Keywords
potable water, public health, water resources management, water shortage/drought, basin/catchment/watershed, irrigation, public participation, sewerage, sustainable use, water supply, bank, bed, concession, environmental planning, erosion, inland waters, rainwater, surface water, waterworks, water abstraction, water conservation zone, water rights, flood, water users' associations, well sinking/boreholes, freshwater pollution, pollution control, policy/planning, hazards

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  1. MINISTERIO DE MEDIO AMBIENTE SECRETARÍA DE ESTADO DE AGUAS Y COSTAS DIRECCIÓN GENERAL DE OBRAS HIDRÁULICAS Y CALIDAD DE LAS AGUAS Libro blanco del agua en España MINISTERIO DE MEDIO AMBIENTE SECRETARÍA DE ESTADO DE AGUAS Y COSTAS DIRECCIÓN GENERAL DE OBRAS HIDRÁULICAS Y CALIDAD DE LAS AGUAS Libro blanco del agua en España 2000 Edita: Centro de Publicaciones Secretaría general Técnica Ministero de Medio Ambiente ® I.S.B.N.: 84-8320-128-3 NIPO: 310-00-009-3 Depósito Legal: M-36787-2000 Imprime: JACARYAN, S.A. Impreso en papel ecológico PREÁMBULO Es para mí una satisfacción poder presentar a la luz pública esta versión final del Libro Blanco del Agua en Espa ña elaborado por el Ministerio de Medio Ambiente. Fruto de un importante esfuerzo de recopilación, síntesis y reflexión sobre los problemas del agua, y de un proceso de perfeccionamiento mediante un amplio debate público, este documento resume con acierto el estado de tan com pleja cuestión, y plantea nuevas e interesantes perspectivas para el futuro. Aspectos tecnológicos, sociales, jurídicos, ambientales, económicos, confluyen en este Libro con naturalidad y penetración, consiguiendo una in tegración armónica y difícil de tan diversas perspectivas. Pero además de su valor intrínseco, este libro es un símbolo del trabajo continuado a través de las legislaturas y el devenir administrativo, y muestra eficazmente cómo las políticas de Estado, como es la del agua, deben ir madu rando y perfeccionándose de forma continuada, sin bruscos aspavientos, en un permanente esfuerzo de indaga ción y de autocrítica, en el que al margen de coyunturas se construye siempre de forma colectiva, sobre cimientos sólidos heredados del pasado. Apuntar las líneas de innovación y las inflexiones en las viejas trayectorias, y saber impulsar nuevos rumbos con respecto a lo positivo de la herencia recibida, pero sin estériles lastres por el pasado, es el objetivo en política del agua. Jaume Matas Palou Ministro de Medio Ambiente Septiembre de 2000 3 PRÓLOGO El río es imagen de la vida: sus aguas cristalinas o enturbiadas, su curso sereno o arrollador su cauce por el que van al mar las tierras de todas las comarcas que atraviesa, son esencialmente movibles y fugaces. Su única permanencia es la va riedad. Enrique Becerril, "El Río, Imagen de la Vida y Fuente de Energía". Discurso pronun ciado en Febrero de 1947, con motivo de la concesión del premio "Alfonso el Sabio" por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Las aguas de España. Con este título o similares, se han escrito multitud de artículos, libros, folletos y en general toda clase de publicaciones pretendiendo reflejar cada una en su estilo alguna o algunas de las innumerables fa cetas que la problemática del agua presenta en nuestro pais. Sólo cabe referirse al agua de España destacando el pluralismo que caracteriza toda la realidad española. En Mayo de 1996, como consecuencia del proceso electoral seguido, tomó posesión el Gobierno de José María Aznar y como miembro del mismo, tuve el honor y la satisfacción de hacerme cargo del Ministerio de Medio Ambiente, y por ello, de las competencias que el Estado ostenta en materia de aguas. Existia un borrador de Plan Hidrológico Nacional, escrito en 1993 y reformado en 1995, amén de una serie de re comendaciones, normas, alegaciones y opiniones de todos los gustos, relacionadas con el problema que presenta ba la falta de finalización del proceso de aprobación de los Planes Hidrológicos de cuenca, agudizado por la se quía que se acababa de vivir durante 1994 y 1995. Por otro lado, la aplicación de la Ley de Aguas en las condiciones que acabo de citar mostraha claramente una se rie de insuficiencias, sobre la realidad de carácter físico y administrativo, a las que no era posible dar respuesta a plazo inmediato, como simultáneamente ponían de manifiesto nuestros compromisos con la Unión Europea y el cumplimiento de las Directivas comunitarias. En definitiva, se apreciabá claramente la necesidad de diagnosticar con exactitud la naturaleza de las dificultades y sus consecuencias, que presentaba la siempre poliédrica problemática de la gestión del agua en España, a la vez que se implantaba la necesidad de propiciar un importmte cambio cualitativo del punto de vista tadicional desde el que, hacía más de un siglo, se venía contemplando nuestra realidad hídrica: plantear, desde el recién creado Ministerio de Medio Ambiente, la nueva política de gestión del agua destacando su condición de medio natural en lugar de mantener a ultranza el principio de aumentar la capacidad de regulación y oferta del recurso por enci ma de cualquier otra consideración. Tal diagnóstico de nuestra realidad hídrica solo puede precisarse, poniendo de manifiesto de manera ordenada los resultados obtenidos de la aplicación de una metodología de análisis científico-técnico de carácter multidiscipli nar, que a su vez había que poner a punto para este fin. Estos sistemas e instrumentos tecnológicos, proyectados por la Direcci6n General de Obras Hidráulicas y Calidad de las Aguas, y encargados al Centro de Estudios Hi drográficos del CEDEX, junto con la reflexión y aportación de distintos especialistas en los diversos aspectos del problema, dió como resultado el libro que tiene el lector en sus manos: el Libro Blanco del Agua en Espana del Ministerio de Medio Ambiente. 5 Se acaba de iniciar el año 2000. Cabe afirmar, sin temor a equivocarse, que con él se cierra un ciclo histórico en materia de política hidráulica, fuertemente marcado por las ideas regeneracionistas y por el papel que sus partida rios otorgaron al agua en la resolución de los problemas nacionales, tras la crisis del 98. Aunque con maticés, es-tos planteamientos han estado presentes a lo largo de todo el Siglo XX y puede decirse que persisten en nuestros días, en una cierta medida, a pesar de que la situación es hoy bien distinta de la del pasado. Tanto en el orden económi co y social, como en el tecnológico, el contexto en el que actualmente se lleva a cabo la gestión del agua ha expe rimentado profundas transformaciones. Las prioridades de la sociedad han ido evolucionando considerablemente a lo largo de este tiempo, en casi todos los campos, lo cual es especialmente perceptible en el caso del agua. Basta con fijarse en la creciente consideración ambiental que actualmente merecen las cuestiones relacionadas con los recursos hídricos y la importancia que se concede a la adecuada conservación de los recursos naturales. Por otro lado, el espacio económico en el que está inmerso nuestro país, tras la integración en la Unión Económi ca Monetaria, y el acelerado proceso de globalización a que estamos asistiendo, configuran un entorno que nada tiene que ver con el de comienzos de siglo y con aquél donde hunden sus raíces los principios básicos de la polí-tica hidráulica tradicional que la mayor parte de nosotros hemos conocido. A1 mismo tiempo, el espectacular desarrollo tecnológico operado en todos los sectores ha tenido también una influencia destacada. Este desarrollo ha tenido un doble efecto por un lado, permite llevar a cabo actuaciones que eran impensables para nuestros mayores, porque observaban en la naturaleza barreras, para ellos, insalvables; por otro, sin embargo, convierte en innecesarias algunas otras actuaciones consideradas incuestionables hasta hace bien poco, porque las innovaciones en el resto de los campos las compensa con creces. Tal es el caso, por ejemplo, de la continua mejora de la productividad registrada en el sector agrario, en general, y en el regadío en particular, por referirnos a sectores muy directamente relacionados con la Administración Pública del agua. Todós nosotros, en mayor o menor grado, admitimos la existencia de estos cambios aunque, como suele suceder con aquellos eventos que ocurren sin llamar mucho la atención del gran público, no seamos conscientes de sus implica ciones y, menos aún, hayamos sido capaces de asimilar e integrar todas sus consecuencias. A1 final se convierten en evidencias que se escapan a nuestra percepción. Precisamente, este Libro Blanco del Agua en España tiene como principal objetivo arrojar luz sobre estas cuestio nes, marcar un punto de inflexión en la reflexión administrativa y el discurso sobre el agua, y propiciar una plena toma de conciencia de la época en que nos encontramos, imprescindible para poder afrontar con éxito el nuevo período que sin duda comienza para la administración y gestión de este recurso. Bajo esta perspectiva, se aportan todos los elementos de análisis que se ha estimado necesario tener en cuenta de cara a un diagnóstico certero. Como podrá comprobarse tras la lectura del documento, se ha realizado un enorme esfuerzo de recopilación, depuración y homogeneización de datos que hasta ahora se encontraban dispersos por diversos organismos e instituciones, a fin de ofrecer de forma sistemática, objetiva y coherente toda la información existente, tanto sobre los recursos hídricos como sobre sus diferentes usos. En definitiva, y sin perjuicio de los errores y desaciertos que pueda contener, se trata de un documento elaborado de forma no sesgada y con una alta exigencia de rigor científico, técnico y metodológico. Pero ello no resulta como consecuencia de un mero afán académico o investigador, sin vocación práctica, aunque también es indudable su con tribución en este sentido, sino que más bien proviene de un interés por ser útil para la formación de un criterio más documentado para todos los interesados por los problemas del agua en España. A partir de la identificación de las nuevas referencias, pretende, en última instancia, facilitar la toma de decisiones y ayudar a superar con éxito la encrucijada en que nos encontramos. Se exponen aspectos, hasta ahora no sufi cientemente tomados en consideración por la opinión pública, cuyo olvido o desconocimiento podían estar impi diendo una toma de posición equilibrada y ponderada, en relación con los temas del agua. Asimismo, se funda mentan debidamente los argumentos presentados, con; el deseo de que éstos sean compartidos por la mayor parte de la sociedad. 6 Prólogo En consecuencia, el libro es una obra abierta que admite distintas lecturas: puede verse como una fuente de ideas o como una mina de datos, como una síntesis enciclopédica o como una guía para la identificación de prioridades y para la acción política y administrativa. Desde el Ministerio de Medio Ambiente se tiene el convencimiento de que la solución de los problemas del agua pasa por un amplio consenso nacional. Son tantos los aspectos que confluyen y tan variados los intereses invo lucrados, todos legítimos, que no resulta razonable plantear que la solución debe dirimirse en un solo campo, sea éste el económico, ambiental, territorial o cultural. Bajo estas premisas, el Libro Blanco del Agua en Espana pretende servir también como elemento de ayuda para la elaboración del Plan Hidrológico Nacional y culminar así el desarrollo normativo previsto en la Ley de Aguas. Aunque la aprobación del citado plan no es el único instrumento al servicio de la política del agua, y en particular de la Administración del agua para desarrollar sus funciones, sí debe reconocérsele una significación especial. Por último, hay que resaltar que, en defilnitiva, no se trata de otra cosa que de resolver un problema común. Cuanto mejor y más abundante sea la información elaborada sobre él y mayor sea el número de ciudadanos que dispongan de ella, más altas serán las posibilidades de llegar a decisiones acertadas y compartidas por todos. Por ello se han incorporado a este Libro Blanco todos aquellos constructivos comentarios recibidos de los distintos estamentos de la sociedad española, representados o no directa o indirectamente en el Consejo Nacional del Agua, que han supuesto modificar, puntualizar, clarificar o completar las distintas cuestiones que aquí se tratan. No me queda sino agradecer a todos aquellos que han participado en su redacción su esfuerzo y trabajo que, como siempre que se culmina una obra bien hecha, puedo calificar en gran parte de desinteresado. Estoy segura qúe el Libro Blanco del Agua en España del Ministerio de Medio Ambiente se convertirá en poco tiemno en un texto de estudio y consulta al que será imposible no referirse durante bastantes años. Isabel Tocino Biscarolasaga Ministra de Medio Ambiente Febrero de 2000 7 Libro Blanco del Agua en España PRESENTACIÓN E1 presente documento Libro Blanco del Agua en España ha sido redactado, bajo la dirección de la Secretaría de Estado de Aguas y Costas del Ministerio de Medio Ambiente, por la Dirección General de Obras Hidráulicas y Calidad de las Aguas, con la colaboración, asistencia y soporte técnico del Centro de Estudios Hidrográficos del CEDEX. En su desarrollo y elaboración han participado distintas unidades administrativas, tanto del Ministerio de Medio Ambiente como de otros Departamentos Ministeriales, así como numerosos especialistas del ámbito profesional y universitario. La primera versión fue presentada en diciembre de 1998, como documento de trabajo para ser sometido a discu sión y debate social. Desde ese momento, el Libro fue objeto de numerosas presentaciones y discusiones públi cas en muy diversos foros, prolongadas durante meses, y materializadas en el extenso conjunto de comentarios y sugerencias finalmente recibidas. Tales numerósas aportaciones, junto con la atención mostrada por el documen to en el ámbito español e internacional, corroboran la oportunidad del trabajo realizado y el acierto de los res ponsables del Ministerio de Medio Ambiente al impulsar su elaboración. E1 equipo redactor del documento quiere agradecer muy sinceramente la colaboración y el esfuerzo realizado por cuantos han aportado sus comentarios y sugerencias. Todas han sido analizadas y se han tenido en cuenta en el proceso de redacción de esta versión final. Asimismo, debe senalarse que el Libro Blanco no ha sido concebido como una actuación aislada, fruto de un impulso coyuntural que surge y se agota tras una breve efervescencia: sin perjuicio de su utilidad puntual como fuente de ideas y de datos para la reflexión sobre el agua en el fin de siglo, este texto aspira a perdurar como libro de fondo y referencia actualizada sobre la situación de los recursos hídricos en el país. Ello requiere su periódi ca revisión, mejora y puesta al día, a la que desde este momento nos comprometemos. En definitiva, es nuestro deseo y el de todas las personas que han trabajado en el documento que el esfuerzo rea lizado contribuya modestamente a un mejor conocimiento de los problemas del agua en España. Conocimiento de la compleja realidad hídrica y racionalidad al afrontar esta realidad son los requisitos básicos para afrontar con solvencia los problemas del presente y los desafíos del futuro. Francisco Cabezas Calvo-Rubio Subdirector General de Planificación Hidrológica 9 1. INTRODUCCIÓN 1.1. ¿Porqué un Libro Blanco del Agua? ..... 3 1.2. Los objetivos del Libro Blanco ............. 4 1.3. Estructura y alcance del documento...... 5 2. EL MARCO FÍSICO, SOCIOECONÓMICO E INSTITUCIONAL DE REFERENCIA 2.1. Introducción ........................................... 9 2.2. Marco físico y biótico............................ 9 2.3. Marco socioeconómico.......................... 21 2.4. Marco institucional ................................ 52 2.5. El contexto internacional ....................... 70 3. LA SITUACIÓN ACTUAL Y LOS PROBLEMAS EXISTENTES Y PREVISIBLES 3.1. La situación de los recursos hídricos..... 75 3.2. La calidad de las aguas .......................... 196 3.3. Los usos y demandas ............................. 246 3.4. El aprovechamiento del agua. Asignaciones y reservas......................... 333 3.5. El sistema de utilización actual ............. 348 3.6. Experiencias de trasvases intercuencas . 370 3.7. La economía del agua............................ 380 3.8. La Administración pública del agua...... 413 3.9. La protección y recuperación del dominio público hidráulico.................... 416 3.10. Las infraestructuras hidráulicas ............. 431 3.11. El problema de las sequías .................... 457 3.12. Avenidas e inundaciones........................ 465 3.13. El contexto internacional ....................... 488 3.14. La cooperación con Portugal ................. 496 3.15. Investigación y desarrollo en recursos hídricos................................................... 499 4. LOS FUNDAMENTOS PARA UNA NUEVA POLÍTICA DEL AGUA 4.1. El concepto de política hidráulica ......... 509 4.2. La crisis del modelo tradicional ............ 512 4.3. Los fundamentos jurídicos..................... 523 4.4. Los fundamentos ambientales ............... 524 4.5. Los fundamentos económicos ............... 539 4.6. Los fundamentos sociopolíticos ............ 551 4.7. Los fundamentos técnicos ..................... 555 5. LA PLANIFICACIÓN HIDROLÓGICA 5.1. Antecedentes históricos del proceso planificador ............................................ 571 5.2. Régimen jurídico de la planificación hidrológica ............................................. 576 5.3. Historia y situación de los Planes Hidrológicos de cuenca ......................... 585 5.4. Historia y situación del Plan Hidrológico Nacional............................. 591 5.5. Los contenidos del Proyecto de Ley del Plan Hidrológico Nacional .............. 593 5.6. Los posibles trasvases a aprobar por el Plan Hidrológico Nacional ................ 600 5.7. Otras propuestas para una nueva política del agua..................................... 607 6. ABREVIATURAS Y ACRÓNIMOS ............................ 617 7. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS .......................... 621 I Libro Blanco del Agua en España ÍNDICE BÁSICO II Índice detallado 1. INTRODUCCIÓN 1.1. ¿Por qué un Libro Blanco del agua? ..... 3 1.2. Los objetivos del Libro Blanco ............. 4 1.3. Estructura y alcance del documento...... 5 2. EL MARCO FÍSICO, SOCIOECONÓMICO E INSTITUCIONAL DE REFERENCIA 2.1. Introducción ........................................... 9 2.2. Marco físico y biótico............................ 9 2.2.1. Climatología........................................... 9 2.2.2. Geología................................................. 11 2.2.3. Edafología.............................................. 14 2.2.4. Usos del suelo........................................ 14 2.2.5. Hidrografía............................................. 16 2.2.6. Medio biótico......................................... 20 2.2.7. Conclusión ............................................. 21 2.3. Marco socioeconómico.......................... 21 2.3.1. Introducción ........................................... 21 2.3.2. Población ............................................... 22 2.3.2.1. Situación actual y dinámica reciente .. 22 2.3.2.1.1. Evolución temporal.......................... 22 2.3.2.1.2. Distribución espacial........................ 24 2.3.2.2. Las tendencias para el próximo futuro 28 2.3.2.2.1. Evolución temporal.......................... 28 2.3.2.2.2. Distribución espacial........................ 30 2.3.2.3. Conclusiones ....................................... 33 2.3.3. Turismo .................................................. 35 2.3.4. Regadío .................................................. 40 2.3.4.1. Condiciones naturales ......................... 42 2.3.4.2. La población ocupada en el sector agrario ................................................. 43 2.3.4.3. Conclusiones ....................................... 47 2.3.5. Industria ................................................. 48 2.3.6. Energía ................................................... 48 2.3.6.1. Estructura sectorial de la producción . eléctrica ............................................... 49 2.3.6.2. Estructura territorial de la producción hidro-eléctrica ..................................... 50 2.4. Marco institucional ................................ 52 2.4.1. La organización territorial y las Comunidades Autónomas ...................... 52 2.4.2. El actual marco jurídico......................... 53 2.4.2.1. Constitución Española ........................ 54 2.4.2.1.1. La distribución competencial en materia de aguas............................... 55 2.4.2.1.2. La distribución de otras competencias.................................... 57 2.4.2.1.2.1. Medio ambiente y vertidos ........... 58 2.4.2.1.2.2. Agricultura .................................... 59 2.4.2.1.2.3. Pesca fluvial .................................. 60 2.4.2.1.2.4. Deporte y ocio............................... 60 2.4.2.1.2.5. Energía .......................................... 60 2.4.2.1.2.6. Protección Civil ............................ 61 2.4.2.1.2.7. Sanidad.......................................... 61 2.4.2.1.3. El mandato básico a los poderes públicos ............................................ 61 2.4.2.2. Normativa básica autonómica............. 62 2.4.2.2.1. Estatutos de Autonomía ................... 62 2.4.2.2.2. Ley Orgánica 9/1992........................ 63 2.4.2.2.3. Decretos de transferencias ............... 64 2.4.2.3. Legislación de aguas........................... 64 2.4.2.3.1. La Ley de Aguas de 1985 ................ 64 2.4.2.3.2. La Ley de Aguas Canaria de 1990... 66 2.4.2.3.3. Disposiciones sobre aguas de las Comunidades Autónomas ................ 67 2.4.2.4. Normativa sectorial autonómica y local 67 2.4.2.5. Normativa internacional...................... 68 2.4.3. Instituciones y organizaciones............... 68 2.4.3.1. Los Organismos de cuenca ................. 68 2.4.3.2. Las Comunidades de regantes ............ 69 2.5. El contexto internacional ....................... 70 2.5.1. La convergencia..................................... 70 2.5.2. Los impactos específicos ....................... 72 3. LA SITUACIÓN ACTUAL Y LOS PROBLEMAS EXISTENTES Y PREVISIBLES 3.1. La situación de los recursos hídricos..... 75 3.1.1. Introduccion. El concepto de recurso .... 75 3.1.2. La consideración cuantitativa del recurso 76 3.1.2.1. El ciclo hidrológico en régimen natural 76 3.1.2.1.1. El concepto de ciclo hidrológico ..... 76 3.1.2.1.2. Balance hídrico de un territorio ....... 78 3.1.2.1.3. Recursos renovables y reservas ....... 79 3.1.2.2. El ciclo hidrológico en régimen influenciado........................................ 80 3.1.2.2.1. La afección antrópica sobre el ciclo hidrológico ....................................... 80 3.1.2.2.2. La restitución al régimen natural ..... 84 3.1.2.2.3. La afección antrópica a escala global 85 3.1.2.3. La contabilidad del agua..................... 86 3.1.3. El conocimiento de los recursos. Redes de medida.................................... 86 3.1.3.1. Situación de las redes de control ........ 86 3.1.3.1.1. Redes meteorológicas ...................... 86 3.1.3.1.2. Redes de aguas superficiales ........... 90 3.1.3.1.3. Redes de aguas subterráneas............ 93 3.1.3.2. Comparación con otros países ............ 96 3.1.3.3. Problemas, conclusiones y propuestas de actuación ........................................ 96 3.1.4. Recursos naturales ................................. 100 3.1.4.1. Escorrentías totales en régimen natural 100 ÍNDICE DETALLADO III Libro Blanco del Agua en España 3.1.4.1.1. Precipitaciones ................................. 100 3.1.4.1.2. Evapotranspiración........................... 107 3.1.4.1.3. Lluvia útil......................................... 109 3.1.4.1.4. Escorrentía total ............................... 109 3.1.4.1.5. El procedimiento de evaluación de . los recursos hídricos......................... 113 3.1.4.1.6. Resultados obtenidos ....................... 121 3.1.4.2. Fracción de origen subterráneo. Recarga natural ................................... 130 3.1.4.3. Variabilidad y diversidad hidrológica . 139 3.1.4.4. Comparación con el contexto europeo 141 3.1.5. Recursos disponibles ............................. 146 3.1.5.1. Introducción. Conceptos previos ........ 146 3.1.5.2. Caudales fluyentes y regulación natural 149 3.1.5.3. Las obras de regulación y los sistemas de explotación ..................................... 153 3.1.5.4. Disponibilidades teóricas obtenidas mediante regulación en embalses ....... 155 3.1.5.5. Las aguas subterráneas y su explotación 159 3.1.5.6. Uso conjunto de aguas superficiales . y subterráneas...................................... 166 3.1.5.7. Recarga artificial de acuíferos ............ 169 3.1.5.8. Reutilización ....................................... 170 3.1.5.9. Desalación........................................... 173 3.1.6. Transferencias de recursos..................... 177 3.1.6.1. Introducción ........................................ 177 3.1.6.2. Transferencias superficiales ................ 178 3.1.6.2.1. Transferencias naturales con otros países................................................ 178 3.1.6.2.2. Transferencias artificiales entre ámbitos de planificación .................. 179 3.1.6.3. Transferencias subterráneas ................ 180 3.1.6.4. Transferencias totales.......................... 181 3.1.7. Disponibilidades totales......................... 181 3.1.8. Las incertidumbres del futuro................ 184 3.1.8.1. La variabilidad hidrológica natural..... 184 3.1.8.1.1. Incertidumbres asociadas a la . longitud de los registros disponibles.. 184 3.1.8.1.2. Incertidumbres asociadas a la variabilidad a largo plazo................. 185 3.1.8.1.2.1. Variabilidad de las lluvias ............. 185 3.1.8.1.2.2. Variabilidad de los caudales.......... 187 3.1.8.2. Las incertidumbres del cambio climático.............................................. 188 3.1.8.2.1. Introducción ..................................... 188 3.1.8.2.2. Escenarios de precipitación y temperatura....................................... 190 3.1.8.2.3. Impacto sobre los recursos hídricos. 191 3.1.8.3. Conclusiones ....................................... 195 3.2. La calidad de las aguas .......................... 196 3.2.1. Introducción ........................................... 196 3.2.2. Situación general y aspectos normativos 196 3.2.3. El conocimiento de la calidad de las aguas. Redes de control ......................... 198 3.2.3.1. Introducción ........................................ 198 3.2.3.2. Situación de las redes de control ........ 199 3.2.3.3. Comparación con otros países ............ 201 3.2.3.4. Propuestas de gestión, coordinación y modernización..................................... 203 3.2.4. La contaminación de los ríos................. 205 3.2.4.1. Situación de la calidad. Criterios de aptitud e indicadores ........................... 206 3.2.4.1.1. Criterios de aptitud para el consumo humano............................................. 206 3.2.4.1.2. Criterios de aptitud para regadío ..... 207 3.2.4.1.3. Criterios de aptitud para aguas de baño.................................................. 209 3.2.4.1.4. Criterios de aptitud para vida piscícola ........................................... 211 3.2.4.1.5. Calidad según el Criterio del ICG, o de la Calidad General ................... 213 3.2.4.1.6. Calidad según el Criterio de la DBO5, o de la contaminación orgánica ...... 216 3.2.4.1.7. Calidad según Criterios del índice ...............................................biótico 216 3.2.4.1.8. Calidad ecológica............................. 219 3.2.4.2. Situación de la depuración de vertidos industriales .......................................... 220 3.2.4.3. Contaminación difusa ......................... 221 3.2.4.4. Contaminación térmica ....................... 222 3.2.4.5. Contaminación por sustancias tóxicas y peligrosas......................................... 223 3.2.4.6. Vertederos de residuos sólidos............ 224 3.2.4.7. Contaminación radiológica ................. 225 3.2.5. La contaminación de masas de agua ..... 228 3.2.5.1. Introducción ........................................ 228 3.2.5.2. Eutrofización de lagos y embalses...... 228 3.2.6. La contaminación de las aguas subterráneas............................................ 230 3.2.6.1. Problemas de contaminación detectados............................................ 232 3.2.6.1.1. Salinización...................................... 232 3.2.6.1.2. Contaminación por nitratos.............. 232 3.2.6.1.3. Contaminación por metales pesados 232 3.2.6.1.4. Contaminación por compuestos orgánicos .......................................... 233 3.2.6.2. Descontaminación de acuíferos .......... 234 3.2.6.3. Prevención de la contaminación ......... 235 3.2.7. Los objetivos de calidad ........................ 235 3.2.8. Los Convenios Internacionales sobre la calidad de las aguas ............................... 238 3.2.8.1. El convenio OSPARCOM sobre contaminación al Océano Atlántico .... 238 3.2.8.2. El Convenio de Barcelona sobre la contaminación del Mar Mediterráneo. 239 3.2.9. EL Plan Nacional de Saneamiento y Depuración .......................................... 241 3.2.10. La ordenación de vertidos.................... 244 3.3. Los usos y demandas ............................. 246 IV Índice detallado 3.3.1. Conceptos previos y Cuestiones terminológicas........................................ 246 3.3.2. El conocimiento de los usos y demandas 249 3.3.2.1. Introducción ........................................ 249 3.3.2.2. Demanda urbana ................................. 249 3.3.2.3. Demanda industrial ............................. 252 3.3.2.4. Demanda agraria ................................. 252 3.3.2.5. Requerimientos ambientales ............... 255 3.3.3. Abastecimiento urbano .......................... 256 3.3.3.1. Descripción general ............................ 256 3.3.3.2. Uso actual y consumos representativos 258 3.3.3.3. Régimen de tarifas .............................. 264 3.3.3.4. Experiencias de ahorro y conservación 269 3.3.3.5. Demanda futura................................... 273 3.3.3.6. Problemas existentes y previsibles ..... 277 3.3.4. Abastecimiento industrial ...................... 279 3.3.4.1. Introducción ........................................ 279 3.3.4.2. Uso actual y dotaciones tipo............... 280 3.3.4.3. Demanda futura................................... 281 3.3.5. Usos agrarios ......................................... 282 3.3.5.1. Evolución histórica del regadío .......... 283 3.3.5.2. Uso actual del agua para riego............ 287 3.3.5.3. Precios del agua en regadío ................ 290 3.3.5.4. Demanda futura................................... 292 3.3.5.5. Circunstancias y Problemas existentes y previsibles ........................................ 294 3.3.5.5.1. Condiciones de mercado y competitividad de la producción. La Política Agraria Común. Tendencias de futuro ........................ 295 3.3.5.5.2. Suministro de agua........................... 301 3.3.5.5.3. Afecciones ambientales.................... 302 3.3.5.5.4. Otros problemas planteados............. 302 3.3.5.6. Usos ganaderos ................................... 302 3.3.5.7. El Plan Nacional de Regadíos ............ 303 3.3.5.7.1. Antecedentes .................................... 303 3.3.5.7.2. Objetivos del PNR ........................... 304 3.3.5.7.3. Caracterización de los regadíos existentes.......................................... 304 3.3.5.7.4. Programas de actuación ................... 304 3.3.5.7.4.1. Superficie de nuevos regadíos ...... 304 3.3.5.7.4.2. Superficie de regadío actual a mejorar .......................................... 306 3.3.5.7.4.3. Consumo y ahorro de agua ........... 307 3.3.5.7.4.4. Cultivos a establecer en concordancia con la reforma de la PAC y el acuerdo del GATT ......... 307 3.3.5.7.4.5. Estudios de rentabilidad y posibles alternativas .................................... 307 3.3.5.7.4.6. Zonas a transformar en regadío por razones sociales............................. 307 3.3.5.7.5. Formación de los regantes y divul gación de las técnicas de regadío..... 308 3.3.6. Usos energéticos .................................... 308 3.3.6.1. Introducción. Evolución histórica....... 308 3.3.6.2. Aprovechamientos hidroeléctricos...... 311 3.3.6.3. Producción térmica ............................. 314 3.3.7. Acuicultura............................................. 315 3.3.8. Usos recreativos..................................... 316 3.3.9. Requerimientos ambientales.................. 318 3.3.9.1. Introducción. Conceptos previos. Caudales y volúmenes ambientales .... 318 3.3.9.2. Conceptos jurídicos............................. 321 3.3.9.3. Ríos ..................................................... 322 3.3.9.4. Embalses y masas de agua.................. 323 3.3.9.5. Zonas húmedas.................................... 324 3.3.9.6. Deltas y estuarios ................................ 324 3.3.10. Síntesis de los usos y demandas . actuales................................................. 325 3.3.11. Impacto del cambio climático sobre . las demandas hídricas .......................... 325 3.3.12. Comparación con otros países ............. 329 3.4. El aprovechamiento del agua. Asignaciones y reservas......................... 333 3.4.1. Introducción. Conceptos básicos ........... 333 3.4.2. El derecho a usar el agua. La figura concesional............................................. 334 3.4.2.1. Fundamentos y antecedentes históricos 334 3.4.2.1.1. La condición patrimonial del agua en el medievo ................................... 335 3.4.2.1.2. Agua y revolución liberal................. 336 3.4.2.1.3. La época moderna............................ 336 3.4.2.2. La situación actual .............................. 336 3.4.2.3. Concesiones de aguas y planificación hidrológica. La revisión concesional .. 338 3.4.3. La inscripción de derechos. Los Registros administrativos de aguas ....... 338 3.4.3.1. Antecedentes ....................................... 339 3.4.3.2. Evolución. Aprovechamientos inscritos, clandestinos y abusivos....................... 339 3.4.3.3. La nueva regulación de 1985. Las vinculaciones con otros Registros públicos ............................................... 340 3.4.3.4. La situación actual .............................. 341 3.4.3.4.1. Abastecimientos a poblaciones ........ 342 3.4.3.4.2. Regadíos........................................... 343 3.4.3.4.3. Aprovechamientos hidroeléctricos... 344 3.4.3.4.4. Conclusiones .................................... 345 3.4.3.5. El contenido de los derechos históricos. Derechos de papel y derechos efectivos 345 3.4.3.6. Registro de aguas y Planificación Hidrológica.......................................... 347 3.4.4. Las Reservas demaniales ....................... 347 3.5. El sistema de utilización actual ............. 348 3.5.1. Modelación cartográfica del sistema de utilización............................................... 348 3.5.1.1. Introducción. Procesos básicos ........... 348 3.5.1.2. Recursos naturales .............................. 349 3.5.1.3. Requerimientos ambientales y recursos potenciales ........................................... 349 V Libro Blanco del Agua en España 3.5.1.4. Demandas............................................ 351 3.5.1.5. Balance................................................ 352 3.5.1.6. Agregación territorial por sistemas de explotación ..................................... 355 3.5.1.7. Agregación territorial por ámbitos de pla nificación............................................. 358 3.5.2. Modelación analítica del sistema de utilización............................................... 360 3.5.2.1. Introducción ........................................ 360 3.5.2.2. Esquema general ................................. 362 3.5.2.3. Unidades de demanda ......................... 364 3.5.2.3.1. Demandas urbanas ........................... 364 3.5.2.3.2. Demandas agrarias ........................... 365 3.5.2.3.3. Demandas industriales y de refrigeración ..................................... 366 3.5.2.3.4. Otras demandas................................ 366 3.5.2.4. Requerimientos medioambientales ..... 366 3.5.2.5. Recursos hídricos superficiales........... 367 3.5.2.6. Recursos hídricos subterráneos........... 368 3.5.2.7. Recursos no convencionales ............... 369 3.5.2.8. Infraestructuras.................................... 369 3.5.3. Conclusiones.......................................... 370 3.6. Experiencias de trasvases intercuencas . 370 3.6.1. Tajo-segura............................................. 371 3.6.2. El minitrasvase a Tarragona .................. 375 3.6.2.1. Antecedentes. El Proyecto de trasvase Ebro-Pirineo Oriental.......................... 376 3.6.2.2. Planteamiento y desarrollo de la transferencia ........................................ 377 3.6.3. Otros trasvases ....................................... 379 3.6.4. Las consecuencias ambientales de los trasvases ................................................. 380 3.7. La economía del agua............................ 380 3.7.1. El agua como factor económico productivo .............................................. 381 3.7.1.1. El Sector agrícola. La aportación del regadío a la economía española .......... 381 3.7.1.2. Sector industrial .................................. 385 3.7.1.3. Sector energético................................. 387 3.7.1.4. Regadío e hidroelectricidad. Costes de oportunidad del empleo alternativo y diferencias territoriales .................... 388 3.7.1.5. Sector servicios ................................... 389 3.7.1.6. Conclusiones ....................................... 389 3.7.2. El vigente régimen económico financiero ............................................... 392 3.7.2.1. Introducción ........................................ 392 3.7.2.2. Antecedentes históricos. La Ley de Obras Hidráulicas de 1911.................. 394 3.7.2.3. Principios básicos del régimen vigente. 395 3.7.2.3.1. Las cuatro figuras básicas de la regulación actual .............................. 395 3.7.2.3.2. Incorporaciones recientes................. 398 3.7.2.3.3. Otros aspectos relevantes................. 398 3.7.2.4. Resultados de la aplicación del régimen vigente................................... 399 3.7.2.4.1. Canon de utilización de bienes de dominio público (art. 104) .......... 400 3.7.2.4.2. Canon de vertido (art. 105).............. 401 3.7.2.4.3. Canon de regulación (art. 106.1) ..... 402 3.7.2.4.4. Tarifa de utilización del agua (art. 106.2)........................................ 402 3.7.2.4.5. Síntesis de resultados ....................... 403 3.7.2.5. Experiencias obtenidas y problemas planteados............................................ 405 3.7.3. La regulación económica de los trasvases ................................................. 408 3.7.3.1. Principios inspiradores y modalidades.. 408 3.7.3.2. Trasvases con régimen económico financiero inspirado en los principios tra dicionales de la legislación de ... aguas.................................................... 409 3.7.3.2.1. El trasvase Tajo-Segura.................... 409 3.7.3.2.2. El trasvase Guadiaro-Guadalete....... 410 3.7.3.2.3. El trasvase Tajo-Guadiana ............... 411 3.7.3.3. Trasvases con régimen económico financiero especial .............................. 411 3.7.3.3.1. El abastecimiento al campo de Tarragona ......................................... 411 3.7.3.3.2. El abastecimiento a Mallorca........... 411 3.7.3.4. Conclusiones ....................................... 411 3.8. La Administración pública del agua...... 413 3.8.1. Introducción ........................................... 413 3.8.2. Principales problemas de la actual Administración Hidráulica..................... 413 3.8.3. El reto medioambiental.......................... 414 3.8.4. Las comunidades de usuarios ................ 414 3.9. La protección y recuperación del dominio público hidráulico.................... 416 3.9.1. Deslinde ................................................. 416 3.9.2. El entorno fluvial. Conservación y restauración............................................ 416 3.9.2.1. Introducción ........................................ 416 3.9.2.2. Cauces, riberas y márgenes................. 417 3.9.2.3. Lechos de lagos, lagunas y embalses . 418 3.9.2.4. Efectos antrópicos sobre el entorno fluvial .................................................. 418 3.9.2.5..El problema del aporte de áridos a las playas .................................................. 419 3.9.3. Zonas de protección especial................. 420 3.9.3.1. Introducción. Normativa ..................... 420 3.9.3.2. Zonas húmedas.................................... 420 3.9.3.2.1. Introducción. Inventario................... 420 3.9.3.2.2. Necesidades hídricas o volúmenes de mantenimiento............................. 422 3.9.3.2.3. Humedales y aguas subterráneas ..... 423 3.9.3.2.4. El Plan Estratégico para la conservación y uso racional de los . humedales......................................... 423 3.9.3.3. Espacios Naturales Protegidos............ 425 3.9.3.4. Acuíferos de interés especial .............. 426 VI Índice detallado 3.9.3.5. Tramos de ríos protegidos................... 427 3.9.4. Explotaciones económicas..................... 428 3.9.5. Fomento del uso social .......................... 428 3.9.6. Restauración hidrológico-forestal.......... 428 3.9.7. La vigilancia y control del dominio público ................................................... 431 3.10. Las infraestructuras hidráulicas ............. 431 3.10.1. Sistemas y tipologías ........................... 431 3.10.1.1. Sistemas básicos de infraestructuras. 431 3.10.1.1.1. Los sistemas de abastecimiento ..... 431 3.10.1.1.2. Los riegos tradicionales ................. 432 3.10.1.1.3. Los riegos de iniciativa pública ..... 433 3.10.1.1.4. Los riegos privados individuales ... 433 3.10.1.2. Tipologías de infraestructura hidráulica........................................... 433 3.10.1.2.1. Presas ............................................. 433 3.10.1.2.2. Azudes de derivación y captaciones fluviales.......................................... 440 3.10.1.2.3. Captaciones hidrogeológicas ......... 441 3.10.1.2.4. Conducciones de abastecimiento ... 444 3.10.1.2.5. Conducciones de riego................... 445 3.10.1.2.6. Redes de azarbes y drenajes .......... 446 3.10.1.2.7. Redes de caminos de servicio........ 446 3.10.1.2.8. Instalaciones de tratamiento de aguas potables ................................ 446 3.10.1.2.9. Instalaciones de tratamiento de aguas residuales ............................. 446 3.10.1.2.10. Instalaciones de reutilización de . aguas residuales ........................... 447 3.10.1.2.11. Instalaciones de desalación .......... 447 3.10.1.2.12. Aprovechamientos hidroeléctricos. 448 3.10.1.2.13. Instalaciones de navegación y transporte...................................... 449 3.10.1.2.14. Sistemas de corrección hidrológico-forestal ...................... 450 3.10.1.2.15. Pasos para peces........................... 451 3.10.1.2.16. Encauzamientos y defensas de márgenes ...................................... 451 3.10.2. Valoración del patrimonio hidráulico .. 451 3.10.3. Conservación, mantenimiento, reposición y modernización de infraestructuras..................................... 451 3.10.4. Seguridad de infraestructuras. El Reglamento técnico ......................... 452 3.10.4.1. Antecedentes ..................................... 452 3.10.4.2. Conceptos básicos............................. 453 3.10.4.3. La situación actual ............................ 453 3.10.5. Régimen jurídico de las obras hidráulicas ............................................ 453 3.10.5.1. Antecedentes históricos..................... 453 3.10.5.2. Legislación de obras públicas. Antecedentes planificadores y situación actual. La conjunción de leyes .................................................. 454 3.10.5.3. Legislación de aguas......................... 456 3.11. El problema de las sequías .................... 457 3.11.1. Introduccion ......................................... 457 3.11.2. Las experiencias recientes.................... 462 3.11.3. Las líneas de actuación ........................ 465 3.12. Avenidas e inundaciones........................ 465 3.12.1. Introduccion ......................................... 465 3.12.1.1. Génesis de las avenidas .................... 466 3.12.1.2. Daños producidos por las avenidas .. 470 3.12.1.3..Naturaleza territorial de las avenidas e inundaciones................................... 471 3.12.1.4. Inundaciones y vías de comunicación 474 3.12.1.5. Inundaciones y grandes presas.......... 474 3.12.1.6. Implicaciones ambientales de la defensa contra las crecidas................ 475 3.12.2. Antecedentes en actuaciones de defensa 475 3.12.3. Criterios de actuacion .......................... 476 3.12.3.1. Principios básicos.............................. 476 3.12.3.2. Criterios técnico-económicos............ 477 3.12.4. Las actuaciones consideradas .............. 483 3.12.4.1. Actuaciones estructurales.................. 483 3.12.4.2. Actuaciones no estructurales............. 484 3.12.4.2.1. Ordenación de zonas inundables ... 484 3.12.4.2.2. Sistemas de alerta........................... 485 3.12.4.2.3. Seguros........................................... 486 3.12.4.2.4. Regulación jurídica ........................ 487 3.12.5.La planificación de protección civil ante el riesgo de inundaciones .............. 487 3.13. El contexto internacional ....................... 488 3.13.1. Introducción ......................................... 488 3.13.2. El carácter supranacional de la política de aguas................................... 489 3.13.2.1. Los Convenios y Conferencias internacionales .................................. 489 3.13.2.2. La política de aguas de la Unión Europea ............................................. 490 3.13.2.2.1. Antecedentes de la política de aguas en la Comunidad Europea ... 490 3.13.2.2.2. La situación actual tras el Tratado de la Unión..................................... 490 3.13.2.3. La Directiva sobre prevención y control integrados de la contaminación ................................... 491 3.13.2.3.1. Objetivos y ámbito de aplicación .. 491 3.13.2.3.2. Aspectos más relevantes de la aplicación de la Directiva .............. 492 3.13.2.4. La Directiva Marco de aguas............ 492 3.13.2.4.1. Introducción. Proceso de elaboración ..................................... 492 3.13.2.4.2. Contenido y objetivos de la Directiva Marco ............................. 493 3.13.2.4.3. Las implicaciones de la Directiva Marco de aguas en la actual política de aguas en España ........... 494 3.13.2.5. Las relaciones bilaterales .................. 494 3.13.3. Conclusiones ........................................ 495 VII Libro Blanco del Agua en España 3.14. La cooperación con Portugal ................. 496 3.14.1. Introducción ......................................... 496 3.14.2. Marco geográfico ................................. 496 3.14.3. Los recursos hídricos en los cursos fluviales fronterizos ............................. 497 3.14.4. La calidad de las aguas en los cursos fluviales fronterizos ............................. 498 3.14.5. Los convenios bilaterales..................... 498 3.14.6. Situación actual y perspectivas de futuro498 3.15. Investigación y desarrollo en recursos hídricos................................................... 499 3.15.1. Introducción ......................................... 499 3.15.2. Actividades Universitarias ................... 500 3.15.3. Actividades de los Organismos Públicos de Investigación .................................... 500 3.15.4. Otras actividades de investigación y desarrollo de recursos hídricos ............ 501 3.15.5. La CICYT y otros órganos en las Comunidades Autónomas .................... 501 3.15.6. Formación en recursos hídricos ........... 502 3.15.7. Asociaciones científicas y profesionales en recursos hídricos............................... 504 3.15.8. Publicaciones e información sobre recursos hídricos .................................. 505 4. LOS FUNDAMENTOS PARA UNA NUEVA POLÍTICA DEL AGUA 4.1. El concepto de política hidráulica ......... 509 4.1.1. Política hidráulica y política del agua ... 509 4.1.2. La naturaleza institucional de la política hidráulica ............................................... 510 4.1.3. Nuevos conceptos y planteamientos...... 512 4.2. La crisis del modelo tradicional ............ 512 4.2.1. Antecedentes y coyunturas históricas.... 512 4.2.1.1. Las iniciativas particulares de la segunda mitad del XIX ....................... 513 4.2.1.2. La necesidad de intervención pública y el fomento de los riegos por el Estado.. 513 4.2.1.3. El desarrollo de las infraestructuras. La gran hidráulica .............................. 514 4.2.1.4. Aprovechamiento inconexo y aprovechamiento integral.................... 515 4.2.2. La emergencia de nuevos agentes sociales y la multiplicidad de los discursos .......... 516 4.2.3. Los crecientes costes ambientales ......... 518 4.2.4. Las incertidumbres de costes y beneficios 518 4.2.5. La crisis de los objetivos económicos de la política hidráulica ......................... 518 4.2.6. Las tensiones políticas y territoriales .... 520 4.2.7. El contexto internacional ....................... 521 4.2.8. Conclusión. La necesidad de nuevos fundamentos........................................... 521 4.3. Los fundamentos jurídicos..................... 523 4.4. Los fundamentos ambientales ............... 524 4.4.1. La consideración del agua como recurso natural ....................................... 524 4.4.1.1. Concepto de recurso natural ............... 525 4.4.1.2. Clasificación de los recursos. La cuestión de la renovabilidad............ 525 4.4.1.3. Funciones del agua como recurso ambiental ............................................. 526 4.4.2. Dificultades de la gestión de los recursos naturales................................... 528 4.4.2.1. Incertidumbre e irreversibilidad.......... 528 4.4.2.2. El libre acceso..................................... 529 4.4.2.3. La valoración económica de los recursos naturales................................ 530 4.4.2.4. El descuento del futuro ....................... 531 4.4.3. Uso racional y desarrollo sostenible...... 531 4.4.3.1. La polémica desarrollo-medio ambiente 531 4.4.3.2. Efectos negativos derivados de la explotación del medio......................... 532 4.4.3.3. Afección medioambiental socialmente aceptable.............................................. 532 4.4.3.4. Crecimiento económico, eficiencia y sostenibilidad ...................................... 533 4.4.4. Impacto ambiental ................................. 534 4.4.5. Indicadores ambientales......................... 537 4.4.6. Conclusiones.......................................... 538 4.5. Los fundamentos económicos ............... 539 4.5.1. La necesidad de una aproximación económica para la preservación de los . recursos naturales................................... 539 4.5.2. La consideración del agua como bien económico productivo ........................... 540 4.5.3. La política económica del agua considerada como bien ambiental ......... 541 4.5.3.1. Público y privado en la gestión ambiental del agua .............................. 542 4.5.3.1.1. Los mercados como instrumentos .. de política ambiental ........................ 542 4.5.3.1.2. Las negociaciones voluntarias ......... 544 4.5.3.1.3. Experiencias de los mercados de aguas................................................. 546 4.5.3.1.4. Conclusiones .................................... 547 4.5.3.2. Instrumentos de política económica para la mejor gestión del recurso........ 548 4.5.3.2.1. Utilización de incentivos económicos para la mejor asignación de los recursos............................................. 548 4.5.3.2.2. Regulación a través de normas fijas .. 549 4.5.3.2.3. Ejecución de proyectos con objetivos específicamente ambientales ............. 549 4.5.4. Evaulación Económica de proyectos hidráulicos.............................................. 549 4.6. Los fundamentos sociopolíticos ............ 551 4.6.1. El agua como activo social .................... 551 4.6.1.1. La polémica sobre el valor social del agua ..................................................... 551 VIII Índice detallado 4.6.1.2. El valor simbólico y emocional del agua ..................................................... 552 4.6.1.3. Valor comunitario y Justicia ............... 552 4.6.1.4. Valor comunitario y gratuidad del agua. 553 4.6.2. El sentido territorial y las expectativas de prosperidad........................................ 553 4.6.3. La naturaleza de la solidaridad hidráulica 555 4.7. Los fundamentos técnicos ..................... 555 4.7.1. La aproximación tradicional y perspectivas de futuro............................ 555 4.7.2. Las posibles medidas y actuaciones ...... 556 4.7.2.1. La gestión de la demanda ................... 556 4.7.2.1.1. Demandas urbanas ........................... 556 4.7.2.1.2. Demandas agrarias ........................... 557 4.7.2.1.3. Demandas industriales y energéticas 559 4.7.2.2. El incremento de la oferta................... 559 4.7.2.2.1. El incremento de la regulación superficial......................................... 559 4.7.2.2.2. El incremento de la utilización de las aguas subterráneas y el uso conjunto............................................ 560 4.7.2.2.3. El incremento de la reutilización ..... 563 4.7.2.2.4. El incremento de la desalación ........ 563 4.7.2.2.5. La alternativa de trasvases intercuencas...................................... 564 4.7.3. Las mejoras en los procedimientos y metodologías.......................................... 564 4.7.3.1. Las bases de datos de agua ................. 564 4.7.3.2. Los modelos de simulación y optimización........................................ 566 4.7.3.2.1. La simulación de aportaciones en régimen natural ................................ 566 4.7.3.2.2. La simulación y optimización de los sistemas de explotación ................... 567 5. LA PLANIFICACIÓN HIDROLÓGICA 5.1. Antecedentes históricos del proceso planificador ............................................ 571 5.1.1. El plan Gasset o de 1902 y sus epígonos 571 5.1.2. El Plan Nacional de Obras Hidráulicas de 1933................................................... 571 5.1.3. El Plan de Obras Públicas de 1940 ....... 572 5.1.4. Los Planes de Desarrollo económico y social ...................................................... 573 5.1.5. Los planes para zonas específicas y . planes de aprovechamientos .................. 573 5.1.6. El Decreto de 1979, el avance-80 y los estudios previos ..................................... 573 5.1.7. La planificación hidrológica a partir de la Ley de Aguas de 1985 ....................... 574 5.1.8. Síntesis de tipologías históricas del proceso planificador............................... 575 5.2. Régimen jurídico de la planificación ... hidrológica ............................................. 576 5.2.1. La necesidad de planificación administrativa......................................... 576 5.2.2. Fundamentos constitucionales de la actividad planificadora........................... 577 5.2.3. Las competencias en materia de planificación hidrológica ....................... 578 5.2.4. Las relaciones de las Administraciones Públicas. Principios generales ............... 579 5.2.5. Cooperación y planificación conjunta. Financiación........................................... 580 5.2.6. Planificación Hidrológica y Ley de Aguas. La dualidad de Ley y Plan......... 580 5.2.7. Relaciones de la planificación hidrológica con otros instrumentos de planificación, y en particular con el Plan Nacional de Regadíos............................. 581 5.2.8. Situación de conflicto entre Planes de las Administraciones. El principio de coordinación........................................... 583 5.2.9. La prelación temporal entre los Planes Hidrológicos de cuenca y el Plan Hidrológico Nacional............................. 584 5.3. Historia y situación de los Planes Hidrológicos de cuenca ......................... 585 5.3.1. El proceso de elaboración de los Planes. Experiencias y consecuencias................ 585 5.3.2. La situación de ausencia de Plan. Experiencias y consecuencias................ 588 5.3.3. El proceso de Informe de los Planes por el Consejo Nacional del Agua......... 588 5.3.3.1. La elaboración del Informe................. 589 5.3.3.2. Las principales conclusiones .............. 589 5.3.4. El proceso de aprobación de los Planes por el Gobierno...................................... 591 5.3.4.1. Las condiciones jurídicas de la aprobación........................................... 591 5.3.4.2. La culminación del proceso ................ 591 5.4. Historia y situación del Plan Hidrológico Nacional ................................................. 591 5.4.1. El Anteproyecto de Ley del Plan Hidrológico Nacional de 1993............... 591 5.4.2. La situación actual. Algunos criterios básicos.................................................... 593 5.5. Los contenidos del Proyecto de Ley del Plan Hidrológico Nacional .................... 593 5.5.1. Medidas necesarias para la coordinación de los diferentes Planes Hidrológicos de cuenca ............................................... 594 5.5.2. Solución para las posibles alternativas que ofrezcan los Planes Hidrológicos de cuenca ............................................... 597 5.5.3. Previsión y condiciones de las transferencias de recursos hidráulicos entre ámbitos territoriales de distintos Planes Hidrológicos de cuenca.............. 597 IX Libro Blanco del Agua en España 5.5.4. Modificaciones que se prevean en la planificación del uso del recurso y que afecten a aprovechamientos preexistentes para abastecimiento de poblaciones o regadíos...................... 598 5.5.5. Otros posibles contenidos del Plan Hidrológico Nacional............................. 599 5.6. Los posibles trasvases a aprobar por el Plan Hidrológico Nacional .................... 600 5.6.1. Introducción ........................................... 600 5.6.2. Balances hídricos. Déficit y superávit en los ámbitos territoriales de planificación . 600 5.6.3. Identificación de los sistemas con déficit ..................................................... 602 5.6.4. Identificación de los sistemas con superávit................................................. 604 5.6.5. Los posibles trasvases............................ 607 5.7. Otras propuestas para una nueva política del agua .................................................. 607 5.7.1. Las limitaciones del Plan y la necesidad de otros instrumentos............................. 607 5.7.2. La provisión de los servicios de agua. Una responsabilidad compartida respecto a las competencias de las distintas Administraciones Territoriales............... 608 5.7.3. La participación privada en la financiación de infraestructuras............. 611 5.7.4. Una reforma de la Administración Hidráulica............................................... 612 5.7.5. Una reforma de los procedimientos de control y registro de derechos.......................... 614 5.7.6. Una reforma de los procedimientos de tramitación contractual .......................... 614 5.7.7. Una reforma de la Ley de Aguas........... 616 6. ABREVIATURAS Y ACRÓNIMOS 617 7. REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS 621 X Índice de figuras Figura 1. Mapa de distribución espacial de las temperaturas medias, superpuestas al relieve ..................................................... 10 Figura 2. Mapa de distribución espacial de las precipitaciones medias, superpuestas al relieve ...................................................... 11 Figura 3. Mapa de clasificación climática según el índice de humedad de la UNESCO......... 12 Figura 4. Mapa de litologías ................................... 13 Figura 5. Mapa de relieves. Modelo digital del terreno ...................................................... 13 Figura 6. Mapa de tipos básicos de suelo ............... 15 Figura 7. Mapa de usos del suelo............................ 15 Figura 8. Mapa de usos forestales........................... 16 Figura 9. Mapa de relieve y ríos principales........... 17 Figura 10. Perfiles longitudinales de los ríos más largos .............................................. 18 Figura 11. Mapa de la red fluvial básica y divisorias de las grandes cuencas ....... 19 Figura 12. Evolución de la población española desde 1700 y proyección a corto plazo ......................................... 23 Figura 13. Tasas de evolución de la población española desde 1850 ............................. 23 Figura 14. Nacimientos, defunciones y crecimiento natural de la población española desde 1970 ............................. 24 Figura 15. Mapa de densidad de población en 1991 ................................................. 25 Figura 16. Evolución de la concentración de población a menos de 5 km de la costa ................................................... 26 Figura 17. Concentración de población en franjas del litoral .............................. 26 Figura 18. Mapa de poblaciones de más de 50.000 habitantes .............................. 27 Figura 19. Evolución durante el siglo del porcentaje de la población residente de hecho según tamaños de municipios .... 27 Figura 20. Mapa de tasas provinciales de variación de la población en el periodo 1981-1991 .............................................. 28 Figura 21. Distintas proyecciones de población total nacional.......................................... 29 Figura 22. Población española desde 1850 y proyección al 2020 ................................ 29 Figura 23. Pirámide de población en 1991 y previsiones para el 2005 y 2020......... 30 Figura 24. Mapa de previsiones provinciales de población al año 2000, y sus tasas de variación con respecto a 1991 .......... 30 Figura 25. Mapa de previsiones provinciales de población al año 2010, y sus tasas de variacióncon respecto a 1991 ................ 31 Figura 26. Mapa de previsiones provinciales de población en el 2020 y sus tasas de variación con respecto a 1991 .......... 32 Figura 27. Previsiones de evolución de población por ámbitos de Planes Hidrológicos...... 32 Figura 28. Previsiones de evolución de población por ámbitos de Planes Hidrológicos (detalle) ............................ 33 Figura 29. Evolución de turistas y plazas hoteleras ................................................. 36 Figura 30. Evolución de los ingresos de divisas por turismo............................................. 36 Figura 31. Mapa de distribución y número de viviendas secundarias en 1991 .............. 37 Figura 32. Mapa de distribución y número de plazas turísticas totales en 1994 ....... 38 Figura 33. Evolución de la estacionalidad del turismo ............................................. 38 Figura 34. Mapa de distribución y número de campos de golf en 1995.................... 39 Figura 35. Mapa de distribución y número de campings en 1995 .................................. 40 Figura 36. Mapa de variación provincial del número de campings en el periodo 1980-1994............................. 41 Figura 37. Mapa de superficies de riego identificadas mediante teledetección (años 1984, 1987, 1991, 1995) .............. 41 Figura 38. Curva hipsométrica y altitud de los regadíos existentes en España.......... 42 Figura 39. Curva porcentual acumulada de superficie del territorio frente a superficie de regadío a las distintas cotas......................................... 42 Figura 40. Curvas hipsométricas y altitud de los regadíos en diferentes ámbitos de los Planes Hidrológicos .................... 44 Figura 41. Evolución desde 1900 de la población activa por sectores de actividad............................................ 45 Figura 42. Evolución desde 1950 de la población activa por profesiones ....... 45 Figura 43. Evolución de la población activa agraria y de las superficies de secano y regadío .................................... 46 Figura 44. Evolución reciente y tasa de variación de los empleos ocupados en el sector agrario................................. 46 ÍNDICE DE FIGURAS XI Libro Blanco del Agua en España Figura 45. Mapa de envejecimiento de la población agraria ............................... 47 Figura 46. Mapa de distribución territorial de la actividad industrial ............................ 49 Figura 47. Evolución desde 1940 de la estructura sectorial de la producción eléctrica............................... 50 Figura 48. Participación de las cuencas hidrográficas en la producción hidroeléctrica total ................................. 50 Figura 49. Participación relativa de las distintas cuencas en las superficies y consumos de agua en regadío, potencias instaladas, y producción hidroeléctrica ....................51 Figura 50. Participación relativa de superficies de riego y potencias instaladas por cuencas hidrográficas ............................ 51 Figura 51. Mapas de ámbitos territoriales de las Comunidades Autónomas y de los Planes Hidrológicos ............................... 54 Figura 52. Mapa conjunto de ámbitos territoriales de las Comunidades Autónomas y de los Planes Hidrológicos ............................... 55 Figura 53. Mapa de los ámbitos territoriales de las Administraciones Hidráulicas ..... 70 Figura 54. Esquema conceptual del ciclo hidrológico............................................. 78 Figura 55. Esquema de los principales flujos del ciclo hidrológico en un territorio..... 79 Figura 56. Esquema de los principales flujos de agua (km3/año) en régimen natural para el territorio español........................ 80 Figura 57. Algunos ejemplos de alteraciones antrópicas del ciclo hidrológico............. 81 Figura 58. Afección de los bombeos en La Mancha sobre los caudales del río Júcar ............. 81 Figura 59. Afección del embalse de Valdeinfierno sobre el manantial de los Ojos de Luchena ......................... 82 Figura 60. Relación entre aportación real y aportación natural para diferentes ríos españoles......................................... 83 Figura 61. Mapa de volúmenes de embalse aguas arriba (hm3) ............................................ 83 Figura 62. Mapa de máxima alteración potencial actual del régimen natural por efecto de la regulación existente ...................... 84 Figura 63. Distintas perspectivas de los efectos antrópicos sobre el ciclo hidrológico..... 85 Figura 64. Serie de precipitaciones anuales en San Fernando (Cádiz) desde 1805.... 87 Figura 65. Evolución del número de estaciones meteorológicas en España durante el siglo XIX ........................................... 87 Figura 66. Evolución del número de estaciones meteorológicas en España durante el siglo XX............................................. 88 Figura 67. Mapa de la Red de estaciones meteorológicas con registros históricos del INM................................. 88 Figura 68. Mapa de la Red de estaciones evaporimétricas en embalses ................. 90 Figura 69. Serie de aportaciones anuales del río Guadalentín en la presa de Puentes desde 1885 ............................................. 91 Figura 70. Evolución desde 1910 del número de estaciones de aforo en los ríos.......... 91 Figura 71. Mapa de la Red de medida de aguas superficiales ........................................... 92 Figura 72. Mapa de la Red SAIH en funcionamiento .......................................94 Figura 73. Mapa de puntos seleccionados de las redes de piezometría e hidrometría ....... 95 Figura 74. Evolución desde 1960 del número de datos piezométricos en la cuenca del Segura .............................................. 95 Figura 75. Distribución de las estaciones meteorológicas según su altitud............. 97 Figura 76. Curva porcentual acumulada de superficie del territorio frente a número de estaciones meteorológicas a las distintas cotas....... 98 Figura 77. Mapa de distribución espacial de estaciones pluviométricas en los Picos de Europa, sobre un modelo digital del terreno................. 98 Figura 78. Mapa de valores medios de la precipitación anual (mm) en el periodo 1940/41-1995/96 ................ 100 Figura 79. Distribución mensual de la precipitación media en España ............ 101 Figura 80. Serie de precipitaciones anuales medias en España en el periodo 1940/41-1995/96.................................. 101 Figura 81. Rachas de la precipitación media anual en España en el periodo 1940/41-1995/96, a partir de las desviaciones unitarias acumuladas ...... 102 Figura 82. Funciones de autocorrelación y autocorrelación parcial de las precipitaciones medias anuales en España en el periodo 1940/41-1995/96.................................. 102 Figura 83. Mapa de coeficientes de variación (%) de la precipitación anual en el periodo 1940/41-1995/96 ................ 103 Figura 84. Mapas de medias y coeficientes de variación de las precipitaciones anuales por ámbitos de planificación .. 104 XII Índice de figuras Figura 85. Precipitaciones medias frente a coeficientes de variación y de sesgo por ámbitos de planificación ..... 104 Figura 86. Regiones pluviométricas de los ámbitos territoriales de planificación ................ 105 Figura 87. Rachas de la precipitación media anual por regiones pluviométricas en el periodo 1940/41-1995/96, a partir de las desviaciones unitarias acumuladas .......................................... 106 Figura 88. Distintas situaciones de las rachas de la precipitación media anual por regiones pluviométricas en el periodo 1940/41-1995/96, a partir de las desviaciones unitarias acumuladas ...... 107 Figura 89. Mapa de evapotranspiración potencial media anual en mm (periodo 1940/41-1995/96) ...................108 Figura 90. Mapa de evapotranspiración real media anual en mm (periodo 1940/41-1995/96).................. 108 Figura 91. Mapa de la relación ET/ETP (%) (periodo 1940/41-1995/96).................. 109 Figura 92. Mapa de lluvia útil media anual en mm (periodo 1940/41-1995/96)...... 110 Figura 93. Mapa de escorrentía total media anual en mm (periodo 1940/41-1995/96) ...... 111 Figura 94. Mapa de aportación total media anual (hm3/año) en el periodo 1940/41-1995/96 .................................. 111 Figura 95. Distribución media intraanual de los principales flujos hidrológicos globales en España............................... 112 Figura 96. Representación esquemática del modelo distribuido empleado ........ 113 Figura 97. Mapa de subcuencas en la España peninsular............................................. 114 Figura 98. Mapa de capacidad máxima de almacenamiento de agua en el suelo (mm) ........................................... 115 Figura 99. Mapa de capacidad máxima de infiltración (mm/mes) ..................... 116 Figura 100. Mapa de coeficientes de recesión (dias-1x100.000) ................................. 117 Figura 101. Mapa con la selección de puntos de control para la calibración del modelo.......................................... 117 Figura 102. Ejemplo de mapas generados en la simulación de escorrentías en un intervalo de tiempo (febrero de 1970) ............................... 118 Figura 103. Contraste del modelo en valores medios anuales................................................ 118 Figura 104. Aportaciones mensuales simuladas y observadas (m3/s) en varios puntos de control en el periodo 1940/41-1995/96 ................................ 119 Figura 105. Detalle de aportaciones mensuales simuladas y observadas (m3/s) en el periodo 1940/41-1995/96 .................. 120 Figura 106. Aportaciones totales medias anuales (hm3/año) y coeficientes de escorrentía en régimen natural en los diferentes ámbitos territoriales de los Planes Hidrológicos ................ 122 Figura 107. Escorrentías medias anuales (mm) y coeficientes de escorrentía en régimen natural en los diferentes ámbitos territoriales de los Planes Hidrológicos ...................................... 122 Figura 108. Relaciones entre precipitación, escorrentía total y coeficientes de escorrentía en los diferentes ámbitos territoriales de los Planes Hidrológicos ...................................... 123 Figura 109. Serie de aportaciones totales anuales en régimen natural en la España peninsular (periodo 1940/41-1995/96) .............................. 123 Figura 110. Relación precipitación-escorrentía total a escala anual en la España peninsular (años 1940/41 a 1995/96) .................. 124 Figura 111. Correlación cruzada entre las precipitaciones y las aportaciones anuales en España en el periodo 1940/41-1995/96 ................................ 124 Figura 112. Rachas de la aportación total anual en España en el periodo 1940/41-1995/96, a partir de las desviaciones unitarias acumuladas .... 125 Figura 113. Funciones de autocorrelación y autocorrelación parcial de las aportaciones medias anuales en España en el periodo 1940/41-1995/96.......... 125 Figura 114. Series de aportaciones anuales en régimen natural (periodo 1940/41 1995/96) para los distintos ámbitos de la planificación hidrológica .......... 126 Figura 115. Mapa del coeficiente de variación (%) de la escorrentía anual en el periodo 1940/41-1995/96 ................................ 128 Figura 116. Correlogramas de las series de aportaciones anuales totales en distintos ámbitos territoriales........ 128 Figura 117. Rachas de la aportación total anual en régimen natural por regiones en el periodo 1940/41-1995/96, a partir de las desviaciones unitarias acumuladas......................................... 129 XIII Libro Blanco del Agua en España Figura 118. Distintas situaciones de las rachas de aportación total anual en régimen natural por regiones en el periodo 1940/41-1995/96, a partir de las desviaciones unitarias acumuladas .... 130 Figura 119. Mapa de unidades hidrogeológicas.... 131 Figura 120. Mapa de afloramientos permeables ... 132 Figura 121. Mapa de recarga natural en las unidades hidrogeológicas (mm/año).. 134 Figura 122. Recarga por infiltración de lluvia (hm3/año) en la unidad hidrogeológica de la Mancha Oriental (periodo 1940/41 a 1995/96) ............. 135 Figura 123. Recarga por infiltración de lluvia (hm3/año) en la unidad hidrogeológica de Madrid-Talavera (periodo 1940/41 a 1995/96)............................ 135 Figura 124. Recarga por infiltración de lluvia (hm3/año) en la Península (periodo 1940/41 a 1995/96) ............. 136 Figura 125. Fracción subterránea de la escorrentía total y recarga a los acuíferos en régimen natural en los ámbitos territoriales de la planificación .......... 137 Figura 126. Contraste de datos de recarga de acuíferos en régimen natural en los ámbitos territoriales de la planificación .................................. 137 Figura 127. Caudales medios mensuales en ríos con distintos regímenes fluviales....... 139 Figura 128. Distribución estacional de la precipitación (mm) ........................ 140 Figura 129. Distribución estacional de la evapotranspiración potencial (mm)................................... 141 Figura 130. Distribución estacional de la escorrentía (mm)............................ 142 Figura 131. Caudales mensuales (m3/s) del Guadiana en Torreblanca y del Zújar en Castuera en el periodo 1946/47 a 1949/50 .............................................. 142 Figura 132. Mapa de precipitación media anual en la Unión Europea (mm) ................ 143 Figura 133. Mapa de evapotranspiración potencial media anual en la Unión Europea (mm)......................... 143 Figura 134. Mapa de escorrentía media anual en la Unión Europea (mm) ................ 144 Figura 135. Mapa del índice de humedad en la Unión Europea ............................... 145 Figura 136. Porcentajes de utilización de recursos superficiales y subterráneos en distintos países de la UE............... 146 Figura 137. Esquema conceptual de movilización de recursos naturales y su transformación en recursos disponibles ......................................... 147 Figura 138. Volúmenes regulados en régimen natural por ámbitos de planificación. Series de los Planes Hidrológicos ..... 152 Figura 139. Volúmenes regulados en régimen natural por ámbitos de planificación. Series obtenidas en este Libro ........... 152 Figura 140. Mapa de sistemas de explotación básicos definidos en los Planes Hidrológicos de cuenca ..................... 155 Figura 141. Volúmenes regulados en la situación teórica considerada. Series de aportaciones de los Planes Hidrológicos ...................................... 157 Figura 142. Volúmenes regulados en la situación teórica considerada. Series de aportaciones obtenidas en este Libro ................................................. 158 Figura 143. Regulación en régimen natural y en la situación teórica considerada (en porcentajes de la aportación total en régimen natural)............................ 159 Figura 144. Mapas de la relación bombeo/recarga y la fracción de bombeo con respecto al total, por ámbitos de planificación hidrológica ................... 160 Figura 145. Mapa de zonas regadas con aguas de origen subterráneo y mixto ........... 161 Figura 146. Mapa de la cuenca alta del Guadiana ...................................... 162 Figura 147. Evolución de niveles piezométricos y bombeos en el acuífero de la Mancha Occidental (piezómetro 203070003 en Manzanares)............... 162 Figura 148. Mapa de la relación bombeo-recarga en las unidades hidrogeológicas ........ 163 Figura 149. Mapa de unidades hidrogeológicas con declaración provisional o definitiva de sobreexplotación en las cuencas intercomunitarias ....... 166 Figura 150. Mapa del sistema río Mijares Acuífero de la Plana de Castellón.... 168 Figura 151. Mapa de situación de algunos esquemas de uso conjunto en España........................................... 169 Figura 152. Volúmenes de reutilización directa actual por ámbitos de planificación... 172 Figura 153. Mapa de municipios con instalaciones de reutilización directa ........................... 172 Figura 154. Evolución de la desalación en el mundo y en España........................ 173 Figura 155. Evolución del precio medio de venta de la energía eléctrica y de XIV Índice de figuras los incrementos anuales de la tarifa eléctrica y el IPC...................... 174 Figura 156. Costes de desalación de agua del mar según la producción de la planta..........................................175 Figura 157. Mapa de costes totales de suministro (producción y transporte) de 10.000 m3/día de agua marina desalada (pta/m3)................................ 176 Figura 158. Volúmenes de desalación actual por ámbitos de planificación ............. 177 Figura 159. Mapa de municipios con instalaciones de desalación para abastecimiento urbano ....................... 178 Figura 160. Mapa con los esquemas de las principales transferencias superficiales actuales ......................... 180 Figura 161. Relación entre los indicadores de cotas máximas de disponibilidades hídricas, y los recursos totales en régimen natural, por ámbitos de planificación.................................. 183 Figura 162. Evolución de la estimación de la media de aportaciones totales anuales en régimen natural en la España peninsular y su incertidumbre asociada ...................... 185 Figura 163. Mapa de estaciones con series largas seleccionadas........................... 186 Figura 164. Rachas de la precipitación media anual en España con series largas, a partir de las desviaciones unitarias acumuladas ........................................ 187 Figura 165. Evolución del número de estaciones foronómicas disponibles con series relativamente completas y no afectadas ............................................ 188 Figura 166. Rachas de aportaciones naturales anuales en España con series largas, a partir de las desviaciones unitarias acumuladas ........................................ 188 Figura 167. Evolución desde 1855 de la variación de la temperatura media global de la Tierra respecto a la media de la serie (ºC) ........................ 189 Figura 168. Relaciones entre aportación (A), precipitación (P) y evapotranspiración potencial (ETP) en los puntos de control ........................................... 192 Figura 169. Mapa de disminución porcentual de la escorrentía para el escenario 1 ..................................... 193 Figura 170. Mapa de disminución porcentual de la escorrentía para el escenario 2.. 194 Figura 171. Porcentajes de disminución de la aportación total, para los escenarios climáticos considerados, en el largo plazo de la planificación hidrológica ............... 195 Figura 172. Actuaciones para la protección de la calidad de aguas........................ 197 Figura 173. Mapa de Estaciones de muestreo periódico de la red ICA en funcionamiento ............................. 200 Figura 174. Mapa de Estaciones Automáticas de Alerta de la red ICA...................... 201 Figura 175. Equipos y sistemas instalados en las Estaciones Automáticas de Alerta............................................. 202 Figura 176. Mapa de aptitud del agua para el consumo humano según los valores imperativos de la Directiva 75/440 ................................................ 207 Figura 177. Mapa de aptitud del agua para el consumo humano según los valores guías de la Directiva 75/440 ............................ 208 Figura 178. Mapa de aptitud del agua para el regadío durante julio y agosto (riesgo de salinidad) .......................... 209 Figura 179. Mapa de aptitud del agua para el regadío durante julio y agosto (riesgo de reducción de la capacidad de infiltración) .................. 210 Figura 180. Mapa de aptitud estimativa del agua para el baño en la red COCA.... 212 Figura 181. Número de zonas declaradas para la vida piscícola en las distintas cuencas ................................ 214 Figura 182. Mapa de aptitud de las aguas para la vida de los peces (criterio de salmónidos) ..................... 214 Figura 183. Situación actual de la calidad del agua expresada en porcentaje de longitud de la red fluvial según el Índice General de Calidad ............. 215 Figura 184. Mapa de ICG medio actual en las estaciones de la red COCA .......... 215 Figura 185. Mapa de concentración de DBO5 (mg/l) en los puntos de la red (año 1994)........................... 216 Figura 186. Mapa de la calidad biológica de los ríos peninsulares obtenida mediante la aplicación del índice biótico BMWP’................. 217 Figura 187. Distribución por cuencas de las clases de calidad según el índice BMWP’............................... 218 XV Libro Blanco del Agua en España Figura 188. Mapa de situación y características principales de las centrales térmicas convencionales y nucleares ............... 222 Figura 189. Mapa de suelos contaminados por sustancias tóxicas y peligrosas de mayor riesgo ................................. 225 Figura 190. Mapa de situación radiológica de las aguas........................................ 226 Figura 191. Actividad alfa total en algunos puntos de las cuencas del Tajo, Duero y Ebro ..................................... 227 Figura 192. Imagen del grado trófico del embalse de Torre de Abraham en la cuenca del Guadiana obtenida mediante teledetección. ..................................... 229 Figura 193. Volumen degradado con respecto a la capacidad total de embalse por ámbitos de planificación ............. 229 Figura 194. Mapa del estado trófico de los embalses mayores de 10 hm3............. 230 Figura 195. Mapa de la Red de control de la calidad de las aguas subterráneas y acuíferos que presentan intrusión marina ................................................ 231 Figura 196. Mapa de puntos de la red de control con presencia de nitratos ................... 233 Figura 197. Mapa de objetivos de calidad para uso prepotable............................ 237 Figura 198. Mapa de objetivos de calidad para aguas de baño............................. 237 Figura 199. Mapa de objetivos de calidad para vida piscícola ............................. 238 Figura 200. Diagrama de flujos de decisión en relación con los objetivos de calidad........................................... 239 Figura 201. Concentración de materiales en suspensión cerca de las desembocaduras de los ríos Miño (Estación 1631), Guadiana (Estación 4018) y Guadalquivir (Estación 5798)......... 240 Figura 202. Concentración de nitratos en el Guadalquivir en Lebrija (Estación 5798) ...................................240 Figura 203. Concentración de mercurio, cadmio, cobre, plomo, amonio y fosfatos en el Guadalquivir en Lebrija (Estación 5798) ................ 240 Figura 204. Mapa de estaciones depuradoras más importantes existentes y en construcción a 31 de Diciembre de 1996 .............................................. 242 Figura 205. Mapa de zonas sensibles interiores de la Directiva 91/271 ................................ 243 Figura 206. Esquema del procedimiento de regularización de vertidos según el Real Decreto 484/1995........ 244 Figura 207. Esquema simplificado del sistema general de utilización del agua .......... 248 Figura 208. Distintas previsiones de evolución de la demanda urbana por cuencas hidrográficas ...................................... 250 Figura 209. Distintas previsiones de evolución global de la demanda urbana ............. 251 Figura 210. Distintas previsiones de evolución de la demanda de regadío por cuencas ........................................ 253 Figura 211. Distintas previsiones de evolución de la demanda global de regadío ....... 254 Figura 212. Evolución del origen y usos del agua de abastecimiento urbano en municipios mayores de 20.000 habs. .................................. 257 Figura 213. Demandas y dotaciones actuales de abastecimiento urbano por ámbitos de planificación.................... 258 Figura 214. Mapa de distribución espacial de la demanda de abastecimiento de poblaciones (mm/año) .................. 259 Figura 215. Evolución de los volúmenes anuales suministrados por la Mancomunidad de Canales del Taibilla....................... 260 Figura 216. Ejemplos de distribución estacional de las demandas de abastecimiento a distintas escalas espaciales ............. 261 Figura 217. Relación entre consumo de agua e ingresos ........................................... 262 Figura 218. Curva de consumos de agua frente a precios en abastecimientos domésticos ......................................... 263 Figura 219. Distribución de abonados y suministro doméstico en el área de Barcelona ...................................... 264 Figura 220. Sistemas de tarifación de abastecimientos urbanos .................... 265 Figura 221. Volúmenes anuales derivados por el Canal de Isabel II desde 1971 ......................................... 270 Figura 222. Volúmenes mensuales derivados por el Canal de Isabel II esde 1971 ........................................... 270 Figura 223. Evolución de volúmenes anuales (hm3) suministrados por el Canal de Isabel II, el abastecimiento a Barcelona, y la Mancomunidad de Canales del Taibilla desde 1971............................ 271 XVI Índice de figuras Figura 224. Indicadores de gestión del abastecimiento en la ciudad de Murcia ........................................... 272 Figura 225. Demanda de abastecimiento de poblaciones prevista a medio y largo plazo en los Planes Hidrológicos ........................... 274 Figura 226. Previsiones de evoluciones anuales de población y demanda urbana en los Planes Hidrológicos ........................... 275 Figura 227. Evolución prevista de las dotaciones de abastecimiento en los distintos Planes Hidrológicos ........................... 276 Figura 228. Volúmenes de demanda industrial actual por ámbitos de planificación.................................. 280 Figura 229. Mapa de distribución espacial de la demanda industrial (mm/año)............................................ 281 Figura 230. Demanda industrial prevista a medio y largo plazo en los Planes Hidrológicos ...................................... 282 Figura 231. Evolución de superficies regadas y transformadas por el IRYDA.......... 284 Figura 232. Evolución del consumo de productos fertilizantes y fitosanitarios empleados en agricultura ................... 285 Figura 233. Evolución del consumo de productos fertilizantes por hectárea de tierra fertilizable............................ 285 Figura 234. Evolución del número y potencia del parque de tractores, motocultores y cosechadoras ................................... 286 Figura 235. Evolución del Índice de mecanización ..................................... 286 Figura 236. Evolución desde 1980 de la producción total agrícola del regadío y del secano, y de la relación de productividad entre ambos ................ 287 Figura 237. Mapa de superficies brutas de riego iden tificadas en los Planes Hidrológicos de cuenca.......... 288 Figura 238. Mapa de superficies regadas identificadas mediante teledetección (años 1984, 1987, 1991, 1995).............................. 289 Figura 239. Superficies, demandas y dotaciones actuales por ámbitos de planificación ...................................... 290 Figura 240. Mapa de zonas regadas con sus orígenes del agua ............................... 291 Figura 241. Distribución estacional media de las demandas de riego en algunos Planes Hidrológicos ............. 291 Figura 242. Superficies de riego (ha) en los Planes Hidrológicos de cuenca .... 293 Figura 243. Demanda máxima de regadíos prevista a medio y largo plazo en los Planes Hidrológicos ................ 294 Figura 244. Mapas de subvenciones agrarias por Comunidades Autónomas .................. 297 Figura 245. Superficies y demandas de riego según los PHC y los estudios de tipificación del PNR, por ámbitos de planificación ................................ 305 Figura 246. Dotaciones medias de riego (m3/ha/año)......................................... 305 Figura 247. Evolución desde 1940 de la potencia instalada........................... 311 Figura 248. Evolución desde 1940 de la producción de energía eléctrica ..... 311 Figura 249. Evolución de producción, consumo e intercambios internacionales de energía eléctrica ............................ 312 Figura 250. Evolución de la producción de energía eléctrica de origen hidráulico en las diferentes cuencas ........................ 313 Figura 251. Evolución de la producción de trucha arco iris destinada al consumo humano........................... 315 Figura 252. Evolución del número de licencias de pesca............................... 319 Figura 253. Evolución de algunas variables relacionadas con el uso recreativo de las aguas........................................ 319 Figura 254. Ecosistemas acuáticos inventariados...................................... 321 Figura 255. Ortoimagen del delta del Ebro.............................................. 325 Figura 256. Ortoimagen del estuario del Guadiana ...................................... 326 Figura 257. Principales usos actuales (hm3/año) en los diferentes ámbitos de planificación.................................. 327 Figura 258. Principales usos actuales (hm3/año) en España........................................... 328 Figura 259. Evolución prevista de la demanda de agua en distintos continentes ......................................... 329 Figura 260. Demanda per cápita en países de la Unión Europea .......................... 330 Figura 261. Recurso renovable y demanda total en los países de la Unión Europea ............................... 331 Figura 262. Usos sectoriales relativos del agua en distintos países de la Unión Europea y Estados Unidos ............................... 332 XVII Libro Blanco del Agua en España Figura 263. Evolución reciente y previsión de superficies agrarias y demandas de riego en la Unión Europea............ 333 Figura 264. Situación registral de los aprovechamientos de aguas superficiales en cuencas intercomunitarias ............................... 342 Figura 265. Situación registral de los aprovechamientos de aguas subterráneas en cuencas intercomunitarias ............................... 343 Figura 266. Modelo cartográfico del sistema de utilización...................................... 350 Figura 267. Mapa de recursos naturales anuales totales en mm (periodo 1940/41-1995/96)................ 350 Figura 268. Mapa de recursos procedentes de la desalación de agua de mar en los sistemas de explotación (hm3/año)............................................ 351 Figura 269. Mapa de transferencias nominales, actuales o en ejecución, entre sistemas de explotación (hm3/año) .... 352 Figura 270. Mapa de demanda total actual en mm (urbana, industrial y agrícola) .... 353 Figura 271. Detalle del mapa de demanda total actual en las áreas de Madrid y Valencia........................................... 353 Figura 272. Mapa de distribución territorial del déficit (mm/año) .......................... 354 Figura 273. Mapa de distribución territorial del superávit (mm/año)...................... 354 Figura 274. Mapa de déficit (hm3/año) en los sistemas de explotación ............... 356 Figura 275. Mapa de superávit (hm3/año) en los sistemas de explotación ............... 356 Figura 276. Mapa de riesgo de escasez en los sistemas de explotación ............... 357 Figura 277. Mapa de déficit (hm3/año) en los ámbitos territoriales de los Planes Hidrológicos ............................358 Figura 278. Mapa de superávit (hm3/año) en los ámbitos territoriales de los Planes Hidrológicos ........................... 359 Figura 279. Mapa de riesgo de escasez en los ámbitos territoriales de los Planes Hidrológicos ........................... 359 Figura 280. Mapa de déficit (hm3/año) en los sistemas de explotación definidos en los Planes de cuenca ..................... 361 Figura 281. Esquema del sistema unificado de explotación de recursos hídricos... 362 Figura 282. Detalle del esquema de optimización de la cuenca del río Júcar ............................................. 363 Figura 283. Detalle del esquema de optimización de la cuenca del Segura .......................................... 363 Figura 284. Mapa de Unidades de Demanda Agraria en los Planes de cuenca intercomunitarios ............................... 366 Figura 285. Mapa indicativo de algunos puntos seleccionados y tipologías de requerimientos medioambientales ..... 367 Figura 286. Mapa de puntos de incorporación de series de aportaciones ................... 368 Figura 287. Mapa de Evaporación media anual en mm (periodo 1940/41-1995/96).... 370 Figura 288. Plano general del Acueducto Tajo-Segura........................................ 372 Figura 289. Serie de aportaciones del Acueducto Tajo-Segura a la cuenca del Segura (hm3/año) ............. 374 Figura 290. Serie de aportaciones anuales en la cabecera del Tajo (hm3/año) .......... 374 Figura 291. Serie de desembalses anuales de la cabecera del Tajo (hm3/año) .......... 375 Figura 292. Existencias mensuales embalsadas en Entrepeñas-Buendía (hm3) ............ 376 Figura 293. Plano general del trasvase Ebro-Tarragona .................................. 378 Figura 294. Series anuales y mensuales de volúmenes servidos por el Consorcio de Tarragona y tarifas aplicadas ........ 379 Figura 295. Evolución de la estructura sectorial del Valor Añadido Bruto Total (%) .................................. 381 Figura 296. Evolución del Valor Añadido Bruto de la rama Agricultura y Pesca.......... 382 Figura 297. Mapa de participación de la agricultura y pesca en el VAB total provincial ................................... 383 Figura 298. Mapa de tendencias de la participación del VAB provincial frente al VAB nacional en Agricultura y Pesca............................ 383 Figura 299. Mapa de tendencias de la participación del VAB autonómico frente al VAB nacional en Agricultura y Pesca............................ 384 Figura 300. Productividad del agua en regadío en distintas zonas ............................... 385 Figura 301. Mapa de productividad de los regadíos ........................................ 386 Figura 302. Mapa de relación de productividad regadío/secano ................................... 386 Figura 303. Productividad energética del agua..... 388 Figura 304. Productividad comparada energía-regadíos................................. 389 XVIII Índice de figuras Figura 305. Mapa de estructura sectorial del VABpm por comunidades autónomas .......................................... 390 Figura 306. Evolución temporal de la economía sumergida española en porcentaje sobre el PIB, e indicadores de su estructura territorial ........................... 391 Figura 307. Evolución del canon de regulación (Inversión=100; Interés legal del dinero=9%) .................................. 396 Figura 308. Participación de los usuarios en el pago de la inversión de regulación según el interés legal del dinero ........ 397 Figura 309. Evolución de la tarifa de utilización (Inversión=100; Interés legal del dinero=9%) .................................. 397 Figura 310. Participación de los usuarios en el pago de la inversión de utilización según el interés legal del dinero ........ 398 Figura 311. Valores medios por Confederaciones de la facturación y la relación cobrado/facturado del canon de utilización del dominio público ......... 400 Figura 312. Evolución global de la facturación, cobro, y relación cobrado/facturado del canon de utilización del dominio público ........................... 400 Figura 313. Valores medios por Confederaciones de la facturación y la relación cobrado/facturado del canon de vertido ........................................... 401 Figura 314. Evolución global de la facturación, cobro, y relación cobrado/facturado del canon de vertido........................... 401 Figura 315. Valores medios por Confederaciones de la facturación y la relación cobrado/facturado del canon de regulación...................................... 402 Figura 316. Evolución global de la facturación, cobro, y relación cobrado/facturado del canon de regulación ..................... 402 Figura 317. Valores medios por Confederaciones de la facturación y la relación cobrado/facturado de la tarifa de utilización del agua ....................... 403 Figura 318. Evolución global de la facturación, cobro, y relación cobrado/facturado de la tarifa de utilización del agua..... 403 Figura 319. Evolución global de la facturación, cobro, y relación cobrado/facturado por todas las Confederaciones y todos los conceptos del vigente régimen económico-financiero .......... 404 Figura 320. Valores medios por Confederaciones de la facturación por los distintos conceptos y la relación global cobrado/facturado .............................. 404 Figura 321. Valores medios globales de la factura ción y el cobro según los distintos conceptos ........................................... 405 Figura 322. Márgenes, cauces y riberas de una corriente fluvial.................................. 417 Figura 323. Ortoimagen de la Albufera de Valencia......................................... 423 Figura 324. Mapa de Zonas de Protección Especial.............................................. 426 Figura 325. Mapa de tramos de ríos salmonícolas y ciprinícolas afectos a la directiva 78/659/CEE........................................ 427 Figura 326. Mapa de pérdidas potenciales de suelo (t/ha/año) ............................. 429 Figura 327. Sistema de suministro del Canal de Isabel II............................... 432 Figura 328. Plan Badajoz ...................................... 434 Figura 329. Evolución desde 1900 del número anual de presas construidas y la capacidad de embalse generada..... 434 Figura 330. Evolución acumulada desde 1900 del número de presas construidas y la capacidad de embalse generada..... 435 Figura 331. Capacidades clasificadas y acumuladas de los embalses españoles............................................ 436 Figura 332. Mapa de embalses con capacidad superior a 10 hm3............................... 436 Figura 333. Mapas de evolución temporal de la construcción de presas con capacidad superior a 10 hm3.............. 437 Figura 334. Evolución desde 1900 de la capacidad de embalse en los diferentes ámbitos de planificación ... 438 Figura 335. Capacidades de embalse y aportaciones naturales anuales en los diferentes ámbitos de planificación.................................. 439 Figura 336. Relación entre capacidad de embalse y aportación natural anual en los diferentes ámbitos de planificación ...................................... 439 Figura 337. Evolución desde 1900 de la capacidad de los embalses de propiedad estatal y particular............. 440 Figura 338. Evolución desde 1900 de la capacidad de los embalses de propiedad estatal y particular en los diferentes ámbitos de planificación.................... 441 Figura 339. Evolución de volúmenes de agua subterránea utilizados en España y de caudales aforados en pozos y sondeos en la cuenca del Segura ....... 443 XIX Libro Blanco del Agua en España Figura 340. Pozos en la cuenca alta del Guadiana ............................................ 443 Figura 341. Mapa de las principales conducciones de abastecimiento y riego, y puntos oficiales de control ........................................... 445 Figura 342. Número de centrales hidroeléctricas en distintas cuencas ........................... 447 Figura 343. Potencia instalada en distintas cuencas (Mw) .................................... 448 Figura 344. Evolución de la potencia hidráulica instalada en las diferentes cuencas .... 449 Figura 345. Mapa de pasos para peces identificados y grado de dificultad .... 450 Figura 346. Mapa de disminución porcentual de la precipitación media en el periodo 1941/42-1944/45 respecto a la media del periodo 1940/41-1995/96................................ 457 Figura 347. Mapa de disminución porcentual de la precipitación media en el periodo 1979/80-1982/83 respecto a la media del periodo 1940/41-1995/96................................ 458 Figura 348. Mapa de disminución porcentual de la precipitación media en el periodo 1990/91-1994/95 respecto a la media del periodo 1940/41-1995/96................................ 459 Figura 349. Mapa de disminución porcentual de la aportación media en el periodo 1990/91-1994/95 respecto a la media del periodo 1940/41-1995/96.. 460 Figura 350. Evolución del déficit de producción de energía hidroeléctrica, y su coste asociado, en el periodo 1988-1994. ......................................... 461 Figura 351. Evolución desde 1980 de la producción total agrícola del regadío y del secano, y del volumen suministrado para abastecimiento urbano por algunos sistemas importantes.......................... 461 Figura 352. Mapa de relación porcentual entre la precipitación máxima diaria registrada y la precipitación media anual del periodo 1940/41-1995/96................................ 466 Figura 353. Mapa de lluvias máximas diarias (mm) en la España peninsular para un periodo de retorno de 100 años ......... 467 Figura 354. Ejemplos de hidrograma de temporal invernal en el Guadiana y de lluvias convectivas mediterráneas en el Almanzora ......... 467 Figura 355. Distribución mensual de inundaciones históricas en diferentes cuencas.............................. 468 Figura 356. Simulación matemática de la inundación de la Ribera del Júcar (octubre de 1982)............................... 469 Figura 357. Evolución de caudales a través de la Plana del Júcar (avenida de 1982) .............................. 470 Figura 358. Mapa de áreas inundables de primer orden identificadas en los Planes Hidrológicos de cuenca .... 473 Figura 359. Niveles, velocidades y peligrosidades generados por las inundaciones en la rambla de las Moreras.................................... 478 Figura 360. Mapa de usos del suelo en la zona de desembocadura de la rambla de las Moreras.................................... 479 Figura 361. Funciones de daño económico para distintos usos del suelo .............. 480 Figura 362. Cartografía de daños económicos generados por las inundaciones en la rambla de las Moreras............... 480 Figura 363. Hidrogramas y funciones económicas de daños generados por las inundaciones en la rambla de las Moreras ........................................ 481 Figura 364. Zonificación del cauce y márgenes inundables según la Ley de Aguas .... 484 Figura 365. Mapa de niveles de riesgo de inundación por municipios ........... 486 Figura 366. Mapa de las cuencas hispano-portuguesas .......................... 497 Figura 367. Evolución en las últimas décadas de algunas magnitudes básicas indicativas del desarrollo hidráulico.. 515 Figura 368. Esquema de interrelaciones de la economía con el medio natural ..................................... 527 Figura 369. Mapa de los esquemas de uso conjunto identificados........................ 561 Figura 370. Volúmenes de reutilización actuales y previsibles a largo plazo en las distintas cuencas........................... 562 Figura 371. Volúmenes de desalación actuales y previsibles a corto y medio plazo en distintos ámbitos de planificación.................................. 563 Figura 372. Mapa de riesgo de escasez en los sistemas de explotación de los Planes Hidrológicos ..................... 601 Figura 373. Mapa de riesgo de escasez en los ámbitos territoriales de los Planes Hidrológicos ........................... 602 XX Índice de figuras Figura 374. Mapa de déficit (hm3/año) en los sistemas de explotación de los Planes Hidrológicos ..................... 603 Figura 375. Mapa de déficit (hm3/año) en los ámbitos territoriales de los Planes Hidrológicos ........................... 603 Figura 376. Mapa de superávit (hm3/año) en los sistemas de explotación de los Planes Hidrológicos ........................... 605 Figura 377. Mapa de superávit (hm3/año) en los ámbitos territoriales de los Planes Hidrológicos........................................605 Figura 378. Mapa de superávit (hm3/año) en los sistemas de explotación considerando las demandas máximas previstas en los Planes Hidrológicos de cuenca para el segundo horizonte.......................... 606 Figura 379. Mapa de superávit (hm3/año) en los ámbitos territoriales de los Planes Hidrológicos de cuenca considerando las demandas máximas previstas en ellos para el segundo horizonte.......................... 606 XXI Libro Blanco del Agua en España Tabla 1. Algunos datos básicos de las Comunidades Autónomas (población) ............................. 53 Tabla 2. Algunos datos básicos de las Comunidades Autónomas (estructura del PIB) ................................... 54 Tabla 3. Número y distribución por ámbitos de planificación de las estaciones meteorológicas con registros históricos .... 89 Tabla 4. Número y distribución de las estaciones meteorológicas actualmente en servicio ............................. 89 Tabla 5. Puntos de control en servicio de la Red oficial de estaciones de aforo de aguas superficiales ...................... 93 Tabla 6. Número de puntos de observación de las redes de piezometría e hidrometría ............................................. 94 Tabla 7. Red nacional de control piezométrico prevista (cuencas intercomunitarias y Baleares)................................................. 96 Tabla 8. Comparación de redes de medida de aguas superficiales en distintos países europeos ........................... 96 Tabla 9. Densidades medias de las redes de control piezométrico en países europeos.......................................... 97 Tabla 10. Estadísticos básicos de las series de precipitaciones anuales areales correspondientes al periodo 1940/41-1995/96, por ámbitos de planificación hidrológica .................. 103 Tabla 11. Matriz de correlación de las precipitaciones anuales areales por ámbitos de planificación hidrológica .... 105 Tabla 12. Distintas estimaciones de los recursos hídricos totales en régimen natural (hm3/año) ................................... 112 Tabla 13. Regionalización de la capacidad máxima de humedad del suelo a partir de los usos del suelo ................. 115 Tabla 14. Regionalización de la capacidad máxima de infiltración a partir de la litología.............................................. 116 Tabla 15. Valores medios anuales simulados de la precipitación, evapotranspiración y escorrentía por ámbitos de planificación, correspondientes al período 1940/41-1995/96 .................. 121 Tabla 16. Estadísticos básicos de las series de aportaciones totales anuales correspondientes al periodo 1940/41-1995/96, en cada uno de los ámbitos territoriales de la planificación hidrológica................... 127 Tabla 17. Matriz de correlación de las aportaciones anuales por ámbitos de planificación hidrológica .................. 129 Tabla 18. Características de las unidades hidrogeológicas según ámbitos de la planificación .......................................133 Tabla 19. Unidades hidrogeológicas compartidas entre distintos ámbitos de planificación ..................................... 134 Tabla 20. Recarga a los acuíferos y aportación total en régimen natural en los ámbitos territoriales de la planificación según el modelo de simulación utilizado ............ 136 Tabla 21. Estimaciones de la recarga de acuíferos ........................................... 138 Tabla 22. Estimaciones de las salidas subterráneas al mar (hm3/año) por ámbitos de planificación ................. 138 Tabla 23. Estimación de las reservas de aguas subterráneas (hm3) en distintas cuencas.................................... 139 Tabla 24. Flujos hídricos medios anuales en la Tierra, Europa y España .................... 142 Tabla 25. Valores areales medios anuales de precipitación, evapotranspiración potencial y escorrentía total generada internamente en la UE........................... 144 Tabla 26. Valores medios anuales de escorrentía interna, transferencias externas, y recursos totales y per cápita en distintos países de la UE ....................... 145 Tabla 27. Distintas estimaciones de los recursos hídricos disponibles en España............................................... 149 Tabla 28. Distribución porcentual mensual de la demanda variable tipo .................. 150 Tabla 29. Volúmenes regulados en régimen natural con las series de aportaciones empleadas en los Planes de cuenca....... 151 Tabla 30. Volúmenes regulados en régimen natural con las series obtenidas en este Libro.......................................... 153 Tabla 31. Número de sistemas de explotación por ámbitos de planificación hidrológica............................................. 154 ÍNDICE DE TABLAS XXII Índice de tablas Tabla 32. Volúmenes regulados en la situación teórica considerada, con las series empleadas en los Planes Hidrológicos de cuenca ............................................... 156 Tabla 33. Volúmenes regulados en la situación teórica considerada, con las series obtenidas en este Libro ......................... 157 Tabla 34. Explotación de las aguas subterráneas por ámbitos de planificación ................. 160 Tabla 35. Déficit del balance de las aguas subterráneas por ámbitos de planificación .......................................... 164 Tabla 36. Unidades hidrogeológicas con declaración provisional o definitiva de sobreexplotación en las cuencas intercomunitarias ................................... 166 Tabla 37. Experiencias de recarga artificial realizadas por el ITGE en colaboración con otros Organismos............................ 171 Tabla 38. Distribución por usos de las aguas desaladas marinas y salobres................. 177 Tabla 39. Transferencias subterráneas entre ámbitos de planificación ....................... 181 Tabla 40. Transferencias totales de recursos entre ámbitos de planificación .............. 181 Tabla 41. Síntesis de disponibilidades hídricas teóricas................................................... 182 Tabla 42. Porcentaje de disminución de la aportación total, por ámbitos de planificación, para los escenarios climáticos considerados......................... 194 Tabla 43. Transposición de Directivas comunitarias al derecho de aguas español......................................... 198 Tabla 44. Grupos de parámetros controlados por la red COCA ................................... 199 Tabla 45. Frecuencia de muestreo de la red COCA.................................................... 200 Tabla 46. Puntos de control en las distintas cuencas de las principales redes de control de la calidad de las aguas.......... 202 Tabla 47. Redes de control de la calidad de aguas superficiales en diferentes países europeos...................................... 203 Tabla 48. Recomendaciones de la Agencia Europea de Medio Ambiente en relación con las redes de control de calidad de las aguas superficiales (ETC/W, 1995). ..................................... 204 Tabla 49. Características de calidad de las aguas superficiales destinadas a la producción de agua potable (Directiva 75/440) ................................. 205 Tabla 50. Clasificación de la calidad de las aguas para riego según FAO............ 208 Tabla 51. Valores Guia e Imperativos de la calidad de las aguas de baño (Directiva 76/160) ................................. 211 Tabla 52. Distribución territorial y calidad sanitaria de los puntos de muestreo de las zonas de baño continentales........ 212 Tabla 53. Resumen de condiciones de la Directiva 78/659, de aptitud para la vida de los peces........................ 213 Tabla 54. Clases de calidad según el índice BMWP’....................................... 217 Tabla 55. Número de puntos de muestreo estudiados según cada clase de calidad biológica ................................... 218 Tabla 56. Valores límites para un sistema de clasificación trófica ............................... 228 Tabla 57. Datos básicos iniciales de programación del Plan Nacional de Saneamiento y Depuración (1995)........ 243 Tabla 58. Evolución del porcentaje de población conforme con la Directiva 91/271/CEE ........................... 244 Tabla 59. Régimen de gestión del abastecimiento urbano según rangos de población ........ 257 Tabla 60. Demandas y dotaciones actuales de abastecimiento urbano por ámbitos de planificación ..................................... 258 Tabla 61. Dotaciones (suministro a la red) en función del tamaño de población .......... 259 Tabla 62. Evolución reciente de la dotación de abastecimientos media en España ......... 260 Tabla 63. Evolución porcentual del agua no registrada en abastecimiento urbano ..... 261 Tabla 64. Estructura de precios medios del agua para uso doméstico según tamaño de la población (Consumo tipo de 100 m /año)............. 266 Tabla 65. Estructura de precios medios del agua para uso industrial según tamaño de la población (Consumo tipo de 180.000 m /año)............................... 266 Tabla 66. Precios medios del agua para uso doméstico según consumo anual........... 267 Tabla 67. Precios del agua en distintas ciudades españolas ............................................... 267 Tabla 68. Precios medios del abastecimiento urbano por Comunidades Autónomas ... 268 Tabla 69. Previsiones de demanda de abastecimiento urbano a medio y largo plazo según los Planes Hidrológicos............................... 274 Tabla 70. Evolución de las dotaciones de abastecimiento y tasa de variación anual ...................................................... 275 XXIII Libro Blanco del Agua en España Tabla 71. Demanda industrial actual por ámbitos de planificación ....................... 279 Tabla 72. Dotaciones industriales ......................... 281 Tabla 73. Previsiones de demanda industrial a medio y largo plazo según los Planes Hidrológicos .......................................... 282 Tabla 74. Superficies de riego actualmente existentes según los Planes Hidrológicos de cuenca ......................... 287 Tabla 75. Demandas de riego y dotaciones medias actuales por ámbitos de planificación ... 289 Tabla 76. Distribución de superficies regadas según orígenes del agua ........................ 290 Tabla 77. Previsiones de posibles superficies máximas de regadíos a medio y largo plazo según los Planes Hidrológicos..... 292 Tabla 78. Previsiones de demandas máximas de regadíos a medio y largo plazo según los Planes Hidrológicos .............. 293 Tabla 79. Determinaciones sobre superficies de regadíos potenciales por ámbitos de planificación .......................................... 294 Tabla 80. Subvenciones agrarias por Comunidades Autónomas...................... 298 Tabla 81. Superficies máximas y normalmente cultivadas de los principales productos agrarios ..................................299 Tabla 82. Limitaciones en la ganadería................. 299 Tabla 83. Demanda ganadera por Comunidades Autónomas............................................. 303 Tabla 84. Demanda para refrigeración de centrales eléctricas por ámbitos de planificación. 314 Tabla 85. Visitantes a Parques Nacionales............ 318 Tabla 86. Condiciones generales de circulación de flujos en los Planes Hidrológicos de cuenca ............................................... 322 Tabla 87. Condiciones de flujo de los Planes Hidrológicos .......................................... 323 Tabla 88. Volúmenes de mantenimiento de algunas zonas húmedas ......................... 324 Tabla 89. Síntesis de usos y demandas actuales (hm3/año) según datos de los Planes Hidrológicos de cuenca ......................... 326 Tabla 90. Recursos y demandas totales en la Unión Europea....................................... 330 Tabla 91. Recursos y demandas consuntivas en la Unión Europea................................... 331 Tabla 92. Uso sectorial del agua en la Unión Europea....................................... 332 Tabla 93. Superficies y dotaciones de regadío en algunos países europeos ................... 333 Tabla 94. Síntesis de la situación registral de los aprovechamientos de aguas ............. 341 Tabla 95. Situación registral de los aprovechamientos de aguas superficiales en las cuencas intercomunitarias ................................... 342 Tabla 96. Situación registral de los aprovechamientos de aguas subterráneas en las cuencas intercomunitarias ................................... 343 Tabla 97. Participación porcentual de sectores en el VABpm y en el consumo de agua ................................... 390 Tabla 98. Algunas zonas húmedas y sus acuíferos asociados................................ 422 Tabla 99. Aterramiento de embalses ..................... 429 Tabla 100. Relación de los sistemas de abastecimiento más importantes ......... 432 Tabla 101. Principales datos de los embalses en explotación y ejecución (septiembre de 1996) en los ámbitos de los diferentes Planes ............................ 435 Tabla 102. Red de conducciones de abastecimiento en las cuencas intercomunitarias ................................. 444 Tabla 103. Red de conducciones de riego en las cuencas intercomunitarias.............. 445 Tabla 104. Distribución de la potencia hidroeléctrica instalada según tipos de centrales ................................. 448 Tabla 105. Porcentaje de disminución de la precipitación en las sequías consideradas respecto a la media (los valores negativos suponen un aumento de precipitación en el periodo de sequía). .......................... 458 Tabla 106. Porcentaje de disminución de la aportación total respecto a la media en la sequía de 1990/91 a 1994/95 (los valores negativos suponen un aumento de la aportación en el periodo considerado). ...................... 460 Tabla 107. Principales acciones estatales en materia de aguas subterráneas realizadas en el bienio 1994-95........... 463 Tabla 108. Legislación estatal en materia de sequías (años 1990 a 1995) ................. 464 Tabla 109. Relación de áreas inundables de primer orden identificadas en los Planes Hidrológicos....................... 472 XXIV Índice de tablas Tabla 110. Posible esquema de los diferentes usos del suelo admisibles para zonas de nuevo planeamiento que deban desarrollarse en áreas inundables ........ 482 Tabla 111. Distribución de superficies de las cuencas hispano-portuguesas............... 496 Tabla 112. Distribución de aportaciones naturales de las cuencas hispano-portuguesas ............................ 497 Tabla 113. Proyectos financiados por la CICYT en temas de recursos hídricos.................................. 502 Tabla 114. Indicadores ambientales para el agua.......................................... 538 Tabla 115. Ahorros en la demanda industrial debidos al reciclado............................. 559 Tabla 116. Posibles recursos adicionales por ámbitos de planificación en los 27 esquemas de uso conjunto identificados ......................... 560 Tabla 117. Incremento teórico máximo posible en la explotación de las aguas subterráneas..................... 562 Tabla 118. Fechas de aprobación de las Directrices de los distintos Planes Hidrológicos de cuenca ............................................. 585 Tabla 119. Fechas de conformidad de los Planes Hidrológicos de cuenca por los correspondientes Consejos del Agua............................... 586 1 Libro Blanco del Agua en España 1. INTRODUCCIÓN 3 Libro Blanco del Agua en España 1.1. ¿POR QUÉ UN LIBRO BLANCO DEL AGUA? El agua constituye un elemento esencial para la vida y para las actividades económicas. Esta frase tópica, insistentemente repetida, y arranque de libros, confe rencias y publicaciones sin número desde que se for muló en 1968 en la Carta del Agua del Consejo de Europa, encierra, pese al hastío de su reiteración, una verdad que el tópico no ha podido ensombrecer. Nadie duda, en efecto, a estas alturas del siglo y ante el pano rama que se vislumbra en el mundo y, específicamen te, en las sociedades modernas y desarrolladas, que las cuestiones relacionadas con la disponibilidad de agua, su acceso, preservación y protección, constituyen uno de los principales desafíos de la humanidad para el siglo próximo, y una de sus más graves fuentes latentes de conflictos regionales e internacionales. En todo este problemático contexto global, España se enfrenta a dificultades similares pero en un marco de experiencias y situaciones peculiares propias y distin tas, con frecuencia de difícil extrapolación. País avala do por una riquísima historia en el uso y aprovecha miento de las aguas, en la organización de sus modé licas instituciones y regulaciones hidráulicas, en el desarrollo de las infraestructuras, de feraces y ejem plares regadíos…, se enfrenta al desafío de los tiem pos modernos con la pesantez de una historia intensa y muy antigua, y la perplejidad ante los nuevos retos, las profundas y aceleradas transformaciones sociales, los cambios de usos y modos tradicionales, la percep tible degradación de sus paisajes hídricos, la vertigi nosa emergencia de las tecnologías, las profundas inflexiones económicas, la transformación del campo, las incertidumbres ante los cambios climáticos … No se trata, desde luego, de una cuestión nueva, que requiera de nuestra atención por vez primera. Antes bien, la reflexión sobre los problemas y los valores del agua se inscribe en una vieja tradición que, al menos desde finales del XIX, ha sido incluso formulada explícitamente, como objeto relevante de atención intelectual, considerándola, empleando el terso len guaje de la época, un fundamental problema patrio. Cuestión, pues, muy vieja y debatida, y nunca defini tivamente resuelta, en la que con frecuencia se han entremezclado realidades con voluntarismos, rigor con banalidad, intereses generales con apetencias espurias, insatisfacciones con logros, ignorancias mutuas con malos entendidos. Se ha hablado tanto, se ha propagado tanto, y, con frecuencia, se ha abusado tanto del tópico y del localismo que, así parece adver tirse, las cuestiones del agua han desembocado en una verdadera ceremonia de la confusión. En esta ceremonia concurren muy distintos oficiantes, pero, sustantivamente, su principal motor y causa es la crisis de lo que, para entendernos, podría calificarse como el modelo tradicional de la política hidráulica española. Un modelo persistente durante décadas, y que, enraizado en las ideas regeneracionistas del XIX a su vez herederas de experiencias seculares previas, y a las que intentó superar-, sobrevivió a mutaciones sociales y a regímenes políticos, y se convirtió en buena medida en un elemento impulsor de primer orden de la economía y modernización de España. El desarrollo de las grandes obras hidráulicas para el fomento de las transformaciones en regadío y de la producción hidroeléctrica han tenido históricamente efectos multiplicadores sobre el empleo, el asenta miento de las poblaciones, el desarrollo de las indus trias, la producción de alimentos, la autosuficiencia. Objetivos todos deseables e indiscutidos, y a los que los gobiernos, las empresas, los agricultores y la orga nización administrativa se adecuaron y prestaron a impulsar sin reticencia alguna, de forma decidida. Son muchas y muy diversas las circunstancias concu rrentes que han llevado a la crisis de tal modelo, y habrá ocasión de analizarlas con detalle en este Libro. Lo que debe subrayarse ya es la muy dudosa vigencia de sus inspiraciones básicas, y, en consecuencia, la inexcusable necesidad de una profunda reconsidera ción y replanteamiento. Por otra parte, no se producen quiebras súbitas en estas trayectorias históricas, y más bien lo que se da es un progresivo deterioro de las cosas, una gradual adaptación a las mudables circunstancias, una crecien te sensación de inadecuación ante nuevas realidades presentes o emergentes y para las que aún no se ha encontrado una respuesta eficaz, y el sentimiento de asistir al final de un trayecto, sin que se perfilen aún con entera nitidez los rasgos y los resortes del porve nir. Tal vez sea ésta nuestra actual coyuntura histórica en materia de aguas, y tal vez sea éste el momento de formular explícita y abiertamente esta situación desde las instancias más próximas y sensibles, las de la pro pia Administración pública hidráulica. Desde luego este Libro Blanco no es el primer docu mento donde se plantean estas cuestiones, y las inquietudes expresadas han sido percibidas por la Administración hidráulica desde hace años. Además, en los últimos tiempos ha habido ocasión de asistir a una verdadera eclosión de innumerables reuniones, jornadas, foros, estudios, simposios, publicaciones … en los que estas inquietudes se han mostrado reitera damente, en muy distintas instancias, con niveles de conocimiento y rigor muy diversos, y desde sensibili dades también muy diferentes. 4 Introducción La propia Ley de Aguas de 1985, que recoge numero sas ideas y trabajos previos de una reflexión ininte rrumpida desde los años 60, sin perjuicio de los frutos reales que haya cosechado en su aplicación, no es sino el intento -explícito en su exposición de motivos- de proporcionar una respuesta jurídica solvente al nuevo modelo técnico y social en torno a las aguas y a las nuevas exigencias de los tiempos, pero es evidente que dista aún un largo trecho para alcanzar los ambiciosos objetivos que la inspiraron, y es más que dudoso que la mera disposición legal sea o pueda ser un instru mento suficiente para su consecución. Asimismo, existen numerosos y recientes trabajos de reflexión teórica, en el ámbito profesional de la investigación y de la Administración hidráulica, que se han planteado estos problemas y han aportado en ocasiones nuevas e interesantes perspectivas desde posiciones sectoriales tecnológicas, jurídicas, económicas, ambientales o sociológicas distintas y enriquecedoras. La razón fundamental por la que se ha decidido elabo rar este Libro es precisamente la constatación palma ria de que, en estos momentos, y tras las experiencias del pasado reciente, resulta necesario promover, desde la propia Administración hidráulica, un esfuerzo sose gado y colectivo de reflexión común, de unificación de vistas, de integración, que coadyuve a clarificar la confusión actual, y que, sin el carácter de un texto for mal normativo o reglado, sino abierto y flexible, con voluntad de rigor, de diálogo y de acercamiento, pro porcione elementos de juicio útiles a la colectividad, e informe con los datos técnicos más fiables y actuali zados de situaciones, criterios y problemas del agua frecuentemente desconocidos o, al menos, no reunidos de forma sistemática y crítica en un texto para el deba te, de amplia difusión pública. Justo es decir también que, a diferencia de los últimos años, en que una muy grave sequía indujo extraordi narias tensiones sociales, territoriales y políticas en los sectores vinculados al uso del agua, la relativa nor malidad actual permite llevar a cabo esta reflexión de forma sosegada, con una cierta perspectiva, y sin las lógicas crispaciones y desenfoques que conlleva la penuria hídrica, siempre exigente de la inmediatez de actuaciones más que de la discusión de los fundamen tos para esta actuación. También debe indicarse que tal discusión de fundamen tos no debe contemplarse en modo alguno como un retraso temporal dilatorio de las necesarias actuaciones ni como un obstáculo para la acción. Bien al contrario, no hay acción eficaz sin sólidas y maduradas ideas sub yacentes, y no hay verdaderos avances en la mera repe tición y rutina insatisfactoria de las cosas. Todo tiempo empleado en información ciudadana, clarificación de datos, exposición de ideas, y explicaciones y propuestas para las políticas públicas no es empleado sino en robustecer esas políticas, hacerlas visibles, propiciar grandes consensos sobre las cuestiones fundamentales, transformarlas en empeños colectivos, en definitiva, otorgarles verdadera legitimidad, verdadera eficacia. 1.2. LOS OBJETIVOS DEL LIBRO BLANCO Las razones antedichas para la elaboración de este Libro ya apuntan básicamente cuáles son sus principa les objetivos. Sin ánimo de exhaustividad, seguidamen te se enuncian algunos de estos propósitos que se han perseguido explícitamente al elaborar el documento. Así, y en primera instancia, es evidente la necesidad y utilidad de la recopilación de los datos básicos del agua en España. Estos datos básicos se encuentran en una situación de enorme dispersión en numerosas ins tancias administrativas y privadas, y su mera síntesis y unificación, ciertamente complicada, ya posee un gran interés intrínseco. Además, la ingente labor de recopi lación y unificación desarrollada permite darles un tratamiento sistemático y uniforme, organizándolos y actualizándolos, creando archivos comunes consis tentes, y permitiendo su integración en bancos de datos homogéneos. Un importante producto derivado de esta tarea será la edición electrónica de una base de datos de agua que, conteniendo esta información bási ca espacial y temporal, será puesta al libre acceso y disposición pública. Otro objetivo del Libro es el de fundar las bases para, una vez descrita la situación actual, estimar la evolu ción previsible y el establecimiento de opciones y prioridades en el uso del agua. Es un sentimiento común que algunas de las recientes previsiones y actuaciones planteadas deben ser objeto de profunda reconsideración. Los cambios de intereses colectivos, las grandes tendencias socioeconómicas, y las irre nunciables exigencias medioambientales requieren una reorientación de las tradicionales políticas del fomento hidráulico hacia otras formulaciones de mayor utilidad social y sostenibilidad futura. Asimismo, no existen documentos sobre el agua en España que incorporen de forma sistemática la funda mental experiencia de la última sequía. La necesidad de reevaluar los recursos conforme a esta significativa experiencia arroja nuevos resultados y genera nuevas inquietudes e incertidumbres que, por obvias razones cronológicas, no pudieron ser consideradas en los actuales Planes Hidrológicos. Como se verá, las impli caciones que esto tiene sobre la percepción de nues tros sistemas hídricos, su vulnerabilidad, y su dimen sionamiento y posibilidades de expansión, distan mucho de ser banales. 5 Libro Blanco del Agua en España Las polémicas y antiguas discusiones sobre el trata miento de las aguas subterráneas, la valoración de su importancia, y la necesidad de su correcta considera ción, pertenecen, en nuestra opinión, al pasado. El correcto tratamiento conceptual de la unidad del ciclo hidrológico es un problema muy sencillo desde el punto de vista técnico y, por supuesto, ha sido riguro samente tratado en este documento. Igual sucede con las consideraciones sobre la cantidad y calidad de las aguas, y la necesidad de su tratamiento integrado. Distinta cuestión es la de la praxis histórica en torno a estas cuestiones, y las agrias polémicas y desencuen tros en que, desde muy antiguo, y no sin razones por ambas partes, han desembocado. Otro objetivo explícito ha sido el permanente esfuerzo por la consideración y enfoque de los problemas del agua desde posiciones múltiples, con ópticas distintas, a veces complementarias, en ocasiones divergentes, siempre enriquecedoras. A la hora de abordar el problema del agua es esencial entender, desde el primer momento, que no existe tal problema del agua en abstracto, y lo que en realidad existe no es sino la suma de muchos y muy diferentes problemas parciales, distintos, que a veces se entre cruzan, que divergen, problemas antiguos que desapa recen, problemas nuevos que emergen. Esta visión multifacética, poliédrica, relativista, es un imprescindible requisito intelectual para acercarse con alguna solvencia a los asuntos hídricos. Un río atravie sa un paisaje, y hay alguien que está viendo en su futu ro unas huertas regadas, otro ve el recodo para la deri vación de un salto, hay otro que se ve a sí mismo pes cando mientras otro repara en los áridos de su lecho y planea su aprovechamiento, también alguien observa la ribera y las especies que la habitan, junto a quien ima gina una casa en su orilla, y hay alguien que localiza el punto donde verter y diluir sus residuos, mientras otro contempla sensitivo el paisaje y el río de su infancia. Todos ellos están viendo cosas muy distintas, aunque todos están viendo el mismo paisaje, el mismo río. Vistas distintas, todas verdaderas, distintos intereses, todos legítimos. Necesidad de equilibrios, de unifica ciones, de prioridades, de acuerdos, de ponderaciones. Lo tecnológico, lo jurídico, lo económico, lo ambien tal, lo antropológico: facetas del mismo objeto, caras del mismo poliedro. No hay otra posible aproximación que la que se hace por distintos caminos, no existe el camino único que recorra el territorio del agua. En este Libro hay un deliberado esfuerzo por ser fiel a esta idea, y transmitirla al lector. Tarea desde luego compleja y que, es seguro, no se alcanzará plenamente, pero es la dirección a la que se apunta, en la que se tiene convencimiento: no yuxtapuesta multidisciplinariedad, sino esfuerzo de globalidad y de omnicomprensión. Esta diversidad de vistas debe asimismo permitir que la discusión sobre la política hidráulica no caiga, como sucede con harta frecuencia, en la discusión sobre aspectos marginales, específicos, locales, sectoriales, a los que se otorga una relevancia desproporcionada. Es cierto que las ideas e intenciones se demuestran y eje cutan día a día, con actuaciones concretas (la ejecución de cierta obra, la resolución de un expediente, una determinada línea de investigación …), pero no es menos cierto que tales cuestiones concretas no deben hacernos perder la perspectiva de conjunto, que su posible interés local no es necesariamente general, que puede incluso ser su contrario. Prudencia y rigor es, pues, lo que se solicita al lector, capacidad para perci bir la vasta extensión y complejidad de la materia, la necesidad de una adecuada ponderación de contenidos, la relatividad de lo que parece importante, la importan cia de lo que a veces se ignora o se subestima. Desde el punto de vista de la opinión pública, este Libro pretende, como se ha indicado, proporcionar un sopor te material ordenado, extenso y riguroso, para la discu sión y el debate social. Los procesos de maduración interna y contraste de opiniones adquieren así la mayor transparencia, pues se fundamentan en bases documen tales objetivas y explícitas. Obviamente, este documen to encuentra entre sus principales destinatarios a las altas instancias de representación política y a los órga nos consultivos de la Administración en materia de aguas, pero la discusión en esos fundamentales foros no agota plenamente las potencialidades del debate públi co sobre el agua en España. Este debate requiere una abierta audiencia pública, no reglada ni restringida, y unos plazos suficientes para el estudio de los datos, sugerencias y propuestas contenidas en el Libro. Por último, es evidente que, una vez debatido, perfec cionado y razonablemente consensuado, este Libro expresará un común sentir mayoritario en lo que a las cuestiones de agua se refiere, y, en tal sentido, puede constituir un verdadero documento de directrices para el Plan Hidrológico Nacional, que otorgue a este Plan unas condiciones iniciales de madurez técnica, debate y consenso de extraordinaria importancia para su via bilidad sociopolítica. 1.3. ESTRUCTURA Y ALCANCE DEL DOCUMENTO Es evidente que un documento que pretende abordar problemas tan complejos y desde perspectivas tan diversas se encuentra con la seria dificultad inicial, meramente formal, de su ordenación y estructura interna. Cualquier índice u orden expositivo es sus ceptible de distintas alternativas, y no hay una fórmu la claramente preferible sobre otras. 6 Introducción Tras evaluar diferentes posibilidades se ha optado por vertebrar el Libro en cinco grandes partes básicas y bien diferenciadas. La introducción inicial sería, como una exposición de motivos, la explicación de razones y objetivos que han lle vado a la decisión de elaborar y presentar el documento. Una segunda parte se ocupará de describir el contexto global, geográfico, en sus tres vertientes fisiográfica, socioeconómica e institucional, sobre el que operan las cuestiones del agua. Esta descripción ofrece los marcos de referencia básicos en los que se inscriben las situaciones y problemas, y permite comprender sus condicionantes de fondo. Una tercera parte, de naturaleza básicamente técnica y expositiva, reflejará el estado del arte en lo referente a la situación actual de conocimientos en materia hídri ca, incluyendo una descripción de los problemas bási cos existentes y previsibles, e incorporando contribu ciones documentales y perspectivas de diferentes órga nos administrativos sectoriales. Tal estado del arte no se limita, como podrá comprobarse, a una mera reco pilación y exposición documental, sino que incorpora desarrollos tecnológicos propios, específicamente rea lizados para este Libro. Lógicamente, esta tercera parte de descripción de datos, situaciones y problemas del agua en España se considera absolutamente esencial, y ocupará una importante extensión de este documento. En la medida en que ello resulte posible, esta tercera parte del libro se limitará a la exposición de los hechos, entendiendo esta palabra en un sentido amplio (es decir, tanto datos físicos como situaciones jurídi cas, o regulaciones administrativas y económicas exis tentes), refiriéndonos así a lo que puede comprobarse, y no debiera por tanto ser objeto de discusiones con ceptuales o ideológicas. A la luz de esta descripción técnica de hechos (situa ciones y problemas), una cuarta parte se dedicará a los fundamentos que deben inspirar una futura política del agua, orientada a la superación de estos problemas e insuficiencias detectados. Para ello deben considerar se, de forma integrada, las distintas facetas jurídicas, ambientales, económicas, sociopolíticas y tecnológicas que concurren en el mundo del agua, y que, conforme a las ideas ya expresadas, han de contemplarse de forma global y unitaria. Por supuesto que la materia es tan extensa y de tal complejidad que necesariamente hemos de limitarnos a indicar algunas ideas básicas. La discusión pública permitirá identificar y desarrollar aquellos aspectos que se consideren más relevantes y que requieran de una mayor reflexión y desarrollo. El deslinde entre estas partes tercera y cuarta obedece a una razón de sistemática que se ha considerado nece saria en un documento como este Libro, pues es obvio que tales posibles ideas o soluciones admiten por lo general orientaciones conceptuales y políticas distin tas, y estas políticas no deben, como lamentablemente ocurre con frecuencia, confundirse con los hechos. Por poner un ejemplo muy simple, puede discutirse sobre el más conveniente destino que puede darse a las aguas de un río, y es una discusión legítima porque obedece a distintas interpretaciones o sensibilidades sociopolíticas, pero no debiera discutirse sobre cuanta agua aporta, pues este es un dato físico, no ideológico, que puede ser dilucidado por especialistas como con secuencia de un análisis estrictamente técnico. Por último, una quinta parte se referirá a la planifica ción hidrológica como la principal -aunque no única expresión material de la política del agua, e instru mento básico para su realización. Obviamente, ante una materia tan compleja e interre lacionada como la que nos ocupa las superposiciones parciales, referencias cruzadas y ciertas redundancias marginales entre los distintos capítulos resultan inevi tables, y es seguro que, a pesar del intento de mante ner una sistemática rigurosa, persistirán situaciones de solape. Pese a estos posibles efectos puntuales, se esti ma que el documento presenta una buena coherencia global e integridad expositiva. En cuanto al estilo y alcance de la presentación de las cosas, el Libro pretende alcanzar el equilibrio entre la vulgarización, que frente a la ventaja de su más fácil lectura lo haría poco penetrante en muchos aspectos, y un excesivo formalismo académico, que incurriría en los efectos contrarios. Se ha pretendido, en definitiva, mantener un tono general divulgativo, que permita la mayor difusión y participación pública entre no espe cialistas, pero sin renunciar al rigor técnico ni ocultar la complejidad de los problemas planteados y la difi cultad de sus posibles soluciones. Determinados epí grafes pueden, en consecuencia, resultar muy áridos para lectores poco versados en la materia que se trata, mientras que otros pueden parecer triviales al lector especialista. El común de lectores juzgará finalmente el grado de acierto en la búsqueda del equilibrio. Por último, ha de indicarse que, por su propia natu raleza, este es un Libro abierto, una obra colectiva. Como ya se ha dicho, el texto que se ofrece no cons tituye sino la base para un diálogo permanente sobre los problemas del agua -mudables y fluyentes como ella- que explicite e integre, honesta y rigurosa mente, contribuciones formuladas desde muy distin tas perspectivas. La colectividad social interesada y reflexiva habría de ser, en última instancia, su ver dadero inspirador, y la Administración hidráulica su receptor y su soporte. Libro Blanco del Agua en España 2. EL MARCO FÍSICO, SOCIOECONÓMICO E INSTITUCIONAL DE REFERENCIA Como se apuntó en el capítulo previo, en esta segunda parte se procederá a describir someramente el contex to global -en sus tres vertientes fisiográfica, socioeco nómica e institucional-, sobre el que operan las cues tiones del agua. Esta descripción ofrece los marcos de referencia básicos en los que se inscriben las situaciones y problemas relacionados con los recur sos hídricos, y permite comprender sus condicionan tes de fondo. 2.1. INTRODUCCIÓN Tal y como se ha indicado, parece conveniente que, con carácter previo a la descripción de la situación actual en materia de aguas, se ofrezca, de forma intro ductoria, una somera referencia al marco o contexto global en el que opera la disponibilidad y utilización de este recurso. Es cierto que la frontera entre el marco del problema y el propio problema es, cuando menos, borrosa y con algún grado de artificiosidad. No obstante, y a efectos expositivos, parece oportuno considerar que hay unos datos externos, que vienen dados o condicionados por mecanismos básicamente exógenos a los problemas hídricos, y que deben, para adquirir la necesaria perspectiva, ser conocidos desde el comienzo. Desde luego atribuir tal carácter de exó geno no pasa de ser una convención en buena parte de los casos, pero resulta conveniente desde el punto de vista de la sistemática y la claridad expositiva. Sucede así con las peculiaridades que podríamos denominar fisiográficas (climáticas, geológicas, eda fológicas, hidrográficas y bióticas), que constituyen un sustrato de fondo de crucial importancia pues a él se vinculan los problemas de irregularidad espacial de las variables climáticas, regímenes de escorrentías, formaciones acuíferas, riqueza biológica, calidad natural de las aguas, etc. Las implicaciones de estas cuestiones van, como se verá, mas allá de la mera explicación de las irregularidades hídricas, y apuntan directamente al fundamental problema de la ordena ción del territorio y el desarrollo regional, condiciona do, al menos inicialmente, por estas circunstancias. Por otra parte, existe en cada momento una coyuntura socioeconómica que, operando sobre el medio físico descrito, e impregnada por este medio, condiciona a su vez la situación actual y previsible de los problemas hídricos. Por tanto, y aún de forma somera, ha de ser también conocida con carácter previo. Así, no cabe duda alguna de que la situación de la población en España y sus tendencias previsibles, las implicaciones del turismo, las tendencias territoriales agrícolas e industriales, o el contexto europeo e internacional, conforman situaciones de hecho que pueden determi nar de forma sustancial los problemas y soluciones a las cuestiones del agua. Se trata, en este caso, de un condicionante que a su vez se puede ver condicionado, remitiéndonos así al problema teórico básico de la via bilidad de modelos de ordenación global y del alcance del propio concepto de planificación, al que tendre mos, como es lógico, ocasión de referirnos in extenso. Por último, es necesario aludir, siquiera brevemente, al marco institucional y organizativo de la gestión hidráulica. Aunque esta ordenación expositiva pueda parecer heterodoxa, es nuestro sentimiento que una breve referencia previa al marco institucional de la administración del agua en España permite compren der mejor lo que está sucediendo con su disponibili dad, su uso, su demanda y su aprovechamiento. Más aún, tal situación institucional y administrativa resul ta, como habrá ocasión de comprobar, de una impor tancia crítica (desde luego mayor que la de otros con dicionantes tradicionalmente considerados como cla ves) en la configuración del problema del agua en España. Nótese que todo lo antedicho no supone sino ordenar la exposición que nos ocupa -la cuestión de las aguas formulando inicialmente los distintos marcos de referencia en una aproximación que podría calificarse como geográfica: descripción y explicación de los pai sajes terrestres, es decir, de los aspectos fisionómicos de la superficie terrestre resultantes de las combina ciones de factores físicos (clima, geología, biología, etc.) y humanos (población, turismo, agricultura, industria, etc.) que actúan sobre los paisajes y, diná micamente, los configuran. Es tras esta somera des cripción geográfica, orientada a la mejor comprensión de las cuestiones del agua, cuando se adquiere la nece saria perspectiva para abordar con fundamento siguientes niveles de complejidad y especificidad del problema. 2.2. MARCO FÍSICO Y BIÓTICO Bajo este concepto se pasará revista a los principales rasgos climáticos, geológicos, edafológicos, de uso del suelo, hidrográficos y bióticos que configuran y enmarcan la situación hídrica española. 2.2.1. Climatología La Península Ibérica, dada su situación entre dos gran des masas marinas (Atlántico y Mediterráneo) y dos continentales (Europa y África), presenta un clima cuyo rasgo básico definitorio es la diversidad. La zona norte, que incluye Galicia, Cordillera Cantábrica y Pirineos, se caracteriza por un clima tem plado, con borrascas de origen atlántico que actúan 9 Libro Blanco del Agua en España prácticamente a lo largo de todo el año dando lugar a una alta humedad relativa y unas temperaturas suaves, templadas en invierno y frescas en verano. En la costa mediterránea y parte de la Andalucía inte rior (básicamente la cuenca del Guadalquivir), el clima es templado, de veranos secos e inviernos sua ves. En el resto de la Península, el clima predominan te se caracteriza por veranos secos e inviernos fríos, rasgos que reflejan su carácter continental. En este área son característicos los anticiclones invernales, situación que origina inversiones térmicas (inversio nes del normal decrecimiento de las temperaturas con el aumento de la altitud). En Canarias (especialmente en las islas orientales, pues en las occidentales inciden más las masas de aire atlánticas), y la franja costera de Murcia y Almería, el clima es seco, con precipitaciones muy escasas, inviernos muy suaves y veranos muy cálidos. La distribución espacial de la temperatura media anual está estrechamente ligada a la orografía, que describi remos someramente en el próximo epígrafe. Los míni mos inferiores a 8ºC están localizados en los sistemas montañosos de la mitad norte peninsular, mientras las zonas más cálidas, delimitadas por la isoterma de 18ºC, se localizan en el valle del Guadalquivir, la costa Sur y Sureste, así como el Levante. La figura 1, incluida úni camente a efectos visuales, muestra la distribución espacial de las temperaturas medias, superpuestas a un sombreado analítico del relieve, lo que permite apre ciar cualitativamente la indicada relación. De forma análoga a la temperatura media anual, la precipitación media anual se encuentra también fuertemente influida por la orografía. Las precipita ciones aumentan con la altitud y son más importantes en la ladera de los sistemas montañosos situadas a bar lovento de los frentes húmedos que en las situadas a sotavento. En su distribución espacial destaca un fuerte gradiente latitudinal positivo -es decir, la precipitación disminu ye de Norte a Sur- y una fuerte asimetría longitudinal que da lugar a que las precipitaciones en la vertiente atlántica sean superiores a las de la mediterránea. A efectos de percibir visualmente este comportamiento, y sin perjuicio de su descripción detallada, que se ofre cerá en el próximo capítulo al referirnos a los recursos hídricos, la figura 2 muestra, como la anterior de tem peraturas, la distribución espacial de las precipitacio nes medias, superpuestas a un sombreado analítico del relieve, lo que permite, como se apuntó, apreciar cua litativamente su interrelación. En cuanto a la distribución temporal de la precipi tación, se puede delimitar una primera zona de fuerte influencia atlántica y que, junto con las cuencas correspondientes a dicha vertiente (con las excepcio nes de la zona central del Duero y cuencas altas del Figura 1. Mapa de distribución espacial de las temperaturas medias, superpuestas al relieve 10 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia Tajo y Guadiana), incluiría la cuenca alta del Ebro, el Pirineo vasco-navarro y la cuenca Sur hasta el cabo de Gata. En esta zona, la época más lluviosa se observa entre finales de otoño y principios de invierno, con un mínimo relativo al final del invierno y un máximo relativo en los meses de abril-mayo. Una segunda zona comprende la vertiente mediterrá nea, desde el Cabo de Gata hasta la frontera con Francia. En ella, se observa un máximo absoluto per fectamente diferenciado en otoño (septiembre-octu bre), y un máximo secundario, en la mitad septentrio nal, en primavera. El resto de la península se caracteriza, fundamentalmen te, por su continentalidad y en ella destaca un máximo en primavera y otro menor al comienzo de la estación invernal, y un mínimo en invierno en enero-febrero. En las islas Canarias, la distribución es monomodal de forma clara: máximo invernal en diciembre y un míni mo en verano. Según el índice de humedad, definido (UNESCO, 1979) como el cociente entre la precipitación y la evapotrans piración potencial anual según Penman (que veremos en detalle al analizar los recursos hídricos), en España exis ten regiones áridas, semiáridas, subhúmedas y húmedas, tal y como se muestra en la figura adjunta. Las áridas ocupan una extensión reducida y se localizan en parte de las islas Canarias y en el área del desierto de Tabernas (Almería). Las zonas semiáridas afectan principalmente a la Depresión del Ebro, Almería, Murcia, sur de la cuenca del Júcar, cabecera del Guadiana y parte de Canarias. Las zonas subhúmedas se sitúan básicamente en la cuenca del Duero, sur de las Cuencas Internas de Cataluña, Baleares, Guadalquivir y a lo largo de las cor dilleras de menor altitud. Finalmente, la zona húmeda afecta al resto del país (fig. 3). En síntesis, y como se anticipó, España presenta una singular diversidad climática que, proyectada sobre su también diversa geología, dará lugar, como veremos, a una gran multiplicidad de ambientes hidrológicos. 2.2.2. Geología Si ya desde la antigüedad, al conocer los primeros esbozos de su contorno, llamó la atención el carácter cerrado, macizo y peninsular de Iberia (la piel tendida de Estrabón, la piel de toro según la emblemática visión hispana), no dejan de llamar también la aten ción otros rasgos singulares que conforman el solar hispánico. El primero y, quizás, fundamental, es el núcleo central de la meseta, tierras llanas que con una altitud media de 600 m sobre el nivel del mar ocupan cerca de la mitad del área peninsular, vertebrada en su eje por la Cordillera Central, granítica-pizarreña. La submeseta meridional, algo menos elevada que la septentrional, Figura 2. Mapa de distribución espacial de las precipitaciones medias, superpuestas al relieve 11 Libro Blanco del Agua en España pierde monotonía en las discontinuas y grises alinea ciones pizarro-cuarcíticas de los Montes de Toledo, cuyas modestas elevaciones distribuyen las aguas hacia los grandes colectores de la submeseta: el Tajo y el Guadiana. La construcción mesetaria hay que bus carla en la paradójica existencia de sendas depresiones del basamento hercínico que fueron rellenadas por centenares de metros de sedimentos procedentes de las cordilleras adyacentes; sedimentos margo-arcillosos y también yesíferos que acusan su endorreismo, caracte rística común a muchas cuencas sedimentarias conti nentales. Otro gran rasgo del conjunto mesetario es su amura llamiento. Las cordilleras Cantábrica e Ibérica lo cie rran por el Norte y el Este, haciéndolo por el Sur Sierra Morena, mientras que a occidente queda un tanto abierto hacia el Atlántico con marcado umbral a su pie. Esa configuración de aislamiento condiciona su clima continental, ya mencionado, y, en consecuen cia, sus regímenes hidrográficos. Las dos depresiones triangulares que se adhieren al núcleo amurallado, Ebro y Guadalquivir, con sus cerra mientos externos de los Pirineos-Macizo Costero Catalán, y Cordillera Bética, conforman lo esencial de la geografía hispánica. Dos profundas depresiones rellenas de material terciario que ofrecen escasa resistencia a los agentes erosivos, y dos importantes sistemas montaño sos que alcanzan las mayores elevaciones peninsulares y son las dos genuinas cordilleras alpinas peninsulares consecuencia de la orogenia del mismo nombre. Estas dos cordilleras de estilo alpino, Bética y Pirenáica, junto a las Cantábrica e Ibérica, también encumbradas por la misma orogenia, son edificios construidos en su mayor parte con materiales calcáre os, edificios que enlazados dibujan la clásica Z inver tida de la España caliza. Estas cuatro estructuras, bási camente permeables, son drenadas por abundantes y caudalosos manantiales que proporcionan un impor tante flujo base a los cauces colectores a los que vier ten. Por el contrario, el zócalo silíceo que conforman el Sistema Central, Macizo Galaico, Sierra Morena y territorio extremeño, de materiales hercínicos y muy poco permeables, presentan respuestas de escorrentía muy rápida y flujos base más moderados y continuos. La figura 4 muestra las distintas litologías observadas, según el mapa digital de suelos a escala 1:1.000.000 de EUROSTAT, el cual no incluye el territorio insular canario. Al concluir los avatares orogénicos que erigieron o rejuvenecieron, con resultado dispar, los sistemas montañosos, el conjunto meseteño no permanece pasi vo, sino que con el final del Mioceno bascula en una pieza a occidente, lo que imprime una fuerte asimetría a la red fluvial peninsular al orientar con tal rumbo a los grandes cauces peninsulares, si se exceptúa el Ebro. El declive meseteño hacia el Atlántico, con el Figura 3. Mapa de clasificación climática según el índice de humedad de la UNESCO 12 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia Figura 4. Mapa de litologías Figura 5. Mapa de relieves. Modelo digital del terreno 13 Libro Blanco del Agua en España concurso de las cordilleras periféricas, determinan la cortedad y torrencialidad de los demás cauces que desembocan al Mediterráneo y Cantábrico. Las estrechas llanuras costeras mediterráneas -de las cantábricas casi no puede hablarse- completan el esce nario del solar hispánico, monótono en sus contornos pero variado en su contenido, y enriquecido aún más con los territorios insulares mediterráneo y atlántico. El primero, balear, no es más que prolongación noro riental del Sistema Bético en cuanto a su naturaleza; el segundo, canario, singular por su génesis volcánica, y ambos caracterizados por la práctica ausencia de cau dales fluviales permanentes, tal y como se precisará más adelante, al referirnos a la hidrografía. La figura 5 muestra un modelo digital de las elevaciones del terreno (reelaborado a resolución de 1x1 km a partir de un modelo básico de 80x80 m), junto con los contor nos de las principales divisorias fluviales, y permite apreciar los rasgos orográficos descritos. En síntesis, y abundando en lo ya dicho, multiplicidad geológica, variedad de materiales, complejidad estruc tural y, en definitiva, el repetido rasgo de una profun da diversidad y heterogeneidad. 2.2.3. Edafología La misma variedad de estructuras y materiales que caracteriza la geología contribuye en primer término a que el rasgo principal de los suelos hispánicos sea también la diversidad. El espesor de suelo en que se desarrollan las raíces de las plantas, como estructura situada entre la litosfera y la biosfera, y en cierta forma perteneciente a ambas, es el resultado de los efectos del clima sobre la superficie del terreno, bajo la influencia de la orografía y de la acción de los seres vivos. Su papel en el ciclo hidroló gico es básico al actuar como distribuidor de las preci pitaciones entre escorrentía e infiltración. Si, como se mostró en epígrafes anteriores, el material de partida y los factores que determinan su evolución se caracteri zan por su variedad, el resultado no puede ser otro que la gran diversidad de suelos que muestra el territorio nacional. Esta diversidad se manifiesta repasando los aspectos más relevantes de los suelos hispanos con el apoyo de la categoría de mayor rango, los Órdenes, establecida por la Soil Taxonomy, la clasificación de uso mundial propuesta por el Soil Survey Staff de Estados Unidos (USDA [1960]; USDA [1967]). Así, atendiendo al grado de evolución de los suelos, están representados desde los muy jóvenes (entisoles) y los poco desarrollados (inceptisoles), hasta los que han alcanzado las últimas etapas de meteorización y evolu ción (ultisoles); en cuanto a textura, desde los arenales de origen eólico, en algunos entisoles, hasta las arcillas expansivas de los bujeos andaluces (vertisoles); con res pecto a la reacción del suelo (pH), están representados los de riqueza en bases alta (mollisoles), los de alta a media (alfisoles) y los ácidos (spodosoles). Hay, ade más, suelos en los que abunda el yeso (gypsiorthids) y salinos (salorthids), ambos del orden aridisoles; e inclu so, en las islas Canarias, suelos oscuros desarrollados a partir de materiales volcánicos (andisoles). Por lo que se refiere a los regímenes térmico y de humedad, que son las dos características de diagnósti co fundamentales empleadas en la Soil Taxonomy, su variedad es asimismo el rasgo más expresivo. Así, por lo que respecta al régimen térmico se da desde el cryi co, en el que la temperatura media anual del suelo a 50 cm de profundidad se halla entre 0 y 8º C, hasta el tér mico, en el que esta temperatura se halla entre 15 y 22º C. En relación con las condiciones de humedad del suelo, están asimismo representados desde los histo soles de algunas lagunas, hasta los aridisoles con acu sado déficit hídrico. Es significativo comprobar que en los párrafos anterio res se han incluido referencias a diez del total de once órdenes en que, de acuerdo con la Soil Taxonomy, pue den clasificarse los suelos de la Tierra. Es pues aplica ble, también en relación con la edafología, la idea de algunos geógrafos de que el territorio nacional es como un continente en miniatura. De los diez órdenes men cionados los que se presentan con mayor extensión son los inceptisoles, entisoles, aridisoles y alfisoles, tal y como se muestra en la figura adjunta. La diversidad es, de nuevo, la característica dominante. La figura 6 muestra un mapa con los principales tipos de suelo, adaptados del Atlas Nacional de España de Edafología, del Instituto Geográfico Nacional (MOPT, 1992a). 2.2.4. Usos del suelo Como se observa en la figura 7 de usos de suelo, de ela boración propia a partir de las hojas 1:100.000 CORI NE LAND COVER en formato digital suministradas por el Centro Nacional de Información Geográfica (CNIG), del Instituto Geográfico Nacional, un gran porcentaje de la superficie española, del orden del 50%, está cubierta por terrenos agrícolas. El uso dominante corresponde a tierras de labor que incluyen cereales, legumbres, tubérculos y tierras en barbecho. Otro grupo lo constituyen los cultivos per manentes, en los que se engloban los frutales, olivos y viñedos. Un último grupo corresponde a los sistemas agrícolas heterogéneos, donde coexisten cultivos anuales y permanentes. 14 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia 15 Libro Blanco del Agua en España Figura 6. Mapa de tipos básicos de suelo Figura 7. Mapa de usos del suelo Las tierras de labor se localizan principalmente en las dos grandes depresiones del Ebro y Guadalquivir y en las superficies llanas de ambas mesetas, ocupando un 26% del territorio. Los sistemas agrícolas heterogéneos se distribuyen por todo el territorio en pequeñas man chas y ocupan un 18%, mientras que los cultivos perma nentes (6% del total) se encuentran principalmente en el sur peninsular, costa mediterránea y cuenca del Ebro. La vegetación arbustiva o herbácea ocupa un 27% de la superficie del país. Está compuesta por pastizales naturales de baja productividad y matorrales, con vegetación baja y cerrada. Los bosques, transformados a lo largo de los tiempos en terrenos agrícolas, cubren en la actualidad un 17% del territorio. Esta cuantía, pese a su moderada mag nitud, es desde luego muy significativa, y muestra la existencia de un importante patrimonio natural que, pese a su merma histórica, continúa siendo de gran extensión e importancia. Las áreas de praderas ocupan solo un 1% del país. Se localizan, fundamentalmente, en el norte peninsular y en zonas de montaña repartidas por todo el territorio. Su destino final es, en muchos casos, la producción de forraje para ganado. Un área muy pequeña, que no llega a representar el 1% del territorio, está cubierta por zonas húmedas y superficies de agua, que incluyen humedales, zonas pantanosas, embalses, marismas, turberas y salinas. Por último, se distinguen aquellas zonas (un 4% del total) en las que la vegetación apenas cubre su superfi cie, bien porque son áreas de roca, tundra, tierras baldí as, playas, áreas quemadas… o bien porque son super ficies artificiales como áreas urbanas, redes viarias, etc. Desde el punto de vista forestal, el mapa de la figura 8, de elaboración propia a partir de la información generada por ICONA en el Inventario Forestal Nacional, muestra los distintos usos del suelo. En él se distinguen las siguientes categorías: forestal arbolado (superficie forestal de más de un 20% de fracción de cabida cubierta por la proyección de las copas de los árboles, forestal arbolado ralo (superficie forestal con fracción de cabida cubierta entre 5 y 20%), forestal desarbolado (fracción de cabida cubierta menor del 5%), cultivo e improductivo. España, a vista de pájaro, es, en definitiva, un país rural, con muy poca presencia urbana, que al presen tar, además, un relieve muy accidentado, conforma un paisaje áspero y duro, dominado por las aristas y los tonos ocres. 2.2.5. Hidrografía Al igual que la orografía peninsular se caracteriza por presentar sus principales cordilleras una dirección que va siguiendo los paralelos, los mayores ríos españoles también discurren en esa dirección, como se aprecia en el mapa de relieve y ríos principales (fig 9). Figura 8. Mapa de usos forestales 16 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia Los ríos Duero, Tajo y Guadiana se asientan sobre la Meseta, cerrada por la cordilleras Cantábrica e Ibérica y por Sierra Morena, y encuentran su salida hacia el mar en su parte más occidental, en la linde con Portugal. Además, los dos grandes valles exteriores Ebro y Guadalquivir- siguen dicha pauta de dirección predominante, abrazando a la Meseta. La excepción a este patrón de orientación de los gran des ríos se produce en aquéllos que, como los corres pondientes a la vertiente cantábrica y al sur peninsu lar, nacen en cordilleras cercanas al mar, siguiendo la dirección de los meridianos. La cordillera Costera Catalana, la terminación de la Ibérica hacia el Mediterráneo, y las cordilleras Béticas, todas ellas próximas al litoral, dan lugar a cuencas relativamente pequeñas, con la excepción de las correspondientes a ríos que presentan una acción remontante muy activa. Estos son los casos de invaso res fluviales como el Llobregat, que ha ido capturando cuencas pertenecientes originalmente al Ebro, del Júcar, cuya cabecera se localiza muy próxima al naci miento del Tajo en los Montes Universales, o del Segura, cuyo nacimiento se adentra en el sistema Bético (Arenillas y Sáenz, 1987). Los cauces insulares de Baleares y Canarias se carac terizan por su carácter intermitente y sus fuertes pen dientes. En los primeros, la presencia de abundantes zonas kársticas hace que gran parte de las aguas se infiltre antes de llegar a los cursos bajos y aparezca posteriormente en la surgencia de manantiales. En los segundos, las fuertes pendientes de los barrancos y la histórica abundancia de captaciones subterráneas, conducen a la práctica ausencia de corrientes superfi ciales (solo hay actualmente un río en La Palma y otro en Gomera y los hubo en Gran Canaria). La figura 10 muestra los perfiles longitudinales (cota en metros sobre el nivel del mar -msnm- frente a lon gitud en kilómetros desde el nacimiento) de los ríos españoles con cauces de mayor longitud. Normalmente, en estos perfiles longitudinales se dis tinguen tres tramos diferenciados: la cabecera, donde el río avanza entre fuertes pendientes que favorecen su capacidad erosiva; el tramo medio, de longitud consi derablemente mayor y pendientes uniformes a lo largo del cauce, cuya acción característica es el transporte; y un tramo final, o de desembocadura, en el que el río sedimenta los materiales arrastrados en la cuenca, lle gando a formar deltas y depósitos litorales si las con diciones de marea y corrientes lo permiten (uno de cuyos ejemplos más espectaculares es el correspon diente al delta del Ebro). La combinación de acciones características, erosión, transporte y sedimentación, tiende a moldear un perfil longitudinal suavizado entre el nacimiento y el nivel de desembocadura que actúa de indicador sobre su grado de madurez geo morfológica. Figura 9. Mapa de relieve y ríos principales 17 Libro Blanco del Agua en España Figura 10. Perfiles longitudinales de los ríos más largos 18 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia Tajo hasta Portugal 0 500 1000 1500 2000 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 1000 Guadiana 0 500 1000 1500 2000 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 1000 Duero hasta Portugal 0 500 1000 1500 2000 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 1000 Guadalquivir 0 500 1000 1500 2000 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 1000 Segura 0 500 1000 1500 2000 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 1000 Júcar 0 500 1000 1500 2000 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 1000 Ebro 0 500 1000 1500 2000 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 1000 En los perfiles longitudinales que se muestran desta ca, como singularidad frente al patrón general antes descrito, el escalón existente en los ríos que recogen aguas de la Meseta, muy singularmente en el Duero al abandonar su altiplanicie, en el Tajo y Guadiana más suavizadamente, o en el Júcar al dejar la llanura man chega. Lógicamente son estos tramos, en los que se suceden fuertes pendientes una vez recogido un caudal significativo producto de la cuenca aguas arriba, los más indicados para el uso energético y, efectivamente, es en ellos donde se encuentran buena parte de los principales aprovechamientos hidroeléctricos españo les. Son dignos de mención los saltos del Duero en sus arribes o los del Júcar entre el tramo de Cofrentes y Embarcaderos o El Naranjero. Un rasgo peculiar de la hidrografía española es la fre cuente presencia de corrientes efímeras, o cursos de agua no permanentes en el tiempo y que solo llevan agua de forma ocasional, tras las tormentas. Originados tanto por la aridez del clima como por el relieve, la geo morfología y la permeabilidad del terreno, permanecen secos a poco de cesar las lluvias, dándose el caso de coexistir tramos continuos con caudales permanentes y otros intermitentes con caudales efímeros en un mismo río, especialmente en zonas calcáreas. La figura 11 muestra la red hidrográfica junto con las grandes divisorias fluviales y sus principales cumbres (Hernández-Pacheco, 1956). Puede verse el Pico de los Tres Mares, cumbrera de las tres grandes vertientes a los mares que rodean la península. Por otra parte, no todas las escorrentías discurren hacia la red fluvial, ya que existen numerosas áreas cerradas de carácter endorréico o semiendorréico. Suelen ser áreas de extensión reducida y constituyen depresiones en terrenos de baja permeabilidad, donde se retienen y encharcan las aguas que posteriormente se pierden por infiltración o, en su mayor parte, por evaporación. Su distribución es muy desigual por todo el territorio español, abundando las lagunas de poco calado y extensión reducida (Arenillas y Sáenz, 1987). Una de las zonas donde existe mayor número de com plejos lagunares es la cuenca alta del Guadiana, la denominada Mancha Húmeda, y en especial las áreas comprendidas a lo largo de las cuencas de los ríos Záncara y Gigüela. Esta zona se podría extender, en lo que al fenómeno de endorreísmo se refiere, a la llanu ra manchega oriental, en la cuenca del Júcar, y a las áreas más septentrionales de la cuenca del Segura, lin dando con la del Júcar (áreas de Yecla, Corral Rubio y Pozohondo). La topografía en toda esta zona se confi gura mediante cauces efímeros que vierten sus aguas a planicies encharcadizas, lagunas y zonas pantanosas. Buen ejemplo de esta situación es el Canal de María Cristina, construido en los siglos XVIII y XIX preci samente para dar salida a las aguas estancadas alrede dor de Albacete. 19 Libro Blanco del Agua en España Figura 11. Mapa de la red fluvial básica y divisorias de las grandes cuencas En la cuenca del Ebro, concretamente en la margen izquierda del río Jiloca, se encuentra la laguna de mayor extensión en España, la de Gallocanta. Otras zonas de destacado comportamiento endorréico son las de Santillana del Mar, en Cantabria, Ruesga, entre los ríos Asón y Miera, en el ámbito territorial Norte II, Osuna en el Guadalquivir, o las de Fuente de Piedra y Zafarraya en el Sur. En definitiva, el sistema hidrográfico español presen ta, como los otros elementos del medio examinados hasta ahora, numerosas peculiaridades y fuertes con trastes. En próximos capítulos habrá ocasión de des cribir estos contrastes y cuantificar sus flujos de forma rigurosa y con gran detalle técnico. Baste por ahora con señalar que la variedad de regímenes de escorren tía es causa de dificultades de estudio y escasez de reglas generales de comportamiento hidrológico, pero también lo es de una gran diversidad y riqueza fluvial, ambiental y paisajística. 2.2.6. Medio Biótico La variedad del medio abiótico anteriormente descrita (geológica, climática, edafológica, hidrográfica…), unida a los avatares paleogeográficos y paleoclimáti cos y al importante papel que ha jugado y juega la Península Ibérica como puente o encrucijada geográ fica entre dos continentes para los desplazamientos de las especies, sin olvidar la secular acción modeladora del hombre, ha propiciado una gran riqueza de ecosis temas en España, biogeográficamente encuadrados en tres regiones: Eurosiberiana, Mediterránea y Macaronésica, regiones en las que se definen hasta catorce pisos bioclimáticos, además de las catorce provincias que distinguen los botánicos. Como se indicó, esta diversidad ha dado pie para con siderar a la Península Ibérica como un minicontinente, al que hay que unir los ricos ecosistemas insulares. La riqueza de ecosistemas se hace patente de forma intui tiva, sin necesidad de descripciones científicas, a la vista del viajero, que tiene la posibilidad de distinguir una rica variedad de paisajes en sus desplazamientos por el territorio nacional, desde los desiertos alme rienses hasta las cumbres de alta montaña de Sierra Nevada, los Pirineos o el Teide, pasando por las dehe sas de las mesetas, los bosques planifolios de hayas y robles septentrionales, las laurisilvas canarias, las estepas continentales y los bosques de galería de los cursos fluviales. Esta variedad de paisajes alberga en su interior distintas comunidades biológicas adaptadas a ellos, y una altísi ma diversidad biológica que se manifiesta en las más de 7000 especies de flora vascular (con unos 1300 ende mismos); 66 especies de mamíferos terrestres, entre los que destacan joyas zoológicas como el lince ibérico, el oso pardo, el lobo, la cabra montés ibérica y el topillo de cabrera; 27 especies de murciélagos con un ende mismo, el orejudo canario; 30 especies de anfibios, con endemismos como el sapillo balear y las 55 especies de reptiles, excluyendo las tortugas marinas, entre las que destacan el lagarto gigante del Hierro, el eslizón ibéri co o la víbora de Seoane; 368 especies de aves, censa das como reproductoras, invernantes o en paso migra torio, entre las que, aún resultando difícil destacar algu na en particular, se podrían mencionar la avutarda, el águila imperial ibérica, la cigüeña negra y la lechuza. Por último, y sin entrar en el abundantísimo grupo de invertebrados, las 61 especies de peces fluviales, de las que 17 son exóticas, destacando entre las nativas el cacho, las distintas especies de barbos y el fartet. Todo ello hace de nuestro país un territorio europeo en el que, a diferencia de otros, todavía es posible encontrar pai sajes con un elevado grado de naturalidad y una flora y fauna variada y rica. Esta somera enumeración no pretende sino poner de manifiesto un hecho destacable: la riqueza biológica, pese a los procesos de degradación de las últimas décadas, que mantiene el territorio español. Desde nuestro punto de vista es importante retener que, en el mantenimiento de este activo natural, los ríos, ramblas y torrentes juegan un importantísimo papel al actuar como corredores por donde se despla za la fauna, y servir de refugio y albergar, tanto en su interior como en sus riberas, una buena parte del total de especies peninsulares. Al papel de los ríos se une el que juegan los humedales, ya sean continentales o cos teros, como refugio de muchas especies de la biota que de otro modo no podrían estar presentes en nues tro territorio. Importancia fundamental juegan tam bién las masas de agua dulce (lagos y embalses) que, aunque ocupan una parte muy reducida de la superfi cie, mantienen una biodiversidad muy elevada (Margalef, 1981). Estas son las razones por las que los factores ambien tales (fauna, vegetación, procesos ecológicos) requie ren una especial atención cuando de sistemas hídricos se trata; cualquier programación que afecte a estos sis temas ha de considerar, superando una visión hidráu lica simplista, tales factores ambientales desde un pri mer momento y de una forma explícita. La manifiesta percepción, en las últimas décadas, de un deterioro generalizado de la calidad del agua, y la progresiva degradación o desaparición de importantes sistemas naturales -que contribuyen, en definitiva, al mantenimiento de la diversidad ecológica y ambien tal-, no hace sino evidenciar el problema planteado, y 20 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia poner de manifiesto una confrontación entre usos del agua y conservación del recurso que constituye, como veremos, uno de los problemas centrales a los que debe enfrentarse la moderna política del agua. 2.2.7. Conclusión A la luz de lo expuesto en los epígrafes previos, si hubiese que definir el rasgo básico que caracteriza el marco físico y biótico de nuestro territorio, es induda ble que este rasgo no podría ser otro que el de la diver sidad. Diversidad de climas, de sustratos geológicos, de regímenes fluviales, de especies animales, de vege tación, de suelos, de paisajes … Desde la perspectiva hídrica, tal diversidad de ambien tes no supone sino la existencia de muy distintos entornos hidrológicos, de fuertes gradientes de aridez, de islas de humedad en contextos secos, de fuerte variabilidad de las escorrentías, de una hidrogeología con importantes diferencias regionales, de variabili dad de procesos a diferentes escalas, de, como vere mos, una muy alta heterogeneidad en los almacena mientos y flujos del agua en nuestro territorio. Las implicaciones sobre los sistemas hídricos de estas características del medio físico y biótico van mucho más allá de explicar las razones de la tópica irregula ridad espacio-temporal de su régimen hidrológico y la calidad natural de las aguas. En primer lugar, ¿cabe pensar en soluciones generales para situaciones tan distintas?, ¿puede el mismo sistema de regulaciones normativas ser satisfactorio para todo el territorio?, ¿no cabría pensar en modelos distintos para áreas dis tintas, en diferentes vocaciones para las distintas cuen cas?, ¿hasta donde puede y debe llegar una gestión interterritorial del agua?, ¿cuales serían los límites de la interconexión? Cuestiones importantes y complejas, que nos limita mos ahora a sugerir, y a las que volveremos en otros epígrafes de este Libro Blanco. 2.3. MARCO SOCIOECONÓMICO Como se ha visto, la reflexión sobre los apuntados ras gos básicos del medio físico y biótico español condu ce a fundamentales interrogantes, cuya respuesta, en buena medida, se relaciona con el marco socioeconó mico actuante sobre ese medio físico. Es evidente que, a igualdad de condiciones del medio, el grado de desarrollo social y las tendencias genera les de población y actividad económica pueden dar lugar a respuestas y situaciones muy distintas. ¿Cómo comparar, por ejemplo, el estado de las cosas a comienzos de siglo, con una España esencialmente rural y empobrecida, con graves lacras de cohesión social y de insuficiencias económicas, con la España actual en la que, indiscutiblemente, y al margen de otros problemas del presente, la situación global es absoluta y radicalmente distinta de aquella? Así, y en relación con el agua, el sustrato físico, bási camente condicionante de la oferta, es sensiblemente análogo, pero, ante las profundas mutaciones socioe conómicas condicionantes de la demanda, ¿cómo podrían mantener su vigencia los intereses de enton ces, las aspiraciones hidráulicas, los problemas perci bidos, el viejo ideal de modernidad? 2.3.1. Introducción De forma muy esquemática puede afirmarse que, frente a las viejas sociedades rurales campesinas, con economías de subsistencia vinculadas al trabajo de la tierra, y para las que conseguir el autoabastecimiento de alimentos constituía un objetivo suficiente, las sociedades modernas, tras la experiencia histórica de la industrialización, las innovaciones tecnológicas, y los cambios estructurales e institucionales producidos, han relegado a un segundo plano el papel que los recursos naturales -y entre ellos el agua- tradicional mente han jugado en el crecimiento económico y el bienestar y riqueza de las naciones. Por otra parte, en los países desarrollados la localiza ción territorial de las actividades humanas cuyo desa rrollo comporta requerimientos de recursos de agua sigue dinámicas sectoriales propias, en general -y en principio- ajenas a la ubicación de los recursos hídri cos, aún cuando en el pasado tanto los asentamientos urbanos como algunas actividades económicas -rega dío, industria- hayan estado relacionadas con la facili dad para la disponibilidad de agua. Siguiendo esta tónica general, en el caso español se ha venido acentuando en las últimas décadas una situa ción de disociación espacial y temporal muy acusada entre requerimientos de la demanda y ubicación de los recursos, lo que ha conducido a un importante desa rrollo de infraestructuras hidráulicas -incluyendo la interconexión de sistemas hidráulicos- y a un diferen te grado de aprovechamiento de los recursos propios en las distintas cuencas hidrográficas, en ocasiones hasta su práctico agotamiento. Tendremos ocasión de estudiar con detalle ambas cuestiones en próximos capítulos, pero es oportuno avanzar ya que las tenden cias del modelo de desarrollo territorial han jugado un papel decisivo como motores de las recientes transfor maciones hidráulicas. 21 Libro Blanco del Agua en España Por otra parte, sería ingenuo pensar que los problemas de escasez -desajuste entre oferta y demanda- son una novedad en nuestro devenir hidráulico. Un somero repaso a la historia económica de los territorios semiá ridos revela inmediatamente cómo la disponibilidad del agua y los conflictos suscitados en torno a su uso han sido principalísimos elementos de su configura ción social desde siglos. No es pues novedoso el fondo del problema, aunque sí lo es la dimensión alcanzada, y el hecho de que, por vez primera, la observación de los impactos negativos que tiene la actividad producti va sobre el medio natural haya traído consigo una cre ciente valoración de éste por parte de la sociedad, y una demanda de conservación de los principales acti vos medioambientales, cuyo disfrute se relaciona, cada vez más, con mayores niveles de bienestar. Efectuadas estas consideraciones, los apartados que siguen ofrecen una breve descripción de aquellas variables del sistema económico-productivo y territo rial español que configuran el contexto de utilización de los recursos hídricos y muestran una mayor influen cia o tienen un papel preponderante en la composición de la demanda total de agua. Como es lógico, en modo alguno se pretende abordar un estudio general de la estructura socioeconómica de España o de su sistema productivo, sino sólo destacar algunos rasgos básicos de esta estructura, relevantes desde el punto de vista de los recursos hídricos. Con este criterio, y desde la perspectiva del marco general socioeconómico, se ha centrado la atención básicamente en las siguientes cuestiones: Población y Turismo. Ambos muestran sus efectos sobre los recursos hídricos a través de demandas dirigidas a satisfacer necesidades básicas de las per sonas (consumo en abastecimiento). En el caso del turismo, además, se da una doble circunstancia: en primer lugar, es una actividad fundamental, impor tantísima, dentro del sector servicios, uno de los más dinámicos en la economía española; y en segundo lugar, está empezando a incorporar -más allá del mero desplazamiento y aumento estacional de población- nuevas formas de demanda de recur sos hídricos ligadas al ocio, al disfrute del medio ambiente y, en definitiva, a la terciarización de los recursos naturales. Regadíos, Producción hidroeléctrica e Industria. Las dos primeras son actividades económicas que utilizan el agua como input fundamental en su pro ceso productivo, y sin el cual serían inviables. Ambos subsectores son, con una gran diferencia sobre el resto, los grandes utilizadores de recursos hídricos, si bien con la diferencia básica de que el primero de ellos, a diferencia del segundo, es de tipo consuntivo (consume la mayor parte de los recursos que se le aplican). La actividad industrial tiene una moderada importancia a escala global, pero es fun damental en algunos territorios. Cabe indicar que el resto de los sectores o actividades, en primera o última instancia, también tienen que uti lizar el agua en alguna de las fases de sus procesos productivos; sin embargo no lo hacen de una forma tan intensiva ni reúnen las características que se acaban de mencionar, por lo que no se les ha dedicado una aten ción específica en este marco descriptivo. Adquirida la perspectiva general de este contexto socioeconómico, en capítulos posteriores se analizarán con detalle algunas de las cuestiones ahora apuntadas, ya desde puntos de vista más concretos y específicos. 2.3.2. Población En relación con los recursos hídricos, interesa reflejar cuál es la población española en la actualidad, dónde se asienta, y cuales son las tendencias generales de su evolución. Tal interés se relaciona de forma directa con los fundamentales aspectos demográficos de la demanda hídrica, condicionada y matizada por la situación de la población, su dinámica ocupacional y territorial, y sus tendencias de futuro. 2.3.2.1. Situación actual y dinámica reciente 2.3.2.1.1. Evolución temporal La evolución reciente de la población española, frente al pasado más inmediato, puede caracterizarse por un importante estancamiento y falta de dinamismo, en unas cuantías que, sin duda alguna, cabe calificar como históricas. El gráfico de la figura 12 muestra la evolución de la población española (habitantes de hecho) desde 1700, fecha que marca la transición demográfica hacia la época moderna, al superarse en parte las grandes mortalidades epidémicas que habían dado lugar a crecimientos naturales nulos o negativos durante largos periodos del ciclo demográfico antiguo. Este gráfico, elaborado con datos de los Censos oficia les publicados por el INE desde el año 1850 (Puyol [1997], pag.267) y datos de Nadal recogidos en Rodriguez Osuna (1985) para el periodo anterior, mues tra muy claramente el fenómeno de crecimiento soste nido desde el XVIII (con un desarrollo álgido desde el 1900), la inflexión en torno a 1975, y el estancamiento en los últimos años recientes. La pequeña anomalía del año 1995 se debe a la rectificación del Padrón de habi tantes y corresponde a la población de derecho. Se ha representado también la proyección a los años 2000 y 2005 calculada a partir del Censo del 1991. 22 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia Como se ha puesto de manifiesto por Vinuesa (1997), de haber continuado los ritmos de crecimiento del periodo 1970-90 habrían nacido, a fecha de hoy, unos tres millones más de españoles, con las importantísi mas consecuencias socioeconómicas de toda índole que este hecho acarrearía. El siguiente gráfico de la figura 13 muestra dos esti maciones de la tasa de evolución anual (incremento porcentual) de la población de hecho indicada, desde mediados del siglo pasado, obtenida por interpolación lineal y mediante splines de los valores censales. A la vista de este gráfico, y sin perjuicio de las ligeras diferencias entre ambos métodos interpoladores, puede afirmarse que las tasas anuales de incremento de población -que es el dato que ahora nos interesa oscilan entre el 0,2 y el 1,1 % hasta el año 70, a partir del cual comienza un claro descenso que llega a pro ducir tasas actuales virtualmente nulas. Así, hasta los años setenta nuestro país se caracterizó por lo que algún autor calificó como una natalidad medite rránea y una mortalidad escandinava, lo que constituía, sin duda, un importante activo nacional. En la actuali dad, la mortalidad se encuentra en efecto a los mejores niveles de Europa (esperanza de vida de 82 años para las mujeres y 75 para los hombres), pero la natalidad, medi da por los índices de fertilidad, se ha colocado, especta cularmente, no ya en mínimos históricos, sino en míni mos mundiales. El resultado es un grave estancamiento, con una pirámide de edades, como se verá, dramática mente regresiva, y una previsible disminución en el con junto de nuestros habitantes a corto y medio plazo. Figura 12. Evolución de la población española desde 1700 y proyección a corto plazo Figura 13. Tasas de evolución de la población española desde 1850 23 Libro Blanco del Agua en España 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 1700 1750 1800 1850 1900 1950 2000 M il lo n es d e h ab it an te s Estimada Registrada 10 15 20 25 30 35 40 1850 1870 1890 1910 1930 1950 1970 1990 2010 P ob la ci ón ( m il lo n es ) 0,25 0 0,25 0,5 0,75 1 1,25 In cr em en to ( % ) Poblac. Incr. (splines) Incr. (lineal) El expresivo gráfico de la figura 14 muestra los naci mientos, defunciones y crecimiento natural (diferencia entre ambos), producidos desde los años 70. El Censo de Población de 1991 arroja unos resultados, para la población de derecho, de 38,9 millones de habitantes en el total nacional (39,4 de hecho), cifra elevada si se compara con en el resto de países de la Unión Europea. Sin embargo, España es un país de baja densidad media, con 77 hab/km2, frente a los 113 hab/km2 de la Unión Europea. Se trata, pues, y en tér minos relativos, de un país escasamente poblado. 2.3.2.1.2. Distribución espacial Apuntados ya los rasgos básicos de la evolución tem poral agregada de la población española, procede estu diar ahora la estructura de su distribución espacial, indicando en primer lugar que, desde este punto de vista, y a diferencia de otros países europeos, la carac terística básica sería la de su irregularidad. Esta irregularidad espacial es la consecuencia de un proceso histórico de concentración territorial, informa do en su origen por razón de la variabilidad espacial de recursos naturales, y por el hecho de que la actividad económica, de base fundamentalmente agraria en la mayor parte del territorio, requería poner grandes canti dades de tierra a disposición del factor trabajo. La cri sis de la agricultura tradicional, la progresiva industria lización, y la aparición del sector servicios, menos exi gente en este sentido, trajeron consigo la concentración de la población y el crecimiento de las zonas urbanas. Además, y aunque en menor medida, variaciones espa cialmente diferenciadas de la tasa de fecundidad han contribuido también a la irregularidad espacial. En síntesis, puede afirmarse que en el período de fuer te crecimiento de la economía española (años sesenta y primera parte de los setenta), el proceso de concen tración territorial de la población estuvo informado fundamentalmente por los flujos migratorios de largo recorrido, y el mantenimiento hasta el final de este período (año 1975) de una tasa de fecundidad con niveles relativamente altos. Estos flujos migratorios se produjeron en el sentido que establecían las diferencias espaciales en el merca do de trabajo (de sur a norte), y concentraron la pobla ción básicamente en Madrid y en las zonas costeras Cantábrico y Mediterráneo- del Norte y Este, produ ciéndose en primer lugar un desplazamiento del centro de gravedad de la población hacia el Nordeste y poste riormente hacia el Sur, con un resultado final de des plazamiento hacia el Sureste. Este desplazamiento es aún más acusado si se contabiliza la población turísti ca. Junto con este proceso, se produjo también otro de concentración en algunas ciudades de tipo medio. A partir de la segunda mitad de los años setenta se operan sendos cambios en la coyuntura de las dos variables demográficas determinantes de la distribu ción espacial de la población. La migraciones de largo recorrido desaparecen casi en su totalidad (incluso, en el caso del País Vasco y Barcelona, presentan saldos negativos) y la tasa de fecundidad experimenta una fuerte regresión en los espacios territoriales que con centraban la mayor actividad económica, en tanto que la inflexión de la tasa es más suave y retardada en el resto del territorio, especialmente en la mitad meridio nal. En este período se mantienen las migraciones de corto recorrido, lo cual junto con la elevada mortali dad en las zonas rurales, derivada del envejecimiento de la población -especialmente en la meseta norte- ha Figura 14. Nacimientos, defunciones y crecimiento natural de la población española desde 1970 24 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia 0 100000 200000 300000 400000 500000 600000 700000 1970 1975 1980 1985 1990 1995 Nacimientos Defunciones Crecimiento natural contribuido a acelerar de forma drástica el proceso de despoblación del espacio rural. Estos recientes procesos de crecimiento y trasiego de poblaciones -acaso el mayor en la historia de España han dado lugar a una situación actual en la que, como refleja claramente el Censo de 1991, casi la mitad de los españoles reside en un municipio distinto al de su nacimiento, y cerca de la cuarta parte lo hace en una provincia diferente. La gran irregularidad actual es, pues, resultante tanto de las circunstancias históricas del poblamiento -rela cionadas con las condiciones físicas del territorio: relieve, clima o acceso a recursos naturales- como del proceso descrito de migraciones y urbanización masi va (entre 1950 y 1975) en las zonas de atracción. Los desequilibrios inicialmente inducidos por el medio natural se han visto así acentuados en las últimas déca das de forma convulsa y acelerada. El expresivo mapa de la figura 15 de densidad de población (DGPT [1995a] pp.519) muestra con toda nitidez el resultado global de estos procesos. Este mapa, que refleja los valores municipales de población de hecho por superficie, en hab/km2, según el Censo de Población y Viviendas del INE de 1991, per mite apreciar con claridad cómo la mayor parte está concentrada en unos pocos ámbitos geográficos: el lito ral mediterráneo y suratlántico (desde Francia a Portugal, incluyendo Baleares), donde ya en 1991 resi de más del 20% del total español sólo en los municipios situados a menos de 5 km de la costa y más del 30% si se toma la franja de 25 km; la cornisa cantábrica (con tres centros: concentración del País Vasco y su prolon gación hacia Santander, corredor norte-sur gallego y área central asturiana), donde reside casi el 8% y el 13% en ambas franjas respectivamente; la región urbana de Madrid y su área de influencia donde se asienta en torno a otro 14% de la población nacional; los valles del Ebro (hasta Zaragoza) y del Guadalquivir, y, finalmente, los territorios insulares canarios. Estas intensas tendencias a la concentración de pobla ción en las zonas costeras y periféricas de la península pueden verse con claridad en las figuras 16 y 17. La primera muestra la evolución temporal de la con centración de la población en el litoral (a distancias menores de 5 km de la costa). Se aprecia la tendencia inequívoca, desde los años 60, a la concentración cos tera de la población peninsular en el litoral mediterrá neo (del 15 al 20%), frente a la relativa estabilidad de la cornisa cantábrica. Asimismo, la segunda de concentración de población en 1991 según distancias a la costa muestra cómo más de la mitad de población total de España (el 56%) se encuentra a menos de 50 km del litoral. Si se conside ra la singularidad del área de Madrid, el efecto resulta aún más llamativo. Figura 15. Mapa de densidad de población en 1991 25 Libro Blanco del Agua en España En cuanto al resto de la población, fuera de estas gran des áreas, puede afirmarse que en general se concen tra en ciudades de tipo medio (capitales de provincia) y pequeños núcleos de baja densidad, muy dispersos por todo el territorio nacional. El mapa de la figura 18 muestra la distribución espa cial de las poblaciones de más de 50.000 habitantes según el Censo de 1991, y permite apreciar visual mente esta dispersión. Asimismo, la figura 19 (de elaboración propia a partir de datos del Anuario Estadístico 1995 del INE) mues tra la evolución del porcentaje de población censal de hecho residente en los distintos tamaños de munici pios de España, y permite apreciar con claridad -con trastando la situación de 1900, la de 1991, y la gradual transición entre ambas- el fenómeno de deslizamiento hacia ciudades medias y grandes, y la progresiva pér dida de importancia relativa de los pequeños núcleos rurales a lo largo del siglo. Como puede comprobarse, a comienzos de siglo el 50% de la población vivía en núcleos de menos de 5.000 habitantes, mientras que en 1991 ese porcentaje se había reducido al 15%. Sólo los municipios con poblaciones de tamaño entre 10.000 y 30.000 habitantes mantienen una cuota de participación sobre el total del orden del 8%, y relativamente estable (con desviación máxima absoluta de 3 puntos). Este tamaño de poblaciones es, pues, el pivote en torno al cual se ha venido pro duciendo el proceso de deslizamiento urbano a lo largo del siglo. Figura 16. Evolución de la concentración de población a menos de 5 km de la costa Figura 17. Concentración de población en franjas del litoral 26 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia 0 10 20 30 40 50 60 menos de 5 km menos de 10 km menos de 25 km menos de 50 km P or ce n ta je s ob re e l t ot al Canarias Cantábrico Mediterráneo Total 0 5 10 15 20 25 30 35 1960 1970 1981 1991 P or ce n ta je s ob re e l t ot al Canarias Cantábrico Mediterráneo Total Como una simple aunque significativa muestra, algu nos datos indicativos del fuerte desequilibrio espacial actual pueden ser los siguientes (Vinuesa, 1997): En 1991, el 70% de la superficie total, la de menor den sidad de población, albergaba tan solo el 10% de ésta (el 80% albergaba al 20%), en tanto que una superficie inferior al 5%, que corresponde a los términos munici pales más densamente poblados, soporta el 60% de la población española. La población correspondiente a ciudades de más de 100.000 habitantes representa el 42% del total nacional mientras ocupa solo un 3% de su superficie. Hay 14 provincias que no cuentan con nin gún núcleo que alcance ese tamaño. Hay 15 provincias con densidades menores de 30 hab/km2. Madrid es 70 veces más densa que Soria o Teruel … Muy singular es la situación de Aragón, con una de las macrocefalias más exacerbadas de España: en la ciu dad de Zaragoza, por inmigración antes, y crecimien 27 Libro Blanco del Agua en España Figura 18. Mapa de poblaciones de más de 50.000 habitantes 0 5 10 15 20 25 30 H a st a 1 0 0 h a b s. D e 1 0 1 a 5 0 0 D e 5 0 1 a 1 . 0 0 0 D e 1 . 0 0 1 a 2 . 0 0 0 D e 2 . 0 0 1 a 3 . 0 0 0 D e 3 . 0 0 1 a 5 . 0 0 0 D e 5 . 0 0 1 a 1 0 . 0 0 0 D e 1 0 . 0 0 1 a 2 0 . 0 0 0 D e 2 0 . 0 0 1 a 3 0 . 0 0 0 D e 3 0 . 0 0 1 a 5 0 . 0 0 0 D e 5 0 . 0 0 1 a 1 0 0 . 0 0 0 D e 1 0 0 . 0 0 1 a 5 0 0 . 0 0 0 D e m á s d e 5 0 0 . 0 0 0 P ar ti ci p ac ió n s ob re e l t ot al ( % ) 1900 1920 1930 1940 1950 1960 1970 1981 1991 Figura 19. Evolución durante el siglo del porcentaje de la población residente de hecho según tamaños de municipios to vegetativo ahora, reside más de la mitad de la población aragonesa, con una pirámide mucho más joven que la del desierto aragonés circundante. La provincia de Teruel registra crecimientos vegetativos negativos, Huesca se aproxima al crecimiento cero, y sólo Zaragoza, por su capital, presenta saldo positivo, aunque inferior a la media española (Bielza de Ory [1988] pp.200-205; Gaviria y Grilló [1974]). En definitiva, el medio físico, las circunstancias socio económicas, el modelo de urbanización, y la configu ración de las redes de comunicaciones existentes han dejado amplias áreas peninsulares muy poco pobladas y desconectadas, en las que no solo no se espera cre cimiento alguno, sino que está gravemente amenazado el mero mantenimiento de su población. No hay capa cidad del sistema de asentamientos para facilitar inter cambios, relaciones comerciales o propagación de innovaciones, lo que supone, en definitiva, el aisla miento y la cada vez mayor dificultad de integración de estas áreas en los sistemas económicos del resto del pais. Además, el envejecimiento y despoblación de estas áreas es uno de los principales problemas para la conservación del medio rural en que se asientan. En relación con esta evolución, resulta también muy expresivo el mapa provincial de variaciones de pobla ción que se adjunta (fig. 20). Este mapa refleja numéricamente la distribución pro vincial de la población en 1991, así como, en términos relativos sobre el total nacional, la variación produci da en esa década respecto a los resultados censales de 1981. Pueden observarse con claridad las grandes diferencias existentes entre los territorios meridiona les, demográficamente mucho más dinámicos en este período, frente a los interiores y septentrionales. 2.3.2.2. Las tendencias para el próximo futuro Una vez caracterizada la evolución reciente y situa ción actual de la población, tanto desde el punto de vista de sus magnitudes agregadas como de su dis tribución espacial, es oportuno realizar alguna pre visión sobre lo que, de no producirse cambios trau máticos en el marco socioeconómico y territorial español, cabe esperar en el inmediato futuro. Para ello, y como antes, se estudiará en primer lugar la evolución temporal agregada prevista, para conside rar posteriormente la estructura territorial de estas previsiones. 2.3.2.2.1. Evolución temporal El gráfico de la figura 21 muestra las curvas globales de proyección de la población total nacional futura (en millones de habitantes, Mhab), según cinco distintas estimaciones de gran solvencia y rigor técnico recientemente realizadas en España, y recogidas par cialmente por Zamora (1997): la previsión del INE Figura 20. Mapa de tasas provinciales de variación de la población en el periodo 1981-1991 28 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia (1988) para el periodo 1980-2010; la previsión del INE (1994); el escenario medio estimado por el INE (1995b) a partir del Censo del 91; la previsión media de De Miguel y Agüero (1986); y la hipótesis media del Instituto de Demografía (1994). Como puede verse, estas proyecciones arrojan dife rentes resultados debido tanto a las distintas fechas de su realización como a las diferentes hipótesis (espe ranza de vida, niveles de mortalidad, fecundidad, migraciones, etc.) adoptadas en cada caso. En síntesis, se aprecian diferencias relativas máximas del orden de los 4-5 Mhab a largo plazo (20 años), equivalentes a diferencias máximas del orden de 2 Mhab (un 5%) entre la proyección intermedia y más reciente (INE 1995b, que puede adoptarse como referencia), y cualquier otra. Además, todas las proyecciones -y este es un rasgo común fundamental, que debe ser subrayado- prevén descensos de la población tras un máximo absoluto que se alcanzará en los próximos años, y este máximo no superará, en ningún supuesto, la cuantía de 42 Mhab. Parece, pues, asegurado el declive numérico de la población española, acompañado de un creciente nivel de envejecimiento. El gráfico de la figura 22 muestra conjuntamente la previsión de referencia con la evolución histórica ofrecida anteriormente. Asimismo, pueden verse en el siguiente gráfico de la figura 23 las pirámides de población, a escala nacional, en el año 1991, y las previstas para los años 2005 y 2020 conforme a la proyección INE (1995b) adoptada. Figura 21. Distintas proyecciones de población total nacional 29 Libro Blanco del Agua en España 36 37 38 39 40 41 42 43 1980 1985 1990 1995 2000 2005 2010 2015 2020 2025 2030 M il lo n es INE 1988 INE 1994 INE 1995 M-A 1986 I.D. 1994 10 15 20 25 30 35 40 45 1850 1870 1890 1910 1930 1950 1970 1990 2010 2030 M il lo n es Histórica Proyección INE 1995 Figura 22. Población española desde 1850 y proyección al 2020 La contemplación de estas pirámides resulta extraor dinariamente expresiva del nivel creciente de envejeci miento de la población que cabe esperar a medio y largo plazo. 2.3.2.2.2. Distribución espacial Desde el punto de vista de la distribución territorial de la población futura, los mapas adjuntos muestran la desa gregación espacial, a escala provincial, de las previsiones globales indicadas para el año 2000, el 2010, y el 2020 respectivamente, indicando tanto el valor numérico de población previsto en cada provincia, como la tasa de variación con respecto al Censo de 1991 (fig. 24, 25 y 26). Tales previsiones provinciales son precisamente las que fundamentan la proyección global ofrecida, bajo la hipótesis de que se mantienen las tasas de fecundi dad y mortalidad medias observadas en el período 1988-1991. Figura 23. Pirámide de población en 1991 y previsiones para el 2005 y 2020 Figura 24. Mapa de previsiones provinciales de población al año 2000, y sus tasas de variación con respecto a 1991 30 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia 400 200 0 200 400 0 25 50 75 Año 1.991 HombresMujeres 400 200 0 200 400 0 25 50 75 Año 2.005 HombresMujeres 400 200 0 200 400 0 25 50 75 Año 2.020 HombresMujeres Edad Edad Edad Miles Miles Miles Esta es la hipótesis más probable que se puede postu lar para el medio plazo, salvo que se modifiquen brus camente las tendencias observadas en el pasado próxi mo, circunstancia poco frecuente en los fenómenos demográficos, caracterizados, al menos en períodos de normalidad, por su inercia y buena predictibilidad a corto y medio plazo. En todos los mapas destaca, en primer lugar, la conti nuación de la dinámica observada en el período 1981 1991 (ofrecida en mapa previo), y la contundencia con que se muestra en el largo plazo el efecto de las diferen tes tasas de fecundidad que se registran en las distintas provincias, mucho menores en el norte que en el sur. De forma complementaria y como consecuencia, en parte, del fenómeno descrito, previsiblemente se intensificará el proceso histórico de concentración de la población en el litoral costero mediterráneo y de vaciamiento de la España rural interior, especialmente la meseta norte y el valle del Ebro. Por otra parte, los gráficos siguientes, de elaboración propia a partir de la información anterior procedente del INE, muestran análogas previsiones para la pobla ción futura, pero ordenadas ahora por ámbitos de pla nificación hidrológica (fig.27). El primer gráfico muestra estas previsiones para todos los ámbitos de los Planes Hidrológicos de cuenca, y permite apreciar la existencia de dos grandes grupos de ámbitos según su población. Por una parte, y por este orden, los ámbitos del Tajo (con el área de Madrid), Cuencas Internas de Cataluña (con el área de Barcelona), Guadalquivir (Sevilla), Júcar (Valencia) y -en menor medida- Ebro (Zaragoza), conforman el grupo de mayor población actual y futura. En todos ellos la población se mantie ne o decrece ligeramente, salvo en el caso del Guadalquivir, que presenta un cierto aumento. Un segundo grupo, que sería el formado por todos los demás, muestra también una situación de cierta esta bilización, con algunas diferencias territoriales. Para apreciarlas mejor se ofrece el siguiente gráfico, idén tico al anterior, pero reescalado y mostrando sólo las tendencias de este segundo grupo (fig. 28). El examen de estos gráficos permite concluir que, en general, todos los ámbitos de planificación considera dos tienden al estancamiento o disminución de su población a largo plazo, excepto los del Guadalquivir, Sur, Canarias, Segura, Guadiana y Baleares, es decir, básicamente los insulares y los meridionales. Como se apuntó, no son de prever variaciones mayores del 5% en estos resultados que se ofrecen. Expuestos los rasgos básicos de las tendencias territo riales previsibles para la población española, aquí detenemos nuestra exposición de la situación y pers pectivas de este fundamental condicionante sociológi co. En posteriores capítulos, al estudiar el abasteci miento a poblaciones, se verán en detalle las implica Figura 25. Mapa de previsiones provinciales de población al año 2010, y sus tasas de variación con respecto a 1991 31 Libro Blanco del Agua en España 32 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia Figura 26. Mapa de previsiones provinciales de población en el 2020 y sus tasas de variación con respecto a 1991 Figura 27. Previsiones de evolución de población por ámbitos de Planes Hidrológicos 0 1000 2000 3000 4000 5000 6000 7000 1990 1995 2000 2005 2010 2015 2020 M il es d e h ab it an te s TAJO C.I. DE CATALUÑA GUADALQUIVIR JUCAR EBRO SUR DUERO GALICIA COSTA CANARIAS NORTE III SEGURA NORTE II GUADIANA I BALEARES NORTE I GUADIANA II ciones de estas tendencias sobre las correspondientes demandas hídricas pero, a la vista de los resultados ofrecidos, puede ya avanzarse que no cabe esperar en el futuro aumentos muy significativos de los requeri mientos de agua por este concepto. Más aún: la relati va estabilidad demográfica puede facilitar el mejor desarrollo de las políticas de preservación de medio hídrico, al no preverse globalmente en el futuro una mayor presión urbana sobre este medio. 2.3.2.3. Conclusiones En definitiva, y resumiendo lo expuesto en epígrafes previos, los rasgos fundamentales de la situación actual, y las tendencias que previsiblemente caracteri zarán el medio plazo del binomio población-territorio son los siguientes: 1. La situación actual y dinámica reciente de la pobla ción es España se caracteriza por un extraordinario retroceso en las magnitudes agregadas, que arranca hacia mediados de los 70, y que ha desembocado, en los últimos años, en un muy grave estancamien to, con tasas globales de crecimiento de población virtualmente nulas. La vieja imagen de país natalis ta y de emigrantes ha dado paso a una situación radicalmente distinta caracterizada por una profun da desnatalidad, envejecimiento creciente, y cambio de signo de las migraciones. Las perspectivas a medio plazo no permiten vislumbrar correcciones significativas a este modelo. 2. En cuanto a la distribución espacial de la pobla ción, se aprecia una fuerte irregularidad territo rial, con inequívocas tendencias, al menos desde los años 60, a la concentración costera y al despo blamiento del interior. Los grandes flujos migra torios de sur a norte han desaparecido, mante niéndose únicamente migraciones de corto reco rrido (del campo a la ciudad), que han contribui do a acelerar de forma drástica el proceso de des población del espacio rural. Desaparecidas estas grandes corrientes, las variaciones de población en el territorio español se explicarán básicamente por causas de mejores condiciones climáticas y naturales, lo que contribuirá, como se ha dicho, a la concentración relativa de la población en los territorios costeros y meridionales. Figura 28. Previsiones de evolución de población por ámbitos de Planes Hidrológicos (detalle) 33 Libro Blanco del Agua en España 0 500 1000 1500 2000 2500 1990 1995 2000 2005 2010 2015 2020 M il es d e h ab it an te s SUR DUERO GALICIA COSTA CANARIAS NORTE III SEGURA NORTE II GUADIANA I BALEARES NORTE I GUADIANA II 3. Se está produciendo un retardo temporal y una menor intensidad en el retroceso de la tasa de fecundidad en los territorios meridionales, lo que está dando lugar a ligeros crecimientos en el sur y retrocesos en el norte. Sus efectos más relevantes se refieren al grado de envejecimiento de la población, que se agudizará en el medio plazo, y cuya tendencia podría ser incluso peor que la que se ha apuntado si se tiene en cuenta que en algunas regiones del norte el Indice Sintético de Fecundidad -número de hijos por mujer- es inferior a 1, cuando se requiere al menos 2,1 para el mero mantenimiento de la población existente. 4. Los territorios centrales de baja densidad están experimentando un retroceso profundo, que es especialmente intenso en la meseta norte, Aragón excepto el eje del Ebro- y algo menor en la meseta sur, y en general en todas las tierras altas. Esto podría llevar a sus últimas fases el proceso de aban dono y despoblamiento de la España interior. 5. Como conclusión, hay que destacar el actual proce so de meridionalidad de la población española, el deslizamiento hacia cotas altimétricas inferiores, que se agudiza en la franja costera, y la consolida ción del sistema de ciudades medias. Contemplados estos hechos desde el punto de vista de la reflexión sobre el agua, el panorama demográfico descrito sugiere algunas ideas, plantea importantes interrogantes, y conduce a relevantes consecuencias. No es éste el lugar adecuado para su exposición por menorizada, ya que en este capítulo se está descri biendo en perspectiva el contexto socioeconómico global y genérico, no específicamente hídrico. Puesto que tales consecuencias se inscriben expresamente en la órbita de los problemas del agua, a ellas nos refe riremos en detalle al tratar de la demandas de abaste cimientos, población y regadíos, y otras cuestiones diversas. No obstante, y sin perjuicio de volver más adelante sobre ello, puede resultar oportuno avanzar ya algunas consideraciones. En primer lugar, es un hecho muy destacable el que los movimientos socioeconómicos que han desembocado en la actual coyuntura de población y territorio en España no hayan estado en modo alguno vinculados a los problemas hídricos. Antes bien, los flujos y tenden cias más recientes parecen producirse, en general y con trazo grueso, desde zonas que, como veremos, son más abundantes en agua (mesetas) hacia zonas con mayor escasez de este recurso (sur y litoral mediterráneo). Así pues, felizmente superadas las históricas hambrunas que, asociadas a ciclos climáticos adversos, producían verdaderos despoblamientos y emigraciones masivas, cabe concluir que los recientes movimientos de pobla ción en las últimas décadas responden a otras fuerzas motoras, a impulsos económicos de otra naturaleza. Una vez que la tecnología ha permitido la regulación y trans porte de caudales a gran escala, el papel histórico que el agua ha jugado como fundamental instrumento configu rador del territorio ha quedado muy reducido. Incluso diríamos que parece perdido para siempre. Es necesario, no obstante, realizar alguna matización: pese a que sería teóricamente factible confiar a la gran hidráulica (grandes infraestructuras de almacenamien to y transporte de agua) la solución de cualesquiera problemas de desajustes futuros, tanto razones estric tamente técnicas (contención de las demandas previsi bles y relativa madurez del equipamiento hidráulico español) como de costes económicos y ambientales asociados a estas grandes operaciones, parecen acon sejar en principio, y sin perjuicio de alguna actuación específica, que se descarte esta opción como solución generalizada a gran escala. Por otra parte, y como ya se ha sugerido, no es previ sible que se produzcan incrementos globales signifi cativos de las necesidades hídricas para abastecimien to de poblaciones en España, siendo la tónica espera ble, en el supuesto de mantenimiento de dotaciones actuales, la de su mantenimiento, o incluso reducción a largo plazo. Las desviaciones máximas que cabe esperar en la cuantificación de estos fenómenos, según las distintas proyecciones que se empleen, son del orden del 5%, y un objetivo hoy razonable para la planificación hidrológica sería fijar en 42 millones de habitantes la población objetivo máxima a atender a largo plazo. El posible incremento de dotaciones como consecuencia de la mejora del nivel de vida se verá compensado por la cada vez mayor eficiencia y mejor gestión de las redes de suministro, campo en el, como veremos, se están produciendo -y cabe esperar más en el futuro- importantes mejoras. Escapan a esta tónica general las regiones meridiona les, donde sí cabe prever incrementos demográficos a medio y largo plazo que arrastrarán aumentos de la demanda hídrica. El hecho de que estas regiones sean las más desfavorecidas en cuanto a disponibilidad de recursos hace que, por razones estrictamente demo gráficas, y sin entrar en otras consideraciones, sea pre visible un agravamiento en el futuro de los problemas de déficit de recursos hídricos actualmente existentes en la mitad sur de España. Este agravamiento ha de contemplarse, no obstante, como muy matizado, habida cuenta la escasa inciden cia que, en términos volumétricos, tiene este compo nente urbano sobre la demanda total de agua en dichos territorios, pero sí será necesario incidir en un aspecto muy importante, que es el de su garantía de servicio: la masiva concentración de población en las grandes 34 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia áreas meridionales y costeras requerirá necesariamen te de un suministro urbano de calidad, estable y garan tizado, y al margen -en la medida de lo técnicamente razonable- de irregularidades hidrológicas e incerti dumbres climáticas. Asimismo, desde una perspectiva territorial cabe men cionar también la situación en que actualmente se encuentran, y que tenderá a agravarse en el futuro, muchos de los pequeños núcleos del interior peninsular. En estos núcleos, al no alcanzarse los umbrales de población requeridos para poder aprovechar las necesa rias economías de escala, surgirán problemas para finan ciar y gestionar eficientemente los servicios de abasteci miento de agua, tanto en lo que se refiere a la captación, tratamiento y suministro, como a la depuración de los efluentes hasta los niveles de calidad exigidos. La inter vención pública a tales efectos parece de obligada nece sidad si se desea coadyuvar a la subsistencia y mejora de la calidad de vida en estos núcleos rurales. Por otra parte, la posibilidad del fomento y ampliación de regadíos como instrumento para la consolidación de la población rural, idea fuertemente arraigada en el pensamiento regeneracionista de finales del XIX (MAPA-MAP-MOPU, 1988, vol.1, pp. 41-47), ha sido objeto de intensas polémicas, y se encuentra en la actualidad, cuando menos, cuestionada. Análisis reali zados sostienen que no está claramente demostrado que este efecto se haya conseguido siempre en el pasa do, y, sobre todo, es dudoso que vaya a serlo en el futuro, máxime en el escenario de costes y mercados que parece vislumbrarse (Escobar Gómez [1995] pp.825-840; Pérez Pérez [1997] pp.336-337). Casos como el de algunas comarcas del valle del Ebro en el siglo XIX, o el de la Plana d'Urgell, donde sí se produjo una efectiva colonización de territorios secu larmente despoblados gracias a la conclusión en 1862 del Canal de riego, contrastan con otros donde la expe riencia de colonización no supuso asentamientos sig nificativos ni mejoras apreciables de las condiciones de vida en las zonas afectadas. El regadío puede, en efecto, ser la base de un desarrollo agroindustrial, pero no lo es obligada y necesariamente, si no se dan otras condiciones coadyuvantes (Arrojo y Bernal, 1997). Por otra parte, el fenómeno de pérdida de influencia de la producción agraria sobre la realidad económica del mundo rural viene produciéndose en España desde hace años (Naredo, 1996), y, desde el punto de vista demográfico, en aquellas comarcas en las que recientemente, desde la década de los 80, se ha obser vado un estancamiento o incluso ligera recuperación de la población rural, este fenómeno no ha obedecido en general a la tradicional actividad agraria, que sigue globalmente descendiendo, sino a otros sectores y ámbitos de la vida rural. La actividad no agraria del mundo rural está en expansión, y puede ser el elemen to que contribuya más en el futuro al asentamiento poblacional (García Sanz [1996] pp. 39-40). Aquí simplemente apuntadas, volveremos sobre estas importantes cuestiones más adelante, cuando se exami nen los problemas socioeconómicos de los regadíos y el asentamiento de poblaciones, las previsiones de deman das, la disponibilidad de recursos, la crisis de la políti ca hidráulica tradicional, y los fundamentos de la nueva política del agua y de la planificación hidrológica. 2.3.3. Turismo Una vez analizada la evolución reciente, situación actual, y tendencias previsibles de la población espa ñola, resulta oportuno examinar el fenómeno turístico (es decir, los movimientos temporales de la población fuera de su lugar de residencia) en cuanto que modifi cador estacional de la demanda hídrica y generador de requerimientos sobre las aguas continentales conside radas como elemento de recreo. Desde el punto de vista económico, y continuando una tradición ya antigua y consolidada, el turismo está siendo una actividad económica cada vez más impor tante en la economía española, mostrando un compor tamiento que podría calificarse de excelente, no sólo por su aportación al producto total -que se sitúa ya en torno al 9% (5% para el turismo interior y 4% para el exterior)-, sino por la sostenida evolución -tras la explosión a comienzos de los 60- registrada en las últi mas décadas, tal y como muestra de forma indicativa el gráfico adjunto de evolución del turismo (extrajeros con pasaporte y total general), y del número de plazas hoteleras. Como puede verse, el número de estas pla zas prácticamente se ha duplicado en los últimos 25 años, lo que da una buena idea del dinamismo del sec tor (Tamames y Rueda [1997] pp.554-559; y datos de la Secretaría de Estado para el Turismo) (fig. 29). Análogamente, la figura 30 ofrece la evolución de los ingresos de divisas por turismo en los últimos 40 años, y permite comprobar el extraordinario desarrollo e importancia de esta actividad. En efecto, el sector turístico ha jugado tradicionalmente un papel fundamental para contribuir a equilibrar la balanza comercial, y previsiblemente seguirá jugando este papel en el futuro. Desde nuestro punto de vista resulta además, y como ya se ha apuntado, de necesaria consideración por un doble motivo: su efecto de despla zamiento estacional y espacial de población, con el sub siguiente incremento de demandas hídricas muy puntua les y concentradas, y la emergencia, cada vez con mayor fuerza, de actividades de ocio, turísticas y recreativas, vinculadas al dominio público hidráulico (excursionis mo, navegación, pesca fluvial, baños, etc.). 35 Libro Blanco del Agua en España Seguidamente se ofrecen sus magnitudes y efectos fundamentales según la información facilitada básica mente por el Instituto de Estudios Turísticos del Ministerio de Economía y Hacienda. Turismo extranjero En 1996 se registraron 61,8 millones de visitantes de los cuales el 67% (unos 41,4 millones) corresponde estrictamente a turistas, es decir, visitantes que per noctaron al menos una noche en España. El resto de visitantes, integrados en la categoría de excursionistas, representan el 33% del total y 20,4 millones de perso nas en términos absolutos. La temporada de verano (meses de junio a septiembre) concentra casi la mitad del total anual (28,7 millones de visitantes y 19,6 de turistas), lo cual evidencia la fuerte estacionalidad de esta población. La estancia media de los turistas en dicho período fue de 12,6 días. La distribución espacial de esta afluencia responde, como ya es sabido, al atractivo proporcionado por el recurso natural clásico sol y playa, destacando en este sentido los territorios insulares (Baleares, que acoge el 34% de turistas, y Canarias, el 19%), seguidos de Andalucía y Cataluña (el 14% cada una). El resto de Comunidades se quedan por debajo del 10% del total. Turismo interior En términos absolutos, el turismo estival interior arrojó en 1996 unas cifras similares al turismo extranjero. El número de viajeros durante los meses de junio a sep Figura 29. Evolución de turistas y plazas hoteleras 36 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia 0 10000 20000 30000 40000 50000 60000 70000 80000 1940 1945 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 2000 Tu ri sm o (m il es ) 0 200 400 600 800 1000 1200 1400 1600 P la za s h ot el er as ( m il es ) Extranjeros con pasaporte Total general Turismo Evolución hotelera Figura 30. Evolución de los ingresos de divisas por turismo 0 5000 10000 15000 20000 25000 1945 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 2000 In gr es os ( m il lo n es d e d ól ar es ) tiembre fue aproximadamente de 20 millones, la mitad de los cuales corresponde sólo al mes de agosto, y tuvo como destino principal España en el 93% de los casos, en tanto que el 7% restante salió al exterior. En el turis mo interior se observa también una distribución espa cial parecida a la que ya se puso de manifiesto para el exterior (sol y playa), si bien en este caso se localiza con preferencia en el litoral mediterráneo peninsular (Cataluña, Valencia y Andalucía principalmente). Un indicador que evidencia con nitidez la concentra ción territorial que caracteriza al turismo en general es la presencia en la costa mediterránea de la mayor parte del patrimonio inmobiliario español adscrito a la acti vidad turística, tanto en lo que se refiere a viviendas secundarias como a plazas turísticas totales, tal y como puede apreciarse en los mapas adjuntos (DGPT [1995a] pp.525) (fig. 31 y 32). A la luz de estos mapas, es clara la distribución espa cial de este fenómeno, sensiblemente coincidente, como puede verse, con las tendencias de población que se apuntaron en epígrafes previos. En cuanto a su magnitud desde el punto de vista de las demandas hídricas, la incidencia del turismo respecto a la demanda total no parece ser muy relevante, al menos a nivel nacional. En efecto, generalizando a todo el año los datos rela tivos al comportamiento estival observado en el turis mo extranjero (único para el que se dispone de la estancia media), es posible estimar que el turismo exterior añade, en total, en torno a 1,5 millones de per sonas, en equivalente de población permanente anual. Si bien no se conoce la cifra exacta del turismo inte rior, es razonable inferir, a la luz de la información dis ponible para 1996, que esta población se sitúa también en una cifra similar a la citada, resultando un total aproximado de 3 millones de personas, en términos de población anual equivalente, lo que supone en defini tiva un incremento medio de población del orden de un 10%. Naturalemente ésta no pasa de ser una pri mera estimación del fenómeno, pero puede servir para encajar su orden de magnitud. Hay que indicar, no obstante, que pese a estas cuantías moderadas a esca la global, en determinadas áreas la limitada disponibi lidad de recursos hídricos puede suponer un serio con dicionante para el desarrollo de las actividades turísti cas y una fuente de tensión entre usos alternativos (Vera Rebollo [1988] pp.115-124; Marchena Gómez [1988] pp.101-114). Un aspecto muy importante del turismo desde el punto de vista de las demandas hídricas es el de su estacio nalidad. Las figuras adjuntas -de elaboración propia con datos de Tamames y Rueda (1997) p.557- mues tran muy claramente este efecto, y su evolución desde el año 60 (fig. 33). 37 Libro Blanco del Agua en España Figura 31. Mapa de distribución y número de viviendas secundarias en 1991 Como puede verse, hay una fuerte estacionalidad con centrada en los meses de agosto, julio y septiembre, pero se constata una tendencia a su continua disminu ción desde los años 70. El índice global mensual de estos tres meses ha pasado del 210 al 166% en ese periodo, lo que significa que tiende -aún muy mode radamente- a suavizarse la fuerte estacionalidad de sol y playa en favor de otros modos de turismo, no de verano, sino extendidos el resto del año. En cuanto al otro factor de la demanda, la dotación unitaria, cabe esperar que esté situada notablemente por encima de los consumos domiciliarios habituales, habida cuenta de las actividades lúdicas (deportivo recreativas) que suelen acompañar al período de ocio y vacaciones, principal motivo del turismo. Esto hace que el incremento de demanda hídrica sea, sin duda, mayor del 10% que correspondería al mero incremento de población demandante. Baste señalar, 38 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia Figura 32. Mapa de distribución y número de plazas turísticas totales en 1994 Figura 33. Evolución de la estacionalidad del turismo 0 25 50 75 100 125 150 175 200 225 250 275 300 325 O ct D ic Fe b A br Ju n A go Ín d ic e m en su al ( % ) 1960 1970 1980 1990 1995 140 150 160 170 180 190 200 210 220 230 240 1955 19601965 1970 19751980 1985 19901995 2000Í n d ic e m en su al J u l A g o S ep ( % ) por ejemplo, la demanda asociada a los campos de golf, cuyo número ha pasado de unos 90 en 1988, a más de 200 en el año 1995, distribuidos tal y como se muestra en el mapa adjunto. A este respecto, deben resaltarse dos cuestiones: el efecto de realimentación y multiplicador de estas instalaciones, ya que añaden atractivo turístico a los lugares allí donde son implan tados, y la solvente demanda implicada, que permite asumir importantes costes no soportables en otras acti vidades (fig. 34). Finalmente, hay que mencionar las nuevas tendencias observadas en relación con la demanda turística de recursos naturales asociados al agua (zonas húmedas, paisajes fluviales, parajes de montaña, manantiales, fuentes, etc.), cuya importancia socioeconómica sin duda crecerá en el futuro, y que supone no sólo el aumento estacional de las necesidades de abasteci miento de estas zonas, sino la necesidad de contem plar el agua como elemento ambiental y de ocio. La no atención de esta demanda puede suponer la pérdida de un importante nicho de mercado en el sector turístico, en pleno desarrollo en los países de nuestro entorno. Este es un segmento de demanda que busca el más directo contacto con la naturaleza, por lo que se ha adoptado como indicador para su cotejo el número de campings existente. El mapa de la figura 35 ofrece la localización y número de estas instalaciones existentes en el año 1995. Puede verse que su distribución tiende a concentrarse en las zonas costeras, buscando preferentemente el tópico aliciente de sol y playa. No obstante, si en lugar de contemplar la situación actual se examina cual ha sido la tendencia registrada en los últimos años, el panorama resulta ser el de la figura 36 de variación provincial de instalaciones en el periodo 1980-94. El examen de esta figura muestra con claridad que la saturación de los espacios costeros ha hecho que sean los territorios interiores y de ámbito rural los que han tenido un mayor desarrollo relativo en los últimos años, tendiendo así, junto con una cierta mayor pre sión sobre los cauces, a un positivo mayor equilibrio territorial. Aunque el consumo hídrico de estas insta laciones es irrelevante, tales tendencias resultan signi ficativas como indicadores de una previsible mayor presión hacia los usos recreativos en zonas de interior, vinculadas a los paisajes acuáticos. En definitiva, y sin perjuicio del previsible incremen to de los usos recreativos fluviales, son las áreas medi terráneas y meridionales costeras las principales receptoras del turismo y, además, este fenómeno de concentración espacial tiene lugar fundamentalmente durante los tres meses de verano. Aunque su impacto sobre el consumo de agua no es muy relevante, especialmente si se le pondera con la importantísima actividad económica que induce el Figura 34. Mapa de distribución y número de campos de golf en 1995 39 Libro Blanco del Agua en España turismo, produce efectos locales y estacionales muy intensos en zonas que ya hoy resultan ser problemáti cas en cuanto a sus disponibilidades de agua, y ello sin mencionar la necesidad de sobredimensionamiento de infraestructuras con relación al que sería necesario para atender a la población permanente. Por ello, la disponibilidad de recursos hídricos en cantidad y cali dad adecuados puede ser, en el futuro próximo, un fac tor limitativo para el desarrollo turístico y el manteni miento de la actividad económica asociada en dichos territorios. Las tendencias y problemas de desequilibrio territorial de la población española, a los que ya nos hemos refe rido, se ven, pues, exacerbados con el turismo. Dado su carácter estratégico para la economía española, será imprescindible proporcionar a estos territorios la necesaria garantía y seguridad de suministro, y dada su situación relativa de mayor déficit hídrico, deberá procurarse la máxima economía hidráulica mediante la reutilización de sus aguas urbanas con destino a regadíos próximos, lo que, dadas las características de las zonas, será en general perfectamente posible tanto desde el punto de vista técnico como financiero. 2.3.4. Regadío El regadío es un elemento fundamental en la estructu ración del paisaje, una actividad básica en el tejido socioeconómico del país, y una de las variables terri toriales que configuran decisivamente la demanda total de recursos hídricos. Es el sector más relevante, tanto en términos de ocupación de superficie (más de 3 millones de ha, que suponen el 13% de la superficie agrícola útil (SAU) o el 6% de la superficie total espa ñola), como de demanda de agua (en torno al 80% de la demanda correspondiente a los principales usos consuntivos y del orden del 68% si se considera la refrigeración). Su actual distribución espacial, que puede apreciarse en la figura 37, obtenida mediante técnicas de teledetección, es el resultado de una larga y compleja serie de actuaciones de transformación, públicas y privadas, dispersas por casi todo el territo rio nacional. Estudiaremos con detalle esta situación en capítulos posteriores, cuando se examinen los usos y demandas de agua para regadío, pero avanzaremos ya, en la tóni ca de este capítulo de descripción geográfica de mar cos de referencia, algunos de los rasgos básicos que condicionan y perfilan esta importantísima actividad socioeconómica. Es evidente que la actividad del regadío requiere unas determinadas condiciones naturales para su desarro llo, pero es también cierto que, en determinados casos, tal actividad se da en situaciones de escasa dependen cia respecto al medio físico. Con orígenes históricos indudablemente vinculados a las inmediatas condicio nes naturales, los importantes progresos técnicos registrados en el mundo agrario están llevando progre sivamente a reducir, en los regadíos modernos, la 40 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia Figura 35. Mapa de distribución y número de campings en 1995 41 Libro Blanco del Agua en España Figura 36. Mapa de variación provincial del número de campings en el periodo 1980-1994 Figura 37. Mapa de superficies de riego identificadas mediante teledetección (años 1984, 1987, 1991, 1995) importancia de los factores físicos, y otorgar un prota gonismo fundamental a los condicionamientos socia les y económicos (Sáenz Lorite, 1990). Así pues, medio físico inicialmente explicativo, desde luego determinante en los casos límites (p.e. la invia bilidad de regar a la cota 3000, o con temperaturas bajo cero), pero con influencia, fuera de estos límites extremos, muy matizada, y tendiendo a ceder frente a los condicionantes socioeconómicos. A continuación describiremos someramente tales factores y condicio nantes básicos. 2.3.4.1. Condiciones naturales Ya Lucas Mallada puso de manifiesto la grave dificul tad que para el regadío español suponía la configura ción de nuestro relieve, pues las tierras a cota inferior a la 200 están muy poco representadas (tan solo un 11% de todo el territorio), y la norma son llanuras ele vadas o montañas. Para ilustrar tal circunstancia se han elaborado los gráficos adjuntos, que muestran la distribución hipsométrica (superficie afectada en miles de km2 - cota m.s.n.m.) de todo el territorio y de los regadíos actualmente existentes, tanto a escala glo bal como desagregada a la escala de las distintas cuen cas. Las cotas de los territorios, las cotas de los rega díos, su extensión relativa frente al total, y su magni tud relativa entre las distintas cuencas, se perciben de forma inmediata y muy ilustrativa (fig. 38). Asimismo, y para apreciar mejor este efecto, las figu ras 39 y 40 muestran en un primer gráfico la curva porcentual acumulada de superficie total del territorio 42 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia Figura 38. Curva hipsométrica y altitud de los regadíos existentes en España 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 55 60 100 300 500 700 900 1100 1300 1500 1700 1900 2100 C ot a (m sn m ) Superficie (miles de km2) Regadíos Total Figura 39. Curva porcentual acumulada de superficie del territorio frente a superficie de regadío a las distintas cotas 0 20 40 60 80 100 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 Superficie total acumulada (%) Sup.regad. acumulada (%) 0 20 40 60 80 100 0 300 600 900 1200 1500 1800 2100 Cota (msnm) % Sup. regadío Sup. total frente a la superficie de regadío -con un punto de la curva para cada una de las cotas dadas en la figura anterior-, y, en un segundo gráfico, el porcentaje de superficie de territorio y de regadíos que se encuentra bajo cada cota. Puede apreciarse con claridad la concentración del regadío hacia las cotas más bajas, frente a lo que sería una distribución perfectamente uniforme a lo largo de todo el relieve del país (línea azul de los 45º del gráfi co primero, o superposición de ambas distribuciones en el gráfico segundo). Así, mientras que la mitad del territorio español se encuentra bajo la cota 700, casi el 80% de sus regadíos se encuentran bajo esa cota, y en el 20% de tierras con menor altitud se concentra más del 50% de todo el regadío. Es de destacar la importante superficie ocupada por los regadíos hasta la cota 100. En esta franja se con centra la mayor superficie debido, fundamentalmente, a la mejor climatología y, por lo general, mayor renta bilidad a tales cotas. En la cuenca del Duero y en las zonas altas de las cuencas del Tajo, Guadiana, Júcar y Ebro existen importantes extensiones de regadío a mayor altitud, con cotas dominantes que se sitúan entre 600 y 900 m. Entre la cota 100 y la cota 300 se produce un salto en la superficie debido al efecto de Portugal, cuyo territorio se halla, fundamentalmente, en ese rango de altitud. Otro factor natural importante para la agricultura es el de los suelos, cuyos tipos básicos desde el punto de vista edafológico y de su uso se comentaron somera mente en los correspondientes epígrafes. Conforme a lo allí expuesto, y de forma muy esquemática, cabría indicar que sobre la España caliza suelen desarrollar se suelos poco evolucionados y básicos junto con tie rras negras, de la mejor calidad agrícola, frente a sue los pobres y de mediocre aptitud en la España silícea. Ello matizado por otros factores como la mayor evo lución de suelos en la España húmeda, condicionada por el clima, o los tipos localizados aluviales, sobre los que se asientan con frecuencia las más conocidas vegas y huertas tradicionales españolas (como las de Valencia y Murcia). Asimismo, otro factor natural decisivo es, obviamen te, el del clima, a cuya diversidad y peculiaridades se aludió en epígrafes anteriores. Finalmente, y en relación con el anterior, el factor de disponibilidad de agua es un condicionante básico que ha ido conformando la evolución de los regadíos y sus posibilidades de desarrollo. Tendremos ocasión de referirnos a este asunto con detalle, al analizar los requerimientos de agua para la agricultura y la evolu ción histórica de las superficies regadas, pero puede avanzarse ya que el gran desarrollo de los riegos en España se produce durante la segunda mitad de este siglo, y que las grandes transformaciones de iniciativa publica son paralelas al desarrollo de las obras hidráu licas para la captación, almacenamiento y transporte del agua (es decir, a lo que en otro capítulo de este libro llamaremos, por contraste con los modos tradi cionales, la gran hidráulica). En efecto, como veremos, el aumento espectacular de la regulación de los ríos y la expansión masiva de las aguas subterráneas tienen lugar también en esas déca das, y la disponibilidad del factor agua resulta decisi vamente condicionante en la dinámica del proceso. Sin perjuicio de que volveremos más adelante sobre estas cuestiones, pueden avanzarse ya dos hechos muy significativos: que el desarrollo de los aprovecha mientos hidráulicos en España es un fenómeno muy reciente (de hace escasas décadas) y de muy rápido progreso, y que estos altos ritmos de crecimiento pare cen haber remitido en los últimos años hacia tasas mucho más moderadas. 2.3.4.2. La población ocupada en el sector agrario Frecuentemente se esgrimen los aspectos sociales impli cados cuando se trata de valorar nuevas actuaciones públicas en materia de infraestructura hidráulica para la transformación en regadío. La tesis sostenida es la de la utilidad de estas transformaciones para conseguir resul tados sociales de mantenimiento demográfico, asenta miento de poblaciones, vertebración territorial, y, en definitiva, generación de empleo que haga sostenible la vida rural vinculada a la agricultura de regadío. Ante la evidente importancia sociopolítica de este planteamiento, es fundamental analizar, siquiera someramente, la cuestión, acotando su alcance real y sus posibilidades efectivas. Desde luego que la com plejidad del problema excede con mucho del alcance y objetivos de este documento, pero es posible ofrecer algunos datos básicos que centren el problema y ayu den a objetivar la necesaria reflexión. El gráfico de la figura 41 muestra la evolución abso luta y distribución porcentual de la población activa (es decir, el conjunto de personas mayores de 16 años que suministran mano de obra para la producción de bienes y servicios económicos, o están disponibles y hacen gestiones para incorporarse a esta producción), según los distintos sectores de actividad, y a partir de 43 Libro Blanco del Agua en España 44 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia Figura 40. Curvas hipsométricas y altitud de los regadíos en diferentes ámbitos de los Planes Hidrológicos TAJO 0 2 4 6 8 10 12 14 100 300 500 700 900 1100 1300 1500 1700 1900 2100 GUADIANA 0 2 4 6 8 10 12 14 100 300 500 700 900 1100 1300 1500 1700 1900 2100 GUADALQUIVIR 0 2 4 6 8 10 12 14 100 300 500 700 900 1100 1300 1500 1700 1900 2100 SUR 0 2 4 6 8 10 12 14 100 300 500 700 900 1100 1300 1500 1700 1900 2100 CORNISA CANTABRICA (Galicia-Costa, Norte I, II y III) 0 2 4 6 8 10 12 14 100 300 500 700 900 1100 1300 1500 1700 1900 2100 DUERO 0 2 4 6 8 10 12 14 100 300 500 700 900 1100 1300 1500 1700 1900 2100 EBRO 0 2 4 6 8 10 12 14 100 300 500 700 900 1100 1300 1500 1700 1900 2100 CUENCAS INTERNAS DE CATALUÑA 0 2 4 6 8 10 12 14 100 300 500 700 900 1100 1300 1500 1700 1900 2100 BALEARES 0 2 4 6 8 10 12 14 100 300 500 700 900 1100 1300 1500 1700 1900 2100 CANARIAS 0 2 4 6 8 10 12 14 100 300 500 700 900 1100 1300 1500 1700 1900 2100 SEGURA 0 2 4 6 8 10 12 14 100 300 500 700 900 1100 1300 1500 1700 1900 2100 JÚCAR 0 2 4 6 8 10 12 14 100 300 500 700 900 1100 1300 1500 1700 1900 2100 los datos de Censos de Población del INE (Olivera y Abellán [1997] pág. 336). El mismo gráfico representa también la evolución de la tasa general de actividad (activos respecto a pobla ción en edad activa [15-64 inclusive, y desde el año 1981 16- 64]), y de la tasa de actividad (activos res pecto a población total). El siguiente gráfico (de la misma fuente que el ante rior) muestra también el detalle de esta evolución relativa, pero desagregando ahora los activos por profesiones (fig. 42). Como se aprecia claramente en ambos gráficos, el des censo de la actividad agrícola y el auge de los servicios parece, desde luego, imparable. Salvo el sector de indus tria y construcción, de ciclo largo y situación básica mente estabilizada con máximo en la década de los setenta, todas las actividades presentan crecimientos permanentes y moderados, a costa de un continuo decre cimiento del sector agrario desde los años cincuenta. Sin comparar con otros sectores, y en términos abso lutos, la evolución temporal de la población activa agraria es la mostrada en el gráfico adjunto, en el que se incluye también la evolución de superficies de secano y regadío. El contraste entre ambas series resulta de interés, pues permite comprobar que el enorme desarrollo experimentado por los regadíos desde comienzos de siglo no ha tenido un claro correlato en el trabajo agrario. Más bien al contrario, cuando comienza la gran expansión de superficies regadas en los años 50, comienza a disminuir la población activa agraria. 45 Libro Blanco del Agua en España Figura 41. Evolución desde 1900 de la población activa por sectores de actividad 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100% 1900 1920 1940 1960 1981 1995 0 2 4 6 8 10 12 14 16 18 A ct iv os ( m il lo n es ) Comercio y servicios Industria y construcción Agricultura y pesca Activos (millones) Tasa general de actividad (%) Tasa de actividad (%) Figura 42. Evolución desde 1950 de la población activa por profesiones 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100% 1950 1960 1970 1981 1991 No clasificados Fuerzas Armadas Industria construc. Agricultura Hostel. servicios Comercio Administrativos Directivos Profesionales Entre las múltiples razones que explican este dato está el hecho de que mucha transformación en regadío procedía de secanos previos, en los que ya existía empleo agrario; la intensificación y especialización, que ha dado lugar con frecuencia a menos empleo por unidad de superficie productiva; la mecanización agraria y mejoras tecnoló gicas, que aparecen esos años y reducen sensiblemente la mano de obra en el campo, etc (fig. 43). Es preciso, no obstante, hacer notar que, en determina dos territorios, la disminución de población en las zonas de regadío ha sido claramente inferior a la producida en las zonas donde no lo había, por lo que estas observa ciones generales deben matizarse en cada caso concreto, ponderando adecuadamente las circunstancias locales. También resulta interesante observar lo sucedido no ya con la población activa, o dispuesta a trabajar, sino con la que realmente está trabajando. El siguiente grá fico muestra la evolución de la población ocupada (es decir, la fracción de los activos que durante el periodo de referencia han tenido un trabajo por cuenta ajena o propia) en el sector agrario en el periodo 1983-1997, según los Anuarios de Estadística Agraria (MAPA [1991] p.16; MAPA [1997] p.16), e informa muy expresivamente, como el gráfico anterior, sobre el intensísimo proceso de ajuste sufrido durante estos últimos años (fig. 44). Como puede verse, la ocupación se ha reducido, en apenas 10 años, a casi la mitad, y con una tasa de variación anual que viene siendo siempre negativa, con valores que oscilan entre el 1 y el 11%. Además de su gran descenso numérico, es también un hecho muy destacable el elevado nivel de envejeci 46 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia Figura 43. Evolución de la población activa agraria y de las superficies de secano y regadío 0 1 2 3 4 5 6 1890 1900 1910 1920 1930 1940 1950 1960 1970 1980 1990 2000 P ob la ci ón a ct iv a ag ra ri a (m il lo n es ) 0 4 8 12 16 20 24 Su p er fi ci es ( m il lo n es d e h as .) Activos Secano Regadío Figura 44. Evolución reciente y tasa de variación de los empleos ocupados en el sector agrario 0,9 1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5 1,6 1,7 1,8 1,9 2,0 1982 1984 1986 1988 1990 1992 1994 1996 1998 O cu p ad os ( m il lo n es ) 11 10 9 8 7 6 5 4 3 2 1 0 Ta sa d e v ar ia ci ón ( % ) Núm. de ocupados Tasa de variación miento de los empleados agrarios, con una media de 44 años, efecto especialmente intenso en los territo rios interiores y de mayor altitud, tal y como se obser va en el expresivo mapa de la figura 45, de envejeci miento de la población agraria (mayores de 64 años/total mano de obra familiar) en 1989, a escala municipal (DGPT [1995b] pag. 553). Cabe vaticinar, sin demasiado riesgo de equivocarse, que estas tendencias y proceso de ajuste continuarán en los próximos horizontes de la planificación hidrológica, y que, previsiblemente, a medio plazo la población agra ria ocupada no superará el medio millón de empleos. Además, y por las razones físicas, demográficas y eco nómicas ya apuntadas, este retroceso general a nivel nacional será probablemente más intenso en los territo rios de la España rural interior y septentrional. Pese al poco favorable panorama descrito, y a las graves incertidumbres de futuro, debe señalarse la relativamente elevada dependencia que aún se regis tra en buena parte del territorio español respecto del sector primario, y que no es, en definitiva, más que un reflejo de la tradicional vocación agraria de una parte apreciable de la estructura productiva de nues tro país. Este factor habrá de ser tenido muy en con sideración en el futuro próximo, habida cuenta de los previsibles efectos sociales y territoriales que cabe esperar de los fuertes procesos de ajuste que se ave cinan en dicho sector. Los detalles de estas magnitudes económicas se verán más adelante, cuando se examine la economía del agua desde el punto de vista sectorial, pero vale la pena apun tarlo aquí, dejando constancia de su importancia. 2.3.4.3. Conclusiones De forma general, y sin perjuicio de singularidades en algunos territorios especialmente productivos y com petitivos, parece poco verosímil que la actividad comercial vinculada a los mercados de productos agrarios sea capaz por sí misma, sin recurso a subven ciones, de generar el suficiente valor añadido para sos tener los niveles de población de las décadas anterio res, por lo que, si se desea moderar esta negativa situa ción, deberá recurrirse a una decidida y explícita inter vención pública. No obstante, y a la vista de las ten dencias y experiencias del pasado reciente, hay que apuntar que, lamentablemente, no existe garantía de que, aún con esa intervención pública, se consigan los objetivos apuntados. En efecto, es un hecho indudable que las generaciones jóvenes sólo estarán dispuestas a continuar en esta actividad si sus expectativas de renta no son clara mente inferiores a las que se les ofrecen en otras acti vidades. Ya en estos momentos más del 30% de la renta agraria procede de las subvenciones de la UE, con la erraticidad y precariedad que ello comporta, por lo que no existe la seguridad de que pueda reac 47 Libro Blanco del Agua en España Figura 45. Mapa de envejecimiento de la población agraria cionarse favorablemente ante coyunturas adversas fuera de estas relaciones de dependencia. Aún más, y como cuestión previa, habría que demos trar que de esa manera se satisfacen mejor los intere ses, tanto de los propios territorios afectados ante otras alternativas de desarrollo, como los generales de la economía nacional, cuestiones ambas que, conceptual y teóricamente, distan mucho de estar resueltas. 2.3.5. Industria En concordancia con la denominación de la legisla ción de aguas, que se refiere a usos industriales dife renciándolos de los energéticos, emplearemos este tér mino para referirnos a todos aquellos subsectores, dentro del gran sector de la actividad industrial, no específicamente dedicados a la producción de energía. Desde la óptica que nos interesa, este sector de activi dad supone una situación de concentración espacial de demandas de agua, cuyo correcto suministro -en can tidad y calidad- es de fundamental importancia para el mantenimiento de la actividad productiva. De igual modo, y según las actividades concretas que se reali cen, puede suponer un importante riesgo de contami nación de las aguas en estas áreas de concentración. Tras el desarrollo de los focos industriales tradicionales catalán y vasco -seguidos con retraso por el madrileño desde mediados del siglo XIX a mediados del XX, y en un contexto predominantemente rural, el tránsito de España hacia una sociedad urbano-industrial se produce básicamente desde el Plan de Estabilización (1959) hasta los años 70, con unas tasas de expansión muy ele vadas durante apenas dos décadas. La evolución de la actividad industrial en los años más recientes se ha caracterizado por una disminución de las tasas de expan sión anteriores, una creciente transnacionalización -cul minada con la integración europea- y una rápida mejora tecnológica. Todo ello ha forzado la reestructuración de numerosos sectores productivos y empresas, agotado algunos procesos acumulativos en las zonas de indus trialización tradicional, y desplazado ciertos segmentos de actividad a otros espacios periféricos (Méndez Gutiérrez del Valle [1990] p.13), pero sin que todo ello haya modificado sustancialmente las localización de las áreas económico-industriales dominantes del país. Así, en el último decenio la industria española ha man tenido, e incluso aumentado, el grado de concentración espacial, pues las 10 provincias más industrializadas aportan el 61% del Valor Añadido Bruto (VAB) indus trial, y sólo las cuatro más importantes -Barcelona, Madrid, Valencia y Vizcaya- representan el 43%. Cuatro ámbitos espaciales concentran actualmente el 73% del valor añadido industrial: el litoral mediterrá neo, desde Gerona a Murcia, que concentra el 37,8% del VAB; Madrid y su área de influencia axial -Toledo y Guadalajara- con el 13,5%; el litoral Cantábrico, desde Guipúzcoa hasta Asturias, con el 12,5%; y el valle del Ebro -Alava, Navarra, Rioja, Zaragoza y Lérida- con el 8,8%. En el siguiente nivel aparece el área de Sevilla-Cádiz Huelva y Málaga -5,4% del producto industrial-, que ya corresponde a territorios sin preponderancia indus trial y, en general, dominados por industrias de tecno logías maduras. El mapa adjunto, elaborado a partir de las estadísticas a escala municipal, muestra la distribución territorial de la actividad industrial, y permite apreciar visual mente las áreas comentadas (fig. 46). Es de destacar que los territorios mediterráneos y suratlánticos, afectados por limitaciones de recursos hídricos, concentran más del cuarenta por ciento de la actividad industrial española, y que en el período 1988-91 se detecta en ellos un crecimiento industrial ligeramente superior. Ello abunda en lo ya comentado en relación con los abastecimientos urbanos. Como previsión en el medio plazo, y dado el carácter relativamente autónomo respecto a decisiones políti cas-administrativas, parece posible afirmar que la con tinuidad de esta dinámica territorial cuenta con mayo res probabilidades que otras alternativas, que precisa rían, para ser aceptadas, de un marco de política eco nómica y regional muy diferente al actual y al previsi ble a corto plazo. 2.3.6. Energía Emplearemos el término de sector energético, en concordancia con la denominación de la legislación de aguas, para designar, dentro del gran grupo de la acti vidad industrial, a la específicamente dedicada a la producción de energía eléctrica. Dentro de este sector cabe diferenciar, a su vez, dos situaciones distintas: la de la producción de energía hidroeléctrica mediante la turbinación de caudales de agua aprovechando su energía potencial (hidroelectrici dad), y la de la utilización del agua para la refrigeración de centrales de producción térmicas (refrigeración). Por otra parte, ambos tipos de centrales se complementan en el suministro eléctrico: las centrales térmicas (conven cionales o nucleares) suelen tener gran potencia y fun cionamiento continuo, cubriendo la base de la curva de demanda, mientras que las hidroeléctricas, dada su enor me flexibilidad de operación, pueden adaptarse conti nuamente a las variaciones de demanda, asegurando estabilidad de frecuencia y potencia, y proporcionando la denominada carga rodante (grupos en funcionamien to a carga reducida, capaces de elevarla instantáneamen 48 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia te), para suplir los fallos que pudieran producirse en otras centrales del sistema. Es evidente que, dentro del gran sector de actividades industriales, el sector de la producción de energía eléc trica (o sector energético) tiene una importancia muy singular desde el punto de vista de los recursos hídri cos, ya que la componente hidroeléctrica de esta industria tiene, como se ha apuntado, la característica de necesitar un aporte masivo de agua, en cantidades no comparables al resto de la actividades industriales para las que el agua es un insumo más -y no el más importante- del proceso productivo. Además, este agua no es consumida sino que retorna íntegramente al sistema hidráulico tras su uso, lo que constituye también un rasgo peculiar dentro del gran sector de las actividades industriales demandantes de recursos hídricos. 2.3.6.1. Estructura sectorial de la producción eléctrica Dentro del sector eléctrico, la energía hidroeléctrica ha tenido durante décadas una contribución fundamental en el balance energético español, si bien ésta ha mos trado un comportamiento estacionario e incluso decre ciente desde mediados de los años 60 (en los que supo nía un 70-80% del total), atribuible tanto a la puesta en marcha de producción nuclear como, desde el año 80, a las desfavorables condiciones hidrológicas registradas en el país. Esta evolución se pone de manifiesto en el gráfico siguiente, de elaboración propia a partir de datos de UNESA (1998a), donde se recoge la estructu ra de la producción de energía eléctrica desde el año 1940 hasta la actualidad, expresada por los porcentajes de participación de sus distintos componentes básicos: hidráulico, térmico convencional y nuclear (fig. 47). El sector eléctrico suministra una parte importante de la energía final consumida en España, con una partici pación que ha ido evolucionando desde el 12,7% en 1973 hasta algo más del 18% en que se sitúa a partir de 1990, cifra que se mantiene prácticamente estable desde entonces (con datos de UNESA, en 1994 los productos petrolíferos aportaron el 68,9%; el gas, el 8,4% y el car bón, el 4,5%). En estos momentos, la aportación del sector al VABpm (Valor Añadido Bruto a precios de mercado) total español está en torno al 2,6%. Estas cifras básicas muestran, por tanto, que en la actualidad la hidroelectricidad aporta, dependiendo de los años, entre el 15% y el 25% de la producción eléc trica (mucho más en años de excelentes condiciones hidrológicas), lo que supone tan solo alrededor del 3% ó 3,5% de la energía final que se consume en España. Sin embargo, a los efectos que aquí interesan la hidro electricidad presenta dos importantes características que realzan, desde el punto de vista económico, su papel dentro del sector. En efecto, primero, constituye la principal fuente de energía limpia y renovable y, segundo, opera cubriendo las horas punta de la curva 49 Libro Blanco del Agua en España Figura 46. Mapa de distribución territorial de la actividad industrial de carga eléctrica, permitiendo un servicio continuado de calidad. Ambas circunstancias conducen a que, pese a su relativamente modesta contribución total al balance energético nacional, deba ser resaltarse su gran importancia desde el punto de vista energético. Finalmente, y como conclusión, en términos de VAB, su función de producción, más favorable que la del resto de las fuentes importantes, y sus mejores precios de venta permiten estimar la contribución del subsec tor hidroeléctrico en torno al 0,7% del total nacional. 2.3.6.2. Estructura territorial de la producción hidroeléctrica Desde el punto de vista de su distribución territorial, la producción hidroeléctrica se localiza muy desigual mente como consecuencia, claro está, de la disponibi lidad de recursos hidráulicos, y de las diferentes posi bilidades topográficas de los territorios para poder aprovechar la energía potencial del agua. El gráfico siguiente refleja en valores medios dicha estructura de participación, sobre la producción hidroeléctrica total, de las distintas cuencas españolas (fig. 48). Puede verse con claridad el dominio absoluto en cuan to a producción que tienen las cuencas cantábricas, Ebro, Duero y Tajo, y, a mucho menor escala la del Júcar. Frente a éstas, el resto (Guadiana, Guadalquivir, Sur, Segura y Cataluña) tienen una contribución hidro eléctrica absolutamente marginal, fruto tanto de sus peores condiciones naturales (caudales y relieve) como de su históricamente dominante vocación agrícola. Esto no es sino una expresión evidente de la distinta espe cialización territorial de las cuencas, y el resultado de desarrollar sus distintas potencialidades relativas. 50 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia Figura 47. Evolución desde 1940 de la estructura sectorial de la producción eléctrica 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 1940 1945 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 P or ce n ta je d e p ar ti ci p ac ió n e n la p ro d u cc ió n ( % ) Hidráulica Térmica Convencional Térmica Nuclear Figura 48. Participación de las cuencas hidrográficas en la producción hidroeléctrica total 0 5 10 15 20 25 30 35 C or n is a C an tá br ic a D u er o Ta jo G u ad ia n a G u ad al q . Su r Se gu ra Jú ca r E br o C at al u ñ a P ar ti ci p ac io n ( % ) Evidentemente, entre ambos sectores existe diferente grado de competencia por el uso del agua en las dis tintas cuencas en función de sus capacidades produc tivas y de los volúmenes de agua que pueden utilizar se. Así, en tanto que en el Duero y Ebro parece haber recursos para ambos usos, no sucede lo mismo en el Guadiana, Guadalquivir, Sur, Segura y Júcar, cuyos costes de oportunidad deberían ser analizados con el detalle oportuno, tal y como se esbozará más adelan te, al estudiar la economía sectorial del agua. En todo caso, y avanzando datos que se verán posteriormente con detalle, las diferencias territoriales existentes y los distintos perfiles productivos pueden verse en la figu ra 49, en la que se representa el porcentaje de partici pación de las distintas cuencas, sobre el total nacional, en las superficies y consumos de agua en regadío, las potencias hidroeléctricas instaladas y, como antes, la producción hidroeléctrica. Como se observa, en algunas cuencas es mayor la par ticipación en superficie que en consumo (Guadiana, Guadalquivir, Sur, Segura, Júcar, Cataluña y archipié lagos), mientras que en el resto sucede lo contrario. Análogamente, hay cuencas con mayor participación en producción hidroeléctrica que en potencia instalada (Cornisa Cantábrica, Duero y Ebro).). Esta diferencias de participación relativa se deben, en el caso del rega dío, a las diferencias en las necesidades hídricas de las alternativas de cultivos y en las eficiencias, mientras Figura 49. Participación relativa de las distintas cuencas en las superficies y consumos de agua en regadío, potencias instaladas, y producción hidroeléctrica Figura 50. Participación relativa de superficies de riego y potencias instaladas por cuencas hidrográficas 51 Libro Blanco del Agua en España 0 5 10 15 20 25 30 35 C O R N IS A C A N TA B R IC A D U E R O TA JO G U A D IA N A G U A D A L Q U IV IR SU R SE G U R A JU C A R E B R O C . I . C A TA L U Ñ A A R C H IP IE L A G O S P ar ti ci p ac ió n s ob re e l t ot al ( % ) Superficie regable Consumo de agua en regadío Potencia instalada Produccion hidroeléctrica 0 5 10 15 20 25 30 0 5 10 15 20 25 Superficie regable (%) P ot en ci a in st al ad a (% ) Archipiélagos Segura Guadiana Ebro C.I. Cataluña Duero Cornisa Cantábrica Tajo Júcar Guadalquivir Sur que las diferencias entre potencia instalada y produc ción se deben a los distintos equipamientos y horas de utilización de las centrales Si los porcentajes relativos de superficies y potencias instaladas de cada cuenca se representan en coordena das cartesianas se obtiene el gráfico de la figura 50, que permite apreciar, con mayor claridad si cabe, las distintas tipologías productivas. En efecto, como antes se apuntó, solo Ebro y Duero presentan cuantías relativamente importantes para ambos usos (del orden de más del 15% en ambos casos). Tajo y Júcar presentan también -aunque a menor escala- un importante aprovechamiento conjunto, mien tras que las cuencas cantábricas son netamente hidroe léctricas, y las del sur peninsular (Guadalquivir, Guadiana y Segura) netamente agrícolas. Sin perjuicio de que en capítulos posteriores volvamos sobre tales diferencias de orientación territorial, es conveniente retener ahora estos rasgos básicos, pues ayudan a entender la ya reiteradamente señalada com plejidad y diversidad de situaciones que ofrece nues tro país en materia de aprovechamientos de aguas. 2.4. MARCO INSTITUCIONAL Tras el somero examen de los marcos de referencia físi co (clima, geología, suelos, medio biótico… ) y socio económico (población, turismo, actividad industrial, energía… ), es oportuno exponer someramente algunos rasgos básicos del tercer gran pilar sobre el que se apoya la gestión y conforma la problemática de las aguas, que no es otro sino el de las condiciones organi zativas e institucionales, y ello referido tanto a las orga nizaciones y regulaciones propias como a las cada vez más importantes condiciones internacionales. Como en el caso del medio físico y el sustrato socioeco nómico, el marco institucional puede considerarse tam bién propiamente como una infraestructura, es decir, una condición previa que soporta y condiciona la gestión y utilización del agua. Más aún, a diferencia de lo que sucede con otros recursos naturales, mucho menos sometidos a estos condicionantes, es mediante las cons trucciones institucionales como, en gran medida, se eje cutan las políticas del agua, y estas construcciones insti tucionales desempeñan, como se verá, un papel particu larmente destacado en su desenvolvimiento. Bajo este epígrafe se procederá, pues, a describir sucintamente tales condicionamientos atendiendo en primer lugar a la configuración territorial del Estado y, como consecuencia, a las condiciones que esta con figuración comporta en cuanto a las aguas. Se conti nuará con los antecedentes históricos que han desem bocado en la regulación jurídica vigente, así como con los aspectos más significativos de esta regulación, apuntando brevemente algunas consideraciones sobre las organizaciones básicas en la gestión de las aguas. Se concluirá, finalmente, con algunas otras cuestiones puntuales que cabe resaltar. Se ha dicho y reiterado que el mundo del derecho impregna al del agua, lo penetra y lo configura. Por ello, como ya se ha dicho, nos limitaremos aquí a apuntar los rasgos básicos del contexto institucional actual, dejando algunas cuestiones específicas para su consideración posterior, junto con otros aspectos técnicos, y entrevera das con aquellos. De este modo las reflexiones jurídicas aparecen entremezcladas y quedan embebidas con otras consideraciones, atravesando todo el texto, y eludiendo la necesidad de un capítulo específico aislado y separa ble. Ello redunda en el carácter multifacético y poliédri co que debe presentar el estudio de las aguas, y que se desea dar a este documento. Asimismo, la exposición de la situación actual y las dificultades que se detectan en esta situación no requiere por ahora apuntar posibles soluciones o ideas para la actuación futura. Tales posibles ideas o solu ciones admiten por lo general orientaciones ideológi cas y políticas distintas, por lo que, como se indicó con carácter general, se reservan a otro capítulo de este Libro, en el que se exponen los fundamentos con ceptuales y actuaciones que se consideran convenien tes para el futuro. 2.4.1. La organización territorial y las Comunidades Autónomas Un elemento de la mayor importancia en la configura ción del actual marco institucional español es sin duda el de la nueva organización territorial resultante del Estado de las Autonomías. Esta organización ha planteado, como se verá, algunos nuevos problemas jurídicos en cuanto a las competen cias en materia de aguas, que serán examinados en otros epígrafes de este documento. Pero además de estos pro blemas específicos jurídicos, se ha planteado también, y acaso con mayor importancia pues es la que los pro picia, una importante cuestión de fondo sobre los lími tes de la soberanía, la territorialidad, la organización administrativa… cuestiones decisivas desde el punto de vista de la política y la autoridad hidráulica. El desarrollo legislativo y la adaptación, interpreta ción, y progresiva depuración del cuerpo legal, a la luz del texto constitucional, ha ido configurando una compleja realidad en la que tanto el Gobierno central 52 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia como el de las 17 Comunidades Autónomas y 2 Ciudades Autónomas disponen de importantes pode res y asumen responsabilidades compartidas y concu rrentes en materias ambientales y de gestión de recur sos, asuntos sobre los que también incide la compe tencia municipal. Las tablas 1 y 2, con datos de Tamames y Rueda (1997) p.897, muestran las principales características de las distintas Comunidades Autónomas (tanto desde el punto de vista de la población como de la actividad económica) en los años 1985 y 1995, lo que permite observar tanto su especialización relativa como su evolución reciente. Con objeto de proporcionar una primera imagen de la situación organizativa, las figuras adjuntas muestran con juntamente los ámbitos territoriales de las Comunidades Autónomas, junto con los de los distintos Planes Hidrológicos. En la figura 51, se distinguen los ámbitos de planes hidrológicos realizados por órganos de la Administración General del Estado, y los realizados por órganos de las comunidades autónomas. La figura 52 muestra conjuntamente ambos concep tos, pudiendo apreciarse claramente las superposicio nes y relaciones existentes. Todo ello (superposiciones de ámbitos, competencias concurrentes, heterogeneidad normativa…) ha supues to un cambio sustancial en la organización territorial político-administrativa, cuya incidencia sobre las aguas es decisiva, y ha planteado una especial problemática que como se verá, y pese a los esfuerzos normativos realizados, dista mucho de estar satisfactoriamente resuelta. 2.4.2. El Actual Marco Jurídico Tras apuntar la situación de organización territorial que configura nuestro actual ordenamiento político institucional, se procederá ahora a la somera descrip ción del marco jurídico global actual, dando cuenta de sus disposiciones básicas, y apuntando algunos pro blemas existentes. La complejidad y especificidad de las normas y regu laciones relativas a las aguas ha dado lugar a que pueda hablarse, con propiedad, de una disciplina dife renciada dentro de la ciencia jurídico-administrativa, con criterios, jurisprudencia y doctrina específica sobre los recursos hídricos y su aprovechamiento, y que se podría denominar Derecho de Aguas. Esta madurez y especificidad lleva consigo que los crite rios y normas que configuran y sobre las que se sus tenta la administración y gestión de las aguas en España sean muy numerosos y con gran diversidad de alcances y contenidos. Superficie Población Densidad de PIB por km2 PIB por habitante PIB por habitante población miles pts. 1985 miles pts. 1985 1995 1995 (hab/km2) (km2) (miles) 1985 1995 1985 1995 1985 1995 % var. Miles de Indice Acum. pts. España anual =100 Andalucía 87.218 7.056 77,3 80,9 39.760 64.373 519,3 795,7 3,3 1.335,9 80,8 Aragón 47.669 1.182 24,9 24,8 20.105 29.404 807,3 1.185,8 3,2 1.990,9 120,4 Asturias 10.565 1.082 105,7 102,4 73.626 94.045 707,1 918,3 2,2 1.541,7 93,2 Baleares 5.014 714 135,3 142,4 144.112 251.900 1.035,9 1.768,9 3,7 2.969,9 179,5 Canarias 7.273 1.523 201,6 209,4 134.860 243.930 683,9 1.164,9 4,0 1.955,7 118,2 Cantabria 5.289 527 98,7 99,6 70.339 99.138 714,1 994,9 2,7 1.670,4 101,0 Cast.-La Mancha 79.226 1.671 21,1 21,1 11.765 20.024 573,5 949,4 3,8 1.593,9 96,4 Castilla y León 74.147 2.543 27,4 34,3 17.856 33.546 666,2 978,1 2,9 1.642,1 99,3 Cataluña 31.930 6.106 187,5 191,2 168.465 260.682 904,9 1.363,2 3,3 2.288,6 138,4 Com. Valenciana 23.305 3.884 159,9 166,7 121.863 186.557 750,7 1.119,4 3,1 1.879,3 113,6 Extremadura 41.602 1.069 26,0 25,7 12.394 19.278 495,6 750,2 3,4 1.259,6 76,1 Galicia 29.434 2.717 96,5 92,3 55.648 86.724 601,1 939,5 3,3 1.577,3 95,4 Madrid 7.995 5.014 597,5 627,1 571.237 866.374 952,9 1.381,5 3,0 2.319,3 140,2 Murcia 11.317 1.068 88,5 94,4 53.867 85.261 607,9 903,5 3,0 1.516,8 91,7 Navarra 10.421 521 49,5 50,0 39.367 64.328 799,4 1.286,7 4,0 2.160,2 130,6 País Vasco 7.261 2.110 29,5 290,6 238.056 363.769 832,5 1.251,8 3,0 2.101,7 127,1 Rioja, La 5.034 263 51,5 52,2 40.948 67.772 788,3 1.297,2 3,6 2.177,9 131,7 Ceuta 18 67 3.611,1 3.722,2 -- -- -- -- -- 1.501,2 92,3 Melilla 12 60 4.333,3 5.000,0 -- -- -- -- -- 1.501,2 92,3 TOTAL ESPAÑA 504.750 39.178 75,9 77,6 55.055 732,6 1.035,9 3,5 1.654,1 100,0 Tabla 1. Algunos datos básicos de las Comunidades Autónomas (población) 53 Libro Blanco del Agua en España Nos ceñiremos aquí exclusivamente a los textos fun damentales sobre los que se asienta en la actualidad esta regulación, considerando como tales el texto constitucional, los Estatutos de Autonomía de las Comunidades Autónomas, la regulación estatal básica de carácter sectorial -Ley de Aguas de 1985 y los Reglamentos que la desarrollan-, la Ley de Aguas de Canarias de 1990, y diversas disposiciones sobre aguas dictadas por las Comunidades Autónomas. 2.4.2.1. Constitución Española Dentro del gran marco genérico normativo establecido por el texto constitucional, son varias las referencias relevantes a los efectos de la gestión y administración de las aguas. Entre ellas cabría resaltar las que se refieren a la fundamental cuestión competencial entre el Estado y las Comunidades Autónomas, tanto en aguas como en otros aspectos sectoriales, y las que se refieren a las actuaciones de los poderes públicos en relación con el agua. Figura 51. Mapas de ámbitos territoriales de las Comunidades Autónomas y de los Planes Hidrológicos 54 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia PIB % sobre Estructura del PIB (Total regional = 100) Total total 1995 nacional Agricultura y Industria Construcción Servicios (Mpts) 1995 Pesca 1985 1995 1985 1995 1985 1995 1985 1995 Andalucía 9.426.206 13,0 13,6 9,3 18,0 13,9 6,8 10,3 61,6 66,2 Aragón 2.353.227 3,2 8,8 6,9 32,0 27,5 5,2 7,5 54,0 57,9 Andalucía 9.426.206 13,0 13,6 9,3 18,0 13,9 6,8 10,3 61,6 66,2 Asturias 1.668.129 2,3 4,4 3,4 39,8 31,3 4,3 7,3 51,5 57,8 Baleares 2.120.497 2,9 2,6 1,4 11,0 7,8 6,5 6,5 79,9 84,1 Canarias 2.978.544 4,1 5,1 3,3 10,9 8,9 9,6 7,9 74,4 79,7 Cantabria 880.312 1,2 6,2 5,0 30,7 23,8 4,8 7,0 58,2 64,0 Cast. La Mancha 2.663.460 3,7 16,9 12,4 23,9 23,5 8,8 11,9 50,4 52,0 Cast. y León 4.175.935 5,7 12,6 10,7 27,2 24,6 6,3 8,3 53,9 56,2 Cataluña 13.974.433 19,2 2,5 1,8 34,1 28,2 4,3 7,1 59,1 62,8 Com. Valenciana 7.299.367 10,0 5,1 3,2 28,4 26,1 5,7 7,6 60,8 62,8 Extremadura 1.346.461 1,9 16,9 14,2 16,2 15,6 8,2 11,8 58,8 58,2 Galicia 4.285.610 5,9 11,4 7,7 23,8 20,2 7,4 11,7 57,4 60,2 Madrid 11.629.163 16,0 0,3 0,2 19,7 16,7 4,2 6,1 75,8 76,9 Murcia 1.619.968 2,2 11,9 8,6 23,8 20,4 7,0 9,9 57,3 61,0 Navarra 1.125.475 1,5 7,3 5,0 35,3 35,7 5,5 7,2 51,9 52,0 País Vasco 4.434.526 6,1 2,3 1,8 11,0 34,7 3,8 6,7 49,9 56,5 Rioja, La 572.777 0,8 12,4 11,8 29,7 28,8 5,4 6,7 52,5 52,5 Ceuta, Melilla 208.058 0,3 1,4 0,6 6,2 3,8 5,2 6,4 87,2 89,1 TOTAL ESPAÑA 72.762.148 100,0 6,4 4,7 26,5 22,1 5,6 8,1 61,5 65,0 Tabla 2. Algunos datos básicos de las Comunidades Autónomas (estructura del PIB) 2.4.2.1.1. La distribución competencial en materia de aguas El artículo 149.1.22ª de la Constitución reserva al Estado la competencia exclusiva en materia de legislación, orde nación y concesión de recursos y aprovechamientos hidráulicos cuando las aguas discurran por más de una Comunidad Autónoma, en tanto que, de acuerdo con lo previsto por el artículo 148.1.10ª, las Comunidades Autónomas pueden asumir competencias sobre los pro yectos, construcción y explotación de los aprovecha mientos hidráulicos, canales y regadíos de interés de la Comunidad Autónoma; las aguas minerales y termales. Así, de la propia Constitución parte un tratamiento dife rente de la competencia estatal y autonómica, pues en tanto el criterio de asunción de la competencia autonó mica relativa a los aprovechamientos, canales y regadí os es el del interés (art. 148.1.10), la competencia esta tal se rige por el criterio territorial (cuando las aguas discurran por más de una Comunidad Autónoma). En la franja intermedia que puede hallarse entre ambos preceptos ha sido posible que las Comunidades Autónomas asuman estatutariamente competencias más allá de lo previsto en el art. 148.1.10, pero siem pre con la limitación territorial que deriva de lo pre visto en el art. 149.1.22. En el marco de estos preceptos constitucionales, los Estatutos de Autonomía han recogido la competencia en materia de aguas del siguiente modo: • Aprovechamientos hidráulicos, canales y regadíos: Las Comunidades Autónomas que accedieron a la autonomía por la vía del artículo 151 de la Constitución asumieron en sus Estatutos la compe tencia exclusiva en materia de aprovechamientos hidráulicos, canales y regadíos cuando las aguas dis curran íntegramente dentro del territorio de la Comunidad Autónoma. Las Comunidades Autónomas que accedieron a la autonomía por la vía del artículo 143 de la Constitución, limitadas originalmente por el art. 148.1.10ª, asumieron la competencia en materia de proyectos, construcción y explotación de los aprove chamientos hidráulicos, canales y regadíos de inte rés de la Comunidad Autónoma, si bien todos los Estatutos añadieron una cláusula de territorialidad: cuando las aguas discurran íntegramente dentro del territorio de la Comunidad Autónoma. Posteriormente, la Ley Orgánica 9/1992, de 23 de diciembre, de transferencia de competencias a las Comunidades Autónomas que accedieron a la auto nomía por la vía del artículo 143 de la Constitución, transfirió a las Comunidades Autónomas de Asturias, Cantabria, La Rioja, Región de Murcia, Aragón, Castilla-La Mancha, Extremadura, Islas Baleares, Madrid y Castilla y León la competencia exclusiva en materia de ordenación y concesión de recursos y aprovechamientos hidráulicos cuando las aguas dis 55 Libro Blanco del Agua en España Figura 52. Mapa conjunto de ámbitos territoriales de las Comunidades Autónomas y de los Planes Hidrológicos curran íntegramente por el ámbito territorial de la Comunidad Autónoma, competencia recogida poste riormente en las reformas de todos los Estatutos de Autonomía de las Comunidades afectadas. Las Ciudades de Ceuta y Melilla han asumido única mente funciones ejecutivas sobre proyectos, construc ción y explotación de aprovechamientos hidráulicos. • Aguas minerales, termales y subterráneas Actualmente, todas las Comunidades Autónomas tienen competencia exclusiva sobre las aguas mine rales y termales. Sobre las aguas subterráneas, han asumido la compe tencia exclusiva las siguientes Comunidades Autónomas: País Vasco, Cataluña, Galicia, Andalucía, Comunidad Valenciana, Navarra, Murcia, Aragón, Castilla-La Mancha, Extremadura y Madrid. No obstante, en todos los textos de reforma de los Estatutos pendientes de aprobación en el Congreso, excepto el de Baleares (es decir, en los de Asturias, Cantabria, La Rioja, Extremadura y Castilla y León), también se recoge dicha competencia. Los Estatutos de Andalucía, Murcia, Castilla-La Mancha y Madrid, así como los textos pendientes de aprobación en el Congreso de los Estatutos de Cantabria y Extremadura, recogen una cláusula de territorialidad en relación con las aguas subterráne as cuando discurran íntegramente por el ámbito territorial de la Comunidad Autónoma. El Estatuto de Canarias se refiere a las aguas, en todas sus manifestaciones, incluyendo este concepto, tanto las aguas minerales y termales como las subterráneas. Este complejo entramado competencial ha sido cla rificado por la Ley de Aguas, especialmente tras su enjuiciamiento constitucional a través de la STC 227/88, que contiene determinaciones fundamenta les para delimitar las competencias estatales y auto nómicas en materia de aguas: • Solamente el Estado puede, por ley, demanializar las aguas continentales, como categoría de bienes natura les. En el FJ 14 de la Sentencia 227/88, el Tribunal se pronuncia sobre la relación entre la titularidad del dominio público y la competencia en materia de aguas: del art. 149.1.22 de la Constitución no se infiere expresamente que el legislador pueda incluir en el dominio público del Estado únicamente las aguas que discurran por más de una Comunidad Autóno ma, y tampoco se establece en ese precepto y en ningún otro de la Constitución y de los Estatutos de Autonomía que a las Comunidades Autónomas corresponda la potestad de demanializar o, en su caso, de ser titulares de las aguas continentales que discurran íntegramente por su territorio (...) tampo co es manifiesto que la potestad de demanializar y la titularidad de los bienes de dominio público constituyan una atribución implícita o inherente a las competencias que las Comunidades Autónomas han asumido sobre los aprovechamientos hidráuli cos (...) Muy al contrario (...) con base en el texto de la Constitución y de los Estatutos de Autonomía, las normas que distribuyen competencias entre el Esta do y las Comunidades Autónomas sobre bienes de dominio público no prejuzgan necesariamente que la titularidad de los mismos corresponda a éste o a aquéllas (...) son, en principio, separables la propie dad publica de un bien y el ejercicio de competen cias públicas que lo utilizan como soporte natural. La Constitución ha dispuesto así, que algunos de los tipos de bienes que doctrinalmente se han definido como pertenecientes al demanio 'natural' formen parte del dominio público del Estado. Sin embargo, con un criterio flexible, no ha pretendido agotar la lista o enu meración de los géneros de bienes que, asimismo, en virtud de sus caracteres naturales, pueden integrarse en el demanio estatal (...) pero sí ha querido explícita mente reservar a la Ley, y precisamente a la Ley esta tal, la potestad de completar esa enumeración. ...corresponde al legislador estatal en exclusiva la potestad para excluir genéricamente del tráfico jurí dico privado las aguas continentales, consideradas como un género de bienes naturales o un recurso natural unitario, y para integrarlas en el dominio público del Estado. • El criterio de delimitación de competencias utiliza do por la Ley de Aguas, basado en el concepto de cuenca, resulta conforme con la Constitución: El criterio de la cuenca hidrográfica como unidad de gestión permite una administración equilibrada de los recursos hidráulicos que la integran, en atención al conjunto de intereses afectados que, cuando la cuen ca se extiende al territorio de más de una Comunidad Autónoma, son manifiestamente supracomunitarios (...) Es claro también que las aguas de una misma cuenca forman un conjunto integrado que debe ser gestionado de forma homogénea (...) Para delimitar las competencias exclusivas del Estado, la norma constitucional permite referirse al conjunto integrado de las aguas de cada cuenca que, a través de corrien tes principales y subalternas, trasvasan los confines del territorio de una Comunidad Autónoma (FJ 15). • En cuanto a las aguas subterráneas, el Tribunal aplica también el criterio de cuenca hidrográfica: no es posible ignorar que las aguas subterráneas renovables tienen una relación directa de conexión o comunicación recíproca con los cursos de aguas 56 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia superficiales y que, en el caso de las llamadas aguas subálveas o en el de algunas corrientes que en ciertos tramos desaparecen de la superficie, for man parte inescindible de esos mismos cursos. En consecuencia, tales flujos o corrientes de aguas subterráneas, en la medida en que convergen en la red de cauces de una cuenca hidrográfica, (...) per tenecen a dicha cuenca y se integran así, a través de la misma, en el ciclo hidrológico. (FJ 16). • A partir de ahí se construye la distinción entre cuen cas intercomunitarias y cuencas intracomunitarias, estas últimas objeto de la competencia autonómica si así la han asumido en sus Estatutos-, que com prende la facultad de legislar sobre los aprovecha mientos de las aguas públicas en las cuencas intra comunitarias, con las únicas salvedades que deriven de otros títulos competenciales del Estado, como son los referidos a la legislación básica sobre con tratos y concesiones administrativas y sobre el medio ambiente o a las bases del régimen minero y energético (art. 149.1.18ª, 23ª, y 25ª de la Consti tución), entre otros. Con estas excepciones, procede declarar que, en estas Comunidades Autónomas y en relación con las cuencas intracomunitarias, la legis lación del Estado sobre el aprovechamiento de las aguas públicas sólo puede tener carácter supletorio del derecho propio de las mismas. Por el contrario, en los demás casos, el Estado puede regular el uso y aprovechamiento de las aguas continentales, siem pre que se salvaguarden las competencias asumidas por las Comunidades Autóno-mas en materia de pro yectos, construcción y explotación de los aprovecha mientos hidráulicos, canales y regadíos de su inte rés, así como las demás que ostenten sobre materias conexas, cuando haya de darse prioridad a otros títu los competenciales (FJ 23). Un caso singular es el de la Confederación Hidrográfica del Sur, adminis tración dependiente del Ministerio de Medio Ambiente, y cuyas cuencas hidrográficas se encuen tran íntegramente en el ámbito de la comunidad de Andalucía, con la peculiariedad de la rambla de Canales, excluida de su ámbito territorial por el R.D. 650/1987. • En cuanto al alcance de los conceptos de recursos y aprovechamientos hidráulicos, el Tribunal Constitu cional indica que si el Estado ha asumido la titulari dad de las aguas continentales públicas, es lógico que haya de corresponderle también la potestad de protección del demanio hídrico, con el fin de asegu rar la integridad de aquella titularidad sobre todos los bienes que la componen, en aplicación y desa rrollo de los principios establecidos en el artículo 132 de la Constitución (FJ 18). Este criterio resulta pues aplicable tanto a las cuencas intercomunitarias como intracomunitarias. En estas últimas, corresponde a las Comunidades Autónomas, en virtud de su competencia sobre los aprovechamientos, todo lo relativo al régimen de uti lización de las aguas, incluyendo la policía demanial. Posteriormente, la STC 161/96 ha perfilado algo más la cuestión, confirmando el principio de gestión unita ria de la administración del agua por cuencas hidro gráficas, y destacando la participación de las Comunidades Autónomas en la misma: El modo más directo que tiene la Comunidad Autónoma para incidir en los intereses afectados por la administración de las aguas en las cuencas que (...) se extienden más allá de su territorio, es median te su participación en los órganos de gobierno de las correspondientes Confederaciones Hidrográficas, en los términos previstos por la legislación estatal (...), respetando siempre el marco constitucional, que incluye como principio esencial el principio de colaboración entre el Estado y las Comunidades Autónomas (...) Las actuaciones que pueda llevar a cabo directamente cada una de las Administraciones autonómicas sobre las aguas de las cuencas hidro gráficas que discurren por varias Comunidades Autónomas no son más que complemento de la que desarrollan participando en la dirección y gestión de la propia Confederación Hidrográfica y sólo son factibles en la medida en que no interfiera la actua ción de ésta ni la perturbe. El esquema resultante de reparto competencial ha sido objeto de estudio y de crítica por la doctrina, con valo ración no siempre favorable (v., p.e., Martín-Retortillo [1992]; Moreu Ballonga [1990]). Por otra parte, cabe señalar que los artículos 137 y 140 CE recogen la garantía constitucional de la autonomía local, lo que, aún sin referencia específica al agua, alude al necesario respeto otorgado constitucional mente al núcleo de intereses propios locales, dentro de los que se incluyen algunos aspectos relacionados con este recurso. 2.4.2.1.2. La distribución de otras competencias La descripción de los criterios específicos que rigen la distribución competencial en materia de aguas -en los que, como ya ha quedado expuesto, resulta decisivo el concepto de cuenca hidrográfica-, resultaría incompleto sin reseñar que, al propio tiempo, las aguas constituyen también el soporte físico de una pluralidad de activida des en las que tanto el Estado como las Comunidades Autónomas poseen competencias sectoriales. 57 Libro Blanco del Agua en España La concurrencia en el mismo espacio físico de com petencias de distintas Administraciones Públicas con distinto objeto jurídico es un fenómeno habitual en distintos ámbitos y se refleja también en la STC 227/1988, que en su FJ 14 afirma que ...las normas que distribuyen competencias entre el Estado y las Comunidades Autónomas sobre bienes de dominio público no prejuzgan necesariamente que la titularidad de los mismos corresponda a éste o a aquéllas, y que son, en principio, separables la propiedad pública de un bien y el ejercicio de competencias públicas que lo utilizan como soporte natural. La articulación de este fenómeno de concurrencia, en las aguas continentales, es vista así por el Tribunal Constitucional: “La proyección sobre un mismo medio físico o recurso natural de títulos competenciales distintos en favor del Estado o de las Comunidades Autónomas impone la colaboración entre ambas Administraciones; colaboración que «resulta imprescindible para el buen funcionamiento del Estado de las Autonomías» (...) Más aún, este entre cruzamiento de competencias obliga, como queda dicho, a la coordinación entre las Administraciones implicadas, según se declara también en aquella Sentencia; coordinación que corresponde al Estado en la medida en que resulten afectados los objetivos de la planificación económica. Sentado esto, proce de afirmar también que ni la competencia en mate ria de coordinación ni la competencia sobre las bases de la planificación autorizan al Estado para atraer hacia su órbita de actividad cualquier compe tencia de las Comunidades Autónomas por el mero hecho de que su ejercicio pueda incidir en el desa rrollo de las competencias estatales sobre determi nadas materias. La coordinación no supone «una sustracción o menoscabo de las competencias de las entidades sometidas a la misma: antes bien, presu pone, lógicamente, la titularidad de las competen cias en favor de la entidad coordinada» (STC 27/1987, de 27 de febrero); por lo que no puede ser vir de instrumento para asumir competencias auto nómicas, ni siquiera respecto de una parte del obje to material sobre el que recaen. La coordinación de los planes hidrológicos de cuen ca que corresponde elaborar a la Administración del Estado o a Organismos de ella dependientes con las diferentes planificaciones que les afecten ha de rea lizarse primordialmente a través del procedimiento de elaboración de aquéllos, como dispone el art. 38.4 de la propia Ley de Aguas; a cuyo efecto, resul ta necesaria la participación de las Comunidades Autónomas que la Ley regula. Pero, sin perjuicio de esta participación, la Administración del Estado no puede establecer unilateralmente en los planes hidrológicos cualesquiera prescripciones vinculan tes para la planificación urbanística u otras actua ciones públicas de competencia autonómica en vir tud de una genérica potestad de coordinación, sino tan sólo en la medida en que cuente con un título competencial específico para ello . (FJ 20.e) En este marco, se resume a continuación el sistema de distribución de competencias en aquellas materias que presentan una incidencia más clara en el sistema de gestión de las aguas continentales. 2.4.2.1.2.1. Medio ambiente y vertidos De acuerdo con lo dispuesto por el los arts. 148.1.9ª y 149.1.23ª de la Constitución y por los Estatutos de Autonomía, corresponde al Estado dictar la legisla ción básica en materia de protección del medio ambiente y a las Comunidades Autónomas la compe tencia de desarrollo legislativo y ejecución, así como la facultad de dictar normas adicionales de protección. La STC 227/88 aborda este ámbito particularmente en los FFJJ 25 a 27, de los que cabe destacar los siguien tes pronunciamientos: • La Ley se limita, en términos generales, a estable cer algunas prescripciones de principio, con el fin de garantizar la calidad de las aguas continentales y de su entorno, sin merma de la competencia de las Comunidades Autónomas para desarrollar o com plementar aquellas normas generales y para ejecu tarlas en el ámbito de sus competencias administra tivas sobre el dominio público hidráulico. Tales prescripciones encuentran fácil encaje en la legisla ción básica sobre protección del medio ambiente, que al Estado corresponde dictar ex art. 149.1.23. de la Constitución, por lo que no pueden reputarse inconstitucionales los arts. 85, 89.d) y 91. • Dentro de este repertorio de medidas protectoras de la calidad de las aguas, destaca la facultad que el art. 88.1 atribuye al Gobierno para establecer alrededor de los lechos de lagos, embalses y lagunas un área de protección en la que se condicionará el uso del suelo y las actividades que se desarrollen. Es ésta una com petencia de ejecución que no encuentra respaldo en el art. 149.1.23, de la Constitución, ni tampoco en el art. 149.1.22, cuando se trate de aguas que discurran ínte gramente por una Comunidad Autónoma. De ahí que esta atribución no pueda corresponder al Gobierno en relación con las aguas o lechos intracomunitarios. Por otra parte, cuando se ejerza respecto de lagos, lagunas o embalses en cuencas intercomunitarias, la decisión gubernativa puede incidir en el ejercicio de 58 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia las competencias autonómicas sobre ordenación del territorio. La competencia del Estado sobre la orde nación de recursos y aprovechamientos hidráulicos en estas aguas no justifica una interferencia semejante en la esfera competencial de las Comunidades Autónomas, máxime con el grado de indefinición que, en cuanto al condicionamiento del uso del suelo y de las actividades en aquellas áreas, se deriva del art. 88.1. • Ya se ha señalado que no es inconstitucional el art. 6 de la Ley de Aguas, que sujeta las márgenes de los cauces públicos a una zona de policía de 100 metros, dado que puede considerarse como una norma gene ral básica de protección del medio ambiente. El art. 88.3 extiende esta zona de policía a las márgenes de lagos, lagunas y embalses, por lo que merece la misma calificación. También se ha expuesto que, respecto de tales zonas, los planes hidrológicos de cuenca podrían establecer una regulación, asimismo, básica de protección medioambiental. Ahora bien, atribuir, además, al Gobierno la potestad, de impre cisos límites, que le confiere el art. 88.1 supone una extralimitación competencial, en detrimento de las potestades que todas las Comunidades Autónomas han asumido sobre la ordenación del territorio y la gestión del medio ambiente. Similar consideración recibe la regulación de los verti dos, en la que es posible constatar cómo se produce el entrecruzamiento entre los títulos competenciales rela tivos a la protección del medio ambiente y a las aguas: • El Capítulo segundo del Título V (arts. 92 a 100) incluye determinadas normas sobre los vertidos en aguas continentales que afectan a la policía dema nial, pero que tienen el carácter de normas básicas de protección del medio ambiente, cuya legitimidad deriva de lo dispuesto en el art. 149.1.23 de la Constitución. No obstante, algunos de los preceptos impugnados atribuyen potestades de ejecución. Las que asignan estas potestades a los Organismos de cuenca (arts. 96 y 99) no son inconstitucionales, habida cuenta de que las mismas se entienden con feridas a las Administraciones hidráulicas de las Comunidades Autónomas con competencia general en materia de aprovechamientos hidráulicos respec to de las aguas que discurren íntegramente por su territorio (Disposición adicional cuarta de la Ley) En cambio, las competencias de ejecución que se atribuyen al Gobierno (arts. 95, párrafo segundo, 96 in fine y 98) corresponden a aquellas Comunidades Autónomas respecto de las aguas intracomunitarias, y solo podrán ser ejercidas por el Estado, como expresamente dispone el art. 98, cuando puedan considerarse incluidas en el ámbito de las compe tencias del ejecutivo estatal, de acuerdo con lo dis puesto en el art, 149.1.22 de la Constitución. 2.4.2.1.2.2. Agricultura En el marco del artículo 148.1.7ª de la Constitución, las Comunidades Autónomas han asumido la compe tencia exclusiva en materia de agricultura, de acuerdo con la ordenación general de la economía. Directamente entroncada con la competencia asumida por las Comunidades Autónomas en materia de rega díos de interés autonómico, corresponde a éstas la programación y ejecución de las obras hidráulicas de transformación en regadío en las cuencas intracomu nitarias, si bien cabe la posibilidad de intervención estatal cuando la obra sea calificada de interés general (artículo 149.1.24 de la Constitución), ya que esta competencia, como recuerda la propia STC 227/88, no se basa en el criterio territorial. Si se trata de cuencas intercomunitarias, los proyectos autonómicos se incluirán en los planes de cuenca cuya aprobación corresponde al Gobierno (arts. 38.5 y 39.1 de la Ley de Aguas). En este caso, corresponde al Estado la aprobación de las obras que sean indispen sables o accesorias al ejercicio de la competencia de protección y aprovechamiento de los recursos hidroló gicos que le corresponde ordenar, es decir, las obras hidráulicas necesarias para la puesta en regadío de nuevos terrenos, o para el otorgamiento de nuevas concesiones para riegos. Así, entre las determinacio nes obligatorias a incluir en los planes de cuenca, el artículo 40 f) de la Ley de Aguas incluye las normas básicas sobre mejoras y transformaciones en regadío, que la STC 227/88 justifica porque en cuanto disposi ción básica encaja en la competencia estatal sobre bases y coordinación de la planificación económica, siempre que las normas a que alude el precepto legal se propongan estrictamente el logro de un mejor o más racional aprovechamiento de las aguas continentales, como recurso económico esencial y no se extiendan a otras prescripciones sobre la política agrícola. Con el valor que les ha otorgado la jurisprudencia constitucional, hay que mencionar los Reales Decretos de traspasos en materia de abastecimientos, sanea mientos, encauzamientos, defensa de márgenes y rega díos, por los que se traspasan a las Comunidades Autónomas las funciones relativas a la programación, aprobación y tramitación, hasta el abono de las certifi caciones, de las inversiones en las obras de su interés en materia de regadíos, añadiendo que podrán enco mendar la realización de estudios, redacción de pro yectos y ejecución de las obras a las Confederaciones Hidrográficas, y especificando que los regadíos debe 59 Libro Blanco del Agua en España rán cumplir las normas básicas sobre la adopción de sistemas de riegos y las orientaciones productivas que deban fomentarse en el marco de la planificación general de los regadíos, la ordenación general de la economía y la regulación de los recursos básicos de la economía nacional. 2.4.2.1.2.3. Pesca fluvial De acuerdo con la previsión contenida en el artículo 148.1.11 de la Constitución, las Comunidades Autónomas han asumido la competencia exclusiva en materia de pesca fluvial. Tratándose de una competen cia exclusiva sobre una actividad desarrollada necesa riamente en las propias cuencas fluviales, la compleja integración de los dos títulos competenciales ha sido objeto de atención por el Tribunal Constitucional, que, entre otras en la STC 15/98, FFJJ 3 y 4, desarrolla así el planteamiento general desde el que debe abordarse esta concurrencia: • El entrecruzamiento y la eventual colisión entre estos títulos competenciales obedece a su proyec ción sobre un mismo espacio o realidad física: el constituido por las cuencas fluviales supracomunita rias. En ellas vive la fauna piscícola objeto de la pesca, y en ellas ejercen sus competencias los Organismos de cuenca, con arreglo a lo dispuesto en la Ley de Aguas (...) la atribución de una competen cia sobre un ámbito físico determinado no impide necesariamente que se ejerzan otras competencias en ese espacio, siempre que ambas tengan distinto objeto jurídico, y que el ejercicio de las competen cias autonómicas no interfieren o perturben el ejer cicio de las estatales, por lo que, frecuentemente, resultará imprescindible el establecimiento de meca nismos de colaboración que permitan la necesaria coordinación y cooperación entre las Administra ciones Públicas implicadas (...). En definitiva, la concurrencia competencial no puede resolverse en términos de exclusión sino que ha de acudirse a un expediente de acomodación e integración de los títulos competenciales-estatal y autonómico que convergen sobre un mismo espacio y que, por ello mismo, están llamados a cohonestarse. • Recordando la doctrina recogida en las SSTC 243/93 y 161/96, añade que el único medio de garantizar el ejercicio de la competencia autonómica sobre pesca fluvial y los ecosistemas en los que ésta se desarrolla estriba en que la intervención autonómica en el pro cedimiento de otorgamiento de concesiones de apro vechamientos hidroeléctricos preceda al acto de otor gamiento (...) en orden a asegurar que los aprovecha mientos de agua no pongan en peligro la riqueza pis cícola y los ecosistemas en que se desarrolla. • La importancia que revisten fórmulas de colabora ción como las anteriormente descritas, debe ser ahora especialmente subrayada, pues,en muchos casos, sólo a través de actuaciones conjuntas y coor dinadas -bien sea mediante fórmulas procedimenta les de intervención, bien mediante instrumentos de integración de políticas sectoriales, como el planea miento- será posible el ejercicio de la competencia autonómica sobre la pesca fluvial sin menoscabo de las competencias concurrentes del Estado y del prin cipio de unidad en la ordenación y gestión del agua en el ámbito de la cuenca. 2.4.2.1.2.4. Deporte y ocio En virtud de lo establecido por el artículo 148.1.19 de la Constitución, que posibilita la asunción competen cial en relación con la Promoción del deporte y ade cuada utilización del ocio, todas las Comunidades Autónomas han asumido la competencia exclusiva sobre esta materia. En materia de deportes las actividades que entrarían en relación con la materia de recursos hidráulicos se referirán a las actividades deportivas que se puedan realizar en los ríos, embalses, etc. De la misma manera, estarían relacionadas con la com petencia de recursos hidráulicos las instalaciones deportivas o para la práctica de deportes en los mismos. 2.4.2.1.2.5. Energía El art. 149.1.22 de la Constitución reserva al Estado la competencia exclusiva en materia de Autorización de instalaciones eléctricas cuando su aprovechamiento afecte a otra Comunidad Autónoma o el transporte de energía salga de su ámbito territorial, y el art. 149.1.25, las Bases del régimen minero y energético. Las Comunidades Autónomas en sus Estatutos han asumido: • Competencia exclusiva sobre instalaciones de pro ducción, distribución y transporte de energía cuando el aprovechamiento no afecte a otra Comunidad Autónoma o el transporte no salga de su territorio. • Competencia de desarrollo legislativo y ejecución en materia de energía. En los dos ámbitos se encuentran referencias a la ener gía, dentro de la que se incluiría la energía hidroeléctri ca. La traslación práctica del precepto constitucional sobre competencia exclusiva del Estado vendría a ser la de los dos factores determinantes de tal competencia: el límite de 50 MW (tratamiento especial según la nueva Ley del Sector Eléctrico), y que la central de generación esté ubicada en una sola Comunidad Autónoma. 60 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia Estarían relacionadas con las competencias en mate ria de aguas las instalaciones de producción de ener gía hidroeléctrica cuando no afectasen a otra Comunidad Autónoma, que entrarían en el ámbito de la competencia autonómica. 2.4.2.1.2.6. Protección Civil En el ámbito de la protección civil, la Administración del Estado, las Comunidades Autónomas y las Corporaciones Locales intervienen en relación con sus respectivos ámbitos territoriales. El Estado y las Comunidades Autónomas ejercen en esta materia sus respectivas competencias, en el marco configurado por la Ley 2/1985, de 21 de Enero de Protección Civil y de la interpretación contenida en la jurisprudencia constitucional (SSTC 123/84 y 133/90). La ordenación de las actuaciones que se deben lle var a cabo se estructura a través de los correspon dientes Planes. La elaboración de estos Planes se realiza en el marco de las directrices esenciales que establece la Norma Básica de Protección Civil. En relación con la materia recursos hidráulicos, hay que tener en cuenta que el contenido de los Planes Hidrológicos debe comprender los criterios sobre estudios, actuaciones y obras para prevenir y evitar los daños debidos a inundaciones, avenidas y otros fenó menos hidráulicos. Las medidas que se puedan establecer y contener en el Plan Hidrológico exigen una actuación que debería tener en cuenta las competencias estatales y autonó micas en la materia de protección civil, e incluso las adecuaciones para realizar los supuestos en que se produzcan daños o catástrofes, las intervenciones de las respectivas Administraciones. Así lo confirma la STC 227/88: la obligatoria inclusión en los Planes hidrológicos de los criterios sobre estu dios, actuaciones y obras para prevenir y evitar daños debidos a inundaciones, avenidas y otros fenómenos hidráulicos, es susceptible de ser reconducida a la mate ria de protección civil, y en tal sentido, si se entiende que tales criterios son simples prescripciones genéricas de coordinación y no suponen la previsión de actuacio nes y obras concretas, no puede estimarse que invada competencias autonómicas, pues constituyen una mani festación de la competencia general sobre seguridad pública que al Estado reserva el art. 149.1.29 de la Constitución, de acuerdo con lo ya declarado en nues tra STC 123/1984, de 18 de diciembre. 2.4.2.1.2.7. Sanidad La Constitución atribuye al Estado la competencia en materia de Bases y coordinación general de la Sanidad (art. 149.1.16), en tanto que, de acuerdo con el art. 148.1.21, relativo a la Sanidad e higiene, y los Estatutos de Autonomía, las Comunidades Autónomas en general han asumido competencia exclusiva en la materia de sanidad e higiene. Los diferentes ámbitos que pueden estar relaciona dos con la competencia en materia de recursos hidráulicos serían: • Calidad de las aguas desde el ámbito de las condi ciones sanitarias. • Condiciones de salubridad de las aguas. • Vertidos residuales y condiciones sanitarias. En este supuesto se debería tener en cuenta que desde el ámbito de la competencia en materia de salud pública son las Comunidades Autónomas quien disponen de los correspondientes títulos competenciales en la materia. Cabe recordar al respecto la STC 208/91, sobre con troles de calidad del agua potable: • ... los controles de que se trata aparecen claramente ordenados a la protección de la salud humana (...) lo que lleva a reconducir esta actividad, de tipo emi nentemente ejecutivo, (aplicación de criterios previos a supuestos concretos de toma de aguas superficia les) a la competencia relativa a la protección de la sanidad. (...) Ello significa que los controles de cali dad en las tomas de aguas superficiales (...) serán competencia de las autoridades de la Comunidad Autónoma, independientemente de que tales tomas superficiales correspondan a cuencas hidrográficas situadas en el territorio de la Comunidad o cuencas hidrográficas que se integren en varias Comunidades Autónomas (FJ 6). 2.4.2.1.3. El mandato básico a los poderes públicos Una referencia constitucional muy relevante, y que merece mención específica, es la del artículo 45.2, en el que se establece que los poderes públicos velarán por la utilización racional de todos los recursos natu rales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de la vida y defender y restaurar el medio ambiente, apo yándose en la indispensable solidaridad colectiva. A nuestros efectos, el mandato constitucional a los poderes públicos es pues el del uso racional del agua, lo que junto con el precepto del art. 128.1, por el que toda la riqueza del país en sus distintas formas, y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general, configura una importante dualidad concep tual (uso racional de los recursos y subordinación al interés general), a cuya luz, y con cuyo equilibrio, ha de contemplarse la cuestión de la utilización de las aguas en relación con el medio ambiente. 61 Libro Blanco del Agua en España En efecto, tal y como se vienen interpretando estos preceptos (v. STC 64/1982) y como ha mostrado Pérez Pérez (1997), el artículo 128.1 supone que no pueden sustraerse a la riqueza del país recursos económicos que el Estado considere de interés general, aduciendo otras finalidades como la protección del medio ambiente. Tal protección no es por tanto -como a veces se ha mantenido- un valor máximo, absoluto, al que deba someterse cualquier otra actuación pública, sino que debe ser ponderado y equilibrado por el mandato del uso racional de todos los recursos (tanto demania les como privados), armonizando la protección del medio con la explotación de los recursos económicos. Es importante recordar estos preceptos básicos, genéri cos si se quiere, cuando con frecuencia se discute, usual mente también en términos genéricos, sobre las limita ciones ambientales, la compatibilidad del desarrollo con la preservación o las prioridades de uso del agua. 2.4.2.2. Normativa básica autonómica Consideraremos bajo este epígrafe tanto los distintos Estatutos de Autonomía como la Ley Orgánica 9/1992 y los Decretos de Transferencias. 2.4.2.2.1. Estatutos de Autonomía El examen de los distintos Estatutos de Autonomía de las Comunidades Autónomas revela la inexistencia de un modelo conceptual general de la distribución com petencial en materia de aguas y sus cuestiones relacio nadas, concebido en aplicación de los preceptos gene rales constitucionales antes reseñados. El cúmulo de matizaciones y peculiaridades existente es tal que no solo no se percibe este modelo general, sino que se ha dado lugar a una amplísima proliferación normativa, sobre cuya integridad lógico-jurídica y cuya eficacia global para regular satisfactoriamente las aguas se han planteado muy serias dudas. Es curioso que los primeros Estatutos (correspondien tes a los tres territorios históricos, que tenían un techo competencial potencialmente mayor) recogen un con tenido casi idéntico, ajustado al tenor del art. 148.1.10 de la Constitución, en comparación con el cual desta ca la inclusión de las aguas subterráneas (junto a las minerales y termales) entre las materias de competen cias exclusiva. De este modo podría pensarse que la franja intermedia de materias existentes entre el 148 y 149 (y que podría ser asumida desde el primer momento por las Comunidades de régimen especial, pero no por las de régimen común) estaba constituida precisamente por las aguas subterráneas. En todo caso, llama la atención la separación entre éstas y las aguas superficiales, y la atribución en bloque de las subterráneas a la competencia autonómica, lo que podría llevar a sostener que las Comunidades tienen atribuciones sobre los recursos hidráulicos, puesto que al menos las aguas subterráneas les estarían asignadas. Posteriores sentencias del Tribunal Constitucional han sostenido que esta competencia se ceñiría a las aguas subterráneas no circulantes, lo que, en todo caso, y sin perjuicio de su validez jurídica, no parece ser una solución lógica ni técnicamente satisfactoria. El examen detallado de los preceptos estatutarios mos trará con mayor precisión las diferencias existentes, que, aunque con frecuencia son meramente nominales y no tan profundas como pudiera parecer a primera vista, justifican la afirmación hecha anteriormente en el sentido de que los Estatutos no han contribuido a esclarecer los problemas de delimitación competencial en cuestiones hidráulicas. Así, y aún a riesgo de resul tar demasiado prolija la exposición en un texto como éste, u omitir alguna modificación posterior, merece la pena reunir y enumerar los siguientes títulos compe tenciales estatutarios. 1.Competencia en materia de aprovechamientos hidráulicos cuando las aguas discurran íntegramente dentro del territorio de la Comunidad Autónoma: 1.1. Comunidades que han asumido la competen cia exclusiva: • Galicia (art. 27.12. E.A) • Asturias (art. 10.7 E.A.) • Andalucía (art. 13.12 E.A.) • Comunidad Valenciana (art. 31.16 E.A. y Ley Orgánica 12/1982, de 10 de agosto, de transferencias a la Comunidad Valenciana de competencias de titularidad estatal). • País Vasco (art. 10.11 E.A.) • Cataluña (art. 9.16.E.A.) • Navarra (art. 44.5. LORAFNA) • Canarias (art. 29.6 y 34.a.2 E.A.; Ley Orgánica 11/1982, de 10 de agosto, de trans ferencias complementarias para Canarias) con las siguientes peculiaridades resaltables: a) El Estatuto andaluz incluye, junto a la noción de aprovechamientos, la de recursos, en relación tam bién con las aguas intracomunitarias. b) Se atribuye la competencia sin perjuicio de lo dis puesto en el artículo 149.1.25 de la Constitución (País Vasco, Cataluña y Comunidad Valenciana) o en el artículo 149.1.22 de la Constitución (Galicia). c) El mismo día en que se aprobó el Estatuto de Autonomía canario se aprobó también la menciona da Ley Orgánica 11/1982 de transferencias comple 62 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia mentarias, con la consecuencia de que, en materia de aguas, el bloque de constitucionalidad está for mado en Canarias por la unión indisoluble de ambas normas. El art. 1 de esta Ley Orgánica trans firió a la Comunidad Autónoma Canaria la potestad legislativa en materia de aguas que no se encuentre constitucionalmente reservada al Estado, y distintas sentencias (STC 227/1988, STC 17/1990) han con firmado la constitucionalidad de esta transferencia. Fruto de esta singular capacidad normativa es la legislación de aguas específica canaria, a la que nos referiremos en su momento. 1.2. Comunidades Autónomas con competencia diferida: • Cantabria (art. 25.1.b. E.A.) • Región de Murcia (art. 13.1.e. E.A) • Castilla y León (art. 29.1.6. E.A) La redacción estatutaria difiere en dichos tex tos. Así, mientras que los Estatutos de Cantabria y Castilla y León incluyen la orde nación y concesión de aprovechamientos hidráulicos en aquellos cursos fluviales que discurran únicamente por la Comunidad Autónoma, el Estatuto de Murcia contempla la regulación de los aprovechamientos hidráu licos tradicionales dentro del respeto a los usos y costumbres propios de la región. 2. Competencia en materia de proyectos, construcción y explotación de los aprovechamientos hidráulicos, canales y regadíos de interés para la Comunidad Autónoma. La competencia exclusiva sobre dicha materia ha sido asumida por las Comunidades Autónomas que accedieron a la autonomía por la vía del art. 143 de la Constitución: • Principado de Asturias (art. 10.1.g. E.A.) • Cantabria (art. 22.8 E.A.) • La Rioja (art. 8.1.4 E.A.) • Región de Murcia (art. 10.1.g.E.A.) • Aragón (art. 35.1.11 E.A.) • Castilla-La Mancha (art. 31.1.g. E.A.) • Extremadura (art. 7.1.7 E.A.) • Islas Baleares (art. 10.6 E.A.) • Comunidad de Madrid (art. 26.8 E.A.) • Castilla y León (art. 26.1.7 E.A.) En cuanto al contenido, puede señalarse que : a) Los Estatutos de Aragón, Extremadura e Islas Baleares contienen una fórmula más amplia que los restantes textos estatutarios, al atribuir la ordenación de los aprovechamientos hidráulicos (Aragón y Extremadura) o el régimen de aguas y aprovechamientos hidráulicos (Islas Baleares). b) Todos ellos salvo los de Aragón, Castilla-La Mancha, Islas Baleares y Comunidad de Madrid, incluyen, junto con el criterio del interés, el del territorio como límite al ejercicio de la compe tencia autonómica, con fórmulas tales como cuando el cauce integral de las aguas se halle den tro del territorio de la Comunidad Autónoma o cuando las aguas discurran íntegramente dentro del territorio de la Comunidad Autónoma. 3. Competencia en materia de aguas subterráneas. 3.1. Comunidades Autónomas con competencia exclusiva: • País Vasco (art. 10.11 E.A.) • Cataluña (art. 9.16 E.A.) • Galicia (art. 27.14 E.A.) • Andalucía (art. 13.12 E.A.) • Comunidad Valenciana (art. 31.16 E.A.) • Aragón (art. 35.1.11 E.A.) • Canarias (art. 34.a.2 E.A. y Ley Orgánica 11/1982, de 10 de agosto, de trasferencias complementarias) • Navarra (art. 44.6 LORAFNA). • Extremadura (art. 7.1.7 E.A.) Los Estatutos del País Vasco, Cataluña, Comunidad Valenciana y Navarra establecen como límite de la competencia autonómica el artículo 149.1.25 de la Constitución (legislación básica del Estado sobre régimen minero y energético), mientras que el de Galicia la asume, como se indicó, sin perjui cio de lo dispuesto en el artículo 149.1.22 de la Constitución. 3.2. Comunidades Autónomas con competencia diferida: • Cantabria (art. 25.1.a E.A.) • Región de Murcia (art. 13.1.j. E.A.) • Castilla-La Mancha (art. 35.1.a. E.A.) • Castilla y León (art. 29.1.7 E.A.) 2.4.2.2.2. Ley Orgánica 9/1992 La Ley Orgánica 9/1992, de 23 de diciembre, regula las transferencias de Competencias a las Comunidades Autónomas que accedieron a la autonomía por la vía del artículo 143 CE. 63 Libro Blanco del Agua en España Esta Ley equipara sustancialmente las competencias de las Comunidades Autónomas del artículo 143 con las de aquellas cuyos Estatutos han sido elaborados de acuerdo con lo establecido en el artículo 151 de la Constitución, dado que en su artículo 2 transfiere a las Comunidades Autónomas de Asturias, Cantabria, La Rioja, Región de Murcia, Aragón, Castilla-La Mancha, Extremadura, Baleares, Madrid y Castilla León la competencia exclusiva sobre Ordenación y concesión de recursos y aprovechamientos hidráulicos cuando las aguas discurran íntegramente por el ámbi to territorial de la Comunidad Autónoma. Nótese que la aplicación generalizada de este princi pio daría lugar a que todas las Comunidades Autónomas costeras asumirían la competencia exclu siva en materia hidráulica de los pequeños cauces lito rales comprendidos íntegramente en su territorio, lo que, sin perjuicio de su constitucionalidad, contribui ría a aumentar la dispersión actual, complicaría aún más el mosaico territorial, y dificultaría -si no imposi bilitaría en la práctica- el objetivo de la gestión inte gral y unitaria de los recursos hídricos. 2.4.2.2.3. Decretos de transferencias Los Decretos de traspaso de servicios aprobados hasta ahora se limitan a reconocer a las Comunidades Autónomas determinadas competencias en materia de obras (concretamente, de abastecimiento, saneamiento, encauzamiento y defensa de márgenes), pero ninguna sobre recursos, de lo que se podría inferir que el art. 148.1.10 se entiende referido sólo a las obras. No obs tante, este argumento no es en absoluto decisivo, pues es conocida la reiterada doctrina del Tribunal Constitucional sobre el valor jurídico de los Decretos de Traspaso de servicios, que no atribuyen competencias sino que se limitan a extraer los resultados de la delimi tación ya realizada por la Constitución y los Estatutos. 2.4.2.3. Legislación de aguas Una vez someramente examinada la diversidad y com plejidad de la regulación competencial básica, nos referiremos bajo este epígrafe ya de forma específica tanto a la Ley de aguas estatal como a la Ley canaria, y a distintas disposiciones sectoriales promulgadas por las Comunidades Autónomas. 2.4.2.3.1. La Ley de Aguas de 1985 La Ley 29/1985, de 2 de Agosto, de Aguas, es el texto básico estatal regulador de la materia. De forma sucin ta, reseñaremos su estructura y principios básicos. El preámbulo de la Ley -que no es sino su declaración de intenciones o exposición de motivos- expone conceptos y define los fundamentos económicos, sociales y jurídicos que la inspiran. De entre ellos, puede destacarse: El agua es un recurso natural escaso, indispensable para la vida y para el ejercicio de la inmensa mayoría de las actividades económicas; es irremplazable, no ampliable por la mera voluntad del hombre, irregular en su forma de presentarse en el tiempo y en el espacio, fácilmente vulnerable y susceptible de usos sucesivos... …Esta disponibilidad debe lograrse sin degradar el medio ambiente en general, y el recurso en particular, minimizando los costes socio-económicos y con una equitativa asignación de las cargas generadas por el proceso, lo que exige una previa planificación hidro lógica y la existencia de unas instituciones adecuadas para la eficaz administración del recurso en el nuevo Estado de las Autonomías… …Todas estas peculiaridades, indiscutibles desde el punto de vista científico y recogidas en su doctrina por organismos e instancias internacionales, implican la necesidad de que los instrumentos jurídicos regulen, actualizadas las instituciones necesarias, sobre la base de la imprescindible planificación hidrológica y el reconocimiento, para el recurso, de una sola califica ción jurídica, como bien de dominio público estatal, a fin de garantizar en todo caso su tratamiento unitario, cualquiera que sea su origen inmediato, superficial o subterráneo …Se hace, pues, imprescindible una nueva legislación en la materia, que aproveche al máximo los indudables aciertos de la legislación precedente … pero que tenga muy en cuenta las transformaciones señaladas, y, de manera especial, la nueva configuración autonómica del Estado, para que el ejercicio de las competencias de las distintas Administraciones se produzca en el obligado marco de colaboración, de forma que se logre una utilización racional y una protección ade cuada del recurso. Todos estos fundamentos o fines de la ley se desarro llan en su articulado. Así, y en el Título preliminar, se recoge principalmente el objeto de la ley como la regulación del dominio público hidráulico, del uso del agua y del ejercicio de las competencias atribuidas al Estado en las materias relacionadas con dicho dominio en el marco de las competencias delimitadas en el art. 149 de la Constitución (art.1.1). También se resuelve el problema de la demanialidad de las aguas superficiales y subterráneas al declararse que las aguas continentales superficiales, así como las sub terráneas renovables, integradas todas ellas en el ciclo hidrológico, constituyen un recurso unitario, subordina 64 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia do al interés general, que forma parte del dominio públi co estatal como dominio público hidráulico (art. 1.2). En el Título I de la Ley se definen los elementos inte grantes del dominio público del Estado, en el que apa recen incluidas las aguas subterráneas. En el ordena miento jurídico anterior (Ley de Aguas de 1879) podí an coexistir aguas privadas (fundamentalmente aguas subterráneas) y aguas públicas. A partir de la entrada de la Ley de Aguas de 1985 todas las aguas son consi deradas como públicas, con las excepciones hechas en las Disposiciones Transitorias, orientadas a la preser vación de los derechos y situaciones jurídicas anterio res a la entrada en vigor de la Ley. El Título II, al hablar de los principios generales que deben regir la Administración pública del agua, estable ce las funciones que corresponden al Estado: la planifi cación hidrológica en todo caso, así como la realización de los planes de infraestructuras hidráulicas que forman parte de aquella (art. 3 y 15.a); la adopción de las medi das precisas para el cumplimiento de los acuerdos y convenios internacionales en materia de agua. (art. 15.b); el otorgamiento de concesiones en cuencas inter comunitarias (art.15.c); la tutela del dominio público hidráulico (art.15.d) y, por último, el otorgamiento de autorizaciones en las mismas cuencas, sin perjuicio de que su tramitación puede ser encomendada a las Comunidades Autónomas (art.15.d). El ejercicio de estas funciones se somete a los siguien tes principios (art. 13): unidad de gestión, tratamiento integral, economía del agua, desconcentración, descen tralización, coordinación, eficacia, y participación de los usuarios; respeto de la unidad de cuenca hidrográfi ca, de los sistemas hidráulicos y del ciclo hidrológico; compatibilidad de la gestión pública del agua con la ordenación del territorio, la conservación y protección del medio ambiente, y la restauración de la naturaleza. La Ley regula sólo las competencias del Estado, y dispone que en las cuencas hidrográficas que exce dan el ámbito territorial de una Comunidad Autónoma se constituirán Organismos de cuenca con las funciones y cometidos que se regulan en esta Ley (art. 19). Estos Organismos se denominan Confede raciones Hidrográficas y son entidades de derecho público con personalidad jurídica propia y distinta de la del Estado, adscritas a efectos administrativos al Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo (hoy al Ministerio de Medio Ambiente) y con plena autono mía funcional (art. 20.1). Reconociendo la unidad del ciclo hidrológico, se atribuye al Estado la titula ridad de las aguas superficiales y de las subterráneas renovables. El Estado tiene encomendada la planifi cación de este recurso, pero estas funciones se des centralizan en las Confederaciones. Se definen en este Título dos elementos importantes de la nueva organización de la Administración Pública del agua: las Confederaciones Hidrográficas mencionadas anteriormente y el Consejo Nacional del Agua. Hay que hacer notar que las nuevas Confederaciones Hidrográficas son en cierto modo sucesoras de aque llos organismos autónomos anteriores a 1959 (antes de la separación de funciones y la creación de las Comisarías de Aguas) en los que, bajo el nombre también de Confederación, realizaban funciones parecidas, con la importante excepción de la nueva figura del Presidente, con potestad de agotar con sus resoluciones la vía administrativa. Volveremos sobre esta organización más adelante, cuando se examinen los Organismos de cuenca y la Administración Hidráulica. El Título III trata sobre la planificación hidrológica, a la que nos referiremos extensamente en otros epígrafes de este Libro, y de la que apuntamos aquí únicamente que constituye una de las novedades más importantes intro ducidas por la Ley de 1985, pendiente aún de ser ple namente desarrollada y llevada a la práctica. El Título IV recoge la utilización del dominio público hidráulico, y en especial en su capítulo II, los usos comunes y privativos, donde se recogen los derechos al uso común de las aguas superficiales sin alterar la calidad y caudal de las aguas (art. 48.1 y 2), y se regu lan los usos privativos del recurso. Un sustrato fundamental para el diseño de la política del agua es, sin lugar a dudas, este régimen jurídico de los usos privativos, y muy especialmente de las concesio nes. Según el artículo 57.1, y siempre que su uso no esté incluido en el artículo 52 (aguas pluviales de su predio o subterráneas hasta 7.000 m3/año), todo uso privativo del agua requiere concesión administrativa, suprimiéndose la prescripción -admitida por la legislación anterior como posible forma de adquisición de este derecho. El legislador de 1985 ha previsto la utilización de las concesiones como instrumento económico de priori zación y racionalización del uso del recurso, y, conti nuando la tradición legislativa, considerando que en ningún caso constituye un derecho subjetivo inamovi ble. Así en el artículo 57.2, se dice que las concesio nes se otorgarán teniendo en cuenta la explotación racional conjunta de los recursos superficiales y sub terráneos, sin que el título concesional garantice la disponibilidad de los caudales concedidos. Además se establece una correspondencia muy clara entre concesiones y planificación hidrológica, dado que en el artículo 57.4 se dice que toda concesión se otorgará según las previsiones de los Planes Hidrológicos, con carácter temporal y plazo no supe rior a setenta y cinco años. Su otorgamiento será dis crecional, pero toda resolución será motivada y adop tada en función del interés público. También el artícu 65 Libro Blanco del Agua en España lo 58.1 da prioridad a la planificación señalando que …en las concesiones se observará, a efectos de su otorgamiento, el orden de preferencia que se establez ca en el Plan Hidrológico de la cuenca correspondien te, teniendo en cuenta las exigencias para la protección y conservación del recurso y su entorno. Además, se apunta que el procedimiento de otorgamiento de con cesiones debe respetarse el principio de competencia, pues expresamente se dice que El procedimiento ordi nario de otorgamiento de concesiones se ajustará a los principios de publicidad y tramitación en competen cia, prefiriéndose, en igualdad de condiciones, aqué llos que proyecten la más racional utilización del agua y una mejor protección de su entorno. El principio de competencia podrá eliminarse cuando se trata de abas tecimientos de agua a poblaciones. El régimen de utilización del dominio público hidráuli co puede calificarse, en definitiva, como continuación del definido en la anterior Ley de Aguas de 1879, de la que se respetan básicamente los principios fundamenta les cuyas raíces se remontan a comienzos del XIX, tal y como se verá al estudiar los antecedentes históricos y la actual situación de las concesiones de aguas. En el Título V se acentúa la preocupación en esta Ley por la calidad de las aguas, recogiendo gran parte de la dispersa normativa que sobre la misma existía, y que no formaba parte de la Ley de 1879. Se regula espe cialmente el régimen de vertidos y se sientan las bases para la reutilización de las aguas depuradas. En el Título VI se regula el régimen económico-finan ciero del dominio público hidráulico. Esta regulación, prácticamente tomada de disposiciones anteriores, mantiene la gratuidad básica del agua, y establece que la recaudación de cánones, tarifas de riegos y, en su caso, las tasas correspondientes, debe ser llevada a cabo por las nuevas Confederaciones, incorporando dicha recaudación a su presupuesto como los cánones de vertido y de ocupación del Dominio Público Hidráulico. Una cierta novedad en el espíritu de la nueva regulación es el planteamiento de recuperación de la inversión pública mediante los cánones y tarifas, procurando eliminar las subvenciones públicas a los beneficiarios de las obras hidráulicas. En el Título VII se regula el régimen de infracciones y sanciones así como la competencia de los Tribunales en dicha materia, recogiendo básicamente cuanto ya estaba establecido anteriormente. Por último, cabe señalar que en las disposiciones tran sitorias y adicionales se procura dar soluciones a los problemas que el cambio de normativa lleva consigo, especialmente al complejo y discutido asunto del régi men de las aguas que eran de titularidad privada a la entrada en vigor de la Ley. 2.4.2.3.2. La Ley de Aguas Canaria de 1990 La singularidad canaria en materia de derecho de aguas tiene, como cabía esperar, unos arraigados antecedentes históricos. En efecto, al incorporarse a la corona de Castilla, el sistema de repartimiento de aguas y tierras en las islas Canarias consistió en una entrega -que se verificaba en favor de los colonizadores- de tierras y aguas. Inicialmente el agua fue repartida con la tierra, pero posteriormente, al adquirir el agua cada vez mayor importancia por su creciente escasez, con el reparto del agua frecuentemente se añadía la estipulación …con la tierra que con la misma se pueda regar, terminándose finalmente en una absoluta separación de tierra y agua, que aún hoy perdura, y que diferencia a las islas del resto del Estado, donde estos antiguos regímenes de separación, existentes en diversos lugares, fueron supri midos hace ya muchos años. Así, y en definitiva, su singularidad hidrológica y su capacidad legislativa, ya comentada al referirnos a los Estatutos de Autonomía, han hecho que Canarias tenga un régimen jurídico específico en materia de aguas. La vigente Ley 12/1990, de 26 de julio (BOE de 18 de septiembre), deroga a la anterior Ley 10/1987, también de aguas, y que, continuando un régimen normativo que arranca singularmente en los años 50, sufrió en su trámite diversas incidencias y fue objeto de intensas polémicas jurídicas y políticas (v. p.e. Pérez Pérez, 1998). En estos momentos, y tras la entrada en vigor de la ley canaria, existe un sistema ciertamente complejo por el que el orden de prelación de normas que, en materia de aguas, rige en este archipiélago es el siguiente: 1. Los preceptos de la Ley estatal de aguas que sean de aplicación por definir el dominio público estatal o suponer una modificación o derogación de las disposiciones del Código Civil. 2. La ley 12/1990 de aguas en Canarias, y los regla mentos que la desarrollen. 3. La legislación de aguas del Estado, constituida por: a) La Ley estatal y los preceptos del Código Civil a que se remite dicha Ley de aguas, en tanto en cuan to no resulten derogados o modificados por ella. b) Los reglamentos de la Ley de aguas estatal. c) El Código civil. La Ley específica 12/1990 tiene por objeto la regulación de las aguas terrestres superficiales y subterráneas, cual quiera que sea su origen, natural o industrial, en las islas Canarias, así como el ejercicio de las competencias de la Comunidad Autónoma en las materias relacionadas con el dominio público hidráulico. Regula asimismo la Planificación Hidrológica, con figuras específicas en el ámbito de la Comunidad Autónoma Canaria (Titulo III, 66 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia arts. 29-49), y atribuye al Gobierno o Parlamento de Canarias la aprobación de los Planes Hidrológicos. El Gobierno de Canarias tiene competencia sobre la elaboración del Plan Hidráulico de Canarias, así como la aprobación definitiva de los Planes Hidrológicos Insulares, parciales y especiales, planes distintos a los previstos en la Ley estatal. Además, señala la Ley que corresponde a la Comunidad Autónoma de Canarias la ordenación y regulación de los recursos hidráulicos existentes en la misma con el fin de protegerlos, tanto en su calidad como en su disponibilidad presente y futura. 2.4.2.3.3. Disposiciones sobre aguas de las Comunidades Autónomas La diversidad de disposiciones sobre aguas dictadas por las Comunidades Autónomas es muy grande. Simplemente como muestra, se reseñan seguidamente algunas significativas, promulgadas en años próximos a la Ley de Aguas, y que permiten apreciar esta diversidad. 1. Cataluña: • Ley 5/81 de 4 de junio sobre desarrollo legislativo en materia de evacuación y tratamiento de aguas residuales. En ella se atribuye a la Generalidad la planificación de saneamiento (en el marco de la planificación general de protección del medio ambiente que apruebe la misma). • Ley 17/1987, de 13 de julio, reguladora de la Administración Hidráulica de Cataluña, que atri buye a dicha Administración, en relación con las cuencas comprendidas íntegramente en el territo rio de Cataluña, entre otras funciones, la elabora ción de la Planificación Hidrológica. • Decreto Legislativo 1/1988, de 28 de enero, por el que se aprueba la refundición de los preceptos de la Ley 5/1981 y la Ley 17/1987, en un texto único. • Ley 4/1990, de 9 de marzo, sobre ordenación del abastecimiento de agua en el área de Barcelona. • Ley 19/1991, de 7 de noviembre, de reforma de la Junta de Saneamiento. 2. Comunidad de Madrid: • Ley 17/1984, de 20 de diciembre, reguladora del abastecimiento y saneamiento de agua en la Comunidad de Madrid. Se atribuye a la Comunidad: a) La planificación general, con formulación de esquemas de infraestructuras y defini ción de criterios sobre niveles de prestación de servicios y niveles de calidad exigibles a los afluentes y cauces receptores, de acuer do con los Planes Hidrológicos y ambienta les del Estado y de la Comunidad y con el Planeamiento Territorial y Urbanístico. b) Aprobación definitiva de planes y proyec tos referentes a dichos servicios. c) Elaboración de planes y proyectos, así como construcción y explotación de las obras que promueva directamente. 3. Comunidad Valenciana: • Ley 7/86, de 22 de diciembre, de la Generalidad Valenciana, sobre utilización de agua para riego. La Generalidad se atribuye competencia sobre la planificación de los riegos. Dicha competencia se ejercerá sin perjuicio de la que corresponda al Estado en materia de Planificación Hidrológica. 4. Galicia: • Ley 8/1993, de 23 de junio, reguladora de la Administración Hidráulica de Galicia. 5. Aragón: • Ley 13/1990, de 21 de diciembre, relativa a la representación de la Comunidad Autónoma de Aragón en los Organismos de cuenca. 6. Navarra: • Ley 10/1988, de 29 de diciembre, de Sanea miento de las aguas residuales en la Comunidad Foral de Navarra. 7. Extremadura: • Ley 3/1987, de la Comunidad Autónoma de Extre madura, sobre tierras de Regadío. 8. Cantabria: • Ley 2/1988, de 26 de octubre, de fomento, orde nación y aprovechamiento de los balnearios y de las aguas minero-medicinales y/o termales de Cantabria. 2.4.2.4. Normativa sectorial autonómica y local Además de las disposiciones indicadas en epígrafes anteriores, todas específicamente referidas a aguas, existe una enorme variedad de otras disposiciones sec toriales autonómicas y locales que, tanto de forma específica (cuestiones de abastecimiento y vertidos), como no siendo específicas del agua, inciden directa o indirectamente sobre su regulación. Un ejemplo de análisis de las funciones de las Administraciones loca les en la gestión del agua, bajo el prisma de la gestión integrada, puede verse en González-Antón (1997). Nos limitamos aquí a señalar esta diversidad, poniendo de manifiesto que, como ya se ha apuntado, la prolife ración de normas existente ha conducido a problemas 67 Libro Blanco del Agua en España competenciales, de coordinación, y de interpretación normativa que aún no han sido definitivamente resuel tos, y que, en algunos casos, y tras el paso del tiempo, pueden resultar en la práctica de imposible resolución. 2.4.2.5. Normativa internacional Además de toda la normativa estatal, autonómica y local enunciada, existe también una considerable colección de disposiciones de carácter internacional, especialmente de origen europeo, relativas a las aguas, y con mayor o menor grado de vinculación e interre lación con la normativa española. Como se verá, estas normas se refieren fundamen talmente a calidad del agua, y han sido, o están sien do, objeto de transposición a nuestro ordenamiento. Recientemente la Unión Europea ha elaborado una propuesta de Directiva Marco de Aguas que tiene, por un lado, un carácter integrador, pues engloba bajo una sola entidad jurídica toda la normativa de agua que se encontraba dispersa y, por otro, un marcado espíritu innovador, pues propone la derogación de directivas obsoletas y su sustitución por otras. La aprobación política de esta propuesta el 17 de junio de 1998, en el Consejo de Ministros de Medio Ambiente, y con el consenso de todos los Estados Miembros, supone un hito en la política de aguas de la Unión. Uno de los principales objetivos que persigue la Directiva es que los Estados Miembros alcancen lo que denomina el buen estado de las aguas, lo que implica no sólo un buen estado físico-químico de las aguas, sino también ecológico. Volveremos sobre todo ello más adelante, en sus apartados específicos. 2.4.3. Instituciones y organizaciones Entre los elementos que configuran el marco institucio nal de la utilización de las aguas, revisten una importan cia crucial aquellos que se refieren a las organizaciones administrativas responsables de la ejecución de las polí ticas del agua. Como se ha dicho, y se repetirá a lo largo de este Libro, la componente institucional es decisiva en el mundo del agua, y las estructuras administrativas que lo soportan son cruciales al respecto. De entre las distintas organizaciones involucradas nos referiremos brevemente a dos fundamentales: los Organismos de cuenca y las Comunidades de Regantes. Las primeras por ser el órgano administrativo básico competente en la materia, y las segundas por ser las depositarias de la mayor parte del uso consuntivo de agua en nuestro país. 2.4.3.1. Los Organismos de cuenca Los Organismos de cuenca previstos por la Ley de Aguas son los órganos de la Administración del Estado competentes en la materia. Continuadores de una vieja y brillante tradición, de más de 70 años, su característica más relevante, con respecto a la organización anterior a la nueva legisla ción, es la integración, en el mismo organismo, de las Comisarías de Aguas y las antiguas Confederaciones Hidrográficas, integración que se produjo mediante el Real Decreto 1821/1985. Las razones para esta integración se explican en el preámbulo de este Decreto, y se centran en la necesi dad de la unidad de gestión de las aguas, concentran do la competencia en un órgano único, y superando los problemas de competencias entre Departamentos ministeriales y Organismos en materias como las aguas subterráneas (con la conocida conflictividad corporativa, administrativa e incluso legislativa que se venía produciendo desde el siglo pasado), la calidad del agua (con las intervenciones de las Comisarías de Aguas, Sanidad, Industria, ICONA y Ayuntamientos), etc. (v., p.e., González Pérez et al. [1987] pp.705-708). Los problemas a que ha dado lugar esta integración se comentarán más adelante, al referirnos a la Administración hidráulica. Es importante subrayar que, tal y como está concebi da por la regulación vigente, la administración del agua es, fundamentalmente, una administración con currente de la Central y la Autonómica, y solo en la medida en que se consiga esta concurrencia efectiva y armonización de intereses se estará dando cumpli miento a las previsiones del legislador. Habrá ocasión de examinar si los resultados persegui dos se han alcanzado satisfactoriamente o no, y de analizar, en su caso, las razones para ello. Por el momento nos limitamos a resumir este modelo orga nizativo, que es el contexto en el que se inscribe la actual gestión del agua. Sintéticamente, y desde esta perspectiva organizativa, la Administración pública del agua se ejerce en las cuencas intercomunitarias por los Organismos de cuenca, con la denominación de Confederaciones Hidrográficas (arts. 19 y 20 LA), y en las cuencas intracomunitarias por las Administraciones Hidráulicas de las Comunidades Autónomas correspondientes (art. 16 LA). Las funciones de estos Organismos de cuenca interco munitarios son (art. 21 LA) la elaboración del Plan Hidrológico de cuenca, así como su seguimiento y revisión; la administración y control del dominio públi co hidráulico; la administración y control de los apro 68 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia vechamientos de interés general o que afecten a más de una Comunidad Autónoma; el proyecto, la construc ción y explotación de las obras realizadas con cargo a los fondos propios del Organismo, de las que les sean encomendadas por el Estado y de las que se deriven de los convenios con Comunidades Autónomas, Corpora ciones Locales y otras entidades públicas o privadas, o de los suscritos con los particulares. Los Organismos de cuenca están constituidos por los siguientes órganos (art. 24 LA): • Órganos de gobierno: la Junta de Gobierno y el Presidente. • Órganos de gestión, en régimen de participación, para el desarrollo de las funciones que específica mente les atribuye la Ley de Aguas: la Asamblea de Usuarios, la Comisión de Desembalse, las Juntas de Explotación y las Juntas de Obras. • Órgano de planificación: el Consejo del Agua de la cuenca. El ámbito territorial de los Organismos de cuenca fue determinado por el Real Decreto 650/1987, de 8 de mayo (BOE de 22 de Mayo de 1987). En cuanto a su constitución, los Organismos de cuen ca denominados Confederaciones Hidrográficas del Norte, del Duero, del Tajo, del Guadiana, del Guadalquivir, del Segura, del Júcar y del Ebro, fueron constituidas, todas ellas al amparo del Art. 19 de la L.A., por los Reales Decretos 930/1989, 929/1989, 927/1989, 928/1989, 926/1989, 925/1989, 924/1989 y 931/1989, todos ellos de fecha 21 de julio (BOE de 27 de julio de 1989). No se constituyó el Organismo de cuenca de la Confederación Hidrográfica del Sur. Por último, el Real Decreto 984/1989, de 28 de julio (modificado por el R.D. 281/1994, de 18 de Febrero), determinó la estructura orgánica dependiente de la Presidencia de las Confederaciones Hidrográficas, la cual esta constituida por las cuatro unidades adminis trativas siguientes a) La Comisaría de Aguas. b) La Dirección Técnica. c) La Secretaria General. d) La Oficina de Planificación Hidrológica. Es destacable la singularidad de que la Confederación Hidrográfica del Sur no se encuentra constituida como Organismo de cuenca propiamente dicho, de los que define la actual Ley de Aguas, motivo por el cual, y de conformidad con la disposición transitoria novena de dicha Ley, se sigue rigiendo por lo dispuesto en el Real Decreto 1821/1985, de 1 de Agosto, por el que se integraron en las Confederaciones Hidrográficas las funciones de las Comisarias de Aguas y se modificó su estructura orgánica (BOE de 9 de Octubre de 1985). Como consecuencia de ello, la Confederación Hidrográfica del Sur carece del Consejo del Agua de la cuenca y de Oficina de Planificación Hidrológica, cuyos cometidos son desempeñados por la Junta de Gobierno y por el Director Técnico, respectivamente, existiendo un Área de Planificación responsable de los trabajos al objeto de que la Confederación pueda ejer cer las funciones previstas para los Organismos de cuenca en la Ley de Aguas y que ésta le encomienda en su disposición transitoria novena. Por lo que se refiere a las Administraciones Hidráu licas de las cuencas intracomunitarias, si bien éstas han de ser constituidas por las correspondientes Comunidades Autónomas con la determinación de su estructura orgánica, su régimen jurídico ha de ajustar se a las bases de aplicación de los principios estable cidos en el art. 13 LA, y de que la representación de los usuarios en los órganos colegiados de la Administración Hidráulica no será inferior al tercio de los miembros que los integren. En la actualidad están constituidas las Administraciones Hidráulicas de las cinco cuencas intracomunitarias siguientes: Cuencas Internas de Cataluña (1985); Islas Baleares (1985); Islas Canarias (1985); Galicia Costa (1986); y Cuencas Internas del País Vasco (l994). Una descripción de estas Administraciones puede verse en Fanlo Loras (1996). El mapa adjunto muestra los ámbitos territoriales de los Planes Hidrológicos de cuenca, inter e intracomunita rios. Observándolo junto con el anteriormente ofrecido, de superposición de ámbitos de Planes y Comunidades Autónomas, se pueden apreciar las relaciones de intra e interterritorialidad comentadas (fig. 53). 2.4.3.2. Las Comunidades de regantes El papel de estas organizaciones en el buen uso y ges tión del agua es de enorme importancia. Para percibir lo basta considerar que, como ya se ha apuntado y se verá con detalle más adelante, la mayoría de los recur sos que se consumen en el país se emplean en agricul tura de regadío, por lo que tienen como gestores y administradores a estas organizaciones. De su celo y rigor depende, pues, en buena medida, la cuantía total de la demanda hídrica. Son numerosos los logros conseguidos y también los problemas que presentan estas organizaciones, y habrá ocasión de referirnos a ellos en su momento, cuando se exponga la situación de la Administración hidráulica. Baste indicar ahora que tan importante como disponer de una eficaz Administración pública hidráulica es dis poner de eficaces y modernas comunidades de usuarios que, como entidades de derecho público, desarrollan 69 Libro Blanco del Agua en España funciones de naturaleza administrativa. La gestión del agua es sin duda, cada vez más, una responsabilidad compartida, y exige del mayor esfuerzo y cooperación por parte de todos los agentes involucrados. 2.5. EL CONTEXTO INTERNACIONAL Como se apuntó, las condiciones internacionales tien den a convertirse en un elemento fundamental para la gestión y ordenación de las aguas en España, y ello con diferentes intensidades y a distintos niveles. Se trata de un fenómeno relativamente reciente, y que las viejas planificaciones hidráulicas pudieron ignorar, pero hoy día, y más en el futuro, las consideraciones del contex to y la cooperación internacional son piezas imprescin dibles en la ordenación hidráulica de nuestro país, y están llamadas cada vez más a conferir a nuestra políti ca de aguas un carácter marcadamente supranacional. Las influencias exteriores afectan de forma general a la estructura territorial cuyos rasgos básicos se han descrito en epígrafes previos, por lo que, indirecta mente, afectan a las aguas; pero además, y de forma específica, influyen decisivamente en algunas funda mentales cuestiones directamente relacionadas con los recursos hídricos, tal y como tendremos ocasión de comentar con extensión en su momento. De igual modo, el objetivo global de la convergencia europea plantea importantes consideraciones también perti nentes desde nuestra perspectiva. 2.5.1. La convergencia El gran proceso político-económico de la convergencia europea reviste una importancia global de tal magnitud que sus efectos inciden también, tanto de forma directa como indirecta, sobre las políticas del agua. Obviamente no es éste el lugar más adecuado para rea lizar una descripción o análisis exhaustivo de las conse cuencias de los Acuerdos de Maastricht y del significa do de las condiciones de convergencia, pero sí parece necesario al menos señalar los aspectos básicos de este nuevo marco, y apuntar lo que puede comportar para la política del agua española en el futuro inmediato. Como es bien sabido, muy recientemente culminó un largo proceso de integración económica que parte de los países europeos iniciaron hace años. España se encon traba comprometida con el objetivo de cumplir los crite rios de convergencia fijados en el Tratado de Maastricht, y consiguió alcanzar estos objetivos de forma muy satis factoria optando de ese modo al ingreso en el grupo de países que participan en el área del euro y acceden final mente, el 1 de enero de 1999, a la tercera fase de la Unión Económica y Monetaria (UEM). Hay que precisar que el cumplimiento de estos objeti vos no es un fin en sí mismo, sino que es el instru mento que la UE ha elegido, dada la situación actual de sus propias economías, para afrontar con ciertas garantías de éxito tanto la transición hacia la UEM como, fundamentalmente, el período siguiente, dentro del contexto previsible para la economía del resto del 70 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia Figura 53. Mapa de los ámbitos territoriales de las Administraciones Hidráulicas mundo. En este nuevo orden económico mundial, la UE debe definir su sitio y éste habrá de estar inevita blemente basado en un crecimiento equilibrado, capaz de generar suficiente empleo. Cabe interpretar que, para conseguir este objetivo, en Maastricht se apostó acertadamente por crear las necesarias condiciones de estabilidad macroeconómica que estimulasen un pro ceso inversor sostenido por parte del sector privado. En este sentido, la convergencia nominal (cumplimien to de los objetivos macroeconómicos establecidos) debe sentar las bases para conducir a la convergencia real de las economías de los países miembros (cifrada en renta por habitante), que ha de considerarse en verdadero objetivo sociopolítico, y aunque ello comporte sacrifi cios y riesgos de algún desequilibrio a corto plazo para aquellos que se encuentran hoy peor situados. Es obvio que la política económica española en este nuevo escenario se verá notablemente modificada en relación con las décadas anteriores. Sin posibilidad de recurrir a la política monetaria ni a la política cambiaria y con la previsible necesidad de llegar a alguna armoni zación entre las políticas fiscales de los distintos países, parece evidente que el Estado se va a ver obligado a reo rientar su papel hacia otro tipo de acciones, fundamen talmente dirigidas a favorecer la eficiencia en las activi dades productivas y en la utilización de los recursos. En definitiva dirigidas a mejorar la productividad garanti zando la sostenibilidad. Compitiendo en una economía global, sólo así será posible garantizar el bienestar de los ciudadanos y converger al mismo tiempo con los países avanzados de la UE. En esta nueva etapa el impulso inversor del sector público deberá seguir siendo importante, pero la ten dencia hacia el equilibrio presupuestario y, en general, el rigor en el control de las finanzas públicas de la UE, permiten anticipar que el margen de actuación para la inversión pública se verá limitado por un lado y con dicionado por otro hacia el cumplimiento de los obje tivos señalados más arriba. Quizás quepa esperar más protagonismo por parte de las medidas destinadas a corregir los problemas estructurales de algunos secto res de la economía española. Entre las inversiones públicas destaca el papel que jue gan las infraestructuras, por las externalidades positi vas que comportan en la productividad de las inver siones privadas. La cuestión ahora es determinar qué tipo de infraestructuras cumplen mejor esta función y por tanto se alinean mejor con los criterios expuestos. Hay que tener en cuenta, no obstante, que en materia hidráulica hay también otras inversiones que presentan externalidades tan relevantes como las infraestructuras (restauración hidrológica forestal, por ejemplo). En todo caso, surge inmediatamente la necesidad de replantearse las pautas de actuación en materia de aguas aplicadas por el Estado en el pasado reciente, y que, bajo la denominación del modelo tradicional de política hidráulica, serán examinadas con detalle en otros capítulos de este libro. Más aún, cabe preguntar se si el actual marco general de ordenación de los recursos hídricos en España es el más adecuado para la nueva situación, o si, por el contrario, sería conve niente introducir determinadas medidas que corrigie sen los problemas detectados e incrementasen la efi cacia y racionalidad de los mecanismos a través de los cuales se produce su utilización en armonía con el medio ambiente y los demás recursos naturales, cuya conservación debe quedar asegurada en todo caso. Este es, en síntesis, el difícil reto al que, condicionada por la convergencia europea y por la necesidad intrínse ca de contención del gasto, se enfrenta la nueva política hidráulica para los próximos años. Por todo ello, y a la vista de la compleja red de condicionantes existentes, es conveniente efectuar algunas consideraciones específi cas e introducir ideas básicas que, aunque serán desa rrolladas in extenso en otros epígrafes del libro, quedan ya esbozadas y conviene retener desde este momento. En primer lugar, en lo que se refiere a las demandas, el agua es un bien que afecta a las necesidades básicas de las personas; por tal motivo una parte de él se des tina con carácter prioritario al abastecimiento de poblaciones de manera que la satisfacción de esta demanda quede, salvo situaciones excepcionales, prácticamente garantizada a través de las oportunas infraestructuras e instalaciones. Pero además de esto, también es un componente funda mental en los procesos de producción de los sectores económicos. Algunos de ellos como el regadío o la acti vidad hidroeléctrica por ejemplo, destacan sobre el resto por el uso intensivo que hacen del agua como fac tor de producción y la cuantía de las demandas asocia das. Otros, como el sector industrial, aún precisando de ciertas cantidades de agua para el desarrollo de su acti vidad (refrigeración de centrales, por ejemplo), éstas no alcanzan las cifras de los anteriores. En unos casos las infraestructuras hidráulicas han sido financiadas por la iniciativa privada y en otros no pero, para todos ellos, el agua es un input más, sometido a las decisiones de tipo microeconómico que se derivan de las estrategias empresariales. La participación en el sistema producti vo español de cada uno de ellos es muy diverso, presen tándose una variadísima casuística, que obedece a múl tiples factores: localización territorial, rama de activi dad, antigüedad, etc. Sería deseable que esta partici pación económico-productiva se realizase con la mayor equidad y racionalidad posible. En segundo lugar, existen muchas clases de infraes tructuras hidráulicas y de muy diversa tipología. Desde la óptica de la convergencia, cabría analizar cuáles realizan una mayor contribución a sus objeti vos, pues, evidentemente, no en todas es la misma, y 71 Libro Blanco del Agua en España depende de la finalidad a la que estén destinadas. Puede tratarse de infraestructuras de regulación, trans porte y distribución para un empleo sectorial, infraes tructuras de laminación y control de avenidas, de suministro de agua potable a poblaciones, de sanea miento y depuración de aguas residuales, y un largo etcétera. Los resultados de la evaluación son muy heterogéneos, pero, como antes, la contribución y los costes deben obedecer a principios de racionalidad. En tercer lugar, si se observa la totalidad de las infra estructuras hidráulicas en España, puede afirmarse que las externalidades positivas derivadas de ellas, aun siendo muy importantes en algunos casos (posible mente más que en ningún otro sector de las obras públicas), son en general inferiores a las detectadas en otro tipo de infraestructuras como las de transporte y comunicaciones. Ello debe ser considerado a la hora de programar las políticas públicas. En cuarto lugar, hay que señalar que a nivel medio nuestro país no registra, en materia hidráulica, un des fase similar al existente en la dotación de otras infra estructuras como las que se acaban de citar, respecto a los demás países europeos. Basta verificar por ejem plo el superior grado de desarrollo alcanzado en España por las obras tradicionales de regulación, requerido por su singularidad hidrológica. No obstan te, existen aún algunas carencias infraestructurales, y un grave déficit en el mantenimiento de este impor tante patrimonio ya existente. En quinto lugar, este patrimonio hidráulico acumulado a lo largo de la historia encuentra su justificación, en gran parte, en la localización mediterránea de nuestro país y en las diferencias que este hecho impone respecto a los países de Europa Central. No es preciso detenerse en rei terar las ya apuntadas características hidrológicas de las regiones áridas o semiáridas, como son las de la mayor parte de nuestro territorio, para argumentar las actuacio nes correctoras que España se ha visto obligada a aco meter, con objeto de alcanzar niveles de garantía y segu ridad de suministro similares a las medias europeas. En sexto lugar, esta circunstancia, que supone una evi dente desventaja comparativa respecto a los países de la Europa Central y del Norte de clima atlántico, comporta unos fuertes costes diferenciales para la economía espa ñola en conjunto para los sectores que basan su actividad en la utilización de los recursos hídricos en particular. Séptimo y último, hay que mencionar la evidencia empírica de que el acercamiento de los niveles de renta por habitante entre los países miembros no pare ce producirse de forma espontánea como respuesta al proceso de integración europea y de liberalización de transacciones, sino que por el contrario, existen ries gos de que las tendencias de concentración espacial de la renta impidan reducir los desfases que en la actuali dad nos separan de los países más avanzados de la UE. Estas dos últimas razones (desventajas competitivas y necesidad de propiciar la convergencia real) deberían constituir suficiente argumento para que la UE emprendiera una decidida política de apoyo de ámbito comunitario en relación con los recursos hídricos, máxime si se tiene en cuenta que estas tendencias de concentración se deben no sólo al mercado, sino que también están provocadas por la propia política comu nitaria en otros campos. 2.5.2. Los impactos específicos Además del gran efecto sociopolítico global inducido por la convergencia, las políticas sectoriales comuni tarias afectan al funcionamiento de muchos sectores de nuestra economía, por lo que, de forma indirecta, y en la medida en que estos sectores necesitan del agua o contribuyen a su degradación, se está afectando al régimen de las aguas en nuestro país. Pero además de estos efectos difusos y generalizados de carácter indi recto, y vinculados a los sectores productivos y a la estructura territorial, existen otros impactos directos tanto desde el punto de vista de la oferta como de la demanda hídrica. Así, como ejemplo, las demandas agrarias se ven cada vez más fuertemente afectadas por las condiciones externas de los mercados internacionales y las políticas agrarias europeas, tal y como se describe en los corres pondientes epígrafes de la demanda agraria. Las poten cialidades turísticas y su orientación territorial pueden tener asimismo, como se indicó, importantes conse cuencias desde el punto de vista de las aguas, y no solo como demandantes estacionales en las tradicionales zonas costeras, sino como posibles inductoras de cam bios de orientación de usos en las zonas de interior, en las que con frecuencia se asocia la actividad turística y recreativa a los parajes fluviales y las masas de agua. De igual modo, y desde el lado de la oferta, es evi dente que el marco económico comunitario y los obje tivos de convergencia introducen fundamentales con dicionantes en las posibilidades financieras del país, y, en consecuencia, en el ritmo y modo en que puede acometerse el desarrollo de la infraestructura hidráuli ca. Las exigencias de calidad generadas por el necesa rio cumplimiento de las directivas europeas condicio nan también las características de la oferta hídrica. En suma, cuestiones internacionales puramente insti tucionales o políticas, como la convergencia, la políti ca agraria común, el GATT, etc. afectan de tal modo a la actividad interna que puede decirse sin exageración que la están configurando y determinando en sus ras gos básicos. La cuestión reviste, pues, decisiva impor tancia, por lo que se examinará con mayor detalle en otros epígrafes de este documento. 72 El Marco Físico, Socioeconómico, e Institucional de Referencia Libro Blanco del Agua en España 3. LA SITUACIÓN ACTUAL Y LOS PROBLEMAS EXISTENTES Y PREVISIBLES Como se apuntó en el capítulo introductorio, y una vez descrito en el segundo capítulo el contexto global, geográfico, en sus tres vertientes fisiográfica, socioe conómica e institucional, que caracteriza y condiciona el problema hídrico, en esta tercera parte se llevará a cabo una descripción técnica sobre las circunstancias y situación actual de las aguas en España desde un punto de vista eminentemente descriptivo. Tal descripción se ocupará en primer lugar del dato básico de cuánta agua hay, dónde está, y cómo es -los recursos hídricos en cantidad y calidad-, para después pasar revista a la situación de los usos, demandas y asignaciones que gravitan sobre estos recursos, a los sistemas de explotación en que se integran recursos y demandas, a los mecanismos de protección del dominio público hidráulico, a la economía, protección y admi nistración del agua, a las infraestructuras y a los fenó menos extremos de sequías e inundaciones. Se conclu ye el capítulo con una referencia específica al contexto internacional y a la cooperación con Portugal y con un comentario sobre la situación actual en nuestro país de la investigación y desarrollo en recursos hídricos. 3.1. LA SITUACIÓN DE LOS RECURSOS HÍDRICOS 3.1.1. Introducción. El concepto de recurso En los epígrafes que siguen, y tras la exposición de los marcos generales de referencia, describiremos con detalle la situación de los recursos hídricos desde un punto de vista ya específico y cuantitativo. La amplia extensión que se dedicará a su estudio está ciertamen te justificada, pues los recursos no son sino el agua que hay, y se comprende que este es un dato esencial, fundamento y condicionante de casi todos los demás. Con carácter previo a este análisis, es conveniente, no obstante, realizar algunas precisiones terminológicas. Así, la consideración del agua como un recurso, que da título a este epígrafe, remite a su percepción como algo que puede desempeñar distintas funciones, pero éstas han de entenderse en un sentido abstracto, en modo alguno vinculadas de forma directa a connotaciones tri vialmente utilitarias o directamente económicas. Es claro que las funciones del agua más obvias son aquellas que se refieren a su posibilidad de utilización por la humanidad para distintos usos directos (beber, regar, mover ruedas o turbinas, bañarse…), pero estas funciones en sentido estricto no agotan otras funcio nalidades quizá menos directamente perceptibles pero que resultan ser tan importantes como las primeras. Es el caso de las funciones ambientales (soporte de eco sistemas, receptor de residuos…) o de otras funciones no estrictamente utilitarias, y asociadas al recreo, la contemplación del paisaje, o la sensación experimen tada frente a un elemento primario, como el fuego o la tierra, antropológicamente imbricado de forma pro funda en la conciencia de la especie humana. Nos referiremos en detalle a estas distintas funciones hídri cas al exponer los fundamentos ambientales de la polí tica del agua, pero es conveniente dejar ya señalada esta apreciación inicial. Por otra parte, ha de notarse lo extremadamente tenue que resulta la frontera de separación entre las que hemos denominado funcionalidades utilitarias y no utilitarias, y lo que en el fondo tiene de artificiosa tal separación, pues, ¿cabe dudar en estos momentos de que la función ambiental del agua es una utilidad necesaria para la continuidad de la especie humana?, ¿de que la preservación del medio es a largo plazo nuestra principal necesidad, sin la que las demás no tendrán ocasión siquiera de plantearse? Hecha esta precisión, en primer lugar se mostrarán los conceptos básicos del ciclo hidrológico en régimen natural y del ciclo en régimen afectado. Tras ello, y puesto que el conocimiento cuantitativo de estos recursos se lleva a cabo mediante la observación y medida de sus componentes, se expondrá la situación de las redes de medida de datos hidrológicos. Mejor conocimiento de los recursos y mejores redes de medi da van necesariamente unidos, por lo que esta cuestión reviste una importancia estratégica. Descritas las redes se abordará ya directamente la eva luación de los recursos hídricos, tanto en régimen natu ral como afectado, y considerando también lo que se ha venido llamando recursos no convencionales y que, como veremos, cada vez merecen menos este calificati vo. Es pues tras la descripción física del estado natural de las aguas en la biosfera que se procederá a introdu cir una primera visión de los recursos hídricos de forma orientada a su posible utilización para satisfacer necesi dades humanas. Surge así el concepto de recursos dis ponibles por contraposición al de recursos naturales, conceptos de importancia fundamental, que han sido en alguna ocasión origen de confusiones y erróneas inter pretaciones técnicas, y que se desarrollarán de forma rigurosa y detallada en este documento. Por último, se incluye también una ilustrativa compa ración de nuestra situación con la de los países del entorno europeo, y se realiza un análisis de lo que pue den suponer la variabilidad hidrológica natural y las incertidumbres del cambio climático para nuestros recursos hídricos del futuro. Ha de insistirse en que, inicialmente, nos referiremos en este capítulo a los recursos hídricos bajo esta per 75 Libro Blanco del Agua en España cepción física global, funcional en un sentido amplio, sin entrar a dilucidar su aptitud o utilidad para la con creta satisfacción de necesidades humanas. La des cripción cuantitativa ha de responder, por tanto, a las preguntas más elementales: ¿cuánta agua hay?, ¿dónde está?, ¿cómo se mueve? ¿por dónde va? ¿hasta qué punto puede controlarse?… preguntas en aparien cia simples -pero solo en apariencia- y cuya respuesta constituye la materia de la ciencia hidrológica. Por otra parte, las cuestiones relativas a la calidad de las aguas no pueden conceptualmente separarse de las de la cantidad. Se ha dicho y repetido que cantidad y calidad van de la mano, no pueden disociarse, no pue den correctamente entenderse de forma separada. Las preguntas elementales que, continuando con las ante riores, deben responderse ahora serían: ¿puede beber se? ¿puede regarse con ella? ¿puede mejorarse? En este libro se asume por entero -como es obvio- este planteamiento integrado, pero, tras analizar la posibi lidad de desarrollar una presentación híbrida -desde luego muy novedosa pero que, con los conocimientos disponibles, hubiese sido viable-, razones expositivas y de mejor comprensión de ambos aspectos comple mentarios aconsejaron la separación formal -que no material- de las cuestiones relativas a calidad y conta minación de las aguas, desarrollando con ellas un extenso apartado específico. Podría concluirse esta introducción cerrando el proce so de interrogaciones que, en un proceso de gradual curiosidad y aprendizaje nuestro hipotético filósofo antes se formulaba. Así, puede imaginarse ahora que, una vez suficientemente conocido dónde está y qué se puede hacer con ella, es decir, una vez satisfechas las inmediatas funciones utilitarias del agua, la siguiente pregunta sería: ya que tengo lo suficiente para mis necesidades ¿qué papel juega el agua en la naturaleza? ¿qué otras cosas, además de a mí, está soportando? ¿qué relación tengo yo con esas otras cosas?. Las respuestas a estas preguntas conducen directa mente a estudiar las funciones ambientales de los recursos hídricos y, en último extremo, a plantear en su raíz el problema de la relación del hombre con el medio que le rodea. 3.1.2. La consideración cuantitativa del recurso El agua en la naturaleza se mueve según una secuen cia de procesos físicos que constituyen el ciclo hidro lógico, y que conviene describir para poder así tener en cuenta las relaciones del agua con su entorno, y conocer cómo pueden afectar a los distintos compo nentes del ciclo, y al medio ambiente en general, las modificaciones debidas al aprovechamiento de los recursos hídricos. Pese a su aparente simplicidad, la comprensión del mecanismo del ciclo hidrológico en sus rasgos básicos es un hecho relativamente reciente. Ideas que hoy parecen triviales, como que el océano es la principal fuente de agua del ciclo, que la aportación de los ríos está asociada a las lluvias, o que el agua de los manan tiales procede de la recarga de los acuíferos, no se han comprendido claramente hasta fechas modernas. La primera explicación efectiva del ciclo hidrológico, mediante procedimientos experimentales y medicio nes cuantitativas, se produce en el siglo XVII, cuando Perrault demuestra, a partir de la observación y el registro de datos, que la aportación del río Sena, en Francia, estaba relacionada con la precipitación caída sobre su cuenca, y era del orden de 1/3 de esta preci pitación. Las mediciones de Perrault (de octubre de 1668 a octubre de 1669, de octubre de 1670 a octubre de 1671, y de octubre de 1673 a octubre de 1674) constituyen el primer registro sistemático de la lluvia durante al menos un ciclo estacional completo (Solís, 1990, pp.93). Seguidamente se ofrecerá una breve descripción del ciclo hidrológico en régimen natural, para posterior mente mostrar los impactos básicos que, desde un punto de vista cuantitativo, la acción humana introdu ce en este ciclo natural dando lugar al régimen afecta do, que es el que, salvo en las cuencas vírgenes, puede observarse en la realidad. La consideración, siquiera elemental, de estos proce sos resulta de fundamental importancia para la com prensión global del problema hídrico. 3.1.2.1. El ciclo hidrológico en régimen natural Con objeto de ofrecer unas nociones básicas del ciclo hidrológico en régimen natural, se expondrán en primer lugar los conceptos técnicos y componentes básicos de este ciclo. Su entendimiento permitirá introducir de forma natural el concepto de balance de agua de un terri torio, fundamental para la comprensión de los recursos hídricos desde el punto de vista cuantitativo. Por último, y asociado al concepto de balance, se introducirán los conceptos de recursos renovables y de reservas. 3.1.2.1.1. El concepto de ciclo hidrológico Se entiende por ciclo hidrológico el conjunto de trans ferencias de agua entre la atmósfera, el mar y la tierra en sus tres estados, sólido, líquido, y gaseoso. El motor energético de estas transferencias es el Sol. El 76 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles ciclo hidrológico se produce a escala planetaria, aun que es su fase continental la que incorpora los recur sos que sirven para satisfacer las necesidades huma nas, la que produce perturbaciones en los casos de inundaciones, o sobre la que tienen lugar los principa les impactos antrópicos. El conjunto de procesos hídricos que han tenido o ten drían lugar en la naturaleza en total ausencia de inter vención humana (es decir, como si no existiese la humanidad sobre la tierra) constituye el ciclo hidroló gico en régimen natural. La figura 54 representa esquemáticamente este ciclo en forma conceptual, y muestra los distintos estados, flujos y almacenamientos de agua. Los procesos básicos que incluye el ciclo hidrológico son los de evapotranspiración, precipitación, infiltra ción, percolación y escorrentía. La evapotranspiración es el efecto conjunto que se produce a través de la eva poración del agua presente en la superficie terrestre y en los mares, ríos y lagos, y la transpiración proceden te de la tierra a través de los seres vivos, en especial de las plantas. Esta evapotranspiración determina la for mación de vapor atmosférico que al condensarse, bajo determinadas condiciones, retorna en parte a la super ficie continental en forma de precipitación líquida o sólida. Parte de esa precipitación se infiltra en el suelo, desde donde se vuelve a evapotranspirar, o percola en el subsuelo, y otra parte escurre superficialmente por la red de drenaje (escorrentía superficial directa) hasta alcanzar la red fluvial. El agua infiltrada en el subsue lo, y que no se evapotranspira, se acumula en los poros, grietas y fisuras de los materiales del terreno que, por sus características físicas, tienen capacidad de almace nar el agua. Las formaciones geológicas que tienen capacidad para almacenar y transmitir el agua se deno minan, con carácter general, acuíferos. La parte del agua que, mediante la percolación, recarga los acuífe ros y vuelve a salir, diferida en el tiempo, a la red flu vial, se denomina escorrentía subterránea. Es frecuen te asociar la escorrentía subterránea al denominado flujo base de los ríos, aunque puede haber otras com ponentes del caudal con variabilidad temporal relativa mente lenta, como la fusión de nieves, y cabe asimis mo distinguir un flujo de fondo o base de otros flujos más rápidos en la descarga de los manantiales, siendo ambos escorrentía subterránea. Se puede definir como aportación de un río en un punto de la red fluvial el volumen de agua que pasa por él durante un periodo de tiempo. En el régimen natural esta aportación comprenderá, pues, la suma de escorrentía superficial directa de toda la cuenca situa da aguas arriba, y la escorrentía subterránea que se incorpora a los cauces aguas arriba de ese punto. El agua que recarga los acuíferos (y que, por referirnos al régimen natural, no es extraída por bombeos) y no se evapotranspira cuando los niveles freáticos están próxi mos a la superficie, acaba incorporándose a los cauces en los tramos fluviales drenantes de acuíferos, o surge por manantiales. La excepción se produce en los acuí feros costeros, en los que el agua subterránea puede salir directamente al mar, en parte o en su totalidad. Es claro que los procesos descritos operan con dife rente intensidad a muy distintas escalas espaciales y temporales, por lo que más que en un ciclo hidrológi co unitario y mecanicista debe pensarse más bien en un conjunto interrelacionado de procesos que, operan do a muy distintas escalas, configuran un resultado final agregado que es el que se observa simplificada mente como objeto de estudio y evaluación. Así, un aspecto característico del ciclo hidrológico, y al que frecuentemente se alude, es el de la variabili dad, producida por su dependencia de los factores meteorológicos que intervienen en la circulación atmosférica terrestre. Tal variabilidad está relacionada con la escala temporal y significa que, en distintos periodos de tiempo, las descritas magnitudes del ciclo pueden tomar valores muy distintos. Una consecuencia de esta variabilidad temporal es que el agua puede plantear problemas tanto por escasez en época de sequías como por exceso en las inundaciones que ocasionan daños y pérdidas de vidas humanas. La variabilidad hidrológica y sus sucesos extremos, ave nidas y sequías, son fenómenos que se pueden carac terizar, a los que nos referiremos más adelante, y que resultan de obligada consideración para una correcta planificación hidrológica. Por otra parte, la descripción del ciclo realizada se ha referido únicamente a aspectos cuantitativos del recur so, pero es obvio que, a medida que el agua recorre las distintas fases del ciclo, arrastra consigo o deposita sustancias químicas de los medios que atraviesa, y va modificando así sus condiciones de calidad natural, que se estudiará más adelante en relación con los aspectos cualitativos del recurso. Aunque es razonable asociar de forma finalista el concepto de calidad como aptitud para el uso que va a tener el agua, puede enten derse también en abstracto, y con independencia de posibles usos, como el conjunto de parámetros físico químico-biológicos que la caracterizan. Una frecuente confusión es la de asociar aguas de mala calidad a problemas de contaminación por acti vidades humanas. Sin embargo, es perfectamente explicable que, conforme a lo dicho, haya aguas no aptas para ningún uso por causas enteramente natura les, y sin que se haya introducido antrópicamente con 77 Libro Blanco del Agua en España taminación alguna. Es, por ejemplo, el frecuente caso de aguas salinas o sulfatadas por contacto con mate riales yesíferos o evaporíticos. 3.1.2.1.2. Balance hídrico de un territorio Los conceptos y procesos hidrológicos que se están exponiendo pueden contemplarse, como se ha indicado, a muy distintas escalas espacio-temporales, por lo que no han de ceñirse, necesariamente, al ámbito espacial de una cuenca hidrográfica, y pueden referirse a un territo rio cualquiera (como un país, una provincia o una finca). En efecto, los recursos naturales generados interna mente en un territorio cualquiera son los que se pro ducen a partir de la precipitación y, en concreto, com prenden la escorrentía superficial directa y la recarga a los acuíferos. Estos recursos no tienen por qué coin cidir exactamente con la aportación de la red fluvial, dado que pueden producirse transferencias superficia les y subterráneas desde o hacia otros territorios veci nos, tal como esquemáticamente se representa en la figura adjunta, adaptada de Erhard-Cassegrain y Margat (1983). Con este esquema conceptual puede plantearse el concepto de balance hídrico para un 78 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 54. Esquema conceptual del ciclo hidrológico territorio cualquiera, que no necesariamente ha de ser una cuenca hidrográfica, y que sería -para un periodo cualquiera o en valores medios a largo plazo- el resul tado de considerar las entradas y salidas al territorio mostradas en el esquema (fig. 55). Las cuencas hidrográficas no son, en definitiva, sino un caso particular de territorio, cuya peculiariedad radica en que no recibe, en régimen natural, transfe rencias superficiales, y las que recibe subterránea mente suelen ser, en general, poco importantes. Esta independencia hídrica con respecto a los territorios vecinos es lo que hace a las cuencas hidrográficas muy adecuadas como unidades territoriales para la gestión de los recursos hídricos. En la figura 56 -de elaboración propia a partir de los esquemas de Erhard- Cassegrain y Margat (1983) adaptados a los datos españoles- se muestran las cifras globales agregadas de los principales flujos en régi men natural para el territorio español (en km3/año), y, por tanto, los elementos fundamentales de su balance hídrico. Más adelante, en los epígrafes dedicados a los recur sos naturales, se tratará este asunto en detalle y de forma desagregada, pero pueden retenerse ya las gran des magnitudes básicas: la aportación total de la red fluvial española es de unos 109 km 3/año (del orden de un tercio de los 346 km3/año precipitación total), de los que tres cuartas partes (82 km3/año) son escorren tía superficial directa, y una cuarta parte (29 km3/año) es escorrentía subterránea. Las transferencias externas globales tanto superficiales como subterráneas son muy reducidas frente a los grandes flujos propios, lo que resulta lógico considerando el carácter geográfico de país peninsular -separado del resto por cordilleras e isleño, y, por tanto, su gran aislamiento hidrográfico en relación a otros países del entorno. 3.1.2.1.3. Recursos renovables y reservas Habitualmente se admite que los recursos hídricos de un área coinciden con sus recursos totales (superficia les y subterráneos) renovables, es decir, con el balan ce de su territorio. En nuestro caso, estos recursos totales serían unos 111 km 3/año (109+2), valor ligera mente superior a las aportaciones totales de los ríos. Además de estos recursos renovables, en un territorio puede haber acuíferos con reservas muy importantes 79 Libro Blanco del Agua en España Figura 55. Esquema de los principales flujos del ciclo hidrológico en un territorio ACUÍFERO AGUA SALADA +++ LÍMITE DE TERRITORIO P - PRECIPITACIÓN E - EVAPORACIÓN ET - EVAPOTRANSPIRACIÓN R - RECARGA AL ACUÍFERO Qsd ESCORRENTÍA SUPERFICIAL DIRECTA Qgr ESCORRENTÍA SUBTERRÁNEA AL RÍO Qs APORTACIÓN DEL RÍO Ts TRANSFERENCIAS SUPERFICIALES DESDE/HACIA OTRO TERRITORIO Tg TRANSFERENCIAS SUBTERRÁNEAS DESDE/HACIA OTRO TERRITORIO Tgm TRANSFERENCIAS SUBTERRÁNEAS AL MAR de agua almacenadas en ellos, y que pueden tardar decenas o cientos de años en renovarse. En régimen natural, tales reservas han de considerarse como un almacenamiento permanente, y no como un recurso renovable. En regímenes afectados tales reservas podrían permitir una mayor disponibilidad temporal de agua durante un tiempo limitado, pero no incre mentarían los recursos de forma permanente. El volu men de reservas existente en nuestro país es sin duda muy importante, pero su cuantificación - y su propio concepto - plantea algunos problemas a los que nos referiremos más adelante. Hay que hacer notar que la renovabilidad del agua, como todas las características del ciclo, no es un atri buto fijo e inamovible, sino que puede verse afectada por la actuación humana. 3.1.2.2. El ciclo hidrólogico en régimen influenciado Una vez expuestas las nociones básicas del ciclo hidrológico en régimen natural, procede considerar ahora este ciclo pero en las condiciones reales actua les, es decir, afectado por la acción humana. Para ello se expondrá el concepto clásico de ciclo influenciado o afectado y se mostrarán distintos casos de afección, tras lo que se planteará el problema básico de estimar los flujos naturales a partir de los flujos observados, lo que se conoce como restitución al régimen natural. Finalmente, se expondrá el nuevo concepto de la afec ción a escala global. 3.1.2.2.1. La afección antrópica sobre el ciclo hidrológico El agua ha sido siempre un elemento imprescindible para el desarrollo de la civilización, y el hombre ha avanzado en este desarrollo modificando el régimen de los flujos y almacenamientos naturales del agua en el ciclo hidrológico. Así, el establecimiento de las ciu dades, o la producción de alimentos mediante la agri cultura de regadío, o la producción de energía, han exigido derivar las aguas de sus lugares naturales ríos, lagos o acuíferos- y aplicarlas a estos usos, modi ficando así la circulación que habrían tenido de no mediar intervención humana. En muchas regiones del planeta, y en particular en nues tro país, estas intervenciones locales han sido muy inten sas, y han dado lugar a una circulación del ciclo que resulta, en muchos casos, absolutamente distinta de la que se produciría en el régimen natural. Esta circulación real, resultante de los flujos y almacenamientos natura les modificados por las acciones antrópicas, constituye el ciclo hidrológico en régimen afectado. En la figura 57 se muestran esquemáticamente dis tintos ejemplos de afección al régimen natural, en su sentido clásico, debidos a la presencia de un embal se de regulación, de unos pozos en el acuífero, de una central térmica, de una ciudad y de una zona de regadíos. El embalse de regulación supondrá una modificación del régimen hidrológico del río para adaptarlo a las demandas y mermará sus aportaciones como conse cuencia de la evaporación. Los pozos que bombean agua del acuífero darán lugar a un descenso de los 80 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 56. Esquema de los principales flujos de agua (km3/año) en régimen natural para el territorio español niveles piezométricos, el cual afectará a los caudales del río y podrá inducir a su vez, dada la proximidad de los pozos a la costa, una penetración del frente de intrusión salina. La central térmica derivará caudales para su refrigeración, los cuales al ser devueltos al río podrán ver aumentada su temperatura. El agua aplica da para los regadíos y utilizada por las plantas supon drá una disminución del recurso, mientras que la no consumida retornará a los ríos y acuíferos viendo alte rada su calidad, al adquirir nuevos elementos proce dentes de fertilizantes, insecticidas, pesticidas, etc. El agua detraída para el abastecimiento de la ciudad tam bién se consumirá en parte, retornando el resto para ser depurada y evacuada al mar. Como se ilustra en la figura y se deduce de los comen tarios anteriores, las alteraciones que puede sufrir el ciclo hidrológico son muchas y de muy variados efec tos, y a su consideración se dedicarán distintos epígra fes de este Libro. 81 Libro Blanco del Agua en España Figura 57. Algunos ejemplos de alteraciones antrópicas del ciclo hidrológico Figura 58. Afección de los bombeos en La Mancha sobre los caudales del río Júcar 0 100 200 300 400 500 600 Bombeos Ganancia del río ACUÍFERO AGUA SALADA Un buen ejemplo de la clásica afección antrópica de los bombeos de un acuífero sobre los caudales del río que lo drena es el proporcionado por el acuífero de la Mancha Oriental y el río Júcar. La figura 58 muestra muy expresivamente la evolución del proceso de los bombeos anuales del acuífero y la ganancia hídrica en el tramo fluvial asociado, en el periodo de los últi mos 50 años. Como se aprecia, hay importantes volú menes de agua que hasta los años setenta salían natu ralmente al río, y ahora han pasado a extraerse por bombeo, afectando así a las aportaciones fluviales, si bien hay que precisar que, en los últimos años, a este efecto de afección se superpone el de la sequía plu viométrica. Otro ejemplo ilustrativo y anecdótico de afección antrópica, mucho menos usual e importante que el anterior, es el producido por un embalse cuyo vaciado y llenado induce la respuesta de un manantial hidro geológicamente asociado, modificándose así las con diciones de escorrentía natural del acuífero. Es el caso, por ejemplo, del embalse de Valdeinfierno en el río Guadalentín (cuenca del Segura), y el importante manantial de los Ojos de Luchena, del que existen afo ros discontinuos desde el siglo XVII. El gráfico adjun to muestra con claridad -para los aforos disponibles en el periodo 1981-1993- la afección indicada (fig. 59). Hay que hacer notar que el hecho de que se produzcan sobre el ciclo hidrológico afecciones antrópicas como las mostradas no es intrínsecamente negativo ni posi tivo, sino distinto. Son simplemente diferentes mode los de funcionamiento, cuya mayor o menor bondad con respecto a la situación inicial dependerá de muchas circunstancias locales y debe dilucidarse en cada caso concreto. Desde el punto de vista cuantitativo, la afección más significativa es sin duda la merma de los caudales naturales debida a las detracciones del agua para los usos consuntivos. Como es bien conocido, la mayor utilización consuntiva del agua en España es para los riegos, siendo un porcentaje muy alto de ese agua devuelta a la atmósfera mediante la evapotranspira ción desde las zonas de regadío. Los usos urbanos e industriales en España representan una proporción consuntiva mucho menor que la de los usos agrícolas, mientras que el uso energético, principalmente la refrigeración de centrales, es muy poco consuntivo. En el entendimiento de que se trata sólo de una pri mera imagen, y sin perjuicio del desarrollo expositivo que tendrán estas cuestiones más adelante, puede avanzarse ahora, como primer indicador de la afección antrópica sobre el ciclo natural, el cociente entre el caudal medio que circula actualmente y, por tanto, en régimen real, afectado, y el que circularía si no hubie se afección humana, es decir, en régimen natural. Los valores de este indicador para algunos importantes ríos españoles se muestran en el gráfico adjunto, en el que se representa también el valor medio global para estos ríos, y se manifiesta con claridad el efecto de la afección antrópica (fig. 60). Como se aprecia, el efecto relativo de las detracciones para usos aguas arriba es máximo en el Segura (llega al mar un 4% de lo que llegaría si no hubiese aprove chamentos), lo que revela una extrema utilización con suntiva de las aguas en esta cuenca. También es impor tante este efecto, aunque en menor medida, en las cuencas de los ríos Guadiana, Guadalquivir o Júcar, siendo menor en el Tajo, Ebro y Duero. 82 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 59. Afección del embalse de Valdeinfierno sobre el manantial de los Ojos de Luchena 0 100 200 300 400 500 600 700 800 01-ene-80 31-dic-81 31-dic-83 30-dic-85 30-dic-87 29-dic-89 29-dic-91 28-dic-93 C au d al d el m an an ti al ( l/ s) 34 35 36 37 38 39 40 N iv el d el e m ba ls e (m ) Manantial Embalse Como se ha indicado, esta relación no es sino un pri mer indicador de la afección, pero en modo alguno la describe enteramente. Piénsese, por ejemplo, que puede haber modificaciones sustanciales del régimen de circulación de las aguas en la cuenca que no impli quen consumos apreciables (como producción hidroe léctrica o industrias con alto retorno) y, por tanto, no se reflejen en el ratio ofrecido. Además, y sobre todo, pueden producirse modificaciones muy importantes en las condiciones de calidad de las aguas que serían invisibles para este ratio. En la práctica, no obstante, es frecuente que ambas condiciones vayan asociadas, y lugares con niveles de utilización más intensos pre senten también los mayores niveles de degradación. Por otra parte, desde el punto de vista del régimen temporal de flujos, la afección mas importante es sin duda la inducida por los embalses de regulación, cuyo objetivo es precisamente ése, la modificación del régi men de caudales naturales para su adaptación a los requerimientos humanos. 83 Libro Blanco del Agua en España Figura 60. Relación entre aportación real y aportación natural para diferentes ríos españoles 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 D u er o en fr on te ra Ta jo e n f ro n te ra G u ad ia n a en B ad aj oz G u ad al q u iv ir e n A lc al á d el R ío Se gu ra e n G u ar d am ar Jú ca r en d es em bo ca d u ra E br o en T or to sa L lo br eg atR el ac ió n e n tr e ap or ta ci ón r ea l y a p or ta ci ón n at u ra l ( % ) Figura 61. Mapa de volúmenes de embalse aguas arriba (hm3) Bajo esta perspectiva, el grado de alteración produci do en un punto de un río será básicamente función del volumen de embalse existente aguas arriba del punto, de la magnitud relativa de ese embalse con respecto a las aportaciones circulantes, y del régimen de explota ción de estos embalses aguas arriba. El régimen de explotación podría ser tal que se repro dujese la circulación natural, con lo que la alteración sería nula. En el extremo contrario, la máxima pertur bación sería la correspondiente a la movilización de todo el volumen de embalse aguas arriba. Para acotar este efecto extremo, y tener una primera idea cuanti tativa de lo que puede suponer en nuestro país la alte ración del régimen de caudales, como consecuencia de la regulación, se ha elaborado un mapa de volúmenes de embalse aguas arriba de cada punto de la red flu vial, tal y como se muestra en la figura 61. Como se observa, los mayores volúmenes llegan a supe rar los 5.000 hm3, y se encuentran obviamente en los cursos bajos de los grandes ríos (Guadalquivir, Ebro, Tajo, Duero y Guadiana). Por contra, existen algunas cuencas donde apenas se alcanzan los 1.000 hm3 (Norte, Sur, C.I. de Cataluña, Galicia Costa y Segura). Si se divide el mapa de aportación natural circulante por este mapa de volumen de embalse aguas arriba, se obtie ne el interesante nuevo mapa de máxima alteración potencial del régimen mostrado en la figura 62. Como puede verse, las alteraciones potenciales por efecto de la regulación presentan un aspecto muy dife rente al del embalse aguas arriba. Cuencas con muy alta capacidad absoluta de almacenamiento, como el Ebro, presentan regímenes en general poco alterados debido a su gran aportación natural, mientras que otras también con grandes aportaciones presentan posibilidades de alteración mucho mayor (Tajo o Guadalquivir), debidas a su mayor disponibilidad de embalses. Además, debe recordarse que nos estamos refiriendo a alteraciones máximas potenciales, y las reales pueden ser notablemente inferiores a estas. Piénsese, por ejemplo, en el caso frecuente de un embalse hidroe léctrico de muy alta capacidad, pero con poca carrera de explotación. La alteración potencial aguas abajo podría ser muy alta, pero la realmente producida puede ser muy pequeña. 3.1.2.2.2. La restitución al régimen natural La restitución de los caudales de los ríos y drenajes de acuíferos consiste en estimar su régimen natural -que es el que define los recursos existentes- a partir del régimen alterado, que es el que puede observarse y medirse. Para estimar ese régimen natural es preciso conocer las detracciones de agua de los ríos y acuífe ros, los retornos al río, la gestión de los embalses, así como las evaporaciones y filtraciones que en ellos 84 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 62. Mapa de máxima alteración potencial actual del régimen natural por efecto de la regulación existente puedan producirse, las transferencias artificiales entre cuencas, etc. En suma, se necesita disponer de infor mación sobre la evolución en el tiempo de todas las intervenciones humanas significativas que se han pro ducido en la cuenca. En general, en nuestro país no se conocen de forma satisfactoria los usos y derivaciones del agua. Lógica mente, este conocimiento es mayor en aquellas zonas donde la escasez ha exigido mayores controles e inter venciones públicas para la distribución de las aguas, pero, en todo caso, y de forma general, resulta impres cindible promover avances fundamentales en esta direc ción, que solo pueden venir de la intensificación y potenciación de las redes de medida, aspecto fundamen tal que ya avanzamos, y que trataremos más adelante. Los retornos del agua derivada, que son aún menos conocidos cuantitativamente, dependen del tipo de uso y de la distancia del punto de utilización a los de toma y retorno. El retorno de agua superficial a los ríos se produce con un desfase respecto a la toma usualmen te de horas o días, pero que puede llegar a ser del orden de un mes. Si el retorno se produce a través de los acuíferos, el desfase suele ser mucho mayor, inclu so de años. Esto es importante a la hora de interpretar los datos de caudales históricos registrados en las esta ciones de aforo de los ríos y, en particular, los de cau dales bajos cuando están influidos por derivaciones de riego de cuantía desconocida. Lo mismo sucede cuan do se producen bombeos de agua subterránea de cuan tía y distribución temporal desconocida en acuíferos aluviales pequeños, que pueden influir de forma rápi da en los caudales del río. En definitiva, el nivel de alteración antrópica es a veces tan intenso y complejo que resulta prácticamen te imposible restituir los caudales naturales, con cierta fiabilidad, a partir del imperfecto conocimiento de las afecciones producidas. En estos casos, frecuentes en los cursos bajos de los ríos, puede recurrirse a mode los hidrológicos de lluvia-escorrentía que, razonable mente calibrados, permitan estimar las condiciones naturales de la cuenca. Una adecuada combinación de distintos métodos y aproximaciones, según las cir cunstancias de cada caso, será la clave del éxito para atacar el problema de forma satisfactoria. Restituir los caudales naturales históricos y obtener valores de aportaciones en régimen natural es una tarea de la mayor importancia para el conocimiento de los recursos hídricos y para la planificación hidrológica, pudiendo decirse que, en nuestros días, todavía está sujeta a algunas incertidumbres relativamente impor tantes, que no pueden ignorarse por esta planificación. 3.1.2.2.3. La afección antrópica a escala global Además de previamente descritas afecciones antrópi cas clásicas, a la escala local de las cuencas hidrográ 85 Libro Blanco del Agua en España Figura 63. Distintas perspectivas de los efectos antrópicos sobre el ciclo hidrológico Atmósfera Superficie de la Tierra Hombre Atmósfera Superficie de la Tierra Hombre Visión clásica de la afección sobre el ciclo hidrológico Visión moderna de la afección global sobre el ciclo hidrológico Procesos naturales Procesos antropogénicos ficas, recientemente ha emergido la consideración de otro tipo de afección antrópica sobre el ciclo hidroló gico, que es la debida a los impactos humanos a esca las globales, continentales o planetarias. Las alteraciones térmicas y emisiones de gases debidas a las concentraciones humanas y megalópolis en latitu des templadas, o la tala masiva y deforestación de los trópicos, son fenómenos planetarios conmesurables con los del intercambio de humedad de la circulación gene ral atmosférica. El efecto de realimentación del estado de superficie, cada vez más influenciado de forma antrópica, sobre los procesos atmosféricos y el ciclo hidrológico a escala global, comienza a ser una realidad cuyas consecuencias no son aún suficientemente cono cidas (NRC, 1991. pp.43-45). La figura 63 ilustra esquemáticamente estas perspectivas. En definitiva, una moderna concepción del ciclo hidro lógico ha de tener presente que, además de las afeccio nes clásicas a la escala de las cuencas fluviales, la acti vidad humana a la escala planetaria ha llegado a ser una parte significativa de este ciclo global, produciéndose complejos fenómenos de retroalimentación, aún no bien caracterizados desde el punto de vista científico. 3.1.2.3. La contabilidad del agua Una vez contemplados los aspectos básicos del ciclo hidrológico tanto en régimen natural como afectado, pro cede comentar la existencia de metodologías para llevar a cabo la contabilidad formal de los procesos descritos. Estas metodologías de cuentas del agua en su vertiente cuantitativa presentan gran interés como procedimiento de organización compacta, metódica y estructurada de los flujos y almacenamientos, y aunque se limitan a grandes balances agregados y carecen de la finura de los modelos detallados de simulación de sistemas hidráulicos, pueden emplearse como expresión sintética y estructurada de las salidas de estos modelos, y como instrumento de homogeneización formal con vistas a una posible contabilidad de los recursos naturales. Los primeros antecedentes de esta aproximación se deben a los trabajos sobre las cuentas del agua desa rrollados por Margat en los años 70, y han sido apli cados en España de forma experimental en la cuenca del Segura en 1984, y sistemáticamente en todo el territorio nacional (MOPTMA, 1996b). El desarrollo de un sistema de información estadística construido con tablas contables proporcionaría una base sólida de datos para el seguimiento y evaluación de las actuaciones políticas sobre la gestión, uso y ahorro de agua en España, y permitiría análisis homo géneos y comparaciones internacionales. Este sistema estadístico podría basarse en las denomi nadas cuentas satélite del agua que está desarrollando EUROSTAT con la colaboración de algunos estados miembros. El INE español está participado en estos desarrollos. 3.1.3. El reconocimiento de los recursos. Redes de medida El conocimiento descriptivo de los procesos intervi nientes en el ciclo hidrológico, tal y como ya se ha descrito, no es suficiente, ya que las necesidades de la sociedad actual obligan, cada vez más y con mejor detalle, a conocer su magnitud de una forma también cuantitativa. Para ello es necesario medir los flujos y almacenamientos de agua mediante redes de medida. Así, las redes de medida son el elemento básico para la cuantificación de los recursos hídricos, y tienen como objetivo fundamental suministrar información sobre el estado y evolución de las aguas superficiales y subterráneas. Existe un gran número de redes, de muy distinta natu raleza, objetivos y tipología. De forma esquemática, puede afirmarse que las que afectan a la cuantifica ción de los recursos hídricos son: 1. Las meteorológicas, dado que tanto la precipi tación como otras variables meteorológicas inter vienen en el proceso de generación de escorrentía 2. Las de aguas superficiales, que miden los flujos y almacenamientos en superficie, y 3. Las de aguas subterráneas, que proporcionan infor mación básicamente sobre niveles piezométricos en los acuíferos y caudales en los manantiales. A ellas nos referiremos en los epígrafes que siguen. 3.1.3.1. Situación de las redes de control 3.1.3.1.1. Redes meteorológicas Aunque existen observaciones meteorológicas pun tuales desde tiempos muy remotos, es por Perrault en Francia y en el siglo XVII, entre 1668 y 1674, cuando se realizan por vez primera mediciones sistemáticas de lluvias a lo largo de todo un año, en el contexto de los primeros estudios cuantitativos sobre el ciclo hidroló gico. Desde finales del XVII se extiende por los paí ses de occidente la medición de las precipitaciones, y comienza a medirse la tasa de evaporación (Solís, 1990, p.173). En España, los primeros intentos realizados para dis poner de datos meteorológicos son muy antiguos, 86 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles existiendo constancia de observaciones realizadas con fines médicos desde las Efemérides de Navarrete, en 1737. De finales del XVIII son las pioneras observa ciones de Salvá en Barcelona, Alonso Salanova en Madrid, Sánchez Buitrago en Cádiz, o Bals y Cardona en Mahón (Barriendos et al. [1997] pp.47-62). Ya a finales del siglo XVIII se iniciaron propiamente las observaciones meteorológicas, y los primeros datos que se conservan son los del Observatorio de San Fernando en Cádiz, desde 1805, y los del Observatorio de Madrid, desde 1841. La serie de San Fernando, la más antigua de todas las españolas, es la ofrecida en el gráfico adjunto, elaborado con datos de INM (1996) (fig. 64). Además de los Observatorios oficiales, existieron curiosas iniciativas singulares como la del párroco mosén Bodí, que recogió la relación detallada de las tormentas acaecidas en Carcagente entre 1837 y 1876, con datos concretos de las lluvias caídas en cada tem poral y sus vientos dominantes, o la recopilación de Rico Sinobas, con datos del primer tercio del siglo. Un primer impulso al desarrollo de la red oficial se pro duce en 1860, año en que Isabel II promulgó un Real Decreto por el que se encomendaba a la Junta General de Estadística del Reino la creación de 22 estaciones mete orológicas, lo que produjo un aumento espectacular del número de puntos de observación, tal y como se muestra en la figura 65 -elaborada con datos del Instituto Nacional de Meteorología-, de evolución del número de estaciones a lo largo del siglo XIX. Tal y como puede observarse, a finales de este siglo la red estaba compues ta por unas 40 estaciones meteorológicas. 87 Libro Blanco del Agua en España Figura 64. Serie de precipitaciones anuales en San Fernando (Cádiz) desde 1805 0 200 400 600 800 1000 1200 1400 1805 1825 1845 1865 1885 1905 1925 1945 1965 1985 P re ci p it ac ió n ( m m / añ o) Figura 65. Evolución del número de estaciones meteorológicas en España durante el siglo XIX 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 1800 1810 1820 1830 1840 1850 1860 1870 1880 1890 1900 1910 Durante el presente siglo el crecimiento de la red ha sido desigual, y aunque en la segunda década (arran cando en 1912-1913) se produce el despegue inicial, con un aumento muy importante de estaciones alcan zando un número próximo a mil, puede afirmarse que es a partir del año 1940 cuando se empieza a disponer masivamente de series ininterrumpidas, o al menos con pocas lagunas. Esta es la razón principal por la que, con frecuencia, los datos de estudios hidroclimá ticos en nuestro país arranquen en esas fechas. Como se aprecia en el gráfico adjunto, elaborado con datos del INM, este crecimiento alcanza un máximo a finales de los años 70, para mantenerse o incluso decrecer hasta la actualidad, en que existe un núme ro aproximado de 5.000 estaciones meteorológicas en servicio (fig. 66). En la actualidad, el Ministerio de Medio Ambiente es el responsable, a través del Instituto Nacional de Meteorología, de la adquisición, gestión y difusión de los datos meteorológicos. 88 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 66. Evolución del número de estaciones meteorológicas en España durante el siglo XX 0 1000 2000 3000 4000 5000 6000 1900 1910 1920 1930 1940 1950 1960 1970 1980 1990 2000 Figura 67. Mapa de la Red de estaciones meteorológicas con registros históricos del INM La red de ámbito nacional, mostrada en la figura 67 y descrita por ámbitos de planificación en la tabla 3, consta de aproximadamente 9.200 estaciones en las que se dispone de registros históricos, de las cuales unas 5.200 miden sólo precipitaciones (P); 3.700 miden precipitaciones y temperaturas (TP); 200 son estaciones completas (C), que registran datos de pre cipitación, temperatura, humedad atmosférica, insola ción, velocidad del viento, etc.; y 80 son automáticas. Este último tipo de estaciones son muy recientes. Registran los mismos tipos de datos que las completas y su principal rasgo característico es que transmiten la información automáticamente a través de la red tele fónica. Los datos registrados históricamente en todas las esta ciones meteorológicas se almacenan en la base de datos climatológicos del INM, tal y como se describe en el correspondiente epígrafe. De las casi 9.200 estaciones meteorológicas reflejadas en la tabla anterior se encuentran actualmente en ser vicio unas 5.080, de las cuales 2.520 son pluviométri cas, 2320 son termopluviométricas, 160 son comple tas y 80 son automáticas. El reparto por cuencas hidro gráficas se muestra en la tabla 4, elaborada con datos del INM. Las estaciones pluviométricas y termopluviométricas registran datos diarios, de gran valor para la estima ción de los recursos, pero insuficientes para los estu dios de crecidas, que requieren información en perio dos de tiempo menores. Los datos de intensidades horarias, e incluso minutales, sólo se registran en las estaciones completas y automáticas, cuyo número es muy escaso para el conjunto del territorio nacional. Este hecho hace que, como se verá mas adelante, la información captada por los sensores pluviométricos de la red SAIH (Sistema Automático de Información 89 Libro Blanco del Agua en España Ámbito Pluviométricas Termopluviométricas Completas Automáticas Totales Norte I 326 74 8 3 411 Norte II 241 169 8 12 430 Norte III 74 88 3 2 167 Duero 757 355 15 10 1.137 Tajo 257 355 18 6 636 Guadiana I 344 298 6 8 656 Guadiana II 124 74 3 2 203 Guadalquivir 782 382 23 7 1.194 Sur 215 147 14 1 377 Segura 110 182 6 8 306 Júcar 447 318 18 5 788 Ebro 663 748 34 14 1.459 Galicia Costa 82 97 10 1 190 C.I. Cataluña 170 242 30 4 446 Baleares 130 38 7 0 173 Canarias 435 164 23 0 622 Total 5.157 3.731 226 83 9.197 Tabla 3. Número y distribución por ámbitos de planificación de las estaciones meteorológicas con registros históricos Cuenca Pluviométricas Termopluviométricas Completas Automáticas Totales Norte 213 268 23 18 522 Duero 339 215 12 10 576 Tajo 105 177 15 6 303 Guadiana 153 206 6 10 375 Guadalquivir 385 198 13 7 603 Sur 166 54 14 1 235 Segura 70 156 5 8 239 Júcar 180 193 15 5 393 Ebro 214 498 16 14 742 C.I. Cataluña 70 132 15 4 221 Baleares 134 43 7 0 184 Canarias 485 183 18 0 686 Total 2.514 2.323 159 83 5.079 Tabla 4. Número y distribución de las estaciones meteorológicas actualmente en servicio Hidrológica) tenga un especial interés para las creci das, y como complemento de las estaciones completas y automáticas del INM. Otra red meteorológica de ámbito nacional es la red de estaciones evaporimétricas en embalses, que histórica mente ha desarrollado y mantenido la Dirección General de Obras Hidráulicas y Calidad de las Aguas (DGOH CA). Además de registrar información sobre diferentes variables meteorológicas, mide datos de evaporación en tanque o en Piché. Aunque con anterioridad tuvo mayor número de estaciones, la red consta en la actualidad de los 75 puntos mostrados en la figura 68, cuyos datos mensuales son incluidos en los Anuarios de Aforo que regularmente publica la DGOHCA. Además de las mencionadas, existen otras redes meteorológicas, de menor ámbito, que son gestiona das por los propios Organismos de cuenca u otros Organismos de la Administración Central o Auto nómica, y que sirven para propósitos específicos y de complemento a la red nacional. También existe un programa, denominado ERHIN (Estudio de los Recursos Hídricos procedentes de la Innivación), que se inició en la cordillera pirenaica, y cuya finalidad es la de cuantificar la contribución de la fusión de la nieve en los recursos hídricos de distin tas cuencas (MOPU [1988]; MOPT [1992b]). El variado número de redes existentes y el diferente alcance de las mismas, pone de manifiesto el proble ma de la dispersión y la necesidad de coordinación que debe existir entre todas las Administraciones y Organismos implicados. 3.1.3.1.2. Redes de aguas superficiales El concepto de caudal de un río era conocido desde anti guo, pero su determinación en los cauces planteó en la práctica muchos problemas, no siendo hasta el siglo XIX cuando se conocen y dominan las técnicas necesa rias para tal estimación. Así como la lluvia comenzó a registrarse en Europa a finales del XVII, la medición de caudales no se desarrolla hasta los siglos XIX y XX. Aunque se conocen datos puntuales de caudales en algunos ríos españoles desde antes, es en el último ter cio del XIX cuando comienza a disponerse de series continuas, como muestra la figura 69 de aportaciones anuales del Guadalentín en la presa de Puentes, y que es -como la de San Fernando para las lluvias- la serie de aforos diarios conocida más larga de España. Lo usual es que, como se ha dicho, a lo largo del XIX no se disponga más que de datos puntuales de aforo muy dispersos espacial y temporalmente (v. Bentabol, 1900), no existiendo registros sistemáticos -aunque en un número reducido de estaciones- hasta comienzos del presente siglo. La primera normativa oficial sobre redes de medida de caudales data de 1941, cuando el entonces Ministerio 90 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 68. Mapa de la Red de estaciones evaporimétricas en embalses de Obras Públicas aprobó una Orden Ministerial para conocer los caudales utilizados por los concesionarios de los aprovechamientos de aguas públicas. Esta Orden Ministerial tuvo un cumplimiento parcial y tardío por lo que en 1963, la entonces Dirección General de Obras Hidráulicas (DGOH), ante la consta tación de que las estaciones no funcionaban de la forma deseable, aprobó un Plan General de Mejora y Ampliación de Estaciones de Aforo, que condujo al establecimiento de la Red Oficial de Estaciones de Aforo (ROEA). Este importante Plan se desarrolló entre 1963 y 1972 y dio lugar, tal y como se observa en la figura 70, a un crecimiento muy importante del número de estaciones de aforo en los ríos, que alcanzó un máximo a principios de los ochenta, para luego decrecer ligeramente hasta la actualidad. En la organización actual, los Organismos de cuenca tie nen a su cargo la operación y mantenimiento de estas redes de medida, mientras que el Organismo responsa ble del archivo general y la difusión de los datos es el Ministerio de Medio Ambiente, a través de la DGOH CA. En las Cuencas Internas de Cataluña, Galicia Costa, Baleares y Canarias, los Organismos responsables dependen de sus respectivos Gobiernos autónomos. La ROEA proporciona información de los datos de niveles y caudales en puntos seleccionados de los ríos y en los principales embalses y canales. Consta de unas 1.200 estaciones de aforo en los ríos (de las cuales se encuentran en servicio unas 730), unos 300 puntos de control en embalses mayores de 10 hm3, y unos 180 puntos de control en canales, tal y como muestran la figura 71 y la tabla 5, elaboradas con 91 Libro Blanco del Agua en España Figura 69. Serie de aportaciones anuales del río Guadalentín en la presa de Puentes desde 1885 0 50 100 150 200 250 1885 1895 1905 1915 1925 1935 1945 1955 1965 1975 1985 1995 h m 3 Figura 70. Evolución desde 1910 del número de estaciones de aforo en los ríos 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 1910 1920 1930 1940 1950 1960 1970 1980 1990 información de las Confederaciones Hidrográficas y otros Organismos. La mayor parte de los datos de estas estaciones se alma cena en la base de datos HIDRO diseñada y mantenida por el Centro de Estudios Hidrográficos del CEDEX (Quintas, 1996), Organismo que tiene encargo de la DGOHCA de archivar y publicar periódicamente esa información. El dato se almacena y publica a escala dia ria, aunque muchas de las estaciones de la red pueden registrar datos de forma prácticamente continua. Las estaciones que forman parte de la ROEA tienen, en general, instalaciones de carácter permanente, y podrían complementarse con estaciones que funciona sen durante periodos cortos, por ejemplo durante las fases de estudio y proyecto de una obra hidráulica, y que después se abandonarían. Esto debería hacerse en cualquier caso de forma muy selectiva y programada. Existen otro tipo de redes, como los Sistemas Automáticos de Información Hidrológica (SAIH), promovidos por la DGOHCA, e implantados en fase de implantación en los Organismos de cuenca. Los SAIH son una herramienta de gran interés proporcio na un conocimiento de la situación hidrometeorológi ca e hidrológica de lcuencas en tiempo real, y permi te, con los adecuados modelos, hacer predicciones de ciertas variables a corto plazo (MOPTMA-CHE [1995]; Aldana et al. [1996]). En la actualidad, la red SAIH cubre sólo parcialmente el territorio español, aunque se prevé a corto plazo su extensión a todas las cuencas peninsulares, y proporcio na, entre otros, datos en tiempo real - a escala de pocos minutos - sobre niveles y caudales en ríos y canales, reservas y salidas de los embalses, precipitaciones, etc. En la actualidad, están funcionando total o parcialmente las redes correspondientes a las cuencas hidrográficas del Júcar, Segura, Sur, Ebro, Internas de Cataluña y Guadalquivir, tal y como se muestra en la figura adjun ta, y se encuentran en distintas fases de desarrollo las del Tajo, Guadiana, Norte y Duero. Los datos oficiales más antiguos registrados por esta red son de 1988 y corres ponden a la cuenca del Júcar, que fue la primera en la que se instaló el sistema (Pedrero, 1996). Los datos de intensidades de precipitación y caudales en los ríos que proporcionan los SAIH son de gran inte rés para el estudio de episodios de tormenta, y deben servir de complemento a los datos diarios de la red de estaciones pluviométricas del INM y de la red oficial de estaciones de aforo en los ríos de la DGHOCA (fig. 72). Aunque las redes anteriores hayan tenido en su origen una finalidad diferente - la ROEA es una red de pro pósito general de alcance nacional y el SAIH nació como una red específica en tiempo real orientada a las crecidas - en la actualidad sus objetivos y alcances tienden a ser convergentes y concebirse no específica mente para crecidas o explotación, sino como instru 92 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 71. Mapa de la Red de medida de aguas superficiales mentos para el conocimiento y control del dominio público hidráulico. 3.1.3.1.3. Redes de aguas subterráneas Con respecto a las aguas subterráneas, las redes de piezometría e hidrometría son las que aportan datos sobre niveles de agua en los acuíferos y caudales en los manantiales, respectivamente. La red de hidrome tría incluye también, ocasionalmente, mediciones de algunos cursos de agua además de los manantiales. En España, los primeros datos de medidas de niveles piezométricos de los que se tiene referencia se remon tan al siglo XIX (época del desarrollo del artesianismo), y corresponden a los primeros pozos de abastecimiento y riegos. Sin embargo, hay que esperar hasta la década de 1960 para el planteamiento de programas sistemáti cos de investigación de mayor entidad, iniciándose su desarrollo masivo a finales de esta década (Caride de Liñán [1992]; Martínez Gil [1994]; Cabezas [1994]). Además de las redes generales, y como en el caso de las redes de aguas superficiales, existen redes específicas, operadas y gestionadas por entidades públicas o priva das. Es el caso de la red del Pirineo Oriental, con unos 400 puntos, algunos desde 1966 y con registros men suales, y operada en la actualidad por la Junta de Aguas, o de las de algunas Diputaciones Provinciales, como la Red de Control de la Diputación Provincial de Alicante, que tiene firmado un convenio de intercambio de datos con la Confederación Hidrográfica del Júcar. Esta red consta de 130 puntos de piezometría, 200 de calidad e intrusión y 20 de medida de manantiales. De las redes existentes destacan, por su mayor aproxi mación a los objetivos de una red de propósito general de alcance nacional, las de piezometría e hidrometría operadas por el Instituto Tecnológico Geominero de España (ITGE) desde finales de los años 60 hasta la actualidad. En los últimos años vienen siendo opera das conjuntamente por el ITGE y la DGOHCA. La red piezométrica cubre unos 135.000 km2, del orden del 80% de la superficie permeable del territorio. Consta en la actualidad de unos 3.000 puntos de obser vación (ver tabla adjunta, con datos del ITGE corres pondientes a 1996), en los que se realizan al menos dos medidas al año, siendo lo habitual establecer controles trimestrales y, en algunos casos, mensuales. La figura 73, elaborada a partir de los datos de MOPTMA MINER-UPC (1993), muestra algunos puntos seleccio nados de las indicadas redes (tabla 6). En cuanto a la red de hidrometría (aforo de manantia les), cubre una superficie del orden de 42.000 km2 y se compone de casi 500 puntos de observación. En los últimos años se ha producido un descenso en el número de puntos de estas redes, como muestra el paso 93 Libro Blanco del Agua en España Ámbito de Superficie Estaciones de Densidad de Puntos de Estaciones de planificación (km2)(1) aforo en ríos estaciones de control en aforo en aforo en ríos embalses canales (1/km2) > 10 hm3 Norte I 17.600 14 1/1.257 25 2 Norte II 17.330 32 1/541 8 1 Norte III 5.720 10 1/572 4 0 Duero 78.960 104 1/759 27 1 Tajo 55.810 96 1/581 46 36 Guadiana I 53.180 29 1/1.833 24 8 Guadiana II 7.030 11 1/639 6 0 Guadalquivir 63.240 71 1/891 57 6 Sur 17.950 48 1/374 12 22 Segura 19.120 17 1/1.125 13 11 Júcar 42.900 44 1/975 19 22 Ebro 85.560 171 1/500 46 35 Galicia Costa 13.130 14 1/938 10 1 C.I. Cataluña 16.490 40 1/412 6 31 Baleares 5.010 31 1/162 0 0 Canarias (2) 7.440 - - - Total 506.470 732 1/692 303 176 Tabla 5. Puntos de control en servicio de la Red oficial de estaciones de aforo de aguas superficiales (1): La superficie de los distintos ámbitos es la resultante de integrar la poligonal que define cada uno de ellos, la cual se ha obtenido a partir de la digita lización de las hojas topográficas a escala 1:50.000 del Servicio Geográfico del Ejército en coordenadas UTM transformadas al huso 30. (2): La ROEA no incorpora actualmente información sobre los puntos de control de aguas superficiales en Canarias. de más de 4.500 puntos de la red de piezometría en el periodo 1980 a 1985, a menos de 3.000 en la actualidad. La figura 74 muestra el número de datos piezométricos registrados en la cuenca del Segura desde 1960; aunque se refiere a un territorio concreto, ilustra muy bien el proceso global que se ha seguido. Como se observa, la toma de datos sistemática comienza a finales de los 60. El gran impulso de investigación de las aguas subterráneas que se dio en la primera mitad de los 70 llegó a producir casi 4.000 datos anuales, mientras que desde mediados de los 80 la cifra se reduce a unos 1.000, y con altibajos y tendencia decreciente en los 90. Recientemente, la Administración ha programado una serie de actuaciones con objeto de implantar nuevas redes de medida, que en el futuro constituirán la Red Oficial de Control de las Aguas Subterráneas (MOPT, 1992). En la tabla 7 se recogen los puntos de medida pro puestos, diferenciando los de nueva ejecución y los preexistentes, seleccionados éstos últimos por reunir 94 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 72. Mapa de la Red SAIH en funcionamiento Superficie de Número de Densidad de la Número de Densidad de Cuenca afloramientos puntos red de red de puntos red de red de permeables piezometría piezometría hidrometría hidrometría (km2) (1996) (1/km2) (1996) (1/km2) Duero 52.798 284 1/186 - Tajo 17.473 84 1/208 75 1/233 Guadiana 14.740 228 1/65 18 1/819 Guadalquivir 15.157 433 1/35 109 1/139 Sur 5.215 779 1/7 134 1/113 Segura 7.023 170 1/41 35 1/201 Júcar 23.787 334 1/71 22 1/1.081 Ebro 17.047 237 1/72 72 1/237 C.I.Cataluña 6.596 257 1/26 12 1/550 Baleares 3.675 150 1/25 - Total 163.511 2.956 1/55 477 1/343 Tabla 6. Número de puntos de observación de las redes de piezometría e hidrometría. las características exigibles a los puntos de control de una red. Resultan así 1.910 puntos de control, con una superficie permeable aflorante controlada de aproximadamente 160.000 km2. La densidad media es de un punto de con trol cada 85 km2, correspondiendo los valores extremos a la cuenca del Duero y al archipiélago Balear, con uno cada 142 y 30 km2, respectivamente. Este programa de implantación de redes de control de aguas subterráneas se inició en 1994 y tenía pre vista una duración de 6 años, encontrándose actual mente en ejecución. Desde 1996, la responsabilidad de la publicación de los datos de estas redes, junto con las de aguas super ficiales, corresponde a la DGOHCA del Ministerio de Medio Ambiente. 95 Libro Blanco del Agua en España Figura 73. Mapa de puntos seleccionados de las redes de piezometría e hidrometría Figura 74. Evolución desde 1960 del número de datos piezométricos en la cuenca del Segura 0 500 1000 1500 2000 2500 3000 3500 4000 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 3.1.3.2. Comparación con otros paises Una vez descrita la situación de nuestras redes básicas, es interesante comparar esta situación con la de otros países del entorno. Según un estudio de la Organización Meteorológica Mundial (OMM, 1991) la densidad de estaciones pluviométricas en España está muy por encima del mínimo recomendado por la OMM y se encuentra, en relación a otros países, en un nivel aceptable. No sucede igual en cuanto a la densidad de la red de medida de aguas superficiales, donde España se encuentra entre los últimos lugares, muy distanciada de otros países de nuestro entorno. En la tabla adjunta -elaborada a partir de datos de EEA (1996a)- se muestra el número de estaciones de las redes de aguas superficiales de distintos países de la Unión Europea (UE), para los que la densidad media es del orden de una estación cada 270 km2 (tabla 8). El número de estaciones operativas en la red oficial de aforos de ríos en España (732) representa un índice de densidad algo inferior al medio (aproximadamente, una estación cada 600 km2) recomendado por la OMM (1981) para regiones de tipo montañoso, pero es muy inferior - del orden de 1/3 - a la media europea de una estación cada 270 km2, siendo solo superior a los índi ces de los países escandinavos, con amplias áreas del territorio lacustres y deshabitadas. Estas cifras subrayan el muy bajo nivel comparativo de la red de aforos de aguas superficiales, hecho aún menos explicable si se tiene en cuenta la mayor escasez de recurso en nuestro país, tal como se verá más adelante. En cuanto a las aguas subterráneas, en la tabla 9 se muestran las densidades medias de las redes de control piezométrico de algunos países europeos, extractadas de EEA. Las cifras de la tabla anterior muestran que España tiene unas densidades similares a Portugal, claramen te inferiores a Alemania, Austria, Holanda o Ingla terra, y sólo superiores a Dinamarca, país donde se da el mayor porcentaje de uso de los recursos subterráne os respecto al total en toda la Unión Europea, tal y como se verá más adelante. 3.1.3.3. Problemas, conclusiones y propuestas de actuación De forma general, y sin reserva alguna, ha de señalar se que la cuestión de las redes de medida es una de las 96 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Cuenca Sup. permeable Número de puntos de control hidrográfica aflorante (km2) De nueva Preexistentes Total Densidad media ejecución (1/km2) Norte 5.548 58 20 78 1/71 Duero 52.798 280 93 373 1/142 Tajo 17.473 93 38 131 1/133 Guadiana 14.740 118 86 204 1/72 Guadalquivir 15.157 184 122 306 1/50 Sur 5.215 76 67 143 1/36 Segura 7.023 75 41 116 1/61 Júcar 23.787 121 137 258 1/92 Ebro 17.047 107 71 178 1/96 Baleares 3.675 57 66 123 1/30 Total 162.463 1.169 741 1.910 1/85 Tabla 7. Red nacional de control piezométrico prevista (cuencas intercomunitarias y Baleares) País Superficie Número Densidad media (km2) estaciones (1/km2) Austria 83.850 861 1/97 Dinamarca 43.092 417 1/103 España 506.470 732 1/692 Finlandia 338.130 322 1/1.050 Francia 543.965 3.500 1/155 Irlanda 70.285 1.243 1/56 Italia 301.277 969 1/310 Portugal 92.389 213 1/433 Reino Unido 244.410 1.339 1/183 Suecia 449.960 420 1/1.071 Total 2673.828 10.016 1/267 Tabla 8. Comparación de redes de medida de aguas superficiales en distintos países europeos principales asignaturas pendientes en relación con los recursos hídricos en España. En efecto, tras un importante impulso oficial en la déca da de los 60, de la mano de las recién creadas Comisarías de Aguas, del Servicio Geológico de Obras Públicas, y de los grandes programas de investigación hidrogeológica auspiciados por el Ministerio de Industria a través del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), en los años 80 y 90 se observa, como vimos, un estancamiento - cuando no disminución - del número de puntos de control existentes, indicativo de cierto desinterés por mejorar y potenciar estas redes. Ello revela, en última instancia, cómo las prioridades de la Administración hidráulica se orientaron en esos años hacia otros objetivos, y no hacia el control y medida del agua, lo que debiera constituir, sin duda, una de sus principales e irrenunciables funciones. Incluso la red SAIH, que constituye la excepción a esta tendencia y un importante esfuerzo por poten ciar la toma de datos, se concibe inicialmente como vinculada a la explotación y a las avenidas, y no como una modernización de las redes oficiales de control del dominio público. A este descenso en los últimos años, que contrasta, como se ha dicho, con el fuerte impulso que tuvieron las redes hasta principios de los ochenta, hay que aña dir una grave falta de medios para el mantenimiento y depuración de la información generada, y, en algunos casos, importantes retrasos en su publicación. El variado número de redes existentes y de Organismos encargados de su gestión, requiere inex cusablemente que se establezcan procedimientos de unificación e intercambio de la información, lo cual no sucede en la actualidad. Con este Libro Blanco se ha hecho un primer esfuerzo por recopilar una parte importante de la información existente, con la inten ción por parte de la DGOHCA de proceder a su unifi cación y publicación en breve plazo. Entrando ya específicamente en las redes meteoroló gicas, la principal observación que puede hacerse, en lo que afecta a la evaluación de los recursos hídricos, es que el número de estaciones es muy escaso en las zonas de mayor altitud, tal como se muestra en la figura 75. La figura 76 muestra asimismo en un primer gráfico la curva porcentual acumulada de superficie del territorio Tabla 9. Densidades medias de las redes de control piezométrico en países europeos 97 Libro Blanco del Agua en España Densidad media por Densidad media por País superficie permeable superficie del país (1/km2) (1/km2) Alemania 1/3 1/7 Austria 1/8 1/27 Dinamarca 1/216 1/216 España 1/55 1/171 Holanda 1/9 1/10 Inglaterra - 1/45 Portugal 1/51 1/149 Figura 75. Distribución de las estaciones meteorológicas según su altitud 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 100 300 500 700 900 1100 1300 1500 1700 1900 2100 C ot a (m .s .n .m .) frente a número de estaciones, con un punto de la curva para cada una de las cotas dadas en la figura anterior, y, en un segundo gráfico, el porcentaje de superficie y de estaciones que se encuentra bajo cada cota. Puede apreciarse con claridad el sesgo de las estacio nes hacia las cotas más bajas, frente a lo que sería una distribución perfectamente uniforme a lo largo de todo el relieve del país (línea azul de los 45º del gráfico pri mero, o superposición de ambas distribuciones en el gráfico segundo). Así, mientras que la mitad del terri torio español se encuentra bajo la cota 700, el 65% de las estaciones se encuentran bajo esa cota, y en el ter cio de tierras con menor altitud se concentra casi el 50% de todas las estaciones. Una parte importante de los recursos hídricos en España se genera en las cabeceras de las cuencas, donde se sitúa un porcentaje elevado de los embalses, mientras que las estaciones pluviométricas se locali 98 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 76. Curva porcentual acumulada de superficie del territorio frente a número de estaciones meteorológicas a las distintas cotas 0 20 40 60 80 100 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 Superficie acumulada (%) Núm. de estaciones acumulado (%) 0 20 40 60 80 100 0 300 600 900 1200 1500 1800 2100 Cota (msnm) % Estaciones Superfices Figura 77. Mapa de distribución espacial de estaciones pluvio métricas en los Picos de Europa, sobre un modelo digital del terreno zan preferentemente en los valles y junto a los cauces, tal y como se muestra en la expresiva figura 77, que representa una zona de la Cornisa Cantábrica. La uti lización directa de los datos registrados en las estacio nes da lugar a una infravaloración importante del volu men de precipitación, debido al fuerte gradiente de crecimiento de la lluvia con la altitud. En cuanto a la red oficial de aforos de aguas superfi ciales, puede afirmarse que su densidad es muy esca sa en algunas cuencas, como es el caso del ámbito del Guadiana I, donde sólo se dispone, en media, de una estación de aforo cada 1.800 km2. La equiparación de la red española a la media europea supondría práctica mente triplicar su densidad actual. Otra deficiencia de la red oficial es que no contempla algunos puntos que serían clave para el conocimiento y gestión de los recursos hídricos. En muchas ocasiones tampoco se tiene una idea precisa de la incertidumbre de los datos de caudal. Éstos se esti man de forma indirecta a partir de los niveles de agua y de la curva de gasto, que relaciona niveles y caudales. Esta curva se obtiene mediante aforos directos, que requieren una atención y un mantenimiento de la esta ción de aforos que no siempre se da por falta de dispo nibilidad presupuestaria. Es habitual que los datos de caudales de crecida se estimen a partir de extrapolacio nes de la curva de gasto no apoyadas en aforos directos de aguas altas ni en modelos hidráulicos de funciona miento de la estación, lo que conduce, en ocasiones, a que la fiabilidad de las estimaciones sea baja. Aunque la mejora de esta red debiera ser una prioridad para la mayoría de los Organismos de cuenca, en la actualidad no existe un programa a escala nacional que contemple la coordinación, modernización, opti mización de puntos de control, densificación de la red y mejora en su gestión. Un programa de estas características debería contri buir a que las nuevas estaciones cumpliesen los obje tivos básicos de una red de propósito general, como son, entre otros: medir flujos y almacenamientos de agua superficial, tanto en tramos naturales como afec tados, evaluar las crecidas de los ríos, complementar la interpretación de los datos de aguas subterráneas y calidad, proporcionar información para la planifica ción y gestión de los sistemas de explotación de recur sos y apoyar la investigación hidrológica. La necesi dad de tal programa resulta inexcusable. La red SAIH también registra datos de aguas superficia les en un gran número de puntos y los transmite en tiem po real. Es deseable una mayor coordinación entre esta red y la ROEA, cuyas responsabilidades, en la mayoría de las ocasiones y por causa de la ya comentada orien tación inicial dada a la red SAIH, recaen en diferentes departamentos dentro del mismo Organismo de cuenca. No siempre se tiene en cuenta, por otra parte, que mucho más importante que la transmisión del dato en tiempo real es su fiabilidad, y que ésta solo se consigue con un adecuado mantenimiento y con técnicos especialistas hidrólogos e hidráulicos que no siempre están disponi bles en estos Organismos. Obviamente, será necesario extender las funcionalida des de las redes SAIH a todas las cuencas hidrográfi cas, completando su cobertura a escala nacional, y potenciando el desarrollo de las utilidades que este tipo de redes de tiempo real pueden proporcionar (alertas hidrometeorológicas para protección civil y planes de emergencia, gestión óptima de embalses en situaciones de crecida, etc.) En definitiva, es conveniente que aunque diferentes Organismos o departamentos desarrollen y manten gan sus propias redes, se cree una base de datos glo bal que integre toda la información hidrológica existente (convencionales, SAIH, territoriales, etc.) y la haga fácilmente accesible al público en un forma to sencillo y homogéneo. Ante la gran importancia de esta cuestión y la necesi dad de mejorar la red oficial, verdadera red básica de medida del agua en España, se requerirá además, en el futuro inmediato, intensificar los esfuerzos de mante nimiento y mejora de esta red, integrar los datos de otras redes y difundir la importante información medioambiental generada. En cuanto a las aguas subterráneas, las principales observaciones que pueden hacerse a las redes piezo métricas e hidrométricas son la baja densidad de esta ciones, ya reseñada anteriormente, y que no están diseñadas con criterios técnicos acordes con los obje tivos que debe perseguir una red de carácter nacional. Hasta la fecha, salvo pequeñas excepciones, los pun tos de control se sitúan en pozos o sondeos construi dos para abastecimiento o regadío, generalmente de propiedad privada. Esto origina que la información pueda tener imprecisiones, y sea, en cierto modo, la que históricamente se ha podido encontrar en lugar de la que se desea y se busca. Además, y como ya se apuntó, en los últimos años se ha producido un descenso en el número de puntos de estas redes, como muestra el paso de más de 4.500 puntos de la red de piezometría en el periodo 1980 a 1985, a menos de 3.000 en la actualidad. Hay que recordar que en 1985 se promulgó una Ley de Aguas que incluía, entre sus grandes decisiones, la demania lización de las aguas subterráneas. Sin embargo, y sor 99 Libro Blanco del Agua en España prendentemente, no sólo no se previeron reformas administrativas y actuaciones decididas tendentes a mejorar el conocimiento de estos recursos, sino que este conocimiento fue paulatinamente empeorando desde entonces. El que en estos momentos se disponga de una infor mación en general más escasa y de peor calidad que de la que se disponía hace veinte años es difícilmente jus tificable, y no puede entenderse más que en el contex to de una desacertada concepción de los objetivos y funciones de la Administración Hidráulica. 3.1.4. Recursos naturales La evaluación de recursos hídricos en régimen natural es una tarea compleja que técnicamente aún no está definitivamente resuelta. Debe apoyarse en los datos registrados en las estaciones de aforo, que en la mayo ría de las ocasiones miden regímenes afectados. Como se comentó, la restitución a régimen natural de esos datos, aunque teóricamente sencilla, presenta en la práctica grandes dificultades, pues no es habitual dispo ner de suficiente información sobre la evolución tempo ral de los caudales detraídos de los ríos, de los bombeos en los acuíferos, de los retornos de riegos o abasteci mientos, o de la gestión de la infraestructura hidráulica. Por esa razón debe también recurrirse, de forma combi nada, a la utilización de modelos matemáticos de simu lación del ciclo hidrológico, cuya finalidad es recons truir el régimen hidrológico natural a partir de datos meteorológicos, de las características físicas de las cuen cas y de los datos registrados en las estaciones de aforo. Como se verá, tal aproximación combinada es la que se ha llevado a cabo en este Libro y, por vez primera, de forma distribuida y masiva para todo el país. 3.1.4.1. Escorrentías totales en régimen natural Para el estudio de las escorrentías totales que se produ cen en nuestro territorio se analizará, en primer lugar, el régimen de precipitaciones y el de evapotranspiración. Estas son las dos variables climáticas básicas que, con el control geológico establecido por el terreno, configu ran el régimen de las escorrentías. Tras ello se ofrecerá una evaluación de estas escorrentías totales, y se expon drán los procedimientos empleados y resultados obteni dos en el proceso de evaluación. 3.1.4.1.1. Precipitaciones A escala interanual, la variabilidad espacial de las precipitaciones en España se muestra en el mapa adjunto, donde se reflejan los valores medios anuales de precipitación (en mm) para el periodo de 56 años comprendido entre los años hidrológicos (de octubre a septiembre) 1940/41 y 1995/96. Los valores que se muestran en el mapa se han obtenido interpolando los 100 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 78. Mapa de valores medios de la precipitación anual (mm) en el periodo 1940/41-1995/96 datos registrados en los pluviómetros de la red del INM mediante el método del inverso de la distancia al cuadrado (fig. 78). Los valores de precipitación anual varían mucho, desde los más de 1.600 mm en extensas zonas del territorio, en las que se superan incluso los 2.000 mm, a los 300 mm de amplias áreas del Sureste peninsular y los menos de 200 mm en algunas zonas de las Islas Canarias. La media para España es de 684 mm/año equivalentes, como ya se vio, a 346 km3/año- y su dis tribución intraanual, a escala mensual, se muestra en la figura 79, en la que puede verse que, a escala glo bal, el mes más lluvioso es el de diciembre, y el menos lluvioso es el de julio. Es interesante también comprobar en esta figura la similitud de valores en el periodo entre enero y mayo, resultante, sin duda, del efecto de superposición y pro medio de distintos regímenes pluviométricos en dife rentes áreas del país. Por otra parte, y como complemento de la descrip ción de la variabilidad espacial, para caracterizar la variabilidad temporal de la lluvia en una zona se uti lizan en general valores medios areales de una serie de precipitaciones suficientemente larga. En la figu ra 80 se muestran los valores anuales de precipi tación media areal en España en el periodo de 56 años entre 1940/41 y 1995/96, junto con la media global para ese periodo. El examen de la serie anterior pone de relieve que las rachas de años secos son más largas que las húmedas, como corresponde a datos no gausianos y con sesgo positivo. Las dos rachas secas más largas, entendiendo 101 Libro Blanco del Agua en España Figura 79. Distribución mensual de la precipitación media en España 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 OCT NOV DIC ENE FE MAR ABR MAY JUN JUL AGO SEP m m Figura 80. Serie de precipitaciones anuales medias en España en el periodo 1940/41 1995/96 0 200 400 600 800 1000 1200 1940 1945 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 m m por tales aquéllas donde no se supera la media de la serie, tienen una duración de 8 (periodo 1979/80 a 1986/87) y 5 años (1990/91 a 1994/95), mientras las dos húmedas más largas son de 6 (1958/59 a 1963/64) y 3 años (1976/77 a 1978/79). Es también interesante destacar que durante el periodo de 17 años compren dido entre 1979/80 y 1995/96, sólo en 3 ocasiones se ha excedido la media de la serie, lo que es bien ilus trativo, como veremos, de los graves problemas de escasez de agua que se han producido en los últimos años en muchos lugares de España. Para apreciar mejor estas rachas de una forma global, se ha construido la serie de desviaciones unitarias acumu ladas (desviación es la diferencia de un valor con res pecto a la media de la serie, y desviación unitaria es la desviación dividida por la media), ofrecida, junto con su media móvil centrada de 5 años, en el gráfico adjunto. Tendencias crecientes reflejarán rachas húmedas, y ten dencias decrecientes reflejarán rachas secas (fig. 81). Es claramente perceptible en la figura anterior la exis tencia de 3 periodos distintos: uno globalmente seco desde 1940 hasta 1957, al que sigue uno globalmente húmedo desde 1958 hasta 1978 (acaso con dos subpe riodos de distinta intensidad separados por 1963), y al que, finalmente, sigue otro seco desde 1979 hasta 1995. Hasta qué punto tales rachas globales son repre sentativas de los distintos territorios se verá más ade lante, cuando volvamos sobre estas interesantes cues tiones al analizar otras rachas hidroclimáticas, las diferencias regionales, y el problema de la representa tividad de los registros hidrológicos. Un aspecto de interés es el de la estructura de autoco rrelación de las lluvias anuales (es decir, las relaciones de dependencia de la lluvia de un año con respecto a las de los años pasados). Para su contraste, la figura 82 muestra las funciones de autocorrelación y autocorre lación parcial de la serie, junto con sus intervalos de confianza del 95%. Ambas funciones muestran con nitidez la inexistencia de dependencia temporal de las precipitaciones anuales, lo que significa que no puede mejorarse la predicción de la pluviometría del año siguiente considerando la de los 102 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 81. Rachas de la precipitación media anual en España en el periodo 1940/41 1995/96, a partir de las desviaciones unitarias acumuladas 0,6 0,4 0,2 0 0,2 0,4 0,6 0,8 1 1,2 1,4 1940 1945 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 D es v ia ci o n es u n it ar ia s ac u m u la d as D.U.A. Media móvil 5 años Figura 82. Funciones de autocorrelación y autocorrelación parcial de las precipitaciones medias anuales en España en el periodo 1940/41-1995/96 Autocorrelación 5 10 15 20 1.0 0.5 0.0 0.5 1.0 Autocorrelación Parcial 5 10 15 20 1.0 0.5 0.0 0.5 1.0 anteriores, pues cada año es enteramente independiente del anterior, y se trata de un fenómeno sin memoria. Asimismo no se observan, en apariencia, ciclos plu viométricos plurianuales de naturaleza periódica. Fenómenos como el del ciclo de actividad solar (rela cionado con las manchas solares, que presentan perio dos de unos 11 años) no parecen incidir sobre la pre cipitación media que se registra en España. Es curioso constatar que esta hipotética relación, muy estudiada en registros de todo el mundo desde la década de los 60, ya fue anticipada en nuestro país por Bentabol (1900), concluyendo - tras el estudio de Almería, el Ebro, Valencia, Valle del Guadalquivir, Castilla, Murcia y Francia -, que la periodicidad de las sequías 103 Libro Blanco del Agua en España Ambito de Mínimo Medio Máximo Máx/Mín Coef. de Coef. de 1er coef. de Planificación variación sesgo autocorrelación Norte I 797 1.284 2.017 2,5 0,22 0,62 0,08 Norte II 899 1.405 1.888 2,1 0,14 -0,24 0,07 Norte III 958 1.606 2.282 2,4 0,16 -0,15 0,03 Duero 381 625 931 2,4 0,21 0,40 -0,02 Tajo 374 655 1.037 2,8 0,23 0,32 0,05 Guadiana I 261 521 755 2,9 0,25 0,07 0,19 Guadiana II 278 662 1.142 4,1 0,30 0,31 0,14 Guadalquivir 272 591 1.026 3,8 0,28 0,40 0,27 Sur 247 530 908 3,7 0,27 0,71 0,17 Segura 221 383 643 2,9 0,26 0,36 0,27 Júcar 302 504 805 2,7 0,21 0,61 0,19 Ebro 526 682 925 1,8 0,16 0,54 0,12 C. I. Cataluña 437 734 1.147 2,6 0,22 0,64 -0,18 Galicia Costa 929 1.577 2.324 2,5 0,20 0,27 0,01 Península 472 691 985 2,1 0,17 0,40 0,11 Baleares 381 595 975 2,6 0,23 0,76 0,20 Canarias 119 302 574 4,8 0,33 0,55 0,05 Total España 469 684 970 2,1 0,17 0,39 0,10 Tabla 10. Estadísticos básicos de las series de precipitaciones anuales areales correspondientes al periodo 1940/41-1995/96, por ámbitos de planificación hidrológica Figura 83. Mapa de coeficientes de variación (%) de la precipitación anual en el periodo 1940/41 1995/96 e inundaciones se daba aparentemente conforme al ciclo solar de modo generalizado y, muy especialmen te, en Murcia. Como puede verse, los modernos análi sis del registro pluviométrico no permiten soportar en la actualidad esta vieja hipótesis. Considerando ahora las distintas áreas territoriales, en la tabla 10 se ofrecen distintas medidas estadísti cas básicas de las series de precipitaciones areales anuales, para el periodo 1940/41 a 1995/96, en cada uno de los ámbitos territoriales de la planificación hidrológica. Como puede verse, no solo hay grandes diferencias interterritoriales en las cuantías medias anuales de las lluvias, sino también en su variabilidad relativa, medi da por el coeficiente de variación (cociente entre des viación típica y media). El mapa de la figura 83 mues tra la distribución espacial de este coeficiente, expre sado en tanto por ciento. Puede apreciarse que, sin perjuicio de la simplifica ción de emplear promedios areales de los ámbitos, que suavizan los valores puntuales extremos de su interior, las zonas de menor precipitación (Sur, Sureste, Islas Canarias, etc) tienen un coeficiente de variación mayor, lo que añade a la escasez en la precipitación una mayor irregularidad temporal. Lo contrario ocurre en las zonas de mayor precipitación, donde el coefi ciente de variación es menor. La figura 84 permite apreciar de forma visual y cuali tativa, mediante la mera gradación cromática, este efecto de contraposición entre la cantidad y la variabi lidad de las lluvias, a las escalas espaciales de los ámbitos de planificación. 104 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 84. Mapas de medias y coeficientes de variación de las precipitaciones anuales por ámbitos de planificación Figura 85. Precipitaciones medias frente a coeficientes de variación y de sesgo por ámbitos de planificación 0,10 0,15 0,20 0,25 0,30 0,35 0,40 0 300 600 900 1200 1500 1800 Media C oe f. d e v ar ia ci ón 0,4 0,2 0 0,2 0,4 0,6 0,8 1 0 300 600 900 1200 1500 1800 MediaC oe f. d e se sg o Igualmente, los gráficos de la figura 85 muestran tam bién el efecto de contraposición aludido, que parece asimismo darse -con la debida reserva de su alta varia bilidad muestral- con los coeficientes de sesgo, indi cativos de asimetría positiva y, por tanto, de una mayor presencia de extremos elevados. En efecto, la observación de la tabla de estadísticos bási cos muestra que el coeficiente de sesgo, aunque peque ño, en buena parte de los ámbitos adopta valores positi vos significativamente distintos de cero, lo que indica un cierto grado de asimetría en la distribución de la preci pitación anual, siendo más probable la presentación de valores inferiores a la media que superiores, tal y como se comentó. En cuanto a la autocorrelación temporal, se observa que el valor del primer coeficiente de autoco rrelación es muy pequeño y no significativo en todos los ámbitos, lo que confirma la ya apuntada independencia temporal de las precipitaciones anuales. Avanzando en el estudio de la estructura espacio-tem poral de estas lluvias, la tabla 11 muestra la matriz de 105 Libro Blanco del Agua en España GAC NO1 NO2 NO3 DUE TAJ GN1 GN2 GUV SUR SEG JUC EBR CIC BAL CAN GAC 1 0 0 1 0 0 0 0.08 0 1 1 1 0 1 1 1 NO1 0.84 1 0 1 0 0 0 0 0 0.87 1 1 0 1 1 1 NO2 0.58 0.62 1 0 0.1 0.61 1 1 1 1 1 1 0 1 1 1 NO3 0.3 0.23 0.82 1 1 1 1 1 1 1 1 1 0.13 1 1 1 DUE 0.73 0.85 0.43 0.06 1 0 0 0 0 0 1 0.48 0 1 1 1 TAJ 0.59 0.78 0.37 0.03 0.92 1 0 0 0 0 1 0.1 0 0.96 1 1 GN1 0.59 0.71 0.33 0.02 0.85 0.92 1 0 0 0 1 0.02 0 0.56 1 1 GN2 0.44 0.53 0.14 -0.14 0.75 0.83 0.87 1 0 0 1 0.17 0.01 1 1 0.16 GUV 0.55 0.67 0.33 0.02 0.8 0.87 0.95 0.87 1 0 1 0.03 0 0.11 1 1 SUR 0.19 0.36 0.11 -0.14 0.54 0.67 0.73 0.78 0.83 1 0 0 0.08 0.45 1 1 SEG 0.01 0.04 0.02 -0.03 0.18 0.22 0.31 0.24 0.32 0.53 1 0 1 1 1 1 JUC 0.19 0.21 0.15 0.05 0.38 0.43 0.48 0.42 0.47 0.54 0.84 1 0 0 0.18 1 EBR 0.58 0.68 0.65 0.42 0.73 0.7 0.67 0.5 0.67 0.44 0.33 0.59 1 0 1 1 CIC 0.21 0.24 0.25 0.13 0.32 0.35 0.37 0.3 0.43 0.38 0.32 0.52 0.71 1 1 1 BAL -0.07 0.09 0.22 0.14 0.03 0.1 0.06 -0.02 0.12 0.18 0.34 0.41 0.25 0.33 1 1 CAN 0.08 -0.02 0.04 -0.01 0.2 0.24 0.21 0.42 0.23 0.34 0.16 0.25 0.17 0.21 -0.11 1 Tabla 11. Matriz de correlación de las precipitaciones anuales areales por ámbitos de planificación hidrológica Figura 86. Regiones pluviométricas de los ámbitos territoriales de planificación correlación de las precipitaciones anuales, para el periodo 1940/41-1995/96, en los distintos ámbitos. De forma compacta, y puesto que esta matriz es simétri ca, en la mitad inferior y diagonal se muestran los coe ficientes de correlación, y en la superior una estima ción de las probabilidades asociadas a estos coeficien tes (1 implica no correlación y 0 implica correlación significativa). La observación de esta tabla permite obtener la intere sante conclusión de que existen correlaciones signifi cativas entre grupos de ámbitos, pero no de todos entre sí. Ello significa que existen en España áreas con regí menes pluviométricos independientes, no dándose sensiblemente las rachas secas y húmedas con simul taneidad en todo el país, lo que viene a subrayar, una vez más, la variedad hídrica del territorio español. Además, todas las correlaciones son nulas o positivas, y no existe, entre ningún par de ámbitos, ninguna correla ción negativa significativa. Ello implica que o no hay simultaneidad o hay una cierta simultaneidad de sequía y abundancia, pero no hay, significativamente, sequía en una zona mientras hay abundancia en otra, y viceversa. Avanzando aún más en la indagación de la estructura espacio-temporal de las precipitaciones y en la explo ración de su comportamiento relativo en los distintos territorios, la observación de correlaciones significati vas entre ámbitos sugiere estudiar sus posibles afini dades, reduciéndolos a áreas similares desde el punto de vista de las precipitaciones anuales. Si se realiza un análisis de agregaciones mediante cluster jerárquico, se obtienen algunos agrupamientos muy persistentes entre ámbitos. Así, Norte II y Norte III aparecen siempre agrupados, del mismo modo que Júcar y Segura; que Tajo y Duero; y que Guadiana I y Guadalquivir. Considerando globalmente estos cuatro grupos básicos, su proximidad entre ellos, y el resto de agrupamientos obtenidos, puede proponerse tentativa mente una regionalización muy robusta de los ámbitos de planificación, desde el punto de vista de las preci pitaciones anuales, en siete clases, que serían las ofre cidas en la figura 86. Una gran zona es la central o atlántica (azul), que puede subdividirse en norte (C N: Duero y Tajo) y sur (C S: Guadiana, Guadalquivir y Sur); otra zona es la de levan te (L: Júcar y Segura); otra sería la noreste (N E: Ebro, Baleares y C.I.Cataluña); otra es la norte o cantábrica (N: Norte II y Norte III); otra la noroeste (N O: Galicia Costa y Norte I); y, por último, otra sería Canarias (CA). La organización regional propuesta permite revisar la cuestión que se planteó sobre las rachas pluviométri cas húmedas y secas, pero descendiendo ahora al nivel de la región en lugar de a la media global del país, y empleando regiones rigurosamente establecidas. Así, y como antes se hizo para la media areal global, se han construido las curvas de desviaciones unitarias acumuladas de las precipitaciones regionales, ofreci das conjuntamente en la figura 87. Un primer examen de este gráfico muestra que, en efecto, existen en apariencia diferencias regionales que hacen que las secuencias de rachas en las distintas cuencas no resulten ser las mismas. Una inspección más detallada permite diferenciar las situaciones mos tradas en la figura 88. Como se aprecia, la mayoría de las cuencas (Duero, Tajo, Guadiana, Guadalquivir, Sur, Ebro, C.I. de Cataluña, Norte I, Galicia Costa y Baleares) ha segui 106 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 87. Rachas de la precipitación media anual por regiones pluviométricas en el periodo 1940/41 1995/96, a partir de las desviaciones unitarias acumuladas 2,5 2 1,5 1 0,5 0 0,5 1 1,5 2 1940 1945 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 años D es v ia ci on es u n it ar ia s ac u m u la d as RN O RN RN E RC N RC S RL RCA do un patrón muy similar, que es, sensiblemente, el que se ofreció antes como representativo de la media global del país, pero hay tres regiones (Levante, Norte y Canarias) que parecen haber seguido patrones dife rentes a éste, y diferentes entre sí. Asimismo, se observa cómo desde finales de los 70 hay una racha seca, más o menos exacerbada, en todas las regiones, y con algún altibajo en el periodo 1985 90, a partir del cual es completamente generalizada. Como se apuntó, ello explica, entre otras razones, la grave crisis de suministro hídrico que se vivió en muchos lugares de España en estos últimos años. El grado de detalle de todos los análisis anteriores se jus tifica por un hecho básico, y es que, como ya se ha apun tado, la precipitación es el origen de los recursos hídri cos, excita y gobierna la respuesta hidrológica, y su variabilidad es la principal fuente de la irregularidad de los caudales de los ríos. En efecto, la variabilidad plu viométrica se transmite, y de forma más acusada, ampli ficada, a los datos de escorrentía, tal como se verá más adelante. Regiones de comportamiento pluviométrico similar serán probablemente regiones con comporta miento hidrológico también similar, y rachas pluviomé tricas húmedas o secas se traducirán, con mayor o menor rezago, en rachas de caudales del idéntico signo. Por otra parte, si en lugar de datos anuales se emplean datos a escalas mas pequeñas (p.e. men suales, diarios u horarios), este efecto de irregulari dad se ve aún más acentuado. 3.1.4.1.2. Evapotranspiración Como se mostró en el epígrafe anterior, la precipi tación (P) media anual en España es de 684 mm, equi valentes a unos 346.000 hm3/año, cifra que, como tam bién se vio, está sujeta a una gran variabilidad tempo ral y espacial. Por otra parte, la evapotranspiración potencial (ETP) media anual en España, mostrada en la figura 89, es, en el mismo periodo, de 862 mm, presentando sus máximos en la mitad meridional de la península, Canarias, y el valle central del Ebro. Este mapa de ETP se ha obtenido aplicando el método de Thornthwaite y corrigiendo los resultados por unos factores mensuales, regionalizados para todo el terri torio, deducidos del contraste de los métodos de Thornthwaite y Penman-Monteith. La evapotranspiración real (ET), mostrada en la figu ra adjunta, presenta en el mismo periodo un valor medio global de 464 mm/año, siendo bastante menor que la ETP, al no darse siempre las condiciones ópti mas de humedad en el suelo para que se produzca la evapotranspiración a su tasa potencial. Como es lógi co, las mayores diferencias relativas se darán en los territorios más secos, y las menores diferencias en los 107 Libro Blanco del Agua en España Figura 88. Distintas situaciones de las rachas de la precipitación media anual por regiones pluviométricas en el periodo 1940/41 1995/96, a partir de las desviaciones unitarias acumuladas 1,5 1 0,5 0 0,5 1 1,5 2 años RN O RN E RC N RC S 0 0,2 0,4 0,6 0,8 1 1,2 1,4 1,6 años RN 0,8 0,6 0,4 0,2 0 0,2 0,4 0,6 0,8 1 1,2 años RL 2,5 2 1,5 1 0,5 0 0,5 1 años RCA 108 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 89. Mapa de evapotranspiración potencial media anual en mm (periodo 1940/41 1995/96) Figura 90. Mapa de evapotranspiración real media anual en mm (periodo 1940/41 1995/96) más húmedos. Esa evapotranspiración se ha obtenido mediante el modelo hidrológico distribuido que se describe en apartados siguientes (fig. 90). La diferencia entre ET y ETP puede verse en el mapa de la figura 91, que muestra la fracción porcentual ET/ETP que, en valor medio para el conjunto del terri torio es de 0,54, y que varía desde 0,18 en Canarias a 0,97 en el ámbito del Norte III. Puede apreciarse el comentado efecto de aumento del cociente con la mayor humedad de la zona. 3.1.4.1.3. Lluvia útil Recordando el esquema conceptual del ciclo hidro lógico y el gráfico de los principales flujos de agua en régimen natural, ofrecidos en anteriores epígra fes, puede verse que si a las precipitaciones se le resta la evapotranspiración, lo que queda es el agua que, bien de forma subterránea o de forma superfi cial, contribuirá a la escorrentía total y es suscepti ble, por tanto, de ser utilizada. Esta es la razón por la que a tal diferencia se le denomina lluvia efectiva o lluvia útil. El concepto de lluvia útil -o diferencia entre precipi tación y evapotranspiración real- ha sido ampliamente utilizado en nuestro país en estudios hidrológicos e hidrogeológicos regionales. El mapa de la figura 92 obtenido restando los dos ante riores (P-ET), muestra la variabilidad espacial de este valor, y ofrece una primera imagen de la mayor o menor abundancia hídrica de los distintos territorios españoles. Pese a su evidente proximidad, los conceptos de lluvia útil y de escorrentía total no deben ser confundidos. La diferencia entre ambos se debe a que mientras que el primero de ellos expresa la mera diferencia entre preci pitación y evapotranspiración, la escorrentía representa la aportación total por unidad de superficie, y por tanto tiene en cuenta cómo se distribuye la lluvia útil entre almacenamiento en el suelo, escorrentía superficial y recarga al acuífero, y cómo éste descarga, de forma más o menos diferida, a la red de drenaje. Aunque las diferencias entre los valores asociados a ambos conceptos pueden ser importantes cuando se con sideran escalas temporales más detalladas -días, meses o incluso años-, en valores medios interanuales tales dife rencias son mucho más pequeñas (ver figuras adjuntas), y se deben únicamente a la redistribución espacial que se produce en la descarga del agua infiltrada al acuífero. 3.1.4.1.4. Escorrentía total Consecuencia del efecto de las variables climáticas junto con las características del terreno, la escorrentía total media anual en España sigue un patrón de comporta miento espacial similar al de las precipitaciones, aunque 109 Libro Blanco del Agua en España Figura 91. Mapa de la relación ET/ETP (%) (periodo 1940/41 1995/96) con una mayor variabilidad, tal y como se aprecia en la figura adjunta. Esta escorrentía total (recurso por unidad de superficie o aportación específica total) es la suma de la escorrentía superficial directa y la escorrentía subte rránea, y más adelante se explicará cómo se ha obtenido para cualquier punto del país. El valor medio anual de la escorrentía total en España es de 220 mm, equivalentes, como se vio, a unos 111.000 hm3. En cuanto a la distribución espacial son evidentes las grandes diferencias territoriales que muestra, varian do desde áreas donde la escorrentía es de menos de 50 mm/año (sureste de España, la Mancha, el valle del Ebro, la meseta del Duero, y las Islas Canarias) hasta otras donde supera los 800 mm/año (cuencas del Norte y áreas montañosas de algunas cuencas) (fig. 93). Esa escorrentía se genera casi en su totalidad en nuestro territorio, a partir de la precipitación. Se exceptúan unos aportes irrelevantes respecto al total de la escorrentía que provienen de Andorra y Francia en la cabecera del río Segre (unos 300 hm3/año según estimación del Plan de cuenca del Ebro), así como las procedentes de unas muy pequeñas cuencas en la frontera portuguesa. Obtenido el mapa de escorrentías totales para todo el país, la escorrentía total (los recursos naturales) de un territorio cualquiera se obtiene simplemente sumando las escorrentías totales de todos sus puntos, es decir, integrando en el recinto del territorio. Los resultados que se obtienen de este modo para los ámbitos de planifica ción hidrológica son los que se ofrecen más adelante. Asimismo, si en cada punto del territorio se determina la suma de las escorrentías de todos los puntos situa dos aguas arriba, se obtiene el mapa de aportaciones acumuladas en cada punto, que no es sino una repre sentación fractal de la red fluvial, en la que el valor correspondiente a cada punto de la red es su aporta ción media interanual. La escorrentía total de un terri torio cualquiera será ahora no la suma de sus puntos interiores, sino la de los puntos de su contorno, positi va si el punto aporta al territorio, y negativa si lo drena. Ello equivale en términos formales a integrar curvilíneamente en el contorno del recinto. La figura 94 muestra este mapa de aportaciones acu muladas para todo el territorio peninsular, habiéndose representado los tramos fluviales con una aportación estimada mayor de 25 hm3/año. En este mapa se aprecia, por ejemplo, el contraste entre las densidades de las redes fluviales de las cuencas del Norte de España y del Sureste. También en algunas cuencas hidrográficas se producen diferencias acusadas entre las aportaciones de las distintas vertientes, como sucede en el Ebro, donde las aportaciones de la margen izquierda, generadas en gran parte en los Pirineos, son muy superiores a las de la margen derecha. Con carác ter general se observa cómo en la mayoría de las cuen 110 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 92. Mapa de lluvia útil media anual en mm (periodo 1940/41 1995/96) 111 Libro Blanco del Agua en España Figura 93. Mapa de escorrentía total media anual en mm (periodo 1940/41 - 1995/96) Figura 94. Mapa de aportación total media anual (hm3/año) en el periodo 1940/41 1995/96. cas una porción muy significativa de los recursos se genera en sus cabeceras. Una excepción es la cuenca del Guadiana, donde los recursos se generan en los afluentes que vierten a sus tramos medios. La distribución estacional o intraanual de la escorren tía media en España se muestra, junto con la de la pre cipitación y las evapotranspiraciones potencial y real, en la figura adjunta. Se observa claramente el desfase temporal existente entre la precipitación y la evapotranspiración poten cial, lo que da lugar a los déficit de humedad del suelo. Igualmente se observa que la máxima produc 112 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 95. Distribución media intraanual de los principales flujos hidrológicos globales en España 0 20 40 60 80 100 120 140 160 OCT NOV DIC ENE FEB MAR ABR MAY JUN JUL AGO SEP m m Precipitación Evapotranspiración potencial Evapotranspiración real Escorrentía Ámbito de 1967 1980 1993 1998 1998 Planificación (a) (b) (c) (d) (e) Galicia Costa - - 12.504 12.642 12.250 Norte I - - 11.235 11.235 12.689 Norte II - - 12.954 13.000 13.881 Norte III - - 5.395 5.381 5.337 Norte 37.500 38.700 42.088 42.258 44.157 Duero 13.200 15.900 15.168 15.168 13.660 Tajo 8.920 10.250 12.858 12.230 10.883 Guadiana I - - 4.872 4.875 4.414 Guadiana II - - 1.293 1.293 1.061 Guadiana 4.895 5.100 6.155 6.168 5.475 Guadalquivir 7.300 9.400 7.771 7.978 8.601 Sur 2.150 2.690 2.418 2.483 2.351 Segura 884 960 1.000 1.000 803 Júcar 2.950 5.100 4.142 4.142 3.432 Ebro 17.396 18.950 18.198 18.217 17.967 C.I. Cataluña 1.700 3.250 2.780 2.780 2.787 Total Península 96.895 110.300 112.588 112.424 110.116 Baleares - 690 745 562 661 Canarias - 965 965 826 409 Total España - 111.955 114.298 113.812 111.186 Tabla 12. Distintas estimaciones de los recursos hídricos totales en régimen natural (hm3/año) (a) PG (1967). Recursos Hidráulicos.II Plan de Desarrollo Económico y Social. Presidencia de Gobierno. (b) MOPU (1980). El agua en España. CEH. DGOH. También en Heras (1977). (c) MOPT (1993) Memoria del PHN. (d) Datos de los Planes Hidrológicos de cuenca (1998) (e) Datos de la evaluación realizada en este Libro Blanco, que se expondrá más adelante (1998) Notas: Norte comprende los ámbitos de Galicia Costa y Norte I, II, y III; Guadiana comprende los ámbitos Guadiana I y II. La cifra del Plan de cuenca (columna d) del Ebro no incluye los recursos del Garona y Gallocanta. ción global de escorrentía se produce de diciembre a febrero, y la mínima en agosto; o que la máxima eva potranspiración potencial se da en julio. Es también interesante destacar el efecto que tiene el almacenamiento de agua en el suelo y en los acuíferos, que en los meses secos de mayo a julio posibilita que la evapotranspiración real sea mayor que la precipi tación, o que circule caudal por los ríos (fig. 95). Como antes se ha apuntado, la evaluación de las apor taciones naturales de los ríos no es una tarea fácil, y una muestra de ello es cómo a lo largo del tiempo estas estimaciones han ido variando según el autor que las ofrecía y las fechas de elaboración, tal y como se muestra en la tabla adjunta de estimaciones de recur sos hídricos totales en régimen natural (expresados en hm3/año). Las diferencias son esperables consideran do, en primer lugar, las diferentes fechas y periodos (distintas series) en que se realizan las evaluaciones; en segundo lugar, que aún empleando las mismas series, pueden emplearse distintos procedimientos téc nicos que darán lugar a diferentes resultados; y, en ter cer lugar, que no siempre - y en especial en las esti maciones más antiguas - se ha entendido como cuenca la totalidad del ámbito administrativo definido como tal, habiéndose considerado los recursos solamente del río o ríos principales, y no de todos los cauces. En todo caso, ha de tenerse presente que, como se dijo, los recursos naturales no pueden medirse de forma directa, y han de ser estimados, lo que conlleva siem pre un cierto grado de incertidumbre (tabla 12). Las cifras más recientes son las procedentes de los Planes Hidrológicos de cuenca (que aunque aprobados en 1998 se basan, con carácter general, en datos del periodo com prendido entre los años hidrológicos 1940/41 y 1985/86), y las correspondientes a la nueva evaluación de los recur sos naturales, realizada en este Libro, para el periodo comprendido entre 1940/41 y 1995/96. Como puede verse, las diferencias entre estas dos últi mas estimaciones no exceden en ningún caso del 20% y suelen ser a la baja, lo que resulta lógico consideran do los diferentes periodos empleados y el efecto de la última sequía. Asimismo, se observa que las evaluacio nes más antiguas se encuentran por lo general ajustadas, y la estimación global de los recursos peninsulares -en torno a los 110 km3/año - encajada desde hace casi 20 años. En los siguientes epígrafes se detallará la más reciente evaluación, realizada en este Libro. 3.1.4.1.5. El procedimiento de evaluación de los recursos hídricos Expuestas ya las nociones básicas del ciclo hidrológi co y los balances hídricos, y caracterizadas sus varia bles meteorológicas básicas, procede explicar con algún detalle el procedimiento de evaluación de los recursos hídricos en régimen natural que se ha segui do en este Libro y que ha consistido la modelación distribuida, masiva, de los componentes básicos del ciclo hidrológico a la escala global de todo el país. En efecto, con motivo de la elaboración de este Libro y la preparación de datos para la elaboración del Plan Hidrológico Nacional, y con objeto de actualizar todas las series hasta el año hidrológico 1995/96 uti lizando una metodología homogénea para todas las cuencas peninsulares, se ha puesto a punto un mode 113 Libro Blanco del Agua en España Figura 96. Representación esquemática del modelo distribuido empleado lo de simulación de las aportaciones naturales para su evaluación en cualquier punto del país (Estrela y Quintas, 1996b; Ruiz, 1999). Este modelo utiliza los datos registrados en las esta ciones de aforo, la información meteorológica, y las características de las cuencas y acuíferos. Es un mode lo hidrológico conceptual y distribuido -considera la variabilidad espacial de toda la información hidrológi ca- que simula los flujos medios mensuales en régi men natural en cualquier punto de la red hidrográfica de España. Para ello reproduce los procesos esenciales de transporte de agua que tienen lugar en las diferen tes fases del ciclo hidrológico. En cada una de las aproximadamente medio millón de celdas de dimen siones 1.000 m. x 1.000 m. en que se ha discretizado el territorio español, plantea el principio de continui dad y establece, a escala mensual, leyes de reparto y transferencias de agua entre los distintos almacena mientos (ver figura 96). Las entradas al modelo son los datos de precipitaciones y temperaturas mensuales en las estaciones meteoroló gicas y los datos de caudales históricos observados en los puntos de simulación o de calibración. Los mapas de precipitaciones se han obtenido por interpolación de los datos registrados en los pluviómetros, teniendo en cuenta la orografía. Para el cálculo de la eva p o t r a n s p i ración potencial utiliza una combinación de los méto dos de T h o rn t h waite y Penman-Monteith, e introduce un coeficiente reductor por la vegetación. Otra infor mación que precisa el modelo son datos sobre la geo metría de las subcuencas consideradas que, teniendo en cuenta los primitivos trabajos de clasificación de los ríos realizados en los años 60 (MOP-CEH [1965]; MOP-CEH [1966]), han sido digitalizadas a partir de los planos del Servicio Geogr á fico del Ejército a escala 1:50.000, y se muestran en la figura 97. Los parámetros del modelo son los mapas de capaci dad máxima de almacenamiento de humedad en el suelo, de capacidad máxima de infiltración y los coe ficientes de recesión de los acuíferos. En la figura 98 se muestra el mapa del parámetro de capacidad máxima de almacenamiento de humedad en el suelo, estimado a partir de información sobre usos del suelo conforme al criterio de la tabla 13. La figura 99 muestra el mapa del parámetro de capa cidad de infiltración máxima. Este parámetro se ha regionalizado en función de la litología, tal y como se muestra en la tabla siguiente. Inicialmente, a las clases litológicas del mapa digital de suelos de EUROSTAT se les asoció un valor de capacidad de infiltración máxima a partir de los esti maciones de infiltración por grupos litológicos reco gidas en Sanz Pérez (1995). Estos valores de referen cia fueron ajustados con posterioridad durante el pro ceso de calibración del modelo (tabla 14). 114 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 97. Mapa de subcuencas en la España peninsular Finalmente, en la figura 100 se muestra el mapa de coe ficientes de recesión de los acuíferos. El modelo estima la recarga a los acuíferos de forma distribuída, y obtie ne un valor areal sobre la unidad hidrogeológica para cada mes. El intercambio de agua entre cada unidad hidrogeológica y la red fluvial se realiza mediante un modelo unicelular (López-Camacho, 1981), aplicado de forma agregada a toda la unidad, y cuyo parámetro es el coeficiente de recesión o descarga. Este mapa se ha estimado introduciendo en cada uni dad hidrogeológica unos valores iniciales en función de la extensión de los acuíferos y de sus caracterís ticas litológicas, y ajustándolos posteriormente en el proceso de calibración del modelo a partir de los hidrogramas de agotamiento registrados en las esta ciones de aforo. La calibración del modelo ha consistido en obtener los mapas de los parámetros que conducen a un buen ajuste entre los valores observados y los simulados por el mode lo, entendiendo por tal la reproducción, en la medida de lo posible, de las aportaciones medias mensuales, anua les e interanuales, y de otras propiedades de las series, como la varianza o la persistencia de los caudales. La mayoría de los datos de calibración corresponden a estaciones de aforo donde se miden caudales en régi men natural. También se han utilizado, como elemen to de contraste, series restituidas a régimen natural procedentes de los Planes Hidrológicos de cuenca, fundamentalmente en zonas con una escasa cobertura espacial de las estaciones anteriores, y en las desem bocaduras de los principales ríos lo que asegura el encaje global de la cuencas. 115 Libro Blanco del Agua en España Uso del suelo Capacidad máxima de humedad del suelo (mm) Superficies artificiales 40 Espacios con poca vegetación 100 Tierras de labor en secano 155 Tierras de labor en regadío 215 Praderas y pastizales naturales 150 Sistemas agrícolas heterogéneos 195 Cultivos permanentes 210 Vegetación arbustiva 135 Bosque mixto 220 Bosques de frondosas y coníferas 230 Zonas húmedas, superficies de agua y artificiales 300 Figura 98. Mapa de capacidad máxima de almacenamiento de agua en el suelo (mm) Tabla 13. Regionali zación de la capacidad máxima de humedad del suelo a partir de los usos del suelo En la figura 101 se muestran los puntos de control seleccionados para la calibración, así como la situación de los embalses y de las zonas de riego, información utilizada para realizar esa selección. Como ya se ha mencionado, para lograr el ajuste del modelo no se han calibrado de forma matemática los parámetros de las cuencas aforadas sino que se han regionalizado sus valores para todo el territorio a par tir de las características físicas de las cuencas (usos de suelo y litología). Aunque de esta manera es más difí cil conseguir errores próximos a cero, se tiene la ven taja de que los parámetros estimados en las cuencas no aforadas, que cubren un gran porcentaje del territorio, son consistentes con sus características y pueden esti marse con mayor fiabilidad. En el caso de las Islas Canarias la regionalización de parámetros efectuada no ha podido ser contrastrada dada la ausencia de registros de caudales. De la misma manera tampoco se ha podido determinar con precisión el parámetro que regula el reparto entre aportación superficial y subte rránea, por tratarse de un terreno volcánico con esca sa representación en otras zonas del territorio español. Los resultados de la simulación son los mapas de los distintos almacenamientos, humedad en el suelo y 116 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Litología Infiltración máxima (mm) Material aluvial de origen indiferenciado 400 Calizas y dolomías 1.000 Margas 85 Margas yesíferas 75 Yesos 64 Materiales arenosos 450 Materiales gravo-arenosos 500 Calcarenitas (Macigno) 250 Arcosas 150 Rañas 95 Granitos 65 Rocas metamórficas 20 Gneiss 55 Pizarras 40 Rocas volcánicas 275 Figura 99. Mapa de capacidad máxima de infiltración (mm/mes) Tabla 14. Regionalización de la capacidad máxima de infiltración a partir de la litología 117 Libro Blanco del Agua en España Figura 100. Mapa de coeficientes de recesión (días -1x100.000) Figura 101. Mapa con la selección de puntos de control para la calibración del modelo volumen de acuífero (drenable por gravedad conforme al modelo unicelular), y de las variables de salida del ciclo hidrológico, evapotranspiración real y escorren tía total, obtenida esta última como suma de escorren tía superficial y subterránea. La figura 102 muestra un ejemplo de simulación de escorrentías en milímetros en un mes determinado, para el que se generan los mapas de precipitación (sup. izq), evapotranspiración (sup.der.), escorrentía subterránea (inf. izq.), y esco rrentía total (inf. der.). Los caudales mensuales, en cada intervalo de tiempo, se obtienen integrando la escorrentía total en las cuencas vertientes a los puntos de simulación. Los caudales simulados se contrastan con los datos históricos, si estos existen. Para ofrecer una idea del buen grado de ajuste con s eguido, en la f igura 103 se muestran los va l o r e s medios anuales de las aportaciones específi c a s , simuladas y observadas, en todos los puntos de con trol seleccionados. 118 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 102. Ejemplo de mapas generados en la simulación de escorrentías en un intervalo de tiempo (febrero de 1970) Figura 103. Contraste del modelo en valores medios anuales 0 200 400 600 800 1000 1200 1400 0 200 400 600 800 1000 1200 1400 Aportación simulada (mm) 119 Libro Blanco del Agua en España Figura 104. Aportaciones mensuales simuladas y observadas (m3/s) en varios puntos de control en el periodo 1940/41-1995/96 Esla en Riaño 0 20 40 60 80 100 120 140 Simulado Registro histórico Nalón en Pravia 0 100 200 300 400 500 600 700 800 Simulado Serie PH Tambre en Portomouro 0 50 100 150 200 250 300 350 Simulado Registro histórico Duero en Saucelle 0 500 1000 1500 2000 2500 3000 Simulado Serie PH Tajo en Entrepeñas 0 20 40 60 80 100 120 Simulado Registro histórico Guadalquivir en desembocadura 0 500 1000 1500 2000 2500 3000 3500 4000 Simulado Serie PH Segura en Guardamar 0 20 40 60 80 100 120 140 160 180 200 Simulado Serie PH Ebro en Castejón 0 200 400 600 800 1000 1200 1400 1600 Simulado Registro histórico También se representan en las figuras 104 y 105 las series completas de aportaciones mensuales (en m3/s), simuladas y observadas, en distintos puntos de control. Se puede afirmar que la calibración es muy aceptable, y que es lo suficientemente fiable como para permitir la aplicación generalizada del modelo en todo el territorio. Asimismo, se observa que aparentes tendencias a la disminución de los recursos naturales (como el Tajo en Entrepeñas) pueden explicarse simplemente por la variabilidad de las precipitaciones, pudiendo conside rarse estacionarios los parámetros controladores de la respuesta hidrológica, al menos en el periodo analiza do, desde el año 40. Aceptar esta hipótesis supone admitir la invarianza de los usos de suelo. Aunque, como es obvio, se han producido ocasionalmente cam bios de usos en las últimas décadas, su incidencia glo bal sobre las aportaciones de los ríos es muy escasa, como demuestra el hecho de que los residuos no pre senten derivas a lo largo del periodo de simulación. Los cambios de suelo son ciertamente significativos a la escala de la ladera, parcela o pequeña cuenca, pero 120 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 105. Detalle de aportaciones mensuales simuladas y observadas (m3/s) en el periodo 1940/41-1995/96 Tajo en Entrepeñas 0 20 40 60 80 100 120 Simulado Registro histórico Esla en Riaño 0 20 40 60 80 100 120 140 Simulado Registro histórico Ebro en Castejón 0 200 400 600 800 1000 1200 1400 1600 Simulado Registro histórico resultan irrelevantes a la escala de las cuencas fluvia les consideradas en este Libro, y su efecto queda ampliamente absorbido por las incertidumbres y rui dos propios de los modelos hidrológicos, aún de los más complejos y parametrizados. La figura 105 muestra tres de estos ajustes con mayor detalle, al objeto de apreciar mejor los resul tados conseguidos. 3.1.4.1.6. Resultados obtenidos Concluida la validez global del modelo utilizado, se ha procedido a su aplicación masiva para el periodo 1940/41-1995/96, obteniéndose los resultados que se resumen en la tabla 15. Pueden verse los valores medios anuales de la precipitación (ya ofrecida ante riormente), la evapotranspiración potencial y real, la escorrentía total (que resulta igual a la lluvia útil), el porcentaje de esta escorrentía con relación a la media de toda España, el coeficiente de escorrentía, y la aportación total en cada uno de los ámbitos, y en el total del país. Asimismo se indican, a efectos compa rativos, los valores de la precipitación y la aportación total obtenidos por el modelo para el periodo 1940/41 1985/86, que es el usualmente empleado en los Planes Hidrológicos de cuenca. Las cifras de aportación total incluyen la correspondien te a la red fluvial (escorrentía superficial directa y recar ga a los acuíferos) y la escorrentía subterránea al mar. Esta última es proporcionalmente poco importante, del orden de 2.000 hm3/año incluyendo la de las islas, tal y como se verá en un epígrafe posterior. Examinando esta tabla es interesante constatar que la consideración de los últimos 10 años -es decir, el empleo de las series 1940/41-1995/96 en lugar de las estándar 1940/41-1985/86- supone, por término medio, casi un 4% de disminución de los recursos naturales totales. Esta disminución se produce, con distintos porcentajes, en casi todos los ámbitos excepto los de Galicia Costa y Guadiana II, donde es prácticamente igual, y en los del Júcar y Cuencas Internas de Cataluña, donde se pro duce un ligero aumento. Estas excepciones se explican analizando con detalle la distribución espacial de la sequía de principios de los noventa, que aunque tuvo un carácter bastante generalizado, no afectó por igual a todo el territorio nacional, como más adelante se mues tra con claridad en los epígrafes de sequías. En concreto, la aportación media en esos ámbitos en el período comprendido entre 1985/86 y 1995/96 fue algo mayor que la media de todo el periodo de análisis, aun que esas aportaciones elevadas se produjeron básica mente en las zonas litorales, donde no podían ser regu ladas para paliar la sequía en esos territorios y los de aguas arriba. Es, por ejemplo, el caso del Júcar, con altas precipitaciones en las Marinas y muy bajas en las cabe ceras y cursos medios de los ríos Júcar, Turia y Mijares. 121 Libro Blanco del Agua en España Ámbito Superf. Precip. Precip. ETP ET Esc. tot. Esc/Md C. Esc. Ap. tot. Ap. tot. (km2) (mm) (mm) (mm) (mm) (mm) (%) (%) (hm3/año) (hm3/año) (1) Norte I 17.600 1.284 1.316 709 563 721 328 56 13.147 12.689 Norte II 17.330 1.405 1.440 653 604 801 364 57 14.405 13.881 Norte III 5.720 1.606 1.650 695 673 933 424 58 5.614 5.337 Duero 78.960 625 631 759 452 173 79 28 14.175 13.660 Tajo 55.810 655 666 898 460 195 89 30 11.371 10.883 Guadiana I 53.180 521 531 977 438 83 38 16 4.624 4.414 Guadiana II 7.030 662 661 1.075 511 151 69 23 1.053 1.061 Guadalquivir 63.240 591 602 991 455 136 62 23 9.090 8.601 Sur 17.950 530 531 969 399 131 60 25 2.359 2.351 Segura 19.120 383 379 963 341 42 19 11 811 803 Júcar 42.900 504 500 881 424 80 36 16 3.335 3.432 Ebro (2) 85.560 682 692 792 472 210 95 31 18.647 17.967 C. I.Cataluña 16.490 734 727 792 565 169 77 23 2.728 2.787 Galicia Costa 13.130 1.577 1.590 737 644 933 424 59 12.245 12.250 Península 494.020 691 700 859 468 223 101 32 113.604 110.116 Baleares 5.010 595 603 896 463 132 60 22 696 661 Canarias 7.440 302 297 1.057 247 55 25 18 394 409 España 506.470 684 693 862 464 220 100 32 114.694 111.186 Tabla 15. Valores medios anuales simulados de la precipitación, evapotranspiración y escorrentía por ámbitos de planificación, correspondientes al período 1940/41-1995/96 (1) Estas cifras, a diferencia de las otras, corresponden al periodo 1940/41-1985/86 (2) Estas cifras no incluyen la escorrentía procedente de territorio francés, estimada en unos 300 hm3/año Estos efectos pueden verse en los gráficos del análisis de rachas pluviométricas regionales, en los que se observa que el resultado global de la región pluviomé trica de Levante fue muy húmedo en el periodo 1986 90 y, en menor medida, seco en el 1991-95. En todo caso, y a escala global, debe constatarse la ya indicada reducción total de los recursos naturales, en torno al 4%, con respecto a los recursos correspon dientes a los periodos usualmente considerados por los Planes Hidrológicos. Asimismo, como puede comprobarse, e ilustra la figu ra 106, la aportación total natural media anual varía enormemente de unas cuencas a otras, con valores entre los casi 18.000 hm3/año del Ebro (la mayor de España), los más de 10.000 de las cuencas del Norte I 122 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 106. Aportaciones totales medias anuales (hm3/año) y coeficientes de escorrentía en régimen natural en los diferentes ámbitos territoriales de los Planes Hidrológicos 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 16000 18000 20000 E br o N or te I I D u er o N or te I G al ic ia C os ta Ta jo G u ad al q u iv ir N or te I II G u ad ia n a I Jú ca r C .I . C at al u ñ a Su r G u ad ia n a II Se gu ra B al ea re s C an ar ia s A p or ta ci ón t ot al ( h m 3 / añ o) 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 C oe fi ci en te d e es co rr en tí a (% ) Aportación Coef. escorrentía Figura 107. Escorrentías medias anuales (mm) y coeficientes de escorrentía en régimen natural en los diferentes ámbitos territoriales de los Planes Hidrológicos 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 1000 N or te I II G al ic ia C os ta N or te I I N or te I E br o Ta jo D u er o C .I . C at al u ñ a G u ad ia n a II G u ad al q u iv ir B al ea re s Su r G u ad ia n a I Jú ca r C an ar ia s Se gu ra E sc or re n tí a to ta l ( m m ) 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 C o ef ic ie n te d e es co rr en tí a (% ) Escorrentía Media total Media de la España seca Coef. escorrentía y II, Duero, Tajo y Galicia Costa, y los mínimos entre 400 y 800 de las islas y el Segura. En la misma figura se ha representado el coeficiente glo bal interanual de escorrentía (la relación entre aportación y precipitación) en cada ámbito. Como puede verse, los coeficientes de escorrentía globales varían entre cifras próximas al 60% en las cuencas del Norte, y el 11% del Segura, lo que, desde el punto de vista de los recursos, exacerba aún más sus diferencias pluviométricas. Las cifras de aportaciones totales son muy distintas, además de por razones hidrológicas, por las dimensio nes relativas de las cuencas. La consideración de las escorrentías -aportación total dividida por el área de la cuenca- permite suprimir este efecto de escala, y da, por tanto, una mejor idea de la irregularidad de las aporta ciones en los distintos ámbitos. La figura 107 muestra estas escorrentías (también llamadas aportaciones espe cíficas) junto con los coeficientes de escorrentía, y pro porciona una imagen verdaderamente expresiva de la diversidad hídrica de España. Puede verse que los territorios con mayor abundancia de agua por unidad de superficie son, a gran distancia del resto, los del Norte y Galicia (es decir, estrictamente la España húmeda) con valores superiores a los 700 mm/año, mientras que en el resto (la España seca) no superan los 250 mm/año. La menor aportación específi ca de España se produce en la cuenca del Segura, que no alcanza ni los 50 mm/año, es decir, unas 20 veces infe rior a la de Galicia, 5 veces inferior a la media nacional, y 3 veces inferior a la media de la España seca. 123 Libro Blanco del Agua en España Figura 108. Relaciones entre precipitación, escorrentía total y coeficientes de escorrentía en los diferentes ámbitos territoriales de los Planes Hidrológicos 0 10 20 30 40 50 60 70 0 10 0 20 0 30 0 40 0 50 0 60 0 70 0 80 0 90 0 10 00 Escorrentía (mm) C oe fi ci en te d e es co rr en tí a (% ) 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 1000 0 20 0 40 0 60 0 80 0 10 00 12 00 14 00 16 00 18 00 Precipitación (mm) E sc or re n tí a (m m ) Figura 109. Serie de aportaciones totales anuales en régimen natural en la España peninsular (periodo 1940/41-1995/96) 0 50 100 150 200 250 1940 1945 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 km 3 / añ o Asimismo se observa que, como era de prever, existe una clara relación -aunque no lineal- entre la esco rrentía (o aportación específica) y el coeficiente de escorrentía, consecuencia evidente de la relación apro ximadamente lineal a partir de cierto umbral, entre escorrentía y precipitación medias a largo plazo en los distintos ámbitos, tal y como se muestra en la figura 108. A estos datos se les ha ajustado la ley regional de Budyko, que tiene por expresión , donde P es la pre cipitación, ETP es la evapotranspiración potencial y E es la escorrentía. En la expresión anterior se ha adop tado un valor constante de la ETP igual a la media de España. Como sucede con la acusada variabilidad espacial de la e s c o rrentía, la irr egularidad temporal es también muy s i g n i fi c a t iva. Paralelamente a como se hizo con la pre cipitación, en la figura 109 se muestran los va l o r e s anuales de la aportación total media en régimen natu ral para la España peninsular en el período de 56 años comprendido entre 1940/41 a 1995/96, junto con la media para ese periodo (unos 111 km3/ a ñ o ) . Como es lógico, esta aportación de cada año ha de tener una estrecha relación con la precipitación de ese mismo año, tal y como efectivamente se constata con claridad en la figura 110. No obstante, las irr egularidades temporales de las preci pitaciones parecen estar amplificadas ahora, como efec t ivamente se comprueba al contrastar los coeficientes de variación de ambas series, que veremos más adelante. Más aún, la relación entre ambas va r i a bles a escala glo bal y con dato anual no parece presentar estructuras de 124 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 110. Relación precipitación escorrentía total a escala anual en la España peninsular (años 1940/41 a 1995/96) 0 50 100 150 200 250 300 350 400 450 500 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 1000 1100 1200 Precipitación (mm) Figura 111. Correlación cruzada entre las precipitaciones y las aportaciones anuales en España en el periodo 1940/41-1995/96 dependencia temporal más allá del año, tal y como puede verse en la figura 111, en la que se representa la función de correlación cruzada entre ambas va r i a bl e s junto con su nivel de confianza del 95%. Como puede verse, existe una altísima correlación en el mismo año (que es la correspondiente al gráfico anterior), pero la influencia de la precipitación de un año sobre la aportación del siguiente no llega a ser sig nificativa, aunque no está lejos de serlo, y, como era de esperar, no existe ninguna otra correlación signifi cativa de ciclo más largo. Análogamente, es previsible que las rachas secas y húmedas de aportaciones a escala peninsular presen ten patrones similares a los de las precipitaciones que las generan. Para comprobar esta hipótesis se ha cons truido el gráfico de la figura 112, similar al ya ofreci do para las precipitaciones, mostrando la serie de des viaciones unitarias acumuladas, junto con su media móvil centrada de 5 años, y las desviaciones anterior mente obtenidas para las precipitaciones. Puede verse que, a escala peninsular, las rachas de apor taciones secas y húmedas son, como era de esperar, las mismas que las de las precipitaciones medias, sin perjui cio, como antes, de las posibles diferencias terr i t o r i a l e s . Asimismo, y como en el caso de las precipitaciones, un aspecto de interés es el de la estructura de autoco rrelación de las aportaciones anuales (es decir, las relaciones de dependencia de la aportación de un año con respecto a las de los años pasados). Para su con traste, la figura 113 muestra las funciones de autoco rrelación y autocorrelación parcial de la serie, junto con sus intervalos de confianza. 125 Libro Blanco del Agua en España Figura 112. Rachas de la aportación total anual en España en el periodo 1940/41 1995/96, a partir de las desviaciones unitarias acumuladas 1 0,5 0 0,5 1 1,5 2 2,5 3 1940 1945 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 D.U.A. Aportaciones Media móvil 5 años D.U.A. Precipitaciones Figura 113. Funciones de autocorrelación y autocorrelación parcial de las aportaciones medias anuales en España en el periodo 1940/41-1995/96 Ambas funciones muestran la aparente inexistencia de dependencia temporal de las aportaciones totales anua les, lo que significa, como antes, que no puede mejorar se la predicción de la aportación total del año siguiente considerando la de los anteriores, pues cada año es inde pendiente del anterior, y se trata de un fenómeno sin memoria. Físicamente esto significa que la componente hidrogeológica global en la península no es suficiente para generar persistencias significativas de caudales más allá de un año, o dicho de otra forma y simplificada mente, la España silícea domina a la calcárea en la pro ducción de las escorrentías globales a escala anual. Como es lógico, y veremos más adelante, este resultado global presenta algunas diferencias territoriales. Asimismo se confirma que, como en el caso de las llu vias, no hay ciclos de caudales plurianuales de natura leza periódica, lo que resulta esperable considerando que, como ya hemos reiterado, las lluvias son las que los generan y controlan. Entrando en el análisis de las diferencias territoriales de las series anuales, y con objeto de apreciar visual 126 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 114. Series de aportaciones anuales en régimen natural (periodo 1940/41 1995/96) para los distintos ámbitos de la planificación hidrológica 0 5000 10000 15000 20000 25000 30000 35000 1935 1940 1945 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 hm3/año GAC NO1 NO2 DUE TAJ GUV EBR 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 1935 1940 1945 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 hm3/año NO3 GN1 SUR JUC CIC 0 500 1000 1500 2000 2500 3000 3500 4000 1935 1940 1945 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 hm3/año GN2 SEG BAL CAN mente los órdenes de magnitud relativos, la figura 114 muestra las series anuales de aportaciones (hm3/año) en régimen natural para los distintos ámbitos de la pla nificación hidrológica. Con objeto de hacerlas visibles, y percibir sus enormes diferencias relativas, se han separado en tres grupos, cada una de cuyas escalas sucesivas es, como puede verse, del orden de la tercera parte de la anterior. Asimismo, y como se hizo anteriormente con las precipitaciones, la tabla adjunta ofrece distintos esta dísticos básicos de las series de aportaciones anuales, para el mismo periodo anterior, en cada uno de los ámbitos territoriales de la planificación hidrológica. En esta tabla destaca la gran variabilidad temporal de las aportaciones anuales en las cuencas del Guadiana, Guadalquivir y Sur, muy superior a la de otras cuencas también semi-áridas como las del Júcar o Segura, donde -pese a que, como vimos, la variabilidad de las lluvias anuales es similar- la variabilidad de las apor taciones es menor debido a la mayor importancia de sus acuíferos, que actúan como filtros naturales regu ladores de las lluvias. El examen visual de las series permite verificar este efecto (tabla 16). En la figura 115 se representa la distribución espacial del coeficiente de variación de la escorrentía anual, expresado en tanto por ciento. Los valores correspon dientes a las celdas del territorio mostrados en esta figura presentan, como es lógico, valores de este coe ficiente superiores a los que se obtienen en el conjun to de cada uno de los ámbitos según la tabla anterior, pues al agregar territorialmente el efecto de variabili dad queda suavizado. Los valores de los coeficientes de sesgo de la esco rrentía anual mostrados en la tabla anterior adoptan en general valores positivos y mayores que los obtenidos para las precipitaciones, lo que indica que todavía es mayor que en éstas la asimetría y, por tanto, la proba bilidad de presentación de valores anuales inferiores a la media que superiores. En cuanto a la autocorrelación temporal, ya se dijo que no existía a la escala global, pero si se observan los coeficientes de autocorrelación de los distintos ámbi tos se comprueba que existen cuatro cuencas donde resultan ser significativos, y son, por orden de persis tencia, Júcar, Segura, Ebro y Guadalquivir. Lo que antes se dijo respecto a la España calcárea se manifies ta ahora con toda claridad, pues éstas son cuencas con una importante componente subterránea que filtra las precipitaciones y las rezaga en el tiempo, lo que gene ra mayor autodependencia temporal de sus series, y, en definitiva, persistencia y mayor predictibilidad. En la figura 116 se muestra la autocorrelación de las series de aportaciones anuales totales en distintos ámbitos territoriales, pudiendo apreciarse la diferencia antedicha. Obviamente, estos resultados corresponden a las esco rrentías totales de los ámbitos territoriales, pero den tro de cada ámbito pueden darse diferencias significa tivas. Es el caso, por ejemplo, del río Tajo, en cuya cabecera domina un régimen pluvio-nival controlado por formaciones calizas que da lugar a máximos men suales en marzo, autocorrelaciones significativas de sus aportaciones anuales y correlaciones cruzadas sig nificativas con las aportaciones de la cabecera del 127 Libro Blanco del Agua en España Ámbito de Mínimo Medio Máximo Máx/Mín Coef. de Coef. de 1er coef. de Planificación variación sesgo autocorrelac. Norte I 5.062 12.689 24.087 4,8 0,38 0,68 0,10 Norte II 6.286 13.881 21.704 3,5 0,22 -0,15 0,19 Norte III 2.195 5.337 8.710 4,0 0,24 -0,13 0,18 Duero 4.926 13.660 30.393 6,2 0,47 0,80 0,09 Tajo 2.475 10.883 30.690 12,4 0,56 0,75 0,14 Guadiana I 260 4.414 12.403 47,8 0,81 0,67 0,18 Guadiana II 46 1.061 3.734 80,6 0,88 1,01 0,09 Guadalquivir 436 8.601 26.157 60,0 0,77 0,91 0,30 Sur 122 2.351 7.271 59,6 0,71 1,35 0,20 Segura 294 803 1.725 5,9 0,36 1,00 0,40 Júcar 1.564 3.432 6.669 4,3 0,34 0,79 0,46 Ebro 8.815 17.967 32.771 3,7 0,29 0,57 0,39 C. I. Cataluña 912 2.787 7.033 7,7 0,54 0,93 0,00 Galicia Costa 5.360 12.250 21.087 3,9 0,33 0,35 0,10 Península 50.178 110.116 221.166 4,4 0,35 0,66 0,19 Baleares 175 661 2.320 13,2 0,63 1,59 0,45 Canarias 37 409 1.310 35,2 0,72 1,51 0,27 España 50.390 111.186 224.796 4,4 0,35 0,65 0,19 Tabla 16. Estadísticos básicos de las series de aportaciones totales anuales correspondientes al periodo 1940/41-1995/96, en cada uno de los ámbitos territoriales de la planificación hidrológica Segura (Cabezas, 1986). En Toledo el río sigue mos trando el mismo régimen de máximos mensuales, pero con mayor variabilidad (quizá por la ausencia ya de los controles geológicos del curso alto). En Alcántara, la autocorrelación de cabecera se ha desvanecido y se presentan fuertes estiajes. Avanzando en el estudio de la estructura espacio-tempo ral de las aportaciones, y análogamente a como se hizo en el análisis de las lluvias, la tabla 17 muestra la matriz de correlación de las aportaciones anuales, para el perio do 1940/41-1995/96, en los distintos ámbitos. Como antes, de forma compacta en la mitad inferior y diagonal se muestran los coeficientes de correlación, y en la supe rior una estimación de las probabilidades asociadas a estos coeficientes (1 implica no correlación y 0 implica correlación significativa). La comparación de esta tabla con la anteriormente ofrecida para las precipitaciones muestra, como era de 128 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 115. Mapa del coeficiente de variación (%) de la escorrentía anual en el periodo 1940/41-1995/96 Figura 116. Correlogramas de las series de aportaciones anuales totales en distintos ámbitos territoriales 0,4 0,2 0 0,2 0,4 0,6 0,8 1 1,2 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 C oe fi ci en te d e au to co rr el ac ió n Norte Tajo Segura Júcar Límites (95%) esperar, grandes coincidencias, las agregaciones regionales resultan para las aportaciones son también las mismas que antes. Asimismo, y como se hizo con la pluviometría, puede estudiarse ahora la interesante cuestión de las rachas húmedas y secas desde el punto de vista de los caudales, y a escala regional. Para ello, se han construido las curvas de desviaciones unitarias acu muladas de las aportaciones totales en régimen natu ral para las distintas regiones, ofrecidas conjunta mente en la figura 117. Un primer examen de este gráfico muestra que, como sucedía con las lluvias, y en lógico paralelismo con aquéllas, existen en apariencia diferencias regionales que hacen que las secuencias de rachas de caudales en las distintas cuencas no resulten ser las mismas. Una inspección más detallada permite diferenciar las situa ciones mostradas en los gráficos de la figura 118, en los que se han representado también las curvas corres pondientes a las precipitaciones regionales. En total paralelismo con las lluvias, la mayoría de las cuencas (Duero, Tajo, Guadiana, Guadalquivir, Sur, Ebro, C.I. de Cataluña, Norte I, Galicia Costa y Baleares) ha seguido un patrón muy similar, que es, sensiblemente, el que se ofreció antes como represen tativo de la media global del país, pero hay tres regio nes (Levante, Norte y Canarias) que parecen haber seguido patrones diferentes a éste, y diferentes entre sí. Asimismo, se observa cómo desde finales de los 70 hay una racha de caudales seca, más o menos exacer bada, en todas las regiones, y con algún altibajo en el periodo 1985-90, a partir del cual es completamente 129 Libro Blanco del Agua en España GAC NO1 NO2 NO3 DUE TAJ GN1 GN2 GUV SUR SEG JUC EBR CIC BAL CAN GAC 1 0 0 1 0 0 0 0 0 0.28 1 1 0 1 1 1 NO1 0.88 1 0 1 0 0 0 0 0 0.01 1 1 0 1 1 1 NO2 0.58 0.67 1 0 0 0.05 0.35 1 0.35 1 1 1 0 1 1 1 NO3 0.25 0.21 0.76 1 1 1 1 1 1 1 1 1 0.03 1 1 1 DUE 0.78 0.89 0.54 0.1 1 0 0 0 0 0 0.75 1 0 1 1 1 TAJ 0.64 0.8 0.45 0.04 0.93 1 0 0 0 0 0.05 1 0 1 1 1 GN1 0.7 0.77 0.39 0.03 0.87 0.91 1 0 0 0 0.04 0.98 0 0.24 1 1 GN2 0.55 0.58 0.2 -0.13 0.73 0.8 0.9 1 0 0 0.99 0.47 0 0.11 1 0.08 GUV 0.67 0.73 0.39 0.01 0.81 0.84 0.95 0.88 1 0 0.02 0.55 0 0.03 1 1 SUR 0.4 0.5 0.2 -0.15 0.64 0.75 0.84 0.87 0.89 1 0.01 0.09 0.05 0.33 1 1 SEG 0.2 0.34 0.11 -0.09 0.36 0.46 0.46 0.35 0.48 0.51 1 0 1 1 1 1 JUC 0.22 0.2 -0.01 -0.12 0.28 0.35 0.35 0.38 0.37 0.44 0.68 1 1 1 1 1 EBR 0.68 0.77 0.74 0.48 0.77 0.72 0.67 0.53 0.67 0.46 0.24 0.27 1 0 1 1 CIC 0.3 0.32 0.25 0.06 0.3 0.33 0.4 0.43 0.47 0.39 0.14 0.32 0.58 1 1 1 BAL -0.09 0.06 0.2 0.1 -0.05 0.05 -0.01 -0.05 0.04 0.05 0.22 0.3 0.15 0.34 1 1 CAN 0.15 0.07 0.04 -0.03 0.22 0.25 0.25 0.44 0.22 0.33 -0.03 0.14 0.07 0.16 -0.16 1 Tabla 17. Matriz de correlación de las aportaciones anuales por ámbitos de planificación hidrológica Figura 117. Rachas de la aportación total anual en régimen natural por regiones en el periodo 1940/41 1995/96, a partir de las desviaciones unitarias acumuladas 6 4 2 0 2 4 6 1940 1945 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 D es v ia ci on es u n it ar ia s ac u m u la d as RN O RN RN E RC N RC S RL RCA generalizada. Como se apuntó, es la constatación de la grave sequía que se vivió en muchos lugares de España en estos últimos años. En definitiva, se confirma que, tal y como se avanzó anteriormente, la variabilidad pluviométrica se trans mite, y de forma más acusada, amplificada, a los datos de escorrentía, efecto que se aprecia con toda nitidez en las series anteriores de desviaciones acumuladas. A estas escalas espacio-temporales, regiones de compor tamiento pluviométrico similar son regiones con com portamiento hidrológico también similar, y rachas plu viométricas húmedas o secas se traducen en rachas de caudales de idéntico signo. Además, los rezagos de esta traslación son muy reducidos, como se vio tam bién al estudiar la correlación cruzada de ambos fenó menos. Como situaciones representativas, en la región norte se observa que las respuestas son inmediatas y casi lineales, mientras que en el levante hay algún efecto de rezago y desajuste debido a la persistencia y redistribución hidrogeológica. Si en lugar de datos anuales se empleasen datos a escalas más detalladas (por ejemplo mensuales, dia rios u horarios), los efectos de irregularidad y no line alidad se verían aún más acentuados. 3.1.4.2. Fracción de origen subterráneo. Recarga natural En epígrafes anteriores se ha expuesto la situación en España de los recursos hídricos totales en régimen natu ral. Estos flujos totales constan, como se dijo, de una componente de escorrentía superficial directa, y de una componente de origen subterráneo. Con objeto de avan zar en el conocimiento de los recursos hídricos, se des cribirá ahora esta componente subterránea de la esco rrentía total, que básicamente coincide -dejando a salvo los efectos de transferencias subterráneas externas- con la recarga natural de los acuíferos. La evaluación de estos flujos de recarga es una tarea compleja, para la que existen diversas aproximacio nes técnicas y que, en definitiva, está sometida a incertidumbres que pueden en ocasiones ser muy sig nificativas. Pese a estas dificultades, el conocimien to de la recarga resulta de gran interés teórico y prác tico, pues viene a acotar las posibilidades máximas de explotación sostenible a largo plazo de las aguas subterráneas de un acuífero. Como se dijo, la mayor parte del agua que recarga los acuíferos se descarga diferida en el tiempo a la red flu vial, de forma difusa o a través de manantiales, y en muchas cuencas es uno de los constituyentes básicos de la aportación de los ríos. Otra parte de la recarga, en general mucho más reducida, se transfiere subte 130 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 118. Distintas situaciones de las rachas de aportación total anual en régimen natural por regiones en el periodo 1940/41 1995/96, a partir de las desviaciones unitarias acumuladas 4 3 2 1 0 1 2 3 4 5 RN O RN E RC N RC S Precip. 0 0,5 1 1,5 2 2,5 3 RN RN (Precip.) 1,5 1 0,5 0 0,5 1 1,5 2 R RL (Precip.) 6 5 4 3 2 1 0 1 2 3 RCA RCA (Precip.) rráneamente a otros acuíferos o, en el caso de los acuí feros costeros, descarga al mar. Para estimar la recarga natural a los acuíferos se nece sita conocer su delimitación geométrica. En España los acuíferos se han agrupado en distintas unidades hidro geológicas. Es conveniente diferenciar aquí entre el concepto físico de acuífero, entendido como formación geológica capaz de almacenar y transmitir agua, y el concepto administrativo de unidad hidrogeológica, for mada por uno o más acuíferos, que se agrupan a efec tos de conseguir una racional y eficaz administración del agua y cuyos límites pueden incluir también por ciones del territorio donde no existen acuíferos. En el Libro Blanco de las Aguas Subterráneas (MOPT MA-MINER, 1995) se recogieron un total de 442 uni dades hidrogeológicas en España. De ellas, 422 se situaban íntegramente dentro de un sólo ámbito territo rial de planificación hidrológica, 19 eran compartidas por dos ámbitos, y una era compartida por tres. Entre las unidades hidrogeológicas definidas para el territorio peninsular, hay cuatro en las que los acuífe ros tienen una porción en territorio portugués. Son las siguientes: aluvial del Miño (UH 01.26) en la cuenca del Norte, Ciudad Rodrigo-Salamanca (UH 02.19) en el Duero, la Moraleja (UH 03.13) en el Tajo y Vegas Bajas (UH 04.09) en el Guadiana. Exceptuando la mencionada en primer lugar, en todos los casos el afloramiento del acuífero en Portugal ocupa una superficie muy reducida, notablemente inferior a la correspondiente al lado español. En algunos de los Planes Hidrológicos de cuenca (p.e. Segura y Ebro), y como consecuencia de mejoras del conocimiento hidrogeológico, se ha efectuado una nueva delimitación de las unidades hidrogeológicas en la que, aunque con carácter general hay bastante coincidencia con la delimitación antes citada, se observan diferencias importantes en algunas unidades concretas, cambios en la codificación, e incorporación de nuevas unidades. En algunas unidades compartidas, cuya definición es de ámbito nacional, también existen discrepancias entre los Planes Hidrológicos que las comparten, que son todavía más acusadas en las cifras sobre las características de las unidades (superficies permeables aflorantes, recargas, características hidrodinámicas, etc.). Ha de notarse que para que una unidad se considere compartida no es sufi ciente que el acuífero se extienda sobre el territorio de más de un ámbito de planificación. Por las razones antedichas se ha elaborado, con moti vo del presente Libro, una nueva delimitación y carac terización de las unidades, cuyo mapa se adjunta, con forme a los siguientes criterios (fig. 119): • Se adoptan, con carácter general, la denominación y la poligonal de la unidad definida en los planes hidrológicos de cuenca, pues éstos son los Docu 131 Libro Blanco del Agua en España Figura 119. Mapa de unidades hidrogeológicas mentos técnico-administrativos adecuados y com petentes para tal definición. • Una excepción al criterio anterior son las unidades compartidas. En esas unidades existen acuíferos que se sitúan entre dos o más ámbitos territoriales de los Planes Hidrológicos de cuenca (PHC). En esas ocasio nes es el Plan Hidrológico nacional (PHN) el que debe proceder a su delimitación y asignación de los recur sos. Provisionalmente, y a la espera del PHN, se han adoptado las unidades reflejadas en el documento Delimitación y síntesis de las características de las uni dades hidrogeológicas intercuencas (MOPT, 1993a). • Cuando dos vértices contiguos de la poligonal que define la unidad se sitúan sobre la divisoria con otra cuenca o con la costa, la unión de dichos vértices no se efectúa mediante una línea recta, sino a lo largo del tramo de divisoria o costa que delimitan. • En las Islas Canarias se ha definido una unidad por cada isla, según el borrador del Plan Hidrológico de Canarias, y en las Cuencas Internas de Cataluña se ha adoptado la delimitación reflejada en MOPTMA MINER (1995), al no disponerse de información car tográfica adecuada sobre las poligonales delimitadas según Decreto 328/1988 del Departamento de Política Territorial y Obras Públicas de la Genera lidad de Cataluña. • Las cifras de superficie permeable aflorante en cada unidad y su tipificación como carbonatada, detrítica y volcánica se han obtenido del inventario de MOPTMA-MINER-UPC (1993), tras calcular la superficie permeable de cada tipo incluida dentro de cada unidad hidrogeológica. Esta decisión obedece a las discrepancias metodológicas observadas en la determinación de la superficie permeable en los dis tintos Planes de cuenca, heterogeneidad que desa consejaba su adopción directa. • La superficie cubierta por los afloramientos permea bles dentro de las unidades hidrogeológicas es del orden de 176.000 km2, que se reparten en 99.000 km2 correspondientes a formaciones detríticas, 69.700 km2 a formaciones carbonatadas y 7.800 km2 a for maciones volcánicas. El mapa adjunto, elaborado a partir de MOPTMA-MINER-UPC (1993), muestra estos afloramientos permeables. • Las cifras de características básicas de cada unidad (recarga por lluvia y cauces, retornos de riego y transferencias) se han extraído de los Planes Hidrológicos de cuenca, y en los casos en que no existía esa información, se adoptó la de MOPTMA MINER (1995) (fig. 120). En el territorio no cubierto por las unidades hidrogeoló gicas delimitadas también pueden existir acuíferos que son, en general, de baja o muy baja permeabilidad, y 132 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 120. Mapa de afloramientos permeables cuyas características y balances aún no han sido sufi cientemente evaluados. El análisis de flujos base revela, en efecto, su existencia. Estos acuíferos y unidades debe rán irse incorporando a los inventarios de la planificación a medida que vayan siendo definidos y caracterizados. Con los criterios antes descritos el nuevo número de unidades hidrogeológicas es de 411, de las cuales 391 se sitúan íntegramente dentro de un sólo ámbito de pla nificación, 19 son compartidas por dos ámbitos y una lo es por tres (CEDEX, 1998a). La diferencia respecto al número total de unidades reflejadas en MOPTMA MINER (1995) se debe, básicamente, a que sólo se han considerado 7 unidades en las Islas Canarias, una en cada isla. Se ha aumentado, sin embargo, el número de unidades en las cuencas del Ebro y Segura, como con secuencia de la nueva delimitación reflejada en sus res pectivos Planes de cuenca. El resumen de las características básicas medias de estas unidades, agregadas por ámbitos de planifica ción, y con datos elaborados a partir de los Planes de cuenca y de MOPTMA-MINER (1995), se muestra en la tabla 18. Como se observa, el total resultante de la recarga natu ral media (por lluvia e infiltración en cauces, y sin considerar los excedentes de riego, que no correspon den al régimen natural) en el conjunto de todas las uni dades hidrogeológicas, según la información conteni da en los Planes Hidrológicos de cuenca, asciende casi a 21.000 hm3/año. La recarga en el conjunto del terri torio nacional es, en realidad, mayor, ya que en esta estimación sólo se han considerado las zonas donde se han delimitado unidades hidrogeológicas y, sin embar go, en algunas otras zonas no catalogadas existen, como se dijo, acuíferos. En estas zonas sin acuíferos definidos, en ocasiones, la suma de las muchas peque ñas captaciones, junto con los aprovechamientos de los manantiales, alcanza una magnitud significativa, tal y como sucede en áreas de Galicia y Canarias. De hecho, como se explica posteriormente, para el ajuste del modelo de simulación, ha sido necesario incluir nuevas áreas de alimentación de las aguas subterráne as en los ámbitos de Galicia Costa, Norte I y Norte II. Las unidades compartidas entre distintos ámbitos terri toriales son las recogidas en la tabla adjunta, en la que se muestra también el ámbito al que se asignan (tabla 19). Análogamente a como se hizo con las aportaciones totales, y con objeto de disponer de una evaluación de la recarga natural a los acuíferos en un período común (1940/41 a 1995/96) y con una metodología de cálculo homogénea, se ha realizado, para toda España, una estimación de la recarga debida a la llu via caída sobre cada unidad, con el modelo distribuí do de simulación de flujos antes citado. Esta estima ción no tiene en cuenta, por tanto, las transferencias entre unidades que, aunque con carácter general son pequeñas, pueden ser importantes en algunas unida des concretas. En la figura 121 se muestran los valo res medios anuales de recarga, en mm/año, obtenidos en cada unidad hidrogeológica. 133 Libro Blanco del Agua en España Ámbito de Número de Número de Superficie Recarga por Recarga por Transfer. de Transfer. a planificación unidades no unidades permeable lluvia y riesgos otras otras compartidas compartidas aflorante cauces (hm3/año) unidades unidades (km2) (km3/año) (km3/año) (km3/año) Norte I 3 - - - - - Norte II 16 0 4.672 2.587 0 94 34 Norte III 7 1 946 410 0 0 0 Duero 20 1 52.799 1.840 1 249 383 Tajo 12 1 17.475 1.565 0 0 0 Guadiana I 10 1 13.834 646 20 60 60 Guadiana II 2 1 920 141 0 0 0 Guadalquivir 57 11 15.140 2.573 16 27 70 Sur 41 7 5.305 865 69 107 31 Segura 50 7 6.958 674 83 44 0 Júcar 46 6 23.781 3.011 480 514 468 Ebro 57 4 17.057 4.433 586 19 25 C.I. Cataluña 29 1 6.616 938 45 65 54 Galicia Costa - - - - - - Baleares 34 0 3.674 517 69 26 23 Canarias 7 0 7.384 681 0 0 0 España 391 20 (1) 176.561 20.881 1.369 1.205 1.148 Tabla 18. Características de las unidades hidrogeológicas según ámbitos de la planificación (1) El total no coincide con las sumas parciales, dado que distintos ámbitos pueden compartir una misma unidad Nota: En el ámbito del Duero se ha contabilizado la U.H. 2.12. denominada Aluviales del Duero, aunque su poligonal y características asociadas no se definen en el Plan Hidrológico del Duero ni en MOPTMA-MINER (1995). Asimismo, las figuras 122, 123 y 124 muestran las series anuales de recarga por lluvia directa correspon dientes a dos unidades hidrogeológicas concretas, la de la Mancha Oriental y la de Madrid-Talavera, así como la correspondiente a todo el territorio peninsular español, lo que permite apreciar su variabilidad inte ranual. En la tabla 20 y la figura 125 se integran los valores medios anuales de esta recarga en cada uno de los ámbi tos, y el porcentaje que representan respecto a la aporta ción total, ofrecida en el epígrafe anterior. Este porcen taje es, pues, una estimación muy encajada de la esco rrentía subterránea o fracción de origen subterráneo de los caudales totales en cada ámbito. Tabla 19. Unidades hidrogeológicas compartidas entre distintos ámbitos de planificación 134 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Número Unidad hidrogeológica Ámbitos afectados 1 Aralar-Ulzama Norte III y Ebro 2 Araviana-Moncayo Duero y Ebro 3 Albarracín-Cella-Molina de Aragón Tajo, Ebro y Júcar 4 Campo de Montiel Guadiana I y Guadalquivir 5 Almonte-Marismas Guadiana II y Guadalquivir 6 Sierra de Libar Guadalquivir y Sur 7 Setenil-Ronda Guadalquivir y Sur 8 Sierra de Cañete Guadalquivir y Sur 9 Sierra Gorda-Zafarraya Guadalquivir y Sur 10 Tejeda-Almijara-Las Guajaras Guadalquivir y Sur 11 Sierra de Padul Guadalquivir y Sur 12 Sierra de las Estancias Guadalquivir y Sur 13 Orce-María Guadalquivir y Segura 14 Sierra Zarza Guadalquivir y Segura 15 Sierra de la Oliva Segura y Júcar 16 Jumilla-Villena Segura y Júcar 17 Serral-Salinas Segura y Júcar 18 Quibas Segura y Júcar 19 Sierra de Crevillente Segura y Júcar 20 Cardó-Perelló Ebro y C.I. Cataluña Figura 121. Mapa de recarga natural en las unidades hidrogeológicas (mm/año) Los resultados obtenidos muestran, para el total de la Península, una cifra media global de componente subterránea (equiparada a recarga natural) del orden del 26% de la aportación total, pero con grandes variaciones territoriales que oscilan entre más del 70% en el Segura y Júcar (como ya vimos y ahora se vuelve a comprobar, los ámbitos peninsulares con mayor componente subterránea y autocorrelación, con diferencia sobre el resto) y menos del 10% en el Guadiana II. En términos absolutos, las mayores recargas naturales corresponderían al Norte II y Ebro (del orden de 5.000 hm3/año), y la menor al Guadiana II (menor de 100 hm3/año). Ello revela, en definitiva, que aunque las aguas sub terráneas no son global y cuantitativamente el princi pal recurso hídrico natural de España, son un recurso muy significativo y, en algunos territorios, sin lugar a dudas, el más importante. Como puede verse, la media global obtenida con el modelo de simulación (próxima a los 29.000 hm3/año en la península) es superior a la procedente de los Planes de cuenca (del orden de 20.000 en la península). Ello se debe, en buena parte, a que para poder reprodu cir con el modelo los periodos de estiaje de algunos ríos de Galicia Costa, Norte I y Norte II, se han incluido nuevas áreas de alimentación de las aguas subterráneas, no reflejadas en la figura anterior al no tener la consi deración administrativa de unidades hidrogeológicas. Por otra parte, aunque en términos cuantitativamente menores, en algunas unidades hidrogeológicas, la recar ga natural reflejada en los Planes de cuenca es superior 135 Libro Blanco del Agua en España Figura 122. Recarga por infiltración de lluvia (hm3/año) en la unidad hidrogeológica de la Mancha Oriental (periodo 1940/41 a 1995/96) 0 100 200 300 400 500 600 700 800 1940 1945 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 h m 3 / añ o Figura 123. Recarga por infiltración de lluvia (hm3/año) en la unidad hidrogeológica de Madrid-Talavera (periodo 1940/41 a 1995/96) 0 200 400 600 800 1000 1200 1400 1940 1945 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 h m 3 / añ o a la escorrentía total obtenida con el modelo de simula ción, lo cual puede ser debido a que: a) en ocasiones se producen situaciones muy complejas en las que no es fácil separar la recarga natural de los retornos de riego, transferencias subterráneas, etc. (en la mayoría de los Planes de cuenca sólo se recoge la cifra de recarga al acuífero, sin especificar si es natural o no y si incluye o no las transferencias de otras cuencas); b) no se conoce el periodo temporal de cálculo de las recargas y si éstas están sesgadas o si son representativas de la media anual; y c) como dijimos, la estimación de la recarga presenta unas incertidumbres y dificultades intrínsecas que hacen esperables tales divergencias. La figura 126 muestra el contraste de datos de ambas fuentes pudiendo verse que, salvo en estos casos singu lares, las diferencias no superan el 20%. Con objeto de dar una perspectiva general de estas eva luaciones a lo largo del tiempo, la tabla 21 muestra los datos de recarga o escorrentía subterránea en las cuen cas ofrecidos por distintas fuentes. Como puede apreciarse, todas las estimaciones realizadas hasta ahora ofrecen unos valores de recarga entre 15.000 y 20.000 hm3/año, lo que contrasta con los 30.000 obteni dos en la evaluación realizada para este Libro. Las razo nes de esta diferencia se detallarán posteriormente. En todo caso, se pone de manifiesto la necesidad de profundizar más en el conocimiento de la recarga a los acuíferos y su reparto en la debida a lluvia y cauces, las transferencias subterráneas, los retornos de riegos, etc. Todo ello contribuiría a mejorar la comprensión y cuan tificación del papel real de las aguas subterráneas en el conjunto de los recursos hídricos, papel que, como se ve, resulta de gran importancia en algunas de nuestras cuencas principales y constituye un recurso estratégico para mejorar la garantía de los abastecimientos. 136 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 124. Recarga por infiltración de lluvia (hm3/año) en la Península (periodo 1940/41 a 1995/96) 0 10000 20000 30000 40000 50000 60000 1940 1945 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 h m 3 / añ o Ámbito de Aportación total Recarga en Relación Planificación en reg. natural régimen natural Recarga/Aportación Norte I 12.689 2.745 22 Norte II 13.881 5.077 37 Norte III 5.337 894 18 Duero 13.660 3.000 22 Tajo 10.883 2.393 22 Guadiana I 4.414 687 16 Guadiana II 1.061 63 6 Guadalquivir 8.601 2.343 27 Sur 2.351 680 29 Segura 803 588 73 Júcar 3.432 2.492 73 Ebro 17.967 4.614 26 C. I. Cataluña 2.787 909 33 Galicia Costa 12.250 2.234 18 Península 110.116 28.719 26 Tabla 20. Recarga a los acuíferos y aportación total en régimen natural en los ámbitos territoriales de la planificación según el modelo de simulación utilizado En cuanto a las salidas subterráneas al mar, se trata de una cantidad muy pequeña en términos relativos. Tienen cierta importancia en las islas, por la gran lon gitud del contacto perimetral de la costa en relación a su superficie. Pueden, también, existir singularidades de surgencias submarinas localizadas debidas a fenómenos kársticos, como los casos de la Sierra de Irta (Castellón) y la zona de Nerja-La Herradura (Málaga). En la tabla 22 se reproducen distintas estimaciones de salidas subterráneas al mar (en hm3/año), por cuencas o ámbitos de planificación. Las más recien tes son las de la DGOH (1995) obtenidas para la zona de costa ocupada por unidades hidrogeológicas identificadas, y las que proporciona el modelo de simulación puesto a punto con motivo de la elabora ción de este Libro. 137 Libro Blanco del Agua en España Figura 125. Fracción subterránea de la escorrentía total y recarga a los acuíferos en régimen natural en los ámbitos territoriales de la planificación 0 500 1000 1500 2000 2500 3000 3500 4000 4500 5000 Se gu ra Jú ca r N or te I I C . I . C at al u ñ a Su r G u ad al q u iv ir E br o N or te I D u er o Ta jo N or te I II G al ic ia C os ta G u ad ia n a I G u ad ia n a II R ec ar ga ( h m 3 / añ o) 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 Fr ac ci ón s u bt er rá n ea ( % ) Fracción Rec/Ap.tot. Fracción media peninsular Recarga subterránea Figura 126. Contraste de datos de recarga de acuíferos en régimen natural en los ámbitos territoriales de la planificación 0 1000 2000 3000 4000 5000 6000 N or te I N or te I I N or te I II D u er o Ta jo G u ad ia n a I G u ad ia n a II G u ad al q u iv ir Su r Se gu ra Jú ca r E br o C . I . C at al u ñ a G al ic ia C os ta R ec ar ga ( h m 3 / añ o) 60 40 20 0 20 40 60 80 100 120 D if er en ci a (% ) Recarga modelo Recarga PH Diferencia (%) Tabla 22. Estimaciones de las salidas subterráneas al mar (hm3/año) por ámbitos de planificación 138 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Ámbito de 1967 1974 1980 1986 1993 1998 1998 Planificación (a) (b) (c) (d) (e) (f) (g) Galicia Costa - - 2.234 Norte I - - 2.745 Norte II 2.644 2.587 5.077 Norte III 331 410 894 Norte 5.500 5.480 4.100 4.100 2.975 2.997 10.950 Duero 3.000 1.430 1.450 1.450 1.875 1.840 3.000 Tajo 1.700 2.160 2.200 2.000 1.646 1.565 2.393 Guadiana I 656 646 687 Guadiana II 98 141 63 Guadiana 1.000 710 700 500 754 787 750 Guadalquivir 1.800 2.250 2.100 1.100 2.315 2.573 2.343 Sur 250 900 450 700 1.160 865 680 Segura 300 510 500 600 548 674 588 Júcar 700 2.460 1.200 1.700 3.505 3.011 2.492 Ebro 3.400 3.120 3.050 2.900 2.923 4.433 4.614 C.I. Cataluña 500 250 250 250 1.035 938 909 Total Península 18.150 19.270 16.000 15.300 18.736 19.683 28.719 Baleares - - 585 517 Canarias - - 700 681 Total España 20.021 20.881 Tabla 21. Estimaciones de la recarga de acuíferos (a) Elaborado por Llamas en 1967. Escorrentía subterránea a los ríos. Citado en Llamas (1995) pag. 133. (b) Coma (1974). Escorrentía subterránea total (incl. flujo al mar). Citado en Llamas (1995) pag. 133. (c) MOPU (1980). El agua en España.. CEH. DGOH. También en Heras (1977) y en otros. (d) MOPU (1986) Panorama hidráulico de España, en Gallego Anabitarte et al. (1986), vol. II. (e) MOPT (1993) Memoria del anteproyecto de Ley del PHN.. También en MOPTMA-MINER (1995) (f) Datos de los Planes Hidrológicos de cuenca (1998) (g) Datos de la evaluación realizada en este Libro Blanco (año 1998) Notas: Norte comprende los ámbitos de Galicia Costa y Norte I, II, y III; Guadiana comprende los ámbitos Guadiana I y II. Ambito territorial 1967 1980 1995 1998 (a) (b) (c) (d) Galicia Costa - - - 356 Norte I - - - Norte II - - - 786 Norte III - - - 161 Norte 1.100 1.500 100 1.303 Guadiana I - - - Guadiana II - - - 8 Guadiana 60 50 25 8 Guadalquivir 600 200 70 56 Sur 300 440 100 65 Segura 160 10 5 16 Júcar 800 1.300 225 173 Ebro 80 100 40 C.I. Cataluña 250 700 125 83 Península 3.350 4.300 690 1.704 Baleares - 480 150 Canarias - 610 230 Total España - 5.390 1.070 (a) Llamas (1967). Citado en Llamas (1995) pag. 133. (b) MOPU (1980) El agua en España. CEH. DGOH. También en Heras (1977) y en MOPU (1982). (c) DGOH (1995) Estudio de la situación actual y programación de actuaciones futuras en el ámbito de las aguas subte rráneas en España. (d) Modelo de simulación de aportaciones utilizado en este Libro (año 1998). Como sugiere la dispersión de las magnitudes ofrecidas por los distintos autores, estas cifras han de contemplar se con cierta reserva, y deben valorarse como una acota ción encajada del orden de magnitud del problema, dado que no se dispone de datos bien contrastados que permi tan cuantificar con suficiente precisión las transferen cias subterráneas de agua dulce al mar. En cualquier caso, las diferencias entre las cifras proporcionadas por los dos trabajos más recientes son moderadas, si se exceptúan las correspondientes a las cuencas del Norte. En relación con las reservas de los acuíferos, el ITGE (1989) ha estimado que el volumen de agua subterrá nea almacenado en España, hasta los 200 m de pro fundidad, es del orden de 125.000 hm3. De estas reser vas naturales subterráneas, aproximadamente 120.000 hm3 corresponden a la Península, 2.500 hm3 a Cana rias y otros 2.500 hm3 a Baleares. Otros trabajos, como el Inventario de MOPTMA MINER-UPC (1993) estiman las reservas en unos 180.000 hm3 (sin incluir la cuenca del Segura ni los archipiélagos) con la distribución por cuencas que se muestra en la tabla 23. Hay que destacar la incertidumbre asociada a la estima ción de las reservas, pues no siempre existe acuerdo sobre su significado (consideración del estrato imper meable, accesibilidad técnica y económica, etc.), lo que se añade a las dificultades técnicas inherentes a su cuantificación. En cualquier caso, se trata de volúmenes muy importantes (del orden del triple del almacena miento total disponible mediante presas), que pueden jugar un papel fundamental en situaciones de sequía. En síntesis, los recursos en régimen natural de origen subterráneo, o recarga natural de los acuíferos, ascien den a un total superior a los 29 km3/año, de los que aproximadamente 27 son aportación subterránea a la escorrentía de los ríos, y los 2 restantes son transfe rencias subterráneas al mar o a otros territorios. 3.1.4.3. Variabilidad y diversidad hidrológica En los epígrafes previos se han descrito los recursos hídricos en régimen natural y su composición relativa en escorrentía superficial directa y escorrentía subterránea. En esta descripción ya se señaló la gran irregularidad y Cuenca Reservas (hm3) Norte 7.700 Duero 43.600 Tajo 4.700 Guadiana 2.800 Guadalquivir 11.000 Sur 5.600 Segura Júcar 79.100 Ebro 12.800 C.I. Cataluña 12.600 139 Libro Blanco del Agua en España Tabla 23. Estimación de las reservas de aguas subterráneas (hm3) en distintas cuencas Figura 127. Caudales medios mensuales en ríos con distintos regímenes fluviales Segre en Lérida 0 50 100 150 200 Guadalhorce en Bobadilla 0 1 2 3 4 5 6 OC NV DC EN FB MR AB MY JN JL AG SP Miño en Puente Mayor 0 100 200 300 400 500 600 OC NV DC EN FB MR AB MY JN JL AG SP Caldares en Ibón de los Baños 0 0,5 1 1,5 2 2,5 3 OC NV DC EN FB MR AB MY JN JL AG SP OC NV DC EN FB MR AB MY JN JL AG SP diversidad hidrológica del país, y puesto que éste es un rasgo muy significativo de nuestros recursos hídricos, le dedicaremos ahora alguna atención específica. En efecto, la variabilidad hidrológica de España y la irregularidad de su régimen hídrico en el espacio y en el tiempo ha llegado a ser uno de los tópicos más insistentemente repetidos al hablar de los problemas del agua. Realmente, y como ya se ha mostrado, la variabilidad es uno de los aspectos más destacables de nuestra hidrología, de tal forma que, como veremos, la diferencia claramente de la de otros países de su entor no. Las razones para ello residen a su vez en la varia bilidad del medio físico (clima, suelos, orografía, etc.), que se comentó en anteriores apartados. Como se mostró, la precipitación es la variable que más influye en las fluctuaciones de las aportaciones de los ríos, pero hay otros factores, como los distintos tipos de suelos, la vegetación, la evapotranspiración y los acuíferos, que condicionan y controlan la respues ta de la cuenca frente a las entradas pluviométricas. En función de las características del régimen de preci pitaciones, pero también teniendo en cuenta otras carac terísticas del clima, como, por ejemplo, las que originan la fusión de la nieve, se puede hablar de un régimen flu vial intraanual característico. En la figura 127 se mues tran distintos ejemplos de caudales medios mensuales de ríos españoles (en m3/s) típicos de estos regímenes representativos (pluvio-nival del Segre en Lérida, plu vio-oceánico del Miño en Puente Mayor, pluvio-medi terráneo del Guadalhorce en Bobadilla, y nival del Caldares en Ibón de los Baños). En la figura 128 se muestra la variabilidad estacional de la precipitación, observándose que las estaciones del año con mayores valores de las precipitaciones son las de otoño e invierno y que en los meses de verano la preci pitación total en una gran parte de la mitad meridional de España no alcanza siquiera los 50 mm. Un hecho que acentúa aún más esta variabiliadad temporal de la lluvia es que los valores de precipitación medios que se obser van en algunas cuencas se producen en apenas unos días (ver capítulo sobre crecidas). A continuación se muestra la variabilidad estacional de la evapotranspiración potencial, observándose cómo, contrariamente a lo que sucedía con las precipitaciones, las estaciones con mayor valor de la evapotranspiración potencial son las de primavera y verano. Hay que tener sin embargo en cuenta, como ya se ha visto en apartados anteriores, que este es un valor potencial sujeto a la dis ponibilidad de agua en el suelo (fig. 129). Finalmente, en la figura 130 se muestra la distribución estacional de la escorrentía, producto de los regímenes de precipitaciones y evapotranspiraciones y de la modulación que el suelo y los acuíferos suponen. Las reducidas lluvias y las elevadas evapotranspiraciones potenciales de los meses de primavera y verano deter minan el que en una gran parte del territorio no se 140 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 128. Distribución estacional de la precipitación (mm) genere escorrentía en esos meses. El agua que por tanto circula por los ríos en esa época es la que proce de de la descarga de los acuíferos y cuando éstos no existen la escorrentía es prácticamente nula. Con carácter general se puede decir que el agua que marca la abundancia hídrica de un determinado año en muchas regiones de España es la que precipita en otoño e invierno. Puede alcanzarse una mejor comprensión de la rela ción entre la variabilidad temporal en precipitacio nes, las características de la cuenca, y sus conse cuencias en la variabilidad temporal en la escorren tía, al analizar la evolución de caudales en ciertas estaciones de aforo concretas. Como ejemplo ilustrativo, en la figura 131 se refleja la evolución de caudales mensuales (en m3/s) en dos estaciones de aforo de la cuenca del Guadiana - río Guadiana en Torreblanca y río Zújar en Castuera durante los 4 años hidrológicos 1946/47 a 1949/50, en los que se puede admitir un régimen poco afectado, prácticamente igual al natural. Con una distribución de precipitaciones muy similar en ambas cuencas, se observa cómo en la primera esta ción, a la que drena la cuenca que comprende los acuí feros de la cabecera del Guadiana, disminuye pero no llega a agotarse el caudal circulante en los meses de estiaje. Por el contrario, en el río Zújar en Castuera, que drena una cuenca donde no hay acuíferos signifi cativos, el caudal base es inapreciable y en los meses de estiaje el río queda prácticamente seco. Todas estos ejemplos abundan en mostrar cómo la diver sidad y variabilidad de los factores que controlan la res puesta hidrológica hacen que se den situaciones extraor dinariamente diversas, con regímenes hidrológicos muy distintos incluso en áreas relativamente próximas. 3.1.4.4. Comparación con el contexto europeo Una vez descritos los recursos hídricos del país, sus fracciones superficial y subterránea, y mostradas sus magnitudes fundamentales y su variabilidad, resulta de interés preguntarse cuál es la situación respecto a los países de nuestro entorno inmediato. En primer lugar cabe indicar que los flujos y reservas de agua en la Unión Europea (UE) suponen porcen tualmente una muy pequeña cantidad de las exis tentes en la Tierra. La escorrentía que se genera internamente en la UE es de unos 1.200 km3/año, lo que representa un 3% de la de todo el planeta, tal y como muestra la tabla 24, de elaboración propia a partir de datos de EEA (1995). En las costas más occidentales y en las cadenas mon tañosas de Europa, masas de aire extremadamente húmedas dan lugar a fuertes lluvias. En estos lugares, la precipitación anual se encuentra entre los 1.000 y 141 Libro Blanco del Agua en España Figura 129. Distribución estacional de la evapotranspiración potencial (mm) Tabla 24. Flujos hídricos medios anuales en la Tierra, Europa y España 2.000 mm, con áreas localizadas donde se pueden alcanzar mayores valores. Aunque son comunes valores de precipitación anual entre 300 y 500 mm en el Sudeste de las penínsulas mediterráneas, en realidad no son exclusivos de estas zonas y pueden encontrarse valores por debajo de 500 mm en Suecia, Finlandia, Países Bálticos, Polonia y llanura central del Danubio. La distribución anual de la precipitación media, evapo transpiración potencial según Penman, y escorrentía total en los países de la UE, se representa en las figuras 132, 133 y 134, de elaboración propia a partir de infor Flujos medios anuales (fase terrestre) Tierra UE España Precipitación (km3) 110.000 2.600 346 Evapotranspiración (km3) 70.000 1.400 235 Aportación generada internamente (km3) 40.000 1.200 111 142 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 130. Distribución estacional de la escorrentía (mm) Figura 131. Caudales mensuales (m3/s) del Guadiana en Torreblanca y del Zújar en Castuera en el periodo 1946/47 a 1949/50 Guadiana en Torreblanca 0 10 20 30 40 50 60 70 80 o ct 4 6 fe b ju n o ct 4 7 fe b ju n o ct 4 8 fe b ju n o ct 4 9 fe b ju n Zújar en Castuera 0 50 100 150 200 250 o ct 4 6 fe b ju n o ct 4 7 fe b ju n o ct 4 8 fe b ju n o ct 4 9 fe b ju n mación de Eurostat. La última de estas figuras muestra la escorrentía de origen interno en cada país, es decir, la generada exclusivamente en su territorio, sin tener en cuenta las aportaciones provenientes de países vecinos. Calculando el índice de humedad (cociente entre pre cipitación y evapotranspiración potencial según Penman) para los países de la UE (ver figura 135) se observa que la mayor parte del territorio español, así como el Sudeste de Italia y de Grecia, se encuentran en un rango de valores situado entre 0,2 y 0,5, propio de zonas semiáridas. Los valores areales medios anuales de precipi tación, evapotranspiración potencial y escorrentía generada internamente absoluta y per cápita se muestran, para cada país de la UE (excepto Luxemburgo, del que no se poseen datos), en la tabla 25 de elaboración propia a partir de informa ción de Eurostat. 143 Libro Blanco del Agua en España Figura 132. Mapa de precipitación media anual en la Unión Europea (mm) Figura 133. Mapa de evapotranspiración potencial media anual en la Unión Europea (mm) 144 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Estado de la Superficie Población Precipitación Evapotranspiración Escorrentía generada UE (1995) potencial internamente (km2) (mil hab) mm km3 mm km3 mm km3 m3/hab/año Alemania 356.954 82.400 768 274 493 176 266 95 1.153 Austria 83.850 7.968 1.169 98 477 40 656 55 6.903 Bélgica 30.518 10.141 885 27 459 14 393 12 1.183 Dinamarca 43.092 5.225 673 29 441 19 139 6 1.148 España 506.470 39.238 684 346 862 437 220 111 2.829 Finlandia 338.130 5.115 657 222 337 114 316 107 20.919 Francia 543.965 58.251 809 440 601 327 313 170 2.918 Grecia 131.957 10.480 849 112 765 101 356 47 4.485 Irlanda 70.285 3.575 1.152 81 398 28 697 49 13.706 Italia 301.277 56.126 982 296 704 212 554 167 2.975 Países Bajos 41.863 15.534 717 30 454 19 263 11 708 Portugal 92.389 9.915 877 81 898 83 444 41 4.135 Reino Unido 244.410 58.204 1.080 264 413 101 593 145 2.491 Suecia 449.960 8.852 700 315 367 165 380 171 19.318 UE 3.235.120 371.024 808 2.615 568 1.836 367 1.187 3.199 Tabla 25. Valores areales medios anuales de precipitación, evapotranspiración potencial y escorrentía total generada internamente en la UE Figura 134. Mapa de escorrentía media anual en la Unión Europea (mm) Como puede apreciarse, España presenta una precipi tación que equivale al 85% de la precipitación media en la Unión, y una evapotranspiración potencial que es de las más altas del continente, lo que da lugar a uno de los valores de escorrentía más bajos de todos los países considerados (aproximadamente el 60% de la media europea). Si se analizan las aportaciones per cápita generadas internamente en cada país, España presenta un valor de unos 2.800 m3/hab/año, lo que supone un 90% del valor medio para la Unión Europea, muy superior al de países de mayor densidad de población, como Alemania, Bélgica, Dinamarca y Países Bajos, y semejante a los valores de Italia, Francia y Reino Unido. Estas cifras, sin embargo, pueden resultar engañosas. Las transferencias de agua que reciben muchos de los países en Europa suponen un porcentaje muy alto de sus recursos totales. De hecho, países como Holanda, Luxemburgo o Alemania reciben entre el 40% y el 90% de sus recursos de otros países vecinos, de tal forma que si no se consideraran estas transferencias, su demanda superaría los recursos hídricos de origen interno. Un caso elocuente es el de España y Portugal. Los recursos totales per cápita en España son menores del 50% de los de Portugal, que recibe un 38% de su agua de España. Teniendo en cuenta las transferencias de agua proce dentes de otros países, en la tabla adjunta -de elabora ción propia a partir de datos de EEA (1998)- se mues tran los recursos totales anuales per cápita de los paí ses de la UE, diferenciándose los recursos hídricos generados en cada país (origen interno) y las transfe rencias de países vecinos (origen externo) (tabla 26). En cuanto al grado de utilización de recursos superfi ciales y subterráneos, éste varía grandemente de unos países a otros, desde extremos singulares como Dinamarca, donde prácticamente el 100% de los 145 Libro Blanco del Agua en España Figura 135. Mapa del índice de humedad en la Unión Europea Estado de la Superficie Población Escorrentía Transferencias Escorrentía total UE (1995) generada int.. de otros países (km2) (mil. hab.) mm km3 mm km3 mm km3 m3/hab/año Alemania 356.954 82.400 266 95 193 69 459 164 1.990 Austria 83.850 7.968 656 55 346 29 1002 84 10.542 Bélgica 30.518 10.141 393 12 131 4 524 16 1.578 Dinamarca 43.092 5.225 139 6 0 0 139 6 1.148 España 506.470 39.238 220 111 0 0 220 111 2.829 Finlandia 338.130 5.115 316 107 9 3 325 110 21.505 Francia 543.965 58.251 313 170 33 18 346 188 3.227 Grecia 131.957 10.480 356 47 99 13 455 60 5.725 Irlanda 70.285 3.575 697 49 43 3 740 52 14.545 Italia 301.277 56.126 554 167 27 8 581 175 3.118 Países Bajos 41.863 15.534 263 11 1911 80 2174 91 5.858 Portugal 92.389 9.915 444 41 271 25 714 66 6.657 Reino Unido 244.410 58.204 593 145 0 0 593 145 2.491 Suecia 449.960 8.852 380 171 7 3 387 174 19.657 UE 3.235.120 371.024 367 1.187 367 1.187 3.199 Tabla 26. Valores medios anuales de escorrentía interna, transferencias externas, y recursos totales y per cápita en distintos países de la UE recursos proviene de extracciones subterráneas, hasta Holanda, Bélgica o Finlandia, donde el aprovecha miento de aguas subterráneas significa menos de un 10% del total. En España el porcentaje de uso de las aguas subterráneas es inferior al 20 % (ver figura 136, de elaboración propia a partir de datos de EEA 1995). 3.1.5. Recursos disponibles 3.1.5.1. Introducción. Conceptos previos Cuanto se ha dicho hasta ahora se ha referido a los recursos en régimen natural, es decir, desde un punto de vista hidrológico, y no funcional. Procede ahora estudiarlos desde una nueva perspectiva, considerando las condiciones que los configuran como una oferta que puede servir para atender una demanda de agua y las limitaciones para su utilización, pues, como es lógico, no todo el recurso natural puede -ni debe- rea lizar tal función. Para la introducción de esta nueva perspectiva y la mejor comprensión del sistema de uti lización es necesario introducir algunos importantes conceptos previos (v., p.e., Erhard-Cassegrain y Margat, 1983). Así, debe notarse que algunas de las limitaciones o restricciones que configuran los recursos naturales como una oferta inserta en el sistema de usos son externas al propio sistema de utilización del agua y tienen un carácter previo y superior, por lo que limitan la potencialidad real de utilización del agua. En este sentido cabe hablar de un recurso potencial, que podría definirse como la parte del recurso natural que constituye un potencial de oferta una vez que se han tenido en cuenta dichas restricciones exteriores. Estas restricciones pueden ser de carácter ambiental, socio económico o geopolítico. 1. Las restricciones de carácter ambiental tienen como objetivo la protección, en determinados territorios y periodos de tiempo, de las funciones naturales del agua (ecosistemas acuáticos, funda mentalmente) mediante la preservación de flujos, de velocidades, de niveles, de volúmenes, o de sus características físico-químicas. Ante la ausencia de conocimientos y estudios detallados que cubran todo el territorio nacional, una forma simplificada de abordar esta restricción consiste en reservar cautelarmente una determinada fracción del recur so natural que no se incorpora al sistema de explo tación, quedando así preservada de una posible utilización económico-productiva y continuando su función natural. Esta fundamental cuestión se volverá a tratar en el capítulo relativo al sistema de utilización actual del agua, pero debe retenerse ya el enfoque conceptual que se propone dar al pro blema de los llamados caudales ecológicos: no un uso más de los contemplados en el sistema de uti lización, sino una restricción externa y previa que opera sobre los recursos naturales para configurar el recurso potencial, o, dicho de otra forma, un supuesto previo a la gestión del dominio público hidráulico. 1. Es importante comprender que solo cabe hablar de oferta o disponibilidad de recursos tras haber satis fecho -entre otras- estas restricciones ambientales, y sólo en la medida en que la utilización del agua no 146 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 136. Porcentajes de utilización de recursos superficiales y subterráneos en distintos países de la UE 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100% D in am ar . L u xe m b. P or tu ga l Ir la n d a G re ci a N or u eg a Su ec ia R ei n o U n id o Fr an ci a E sp añ a A le m an ia B él gi ca Fi n la n d ia H ol an d a Superficial Subterránea distorsione sensiblemente su función ambiental (biológica, climática, …) podrá aceptarse su carác ter de bien económico-productivo al servicio del bienestar y el desarrollo. 2. Las restricciones de carácter social o socioeconó mico pueden proceder de servidumbres derivadas de actividades consideradas prioritarias y que resultan incompatibles con la utilización del recur so, como consecuencia, por ejemplo, de determi nadas opciones de ordenación territorial. Este sería el caso de aquellos equipamientos que, aun siendo técnica y económicamente factibles, pue den entrar en conflicto con determinados criterios de ocupación del suelo. 3. Finalmente, las restricciones de carácter geopolítico suelen referirse al caso de ríos internacionales. Desde el punto de vista del país situado aguas arriba pueden existir determinados compromisos de mantenimien to de ciertos caudales en la frontera que reducen su recurso potencial al no poder utilizar dichos cauda les. En el caso del país situado aguas abajo, sus recur sos potenciales podrían disminuir, hasta el umbral establecido, a medida que aumentase la utilización del agua en el país situado aguas arriba. Además de estas restricciones exteriores que determi nan el recurso potencial, existen otras restricciones de carácter técnico que pueden limitar el aprovechamien to de las aguas del medio natural. En este sentido cabe hablar de unos recursos realmente disponibles para su utilización productiva como consecuencia del conjun to de restricciones técnicas que limitan el posible aprovechamiento del recurso natural o potencial. La cuantía de estos recursos disponibles depende, funda mentalmente, de las características del recurso natural y del nivel tecnológico del sistema de utilización. Así, por ejemplo, los recursos de agua subterránea de un acuífero pueden ser potencialmente aprovechables, pero estarán realmente disponibles en función de la tecnología de perforación y bombeo existente en cada momento. El concepto de recurso disponible está pues ligado a las posibilidades de movilización de los recursos natu rales o potenciales, y de ahí que algunos autores se refieran al recurso disponible como movilizable. En este sentido, movilizar el agua para que se encuentre en disposición de ser usada, consiste en, partiendo del medio natural, ponerla en circulación en la estructura técnica del sistema de utilización. En la práctica, la movilización y consiguiente disponi bilidad de los recursos puede obtenerse mediante diversos procedimientos: • Captación directa de una parte del caudal regulado de forma natural: toma directa de un río o captación de agua subterránea. 147 Libro Blanco del Agua en España Figura 137. Esquema conceptual de movilización de recursos naturales y su transformación en recursos disponibles • Transformación de una parte del caudal natural más o menos irregular en una reserva para su utilización posterior: regulación de un río por medio de un embalse o recarga artificial de un acuífero. • Obtención de un caudal a partir de una reserva natu ral preexistente: aprovechamiento del agua de un lago o extracción de las reservas de agua subterrá nea, renovables o no. • Transformación en caudal movilizable de un flujo no aprovechable directamente: reducción de la eva poración. Estas ideas se esquematizan gráficamente en la figura 137. Un aspecto que incide de manera muy importante en la disponibilidad de recursos es la gestión del sistema de explotación, es decir, el conjunto de normas y reglas de actuación sobre los elementos naturales y las obras e instalaciones de infraestructura hidráulica que transforman el régimen de los recursos naturales para adaptarlos a la satisfacción de las demandas o para evitar riesgos naturales. Una gestión deficiente del sis tema puede reducir apreciablemente la disponibilidad de recursos, mientras que, por el contrario, una ade cuada gestión puede incrementarla. Desde el punto de vista cualitativo, los recursos dispo nibles dependen de las posibilidades técnicas de tratar las aguas y corregir, en caso de que sea necesario, las características que no se adapten al uso al que se pre tenden destinar. Sobre esta cuestión, y sobre las limi taciones que pueden derivarse de las condiciones de calidad del agua, se volverá a insistir posteriormente con detalle. Otro aspecto que condiciona de manera muy impor tante la disponibilidad de recursos es su fiabilidad, es decir, la garantía con la que se dispone de ellos. Contar con altos niveles de garantía o seguridad en el sumi nistro supone disponer de menores recursos, mientras que una menor exigencia de garantía permitiría contar con una mayor disponibilidad. En este sentido, para una correcta valoración de la disponibilidad es funda mental especificar el nivel de garantía correspondien te a los recursos que se estiman disponibles. A la escala de los sistemas de explotación es impor tante también contar con las posibilidades de emplear el agua procedente de los retornos de suministros pre vios que se restituyen al medio natural. Estos retornos representan la posibilidad de removilizar parte de los recursos y constituyen un potencial de oferta secunda rio que debe añadirse al resto de los recursos disponi bles procedentes de una sola utilización o moviliza ción. Esta cuestión adquiere especial relevancia en nuestro país, donde el regadío, que da lugar al retorno de importantes volúmenes, constituye, con diferencia, la mayor demanda. Como ya se ha señalado, el nivel de las tecnologías existentes en cada momento también influye en la cuantía de los recursos disponibles. En este sentido, es frecuente distinguir entre recursos convencionales, obtenidos mediante la ejecución de técnicas de movi lización clásicas y suficientemente probadas, y recur sos no convencionales, obtenidos mediante el desarro llo de técnicas nuevas, a menudo de carácter experi mental o que se llevan a cabo de forma excepcional. Suelen considerarse tradicionalmente como recursos no convencionales los procedentes de la desalación de aguas marinas y salobres, la reutilización directa de aguas residuales y la modificación de las condiciones climáticas, entre otros. Sin embargo, el grado de convencionalidad de los recursos, al estar asociado al nivel tecnológico, cons tituye un concepto dinámico que evoluciona en el tiempo. Así, en el momento actual algunas de estas técnicas, como la desalación o la reutilización, podrí an sin duda considerarse como convencionales en la práctica. En este punto conviene hacer constar que, a diferencia del recurso natural, sobre cuyo significado técnico hay un acuerdo relativamente generalizado, el concepto de recurso disponible ha sido tradicionalmente objeto de interpretaciones muy diferentes. Ello resulta perfecta mente explicable teniendo en cuenta los muy distintos factores que lo configuran y de los que depende, y que algunos -como las reglas de gestión- no suelen estar definidos de modo explícito ni son de fácil formula ción en sistemas hidráulicos complejos. Una prueba de estas diferencias son las distintas esti maciones que han venido realizándose en los últimos años en España (donde se les llama en ocasiones recursos regulados o garantizados). En la tabla 27 se presentan algunas de las más importantes de estas esti maciones (expresadas en hm3/año), incluyendo las rea lizadas en los Planes Hidrológicos de cuenca. En este caso es necesario realizar una interpretación prudente de los resultados relativos, pues no en todos los Planes se utiliza el mismo concepto de recurso disponible, ni se han seguido los mismos criterios y procedimientos para su obtención. En consecuencia, y pese a que se ofrecen en una tabla común, las cifras correspondien tes a los diversos Planes no son directamente compa rables entre sí. Algo similar sucede si se pretende comparar unas estimaciones con otras, pues en general se han empleado criterios diferentes en cuanto a modula ción de demandas, evaluación de volúmenes regula dos en embalses, utilización de aguas subterráneas, 148 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles consideración de caudales ambientales y retornos, garantías de suministro, consideración de todo el ámbito o solo de algunos ríos principales, inclusión o no de las aguas trasvasadas, gestión conjunta o uni taria de los embalses, etc. En la tabla puede apreciarse la disparidad de los resul tados obtenidos. Descontando la estimación realizada en 1967, que corresponde a una situación muy dife rente de la actual (p.e. en cuanto a embalses), el resto de las estimaciones proporcionan unos recursos dispo nibles que varían entre el 38 y el 47% de los recursos naturales. Sin embargo, en el ámbito de algunos Planes concretos estas diferencias son muy acusadas, como consecuencia de la diversidad de criterios ya mencionada. Todo ello pone de manifiesto la necesidad de unificar conceptos y criterios con objeto de obtener resultados que permitan realizar análisis de tipo comparativo, que ayuden a determinar la evolución temporal de las disponibilidades, y que faciliten una evaluación de la eficacia de las diversas medidas destinadas a mejorar la disponibilidad de recursos. 3.1.5.2. Caudales fluyentes y regulación natural De acuerdo con el régimen de variación en el tiempo de los flujos de agua, y desde la perspectiva de sus posibilidades de uso, es frecuente considerar los recur sos subdivididos en dos grandes categorías: • Permanentes, o casi permanentes, regulados de forma natural. • Variables, según diversos grados de irregularidad. 1967 1980 1980 1990 1991 1993 1998 (a) (b) (c) (d) (e) (f) (g) Galicia Costa 1.302 1.302 Norte I 1.100 5.515 691 Norte II 1.807 1.518 587 Norte III 943 493 468 Norte 8.525 10.123 7.448 4.967 8.828 Duero 6.405 7.713 9.111 9.465 9.269 7.797 10.229 Tajo 4.356 6.496 8.343 6.281 6.233 6.233 5.063 Guadiana I 2.610 2.592 2.591 Guadiana II 407 371 345 Guadiana 2.252 1.428 2.462 3.017 2.385 2.963 2.936 Guadalquivir 3.564 2.965 2.810 4.780 3.255 3.416 3.451 Sur 538 717 785 533 861 1.109 1.007 Segura 665 675 1.317 1.742 700 1.125 1.500 Júcar 1.850 2.665 3.104 2.003 2.564 3.052 3.437 Ebro 8.502 11.164 14.133 9.289 9.337 10.727 9.898 C.I. Cataluña 697 1.139 1.656 1.358 1.358 1.587 Total Península 37.354 45.085 51.169 40.929 46.608 Baleares - 224 313 312 312 300 Canarias - 496 496 496 420 417 Total España 45.805 51.978 41.737 47.340 Tabla 27. Distintas estimaciones de los recursos hídricos disponibles en España (a) Recursos Hidráulicos. II Plan de Desarrollo Económico y Social. Presidencia del Gobierno, PG (1967) (b) El agua en España. MOPU-DGOH-CEH (1980) (c) Planificación Hidrológica Nacional. (Avance 80). Comisión Interministerial de Planificación Hidrológica. MOPU-CIPH (1980). Incluye retornos, evalua dos en 6007 hm3/año para todo el territorio nacional. (d) Plan Hidrológico. Síntesis de la Documentación Básica. MOPU-DGOH (1990). Estas cifras se presentan bajo la denominación recursos garantizados y se refieren solo a las cuencas intercomunitarias. (e) El agua en España. Instituto de la Ingeniería de España IIE-ITGE-UNESA. (1991). Incluye los recursos regulados por los embalses y los procedentes de una explotación equilibrada de los acuíferos en una primera aproximación. No se incluyen retornos o recursos importados de otras cuencas. Basado principal mente en la Documentación Básica de los Planes Hidrológicos. (f) Memoria del PHN. MOPT (1993). Incluye los acuíferos sobreexplotados: Guadiana I (280 hm3/año), Guadalquivir (25 hm3/año), Sur (60 hm3/año), Segura (325 hm3/año), Júcar (125 hm3/año), C.I. Cataluña (50 hm3/año), Baleares (30 hm3/año) y Canarias (160 hm3/año). Total 1055 hm3/año. No incluye retornos (8.000 hm3/año), ni reutilización y desalación (115 hm3/año) (g) Planes Hidrológicos de cuenca (1998). La cifra del Norte solo incluye la regulación conseguida en los embalses destinados exclusivamente a atender deman das consuntivas. Las cifras del Tajo y el Ebro corresponden a la demanda interna satisfecha, inferior al recurso disponible. El Tajo incluye lo que denomina demanda ambiental y el Ebro incluye 3150 hm3/año de caudal mínimo medioambiental en la desembocadura. Se incluyen las transferencias máximas previs tas al Sur (10 hm3/año), Segura (540 hm3/año) y Cataluña (100 hm3/año). La cifra del Júcar incluye reutilización, transferencias y retornos. 149 Libro Blanco del Agua en España El concepto de recurso permanente, o regulado en régimen natural, está estrechamente relacionado con el caudal de base de los ríos que, en nuestro país, depende fundamentalmente de las ya estudiadas apor taciones subterráneas debidas al drenaje de los acuífe ros y, en menor medida, del deshielo. Es habitual interpretar estos recursos regulados de forma natural como aquéllos que, en situación de libre apropiación y de ausencia de infraestructuras de alma cenamiento, podrían ser utilizados para la satisfacción de las demandas, es decir, el agua que podría ser utili zada en forma fluyente. Era éste el valor que se bus caba cuando, desde el siglo XVIII, comienzan a reali zarse mediciones puntuales y esporádicas del caudal de los ríos con vistas a determinar sus posibilidades de aprovechamiento. Puesto que en los países hidráulica mente maduros -como el nuestro- ya existen numero sas obras de regulación superficial y captaciones sub terráneas, los recursos regulados de forma natural no son más que un concepto teórico, pero que resulta útil fundamentalmente a efectos comparativos, y como descriptor de la irregularidad hídrica. Para su estimación es preciso definir previamente la variación estacional de las demandas que podrían ser atendidas con estos caudales fluyentes y las garantías exigidas a su suministro. Tradicionalmente se han con siderado dos tipos de modulación de la demanda: uno con distribución uniforme a lo largo del año, asimila ble a la situación habitual de las demandas de abaste cimiento a poblaciones estables, y otro variable, con el máximo en los meses de verano, asimilable a las demandas de riego. En estudios anteriores (MOPU, 1980) se estimó la regu lación natural en la Península en 9.190 hm3/año para demandas uniformes y en 4.445 hm3/año para deman das variables de riego. Esta estimación se realizó a par tir de los datos del pionero Inventario de Recursos Hidráulicos (CEH, 1971), considerando embalses con capacidad nula en las desembocaduras de los ríos importantes o en la frontera portuguesa. Quedaban así excluidos algunos ríos de menor importancia en el con texto general y las intercuencas costeras. Las cifras indicadas corresponden a un nivel de garantía del 96%, definida eliminando el 4% de los años de menor apor tación y calculando las demandas que podrían atender se sin fallos con la serie de años restante. Para la elaboración de este Libro se ha procedido a una nueva evaluación de los recursos regulados de forma natural. Para ello se ha utilizado la configuración del sistema de explotación actual, descrito en otros epígra fes de este Libro, y se han empleado dos grupos de series de aportaciones mensuales en régimen natural. El primero de ellos corresponde a las series empleadas por los Planes Hidrológicos de cuenca en los análisis de sus sistemas de explotación. Estas series cubren periodos de tiempo diferentes y en general no incluyen el último periodo de sequía. El segundo grupo está constituido por las series calculadas para la elaboración de este Libro, que cubren el periodo 1940/41-1995/96. Estas series se han obtenido mediante el modelo de simula ción de aportaciones que ya ha sido descrito en epígra fes previos. Las series se han generado en un conjunto de puntos de cálculo seleccionados (unos 350) que se muestran en un capítulo posterior. Se han supuesto dos distribuciones de demanda: una uniforme con garantía 100% y otra variable con el criterio de garantía estándar de déficit anuales acu mulados del 50, 75 y 100% de la demanda anual para 1, 2 y 10 años, respectivamente. Estos valores son los adoptados de forma estándar en este Libro, tal y como se comentará en relación con el modelo analítico. La distribución mensual adoptada para caracterizar esta demanda variable media representativa -o deman da tipo- es la indicada en la tabla 28, cuyos valores se han obtenido como promedio de una extensión repre sentativa de zonas de riego en España. En el caso de demanda uniforme no se ha considerado ningún tipo de retorno, mientras que en el caso de la demanda variable se ha supuesto que se producen unos retornos del 20% de la demanda atendida. La razón para ello es que, con estos criterios, los resulta dos obtenidos para el caso de demanda uniforme con garantía del 100% (es decir, sin admitir fallo alguno con las series de aportaciones utilizadas) y sin retor nos representan la máxima detracción que se podría realizar de los ríos de forma continua sin ninguna infraestructura de almacenamiento, no debiendo inter pretarse esta cifra como un posible suministro para abastecimiento. Por su parte, los resultados relativos a demanda variable con déficit admisibles del 50, 75 y 100% y retornos del 20% se aproximan a las posibili dades reales de movilización de recursos superficiales para regadío si no se dispusiera de infraestructuras de almacenamiento, es decir, de forma fluyente. Es en este sentido teórico -como un sofisticado indicador de OCT NOV DIC ENE FEB MAR ABR MAY JUN JUL AGO SEP TOTAL 3 0 0 0 0 1 4 11 18 27 25 11 100 Tabla 28. Distribución porcentual mensual de la demanda variable tipo 150 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles comportamiento- como han de interpretarse tales eva luaciones, y no en el de disponer de una cuantificación de disponibilidades hídricas. El volumen regulado se ha estimado con ayuda de un modelo matemático de gestión de recursos con ciclo de optimización anual. Se han estudiado un total de unos 500 puntos de demanda, distribuidos por la red hidrográfica del territorio peninsular. En cada tramo de río se ha definido una demanda de agua que toma del extremo de aguas arriba del tramo y retorna al extremo de aguas abajo. Con objeto de representar la situación de libre apropiación en la asignación de recursos, las demandas se ordenan desde aguas arriba hasta aguas abajo por niveles homogéneos. Se ha asig nado una prioridad máxima a las demandas de los tra mos situados en las cabeceras de los ríos. A los tramos situados inmediatamente aguas abajo de éstos se les ha asignado el siguiente nivel de prioridad, y así sucesi vamente hasta la frontera con Portugal o hasta la desembocadura del río en el mar. El recurso regulado en cada punto se ha calculado mediante un algoritmo iterativo de bipartición que comprueba al final de cada ejecución del modelo el cumplimiento del criterio de garantía establecido para cada demanda y aumenta o disminuye el valor estima do de la demanda en consecuencia. El valor de modi ficación se reduce a la mitad en cada iteración, por lo que, al final del proceso se obtiene una estimación de la demanda regulada con una precisión conocida. En cada punto se ha supuesto inicialmente un valor de demanda igual a la aportación media en régimen natu ral en dicho punto y se ha trabajado con una precisión del 1 por 1.000 del valor de dicha aportación. El valor inicial adoptado supone lógicamente un límite supe rior de la máxima demanda que se puede atender en ese punto. A partir del valor inicial se han acotado los valores de las demandas hasta que se cumple el crite rio de garantía establecido. Con objeto de reducir el número de ejecuciones del modelo de optimización, el algoritmo ajusta simultá neamente las demandas de un mismo nivel de priori dad. Según el criterio de ordenación de niveles de prioridad, procediendo de esta manera se garantiza que no hay conflictos en la asignación del recurso, ya que (si no hay bucles cerrados en la red hidrográfica) las demandas de un mismo nivel de prioridad no pue den compartir el mismo recurso. Operativamente, se procede desde aguas arriba hacia aguas abajo por niveles homogéneos de prioridad, ajustando en una primera fase las demandas de máxi ma prioridad (más aguas arriba). Las demandas del siguiente nivel de prioridad se ajustan en una segun da fase, y así sucesivamente. En cada fase se supone que las demandas situadas aguas abajo de las del nivel de prioridad estudiado son nulas, para no inter ferir con la asignación de recursos. En las demandas situadas aguas arriba de las del nivel de prioridad estudiado se mantiene la estimación realizada en las fases previas. De esta forma, los resultados obtenidos con las series de aportaciones empleadas en los análisis de los siste mas de explotación realizados en los Planes de cuenca son los que se muestran en la tabla 29 y figura 138. En la tabla se incluyen, como referencia, las cifras de aportación natural indicadas en los Planes y las apor taciones de cálculo empleadas en el análisis de los sis temas de explotación. Las diferencias son debidas a Aportación Aportación Regulado con Regulado con Regulado con Regulado con Ámbito natural total de cálculo demanda demanda demanda demanda (hm3/año) (hm3/año) uniforme uniforme (%) variable variable (%) (hm3/año) (hm3/año) Norte I 11.235 10.489 640 6 411 4 Norte II 13.000 10.950 546 5 708 6 Norte III 5.381 4.211 180 4 248 6 Duero 15.168 13.558 2.006 15 1.656 12 Tajo 12.230 12.230 644 5 505 4 Guadiana I 4.875 4.714 18 0 128 3 Guadiana II 1.293 825 0 0 0 0 Guadalquivir 7.978 8.021 192 2 233 3 Sur 2.483 1.076 15 1 41 4 Segura 1.000 857 299 35 226 26 Júcar 4.142 2.580 524 20 484 19 Ebro 18.217 18.217 2.661 15 2.638 14 C. I. Cataluña 2.780 1.544 282 18 284 18 Galicia Costa 12.642 8.137 591 7 619 8 Península 112.424 97.408 8.599 9 8.179 8 Tabla 29. Volúmenes regulados en régimen natural con las series de aportaciones empleadas en los Planes de cuenca 151 Libro Blanco del Agua en España discrepancias en el ámbito territorial analizado, más reducido que el de los Planes en algunos ámbitos, al excluir algunas pequeñas cuencas vertientes directa mente al mar, o a actualizaciones de las series realiza das con posterioridad a la redacción de los Planes de cuenca. Los resultados se expresan tanto en valor absoluto como en porcentaje respecto a la aportación de cálculo empleada. Los mismos resultados pero correspondientes a las series obtenidas en este Libro son los que se mues tran en la tabla 30 y la figura 139. Puede llamar la atención el hecho de que los resulta dos en régimen variable sean, en algunos casos, supe riores a los del régimen constante. Ello se explica con siderando los diferentes regímenes hidrológicos, la 152 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 138. Volúmenes regulados en régimen natural por ámbitos de planificación. Series de los Planes Hidrológicos 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 16000 18000 20000 N or te I N or te I I N or te I II D u er o Ta jo G u ad ia n a I G u ad ia n a II G u ad al q u iv ir Su r Se gu ra Jú ca r E br o C I C at al u ñ a G al ic ia C os ta h m 3 / añ o 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 P or ce n ta je % Ap. natural Ap. cálculo Regulado unif. Regulado var. Reg. unif. (%) Reg. var. (%) Figura 139. Volúmenes regulados en régimen natural por ámbitos de planificación. Series obtenidas en este Libro 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 16000 18000 20000 N or te I N or te I I N or te I II D u er o Ta jo G u ad ia n a I G u ad ia n a II G u ad al q u iv ir Su r Se gu ra Jú ca r E br o C I C at al u ñ a G al ic ia C os ta h m 3 / añ o 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 P or ce n ta je % Ap. natural Ap. cálculo Regulado unif. Regulado var. Reg. unif. (%) Reg. var. (%) introducción de retornos, y la adopción de un criterio de garantía sensiblemente más laxo. Estas cifras, que como puede verse son básicamente coincidentes en las dos hipótesis de aportaciones rea lizadas, sugieren distintas conclusiones de interés. 1. En primer lugar, se pone de manifiesto que sólo una pequeña fracción de los recursos naturales totales, del orden del 8 o el 9%, podría ser aprovechada en la satisfacción de las diferentes necesidades de agua si no se alterase artificialmente el régimen natural. Ello significa, grosso modo, que en la actualidad solo podría regarse en la península un máximo absoluto próximo al millón de hectáreas, lo que viene a ser la superficie existente a comienzos de siglo cuando, efectivamente, el régimen hidrológico de los ríos y acuíferos era sensiblemente igual al natural. 2. También puede constatarse la bondad de las estima ciones realizadas en los años ochenta. En efecto, la cifra de 9.190 hm3/año correspondiente a demanda uniforme obtenida entonces es similar a los 8.600 8.900 hm3/año resultantes de la nueva estimación. La menor disponibilidad obtenida ahora se debe, funda mentalmente, a la utilización de un nivel de garantía del 100%, más exigente que el utilizado en las deter minaciones anteriores. En el caso de demanda varia ble la diferencia es más apreciable (4.445 frente a 7.200-8.200 hm3/año), pues se han utilizado criterios muy diferentes para su obtención. Por una parte, ahora ha sido contemplada la posibilidad de aprove chamiento de los retornos, estimados con carácter general en un 20% de los suministros. Además, ahora se ha utilizado un criterio de garantía diferente, limi tando los déficit acumulados en 1, 2 y 10 años al 50, 75 y 100% de la demanda, respectivamente. Este cri terio, en general menos exigente que el anterior, con duce a un mayor valor de los volúmenes disponibles para su aprovechamiento. 3. Los valores alcanzados con los dos grupos de series empleados son básicamente coincidentes, aunque se perciben algunas discrepancias, no muy signifi cativas, en las cuencas del Júcar, Cataluña y Duero. Ello reafirma la validez general de las nuevas series como instrumento para la realización de análisis globales homogéneos. 4. Tal y como se comprobó al examinar los correlo gramas de aportaciones y la fracción de origen sub terráneo, las cuencas que disponen de una mayor regulación natural (del orden del 30% de la aporta ción total), debido a su importante componente sub terránea, son el Segura y el Júcar, lo que histórica mente propició el asentamiento de poblaciones y el desarrollo de extensos y antiguos regadíos tradicio nales en sus vegas. Les sigue el Ebro con cuantías relativas del orden del 15%, aunque con volúmenes muy superiores en términos absolutos. En el otro extremo se sitúan las cuencas del Guadiana, Guadalquivir y Sur, que disponen de una menor fracción de sus aportaciones regulada de forma natural (inferior al 3%). 3.1.5.3. Las obras de regulación y los sistemas de explotación Como ya se ha indicado, los recursos regulados de forma natural descritos en el epígrafe anterior son tan solo un concepto teórico, ciertamente útil a efectos com parativos y como descriptor de la variabilidad hídrica, 153 Libro Blanco del Agua en España Aportación Aportación Regulado con Regulado con Regulado con Regulado con Ámbito natural total de cálculo demanda demanda demanda demanda (hm3/año) (hm3/año) uniforme uniforme (%) variable variable (%) (hm3/año) (hm3/año) Norte I 12.689 12.603 935 7 916 7 Norte II 13.881 11.799 1.263 11 1.146 10 Norte III 5.337 4.437 352 8 251 6 Duero 13.660 12.422 892 7 742 6 Tajo 10.883 10.782 605 6 490 5 Guadiana I 4.414 4.097 26 1 44 1 Guadiana II 1.061 998 15 2 7 1 Guadalquivir 8.601 7.988 132 2 208 3 Sur 2.351 1.379 16 1 18 1 Segura 803 757 225 30 192 25 Júcar 3.432 2.745 924 34 656 24 Ebro 17.967 17.089 2.795 16 1.827 11 C. I. Cataluña 2.787 1.722 177 10 190 11 Galicia Costa 12.250 6.633 569 9 426 6 Península 110.116 95.451 8.926 9 7.112 7 Tabla 30. Volúmenes regulados en régimen natural con las series obtenidas en este Libro pero alejado de la actual realidad de madurez hidráulica del país, en el que se dispone de numerosas obras de regulación superficial y captaciones subterráneas que alteran dicho régimen natural y permiten un aprovecha miento más regular y fiable de los recursos naturales. A lo largo del tiempo, y a medida que se alcanzaba dicho nivel de madurez, el papel de las obras de regu lación y las formas de abordar su estudio han evolu cionado de modo importante. En su clásica obra La regulación de los ríos, Becerril (1959) definió la regu lación como el mecanismo por el cual la técnica armo niza la irregularidad fluvial con la permanencia de la disponibilidad; se consigue por almacenamiento de las aguas en un embalse durante las épocas en que haya exceso de caudal y utilización de estas aguas acumu ladas en aquellos periodos en que la demanda supera el caudal del río. Esta definición tradicional, que aso cia la obra de regulación a la atención de una determi nada demanda, se enmarca en etapas de desarrollo hidráulico caracterizadas por una relativa abundancia de recursos frente a la demanda, en las que los proble mas hidráulicos de una cuenca se tratan de forma independiente y los aprovechamientos se desarrollan con carácter aislado. En estas condiciones, las obras de regulación se programan para cada utilización con creta que se plantea, sin interconexión alguna. Son las etapas que el II Plan de Desarrollo Económico y Social (1967) denominaba de aprovechamiento inco nexo o de oportunidad. A medida que la utilización del agua aumenta, comien zan a producirse interdependencias entre los problemas hidráulicos de las distintas zonas de las cuencas, y adquiere mayor importancia la disponibilidad de recur sos que la realización de aprovechamientos concretos. Se posibilita la satisfacción de las demandas con recur sos procedentes de fuentes alternativas y se producen interconexiones entre diferentes zonas. En esta etapa, denominada de aprovechamiento integral, los embalses se convierten en elementos de un sistema más amplio territorialmente y de mayor complejidad técnica, en el que la hipótesis de funcionamiento independiente de cada embalse no resulta adecuada. Para hacer frente a esta nueva realidad surge la figura técnica del sistema de explotación de recursos, que en nuestro país ha adquirido incluso regulación normati va tras la promulgación del Reglamento de la Administración Pública del Agua y de la Planificación Hidrológica (RAPAPH). En este texto se define el concepto de sistema de explotación de recursos como el conjunto de elementos naturales, obras e instalacio nes de infraestructura hidráulica, normas de utiliza ción del agua derivadas de las características de las demandas y reglas de explotación que, aprovechando los recursos hidráulicos naturales, permiten establecer los suministros de agua que configuran la oferta de recursos disponibles del sistema de explotación. Cada sistema de explotación de recursos ha de referir se a un horizonte temporal y su estudio debe permitir definir y caracterizar los recursos hidráulicos disponi bles, de acuerdo con las normas de utilización del agua consideradas, determinar los elementos de la infraestructura precisa y las directrices fundamentales para su explotación, así como los recursos naturales no utilizados en el sistema y, en su caso, los proce dentes de ámbitos territoriales externos. Posteriormente, la Orden del Ministerio de Obras Públicas y Transportes de 24 de setiembre de 1992, por la que se aprueban las instrucciones y recomendaciones técnicas complementarias para la elaboración de los Planes Hidrológicos de cuenca, detalló el papel que deben desempeñar los sistemas de explotación de recur sos en la planificación hidrológica. Concretamente se Tabla 31. Número de sistemas de explotación por ámbitos de planificación hidrológica 154 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Plan Número de Hidrológico sistemas de explotación Norte I 6 Norte II 15 Norte III 7 Duero 4 Tajo 5 Guadiana I 4 Guadiana II 1 Guadalquivir 17 Sur 5 Segura 1 Júcar 9 Ebro 27 C. I. Cataluña 4 Galicia Costa 20 Total 125 e s p e c i fica que la simulación de los sistemas de ex p l o t a ción de recursos debe tener en cuenta la explotación de los embalses y de los acuíferos, las relaciones río-acuí fero, la modulación de las demandas, las garantías de suministro, los retornos, los resguardos en embalses para laminación de avenidas, las zonas húmedas y su régimen hídrico, los caudales mínimos por razones medioambientales u otras, el régimen de explotación de los aprovechamientos hidroeléctricos y, en su caso, las condiciones de tipo concesional, en particular la ga r a n tía de suministro para la refrigeración de centrales ter moeléctricas existentes o previstas, así como aquellos otros elementos o características que tengan influencia en la disponibilidad de recursos. Se recomienda, además, que, cuando en una cuenca se consideren varios sistemas de explotación de recursos, se elabore un único sistema de la totalidad de la cuen ca en el que queden incluidos los sistemas parciales, con objeto de efectuar el análisis global de su explota ción. Si el ámbito de un Plan Hidrológico comprende varias cuencas hidrográficas con un grado relevante de interconexión entre los sistemas de explotación de sus recursos, se debe elaborar, asimismo, un único sistema en el que se incluyan esas cuencas. En el conjunto de los Planes de cuenca peninsulares se han considerado 125 sistemas básicos de ex p l o t a ción, distribuidos según se indica en la tabla 31 y en la figura 140. Contemplar la irr egularidad de los distintos Planes en la d e finición de sus sistemas de explotación (algunos con un número reducido, y otros con un número muy eleva do, casi por subcuencas) puede servir para ofrecer algún criterio de homogeneización en el futuro. Con objeto de disponer de un esquema general de representación y análisis de los sistemas de ex p l o t a c i ó n de las distintas cuencas, de forma global, y con criterios y métodos homogéneos, entre los trabajos para la ela boración de este Libro se decidió también acometer la c o n s t rucción de un modelo de Sistema Unificado de Explotación de Recursos Hídricos como instru m e n t o básico para la elaboración de los balances de recursos y demandas con la necesaria homog e n e i d a d, rigor meto dológico, y resolución adecuada a la escala de trabajo propia de un Plan Hidrológico Nacional. Con este Sistema, que se describe posteriormente, se ha procedido a evaluar las disponibilidades resultantes de la regulación obtenida en los principales embalses, incluyendo los que actualmente se hallan en construc ción. En el epígrafe siguiente se describen los resulta dos teóricos obtenidos. 3.1.5.4. Disponibilidades teóricas obtenidas mediante regulación en embalse La situación real de funcionamiento de las cuencas se describe en epígrafes posteriores. En este apart a 155 Libro Blanco del Agua en España Figura 140. Mapa de sistemas de explotación básicos definidos en los Planes Hidrológicos de cuenca do se muestra el resultado orientativo obtenido de la simulación del funcionamiento de las cuencas bajo supuestos teóricos de modelación y que, por tanto, no necesariamente se corresponden con los vigentes condicionantes de explotación. Por ello, los resultados que se obtienen en algunos casos difieren de las situaciones observadas de fun cionamiento real de las cuencas. Las hipótesis teóricas de diseño empleadas en este análisis son las mismas que las utilizadas al evaluar la regulación natural, es decir, demanda uniforme con garantía 100% y sin considerar retornos, y demanda variable, con la distribución entonces indicada, déficit admisibles del 50, 75 y 100% de la demanda anual y retornos del 20% de la demanda atendida. En ambos casos los volúmenes regulados se han determinado disminuyendo un 5% la capacidad de los embalses para tener en cuenta el efecto de los volúmenes míni mos y resguardos destinados al control de avenidas. Además, se ha supuesto una utilización libre de todos los embalses existentes, ignorando cualquier limitación concesional o de explotación que condiciones su opera ción, lo que sería particularmente importante en los embalses hidroeléctricos, que se han supuesto de libre utilización para cualquier uso. Esto puede dar lugar a apreciables desviaciones en aquellas cuencas en las que la capacidad de embalse hidroeléctrica es una fracción muy importante del total. Es el caso de los Planes del Norte I, Duero, Tajo y Ebro, en los que esta capacidad supera al almacenamiento para usos consuntivos. Los cálculos se han realizado para los dos mismos grupos de series de aportaciones naturales que en el caso de la regulación natural, es decir, las empleadas por los Planes Hidrológicos de cuenca en los análisis de sus sistemas de explotación y las calculadas al elaborar este Libro. El algoritmo de cálculo es similar al empleado en el caso de regulación natural, ligeramente modificado para tener en cuenta el efecto de los recursos alma cenados al final de cada año hidrológico. Cuando existe infraestructura de regulación en la cuenca, la aparición de nuevas demandas aguas abajo, incluso teniendo un nivel de prioridad menor que el de las existentes, hace que puedan fallar éstas, puesto que el agua almacenada en los embalses al final de cada ciclo de optimización anual modifica la disponibili dad de recursos en un caso y otro. Para resolver el problema se realiza una segunda eje cución del algoritmo de optimización, esta vez man teniendo el valor de las demandas situadas aguas abajo, cuya finalidad es la de ajustar definitivamente las demandas que comparten la regulación de un mismo embalse. Como en este caso las modificacio nes que se introducen son ya pequeñas, al final de este bucle las demandas resultado cumplen ya el cri terio de garantía establecido. Debe hacerse notar que las cifras resultantes son tan solo meramente ilustrativas, al haberse obtenido en un supuesto teórico de utilización apropiatoria y exclusi va de aguas superficiales, sin considerar la existencia de ningún bombeo de aguas subterráneas, sin ninguna limitación derivada de las concesiones existentes y supeditado a la estrategia de gestión de embalses de ciclo anual supuesta en el modelo de optimización uti lizado. Los valores obtenidos constituyen, en ausencia de limitaciones por la calidad de las aguas, un límite inferior de los recursos disponibles, que podrían, si 156 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Aport. Aport. de Capacidad Capacidad Regulado Regulado Regulado Regulado Ámbito natural cálculo de embalse de embalse demanda demanda demanda demanda total (hm3/año) total de cálculo uniforme uniforme variable variable (hm3/año) (hm3) (hm3) (hm3/año) (%) (hm3/año) (%) Norte I 11.235 10.489 3.040 2.427 3.891 37 3.442 33 Norte II 13.000 10.950 559 384 1.579 14 1.475 13 Norte III 5.381 4.211 122 79 337 8 307 7 Duero 15.168 13.558 7.667 6.691 6.829 50 8.128 60 Tajo 12.230 12.230 11.135 9.887 5.860 48 7.071 58 Guadiana I 4.875 4.714 8.843 7.550 2.029 43 2.711 58 Guadiana II 1.293 825 776 522 207 25 264 32 Guadalquivir 7.978 8.021 8.867 7.835 2.904 36 3.632 45 Sur 2.483 1.076 1.319 1.042 388 36 504 47 Segura 1.000 857 1.223 737 610 71 725 85 Júcar 4.142 2.580 3.349 2.417 1.650 64 1.985 77 Ebro 18.217 18.217 7.702 6.860 11.017 60 12.998 71 C. I. Cataluña 2.780 1.544 772 709 768 50 1.115 72 Galicia Costa 12.642 8.137 688 451 1.777 22 1.493 18 Península 112.424 97.408 56.063 47.591 39.846 41 45.850 47 Tabla 32. Volúmenes regulados en la situación teórica considerada, con las series empleadas en los Planes Hidrológicos de cuenca bien no necesariamente en todos los casos, incremen tarse con estrategias de gestión plurianuales, técnicas de uso conjunto de aguas superficiales y subterráneas, o empleo de recursos no convencionales. Por otra parte, se dan casos singulares, como el del Duero, en los que gran parte de la capacidad de almacenamiento (del orden de 2/3 del total) se encuentra en los impor tantes embalses hidroeléctricos próximos a Portugal, que no son utilizables en la parte española. Ello hace que las estimaciones realizadas deban corregirse sen siblemente a la baja. Por todo ello, y como antes se indicó, las hipótesis asu midas y, en consecuencia, los resultados obtenidos, no son comparables con los que se observan en la realidad. En cualquier caso, y con las peculiaridades indica das, las magnitudes ofrecidas resultan bien indicati vas del incremento de disponibilidad, obtenido por efecto de la regulación, respecto a la situación origi nal en régimen natural. Los resultados obtenidos con las series de aportacio nes empleadas en los Planes de cuenca son los que se 157 Libro Blanco del Agua en España Aport. Aport. de Capacidad Capacidad Regulado Regulado Regulado Regulado Ámbito natural cálculo de embalse de embalse demanda demanda demanda demanda total (hm3/año) total de cálculo uniforme uniforme variable variable (hm3/año) (hm3) (hm3) (hm3/año) (%) (hm3/año) (%) Norte I 12.689 12.603 3.040 2.427 4.735 38 3.937 31 Norte II 13.881 11.799 559 384 2.180 18 1.870 16 Norte III 5.337 4.437 122 79 471 11 353 8 Duero 13.660 12.422 7.667 6.691 5.253 42 6.095 49 Tajo 10.883 10.782 11.135 9.887 4.587 43 5.845 54 Guadiana I 4.414 4.097 8.843 7.550 1.678 41 1.922 47 Guadiana II 1.061 998 776 522 188 19 228 23 Guadalquivir 8.601 7.988 8.867 7.835 2.161 27 2.819 35 Sur 2.351 1.379 1.319 1.042 284 21 359 26 Segura 803 757 1.223 737 519 69 626 83 Júcar 3.432 2.745 3.349 2.417 1.766 64 2.095 76 Ebro 17.967 17.089 7.702 6.860 10.145 59 11.012 64 C. I. Cataluña 2.787 1.722 772 709 615 36 791 46 Galicia Costa 12.250 6.633 688 451 1.372 21 1.223 18 Península 110.116 95.451 56.063 47.591 35.954 38 39.175 41 Tabla 33. Volúmenes regulados en la situación teórica considerada, con las series obtenidas en este Libro Figura 141. Volúmenes regulados en la situación teórica considerada. Series de aportaciones de los Planes Hidrológicos 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 16000 18000 20000 N or te I N or te I I N or te I II D u er o Ta jo G u ad ia n a I G u ad ia n a II G u ad al q u iv ir Su r Se gu ra Jú ca r E br o C I C at al u ñ a G al ic ia C os ta h m 3 / añ o 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 P or ce n ta je % Ap. natural Ap. cálculo Regulado unif. Regulado var. Reg. unif. (%) Reg. var. (%) muestran en la tabla 32 y en la figura 141. En la tabla se incluyen, a modo de referencia, las cifras de apor tación natural indicadas en los Planes y las aporta ciones de cálculo empleadas en el análisis de los sis temas de explotación, así como la capacidad de embalse total actual (incluyendo los embalses en construcción) y la capacidad de cálculo empleada, inferior por considerar solo los principales embalses y descontar los volúmenes para laminación de aveni das. Los resultados obtenidos se expresan tanto en valor absoluto como en porcentaje respecto a la apor tación de cálculo empleada. Análogamente, los resultados correspondientes a las series obtenidas en este Libro son los que se mues tran en la tabla 33 y la figura 142. Los resultados muestran el apreciable incremento de los volúmenes aprovechables como consecuencia de la infraestructura de regulación, que se situarían ahora en torno al 38-47% de las aportaciones naturales frente al 7-9% anterior. Debe señalarse que en el análisis se han considerado todos los embalses con efectos importan tes en la regulación, incluidos aquéllos cuyo uso exclusivo es la generación de energía. Esto, en algunos ámbitos como el Norte I, el Duero o el Tajo -y en par ticular el segundo-, con importantes aprovechamientos energéticos, conduce, como se comentó, a volúmenes regulados muy superiores a los que resultarían si exclusivamente se consideraran los embalses destina dos a atender usos consuntivos. Los valores obtenidos con cada grupo de series son, en líneas generales, muy similares y las discrepancias observadas se hallan dentro de los márgenes que cabría esperar como consecuencia de los diferentes procedimientos de cálculo empleados y de abarcar periodos de tiempo diferentes. La figura 143 resume los valores de volúmenes regula dos obtenidos en condiciones naturales y con la dota ción de embalses de regulación en servicio o en ejecu ción para el caso de demanda variable, déficit admisi bles del 50, 75 y 100% de la demanda anual, y retornos del 20% (es decir, una demanda tipo de regadíos, que es la consuntiva claramente dominante), empleando las series de aportaciones obtenidas para este Libro, que, como se ha indicado, abarcan un periodo común e incorporan la última sequía. Como puede verse, el incremento de los recursos apro vechables obtenido como consecuencia de las infraes tructuras de regulación es francamente elevado en algu nas cuencas. En el caso del Guadiana I, por ejemplo, que cuenta con el mayor embalse de España (La Serena, con 3.230 hm3 de capacidad) el volumen regulado en régimen natural se multiplica por más de cuarenta, lle gando a alcanzar un volumen aprovechable del orden del 45% de las aportaciones naturales, porcentaje simi lar al de ámbitos como el Duero o el Tajo. En las cuencas del Segura, Júcar y Ebro se alcanzan los mayores porcentajes de regulación superficial, destacando la primera de ellas, que regula más del 80% de su aportación natural. En el otro extremo se 158 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 142. Volúmenes regulados en la situación teórica considerada. Series de aportaciones obtenidas en este Libro 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 16000 18000 20000 N or te I N or te I I N or te I II D u er o Ta jo G u ad ia n a I G u ad ia n a II G u ad al q u iv ir Su r Se gu ra Jú ca r E br o C I C at al u ñ a G al ic ia C os ta h m 3 / añ o 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 P or ce n ta je % Ap. natural Ap. cálculo Regulado unif. Regulado var. Reg. unif. (%) Reg. var. (%) viando los caudales aguas arriba de la ciudad, se tratan los 27 hm3 residuales en la EDAR mediante un terciario de forma que pueden aportarse a los cauces en condi ciones aptas para la vida de los peces. Se trata, en defi nitiva, de una operación de depuración que permite aumentar las disponibilidades globales para abasteci mientos y riegos, y mantener el carácter truchero del río Zadorra (López García et al. 1998). Asimismo, otros ejemplos de experiencias de interés son los de la Costa Brava (Sala y Serra, 1998), la Costa del Sol (Marzo, 1998), Tarragona (Aragonès, 1988), y el sureste peninsular (Rico et al. 1998) (fig. 152). El mapa de la figura 153 muestra, asimismo, los muni cipios con instalaciones de reutilización existentes, pudiendo apreciarse claramente la concentración espacial antes apuntada. 172 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 152. Volúmenes de reutilización directa actual por ámbitos de planificación 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 Jú ca r Se gu ra B al ea re s C an ar ia s G u ad al q u iv ir Su r G u ad ia n a E br o C . I . C at al u ñ a N or te G al ic ia C os ta D u er o Ta jo h m 3 / añ o Figura 153. Mapa de municipios con instalaciones de reutilización directa El principal problema que afecta a la reutilización directa de las aguas depuradas, y que constituye un freno a su expansión, es la inexistencia de una norma tiva específica, sancionada por la autoridad sanitaria, y de aplicación general, que regule los criterios de calidad exigible a dichas aguas y los aspectos relativos a su gestión. Esta situación está provocando cierta desorientación a la hora de su planificación, dis persión de criterios en cuanto a la selección de los tra tamientos terciarios precisos y, en ocasiones, la reuti lización de los efluentes en condiciones inadecuadas. Para resolver esta carencia, y en desarrollo tanto de la Ley de Aguas (art. 101) como del Reglamento del Dominio Público Hidráulico (arts. 272 y 273), se redactó un proyecto de Real Decreto que, atendiendo fundamentalmente a los criterios sanitarios del Ministerio de Sanidad y Consumo, fijaba las condi ciones básicas para la reutilización directa de las aguas residuales depuradas. Este proyecto de Real Decreto se encuentra actualmente en proceso de análisis, revi sión y consulta por las partes afectadas, y a expensas de lo que en su caso se regule en las instancias comu nitarias europeas. De forma paralela, han ido apareciendo algunas regu laciones de ámbito autonómico en las cuales se esta blecen, fundamentalmente, diversos límites de carác ter sanitario para la aplicación de este tipo de aguas en el riego agrícola. Ejemplo de ellas son las establecidas en Cataluña y Baleares. 3.1.5.9. Desalación Otra técnica de incremento de las disponibilidades tra dicionalmente considerada como no convencional es la de la desalación del agua, consistente, como su nombre indica, en tratar aguas saladas o salobres pro cedentes del mar o de acuíferos salinos, y, quitándoles las sales, transformarlas en aguas aptas para usos como el de abastecimiento a poblaciones o los riegos. La idea del uso del agua del mar para el aprovecha miento humano es antiquísima, existiendo ya referen cias en Aristóteles, pero no es sino hasta mediados del siglo XX cuando comienza a producirse una utiliza ción masiva e industrial de esta tecnologías. La figura 154 (Rico et al., 1998) muestra sendas esti maciones de la evolución del volumen mundial de desa lación en plantas con capacidad de tratamiento superior a los 100 m3/día, y de la capacidad de desalación insta lada en España. Sin perjuicio de que sus valores pun tuales puedan verse modificados según la interpreta ción dada a los conceptos que se representan (tipo y tamaño de plantas, tipo de aguas tratadas, etc.), la figu ra muestra una inequívoca y continuada tendencia cre ciente desde los años 60, que en nuestro país se ve ace lerada desde la segunda mitad de los 80. En efecto, en España se ha venido utilizando la desa lación de agua de mar desde finales de los 60 para los abastecimientos urbanos de Ceuta, Lanzarote, Fuer teventura y Gran Canaria, que tienen en común la escasa disponibilidad de recursos hídricos. En todos estos casos la desalación se reveló como la mejor solu ción - y en algunos de ellos como la única - al proble ma del déficit en el abastecimiento urbano. Otras solu ciones estudiadas (transporte de agua en barcos o incremento artificial de precipitaciones) se abandona ron en su momento por considerarse inviables técnica o económicamente. 173 Libro Blanco del Agua en España Figura 154. Evolución de la desalación en el mundo y en España 0 2 4 6 8 10 12 14 16 18 20 19 55 19 60 19 65 19 70 19 75 19 80 19 85 19 90 19 95 V ol u m en m u n d ia l d e d es al ac ió n ( h m 3 / d ía ) 0,00 0,05 0,10 0,15 0,20 0,25 0,30 0,35 0,40 0,45 0,50 C ap ac id ad in st al ad a en E sp añ a (h m 3 / d ia )Evolución en el mundo Evolución en España Las primeras tecnologías que se implantaron fueron las de destilación, en sus variantes de multietapa (MSF) y compresión de vapor (VC), para las que los consumos energéticos eran muy elevados - entre 15 y 18 kWh/m3 , siendo ésta la causa principal del muy alto coste del agua desalada, superior a 200 pta/m3. El desarrollo y entrada en el mercado de otras tecnologías más eficien tes, como la ósmosis inversa (con un consumo total del orden de 5 kWh/m3 según los últimos proyectos lleva dos a cabo), junto con el descenso del coste de la ener gía, han rebajado sensiblemente este coste del agua desalada hasta cifras inferiores a las 100 pta/m3, y en una tendencia reciente claramente favorable. Como indicador de esta tendencia favorable al efecto de reducción de costes, la figura 155 (elaborada con datos de UNESA, 1998b) muestra la evolución en las últimas décadas del precio medio de venta de la energía eléctri ca en España (pta/kWh) - tanto en pesetas corrientes como en pesetas constantes de 1959 -, así como la evo lución de los incrementos porcentuales anuales de la tarifa eléctrica y del Indice general de Precios al Consumo. Como puede verse, el precio de la electrici dad ha crecido tradicionalmente por debajo del IPC, lle vando a que, en términos reales, el precio del kWh haya descendido un 44% entre 1959 y 1997. En los últimos años la tendencia a la moderación de precios eléctricos se ha acentuado notablemente dando lugar, como puede observarse, incluso a incrementos negativos. Con precios medios (ventas totales divididas por ener gía consumida) estabilizados en torno a las 14 pts/kWh, y que pasan a ser del orden de la mitad para importantes consumos industriales como los de las instalaciones de desalación, las perspectivas de empleo de esta tecnología están cambiando acelerada mente, su viabilidad económica se está viendo muy favorecida en los últimos años, y se están quebrando a la baja los costes que tradicionalmente viene teniendo la producción de estas aguas. Así, cabe citar cómo en las últimas evaluaciones reali zadas con motivo de la construcción de nuevas insta laciones, se ha bajado ya de la cifra de 100 pts/m3, incluyendo en ella la parte correspondiente a la amor tización íntegra de la inversión a realizar. Son cifras aún muy elevadas, que no permiten su uso exclusivo para el regadío, pero que, en algunos casos de gran escasez o ausencia de fuentes alternativas, podrían asumirse para el abastecimiento a poblaciones. La figura 156 muestra una estimación de los costes totales actuales de la desalación de agua del mar por ósmosis inversa, en función de la producción de la planta, bajo el supuesto de amortización de la inver sión en 15 años al 5% de interés, valor residual nulo, y precio de la energía de 7 pta/kWh. Como puede verse, la componente fundamental del coste es la de operación y mantenimiento (del orden del doble que la amortización), y de ésta, entre el 50 y el 80% corresponde estrictamente al consumo energético. Niveles de producción de agua superiores a los máxi mos ofrecidos en el gráfico (que equivalen a unos 20 25 hm3/año) son también técnicamente factibles, pero comienzan a plantear importantes problemas tanto desde el punto de vista de la captación, si se pretende 174 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 155. Evolución del precio medio de venta de la energía eléctrica y de los incrementos anuales de la tarifa eléctrica y el IPC. 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 19 55 19 60 19 65 19 70 19 75 19 80 19 85 19 90 19 95 20 00 P re ci o (p ta s/ kW h ) 5 4 3 2 1 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 In cr em en to s d e Ta ri fa s e IP C ( % ) Precio Ptas. corrientes Precio Ptas. constantes Incr. Tarifas (%) Incr. IPC (%) hacer mediante pozo, como del retorno al mar de las salmueras, ya que se requerirían cada vez más largos y costosos emisarios para diluir, sin afecciones ambientales negativas, un vertido puntual continuo, de gran caudal y altísima concentración salina. Los sobrecostes asociados a estas dificultades hacen que, aunque existan experiencias de plantas mayores, los máximos tamaños actualmente empleados sean, en la práctica, del orden de magnitud mostrado. Por otra parte, otra componente significativa del coste de producción puede ser la requerida para la evacuación de las salmueras al mar mediante emisa rios submarinos de gran longitud. Si existen valores ambientales (como, p.e. praderas de algas) que deben preservarse de una concentación salina excesiva, estos emisarios pueden ser una solución adecuada, aunque introduciendo un mayor coste de producción del agua. A los indicados costes de producción, a pie de planta, habría que añadir en todo caso los de transporte desde la planta hasta el área de consumo, que serían las balsas de cabecera en el caso de los regadíos, o los depósitos municipales en el caso de abastecimiento a poblaciones. En este último caso, los costes totales (producción y transporte) resultantes serían los equivalentes a la cap tación de recursos y traída a los depósitos en alta (cos tes del abastecimiento en alta), por lo que, a efectos del precio final del agua pagado por el usuario, habría que añadir todos los costes en baja de la distribución, man tenimientos y explotación de las redes de suministro municipales, posibles tratamientos e impulsiones, gas tos de personal y administración, etc. Ciñéndonos al transporte del agua desalada desde la planta productora hasta los depósitos en alta, los cos tes de este transporte han de incluir los correspon dientes a la amortización de la inversión de la infraes tructura de transporte (tubería, equipo de bombeo, balsa de regulación para incidencias), y los de opera ción (básicamente consumo de energía para el bom beo) y mantenimiento. Todos estos costes son parame trizables en función de tres variables básicas que son la producción de la planta (indicativa del caudal a transportar y la regulación requerida), la distancia al mar (indicativa de la longitud del transporte), y la cota del punto de consumo (indicativa del equipo de bom beo y del coste energético). Introduciendo estas varia bles en un modelo cartográfico pueden calcularse espacialmente los costes indicados. En efecto, la figura 157 muestra una estimación obtenida mediante modelación cartográfica - del coste total de producir y llevar agua desalada a cual quier punto del territorio. El agua procedería de una planta de 10.000 m3/día (consumo correspondiente a una población de unos 30.000 habs) y las condicio nes supuestas han sido, como antes se indicó, de amortización en 15 años al 5% de interés, y coste energético de 7 pts/kWh. Como cabía esperar, el mapa obtenido está fuertemente relacionado con el de las distancias al mar, pero contro lado por efectos debidos al relieve. Es evidente que estos resultados son simplificados y meramente indica tivos, pero, pese a su simplificación, proporcionan una primera idea aproximada de lo que supondría, en térmi nos económicos, satisfacer las necesidades de una población de tamaño pequeño-medio, mediante agua 175 Libro Blanco del Agua en España Figura 156. Costes de desalación de agua del mar según la producción de la planta 0 20 40 60 80 100 120 140 160 0 5000 10000 15000 20000 25000 30000 35000 40000 45000 50000 55000 60000 65000 Producción de la planta (m3/día) C os te ( p ta s/ m 3 ) Amortización Operación y mantenimiento Total del mar desalada. Como se observa, y con carácter general, sólo las poblaciones relativamente próximas a la costa -a menos de unos 50 kms- podrían tener costes inferiores a las 150 pta/m3, mientras que a partir de los 150 kms los costes se elevan, superando las 200 pta/m3. Para obtener el precio total del agua para abasteci miento, a estos costes en alta habría que añadir, como se indicó, todos los correspondientes a la distribución en baja propiamente dicha, así como, en su caso, los otros conceptos que suelen incluirse en las tarifas del abastecimiento urbano. Considerando que, como se indica en su correspondiente epígrafe, los costes actuales en alta suelen oscilar entre unas 10 y 40 pts/m3, su sustitución por aguas marinas desaladas implicaría aumentar este coste muy sustancialmente, en varios órdenes de magnitud. La conclusión final es que, como se apuntó, la desala ción de agua del mar puede jugar un papel significati vo en el suministro urbano de poblaciones costeras, pero de forma puntual y selectiva dado que sus costes actuales, aunque claramente a la baja en los últimos años, aún se encuentran generalmente lejos de los de otras posibles fuentes alternativas convencionales de suministro. Para los regadíos, estas aguas se encuen tran claramente a niveles de coste prohibitivos salvo en situaciones puntuales de muy grave escasez, pro ducciones de alta rentabilidad, y disponibilidad de otras aguas a coste inferior para su mezcla. Por otra parte, la muy alta dependencia del coste de producción con relación al precio de la energía sugie re una cierta prudencia ante la eventual posibilidad de una generación masiva de estas aguas, y aconseja estratégicamente plantear opciones altern a t ivas de forma que el sistema global de suministro tenga una menor dependencia energética. En lo relativo al agua salobre, los costes de producción y transporte son apreciablemente inferiores, pero pre sentan los problemas de su posible agotamiento y cambios de características (es decir, del mantenimien to de su disponibilidad cuantitativa y cualitativa), y de la evacuación de las salmueras generadas en el proce so. Por ello, el estudio de su viabilidad y costes requie re análisis pormenorizados en cada caso concreto. Para estas aguas sólo se emplean tecnologías de mem branas, tanto de ósmosis inversa como de electrodiáli sis, en función de las características del agua bruta. Los costes de producción son parecidos en ambas tec nologías, si bien la ósmosis, por su mayor versatilidad, ha experimentado una mayor generalización. En conjunto, la desalación de agua de mar y salobre supone actualmente una aportación al ciclo hidrológico de unos 220 hm3/año, lo que coloca a España en el pri mer lugar de Europa, con un 30% del conjunto instala do en todo el continente. Esta producción se distribu ye por usos como muestra la tabla 38. 176 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 157. Mapa de costes totales de suministro (producción y transporte) de 10.000 m3/día de agua marina desalada (pta/m3) Están en marcha, además, importantes iniciativas (como las dos plantas de agua del mar previstas por la Mancomunidad de Canales del Taibilla, con 40 hm3/año para abastecimientos en las cuencas del Segura y Júcar, o las planta de agua del mar para redo tación de riegos en el Campo de Cartagena, con pro ducciones de 20 hm3/año), que, como veremos, incre mentarán a corto plazo estas cifras actuales de forma muy significativa. La figura 158 muestra los volúmenes de desalación actual por ámbitos de planificación hidrológica. Asimismo, la figura 159 muestra los municipios con instalaciones actualmente existentes de desalación para abastecimiento urbano. Aunque el volumen actual de agua desalada es relati vamente muy poco importante con respecto a la cifra total de recursos hídricos, hay zonas donde se utiliza en las que significa un alto porcentaje de sus recursos. Así, por ejemplo, en las islas de Lanzarote, Fuer teventura y Gran Canaria, el agua desalada representa el 97, 90 y 16%, respectivamente, de sus consumos urbanos totales. 3.1.6. Transferencias de recursos 3.1.6.1. Introducción Además de los recursos convencionales y no conven cionales que se generan internamente en el ámbito de un determinado territorio, y que se han ido examinan do en secciones previas, existen situaciones en que se producen transferencias externas, superficiales o sub terráneas, entre distintos territorios, lo que da lugar a modificaciones en sus recursos. Las transferencias superficiales entre distintas cuencas consiguen incrementar los recursos disponibles y atender las demandas existentes en aquellos sistemas de utiliza ción en que, exclusivamente con sus recursos de origen interno, son incapaces de cumplir dicho objetivo. Existen muchos ejemplos en España de este tipo de transferencias que trasladan recursos de una cuenca para su utilización en otra. Un caso particular lo constituyen las transferencias entre ámbitos territoriales de distintos Planes Hidrológicos de cuenca, siendo la previsión y las condiciones de estas transferencias uno de los conteni dos obligatorios del Plan Hidrológico Nacional, de acuerdo con el artículo 43 de la Ley de Aguas. Tabla 38. Distribución por usos de las aguas desaladas marinas y salobres 177 Libro Blanco del Agua en España Agua de mar Uso urbano 89 hm3/año Uso agrícola 5 hm3/año Agua salobre Uso urbano y turístico 29 hm3/año Uso industrial 40 hm3/año Uso agrícola 58 hm3/año Figura 158. Volúmenes de desalación actual por ámbitos de planificación 0 10 20 30 40 50 60 70 80 Canarias Segura Sur Baleares Otros h m 3 / a ñ o Agua de mar Agua salobre Existen, por otra parte, determinados intercambios fluviales con países vecinos, que son también asimila bles a una transferencia superficial natural. Además de las transferencias superficiales, también se presenta el caso de flujos subterráneos que, de modo natural, son transferidos desde algunas unidades hidrogeológicas a otras contiguas, que pueden perte necer a ámbitos de planificación diferentes y, por tanto, constituir propiamente una transferencia exter na. Aunque, obviamente, se trata de procesos bien dis tintos, y su consideración conjunta resulta inusual, se ha estimado conveniente, a efectos sistemáticos, su inclusión en este apartado. En los siguientes epígrafes se describen brevemente las principales transferencias superficiales y subterrá neas actuales entre los territorios de los distintos Planes Hidrologicos. 3.1.6.2. Transferencias superficiales Se describirán, en primer lugar, las transferencias naturales, con otros países vecinos, para describir después las artificiales, entre distintos ámbitos de planificación hidrológica. 3.1.6.2.1. Transferencias naturales con otros países La relación de los ámbitos de planificación que tienen fronteras internacionales y presentan intercambios flu viales es la siguiente. NORTE I. La frontera con Portugal coincide sensi blemente, bien con divisorias de aguas, bien con cau ces, por lo que las transferencias se producen en pocas ocasiones y su cuantía es despreciable si exceptuamos al río Limia que tiene en España una superficie de cuenca del orden de los 1,300 km2. Merece destacarse al río Salas, afluente del Río Limia, que en el embalse de su nombre cruza la fron tera y a los tres km. vuelve otra vez a España. NORTE III. Existen dos zonas que pertenecen a las cuencas de los ríos franceses Nive y Nivelle cuyas superficies respectivas son 46.5 km2 y 63.9 km2. DUERO. Además del río Duero, con una superficie de cuenca de unos 77,000 km2, cruzan la frontera hacia Portugal los ríos Manzanas (438 km2), Sabor (110 km2), Tuela (276 km2), Arzoa (122 km2), Mente (112 km2), San Lorenzo (168 km2) y Támega (681 km2), todos ellos afluentes de la margen derecha. El río Bubal, afluente del Támega, nace en Portugal y a su entrada en España 178 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 159. Mapa de municipios con instalaciones de desalación para abastecimiento urbano ya tiene una superficie de cuenca apreciable. En la mar gen izquierda, existen una serie de arroyos que cruzan do de Portugal a España conforman la cabecera de la Rivera Azaba, afluente del río Águeda. TAJO. La frontera coincide prácticamente en la mar gen izquierda con el río Erjas y en la derecha con el río Sever, por lo que la única transferencia de recursos es la del propio río Tajo, cuya superficie de cuenca de la parte española es de 55,770 km2. GUADIANA. El río Gévora, con su afluente el Gevorete, nacen en Portugal y pasan a España poco antes de su confluencia con una superficie de cuenca de 55 km2, vuelve a Portugal después de captar 583 km2 de cuenca en España y tras recorrer 14 km por territorio portugés regresa a España. Hay una zona portuguesa de unos 50 km2 que drena hacia el Gévora, mas aguas abajo, a través de una serie de arroyos distribuidos a lo largo de 14 km de frontera, hasta que el río Caia, afluen te del Guadiana hace de frontera. Desde la entrada del Guadiana en Portugal hasta que el río Chanza forma frontera, todas las transferencias van de España hacia Portugal y fundamentalmente a través de los ríos Alcarrache (379 km2), Godolid (260 km2), Zaos (237 km2), Ardila (1,837 km2) y Múrtigas (745 km2). EBRO. Las superficies de las zonas españolas que dre nan a Francia son: en la cabecera del río Irati 78 km2, en la cabecera del Aragón 9 km2,.y el río Garona, que tiene su origen en España y al cruzar la frontera ya cuenta con una superficie vertiente de 547 km2. Por el contrario, la parte francesa drenada por el Ebro es: la cabecera del Irati con 49 km2 y la cabecera del Segre con unos 500 km2. 3.1.6.2.2. Transferencias artificiales entre ámbitos de planificación La transferencia más importante es la que se lleva a cabo mediante el Acueducto Tajo-Segura (ATS), regu lado en las Leyes 21/1971 y 52/1980. Permite trasva sar aguas de la cuenca alta del Tajo a las cuencas del Guadiana, Sur, Segura y Júcar. Los volúmenes a tras vasar en una primera fase se fijaron en un máximo de 650 hm3/año, y en una segunda en 1.000 hm3/año. Los recursos trasvasados desde 1979, año en que comien zan los envíos, hasta el año 1996/97, alcanzan una media anual de 263 hm3 (287 si se prescinde de los dos primeros años), con un máximo de 452 hm3 en el año 1996/97. De los recursos trasvasados, 25 hm3 se desti nan a los Riegos de Levante Margen Izquierda, 30 hm3 al abastecimiento a poblaciones en la cuenca del Júcar y unos 7 hm3 a la del Sur (la cuantía máxima estable cida legalmente es de 15 hm3/año). El resto se utiliza en la cuenca del Segura para abastecimiento de pobla ción y regadíos. A efectos de la contabilidad de estas transferencias que se presenta en figuras y tablas pos teriores, los Riegos de Levante Margen Izquierda se incluyen en la cuenca del Júcar, ámbito territorial en el que están parcialmente situados, aunque el Plan Hidrológico de esta cuenca no los incorpora por tener sus tomas en la cuenca del Segura. Además de estas transferencias, y tras la promulga ción de la Ley 13/1987, mediante el ATS se transfie ren recursos a la cuenca del Guadiana con el fin de proporcionar agua a las Tablas de Daimiel. Los prime ros trasvases se realizaron con carácter experimental durante un periodo de tres años, en el que se aportó un máximo de 60 hm3. En 1990 fue prorrogada la vigen cia de la Ley por otros tres años y en la misma cuan tía de recursos, con una nueva prórroga hasta 1996 (Reales Decretos-leyes 6/1990 y 5/1993). Posterior mente, mediante el Real Decreto-Ley 8/1995, que deroga las disposiciones anteriores, se autoriza una derivación de recursos del ATS para abastecimiento de la cuenca alta del Guadiana con una cuantía media anual, calculada sobre un periodo máximo de diez años, no superior a 50 hm3. Este volumen incluye las dotaciones previstas en las disposiciones citadas para el Parque Natural de las Tablas de Daimiel, que pasan a tener carácter permanente. En el periodo comprendi do entre 1987 y 1993 el volumen medio anual transfe rido ha sido del orden de 10 hm3/año. Asimismo, se reservan 3 hm3/año para abastecimiento de los núcle os de población inmediatos al trazado del ATS en las cuencas de los ríos Guadiana y Júcar. Entre los ámbitos del Ebro y Norte III existen tres transferencias. La más importante es el trasvase Zadorra-Arratia, para aprovechamiento hidroeléctrico (central de Barazar) y abastecimiento al Consorcio de Aguas del Gran Bilbao. La concesión es de 9 m3/s y durante el periodo 1985/86-1994/95 el volumen medio trasvasado ha sido de unos 180 hm3/año. El trasvase Cerneja-Ordunte transfiere unos 9 hm3/año para el abastecimiento de Bilbao y mediante el trasvase Alzania-Oria se trasvasa algo más de 1 hm3 para apro vechamiento hidroeléctrico. Entre los ámbitos del Ebro y Norte II se produce asi mismo una transferencia de recursos mediante el tras vase Ebro-Besaya, concebido para completar los recursos del río Saja con volúmenes regulados en el embalse del Ebro, que son restituidos en épocas de aguas altas, manteniendo un saldo internanual nulo. Desde 1986 hasta la fecha los volúmenes transferidos en ambos sentidos han sido de unos 4 hm3/año Existen otras dos transferencias desde el Ebro a las Cuencas Internas de Cataluña. El trasvase Ebro Campo de Tarragona tiene por objeto el abastecimien 179 Libro Blanco del Agua en España to urbano e industrial de la zona del Campo de Tarragona. La concesión actual es de 90 hm3/año, y durante el periodo 1993-1996 se trasvasaron unos 46 hm3/año en valor medio. El trasvase Ciurana Riudecañas se utiliza para regadíos y abastecimiento de población en la comarca de Reus, y puede cifrase en unos 7 hm3/año. Desde la cuenca del Segura se transfieren también 30 hm3/año de recursos propios a la cuenca del Júcar: 15 para Riegos de Levante Margen Izquierda, y otros 15 para el abastecimiento de poblaciones. La cuenca del Guadiana recibe unos 4 hm3/año de la cuenca del Tajo para abastecimiento a la Mancomuni dad del Algodor y otros 6 hm3/año desde el Guadalqui vir para abastecimiento de Valdepeñas, Santa Cruz de Mudela y Mancomunidad de Sierra Boyera Existen otros trasvases de menor entidad desde el Tajo al Guadiana para abastecimiento de la Mancomunidad del Alcuéscar, y desde el Guadiana al Guadalquivir para abastecimiento de las mancomunidades de Llerena y Tentudía. Con carácter excepcional se ha enviado mediante barco una media de 5 hm3/año a Baleares (Bahía de Palma) desde el Delta del Ebro (Consorcio de Aguas de Tarragona) durante los años 1995-97. En la figura 160 se representan esquemáticamente las principales transferencias superficiales actuales, con indicación de sus valores medios realmente transferi dos en los últimos años. 3.1.6.3. Transferencias subterráneas En España existen numerosísimos ejemplos de flujos subterráneos que de modo natural son transferidos desde algunas unidades hidrogeológicas, en general de naturaleza carbonatada, a otras contiguas. Pueden citarse las del acuífero de Vildé a la cubeta de Almazán, que afloran al Duero en Gormaz, la cone xión subterránea entre las cuencas del Carrión y del Pisuerga por el vaso del embalse de Camporredondo, la alimentación de la Sierra de Altomira y del Campo de Montiel a la Llanura Manchega, los aportes que reci be la vega de Granada de los macizos circundantes, los flujos perimetrales de entrada a la Plana de Valencia, del Cardó al delta del Ebro… etc. Tal como ya se indicó en un epígrafe anterior se evalúa aproximadamente en unos 1.200 hm3/año el agua total que se transfiere entre unidades hidrogeológicas en España. Hay asimismo diversos casos de transferencias subte rráneas entre ámbitos de distintos planes, que tienen lugar en las unidades hidrogeológicas compartidas. Los flujos transferidos son de pequeña entidad, pero tiene interés indicar algunos de los más significativos, que se muestran en la tabla 39. Las transferencias subterráneas mostradas en la tabla anterior no son todas las existentes sino algunas de las más importantes. Por ejemplo, estimaciones de mayor detalle realizadas en acuíferos como el de Araviana Moncayo (Sanz Pérez, 1987) muestran unas transfe 180 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 160. Mapa con los esquemas de las principales transferencias superficiales actuales rencias (20 hm3/año) mayores que las reflejadas en la mencionada tabla. Es también digna de mención la transferencia de unos 15 hm3/año del río Ebro a la cabecera del río Arlanza en la cuenca del Duero. 3.1.6.4. Transferencias totales De acuerdo con lo expuesto en los epígrafes anterio res, las transferencias entre ámbitos de distintos Planes Hidrológicos, tanto superficiales como subte rráneas, son las que se resumen en la tabla 40. Como ya se ha indicado, estos valores corresponden a transferencias reales representativas de lo sucedido en los últimos años, y no a los volúmenes que legalmente podrían ser transferidos conforme a las disposiciones reguladoras de las distintas transferencias. 3.1.7. Disponibilidades totales En secciones anteriores se han examinado las disponi bilidades reguladas mediante los embalses de superfi cie, la situación de explotación de las aguas subterrá neas, el uso conjunto de aguas superficiales y subte rráneas, la recarga artificial, la reutilización, la desala ción y las transferencias superficiales y subterráneas. Los recursos internos disponibles en cada cuenca, convencionales y no convencionales, junto con las transferencias que le afectan, configuran la oferta de recursos disponibles totales con que atender las dife rentes necesidades de agua. En la tabla 41 se resume parte de la información obte nida y presentada en los epígrafes precedentes. El volumen regulado en embalses corresponde al caso tipo representativo de modulación variable de la demanda, déficit admisibles del 50, 75 y 100% de la demanda anual y retornos del 20% de la demanda atendida, con una disminución del 5% de la capacidad de los embalses para tener en cuenta el efecto de los resguardos destinados al control de avenidas. Debe asimismo tenerse en cuenta el efecto de sobreestima ción por grandes embalses de cola en algunas cuencas, al que se hizo referencia en epígrafes anteriores. 181 Libro Blanco del Agua en España Cuenca cedente Cuenca receptora Unidad hidrogeológica Transferencia (hm3/año) Duero Ebro Araviana-Moncayo 10 Guadalquivir Sur Sierra de Libar 5 Guadalquivir Sur Setenil-Ronda 3 Sur Guadalquivir Sierra Gorda-Zafarraya 30 Guadalquivir Sur Sierra de Padul 10 Ebro C.I.Cataluña Cardó-Perelló 20 Tajo Ebro Albarracín-Cella-Molina de Aragón 20 Júcar Ebro Albarracín-Cella-Molina de Aragón 10 Tabla 39. Transferencias subterráneas entre ámbitos de planificación Transferencias de otros ámbitos Transferencias a otros ámbitos Ámbito (hm3/año) (hm3/año) Superficial Subterránea Total Superficial Subterránea Total Norte I Norte II 4 4 4 4 Norte III 190 190 Duero 10 10 Tajo 301 20 321 Guadiana I 20 20 Guadiana II Guadalquivir 30 30 6 18 24 Sur 7 18 25 30 30 Segura 225 225 30 30 Júcar 85 85 10 10 Ebro 4 40 44 247 20 267 C.I. Cataluña 53 20 73 Galicia Costa Baleares Canarias Total 588 108 696 588 108 696 Tabla 40. Transferencias totales de recursos entre ámbitos de planificación El aprovechamiento de aguas subterráneas se refiere a los actuales valores de bombeo. Lo mismo sucede en el caso de la reutilización directa y la desalación. En este último caso sólo se ha incluido la procedente de agua de mar, pues el bombeo total incluye al de aguas salobres. Asimismo, los valores de las transferencias correspon den, como se indicó, a un promedio representativo de los volúmenes reales transferidos en los últimos años. Las cifras de la tabla solo pretenden dar un marco de referencia en cuanto a las actuales disponibilidades de agua, y no son aditivas (no pueden sumarse de forma directa), siendo éste uno de los errores que se han cometido en ocasiones al intentar homogeneizar y pre sentar la información sobre los recursos hídricos. En efecto, los volúmenes regulados en embalses se han evaluado, como se dijo, en un supuesto teórico de utilización apropiatoria y exclusiva de las aporta ciones superficiales totales. El aprovechamiento de las aguas subterráneas podría lógicamente afectar a estos volúmenes, por lo que no pueden sumarse directamente. Tampoco se han considerado en la tabla toda la reutilización indirecta posible, ni los retornos procedentes de la desalación de agua de mar o de los trasvases, que incrementarían la dispo nibilidad. Por estas razones se ha titulado la suma de la última columna no como las disponibilidades totales, sino como un indicador de la cota máxima actual de estas disponibilidades totales. Así, y ciñéndonos a los recursos convencionales, una primera estimación de las disponibilidades convencio nales totales reguladas actuales sería la suma de la regulación en embalses más los bombeos de aguas subterráneas, ya que toda la explotación subterránea es obviamente regulada (los bombeos se activan cuan do se desea). Esta estimación simple no es enteramente rigurosa, pues parte de la regulación por bombeos podría que dar embebida en la ofrecida por los embalses, aunque es improbable que ésto suceda dada la diferencia de precios del agua en ambos casos. Además, estos bom beos podrían disminuir las aportaciones entrantes a los embalses si se sitúan en acuíferos que drenan hacia ellos, y, en consecuencia, mermar la cifra de regula ción superficial. En cualquier caso, la suma de los dos conceptos es una buena estimación no de las disponibilidades conven cionales, sino de una cota superior de las mismas, y como tal debe interpretarse. La adición de los recursos no convencionales opera en general en el mismo sen tido, aunque algunos efectos no cuantificados podrían incluso incrementar este indicador (p.e. los retornos de las transferencias o el uso conjunto). Las cifras obtenidas pueden servir para acotar el nivel de los recursos totales actualmente disponibles, y su 182 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Volumen Bombeo Reutiliza- Desalación Transferenc. Indicador de regulado en actual de ción directa de agua de superficiales cota máxima embalses aguas (hm3/año) mar (hm3/año) actual total (hm3/año) subterráns. (hm3/año) (hm3/año) Galicia Costa 1.223 1.223 Norte I 3.937 3.937 Norte II 1.870 19 +4-4 1.889 Norte III 353 33 +190 576 Norte 7.383 52 +194-4 7.625 Duero 6.095 371 6.466 Tajo 5.845 164 -301 5.708 Guadiana I 1.922 738 +20 2.680 Guadiana II 228 76 304 Guadiana 2.150 814 5 +60 2.984 Guadalquivir 2.819 507 12 -6 3.332 Sur 359 420 19 20 +7 825 Segura 626 478 56 +225-30 1.355 Júcar 2.095 1.425 83 +85 3.688 Ebro 11.012 198 6 +4-247 10.973 C.I. Cataluña 791 424 6 +53 1.274 Total Península 39.175 4.853 187 20 44.230 Baleares 284 26 6 316 Canarias 395 20 68 483 Total España 39.175 5.532 233 94 +588-588 45.029 Tabla 41. Síntesis de disponibilidades hídricas teóricas comparación con los recursos naturales de cada ámbi to proporciona una idea muy encajada del grado de desarrollo relativo de las distintas cuencas desde el punto de vista de sus posibilidades de oferta hídrica. Así, la figura 161 muestra la relación entre las cotas máximas de disponibilidades obtenidas y los recursos totales en régimen natural, y puede considerarse como un paso más sobre la anteriormente ofrecida de regu lación en la situación teórica analizada, en la que se consideraba únicamente la acción de los embalses de superficie. Como puede verse, las disponibilidades medias penin sulares son similares a las anteriores (del orden de un 40%), pero las diferencias entre cuencas aparecen ahora mucho más marcadas. Destacan muy especialmente las cuencas del Segura y Júcar, donde existen unas disponibilidades máximas teóricas similares o superiores a sus recursos natura les, lo que resulta explicable considerando las transfe rencias externas y el intenso desarrollo de los recursos subterráneos y no convencionales. Puede afirmarse que, en principio y con carácter general, estas cuencas están bien desarrolladas en lo que a grandes equipa mientos de regulación y bombeo de aguas subterráne as se refiere, hacen un uso muy intensivo de sus recur sos, y no precisarán de nuevas grandes presas ni aumento de captaciones subterráneas para incrementar significativamente sus disponibilidades, pues éstas no admiten ya prácticamente ningún incremento por la vía convencional, y solo las fuentes no convencionales podrían incrementarlas marginalmente. Las cuencas del Ebro, Guadiana, Tajo, Duero y C.I. de Cataluña se encuentran a continuación en cuanto a nivel de disponibilidades, con valores del orden del 50% de sus recursos naturales, y superiores a la media peninsular, por lo que, pese a su buen nivel actual de disponibilidad, presentan aún márgenes importantes para posibles desarrollos futuros o reser vas ambientales. Hay que hacer notar, no obstante, que en el caso de los grandes ríos internacionales (Duero, Tajo y Guadiana) existen unos requerimien tos especiales, por su carácter transfronterizo, que matizan esta posibilidad. En el otro extremo, Galicia Costa, Norte II y Norte III son los ámbitos que presentan un nivel de disponibili dades menor en relación a su aportación natural, lo que resulta explicable considerando el gran volumen de recursos medios de estas cuencas frente a sus rela tivamente reducidas necesidades actuales. Todo lo dicho ha de considerarse, obviamente, como una aproximación de carácter indicativo, y en modo alguno como resultados firmes y concluyentes. No obstante, la homogeneidad y rigor de las determina ciones y la unidad de tratamiento que se ha dado per mite, aún con tal carácter indicativo, hacerse una cabal idea de la actual situación relativa de las diferentes cuencas desde el punto de vista del desarrollo de sus disponibilidades hídricas. 183 Libro Blanco del Agua en España Figura 161. Relación entre los indicadores de cotas máximas de disponibilidades hídricas, y los recursos totales en régimen natural, por ámbitos de planificación 0 20 40 60 80 100 120 140 160 180 G al ic ia C os ta N or te I N or te I I N or te I II D u er o Ta jo G u ad ia n a I G u ad ia n a II G u ad al q u iv ir Su r Se gu ra Jú ca r E br o C . I . C at al u ñ a P or ce n ta je d e la a p or ta ci ón n at u ra l Indicador de disponibilidades Media peninsular Es importante notar que estos indicadores de disponi bilidad se han obtenido exclusivamente del análisis de los recursos hídricos, que es el que se ha realizado hasta ahora, y sin considerar la situación de las demandas de agua en las cuencas. El análisis realiza do y los resultados obtenidos no deben confundirse, pues, con el de los posibles balances hídricos de estas cuencas, cuestión que será abordada en otras secciones del Libro. En efecto, puede darse el caso de ámbitos con indica dor de disponibilidades muy elevado, y que sin embar go presenten situaciones de déficit, por superar sus demandas incluso a estas elevadas disponibilidades. Por contra, puede haber ámbitos con indicador de dis ponibilidades muy bajo, y en los que haya abundancia y superávit de recursos, si las demandas existentes se satisfacen ampliamente con este nivel de disponibili dad e incluso con niveles inferiores. El sistemático análisis de disponibilidades realizado apunta sólo, como se indicó, a mostrar el grado relati vo de su desarrollo en las distintas cuencas, y a seña lar aquellas en las que, razonablemente y a escala glo bal, no caben mayores expansiones significativas de la oferta de recursos mediante elementos de regulación y captación de aguas subterráneas en el futuro. Sí podrían requerirse, por contra, elementos internos de redistribu ción y reequilibrio orientados a proporcionar redundan cias y mejorar las garantías de servicio, o, en su caso, fuentes no convencionales de nuevos recursos (como la desalación o transferencias externas) si se detectasen situaciones de déficit, pero éste análisis es, como se mostró, de distinta naturaleza al hasta ahora ofrecido. 3.1.8. Las Incertudembres del futuro Entre las distintas incertidumbres que se ciernen sobre el futuro de los recursos hídricos en nuestro país, se comen tarán brevemente las consecuencias de la variabilidad natural del registro hidrológico, y de los posibles efectos de un cambio climático de origen antropogénico. 3.1.8.1. La variabilidad hidrológica natural Como se ha visto y reiterado en secciones anteriores, los registros hidrológicos presentan una importante variabilidad tanto espacial como temporal. En esas sec ciones se estudió con detalle la estructura espacio-tem poral de las aportaciones naturales totales anuales a escala global, y en los distintos ámbitos territoriales de la planificación hidrológica, así como las rachas secas y húmedas observadas en las distintas regiones. Este análisis se extendió al periodo de 56 años comprendido entre los años hidrológicos 1940/41-1995/96. En este epígrafe, se mostrará la incertidumbre existen te asociada a la variabilidad hidrológica natural, y la longitud de tales muestras hidrológicas. Para ello se analizará, en primer lugar, la influencia del tamaño muestral sobre la estimación de los recursos medios, en el periodos con abundancia de datos disponibles (periodo estándar, con series desde el año 1940/41). Tras ello, se extenderá el análisis a periodos más lar gos pero con menor número de datos disponibles, estudiando las rachas de series largas existentes de precipitación y aportaciones naturales. 3.1.8.1.1. Incertidumbres asociadas a la longitud de los registros disponibles Centrando nuestra atención en las aportaciones totales en régimen natural, es importante retener que su varia bilidad aleatoria natural constituye una fuente de incertidumbre intrínseca, debida a la longitud de las series empleadas y la necesidad de inferir propiedades poblacionales a partir de muestras reducidas. Para acotar cuantitativamente este efecto con un ejem plo significativo, y considerando los datos estándar, desde el año 1940/41, la figura 162 muestra la evolu ción de la estimación de la media de las aportaciones totales en régimen natural en la España peninsular, y de la incertidumbre en la estimación de esa media, según el año en que se hubiese llevado a cabo tal esti mación. Esta incertidumbre se expresa mediante los límites de confianza del 95%, obtenidos a partir del error estándar de la media. Como puede verse, la estimación de los recursos medios habría evolucionado, admitiendo la serie de partida, desde 120 hasta 105 km3/año, y desde finales de los 70 hubiese sido decreciente año a año hasta 1995, en que aumenta ligeramente hasta alcanzar los 110 actuales. Asimismo, esta estimación actual de 110 km3/año tiene incluso, como puede verse, un margen de incertidumbre estadística del orden de +/- 10 km3/año para el 95% de nivel de confianza, pues el error estándar de la media es actualmente del orden de 5 km3/año, es decir, algo inferior al 5%. Si el mismo análisis se realiza a la escala de los ámbi tos de planificación hidrológica, se comprueba que los errores estándar de la estimación de sus recursos medios oscilan entre el 3% de las cuencas del Norte y el 12% del Guadiana II. En definitiva, existe una imprecisión intrínseca del conocimiento de los recursos, debida a la ventana tem poral de observación (muestras disponibles) de los registros hidrológicos, que, aunque no modifica las cuantías de la actual evaluación de los mismos, infor 184 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles ma sobre la magnitud de su incertidumbre, y alerta sobre la necesaria prudencia y ponderación de juicio en el análisis de los sistemas hídricos. Tal variabilidad natural no incorpora obviamente efec tos "no naturales" como serían los debidos al hipotéti co cambio climático de origen antropogénico, que será estudiado en siguientes secciones. 3.1.8.1.2. Incertidumbres asociadas a la variabilidad a largo plazo Además de esta indeterminación por la ventana tem poral de observación, se ha comprobado la existencia en el pasado -sin cambio climático antrópico- de variaciones multi-decadales, con diferencias aprecia bles entre tales periodos, aunque el análisis estadístico de esta variabilidad, en las muestras disponibles, no permita rechazar nítidamente la hipótesis de estacio nariedad de las series hidroclimáticas. El estudio his tórico y paleoclimático, antes de la era de mediciones instrumentales, muestra asimismo grandes oscilacio nes del clima en el pasado, con continuas alternancias de periodos fríos y cálidos, secos y lluviosos. Una interesante descripción de estas oscilaciones climáti cas en España es la ofrecida por Font Tullot (1988). Desde un punto de vista científico, acaso los procesos de ruidos fraccionales, de memoria infinita, o la varia ción caótica de los niveles de humedad y atmosféricos medios a escala multianual (Rodriguez-Iturbe, 1991), puedan describir o aportar alguna explicación sobre estos fenómenos naturales. Los viejos efectos bíblicos de Noé (valores inesperadamente altos de lluvias con tinuas durante cuarenta días y cuarenta noches), y de José (rachas alternas muy largas - 7 años - de plagas y vacas flacas, y de vacas gordas), vuelven a nuestra memoria, como expresiones clásicas de esta variabili dad natural, treinta años después de que fuesen bri llantemente formulados en la moderna literatura hidrológica (Mandelbrot y Wallis, 1968). Para intentar acotar las incertidumbres debidas a la ventana temporal estándar, es necesario analizar, siquiera someramente, la posibilidad de extender esta ventana con las series más largas disponibles. Ello implicará una cierta pérdida de representatividad espa cial, al tratarse de un conjunto de registros notable mente inferior al del periodo estándar, pero, admitien do esta pérdida, es de interés su estudio, pues permiti rá comprobar efectos de no homogeneidad de los registros (saltos o tendencias), y matizar, en su caso, nuestra estimación actual estándar, al alza o a la baja, comparando los valores medios relativos de los distin tos periodos. Sin considerar indicadores proxy (como registros sedi mentarios, anillos de los árboles u otros testigos bio geofísicos), y centrándonos exclusivamente en los datos hidrometeorológicos registrados disponibles, se estudiará, en primer lugar, el registro pluviométrico, para abordar después el de caudales fluviales. 3.1.8.1.2.1. Variabilidad de las lluvias En las secciones dedicadas al análisis de las redes mete orológicas se mostraron unos gráficos con la evolución del número de estaciones pluvioméricas existentes en 185 Libro Blanco del Agua en España Figura 162. Evolución de la estimación de la media de aportaciones totales anuales en régimen natural en la España peninsular y su incertidumbre asociada 70 80 90 100 110 120 130 140 150 160 1940 1945 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 2000 M ed ia d e la s ap or ta ci on es ( km 3 / añ o) Media actual Estimación de la media Lim.conf. 95% (+) Lim.conf. 95% (-) España a lo largo del siglo XIX y del siglo XX. En el gráfico del XIX puede observarse que desde 1840 existían 2 estaciones operativas, desde 1862 existían 21 estaciones, y desde 1910 existían 44 estaciones. El examen de estas series antiguas, recopiladas por el INM y completadas y homogeneizadas por este Organismo (INM, 1996), nos ha permitido seleccionar un conjunto de 27 series pluviométricas muy comple tas y de suficiente calidad, con datos desde 1910. De ellas, un subconjunto de 14 series tiene datos muy completos desde 1868, y de ellas, una (San Fernando) tiene datos muy completos desde 1839. El mapa de la figura 163 muestra la situación de las 27 estaciones pluviométricas seleccionadas, y perm i t e apreciar su buena distribución espacial, lo que perm i t e considerarlas razonablemente representativas de todo el t e rritorio. Se han incluído asimismo otras estaciones foronómicas que se comentarán más adelante. Para analizar el comportamiento de estas series largas, la figura 164 muestra las desviaciones unitarias acu muladas de los 4 conjuntos de datos: serie única de San Fernando, serie media de las 14 (M 14), serie media de las 27 (M 27), y serie media del total penin sular areal en el periodo estándar (1940/41-1995/96), mostrada en secciones anteriores. Dada la distribucion espacial de las estaciones, tal simple media aritmética es un estimador razonable del valor promedio areal peninsular. Como puede observarse, y pese a la variabilidad per ceptible a distintas escalas, los 4 conjuntos de series parecen seguir patrones similares en los periodos tem porales en que son coexistentes, lo que reafirma su r e p r e s e n t a t ividad. Puede verse, asimismo, que el periodo seco desde el año 1940 hasta mediados de los 50, que ya se había detectado en el análisis de rachas de la serie estándar, parece ser la culminación de un ciclo mucho más largo, estable o ligeramente seco, que arrancaría a principios del siglo, con una ligera recuperación húmeda en la década de los 30. Los últi mos 20 años del siglo XIX pueden considerarse húme dos, con un comportamiento similar a la reciente racha desde mediados de los 50 hasta finales de los 70. Los diez años anteriores (1870-1880) fueron, a su vez, una racha seca, y es aventurado realizar ninguna hipótesis del periodo anterior, dado que solo se dispone de datos de una estación. En síntesis, el registro histórico de los últimos 130 años de datos pluviométricos parece mostrar impor tantes oscilaciones a escalas decadales, similares o incluso mayores que las de nuestro periodo estándar de análisis. Además, el valor medio de serie de lluvias anuales en los últimos 130 años (serie M 14) es del orden de un 2.5% superior al de la misma serie en ven tana temporal ordinaria de los planes hidrológicos de cuenca (1940-1985), y un 1.3% superior al de la misma serie en la ventana temporal estándar de este 186 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 163. Mapa de estaciones con series largas seleccionadas Libro Blanco (1940-1995). Estos valores se reducen al 1.8 y 0.5% respectivamente con la ventana de 83 años proporcionada por la serie M 27. Empleando como ventana de comparación la del periodo 1961-90 (últimos 30 años climáticos de referencia CLINO, según los treintenios estándar recomendados por la OMM), esta ventana resulta ser un 4.1 (3.3)% más húmeda que la M 14 (M 27). No es descartable, en suma, que las oscilaciones plu viométricas seculares observadas hayan inducido en la respuesta hidrológica una sensible variabilidad hipera nual, superior a la perceptible en las ventanas estándar, o que tales ventanas empleadas en la planificación arrojen resultados inseguros, superiores en media a los del periodo largo completo. En ambos casos subyace, en definitiva, el problema de una posible de falta de representatividad de las series hidrológicas. A analizar tal posibilidad, relevante para nuestra plani ficación hidrológica, se destina el epígrafe siguiente. 3.1.8.1.2.2. Variabilidad de los caudales Es esperable que las rachas secas y húmedas de las aportaciones naturales, a escala peninsular, presenten patrones multianuales de comportamiento similares a los de las precipitaciones que las generan, aunque con diferencias a menor escala temporal debido a los efec tos de no linealidad de la respuesta hidrológica. Una vez estudiado el comportamiento general de las series largas de lluvias, se realizará un análisis simi lar para las aportaciones en régimen natural. Para ello, se han seleccionado las estaciones foronómicas con datos disponibles, no afectadas (al menos hasta tiempos recientes), y con registros relativamente completos, cuya evolución de número es la mostrada en la figura 165. Se observa que empieza a haber algunas estaciones en 1912, y hasta los años 40 no aumenta sensiblemente su disponibilidad. De todas ellas, existen 2 con series anuales con más de 75 años completos desde el año 12, mientras que hay 7 con 65 años completos. El mapa anteriormente mostrado permite ver la situa ción de las 30 estaciones inicialmente seleccionadas. Sin refinar más el análisis, y limitándonos a obtener una primera impresión de su comportamiento, se han representado en la figura 166 las series de desviacio nes unitarias acumuladas correspondientes al conjun to de 2 (M 2), al conjunto de 7 (M 7) y al conjunto de todas las disponibles. En los tres casos, y para obviar los problemas de escala, se ofrecen las medias de los datos específicos (aportación/superficie drenada) y de los datos unitarios (divididos por la media) de las estaciones. Se ha representado, también, la aportación total peninsular obtenida con el modelo distribuido para el periodo estándar, ofrecida en epígrafes ante riores. Puede verse que, pese a lo simplificado e imperfecto de este análisis, los patrones multianuales son plena mente coincidentes en todos los casos, y las rachas de aportaciones secas y húmedas son, como era de espe rar, básicamente las mismas que las de las precipita ciones medias. En el periodo anterior a 1940 no hay un patrón claramente marcado, observándose cierto estancamiento hasta 1935, en que hay una corta racha húmeda. Los efectos de la ventana de referencia de los 187 Libro Blanco del Agua en España Figura 164. Rachas de la precipitación media anual en España con series largas, a partir de las desviaciones unitarias acumuladas 4 3 2 1 0 1 2 3 18 30 18 40 18 50 18 60 18 70 18 80 18 90 19 00 19 10 19 20 19 30 19 40 19 50 19 60 19 70 19 80 19 90 20 00 San Fernando M 14 M 27 Media peninsular Planes (1940-1985) no parecen ser importantes, pues la media de los contrastes de aportaciones específicas de las 7 estaciones más largas resulta ser sólo del 2% (y con apreciable variabilidad entre estaciones), lo que no puede considerarse significativo, y no es posible retro traerse más en el tiempo por inexistencia de datos. En definitiva, a la escala global, y con el primer aná lisis simplificado realizado, no es posible extraer conclusiones respecto a la falta de representatividad de la ventana temporal empleada en los Planes Hidrológicos. El valor global de un 2% por encima del registro largo no resulta significativo, aunque, considerándolo conjuntamente con el 1.8-2.5% de las lluvias, permite inferir que, en efecto, puede tra tarse de una ventana ligeramente húmeda con res pecto a la total disponible del periodo instrumental. La ventana estándar de este Libro Blanco resulta ya más parecida a la total, por incluir el efecto de la reciente sequía. 3.1.8.2. Las incertidumbres del cambio climático 3.1.8.2.1. Introducción Lejos de tratarse de una novedad, la discusión sobre posibles cambios climáticos viene produciéndose 188 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 165. Evolución del número de estaciones foronómicas disponibles con series relativamente completas y no afectadas 0 5 10 15 20 25 30 35 1900 1910 1920 1930 1940 1950 1960 1970 1980 1990 2000 Figura 166. Rachas de aportaciones naturales anuales en España con series largas, a partir de las desviaciones unitarias acumuladas 2 1 0 1 2 3 4 5 6 7 8 19 10 19 20 19 30 19 40 19 50 19 60 19 70 19 80 19 90 20 00 M 2 espec. M 7 espec. Todas espec. M 2 unit. M 7 unit. Todas unit. Total peninsular desde muy antiguo. En España, por ejemplo, fue una polémica de moda a mediados del XIX, tal y como muestran los clásicos trabajos de Rico Sinobas (Font Tullot [1988] p.33). Sin embargo, no es hasta fechas recientes que esta cuestión ha alcanzado un lugar prin cipal en la discusión sobre el futuro de nuestros recur sos naturales y la sostenibilidad de su empleo. Así, en los últimos años se ha producido una gran pre ocupación científico-social acerca del posible cambio climático inducido por el aumento del contenido del dióxido de carbono (CO2) y de otros gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera. Esta preocupación ha dado lugar a importantes iniciativas internacionales como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, ratificada por España en 1993 (MIMAM, 1998e). El fundamento del problema es la probable intensifi cación del efecto de invernadero natural que tendría como consecuencia un aumento de la temperatura media mundial de la superficie de la Tierra, conocido como calentamiento global, y los complejos procesos atmosféricos relacionados (Linés Escardó, 1990). La gravedad potencial del problema es creciente al observar que los ritmos de cambio de las tasas de emisión de los GEI han aumentado, en la mayor parte de los casos. En realidad, el aumento de los GEI en la atmósfera y las variaciones de otros factores como son la energía solar entrante, las erupciones volcáni cas o las modificaciones del albedo planetario (parte de la energía entrante reflejada hacia el espacio) se cuantifican mediante los denominados "forzamientos radiativos" o alteraciones del flujo neto de energía en la tropopausa. Los forzamientos asociados a los incrementos de los GEI atmosféricos son positivos y mucho mayores que los asociados a los otros fenó menos, lo que fundamenta la preocupación social existente. Sin embargo, también existen forzamien tos negativos. Entre ellos, el más importante y capaz de contrarrestar parcialmente el de los GEI, es el debido a la presencia de aerosoles atmosféricos sul furosos. Es previsible que su contribución relativa disminuya con el tiempo al estar limitado su ritmo de aumento. Por otra parte, su distribución poco homo génea, localizada geográficamente sobre los grandes focos de contaminación mundial, introduce un factor de incertidumbre. Los registros climáticos disponibles indican una ten dencia hacia un calentamiento global durante el últi mo siglo, con un calentamiento anterior a 1940, un ligero enfriamiento durante el periodo 1940-70 y un calentamiento posterior especialmente notable duran te la última década. La figura 167 (elaborada con datos de la Climatic Research Unit de la Universidad de East Anglia) muestra claramente estas tendencias térmicas. Como se observa, las temperaturas medias del hemisfe rio norte, del hemisferio sur, y global de la superficie de la Tierra han aumentado entre 0,3 y 0,6 ºC, aproxima damente, desde finales del siglo pasado hasta la actua lidad. Aunque existe bastante incertidumbre sobre si la tendencia observada es producto de una variación natu ral del clima, similar a las existentes en el pasado, o si debiera atribuirse, en su mayor parte, al aumento de GEI atmosféricos durante los últimos 200 años, la mayoría de estudios llevados a cabo reflejan que el ori 189 Libro Blanco del Agua en España Figura 167. Evolución desde 1855 de la variación de la temperatura media global de la Tierra respecto a la media de la serie (ºC) 0,8 0,6 0,4 0,2 0 0,2 0,4 0,6 0,8 1865 1875 1885 1895 1905 1915 1925 1935 1945 1955 1965 1975 1985 1995 Hemisferio Norte Hemisferio Sur Global gen de la tendencia que muestra el calentamiento obser vado es poco probable que sea completamente natural. La capacidad para cuantificar la influencia humana sobre el clima mundial es, en la actualidad, limitada, debido a que la señal detectada es una señal que empie za a emerger del ruido de la variabilidad natural (Labajo, 1996), y no resulta aún claramente discernible de ese ruido. Sin embargo, según el Panel Interguber namental de Expertos para el cambio climático (IPCC), las pruebas y estudios realizados sugieren en conjunto la existencia de una influencia humana detectable sobre el clima global (IPCC, 1995). Las herramientas utilizadas para investigar todos estos efectos son los Modelos de Circulación General Acoplados Océano-Atmósfera (MCGA-OA). En la mayoría de estos modelos existe un cierto acuerdo sobre las tendencias de algunas variables climáticas, como la temperatura y la precipitación, aunque con una mayor incertidumbre en el caso de esta última. Una modificación de la temperatura o de la precipi tación repercutiría sobre los recursos hídricos de un territorio, pues, a largo plazo, su escorrentía es igual a la diferencia entre la precipitación y la evapotranspira ción. Según los informes de evaluación científica rea lizados por el IPCC, un incremento de temperatura de uno a dos grados centígrados, unido a una disminu ción del 10% en las precipitaciones, podría llegar a producir en zonas semiáridas una reducción del 40% al 70% en la escorrentía anual (IPCC, 1995). Si, de acuerdo con los escenarios climáticos disponibles para España, las precipitaciones medias anuales dismi nuyen ligeramente y las temperaturas aumentan, se pro ducirá en el futuro una disminución de la escorrentía. Por otra parte, las tendencias que se apuntan para España son de una mayor irregularidad temporal de las precipitaciones, lo que repercutiría negativamente en el régimen de las crecidas y en la regulación de los ríos, modificando la estacionalidad de los flujos. Si ocurre un cambio climático estos impactos poten ciales probablemente tendrán lugar de forma gradual. Aunque la incertidumbre es grande y se necesitará tiempo para confirmar los cambios, ello no impide señalar que la amenaza existe y que es lo suficiente mente importante como para que sea tenida en cuenta dentro del marco de la planificación hidrológica. 3.1.8.2.2. Escenarios de precipitación y temperatura Aunque para evaluar el efecto sobre el clima inducido por el aumento de las concentraciones de CO2 y otros gases efecto invernadero se han venido utilizando los MCGA-OA, esto no significa que en su estado de conocimiento puedan proporcionar la distribución espacial y la evolución temporal precisa de la respues ta del sistema climático a una variación en las concen traciones en la atmósfera del CO2 y otros GEI. No obstante, los MCGA-OA son actualmente las únicas herramientas de que se dispone para obtener los patro nes de respuesta climática ante diversas acciones exó genas. La mayoría de estos modelos resuelven ecua ciones similares, pero entre ellos existen diferencias en cuanto a la resolución temporal, la física de las interconexiones, el tratamiento de las nubes, la repre sentación del océano, etc., lo que explica algunas de las discrepancias en sus resultados. Para responder a las preguntas que la posibilidad de un cambio climático plantea se requieren resoluciones temporales y espaciales cada vez mayores, así como información sobre un mayor número de variables (eva potranspiración, temperaturas máximas y mínimas, escorrentías, etc.). Por esta razón se están desarrollan do modelos climáticos regionales. Hoy en día se encuentran en sus comienzos y los resultados que pro porcionan aún no son suficientemente fiables para uti lizarlos como escenarios futuros. En la actualidad sólo se dispone de escenarios regionales obtenidos a partir de los resultados de uno o varios MCGA-OA, con todas las limitaciones y cautelas que ello supone. Tradicionalmente, esos escenarios climáticos futuros se han generado mediante la técnica de composición de resultados de los MCGA-OA. Así se hace en el docu mento Programa Nacional sobre el Clima. (MOPTMA, 1995c), elaborado por la Comisión Nacional del Clima, donde se analizan los resultados que proporcionan dis tintas composiciones de modelos. Con estas composiciones se evalúa el efecto que ten dría una duplicación de CO2 mediante distintos tipos de análisis: de respuesta en estado de equilibrio, de respuesta en transición hasta alcanzar ese nuevo valor de CO2, y como respuesta dependiente del tiempo. Se prevé que esa duplicación de CO2 podría tener lugar aproximadamente en el año 2030. Sin perjuicio de las cautelas e incertidumbres asocia das al problema, la evolución más probable del clima peninsular español, como resultado de esos análisis, se sintetiza en los siguientes escenarios de temperatura y precipitación: • Se estima, en general, que una duplicación de CO2 podría producir un aumento de temperatura media anual que oscilaría entre 1 ºC (análisis de respuesta en transición) y 4 ºC (mejor estimación del análisis de respuesta en equilibrio), aunque siendo ligera mente mayores esos aumentos en verano. 190 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles • Se estima que podrían producirse descensos generales de los valores de la precipitación media anual com prendidos entre el 5% y el 15%, siendo más probables en la mitad sur de la península. Se apunta una tenden cia hacia una concentración temporal de la precipi tación, así como a una mayor variabilidad anual e inte ranual. Esta tendencia implicaría un aumento de los períodos secos y una mayor torrencialidad de las precipitaciones. Los MCGA-OA no proporcionan todavía respuestas que cuantifiquen estos efectos. Científicamente, estos resultados están expuestos, además, a las incertidumbres que existen sobre la fun ción de las nubes y los aerosoles en el sistema climá tico, que pueden reducir el calentamiento debido a la intensificación del efecto invernadero, especialmente en las latitudes medias del hemisferio Norte. Los resultados más recientes sobre precipitación en la península ibérica, a partir de modelos globales, produ cen variaciones de la precipitación muy moderadas, al situar nuestra zona en un área de cambio de signo de la variación esperada de las precipitaciones, es decir, en todos los experimentos la línea de cambio nulo atraviesa la península ibérica. Las incertidumbres existentes en los resultados que pro porcionan los MCGM obligan a trabajar con escenarios y no con predicciones. Las conclusiones obtenidas como resultado de los estudios de impactos sectoriales deberían, por tanto, estar más orientadas a poner de manifiesto las debilidades de los sistemas que a modi ficar sus criterios de diseño o funcionamiento. 3.1.8.2.3. Impacto sobre los recursos hídricos La identificación de impactos sobre los recursos hídricos vinculados a posibles cambios climáticos se ha producido en nuestro país desde antiguo. Así, y a título de ejemplo, existen referencias de comienzos de siglo a la merma de caudales del Segura y sus acu sados estiajes, como consecuencia de la deforesta ción de su cuenca y posibles cambios de clima (Díaz Cassou, 1900), cambios de los que se venía hablan do, como dijimos, desde mediados del XIX. Ya entonces Díaz Cassou concluyó la explicación natu ral de los cambios observados, sosteniendo lo que hoy denominaríamos la hipótesis de estacionariedad de los registros hidrológicos. Existen asimismo indicios de posibles cambios en el régimen hidrológico de España en siglos pasados. Es probable, por ejemplo, que los recursos hídricos del país en el siglo XVIII hayan sido, en su conjunto, superiores a los de la inmediatamente anterior Pequeña Edad Glacial (1550-1700), circunstancia que puede haber sido coadyuvante para que Carlos III emprendiese el gran programa de obras hidráulicas de la Ilustración (Font Tullot [1988] p.106). Ya en los albores del siglo XXI, y dado el interés que modernamente despierta la hipótesis de cambio climá tico, y los cada vez mayores indicios de su existencia, es conveniente comenzar a hacer estudios en España sobre la sensibilidad de los sistemas de explotación de recursos hídricos a las posibles variaciones de las con diciones climáticas del futuro. Las incertidumbres existentes, de toda índole, no permiten por el momen to atribuir a estos estudios mas que un carácter indica tivo, pero, aún admitiendo este carácter, el esfuerzo de indagación y de análisis resulta inexcusable. A diferencia de otras políticas sectoriales que abordan el cambio climático desde criterios limitativos, como agentes productores del mismo que deben autoregu larse para minimizar sus efectos (caso de las emisio nes industriales de gases atmosféricos), afrontar el problema del cambio climático desde la perspectiva de la planificación hidrológica requiere adoptar una posi ción adaptativa. El fenómeno se supone externo al sis tema de utilización del agua, para el que deben bus carse, en su caso, estrategias de adaptación que permi tan mitigar las consecuencias adversas. La influencia del cambio climático sobre los sistemas de explotación de recursos hídricos opera en dos fases sucesivas. En primer lugar, la modificación de las con diciones atmosféricas induce una modificación del ciclo hidrológico natural - de los recursos hídricos naturales - que supondrá cambios en la magnitud y estacionalidad de los flujos de agua y de su calidad. En segunda instancia, esta modificación hidrológica puede afectar a los distintos requerimientos hídricos, e influir sobre la utilización del agua a través de los sis temas de explotación, sus infraestructuras y sus reglas de gestión. El impacto final real requiere, pues, una identificación de estas dos fases distintas. Dada la diversidad de sis temas existentes (diferentes vulnerabilidades, garantí as, resiliencias, fragilidad de ecosistemas, etc.), no resulta posible generalizar resultados más allá de los estrictamente hidrológicos, debiendo, en su caso, rea lizarse tal análisis posterior para cada sistema, de forma singularizada. En consecuencia, analizaremos aquí el posible impacto sobre los recursos hídricos, dejando para otras secciones el posible impacto sobre las demandas sectoriales de agua. Para abordar el problema hidrológico, una posible opción es partir de las hipótesis de escenarios previsi 191 Libro Blanco del Agua en España bles de cambio climático para España. Un primer aná lisis lo constituye el estudio de cómo pueden repercu tir esas variaciones climáticas en la escorrentía media anual en régimen natural en los distintos ámbitos terri toriales de la planificación hidrológica. La estimación de este impacto permitiría adoptar supuestos razona bles sobre las series de aportaciones naturales o recur sos hídricos totales de los ríos, y obtener así unas series de diseño que, introducidas en los modelos de los sistemas de explotación, permitirían evaluar el impacto del cambio climático supuesto sobre nuestros sistemas hídricos. Como ya se ha indicado, y convie ne reiterar, tales análisis son, en buena medida, pura mente teóricos, y están sometidos a grandes márgenes de incertidumbre, pero parece conveniente abordarlos con objeto de obtener alguna cuantificación inicial, por dudosa e incierta que ésta resulte. Así, el empleo de técnicas de modelización matemáti ca que simulen dinámicamente la fase terrestre del ciclo hidrológico permitiría realizar una estimación del impacto del cambio climático sobre las series de aportaciones mensuales en los ríos. Los modelos de este tipo, como el empleado en este Libro, establecen balances hídricos para los distintos procesos que tie nen lugar desde el momento en que llueve hasta que el agua escurre superficial o subterráneamente, y esti man las aportaciones a partir de datos meteorológicos (precipitación, evapotranspiración potencial, etc.) y de las características físicas del territorio (vegetación, hidrogeología, edafología, etc.). En la actualidad no existe información sobre escenarios climáticos lo suficientemente detallada que justifique la aplicación de este tipo de modelos a escala nacional. Sin embargo, y dado que un primer paso es el conoci miento de los valores medios a largo plazo de las prin cipales variables hidrológicas, la aplicación de leyes regionales que relacionen en valores medios anuales la precipitación, la evapotranspiración potencial (función de la temperatura) y la escorrentía total, puede propor cionar una visión general del alcance del problema. Para estimar espacialmente el impacto sobre la esco rrentía media anual derivado de distintos escenarios climáticos, se ha utilizado una ley regional, la de Budyko (1961), que relaciona la escorrentía (A) con la precipitación (P) y la evapotranspiración potencial (ETP). Esta ley ya fue utilizada en un análisis experi mental realizado en cuencas españolas de distintas características climáticas e hidrológicas (Estrela et al., 1995). Aquí también se ha contrastado con los puntos de control en régimen natural seleccionados para cali brar el modelo de simulación de aportaciones men suales. Como se observa en la figura 168, el ajuste es aceptable y justifica la utilización de esta sencilla ley regional. En el análisis se han supuesto los siguientes escena rios climáticos, considerados representativos de lo que podría suceder en nuestro país en el futuro inmediato bajo la hipótesis de duplicación del CO2, prevista para el 2030: • Escenario 1. Aumento de 1 ºC en la temperatura media anual. • Escenario 2. Disminución de un 5% en la precipitación media anual y aumento de 1 ºC en la temperatura. 192 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 168. Relaciones entre aportación (A), precipitación (P) y evapotranspiración potencial (ETP) en los puntos de control 0 0,5 1 1,5 2 2,5 3 0 0,5 1 1,5 2 2,5 3 3,5 P/ETP A / E T P Registros históricos Ley de Budyko En las figuras 169 y 170 se muestran las disminucio nes porcentuales de escorrentía media anual respecto a la situación actual, resultantes para estos dos esce narios. En la tabla 42 se cuantifican estos efectos, mostrándo se, para cada ámbito territorial, el valor medio del por centaje de disminución de las aportaciones totales en estos dos escenarios climáticos considerados. También se ha analizado un escenario extremo, muy poco verosímil, suponiendo una disminución de un 15% en la precipitación media anual y un aumento extremo de 4 ºC en la temperatura. Las reducciones en la aportación, en este caso, son mucho mayores, alcan zando en algunos ámbitos valores superiores al 50%. El análisis realizado permite concluir que el sureste peninsular, la cuenca del Guadiana, el valle del Ebro y la España insular, son las áreas donde el impacto sobre los recursos hídricos se manifestaría más seve ramente. Los resultados obtenidos son del mismo orden de magnitud que las estimaciones de impacto sobre los recursos realizadas en otras regiones del mundo similares hidrológicamente a España, como es el caso de California. En todo caso, y como ya se ha dicho, estos resultados no deben ser tomados en modo alguno como definitivos, sino como una lla mada de atención, y un punto de partida para poste riores, y más precisos, estudios de impacto. Se debe, además, tener presente que, como se apuntó, los escenarios utilizados se corresponden con la hipóte sis de duplicación del CO2 prevista para el 2030 y que este año queda fuera de los horizontes de la pla nificación hidrológica actual. Esto no impide apuntar que, si el cambio climático antropogénico realmente ocurre, España podría enfrentarse en el futuro a un problema serio de agravamiento de la escasez de agua en algunas zonas. Por otra parte, se han propuesto otros escenarios cli máticos que, junto al aumento de temperaturas en todo el año, prevén para nuestro país una disminución de precipitaciones en verano, unida a un aumento de las mismas en invierno. Ello hace que las menores apor taciones por incremento de temperaturas y merma de lluvias en verano (aumento de las sequías estivales) pudieran verse compensadas por mayores caudales en invierno, generando un saldo final incierto, que podría incluso ser favorable si se dispone de suficiente alma cenamiento para las mayores escorrentías invernales. Ello vuelve a ilustrar sobre las importantes incerti dumbres actualmente existentes. Volviendo a los dos escenarios considerados, una cifra media global representativa de ese cambio, proyectada al segundo horizonte de la planificación hidrológica, y sensiblemente encajada en todas las horquillas de los distintos ámbitos, sería del orden del 5-6 %, tal y como 193 Libro Blanco del Agua en España Figura 169. Mapa de disminución porcentual de la escorrentía para el escenario 1 muestra el gráfico de la figura 171. El efecto que esta disminución de los recursos naturales podría tener en los recursos disponibles peninsulares se ha evaluado, de modo global, en torno a un 4% (Garrote et al., 1999). Dadas las grandes incertidumbres que actualmente conllevan semejantes estimaciones, no parece razona ble avanzar más allá -y ya es bastante aventurado- de estas grandes cifras agregadas (como ejemplo, los modelos climáticos suelen considerar a toda España como una región climática única), debiendo conside rarse por ahora un ejercicio ilusorio y puramente espe culativo descender a mayores detalles o niveles de desagregación espacio-temporal. En definitiva, y aunque, como se ha dicho, la realidad de este proceso no está aún contrastada científicamente de forma indiscutible, si se desea una estimación pru dencial y razonable de los impactos del posible cambio climático antropogénico sobre los recursos hídricos en España, podría admitirse para todo el país, de forma global y genérica, una disminución del 5% en las apor taciones totales en régimen natural al segundo horizon te (o largo plazo) de la planificación hidrológica. 194 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Ámbito Escenario 1 Escenario 2 Norte I -3 -10 Norte II -2 -10 Norte III -2 -9 Duero -6 -16 Tajo -7 -17 Guadiana I -11 -24 Guadiana II -8 -19 Guadalquivir -8 -20 Sur -7 -18 Segura -11 -22 Júcar -9 -20 Ebro -5 -15 C.I. Cataluña -5 -15 Galicia Costa -2 -9 Baleares -7 -18 Canarias -10 -25 España -5 -14 Figura 170. Mapa de disminución porcentual de la escorrentía para el escenario 2 Tabla 42. Porcentaje de disminución de la aportación total, por ámbitos de planificación, para los escenarios climáticos considerados Junto con esta disminución, parece esperable una mayor variabilidad anual e interanual, que se expresa ría por un aumento en el rango de los caudales, y cuya cuantía, hasta el momento, se ignora. 3.1.8.3. Conclusiones Tanto por razones de la variabilidad natural de los fenómenos hidrológicos, como por la posible inci dencia de un cambio climático de origen antropogé nico, es dudoso que deba admitirse, como supuesto de diseño desde el punto de vista de la planificación y gestión del agua, que el registro hidrológico del futuro será igual al del pasado, o dicho de otra forma, que los flujos hidrológicos deban ser considerados estacionarios en el largo plazo. La incertidumbre intrínseca de nuestra actual estima ción de valores medios de aportaciones naturales en España (error estándar de la media), debida a la lon gitud de las muestras disponibles, oscila entre un 3 y un 12%, según el ámbito de planificación considera do, y con un valor medio para todo el país próximo al 5%. Además, aún en ausencia de cambio climático de origen antrópico, el clima europeo muestra variacio nes multi-decadales, con diferencias apreciables entre tales periodos, aunque el análisis estadístico de esta variabilidad, en las muestras disponibles, no permita concluir la hipótesis de no estacionariedad de las series hidroclimáticas. En el caso español, hay indi cios para suponer que el periodo de referencia emple ado en la planificación hidrológica de cuenca puede ser ligeramente más húmedo que el periodo hidrome teorológico instrumental, aunque esto no pasa de ser una mera hipótesis, no confirmada estadísticamente. Visto en este contexto, el posible cambio climático aparece como un elemento más de incertidumbre añadida, que puede quedar embebido dentro de esta variabilidad natural, o discernirse de ella en un futu ro más o menos lejano. En definitiva, y como resultante de todas estas cir cunstancias superpuestas, parece oportuno reconside rar la forma en que los recursos hídricos son evaluados en el largo plazo desde el punto de vista de la planifi cación hidrológica. Acaso una prudencial reducción de sus valores esperados (p.e. en torno al 5% en el segundo horizonte de la planificación), junto con un cierto aumento de su irregularidad estacional (incre mento del rango de caudales), sea una buena práctica preventiva en tanto en cuanto avanza nuestro conoci miento del fenómeno. 195 Libro Blanco del Agua en España Figura 171. Porcentajes de disminución de la aportación total, para los escenarios climáticos considerados, en el largo plazo de la planificación hidrológica 16 14 12 10 8 6 4 2 0 N or te I N or te I I N or te I II D u er o Ta jo G u ad ia n a I G u ad ia n a II G u ad al q u iv ir Su r Se gu ra Jú ca r E br o C .I . C at al u ñ a G al ic ia C os ta B al ea re s C an ar ia s E sp añ a P or ce n ta je d e la a p or ta ci ón n at u ra l Escenario 2 Escenario 1 Medio global 3.2. LA CALIDAD DE LAS AGUAS 3.2.1. Introducción La descripción y evaluación de la calidad de las aguas es una materia compleja, no exenta de controversias en cuanto a la capacidad de las diferentes metodologías para informar sobre el carácter cualitativo del recurso hídrico. El problema reside fundamentalmente en la definición que se adopte del concepto calidad del agua, para el que existen distintas interpretaciones. Así, se puede entender la calidad, desde un punto de vista funcional, como la capacidad intrínseca que tiene el agua para responder a los usos que se podrían obte ner de ella. O desde un punto de vista ambiental, como la define la propuesta de Directiva Marco de las Aguas a la cual nos referiremos más adelante en su epígrafe específico- como aquellas condiciones que deben darse en el agua para que ésta mantenga un ecosiste ma equilibrado y para que cumpla unos determinados objetivos de calidad (calidad ecológica). O como el conjunto de características físicas, químicas y micro biológicas que la definen, etc. En las próximas secciones se estudiará la situación de los recursos hídricos en nuestro país desde el punto de vista cualitativo, procurando aunar estos diferentes enfoques en una visión global integradora. 3.2.2. Situación general y aspectos normativos La calidad de las aguas es una variable descriptora fundamental del medio hídrico, tanto desde el punto de vista de su caracterización ambiental, como desde la perspectiva de la planificación y gestión hidrológi ca, ya que delimita la aptitud del agua para mantener los ecosistemas y atender las diferentes demandas. La calidad de las aguas puede verse modificada tanto por causas naturales como por factores externos. Cuando los factores externos que degradan la calidad natural del agua son ajenos al ciclo hidrológico, se habla de contaminación. La prevención, control y resolución de los problemas derivados de la contami nación de las aguas constituye uno de los objetivos que deben plantearse en cualquier política avanzada de gestión de recursos hídricos. Actualmente, la calidad general de las aguas continen tales españolas no es del todo satisfactoria a la luz de la legislación vigente y de las aspiraciones existentes en el seno de la sociedad. La irregularidad en tiempo y espacio de nuestra climatología, descrita en seccio nes previas, hace que los vertidos, tanto urbanos como industriales, tengan una influencia más negativa sobre la calidad final del recurso que en cualquier otro país con mayor regulación natural. Es evidente que, en estas condiciones, la capacidad de autodepuración de nuestros ríos queda muy rápidamente superada, haciéndose necesaria una mayor atención a la preven ción, control y corrección de los vertidos, y en ocasio nes, requiriendo el establecimiento de determinados caudales mínimos, no ya sólo por razones ambienta les, sino también sanitarias. En lo que se refiere a los vertidos contaminantes la situación resulta diversa. Los vertidos urbanos cada vez se realizan en mejores condiciones gracias a la puesta en marcha y desarrollo del Plan Nacional de Saneamiento y Depuración (PNSD) que, aunque no incluye expresamente la consecución de objetivos de calidad, está logrando que cada vez mayor número de habitantes esté conectado a sistemas de depuración. La situación de los vertidos industriales resulta más preocupante por cuanto un porcentaje nada desprecia ble de los vertidos directos no cuenta aún con la debi da autorización, y otros muchos tienen autorización provisional en fase de regularización. Es decir, falta mucho por hacer en cuanto a las medidas de correc ción de este tipo de vertidos, que ejercen por su núme ro y características una gran presión contaminante sobre cauces y masas de agua. Hasta la fecha se ha avanzado poco en el desarrollo de los Planes Sectoriales de Regularización de Vertidos Industriales previstos en el Real Decreto 484/1995, sobre medidas de regularización y de control de vertidos, instrumen to que tiene como finalidad solucionar la preocupante situación actual: pocas autorizaciones de vertido, bajas liquidaciones del canon de vertido, problemas competenciales en los vertidos industriales a colecto res urbanos e incumplimiento de la legislación. La contaminación difusa procedente de la agricultura supone en nuestro país otra gran preocupación, sobre todo ligada a la, como veremos, creciente aplicación de fertilizantes y plaguicidas, que pueden provocar graves problemas de eutrofización en los embalses y de conta minación de las aguas subterráneas. Aunque esta situa ción es conocida y está suficientemente caracterizada en lo que se refiere a la eutrofización en los principales embalses de las cuencas hidrográficas y los principales acuíferos, en ambos casos convendría incrementar el conocimiento para lograr una mejor comprensión y diagnóstico de los problemas planteados. A tenor de la situación global expuesta resulta, en oca siones, complejo adecuar la calidad de las aguas a los usos a los que se destina. Este hecho pone de relieve la importancia que adquiere la caracterización de la calidad natural de las aguas y la definición de los obje tivos de calidad en los tramos de ríos y acuíferos de 196 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles 197 Libro Blanco del Agua en España cada cuenca hidrográfica. Los órganos administrativos encargados en cada caso de fijar los objetivos de cali dad de las aguas resultan diferentes en función de las características territoriales que tenga el tramo de río o del sector de acuífero en cuestión, y del propio uso al que el agua se dedique. Dilucidar el entramado com petencial y administrativo en el que se dirimen estos conflictos y establecer en cada supuesto de manera clara el cauce institucional que conducirá a la declara ción de un objetivo de calidad para un tramo específi co, constituye una de las principales necesidades nor mativas en la materia. La gestión de la calidad del agua en nuestro país debe basarse en los principios que emanan de la Unión Europea y que en repetidas ocasiones han sido asumi dos por las Administraciones públicas encargadas de su aplicación. El V Programa ambiental de la Unión Europea y los Convenios suscritos por España en materia medio-ambiental señalan la necesidad de afianzar el diseño de lo que se ha llamado desarrollo sostenible, concepto al que nos referiremos en poste riores capítulos, y que podría asimilar los principios constitucionales que señalan la senda por la que debe discurrir en nuestro país la gestión de los recursos naturales: el interés general en su utilización, la solida ridad en su reparto y su uso racional. Por ello el Título V de la Ley de Aguas de 1985 está dedicado a la pro tección del Dominio Público Hidráulico y la calidad de las aguas y define, en su Artículo 84, los que se con vierten desde entonces en objetivos fundamentales: conseguir y mantener un adecuado nivel de calidad de las aguas, impedir la acumulación de compuestos tóxi cos o peligrosos en el subsuelo, capaces de contaminar las aguas subterráneas y evitar cualquier otra actua ción que pueda ser causa de su degradación. Finalmente, encomienda a la Administración hidráuli ca competente la policía de las aguas superficiales y subterráneas y de sus cauces y depósitos naturales, zonas de servidumbre y perímetros de protección. En la figura 172 se muestran esquemáticamente algu nas actuaciones de protección de la calidad de las aguas que se derivan del ordenamiento jurídico del Estado español. Asimismo existen más de 20 Directivas comunitarias, transpuestas al ordenamiento jurídico español, que se muestran en la tabla 43, y que imponen unos requisi tos a la calidad que las aguas deben poseer en función de sus usos. Tampoco deberían olvidarse otros compromisos interna cionales que España ha asumido en relación con una serie de Convenios y por los que se obliga a observar y respetar ciertos aspectos relacionados con la gestión y el control de la calidad de las aguas, especialmente cuando se ven afectados ríos transfronterizos: Convenios de Helsinki, de Oslo y París, de Barcelona, etc... Figura 172. Actuaciones para la protección de la calidad de aguas LA PROTECCION DE LA CALIDAD DE LAS AGUAS ACTUACIONES MEDIDAS PREVENTIVAS MEDIDAS ACTIVAS MEDIDAS REACTIVAS DESLINDE DPH, ZONAS DE PROTECCION EN EMBALSES Y AUTORIZACIONES DE USO DEL DPH CONCESIONES Y AUTORIZACIONES PROTECCIÓN ACUIFEROS SOBREEXPLOTADOS PERIMETROS DE PROTECCION DE ACUIFEROS AUTORIZACIONES DE VERTIDO REGIMEN SANCIONADOR PROTECCION DE ZONAS HUMEDAS ESTUDIOS DE EVALUACION DE IMPACTO AMBIENTAL PLANIFICACION HIDROLOGICA CANON DE VERTIDO INFRAESTRUCTURAS DE DEPURACION LIMITACION DE LA CONTAMINACION EN ORIGEN 3.2.3. El conocimiento de la calidad de las aguas. redes de control 3.2.3.1. Introducción Tal y como se indicó, la evaluación de la calidad de las aguas es una materia compleja, vinculada a la propia definición que se ofrezca de este concepto. Así, según se adopte una u otra definición, y según sean los obje tivos que se persigan con la toma de datos, se requeri rá uno u otro tipo de red de medida y/o control. Los objetivos principales de una red de medida de la calidad de las aguas pueden ser: • Describir las condiciones actuales de la calidad de las aguas. • Analizar las tendencias a largo plazo. • Identificar los factores que afectan a la calidad de las aguas. A la vista de los objetivos específicos perseguidos en cada caso, la definición de una red de calidad de las aguas no sólo consistirá en la ubicación de los puntos de muestreo, sino en el establecimiento de programas de control de la calidad de las aguas, en los que hay que definir el objetivo principal del muestreo, la población a muestrear, la precisión y el intervalo de confianza de los análisis, el número de muestras a obtener en cada caso y la frecuencia de muestreo. Estos programas permiten así evaluar la efectividad de las políticas ambientales emprendidas, los efectos que sobre la calidad del recurso tienen los cambios en los usos del suelo y en las actividades productivas, carac terizar estadísticamente la contaminación, y evaluar las frecuencias de excedencia de los estándar de cali dad en relación a los usos asignados. La aptitud del agua para satisfacer usos diversos, en general, abastecimiento doméstico, baño, desarrollo de vida piscícola, industrias y regadíos, se suele carac 198 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Tabla 43. Transposición de Directivas comunitarias al derecho de aguas español NORMAS DE EMISIÓN OBJETIVOS DE CALIDAD DIRECTIVA TRANSPOSICIÓN DIRECTIVA TRANSPOSICIÓN 76/464 Contaminación por determinadas sustancias peligrosas 82/176 y 84/156 Mercurio 83/513 Cadmio 84/491 Hexaclorociclohexano 86/280 Tetracloruro de carbono y otras sustancias peligrosas 88/347 Aldrin y otras sustancias peligrosas 90/415 1, 2-dicloretano y otras sustancias peligrosas 78/176, 82/883 y 83/29 Residuos de la industria de Titanio 80/68 Protección de las aguas subterráneas 91/271 Tratamiento de Aguas Residuales y Urbanas 91/676 Protección Aguas Contaminación por Nitratos 91/692 Normalización de informes Decisión 92/446 y 95/337 96/61 Prevención y control integrados de la contaminación Ley de Aguas 29/1985 (Arts. 92 al 100) RDPH (Arts. 245 al 273) O.M. 12/11/1987 O.M. 25/5/1992 O.M. 12/11/1987 O.M. 25/5/1992 O.M. 12/11/1987, 25/5/1992 y 27/2/1991 O.M. 12/11/1987 y 25/5/1992 O.M. 13/3/1989 O.M. 28/6/1991 O.M. 28/7/89 Ley de Aguas 29/1985 (Art. 94) RDPH (Arts. 256 al 258) Real Decreto 1315/1992 Real Decreto-Ley 11/1995 Real Decreto 509/1996 Real Decreto 261/96 75/440 Aguas destinadas a la producción de agua potable 79/869 Métodos de medición y frecuencia de muestreos y aná lisis de aguas destinadas a la producción de agua potable 80/778 Aguas destinadas al consumo humano 76/160 Calidad de las aguas de baño 78/659 Aguas continentales aptas para la vida de los peces 79/923 Aguas para cría de moluscos RAPA (Anexo I) O.M. de 11/5/1988, 15/10/1990 y 30/11/1994 Real Decreto 1541/1994 O.M. del 8/2/88 O.M. 1/7/87 Real Decreto 1138/1990 (Reglamentación Técnico-Sanitaria) Real Decreto 734/1988 RAPA (Anexo II) O.M. 16/12/1988 RAPA (Anexo III) RAPA (Anexo IV) Real Decreto 38/1989 terizar en función de la superación o no, en un perío do temporal, de unos determinados valores para los distintos parámetros de calidad muestreados. Esta es la razón por la cual las estaciones que periódicamente suministran esta información se localizan en tramos de río en los que las aguas se utilizan para satisfacer los distintos usos. En España, ejemplos de este tipo de redes son las denominadas COAS (Control Oficial de Abastecimientos), que controlan los abastecimientos urbanos y permiten realizar los análisis de prepotabi lidad, y la Red Ictiofauna, que tiene por objeto cono cer la aptitud del agua para albergar la vida de los peces, y que controla 140 tramos de río. También ha sido muy utilizada en España la metodo logía de los Índices de Calidad General (ICG) de las aguas, la cual pretende definir, mediante una escala numérica simple, de 0 a 100, estimada a partir de 23 parámetros analíticos, el nivel de calidad general del tramo fluvial en cuestión. En este caso los puntos de muestreo se deben elegir de forma que sean estadísti camente representativos de la calidad de la red fluvial de un territorio y por tanto deben contemplar tanto tra mos muy contaminados como otros de calidad exce lente. En España, la red de calidad de las aguas que ha cumplido con este objetivo ha sido la red COCA (Control Oficial de la Calidad del Agua), que ha muestreado periódicamente aquellos parámetros que han servido para confeccionar las estadísticas del ICG. Actualmente estas redes se han englobado, con algu nas mejoras, en la red ICA, que cubriendo las cuencas intercomunitarias, ofrece información sobre diversos aspectos relacionados con la calidad de las aguas. Asimismo, existen diversas redes que gestionadas por el ITGE y las Confederaciones Hidrográficas, ofrecen información sobre la evolución de las aguas subterráneas. En los epígrafes siguientes se muestra con algún deta lle la situación actual y las características básicas de las redes de control de calidad de las aguas. 3.2.3.2. Situación de las redes de control En España se viene controlando la calidad de las aguas superficiales de una manera sistemática desde el año 1962, en que se creó por el Ministerio de Obras Públicas la ya mencionada red COCA, y se encomen dó su desarrollo a las Comisarías de Aguas. Inicialmente estaba constituida por 50 estaciones en las que se controlaban 18 parámetros relacionados con la calidad del agua. Esta red ha ido experimentando sucesivas ampliaciones de forma que en el año 1972 disponía de 221 puntos, mientras que en la actualidad ha alcanzado las 408 estaciones pertenecientes a las 9 cuencas intercomunitarias y 45 pertenecientes a las intracomunitarias peninsulares. En general, las estaciones de la Red COCA no tienen asociada una infraestructura específica, puesto que se trata de puntos en los que se toman muestras con una periodicidad determinada. Habitualmente, estas esta ciones se localizan en tramos de los ríos de fácil acce sibilidad y en los que puedan tomarse muestras repre sentativas de la calidad media del río en el tramo. Se eligen habitualmente aquellos tramos en los que es frecuente la presencia de concentraciones importantes de contaminación, y así existen estaciones aguas abajo de los núcleos de población más importantes. En la actualidad, las estaciones de esta red controlan un total de 40 parámetros, entre los que se cuentan la tem peratura, el oxígeno disuelto, la DBO5, etc (tabla 44). Las estaciones están clasificadas en tres grandes cate gorías, diferenciándose esencialmente por la frecuen cia con que se miden o analizan los cuatro grupos de 199 Libro Blanco del Agua en España Grupo A Grupo B Grupo C Grupo D Caudal Sólidos disueltos Sílice Arsénico Temperatura Cloruros Grasas Cobre Oxígeno disuelto Sulfatos Cianuros Hierro Sólidos en suspensión Calcio Fenoles Manganeso pH Magnesio Fluoruros Plomo Conductividad Sodio Cadmio Zinc DQO al permanganato Potasio Cromo hexavalente Antimonio DBO5 Fosfatos Mercurio Níquel Coliformes totales Nitratos Selenio Nitritos Amoniaco Carbonatos Bicarbonatos Detergentes Tabla 44. Grupos de parámetros controlados por la red COCA parámetros, oscilando entre una determinación men sual, trimestral, semestral, o anual, tal y como muestra la tabla adjunta (tabla 45). La Red COCA dispone de series de datos de más de 30 años en algunas estaciones. No cabe duda, por lo tanto, de que es una fuente fundamental de informa ción para estudiar la evolución temporal la calidad. Además, como cualquier otra red de control de cali dad, sus datos aportan información sobre la capacidad contaminante de los vertidos situados aguas arriba. En el año 1993 se diseñó la red Integrada de la Calidad de las Aguas (ICA) con la pretensión de controlar los tramos de río con la frecuencia y la intensidad que requieren los usos existentes en ellos. Esta red integró a las ya existentes (COCA, COAS e Ictiofauna), por simples y evidentes criterios de con tinuidad estadística, e incrementó su número en algu nos tramos concretos. La figura 173 muestra las esta ciones convencionales de muestreo sistemático y periódico de esta Red. Por otra parte, la actual red ICA no sólo incluye esta ciones convencionales de muestreo sistemático y periódico, sino que engloba también a las Estaciones Automáticas de Alerta (EAA) que, ejecutadas bajo el proyecto SAICA (Sistema Automático de Información de Calidad de las Aguas), producen información con tinua de algunos parámetros de calidad, y la transmi ten en tiempo real a una serie de centros de control y de decisión. El mapa de la figura 174 ofrece la ubica ción de las estaciones automáticas de alerta. Las EAA se han instalado en aquellos puntos en los que la existencia de usos especialmente críticos determina la necesidad de adoptar acciones inme diatas de prevención, y en aquellos otros en los que conviene detectar puntas de contaminación para actuar en consecuencia y con la rapidez requerida. El equipamiento de una EAA se muestra en la figu ra 175, e incluye, como puede verse, tanto equipos propiamente analíticos, como de transmisión de datos. 200 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Grupos de parámetros Tipo de estación A B C D Normal Mensual Semestral Anual Anual Preferente Mensual Trimestral Trimestral Trimestral Especial Mensual Mensual Mensual Mensual Tabla 45. Frecuencia de muestreo de la red COCA Figura 173. Mapa de Estaciones de muestreo periódico de la red ICA en funcionamiento En estos momentos se está procediendo a una revisión del sistema en aras de una mayor descentralización en todo lo relacionado con la gestión de los datos, así como a una redefinición de los parámetros que deben medirse y transmitirse desde cada una de las EAA. También cabe mencionar la puesta en marcha, a partir de octubre de 1978, de una Red Nacional de Control de la Radiactividad Ambiental en aguas superficiales, que suministra información sobre diversos parámetros radiológicos y su posible presencia en las aguas conti nentales españolas. Los resultados de estas muestras son enviados a la DGOHCA y al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN, Ente de derecho público creado por Ley 15/1980 de 22 de Abril, como único organismo competente en materia de seguridad nucle ar y protección radiológica) para su supervisión y para la adopción, en su caso, de las medidas oportunas. Además, los titulares de instalaciones nucleares llevan a cabo, conforme a las instrucciones del CSN, unos P r ogramas de Vigilancia Radiológica A m b i e n t a l (PVRA) en los entornos de todas sus instalaciones. En lo que se refiere a las aguas subterráneas, el Instituto Tecnológico Geominero de España (ITGE) ha realizado una implantación gradual de una Red de Observa c i ó n de Calidad de Aguas Subterráneas (ROCAS) para estu diar la evolución de sus diferentes parámetros físico químicos. Esta red, que se instauró en la década de los 70, se ha venido ampliando y modificando hasta la a c t u a l i d a d, en la que se controla un total de 1.650 pun tos cuya densidad por cuencas se muestra en la tabla. En estos puntos se analiza con periodicidad semestral los m a c r o c o n s t i t u yentes químicos. Como complemento a esta red existe otra red específi c a de observación de intrusión (ROI), creada para estudiar la evolución de la intrusión marina en los acuíferos cos teros. Es una red de control de carácter perm a n e n t e , donde se realizan muestreos con periodicidad bimestral o semestral, según las peculiaridades de las diferentes zonas, y se analizan los cloruros y conductiv i d a d . Existen también otras actividades puntuales de toma de datos, estadística e inve s t i gación de la calidad de las aguas subterráneas u otros aspectos que se llevan a cabo por la DGOHCA en el marco de convenios suscritos con el CEDEX, si bien estas actividades no tienen el carác ter de una red de medida continua y sistemática. Así, por ejemplo, se han desarrollado interesantes trabajos de h i d r o l ogía isotópica a partir de datos propios y de redes i n t e rnacionales específicas (Plata Bedmar, 1994). La tabla 46 resume la situación por cuencas de las diferentes redes indicadas. 3.2.3.3. Comparación con otros países Como muestra la tabla 47, en la Unión Europea exis ten más de 20 programas para evaluar la calidad gene ral de las aguas superficiales. La densidad de las redes 201 Libro Blanco del Agua en España Figura 174. Mapa de Estaciones Automáticas de Alerta de la red ICA incluidas en estos programas varía desde una estación por cada 10.000 km2 hasta una por cada 100 km2 (en España el valor medio es aproximadamente una esta ción por cada 1.000 km2). Normalmente, la densidad es de una o dos estaciones por cada 2.000 km2. La fre cuencia en la toma de muestras también varía enor memente, y fluctúa entre 4 y 26 muestras anuales por punto de medida. Todavía mayores resultan las dife rencias respecto al número de parámetros medidos en cada estación, que varía entre 4 y 120. Los parámetros muestreados con más frecuencia son el pH, la conduc tividad, la temperatura del agua, el oxígeno disuelto y la DBO5. La Agencia Europea de Medio Ambiente publicó en noviembre de 1995 (EEA, 1996d) unas primeras reco mendaciones sobre las redes de calidad que como mínimo deberían existir en cada Estado Miembro, de acuerdo con los siguientes criterios: 1. Una red básica cuyo principal cometido consistiría en caracterizar estadísticamanete el territorio la calidad de las aguas y que se dotaría con una densidad de esta ción por cada 2.000 km2. Al menos un 20% d las esta ciones deberían estar situadas en tramos reflejaran las actividades humanas más representativas de la zona, y otro 20% en áreas de actividad humana poco intensa. 202 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Superficie Núm. De Densidad de Núm. de estacs. de Núm. estaciones Cuenca (km2) estacs. de la estacs. de la red la red ROCAS de la red ROI red ROCA COCA 1/km2 Norte 40.650 106 1/383 133 Duero 78.960 37 1/2.134 92 Tajo 55.810 55 1/1.015 130 Guadiana 60.210 54 1/1.115 119 10 Guadalquivir 63.240 35 1/1.807 168 39 Sur 17.950 16 1/1.122 282 319 Segura 19.120 14 1/1.366 182 Júcar 42.900 25 1/1.716 106 337 Ebro 85.560 66 1/1.296 138 C.I. Cataluña 16.490 44 1/375 300 93 Galicia Costa 13.130 4 1/3.283 - Total península 494.020 456 1/1.083 1.650 798 Tabla 46. Puntos de control en las distintas cuencas de las principales redes de control de la calidad de las aguas Figura 175. Equipos y sistemas instalados en las Estaciones Automáticas de Alerta EQUIPOS Y SISTEMAS INSTALADOS EN LAS ESTACIONES AUTOMÁTICAS DE ALERTA (EAA) ANALIZADORES OTROS EQUIPOS EQUIPOS AUXILIARES Multiparamétrica (instalada en todas las EAA) Turbidímetro (instalado en todas las EAA) COD (tramos críticos) Analizador de Amonio (áreas especiales) Analizador de nitratos (eventualmente) Analizador de fosfatos (eventualmente) Analizador metales pesados (Cr, Cd, Fe, Cu, etc...) (eventualmente) pH Conductividad Temperatura Oxígeno disuelto Sensor de caudal y/o nivel Sensor de temperatura en caseta Tomamuestras refrigerado automático Sistema de adquisición de datos Sistemas de comunicaciones VSAT Sistema de captación Sistema de microfiltrado Climatizador Desmineralizador de agua 2. Una red de impacto cuyo objetivo sería evaluar la contaminación de las aguas con carácter general, y que contaría con una densidad de una estación por cada 10.000 km2, en zonas con poblaciones meno res de 50 hab/km2, de una estación por cada 3.000 km2 en zonas con poblaciones comprendidas entre 50 y 100 hab/km2 y de una estación por cada 1.000 km2, en zonas con poblaciones mayores de 100 hab/km2. 3. Una red de relación causa-efecto, empleada para detectar los mayores impactos producidos por la contaminación y comparar el resultado de la calidad resultante con la calidad original de las aguas. En la tabla 48 se muestra el número de estaciones que se obtendrían, con los criterios antes menciona dos, para los diferentes países de la UE. Se constata que España cumple con los requisitos mínimos referentes al número total de estaciones, pero no se ajusta a los criterios de densidad y de ubicación reco mendados. En cuanto a la red de Control de la Calidad de las Aguas Subterráneas, la situación europea es más dispar y hete rogénea, existiendo países como Austria, Alemania, Holanda y España con densidades relativamente altas y otros, como Islandia, que no disponen de red de calidad, pasando por países como Noruega, con sólo 21 puntos de control, o Grecia con 275 puntos de medida. 3.2.3.4. Propuestas de Gestión, Coordinación y Modernización La información sobre la calidad de las aguas resulta en la actualidad difícil de gestionar, no solo como conse cuencia de su volumen, sino de la heterogeneidad de las fuentes y de la diversidad de formatos en los que es almacenada. Existe una carencia importante de pro gramas consolidados de gestión de la calidad que, basándose en sus correspondientes sistemas gestores de bases de datos, permitan extraer conclusiones sobre el estado de calidad de los ríos y de los acuíferos, detectar la evolución de los principales contaminantes y evaluar las repercusiones que sobre el medio hídrico 203 Libro Blanco del Agua en España País Nº Estacs Frec. Nº de Área km2 km2/ud Long. ríos Long. por km/ud Muestra Paráms. km. superficie Austria 244 6 59 83.856 343,7 47.000 0,56 192,6 48 12 1.747 979,2 Bélgica 957 8 19 30.500 31,9 22.600 0,74 23,6 90 5 108 338,9 Alemania 146 26 19 357.000 2.445,2 179.000 0,50 1.226 Dinamarca 261 20 12 430.000 1.647,5 28.000 0,65 107,3 58 4 8 7.413,8 482,8 15 26 11 28.666,7 1.866,7 España 456 9 42 505.950 1.109,5 172.000 (1) 0,34 377,2 Finlandia 68 4 41 338.145 4.972,7 159.000 9,47 2.338,2 15 15-70 18-26 22.543 10.600 30 12 41 11.271,5 5.300 12 6-12 21-41 28.178,8 13.250 Francia 1.082 12 40 543.964 502,7 563.000 1,03 520,3 Grecia 6 12 26 131.944 21.990,7 Irlanda 1.500 12 18 70.000 46,7 33.700 0,48 22,5 Luxemburgo 217 1-13 20-25 2.590 12 1.330 0,51 6,1 Holanda 26 13-52 120 42.000 1.615 20.100 0,48 773,1 Noruega 10 12 14 324.000 32.400 210.000 21.000 20 12 12 16.200 25 12-24 5-22 12.960 Portugal 109 12 24 88.700 813,8 172.000 1,87 1.578,0 Suecia 300 1/5 25 450.000 1.500 315.000 0,70 1.050 35 1 23 12.857,1 9.000 15 12 25 30.000 21.000 49 12 31 9.183,7 6.428,6 Reino Unido 230 6-52 80 240.000 1.043,5 171.000 0,70 743,5 Tabla 47. Redes de control de la calidad de aguas superficiales en diferentes países europeos (1) No incluye Baleares ni Canarias podrían tener las diferentes alternativas de gestión planteadas. Este es uno de los retos que tiene plantea dos en la actualidad el MIMAM. Las redes de la calidad de las aguas existentes y la ges tión de la información que en ellas se realiza no son adecuadas para obtener la información mínima nece saria y cumplir con la legislación más reciente sobre calidad de las aguas. Urge, por tanto, iniciar todos los trabajos necesarios para mejorar la red de calidad existente en lo que se refiere a definición de emplaza mientos, densidad de las estaciones, y parámetros y frecuencias que deben muestrearse. Aunque en los últimos años se han mejorado las redes de control de calidad de las aguas superficiales aumentando el número de estaciones de la red COCA, añadiendo estaciones para el control de las aguas des tinadas a la producción de agua potable (red COAS), incluyendo estaciones en zonas aptas para la vida pis cícola (red Ictiofauna) e integrando todas las estacio nes bajo la red ICA, resulta imprescindible incremen tar la atención y esfuerzo que se le dedica a esta red por las siguientes razones: • La red existente cubre en su totalidad sólo algunos tramos de río o embalses en los que existen usos declarados, pero no cubre la práctica totalidad de aquéllos en los que no hay usos específicos y de los que, en muchos casos, conviene tener información. • Las frecuencias de muestreo resultan insuficientes en algunos casos y consiguientemente, no aportan datos adecuados para llevar a cabo un control esta dístico adecuado. • El número de parámetros muestreados es insuficiente en algunos puntos a tenor de las nuevas exigencias que marcan la legislación y los convenios internacionales. Asimismo, la disposición actual de la red de Control de la Calidad de las Aguas Subterráneas no responde a las exigencias de gestión demandadas por la incorporación de este recurso al dominio público hidráulico, ni a la complejidad hidrogeológica que supone el seguimien to y control de la evolución físico-química del agua subterránea. Con carácter general, se están utilizando como puntos de muestreo pozos construidos para otros fines, abastecimiento urbano o regadío. Por otra parte, aunque la red se extiende a las principales unidades hidrogeológicas, quedan acuíferos sin control debido a motivos diversos, como son la inexistencia de pozos o sondeos de observación, o la falta, en ocasiones, de medios para llevar a cabo el muestreo. Otro aspecto destacable es que estas redes, por sus características y por el tipo de analítica que se lleva a cabo, generalmente no detectan fenómenos específi cos de contaminación, como es el caso de los micro contaminantes orgánicos (hidrocarburos, plaguicidas) o de ciertos metales pesados. La frecuencia de muestreo es también un aspecto muy importante. El número de muestreos es, en general, reducido, sobre todo en las zonas costeras donde exis ten problemas de intrusión de agua de mar, cuya observación requiere más precisión y mayor frecuen cia de medidas. Intentando superar las anteriores deficiencias, el MIMAM ha redactado diez proyectos dirigidos a rediseñar y establecer esta red en las cuen cas intercomunitarias y Baleares. La propuesta resul 204 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles País Red Básica Red de Impacto Red Causa-Efecto Total (1 por 2.000 km2) (De 1/1.000 km2 a De Referencia De Contaminac. 1/10.000 km2) Austria 42 38 4 16 100 Bélgica 15 31 2 10 58 Dinamarca 22 17 2 8 49 Finlandia 169 41 8 34 252 Francia 272 230 20 80 602 Alemania 179 357 20 80 636 Grecia 66 34 4 16 120 Irlanda 35 23 3 9 70 Italia 151 283 15 80 529 Luxemburgo 1 3 - 1 5 Holanda 21 40 3 9 73 Noruega 162 33 10 30 235 Portugal 46 47 4 14 111 España 253 161 15 80 509 Suecia 225 59 5 20 309 Reino Unido 122 191 15 75 403 UE 1.781 1.588 130 562 4.061 Tabla 48. Recomendaciones de la Agencia Europea de Medio Ambiente en relación con las redes de control de calidad de las aguas superficiales. tante (construyendo nuevos piezómetros y habilitando existentes) consta de 1.151 puntos de observación, lo que supondría disponer de una red con densidad media en la zona controlada de 130 km2 de superficie per meable por punto de observación. 3.2.4. La Contaminación de los ríos La contaminación se define en el artículo 85 de la Ley de Aguas (LA) como la acción y el efecto de introducir materias o formas de energía, o inducir condiciones en el agua que, de modo directo o indirecto, impliquen una alteración perjudicial de su calidad en relación con los usos posteriores o con su función ecológica. En cada caso concreto los procesos contaminantes se desencadenan por el vertido de determinadas sustan cias al medio hídrico y por su influencia negativa sobre la aptitud del agua para satisfacer determinados usos u objetivos de calidad. Es decir, la conjunción de un ver tido y de un uso o una función ecológica no satisfecha producen la contaminación tal y como se define en la Ley de Aguas. Por tanto, la contaminación fluvial habrá que estudiarla en relación con el cumplimiento de la normativa existente sobre calidad de las aguas, 205 Libro Blanco del Agua en España Parámetro Unidad Tipo A1 Tipo A2 Tipo A3 PH ------- (6,5-8,5) (5,5-9) 5,5-9) Color mg/Escala Pt 20 (10) (o) 100 (50) (o) 200 (50) (o) Sólidos en suspensión mg/l (25) --- Temperatura ºC 25 (22) (o) 25 (22) (o) 25 (22) (o) Conductividad a 20º C MS/cm (1.000) (1.000) (1.000) Olor factor de dilución (3) (10) (20) Nitratos mg/l NO3 50 (25) (o) 50 (o) 50 (o) Fluoruros mg/l F 1.5 (0,7/1) (0,7/1.7) (0,7/1.7) Hierro disuelto mg/l Fe 0,3 (0,1) 2 (1) (1) Manganeso mg/l Mn (0,05) (0,1) (1) Cobre mg/l Cu 0,05 (0,02) (o) (0,05) (1) Zinc mg/l Zn 3 (0,5) 5 (1) 5 (1) Boro mg/l B (1) (1) (1) Arsénico mg/l As 0,05 (0,01) 0,05 0,1 (0,05) Cadmio mg/l Cd 0,005 (0,001) 0,005 (0,001) 0,005 (0,001) Cromo total mg/l Cr 0,05 0,05 0,05 Plomo mg/l Pb 0,05 0,05 0,05 Selenio mg/l Se 0,01 0,01 0,01 Mercurio mg/l Hg 0,001 (0,0005) 0,001 (0,0005) 0,001 (0,0005) Bario mg/l Ba 0,01 1 1 Cianuro mg/l CN 0,05 0,05 0,05 Sulfatos mg/l SO4 250 (150) 250 (150) (o) 250 (150) (o) Cloruros mg/l Cl (200) (200) (200) Detergentes mg/l (laurilsulfato) (0,2) (0,2) (0,5) Fosfatos mg/l P2 O5 (0,4) (0,7) (0,7) Fenoles C6 H5 OH 0,001 0,005 (0,001) 0,1 (0,01) Hidrocarburos disueltos o mg/l 0,05 0,2 1 emulsionados (tras extracción en éter de petróleo) Hidrocarburos aromáticos policíclicos mg/l 0,0002 0,0002 0,001 Plaquicidas totales mg/l 0,001 0,0025 0,005 DQO mg/l O2 --- --- (30) Oxígeno disuelto % satur. (70) (50) (30) DBO5 mg/l O2 (3) (5) (7) Nitrógenos Kjeldahl mg/l N (1) (2) (3) Amoniaco mg/l NH4 (0,5) 1,5 (1) 4 (2) (o) Sustancias extraibles con cloroformo mg/l SEC (0,1) (0,2) (0,5) Coliformes totales 37ºC /100 ml (50) (5.000) (50.000) Coliformes fecales /100 ml (20) (2.000) (20.000) Estreptococos fecales /100 ml (20) (1.000) (10.000) Salmonellas ---- Ausente en 5.000 ml Ausente en 1.000 ml Tabla 49. Características de calidad de las aguas superficiales destinadas a la producción de agua potable (Directiva 75/440) Entre paréntesis figuran los valores guía de la Directiva (o) Circunstancias climáticas o geográficas excepcionales que en gran parte procede de actos legislativos emana dos desde la Unión Europea y que han sido transpues tos al ordenamiento jurídico del Estado español. Asimismo, es importante señalar la estrecha relación que existe, en muchos ríos de nuestro país, entre la cantidad de agua y su calidad. Lo estricto de los cau dales circulantes en muchos cauces, sometidos a intensa presión de usos, hace que se planteen proble mas de calidad y se recurra a la dilución con aguas escasas, ocasionando frecuentes conflictos de intere ses entre usuarios. Por otra parte, el incremento de la contaminación de tipo difuso, asociada a episodios de lluvias y caudales altos, que provoca el arrastre de la contaminación depositada en el suelo, pone de relieve la importancia que posee la planificación de los usos del suelo y el estudio de medidas contra tales efectos esporádicos. A este respecto ha de indicarse que la contaminación de cauces por las aguas de tormenta aliviadas a los siste mas unitarios de saneamiento, así como las escorren tías procedentes de las vías de comunicación, pueden aportar una carga contaminante igual o superior a la de los vertidos urbanos en periodos secos, y concentrada, además, en un espacio de tiempo muy reducido. 3.2.4.1. Situación de la calidad. criterios de aptitud e indicadores La calidad natural o intrínseca de las aguas fluviales es la que tendrían en un medio natural sin intervención humana. En España esta calidad natural las capacita ría, en general, para ser utilizadas en el regadío y en el abastecimiento a poblaciones, aunque en algunos casos la salinidad natural no tóxica podría provocar algunos problemas de calidad que no comprometerían la salud de los ciudadanos. Sin embargo, la influencia negativa de determinadas acciones antrópicas ha pro vocado que el estado natural de la aguas se haya dete riorado gravemente. Desde el punto de vista de su aptitud para distintos usos y de algunos indicadores globales representati vos, la situación de la calidad de las aguas es la des crita en los siguientes epígrafes. 3.2.4.1.1. Criterios de aptitud para el consumo humano Los criterios de aptitud para el consumo humano se definen en las Directivas 75/440, 79/869 y 98/83. En relación con esta normativa casi todos los Organismos de cuenca han identificado y situado las captaciones de las que se abastecen las poblaciones de más de 1.000 habitantes y han clasificado el tratamiento de potabilización existente. Esta información se incluyó como una de las variables para el diseño de la red ICA, y para situar las EAA que controlan los abastecimien tos más importantes. La Directiva 75/440, relativa a la calidad de las aguas destinadas a la producción de agua potable (y la com plementaria sobre la frecuencia de los muestreos y los análisis a realizar, Directiva 79/869), trata sobre la calidad que deben tener las aguas superficiales conti nentales para que puedan utilizarse en la producción de agua potable tras recibir el tratamiento apropiado. La transposición se ha realizado por la Orden Ministerial de 11 de Mayo de 1988, por el Reglamento de la Administración Pública Hidráulica (Anejo I), por la Orden Ministerial de 15 de Octubre de 1990, por la Orden Ministerial de 30 de Noviembre de 1994, y por el Real Decreto 1541/1994. La tabla 49 muestra las características de calidad de las aguas conforme a esta Directiva 75/440, donde se establecen tres grupos, A1, A2 y A3, ordenadas de menor a mayor exigencia en la necesidad de trata miento de potabilización. También se diferencia entre los valores guía, que aparecen entre paréntesis y que corresponden a los límites que deben intentar cumplir los Estados miembros y los valores imperativos, que son aquellos de obligado cumplimiento. Los requerimientos de calidad deben cumplirse en los puntos de toma para el abastecimiento urbano. Las Confederaciones Hidrográficas deberán fijar para cada tramo inmediatamente superior a una toma, las características de calidad, actuando sobre las autoriza ciones de vertidos que puedan impedir su adecuación. Estas actuaciones deben incluirse y programarse en los Planes de cuenca. Sólo excepcionalmente se podrá emplear agua de cali dad inferior a la A3 para la producción de agua potable, siempre que se realice un tratamiento adecuado que la convierta en potable con todas las garantías. Únicamen te en los casos de inundaciones, catástrofes naturales o situaciones meteorológicas o geográficas excepcionales se podrán superar los parámetros señalados con una (o) en la Tabla de la Directiva 75/440. En tales casos la DGOHCA y la Comisión de la Unión Europea deberán ser informadas al respecto. Serán también las propias Confederaciones Hidrográficas las encargadas de reali zar las tomas de muestras necesarias para comprobar la calidad de las aguas prepotables. El Ministerio de Sanidad y Consumo ha establecido un sistema de información que permite la coordinación relativa al abastecimiento y control de la calidad entre la Administración Sanitaria del Estado y las Comunidades Autónomas. Se impone también la obligatoriedad de suministrar un mínimo de 100 litros por habitante y día de agua potable en condiciones normales. 206 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles En las figuras 176 y 177 se muestra la aptitud de agua, durante los últimos 15 años, para atender el consumo humano según se utilicen los valores imperativos o guías de la Directiva 75/440/CCE. En estos mapas se han representado también los objetivos de calidad relativos al uso prepotable en los distintos tramos de río, lo que orienta sobre el grado de cumplimiento de los mismos. La aptitud del agua para la producción de agua pota ble se ha considerado buena en aquellos puntos de la red en los que en un porcentaje elevado de los años la calidad del agua ha sido la A1, normal cuando ha sido A2, regular cuando ha sido A3 y mala cuando la cali dad ha sido inferior a A3. Hay que indicar que esta Directiva parece estar dirigida a tomas fluviales, y no siempre se adapta bien a las con diciones de toma en nuestros embalses. En algunos casos se ha observado que podían obtenerse las 4 cali dades descritas según la profundidad a que se tome la muestra. Hay que advertir que estas figuras ofrecen únicamen te una visión general sobre la aptitud del agua en los cursos fluviales del país para ser utilizada, previa pota bilización, en el abastecimiento urbano. El análisis se ha realizado en los puntos de muestreo de la Red COCA, que en muchos casos no coinciden con puntos de toma de agua para abastecimiento. Debe tenerse en cuenta, por tanto, que un porcentaje importante de los puntos representados en las figuras como no aptos para producir agua potable no están siendo utilizados para tal fin, y que la asociación de ambos conceptos podría inducir a errores de apreciación. En todo caso, y aún con el sesgo indicado, los resulta dos ofrecidos proporcionan una cierta imagen global de la situación, y una valiosa información sobre la aptitud potencial de los ríos españoles para ser utiliza dos con ese fin. 3.2.4.1.2. Criterios de aptitud para regadío Existen diversas clasificaciones que orientan sobre la calidad que debería poseer el agua para ser utilizada en el riego. Los criterios más comúnmente utilizados para analizar la aptitud del agua para el regadío los recoge la FAO y se refieren en primer término a los riesgos de salinización y de reducción de la capacidad de infiltración en función de la conductividad y de ésta y de la Relación de Absorción de Sodio (RAS), respectivamente. Tales variables se pueden obtener de los datos ofrecidos por la red COCA. Además, los criterios de FAO incluyen información sobre otros problemas potenciales, derivados de la toxicidad de determinados iones específicos y oligoe lementos, el exceso de nitrógeno y bicarbonato y la magnitud del pH. Las directrices propuestas sólo son aplicables en determinados supuestos referentes al 207 Libro Blanco del Agua en España Figura 176. Mapa de aptitud del agua para la producción de agua potable según los valores imperativos de la Directiva 75/440 208 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles PROBLEMA POTENCIAL UNIDADES GRADO DE RESTRICCIÓN DE USO NINGUNO LIGERO O SEVERO MODERADO Salinidad (afecta disponibilidad de agua para el cultivo) ECa dS/m < 0.7 0.7 - 3.0 > 3.0 TSS mg/l < 450 450 - 2000 > 2000 Infiltración (reduce infiltración evaluar usando a la vez la ECa y el RAS) RAS = 0 - 3 y ECa = > 0.7 0.7 - 0.2 < 0.2 = 3 - 6 = > 1.2 1.2 - 0.3 < 0.3 = 6 - 12 = > 1.9 1.9 - 0.5 < 0.5 = 12 - 20 = > 2.9 2.9 - 1.3 < 1.3 = 20 - 40 = > 5.0 5.0 - 2.9 < 2.9 Toxicidad de Iones Específicos (afecta cultivos sensibles) Sodio (Na) Riego por superficie RAS < 3 3 - 9 > 9 Riego por aspersión me/l < 3 > 3 Cloruros (Cl) Riego por superficie me/l < 4 4.0 - 10 > 10 Riego por aspersión me/l < 3 > 3 Boro (B) mg/l < 0.7 0.7 - 3.0 > 3.0 Oligoelementos Varios (afecta cultivos sensibles) Nitrógeno (N03-N) mg/l < 5 5.0 - 30 > 30 Bicarbonato (HC03) me/l < 1.5 1.5 - 8.5 > 8.5 (aspersión foliar únicamente) pH Amplitud Normal: 6.5 – 8.4 Tabla 50. Clasificación de la calidad de las aguas para riego según FAO Figura 177. Mapa de aptitud del agua para la producción de agua potable según los valores guías de la Directiva 75/440 clima, suelo, manejo y métodos de riego, condiciones de drenaje y patrones de absorción de la humedad por el cultivo. Cuando las características locales no se ajustan a los supuestos considerados se requiere un estudio específico del caso que podrá dar lugar a una modificación de los criterios citados. La tabla 50 ofrece la clasificación de la calidad de aguas para riego según este criterio. Considerando estas directrices elaboradas por la FAO y la información disponible de la red COCA, se han confeccionado dos figuras, en las que se puede apre ciar, en cada estación, la aptitud media del agua para el regadío en cuanto a los riesgos de salinidad (fig. 178) y de reducción de la capacidad de infiltración (fig. 179) durante los meses de julio y de agosto, que coinciden con los períodos de tiempo en los que las necesidades de agua para el riego son mayores. A efectos de contrastar su situación relativa, en las mismas figuras se han representado también las zonas regables existentes. Al igual que ya se advirtió en relación con las aguas de abastecimiento, esta aptitud no informa sobre la calidad actual de las aguas de riego, sino sobre la aptitud poten cial que poseen los tramos fluviales españoles para ser utilizados para la extracción de agua con usos agrícolas, ya que no todos los puntos de la red COCA coinciden con tramos de captación de agua para regadío. 3.2.4.1.3. Criterios de aptitud para aguas de baño La Directiva 76/160/CEE, relativa a la calidad de las aguas de baño, que ha sido transpuesta por el Real Decreto 734/1988 y por el Anejo II del RAPAPH, y que se encuentra actualmente en proceso de revisión, tiene como objetivo asegurar unos niveles mínimos de calidad en aquellas aguas continentales y costeras que vayan a ser destinadas al baño. Este conjunto normati vo constituye un valioso instrumento de carácter sani tario ante un uso del agua que, como se ve en otros epígrafes, cada vez presenta mayor valoración social. La planificación hidrológica debe recoger aquellos tramos de río o de embalse que las Comunidades Autónomas hayan declarado como Zonas de Baño y asumirá como Objetivos de Calidad en ellas lo que a tal efecto dictamina la Directiva 76/160 en su Anejo, y que viene recogido en la tabla 51. Para caracterizar las aguas desde este punto de vista, y de conformidad con lo previsto en la mencionada Directiva, el Ministerio de Sanidad y Consumo elabora y remite a la Comisión Europea un informe anual de síntesis de la calidad de aguas de baño en España, en el que se reflejan las características más relevantes de la vigilancia sanita ria que de tales aguas, y conforme al R.D. 734/1988, rea lizan las CCAA. Este informe es, pues, la base del con trol estadístico de la calidad de las aguas desde el punto de vista de su aptitud para el baño, y la fuente básica en nuestro país de información al respecto. 209 Libro Blanco del Agua en España Figura 178. Mapa de aptitud del agua para el regadío durante julio y agosto (riesgo de salinidad) Requisitos de los puntos de muestreo Los requisitos para asignar la calificación sanitaria del agua de baño en un Punto de Muestreo, duran te la temporada de baño, son los siguientes: a) Cada Punto de Muestreo es representativo de una Zona de Baño o de parte de ella. b) Los Métodos Analíticos utilizados para la determinación de cada parámetro son los oficiales (los del mencionado R.D. 734/1988, de 1 de julio). c) En cada Punto de Muestreo se han controlado, al menos, los Parámetros Obligatorios: Coliformes Totales, Coliformes Fecales, Color, Aceites Minerales, sustancias Tensoactivas, Fenoles y Transparencia. d) La Frecuencia de Muestreo es al menos quincenal, más un muestreo antes del comienzo de la temporada. Calificación sanitaria La Calificación Sanitaria del Agua de Baño en un Punto de Muestreo se ha realizado de acuerdo con los criterios siguientes: AGUAS “2”: Aguas Aptas para el baño, de muy buena calidad. Son aquéllas que cumplen simultáneamente las siguientes condiciones: a) Al menos el 95% de los muestreos no sobrepasan los valores imperativos de los parámetros siguien tes: Coliformes Totales, Coliformes Fecales, Salmonella, Enterovirus, pH, Color, Aceites Minerales, Sustancias Tensoactivas, Fenoles y Transparencia. b) Al menos el 80% de los muestreos no sobrepasan los valores guía de los parámetros: Coliformes Totales y Coliformes Fecales. c) Al menos el 90% de los muestreos no sobrepasan los valores guía de los parámetros siguientes: Estreptococos Fecales, Transparencia, Oxígeno Disuelto y Materias Flotantes. AGUAS “1”: Aguas Aptas para el baño, de buena calidad. Son aquéllas en las que se cumple la condición a), de las aguas “2”, pero en las que no se cumplen las con diciones b) y/o c) de las aguas “2”. AGUAS “0”: Aguas No Aptas para el baño. Son aquéllas en las que no se cumple la condición a) de las aguas “2”. “SD”: Designa a aquellos Puntos de Muestreo en los que la única información existente es la relativa a datos territoriales. 210 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 179. Mapa de aptitud del agua para el regadío durante julio y agosto (riesgo de reducción de la capacidad de infiltración) “SCO”: Se asigna esta denominación en los casos en que en un Punto de Muestreo no se cumpla el requisito c) de los puntos de muestreo. “SCF”: Se asigna en los casos en que en un Punto de Muestreo se cumple el requisito c) pero no se cumple el requisito d). La Directiva prevé ciertas excepciones en el cum plimiento de algunos parámetros de su Anejo bajo circunstancias meteorológicas o geográficas excep cionales, no considerando en tales condiciones que se incumpla la Directiva en tanto no se ponga en riesgo la salud de los ciudadanos mediante la prohi bición del baño y su notificación al Ministerio de Sanidad y Consumo y de éste a la Comisión de la Unión Europea. Situación actual La tabla 52 muestra los resultados de la calidad de baño de las aguas continentales en España en el año 1997, según los Informes anuales de seguimiento elaborados por el Ministerio de Sanidad y Consumo (MSC, 1997). Como puede verse, resultan aptas para el baño 160 de 226, es decir, un 71% del conjunto muestreado. Por otra parte, en la figura 180 se puede apreciar, en los puntos de muestreo de la red COCA, una repre sentación meramente estimativa, de la aptitud de las aguas para el baño atendiendo a los valores imperati vos de la Directiva. Se han señalado también los obje tivos de calidad existentes en los tramos fluviales según los Planes hidrológicos de cuenca, y las zonas de baños declaradas a la Unión Europea durante la temporada de baño de 1995. Se ha considerado, tentativa y simplificadamente, que la aptitud del agua para el baño era buena en aquellos puntos de la red COCA en los que la frecuencia de cumplimientos de la tabla superaba a los incumpli mientos, sirviendo en este caso los mismos comenta rios que se realizaron al respecto en los epígrafes ante riores para los otros usos. 3.2.4.1.4. Criterios de aptitud para vida piscícola La Legislación Básica del Estado sobre la calidad del agua en los ríos y su aptitud para soportar la vida de los peces viene definida por la transposición de la Directiva 78/659/CEE, relativa a la calidad de las aguas continentales para la vida piscícola, llevada a cabo por la Orden Ministerial de 16 de Diciembre de 1988 y por el Anejo III del RAPAPH. Como se deriva del reparto competencial existente, las Administraciones Autonómicas poseen amplias compe tencias sobre pesca y medio ambiente, por lo que sobre tales materias las diferentes CCAA han desarrollado normativas que, por entrar en el ámbito de las leyes de protección de la naturaleza, pueden ser de obligado cumplimiento en lo referente a la calidad de los ríos en los tramos declarados de especial protección. Los Planes Hidrológicos recogen los tramos que las Administraciones competentes declaran como de tipo salmonícola o ciprinícola en virtud del Art. 41.2 de la Ley de Aguas, y contienen las medidas oportunas para alcanzar como mínimo los requisitos de calidad que se muestran en la tabla resumen adjunta (tabla 53). En relación con esta Directiva 78/659 el Estado espa ñol ha delimitado un total de 140 zonas para la vida piscícola, distribuidas por todas las cuencas, con 211 Libro Blanco del Agua en España Parámetros Valor Guía Valor Imperativo Coliformes totales /100 ml 500 10.000 Coliformes fecales /100 ml 100 2.000 Estreptococos fecales /100 ml 100 Salmonellas / 1l - 0 Enterovirus PFU /10 ml - 0 pH - 6-9* Coloración - Sin cambio anormal en el color* Aceites minerales mg/l ≤0,3 Sin película en superficie Sustancias tensoactivas mg/l (lauril sulfato) ≤0,3 Sin espuma persistente Fenoles mg/l C6 H5 OH ≤0,005 ≤0,05 Transparencia m 2 1* Oxígeno disuelto % de saturación 80-120 Residuos alquitranados y Materias flotantes Ausencia Tabla 51. Valores Guia e Imperativos de la calidad de las aguas de baño (Directiva 76/160) * Superación de los límites previstos en caso de condiciones geográficas o meteorológicas excepcionales excepción de la del Segura, tal y como muestra la figura 181. Como puede verse, es en los ríos del Norte donde la aptitud resulta mayor y el número de zonas declaradas es más elevado. En la figura 182 se puede apreciar la aptitud de las aguas para la vida piscícola en los puntos de muestreo de la red COCA, atendiendo a los valores imperativos de la Directiva 78/659/CEE, representándose conjun tamente los tramos con objetivos definidos. Se ha con siderado que el agua es buena para la vida piscícola cuando la frecuencia de cumplimientos de la tabla supera al de incumplimientos en el caso de aguas sal monícolas, que es el más estricto. Nuevamente se advierte que muchos puntos de la red COCA no se sitúan sobre los tramos de protección, por lo que, como en los casos anteriores, la figura debe interpretarse como una información sobre la aptitud potencial que poseen los ríos españoles para permitir la vida piscícola. Asimismo, hay que indicar que si en lugar de salmónidos se hubiese contrastado con cipríni dos, la situación sería mejor que la mostrada. 212 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Comunidad Autónoma Num. de Zonas de Puntos de Aguas Aguas Aguas Aguas Municipios baño muestreo “2” “1” “0” SCF ANDALUCÍA 58 63 70 3 36 27 4 ARAGÓN 11 11 12 3 7 1 1 ASTURIAS 1 1 1 0 0 1 0 CASTILLA-LA MANCHA 28 39 43 24 7 12 0 CASTILLA Y LEÓN 2 2 2 0 1 1 0 CATALUÑA 9 10 11 3 8 0 0 EXTREMADURA 17 17 17 0 0 0 17 GALICIA 53 54 68 10 45 13 0 MADRID 6 6 7 0 2 5 0 MURCIA 3 3 3 0 0 3 0 NAVARRA 11 11 11 4 5 2 0 RIOJA 1 1 1 0 1 0 0 VALENCIA 2 2 2 0 1 1 0 TOTAL 202 220 248 48 112 66 22 Tabla 52. Distribución territorial y calidad sanitaria de los puntos de muestreo de las zonas de baño continentales Figura 180. Mapa de aptitud estimativa del agua para el baño en la red COCA 3.2.4.1.5. Calidad según el criterio del ICG, o de la Calidad General El indice de Calidad General (ICG) pretende propor cionar un indicador agregado y global de la calidad del agua. Se obtiene mediante una fórmula de agregación que integra 23 parámetros de calidad, 9 de los cuales, que se denominan básicos, son necesarios en todos los casos. Otros catorce, que responden al nombre general de complementarios, sólo se usan para aquéllas esta ciones o períodos en los que se analizan. A partir de ponderaciones matemáticas que valoran la influencia de cada uno de estos parámetros en el total del índice, se deduce un valor final único y representativo que se sitúa entre 0 (agua muy contaminada) y 100 (agua totalmente limpia). El diagnóstico general de la situación actual en cada ámbito de la planificación hidrológica es el ofrecido en la figura 183. En ella se indica, para los ríos controlados en cada ámbito, la situación actual de la calidad del agua expresada en porcentaje de longitud de la red fluvial según el Índice General de Calidad. La observación de esta figura muestra rápidamente la situación relativa de los distintos ámbitos. Así, y teniendo en cuenta que índices por debajo de 65 (agua Regular, Deficiente o Mala) ya comprometen seria mente la mayor parte de los usos posibles, puede verse que la situación no es del todo satisfactoria en algunas de las cuencas españolas, sobre todo en aquéllas en las que las aportaciones naturales son más bajas o es más alta la influencia de los vertidos industriales o de la contaminación difusa. Para apreciar espacialmente estos datos agregados, en la figura 184 se refleja el ICG medio representativo de la situación actual (datos de 1994) en las estaciones de la red COCA. Para la mejor interpretación de esta información, es conveniente precisar que, como se comentó al descri bir la red COCA, los puntos de control de esta red han sido establecidos, en general, aguas abajo de algún vertido que debía e interesaba controlarse. Así, los valores del ICG de un tramo de río, al estar condicio nados por un vertido, suelen ser bastante inferiores de los que realmente corresponderían si el punto de 213 Libro Blanco del Agua en España Aguas Salmonícolas Aguas Ciprinícolas Guía Imperativo Guía Imperativo Temperatura (ºC) Incremento de temperatura máxima en zonas de vertidos - 1,5 - 3 Máxima temperatura del agua - 21,5 (o) 28 (o) Máxima temperatura agua durante reproducción especies 10 (o) 10 (o) Oxígeno disuelto (mg/l O2) 50%> 9 50%> 9 50%> 8 50%> 7 100%> 7 100%> 5 pH - 6-9 (o) * - 6-9 (o) * Materia en Suspensión (mg/l) < 25 (0) - < 25 (0) DBO5 (mg/l O2) < 3 - < 6 Nitritos (mg/l NO2) < 0,01 - < 0,03 Fenoles (mg/l C6H5OH) - ** - ** Hidrocarburos - *** - *** Amoniaco no ionizado (mg/l NH) < 0,005 < 0,025 < 0,005 < 0,025 Amonio total (mg/l NH4) < 0,04 < 1 **** < 0,2 < 1 **** Cloro residual (mg/l HOCl) - < 0,005 - < 0,005 Zinc total (mg/l Zn) - < 0,3 - < 1,0 Cobre soluble (mg/l Cu) < 0,04 - < 0,04 Tabla 53. Resumen de condiciones de la Directiva 78/659, de aptitud para la vida de los peces (o) Los Estados miembros podrán no aplicar la presente Directiva para los parámetros indicados debido a circunstancias meteorológicas excepcionales o a circunstancias geográficas especiales. * Las variaciones artificiales de pH con respecto a los valores constantes no deberán superar +/- 0,5 uds. de pH en los límites comprendidos entre 6 y 9 a condición de que estas variaciones no aumenten la nocividad de otras sustancias presentes en el agua. ** Los compuestos fenólicos no podrán estar presentes en concentraciones que alteren el sabor del pescado *** Los productos de origen petrolero no podrán estar presentes en las aguas en cantidades que 1) formen una película visible en la superficie del agua o se depositen en capas en los lechos de las corrientes de agua y de los lagos; 2) transmitan al pescado un perceptible sabor a hidrocarburos; y 3) provoquen efectos nocivos en los peces **** En condiciones geográficas o climatológicas particulares y especialmente en el caso de bajas temperaturas del agua y de reducida nitrificación o cuan do la autoridad competente pueda probar que no hay consecuencias perjudiciales para el desarrollo equilibrado de las poblaciones de peces, los Estados miembros podrán fijar valores superiores a 1 mg/l observación fuese otro más significativo del tramo en cuestión, y deben interpretarse en general como una cota máxima del verdadero estado de la calidad en el tramo. Por otra parte, si se analiza la evolución del índice a lo largo del tiempo se aprecia una situación global de mantenimiento o mejora, con algunos empeoramien tos territoriales y diversas anomalías. Estudiando con mayor detalle las causas de estas anomalías, pueden obtenerse las siguientes conclusiones: • A veces se observan evoluciones negativas en tramos de río donde se advierte que la calidad no es tan mala, 214 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 181. Número de zonas declaradas para la vida piscícola en las distintas cuencas 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 N or te D u er o Ta jo G u ad ia n a G u ad al q u iv ir Su r Jú ca r E br o C .I .C at al u ñ a Figura 182. Mapa de aptitud de las aguas para la vida de los peces (criterio de salmónidos) pero ha venido determinada por la incidencia de un vertido puntual. Esto podría aconsejar la reconsidera ción de los puntos de muestreo empleados. • El hecho de que la calidad del agua en algunos luga res no haya evolucionado favorablemente en los últi mos años, después de haber llevado a cabo actuacio nes significativas de corrección de vertidos, conduce a dudar sobre la fiabilidad de algunos datos antiguos, debido probablemente al propio manejo de las mues tras, los sistemas y aparatos de medición, etc. Aunque también cabe anticipar que la magnitud de los vertidos se ha incrementado en gran medida durante los últimos años. 215 Libro Blanco del Agua en España Figura 183. Situación actual de la calidad del agua expresada en porcentaje de longitud de la red fluvial según el Índice General de Calidad 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100% G al ic ia C os ta N or te I N or te I I N or te I II D u er o Ta jo G u ad ia n a I G u ad ia n a II G u ad al q u iv ir Su r Se gu ra Jú ca r E br o C .I .C at al u ñ a <50 Mala 65-50 Deficiente 75-65 Regular 85-75 Buena 100-85 Excelente Figura 184. Mapa de ICG medio actual en las estaciones de la red COCA • Para afinar el análisis de tendencias sería necesario tratar estadísticamente los datos de las series histó ricas identificando aquéllas que planteen inconsis tencias, filtrando los posibles valores fuera de rango, etc. Ello requiere la implantación de siste mas de gestión de los resultados analíticos que mediante metodologías adecuadas aseguren una mayor fiabilidad y validación de los datos, y poten ciando, en la medida necesaria, sistemas supervisa dos de medida automática y continua. 3.2.4.1.6. Calidad según el criterio de la DBO5, o de la contaminación orgánica Desde el punto de vista de la contaminación orgánica, directamente producida por los vertidos urbanos, un buen indicador general es el parámetro DBO5 (deman da bioquímica de oxígeno a los 5 dias). Valores de la DBO5 por encima de 10 mg/l son característicos de aguas muy contaminadas, y por debajo de 3 mg/l la contaminación puede considerarse débil. En la figura 185 se aprecia el estado reciente (año 1994) de la contaminación fluvial orgánica, medida por la concentración de DBO5 en los puntos de mues treo de la red. Como puede verse, la situación global del país es aceptable, si bien existen problemas puntuales impor tantes en algunos ríos, en concreto en el Segura, Guadalquivir y Ebro. 3.2.4.1.7. Calidad según criterios del índice biótico Otra aproximación a la descripción de la calidad del agua es la proporcionada por los índices bióticos. Los organismos o comunidades biológicas de un ecosiste ma fluvial reflejan las características o condiciones ambientales del sistema del que forman parte. La uti lización de éstos como bioindicadores responde gene ralmente a la mayor facilidad y al menor coste de su observación frente al análisis o valoración directa del parámetro que indican. La principal ventaja de los indicadores biológicos es su capacidad de integrar las variaciones temporales de las condiciones ambientales del medio. Fluctuaciones fuertes puntuales en los parámetros físico-químicos del medio pueden pasar inadvertidas en un seguimiento periódico determinado si los valores extremos del factor alterado no coinci den en el tiempo con el momento del muestreo. Los bioindicadores, por su gran diversidad en los ecosiste mas fluviales, aparte de no precisar de un coste de calibración y mantenimiento continuos, presentan una gran amplitud de respuestas ante cualquier grado o tipo de alteración en el medio. Son por tanto, una valiosa herramienta complementaria de las redes de control automático físico-químico de calidad del agua ya establecidas, como la red SAICA. Para cuantificar el valor indicador de los organismos, numerosos autores han desarrollado diferentes índices biológicos de calidad del agua, basados en las distintas 216 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 185. Mapa de concentración de DBO5 (mg/l) en los puntos de la red (año 1994) tolerancias de las especies o comunidades ante los fac tores contaminantes. A la presencia o ausencia de una especie o familia de organismos acuáticos, así como a su densidad o abundancia, se les asigna un valor de calidad según el parámetro o conjunto de los mismos que se quiera valorar, en función de su grado de tole rancia. El conjunto global de observaciones de toda la comunidad biológica existente aportará un valor final de calidad según el índice empleado para cada tramo o río estudiado. Este tipo de reconocimientos limnológi cos requiere únicamente de un mínimo de 2-3 visitas anuales a los puntos elegidos de la red fluvial. Existe una amplia variedad de índices biológicos de calidad del agua para sistemas fluviales, pudiendo establecerse los siguientes grupos: • Indices de diversidad: basados en las variaciones de la composición específica de las comunidades de organismos y su estructura. En general, a una mayor biodiversidad le corresponde una mejor calidad del agua y viceversa. Ejemplos de este tipo de índices son los basados en la teoría de la información, como el de Shannon, o el de Margalef (1951). • Indices sapróbicos: reflejan los efectos de la conta minación por materia orgánica procedente de verti dos urbanos o agrícolas y su grado de descomposi ción, sobre los organismos. Pueden verse distintas aproximaciones en García de Jalón y González del Tánago (1986). • Indices bióticos: son los más utilizados y se basan en la clasificación de los organismos según su toleran cia a la contaminación, asignándoles una puntuación cuyo rango varía según el índice utilizado. El valor de calidad para el río estudiado resulta de la suma total de los valores de cada organismo presente. Los más conocidos son el Trent Biotic Index (TBI), el IB, el Biotic Score, o el BMWP. De la adaptación de este último a los organismos existentes en la Península Ibérica, resultó el Indice BMWP’ (Alba Tercedor y Sánchez-Ortega, 1988), siendo el más utilizado en nuestro país actualmente por su senci 217 Libro Blanco del Agua en España Clase I: >120 Aguas muy limpias 101-120 Aguas no contaminadas o no alteradas de modo sensible Clase II: 61-100 Son evidentes algunos efectos de contaminación Clase III: 36–60 Aguas contaminadas Clase IV: 16–35 Aguas muy contaminadas Clase V: <16 Aguas fuertemente contaminadas Tabla 54. Clases de calidad según el índice BMWP’ Figura 186. Mapa de la calidad biológica de los ríos peninsulares obtenida mediante la aplicación del índice biótico BMWP’ llez, precisión y eficacia. Su uso fue recomendado por la Asociación Española de Limnología en su Congreso Nacional de 1991. Tanto la Administración General del Estado, como algunos Organismos de Comunidades Autónomas, están desarrollando desde hace tiempo programas de control de la calidad del agua de los ríos basándose en el empleo de índices bióticos, utilizando macroinverte brados acuáticos bentónicos como indicadores ecoló gicos de las condiciones del medio. El CEDEX, por ejemplo, está llevando a cabo desde 1985 un segui miento de la calidad del agua de las cuencas fluviales españolas (Avilés et al., 1997) habiendo seleccionado como índice biótico más eficaz y aplicable a la mayoría de las cuencas el ya mencionado índice BMWP (Biological Monitoring Network Party) modificado (BMWP’), también conocido como Índice de Alba, que establece cinco clases de calidad biológica del agua según el valor total del índice. También viene empleán dose, por ejemplo, por el Gobierno Vasco desde 1992. Los resultados más recientes obtenidos en los últimos años por diferentes instituciones de todo el territorio nacional se reflejan en el mapa de calidad biológica representado en la figura 186. Los Organismos que han aportado dicha información son, además del CEDEX, las Confederaciones Hidrográficas del Ebro, del Guadalquivir y del Júcar, la Diputación de Barcelona, la Generalidad de Cataluña, el Gobierno Vasco, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y las Universidades de Barcelona, Granada, León, Oviedo, Santiago de Compostela y Valencia. 218 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Clase-I Clase-II Clase-III Clase-IV Clase-V Num. total Núm. de de puntos ríos Norte 67 82 29 9 3 190 94 Duero 65 54 27 11 8 165 36 Tajo 38 31 25 15 8 117 31 Guadiana 1 12 24 16 11 64 23 Guadalquivir 4 9 14 13 13 53 13 Sur 4 2 1 0 1 8 3 Segura 1 5 3 0 1 10 3 Júcar 44 45 23 12 5 129 41 Ebro 106 73 48 11 5 243 54 C.I.Cataluña 3 18 32 32 36 121 12 Total 333 331 226 119 91 1.100 310 Tabla 55. Número de puntos de muestreo estudiados según cada clase de calidad biológica Figura 187. Distribución por cuencas de las clases de calidad según el índice BMWP’ 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100% N or te D u er o Ta jo G u ad ia n a G u ad al q u iv ir Su r Se gu ra Jú ca r E br o C .I .C at al u ñ a E sp añ a P u n to s d e m u es tr eo Clase V Clase IV Clase III Clase II Clase I En el índice BMWP’ se asigna a cada familia de macroinvertebrados acuáticos una puntuación de 1 a 10 en función de su sensibilidad a la contaminación del agua o alteración del medio. El valor del índice en cada estación de muestreo se obtiene por la suma de las puntuaciones de cada familia encontrada. Según la puntuación final, a cada tramo del río le corresponde una de las siguientes clases de calidad mostradas en la tabla 54. Hasta la fecha se han controlado más de 1.000 esta ciones de muestreo repartidas entre 244 ríos de las grandes cuencas hidrográficas españolas. La tabla 55 recoge el número de puntos de muestreo estudiados en cada cuenca, estando reflejados en la figura 187 los porcentajes de las diferentes clases de calidad en cada una de ellas y en la totalidad del territorio nacional. Se observa que las cuencas que presentan un estado general de calidad biológica de sus aguas más acepta ble son las del Norte Duero, Sur, Júcar y Ebro, con un porcentaje de puntos con aguas contaminadas (clases IV y V) menor del 20 %, y un porcentaje de puntos con aguas poco contaminadas (clases I y II) mayor del 60%. Por el contrario, las cuencas en peor estado son las del Guadiana, Guadalquivir, Segura e Internas de Cataluña, con más de un 40% de puntos con aguas contaminadas (clases IV y V) y menos de un 40% de los puntos en buen estado de conservación (clases I y II). En general y para todo el territorio nacional, el número de puntos que presentan aguas contaminadas es del 20% aproximadamente, correspondiendo el 60% a puntos con aguas en buen estado de conserva ción. El 20% restante mostrarían algunos efectos de contaminación (clase III). Los resultados ofrecidos por este índice pueden consi derarse complementarios de los que ofrece el ICG. Dada la tendencia internacional a ir sustituyendo el empleo de índices físico-químicos por índices biológi cos, es de prever que este tipo de indicadores vaya cobrando mayor importancia en el próximo futuro. Debe mencionarse que, aunque algunos Organismos disponen de ella en sus territorios, en la actualidad España no cuenta con una red oficial de control de la calidad mediante índices bióticos, siendo una deficiencia que debiera subsanarse a corto plazo. 3.2.4.1.8. Calidad ecológica En distintos ríos donde se ha llevado a cabo un inten so trabajo de saneamiento y depuración, aplicando tra tamientos secundarios y terciarios de forma generali zada, y mejorando muy sensiblemente la calidad físi co-química del agua, ha podido constatarse que esta recuperación no ha ido acompañada de una mejora similar de las comunidades biológicas fluviales. En un intento por mejorar esta situación, superando la caracterización de la calidad del agua en términos exclusivamente físico-químico-biológicos según su aptitud para los distintos usos, el concepto de calidad ecológica del agua de un río atiende precisamente a la consideración del río como ecosistema, y pretende medir su buen estado global -calidad de la estructura y funcionamiento de los ecosistemas acuáticos- bajo este punto de vista. Ello supone considerar conjuntamente una gran diversidad de aspectos como la vegetación riparia, los sedimentos, las comunidades animales y vegetales existentes, el oxígeno disuelto, la concentra ción de sustancias tóxicas y peligrosas en el agua, sedi mentos y biota, etc. (MIMAM [1998c] pp.33-35). Así, para alcanzar el buen estado ecológico es necesa rio tanto la supresión de la polución perjudicial (man tener niveles reducidos y admisibles de contaminación química), como el mantenimiento de los necesarios flujos hídricos (caudales mínimos) y demás condicio nes para la preservación de los ecosistemas fluviales. Como cabe esperar, la concreta cuantificación de la calidad ecológica, así concebida, presenta una gran complejidad y una amplísima casuística, englobando a otras tipificaciones previas, y pudiendo verse afectada prácticamente por cualquier actuación sobre el medio hídrico (régimen de vertidos, derivaciones para los distintos usos, obras hidráulicas, etc.). Desde el punto de vista normativo, tras constatar el hecho antes señalado de mejora físico-química pero no ambiental de algunos ríos europeos, en 1994 se propuso un borrador de Directiva de calidad ecológica de las aguas (94/C222/06), tras cuyo proceso de dis cusión se produjo un replanteamiento del enfoque regulatorio de la política de aguas en la Unión Europea. Tal replanteamiento dio lugar, en 1997, a la propuesta de Directiva Marco de aguas, a la que nos referimos en otras secciones de este Libro, y que incluye, entre otras cuestiones, esta idea de la calidad ecológica. Anticipándose a la aprobación de la Directiva, la reciente reforma de la Ley de Aguas española ha incorporado el concepto de buen estado ecológico del dominio público hidráulico como el pri mer objetivo de la planificación hidrológica. En cuanto a los procedimientos para su aplicación práctica, distintos estudios realizados han mostrado que, como consecuencia de la complejidad y enorme diversidad de situaciones fluviales existentes en el ámbito de la Unión Europea, existen serias limitacio nes a la hora de determinar criterios y técnicas com parables y admisibles en todo el conjunto de los países que la integran -inicialmente destinatarios de estas 219 Libro Blanco del Agua en España normas-, por lo que se ha convenido en reconocer que falta mucho trabajo por desarrollar antes de disponer de especificaciones técnicas viables y adecuadas para el control de la calidad ecológica de las aguas superfi ciales en el conjunto de países afectados, y se requie re de estudios detallados que permitan fijar metodolo gías técnicas de determinación del estado ecológico en distintos países con condiciones muy heterogéneas, y posibiliten la comparación de las medidas similares y ya existentes en el ámbito de la Unión. Pese a estas dificultades prácticas, que deberán irse superando en el futuro inmediato, en nuestro país se han realizado ya interesantes experiencias de tipifica ción y determinación del estado ecológico de algunos ríos. Es el caso de los trabajos de control anual de la calidad de los ríos en el País Vasco (Gobierno Vasco [1995]), o de los llevados a cabo en algunos ríos de Cataluña (Munné el al. [1998]; Prat [1998]), experien cias que deberán intensificarse tras la obligada vincu lación formal de estos conceptos con las determina ciones de la planificación hidrológica. 3.2.4.2. Situación de la depuración de vertidos industriales En el artículo 92 de la Ley de Aguas se especifica que toda actividad susceptible de provocar la contamina ción o degradación del Dominio Público Hidráuli co...requiere autorización administrativa, cuya tramita ción y contenido se detalla en los artículos 245 al 252 del RDPH. Se consideran vertidos obligados a tramitar la correspondiente autorización tanto los directos a cau ces como los que se realizan indirectamente a través de la red de alcantarillado de los municipios. Esta autorización administrativa se refiere también a aquellos vertidos que pueden afectar a las aguas sub terráneas, sobre los que la legislación es más estricta en cumplimiento de la Directiva 80/68, relativa a la protección de las aguas subterráneas contra la conta minación, que obliga a que todos estos vertidos cuen ten con un estudio hidrogeológico, que para su tra mitación se requiera un informe preceptivo del ITGE y que en ningún caso contengan sustancias peligro sas de la lista I. Esta lista I incluye aquellas sustan cias tóxicas consideradas de más alta peligrosidad por la Unión Europea y que vienen definidas en la Directiva 76/464 relativa a la contaminación por sus tancias tóxicas y peligrosas. En España existen más de 300.000 vertidos a cauces superficiales, de los que la mayoría (el 80%, es decir, unos 240.000) tiene el carácter de vertidos indirectos, es decir, vierten a azarbes, alcantarillado, canales de desagüe o pluviales, que finalmente deben desaguar a un cauce, previo el necesario tratamiento depurador en las instalaciones municipales de saneamiento. De los 60.000 vertidos directos existentes (realizados directa mente a un curso de aguas o canal de riego), unos 10.000 corresponden a vertidos municipales, que se encuentran reglamentados por la Directiva 91/271/CEE, relativa a la depuración de aguas resi duales urbanas, alrededor de unos 40.000 vertidos corresponden a la ganadería estabulada o semiestabu lada y finalmente unos 10.000 vertidos directos tienen el carácter de efluentes industriales. Con anterioridad a la entrada en vigor del Real Decreto de Regularización de Vertidos y según un estudio realizado durante el año 1994, tan sólo el 5% de las empresas poseían una autorización definitiva y un 18% poseían una autorización provisional al ampa ro de la Orden Ministerial de 23 de diciembre de 1986. Cabe señalar al respecto que la mayoría de las grandes empresas, y por tanto los mayores vertidos, poseen algún tipo de autorización y vierten, en numerosas ocasiones, tras haber recibido los efluentes algún tipo de tratamiento depurador, por lo que el porcentaje de la carga contaminante autorizada resulta mayor. En general, las autorizaciones de vertido concedidas a las industrias se otorgan en función de los criterios establecidos en la tabla del Anexo al Título IV del RDPH, en la que se clasifican los vertidos en tres cate gorías según sea la intensidad del tratamiento depura dor y de acuerdo con las cuales se imputa el corres pondiente canon de vertido. Hay que destacar que estas tablas tienen como misión imponer el canon de vertido en relación con las limitaciones de las emisio nes según se caracterice el vertido. Pero éstas no son las únicas limitaciones con las que deben contar las autorizaciones de vertido, ya que tanto los vertidos directos como los indirectos deberán respetar los lími tes que marcan las Directivas de desarrollo de la 76/464/CE, relativa a la contaminación por sustancias tóxicas y peligrosas (lista I), y los límites de emisión y los objetivos de calidad que se incluyen en los Programas de Reducción de la Contaminación de Sustancias de la lista II, en desarrollo del artículo 7 de la Directiva 76/464, así como todos aquellos límites que marquen otras Directivas y que impongan los pro pios objetivos de calidad. La depuración de los vertidos industriales se puede considerar no del todo satisfactoria con carácter gene ral, ya que existen numerosos vertidos sin autorizar, y un gran número de sustancias no están sujetas a regu laciones individuales y específicas según sectores industriales y según empresas concretas. Los vertidos directos poseen un nivel de control más exhaustivo que los vertidos indirectos, pero también es verdad 220 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles que aquéllos suelen poseer los caudales y las cargas contaminantes más elevadas. Por ejemplo, en la indus tria química tan solo un 35% de las empresas vierten directamente a los cauces, pero sus vertidos suponen un 85% de las cargas contaminantes totales del sector. Las medidas a adoptar para limitar la contaminación deberían basarse en las mejores técnicas disponibles a costo razonable, dentro de las recomendaciones del V Programa Ambiental de la Unión Europea, del conte nido de la Directiva 96/61/CEE, relativa a la preven ción y al control integrado de la contaminación, y de la próxima Directiva Marco de la Política de las Aguas (COM(98) 76 final), a las que nos referiremos especí ficamente al exponer la situación actual y los princi pios de la política de aguas europea. En tal sentido, cabe mencionar que la minimización de la contaminación engloba múltiples prácticas, dentro de las cuales la depuración final de efluentes constitu ye sólo una alternativa más dentro de una concepción global del proceso industrial en relación con la conta minación. Es decir, existen toda una serie de actuacio nes diferentes de la propia depuración que están lla madas a adquirir cada vez más relevancia: mejoras de los procesos productivos, reducción de materias pri mas y de productos finales, modificaciones tecnológi cas más eficientes energética y ambientalmente, reci clado y recuperación de materiales y de aguas de pro ceso y de refrigeración, supresión de fugas y derra mes, sustitución de reactivos y de disolventes, etc. En lo que se refiere a los vertidos indirectos, es decir, los que se producen en los colectores urbanos, la Administración Local tiene encomendada, en la mayo ría de los casos, su gestión y la concesión de las auto rizaciones correspondientes. Según se especificaba en la Orden Ministerial de 23 de Diciembre de 1986, las Confederaciones Hidrográficas vigilarán el cumpli miento de los Planes de Reducción de la contamina ción a las salidas de las depuradoras municipales y comprobarán que los límites de emisión y los objeti vos de calidad se atienen a la legislación. Por otra parte, la Directiva 91/271 imponía a los Estados miembros obligaciones en relación con la regulación de vertidos industriales a colectores antes del 31 de diciembre de 1993, existiendo, como consecuencia de todo ello, una desigual normativa al respecto, con el resultado de posible impunidad de los causantes de vertidos prohibidos y ausencia de mecanismos admi nistrativos de registro y autorización de los vertidos indirectos. La clarificación normativa y la adecuada coordinación entre ambas Administraciones resulta esencial a estos efectos. 3.2.4.3. Contaminación difusa La mayor parte de la contaminación difusa de las aguas superficiales está relacionada con toda una serie de acti vidades, eminentemente agrícolas y ganaderas, que se desarrollan sobre grandes extensiones del territorio, y que provocan la contaminación de estas aguas superfi ciales por medio de la escorrentía que fluye por su superficie y que arrastra y disuelve las sustancias que han sido depositadas sobre el suelo. Las sustancias más comunes que se encuentran en las aguas en relación con esta contaminación difusa pertenecen al grupo de los fertilizantes y de los fitosanitarios, empleados en la agri cultura, al de la materia orgánica y las sustancias tóxicas, ligadas a las actividades ganaderas y a los vertederos urbanos o a determinadas actividades industriales. La contaminación difusa tiende a adquirir cada vez mayor importancia en la degradación de los recursos hídricos, ya que cuanto mayor sea el grado de depu ración y de limitación de los vertidos puntuales, mayor será el incremento que del total de la contami nación supondrán todos los vertidos de carácter dis tribuido o difuso. A modo de ejemplo, se estima que la aportación de nitrógeno de origen difuso en la cuenca del Duero representa aproximadamente el 80% de la aportación total de nitrógeno de la cuenca. En las cuencas del Tajo y del Guadiana la contami nación de origen difuso representa casi la mitad de los aportes totales de nitrógeno. La contaminación por nitratos se describe con más detenimiento en el epígrafe dedicado a la contamina ción de las aguas subterráneas. La presencia de fitosa nitarios en aguas superficiales no ha sido aún sufi cientemente estudiada. La red COCA no analiza la exis tencia de plaguicidas en el agua, por lo que resulta casi imposible, con carácter general, evaluar su presencia y su influencia sobre la calidad del recurso. Algunas de las posibles estipulaciones de la propuesta de nueva Directiva sobre aguas potables incluyen un control más exhaustivo y unas limitaciones más exigentes para este tipo de contaminantes en las aguas destinadas al consu mo humano. Sí ha sido detectada su presencia, aunque no con demasiada representatividad, en algunas unida des hidrogeológicas a través de campañas puntuales cuyos resultados se sintetizan en otros epígrafes. En cuanto a la contaminación difusa generada por los vertederos urbanos y por los residuos tóxicos y peli grosos depositados sobre el terreno de manera incon trolada, en otros epígrafes se resaltan las importantes afecciones negativas que tales depósitos pueden supo ner para el estado de la calidad de las aguas (muy específicamente, para las subterráneas). 221 Libro Blanco del Agua en España Hay que señalar que existe un importante déficit en lo que se refiere a los estudios que determinen de manera clara la componente difusa de la contaminación de las aguas superficiales españolas. Resulta claro que las bajas calidades detectadas en el agua durante muchos fenómenos de crecidas y fuertes lluvias se deben a la remoción de contaminantes depositados sobre el suelo previamente y que se movilizan precisamente durante estos cortos períodos de tiempo provocando puntas de polución e importantes episodios de contaminación. La limitación de la contaminación difusa sólo puede lograrse mediante medidas preventivas tales como la limitación de la aplicación de fertilizantes y plaguici das, la limitación en la aplicación de estiércol, y la ordenación de los vertederos en aquellas zonas que presenten un potencial importante de contaminación difusa. De este tipo son las medidas que propone la Directiva 91/676, relativa a la protección de las aguas contra la contaminación producida por nitratos de ori gen agrícola, que fue transpuesta por Real Decreto 261/1996 de 16 de Febrero. Asimismo, puede resultar necesario declarar áreas de protección en zonas vertientes a los embalses, de forma que se impida, además de la eutrofización, la posibili dad de episodios de contaminación microbiológica que no han podido detenerse con los tratamientos conven cionales previstos para aguas de calidad A2 y A3. Es el caso, por ejemplo, de los protozoos Giardia y Criptosporidium debidos a los arrastres de excrementos en zonas de pasto de ganado vacuno (Torobin, 1998). 3.2.4.4. Contaminación térmica La contaminación térmica hace referencia a los cam bios excesivos en la temperatura de medios acuáticos, debidos a la actividad humana, que modifican en el agua algunas reacciones bioquímicas y ocasionan cambios físicos o químicos. La mayoría de los vertidos térmicos los originan las centrales térmicas, pero también pueden ocasionarlos los sistemas de aire acondicionado y refrigeración, industrias papeleras, siderúrgicas, del caucho, petro químicas, plantas de licuefacción de gases y desalado ras de agua del mar. El calor desprendido es función del rendimiento térmico (en las centrales nucleares un 33% y en las de carbón, fuel, etc. un 40%). Más del 60% del calor producido es liberado al ambiente. El proceso de refrigeración emplea gran volumen de agua, que es vertida después a temperaturas superiores a las de toma. Bastantes centrales toman y vierten en el mar, pero muchas otras usan aguas continentales. En circuito abierto vierten directamente a un ecosiste ma acuático, y requieren caudales importantes; en cir cuito cerrado el agua es enfriada en torres de refrige ración, balsas, etc. y reutilizada en el proceso. 222 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 188. Mapa de situación y características principales de las centrales térmicas convencionales y nucleares Los vertidos térmicos alteran en el agua la viscosidad, la tasa de evaporación, el punto de saturación de sóli dos y gases disueltos, etc. afectando al metabolismo, crecimiento y reproducción de las comunidades bióti cas y cambiando la dominancia hacia especies más termófilas. En macroinvertebrados y peces aumenta su crecimiento, pero también sus necesidades nutri cionales, condicionando la supervivencia y la migra ción de especies. En España, a partir de finales de los años cincuenta, se han ido construyendo numerosas centrales térmi cas convencionales y nucleares, tal y como se mues tra en el mapa adjunto (fig. 188). El RDPH establece un incremento térmico máximo de 3 ºC en los ríos, y una temperatura máxima de 30 ºC del vertido en lagos o embalses. El RAPAPH lo fija en 1,5 ºC en aguas salmonícolas, y en 3 ºC en aguas cipri nícolas, con valores máximos de 21,5 ºC y 28 ºC, res pectivamente. Añade que los Planes Hidrológicos marcarán objetivos de calidad no menos estrictos. En la tramitación de concesiones para refrigeración, si la potencia excede de 300 MW es preceptiva la evalua ción de impacto ambiental. Las centrales térmicas españolas que usan aguas conti nentales presentan una problemática muy variable, aun que con carácter general no suelen superar los límites antes mencionados debido a la instalación de torres de refrigeración (casos, p.e., de Zorita y Ascó). Algunas excepciones son la central de Aceca, con caudales altos de vertido a un medio ya muy alterado, o en menor medida, las de Garoña, Ascó y Puentes de García Rodríguez, porque vierten en masas de agua importan tes, o mantienen caudales efluentes algo inferiores. 3.2.4.5. Contaminación por sustancias tóxicas y peligrosas Este tipo de contaminación tiene un tratamiento espe cífico en la normativa comunitaria por medio de la Directiva 76/464/CEE, relativa a la contaminación del agua por sustancias tóxicas y peligrosas en cuyos ane jos se enumeran las sustancias, de origen eminente mente industrial y agrícola (fitosanitarios), que son consideradas altamente peligrosas en virtud de su bio acumulación, persistencia y toxicidad. Esta Directiva define dos listas, Lista I de sustancias sobre las que se deben tomar medidas para eliminar su presencia en las aguas, y Lista II de sustancias cuya contaminación en las aguas se debe reducir. Dentro de esta Lista II se incluyen todas las sustancias que, per teneciendo a las categorías de sustancias contempla das en la Lista I, no tengan determinados los límites de emisión y objetivos de calidad. En desarrollo de la mencionada Directiva, han sido publicadas un total de siete Directivas que especifican los objetivos de calidad y las normas de emisión, para tan solo 17 sustancias de entre todas las susceptibles de ser incluidas en la Lista I. La Directiva 82/176/CEE fija estos valores para los ver tidos de mercurio del sector de la electrólisis de los clo ruros alcalinos y la 84/156/CEE para el resto de insta laciones de tratamiento de mercurio; la 83/513/CEE para los vertidos de cadmio; la 84/491/CEE para los vertidos de hexaclorociclohexano; la 86/280/CEE para el DDT, pentaclorofenol y tetracloruro de carbono, la 88/347/CEE fija los valores para los vertidos de aldrin, dieldrin, isodrin, hexaclobenceno, hexaclorobutadieno y cloroformo y la 90/415/CEE los vertidos de 1,2 diclo roetano, tricloroetileno, tetracloroetileno y tricloroben ceno. Por otra parte, la legislación comunitaria obliga a que cada Estado miembro establezca unos programas de actuación para reducir la contaminación de sus aguas por sustancias de la Lista II y de aquellas sustancias de Lista I que no posean directivas específicas de desarro llo. Estos programas deben incluir los controles y limi taciones mediante normas de emisión de los menciona dos vertidos, así como los objetivos de calidad para las aguas receptoras, pudiendo incluir así mismo disposi ciones específicas relativas a la composición y el empleo de sustancias que tengan en cuenta los progre sos técnicos más recientes económicamente viables. En este sentido, en España se están llevando a cabo esfuerzos tanto para tener un mayor conocimiento de la problemática de nuestras aguas asociada a estas sus tancias, mediante su vigilancia y control, como para desarrollar los Programas de Actuación tendentes a reducir la contaminación producida por estas sustan cias, tal como obliga el artículo 7 de la Directiva. Así, se están actualizando los inventarios de vertidos de estas sustancias y estableciendo redes de control de agua, sedimentos y biota en varias cuencas hidrográficas. En cuanto a los Programas de reducción, las actuacio nes se están desarrollando a dos niveles, por una parte se están realizando los Programas de Actuación en industrias para eliminar y reducir la contaminación pro ducida por estas sustancias tanto en aguas superficiales como subterráneas, y por otra parte se están haciendo esfuerzos para llegar a programas sectoriales de reduc ción de la contaminación y regularización de vertidos. En este sentido se están haciendo negociaciones para elaborar Planes Sectoriales de Regularización de Vertido (contemplados en el R.D. 484/95) establecien do valores límite de emisión homogéneos para los ver tidos del sector del papel, pasta y cartón. 223 Libro Blanco del Agua en España No obstante, la Directiva 76/464 tiende a desaparecer con la aprobación de la actual Directiva Marco, que establece en su artículo 21 que la Comisión debe defi nir una lista de sustancias prioritarias en sustitución de las actuales Lista I y II. Están en marcha los trabajos para definir esta Lista de sustancias prioritarias que va a ser común para todos los países de la Unión Europea. 3.2.4.6. Vertederos de residuos sólidos La contaminación de los recursos hídricos, subterrá neos o superficiales, por medio de vertidos al suelo, queda regulada por la Ley de Aguas en el artículo 84b, en el que se impone como objetivo de la protec ción del Dominio Público Hidráulico impedir la acu mulación de compuestos tóxicos y peligrosos en el subsuelo, capaces de contaminar las aguas subterrá neas; en el artículo 89.b, por el que se prohibe, con carácter general, acumular residuos sólidos, escom bros o sustancias, cualquiera que sea su naturaleza y el lugar en que se depositen, que constituyan o pue dan constituir un peligro de contaminación de las aguas o de degradación de su entorno; y en los artí culos 40.g y 40.i en los que se definen los contenidos de los Planes Hidrológicos de cuenca y se obliga a que contengan los perímetros de protección y las medidas para la conservación y la recuperación del recurso y el entorno afectado, así como las directri ces para la protección de los acuíferos. El ordenamiento jurídico español aborda separada mente los residuos sólidos de origen urbano (Ley 42/1975 de 19 de Noviembre y Real Decreto Legislativo 1.163/1986) y los que son productos de la actividad industrial y tienen la consideración de peli grosos (Ley 20/1986 de 14 de Mayo, Reglamento R.D. 833/1988 de 20 de Julio). Sea cual fuere su ori gen, los residuos sólidos, a menos que sean adecua damente recogidos, tratados y eliminados, pueden dar lugar a serios problemas sanitarios y ambientales (contaminación de aire, agua y suelo) así como a ele vados costes económicos y sociales (MIMAM [1998d]; CEDEX [1998e]). Se ha comprobado que aproximadamente la mitad de los residuos urbanos se componen de materia orgáni ca y que aproximadamente el 20% de los mismos lo constituye papel y cartón. España genera un prome dio de 1 kg de residuos sólidos urbanos por persona y día. En lo que se refiere al tratamiento, aproxima damente el 14% se emplea como compost, el 64% se deposita en vertederos controlados y el 18% lo cons tituyen vertidos incontrolados. Existe una gran cantidad de residuos sólidos urbanos que son depositados sobre el terreno sin ningún tipo de tratamiento y de manera incontrolada, lo que repre senta un peligro grave de contaminación en los suelos y acuíferos en los que exista un cierto grado de vulne rabilidad. Aproximadamente, el 28% del territorio presenta un alto riesgo frente a la contaminación deri vada del vertido de residuos sólidos, en particular más de la tercera parte de la superficie de Aragón, Baleares, Valencia y Madrid poseen estas caracterís ticas. Se supera el 30% en las cuencas del Júcar, Segura, Ebro y Sur, Islas Baleares (84%) e Islas Canarias. Hay que resaltar que en la actualidad se está acometiendo el sellado sistemático de vertederos en varias Comunidades Autónomas. En relación con los residuos tóxicos y peligrosos, la aplicación de la Ley 20/1986, de 14 de Mayo, básica de residuos tóxicos y peligrosos, excluye de su ámbi to de aplicación “los efluentes cuyo vertido al alcanta rillado, a los cursos de agua o al mar esté regulado por la normativa vigente”, pero impone que en las opera ciones de gestión de los residuos se evite trasladar la contaminación o el deterioro ambiental a otro medio receptor, lo cual es aplicable a los vertederos o depó sitos que contengan residuos catalogados como tales. Las industrias que producen residuos tóxicos y peligro sos son muy variadas, pero puede asegurarse que entre la industria química (33%), la fabricación de automóvi les (11%), la fabricación de productos metálicos (10%), la industria de la alimentación (8%) y la industria pape lera (8%) suman más del 70% de la producción total. El Plan Nacional de Recuperación de Suelos Contaminados (1995-2005), aprobado por el Consejo de Ministros el 17 de febrero de 1995 (MOPTMA, 1995b) destaca la importancia que adquiere la existen cia de 4.532 emplazamientos identificados como poten cialmente contaminados por el tipo, concentración de contaminantes y potencial de dispersión de los mismos, el sistema biofísico y antrópico en el que se encuentran y por la vulnerabilidad que presentan estos medios. De los 259 emplazamientos que han sido caracteriza dos y estudiados con mayor profundidad en una pri mera fase (en una segunda fase se han caracterizado otros 120 emplazamientos) se desprende que el riesgo de contaminación de las aguas subterráneas es alto en el 60% de los emplazamientos, ya que se sitúan en terrenos de permeabilidad media o alta y figuran contaminantes con elevado grado de toxicidad, tales como metales pesados (arsénico y mercurio), aceites minerales, hidrocarburos, fenoles, lindano, DDT (Diclorodifenilo de Tricloroetano, pesticida muy utili zado en el pasado y hoy prohibido en gran número de países por su gran toxicidad), PCB (Bifenilos 224 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Policlorados, familia de compuestos muy tóxicos, per sistentes y poco degradables, que entran en la formu lación de pesticidas, pinturas, tintas, etc. y que han constituido un componente importante de los transfor madores eléctricos), etc. El posible grado de afección a las aguas superficiales también puede estimarse igualmente alto ya que casi el 50% de los mismos se encuentran a menos de 50 metros del cauce. Hay que destacar que 61 de estos emplazamientos se consideran de prioridad alta por la grave afección a las aguas subterráneas, su inminente reclasificación urbanística, la especial peligrosidad de los contami nantes presentes en ellos, su proximidad a cascos urbanos o por tratarse de zonas de Dominio Público Hidráulico o de servidumbre hidráulica. Estos empla zamientos de mayor riesgo afectan a unos 38 millones de m3 de suelo y a unos 9 hm3 de aguas subterráneas. El mapa de la figura 189 muestra, junto con las uni dades hidrogeológicas, los suelos contaminados por sustancias de mayor riesgo, según el citado Plan. 3.2.4.7. Contaminación radiológica La presencia de radionucleidos en el agua puede tener un origen natural o artificial. En el primer grupo se engloba la radiación procedente del espacio exterior, radiación cósmica, y la radiación procedente de ele mentos radiactivos naturales presentes en el suelo y en las rocas, asociadas sobre todo a formaciones graníti cas y a las formaciones sedimentarias a las que las mis mas dan lugar. El proyecto MARNA (Mapa de Radiación Natural de España, proyecto de I+D desa rrollado por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) y la Empresa Nacional de Uranio S.A. (ENUSA)) tiene como objetivo elaborar un mapa de radiactividad natu ral de la España peninsular con los datos de más de 30 años de campañas de muestreo en las que se midió la radiación gamma, la cual ofrece valores comprendidos entre 1 mR/h y 30 mR/h, siendo la media del territorio nacional de unos 9 mR/h. Dentro del segundo grupo, la posible radiación artificial inducida en el agua puede proceder de las centrales nucleares, la minería de ura nio, el almacenamiento de residuos nucleares, las apli caciones médicas y las aplicaciones industriales. La evaluación de la posible contaminación radiactiva de las aguas adquiere una gran importancia ya que puede influir tanto en las funciones ecológicas del medio receptor como en la salud de aquellas personas que se encuentren expuestas a esta fuente potencial de radiación. La presencia efectiva de radioisótopos en el agua depende no sólo de las fuentes naturales o artifi ciales de posible emisión, sino también de una serie de características del medio físico y biológico, de tal modo que una parte no despreciable de la contamina ción radiactiva se acumula en las cadenas tróficas y en 225 Libro Blanco del Agua en España Figura 189. Mapa de suelos contaminados por sustancias tóxicas y peligrosas de mayor riesgo los sedimentos. Por ello, la correcta caracterización de esta peculiar forma de contaminación no sólo queda determinada por los análisis en el agua sino que debe ser complementada con el estudio de la fauna y de la flora acuática (bioindicadores) y de los sedimentos flu viales, y así se hace, en efecto, en los entornos de todas las instalaciones nucleares, en los que se vigila sistemá ticamente el agua, los sedimentos de fondo, los sedi mentos de orilla, peces, organismos indicadores, etc. La normativa sobre contaminación radiológica del agua en España se encuentra contenida, principalmente, en la Reglamentación Técnico-Sanitaria para el Abasteci miento y Control de la Calidad de las Aguas Potables de Consumo Humano (RD 1138/1990), en la que se fijan, en su anexo G, unos índices de actividad alfa global de 0,1 Bq/l (el Becquerel Bq es la unidad de actividad en el sistema internacional), y de actividad beta global de 1,0 Bq/l, que no deberían sobrepasarse. Asimismo la Guía de Seguridad 7.7 (Rev.1) del CSN establece que para el caso específico del Tritio, el valor de concentración de actividad correspondiente al nivel de investigación (situación en que la ingestión continuada de agua de bebida pudiera dar lugar a una dosis igual o superior a 0,05 mSv/año, debiéndose proceder a la investigación del origen de los radioisó topos presentes en el agua) es de 4.000 Bq/l. Por otra parte, la nueva directiva de agua potable 98/83 CE incluye la radioactividad dentro de los parámetros indicadores, proponiéndose como pará metro indicador 100 Bq/l de H-3. Debe indicarse que estas normas (RD1138/1990 y Guía 7.7) sólo son aplicables a las aguas potables, y no, en consecuencia, a las naturales superficiales o subterrá neas previamente a su proceso de potabilización. Hecha esta salvedad, de las muestras tomadas en la Red Nacional de Vigilancia Radiológica desde el año 1978, en sus aproximadamente 100 puntos de mues treo, se pueden resumir las siguientes conclusiones, que reflejan las características geográficas y edafoló gicas de los suelos por donde discurren las aguas y la influencia de los vertidos urbanos e instalaciones nucleares (ver figura 190). En la cuenca del Duero existen dos instalaciones nucleares con vertidos radiológicos, la fábrica de Juzbado, en el río Tormes, y las minas de uranio de Saelices, en el río Águeda. Los niveles de radiactivi dad detectados en Vega de Terrón, frontera con Portugal, indican que la influencia de dichas instala ciones no es significativa. En la cuenca del Tajo existen tres instalaciones nucle ares, las centrales de Trillo, Zorita y Almaraz, además de los aportes radiológicos urbanos de Madrid, cau santes en su conjunto de apreciables concentraciones de tritio (la Guía de Seguridad nº.77 Rev.1, sobre Control Radiológico del Agua de Bebida, establece 226 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 190. Mapa de situación radiológica de las aguas que para el caso específico del tritio, radionucleido de muy baja toxicidad, el valor de concentración de acti vidad correspondiente al nivel de investigación es de 4.000 Bq/l). Se observa también una actividad alfa global superior a 0,1 Bq/l en el tramo entre Aranjuez y Valdecañas, cuyo origen se encuentra en los uranios naturales erosionados en los terrenos de la cuenca de recepción y en los vertidos urbanos. Parece advertirse la influencia radiológica de la cen tral de Trillo sobre las aguas del trasvase Tajo Segura, y en el embalse de Alarcón se obtienen los valores medios de tritio en torno a los 15 Bq/l, que descienden a 8 Bq/l antes de su confluencia con el río Mundo. Finalmente, en el río Llobregat los índices de activi dad beta total presentan unos valores altos debido a las aportaciones de sal a su paso por la cuenca mine ra de la zona. La figura 191 muestra la evolución desde el año 90 de la actividad alfa total en algunos de los puntos mencionados, pudiendo apreciarse la ausencia de tendencias crecientes ni decrecientes claramente identificables. Es interesante constatar que en los últimos 20 años de funcionamiento de la Red Nacional de Vigilancia Radiológica nunca se han detectado isótopos artificia les emisores gamma por encima de sus correspon dientes límites inferiores de detección. Hay que indicar asimismo que las concentraciones radiactivas detectadas sólo podrían suponer un riesgo para la salud, derivado de su consumo, si efectivamen te tales aguas fueran utilizadas como aguas potables en algún abastecimiento urbano. En general, no son utilizadas con este fin en los tramos estudiados y, por otra parte, los análisis efectuados se han realizado directamente en los cauces fluviales, y no en las aguas que finalmente llegan a los hogares, ya potabilizadas, cuya analítica y competencia corresponde a las Comunidades Autónomas. También convendría precisar un punto de gran interés a la hora de valorar los datos anteriores. El riesgo para la salud puede diagnosticarse cuando se encuentra “asociado a un potencial de dosis equivalente efectiva comprometida de 1 mSv/año” (el Sievert Sv es la uni dad de dosis equivalente en el sistema internacional). Es decir, la gravedad de la exposición depende no sólo de la magnitud de la dosis sino también del tiempo de exposición. El CSN recomienda que sólo en los casos en los que se supere la dosis antes mencionada los poderes públi cos deberán actuar en consecuencia (Nivel de actua ción). Como bien advierte el CSN, el riesgo para la salud derivado de la ingesta de agua en la que se ha detectado cierta radiactividad no supone por sí sola riesgo para la salud, incluso si se han superado los valores de emisiones alfa y beta que recomienda la Reglamentación Técnica Sanitaria. En estos casos habría que estudiar detenidamente las muestras de agua y analizar y comprobar que el conjunto de cier tos isótopos radiactivos supera unas determinadas can tidades prefijadas (CSN, 1994). 227 Libro Blanco del Agua en España Figura 191. Actividad alfa total en algunos puntos de las cuencas del Tajo, Duero y Ebro 0 0,1 0,2 0,3 0,4 0,5 0,6 0,7 0,8 d ic 8 9 m ay 9 0 oc t 90 m ar 9 1 ju l 91 d ic 9 1 m ay 9 2 oc t 92 m ar 9 3 ag o 93 en e 94 ju n 9 4 n ov 9 4 ab r 95 se p 9 5 fe b 96 ju l 96 d ic 9 6 Ebro en Cherta (AEB07) Tajo en Toledo (ATA 449) Duero en Saelices (CDU11) 3.2.5. La Contaminación de masas de agua 3.2.5.1. Introducción La contaminación de las masas de agua continentales (embalses, lagos y lagunas) tiene dos fuentes principa les. Por un lado, la descarga de las aguas residuales urba nas y agrícolas, y por otro la de los vertidos industriales. La primera de las fuentes es, básicamente, de tipo orgánico, y su tratamiento es relativamente fácil por ser biodegradable en plazo breve, aunque la masiva utilización de detergentes complica mucho los proce sos de tratamiento. La segunda fuente de contamina ción está constituida en gran proporción por productos químicos, muchos de ellos tóxicos, como fenoles, dio xinas, metales pesados, además de hidrocarburos, sus tancias radiactivas, etc., más difíciles de degradar que los contenidos en las aguas residuales urbanas. El conocimiento del nivel de contaminación de estas masas de agua es relativamente aceptable, aunque existen algunos problemas puntuales mal conocidos, y con datos no actualizados. A continuación se describe con mayor detalle el proble ma concreto de la eutrofización de lagos y embalses. 3.2.5.2. Eutrofización de lagos y embalses La eutrofización es un proceso complejo de fertiliza ción de las aguas naturales con sustancias nutritivas, especialmente nitrógeno y fósforo, en forma asimila ble por la vegetación acuática, que origina un aumen to de la población de algas, un incremento de la pro ductividad en todos los niveles de la cadena alimenta ria y un empeoramiento de las características físico químicas iniciales del agua. Aunque puede darse de forma natural, suelen ser las actividades humanas las principales causantes de este fenómeno. Los lagos y embalses se suelen clasificar en eutrófi cos, mesotróficos y oligotróficos, de acuerdo con la capacidad de los mismos para producir una biomasa vegetal más o menos abundante. Los eutróficos se caracterizan por tener una elevada pro ductividad primaria y una gran concentración de nutrientes. Por regla general, son poco profundos, tur bios en verano por efecto del fitoplancton, y con bajas concentraciones de oxígeno disuelto en el fondo con ten dencia a la anoxia durante el periodo de estratificación. Los oligotróficos tienen un contenido bajo en nutrientes, son poco productivos, transparentes, pro fundos y con una elevada concentración de oxígeno disuelto en el hipolimnion. Los mesotróficos ocupan una posición intermedia entre ambos. De acuerdo con los criterios de la OCDE (1982) pue den introducirse dos nuevas categorías tróficas: ultra oligotrófico e hipereutrófico, tal y como muestra la tabla 56. En España, el problema de la eutrofización en embal ses ha sido más estudiado, sobre todo en lo que a número se refiere, que la de lagos y lagunas (Margalef et al, 1976). Para la determinación del grado trófico de los embal ses españoles se ha recogido información de los reco nocimientos limnológicos efectuados por el CEDEX para la DGOHCA (1990-1997), y la información obte nida a partir de las imágenes del sensor Thematic Mapper del satélite Landsat-5 en los trabajos sobre teledetección en las cuencas del Ebro (1990), Guadiana (1991), Tajo (1992) y Duero (1992), tam bién realizados por el CEDEX para la DGOHCA. Asimismo, con objeto de actualizar la información existente sobre eutrofización, se ha completado con la procedente de Confederaciones Hidrográficas, Diputación Foral de Guipuzcoa, Mancomunidad de Aguas de Añarbe, Consorcio de Aguas de Bilbao, empresas municipales y Universidades. 228 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Categoría trófica Clorofila media Clorofila máxima Fósforo total Media de Secchi Mínimo de Secchi Ultraoligotrófico < 1,0 < 2,5 < 4,0 > 12,0 > 6,0 Oligotrófico < 2,5 < 8,0 < 10,0 > 6,0 > 3,0 Mesotrófico 2,5 - 8 8 – 25 10 – 35 6 - 3 3 - 1,5 Eutrófico 8 – 25 25 – 75 35 – 100 3 - 1,5 1,5 - 0,7 Hipereutrófico > 25 > 75 > 100 < 1,5 < 0,7 Cl. media = media anual de la concentración de clorofila a en aguas superficiales (µg/m3) Cl. máxima = pico anual de la concentración de clorofila a en aguas superficiales (µg/m3) Fósforo total = media anual de concentración de fósforo total en el agua (µg/l) Media de Secchi = media anual de transparencia de la profundidad de Secchi (m) Mínimo de Secchi = mínimo anual de transparencia de la profundidad de Secchi (m) Tabla 56. Valores límites para un sistema de clasificación trófica En la f igura 192 se muestra una de las imágenes citadas, correspondiente a la cuenca ve rtiente al embalse de To rre de Abraham en la cuenca del G u a d i a n a . El volumen total de embalse del que se ha recabado información asciende a 49.684 hm3, lo que representa más del 90% del total existente, por lo que cabe con siderarlo como totalmente representativo. En la figura 193se representan las proporciones de los volúmenes de agua degradados (eutróficos o hipereutró ficos) respecto a los volúmenes totales existentes en cada ámbito de planificación, y el porcentaje medio global (casi un 50%), en el supuesto de que el estado trófico se mantuviera a máximo embalse. Como puede verse, las cuencas que presentan las aguas almacenadas en los embalses en peor estado son 229 Libro Blanco del Agua en España Figura 192. Imagen del grado trófico del embalse de Torre de Abraham en la cuenca del Guadiana obtenida mediante teledetección. Figura 193. Volumen degradado con respecto a la capacidad total de embalse por ámbitos de planificación 0 10 20 30 40 50 60 70 80 las del Tajo (68%), Internas de Cataluña (67%), Galicia Costa (64%) y Duero (57%), lo que lleva a que casi la mitad (el 48 %) del volumen total de los embalses españoles se encuentre en un estado avan zado de eutrofización. Aunque la cifra del 48% del volumen embalsado pueda en principio parecer elevada, no lo es tanto en realidad ya que la consideración del agua eutrófica como mala o la de oligotrófica como buena depende del uso que se haga de ella y, por tanto, los objetivos de calidad deberán establecerse en función de la fina lidad a que se destine el agua. Así, un embalse para abastecimiento debería tener una calidad tal que pudiera tratarse con métodos convencionales de bajo coste, y del volumen total del agua degradada sola mente se emplea un 14 % para abastecimiento. En el mapa de la figura 194 se representa el grado tró fico actual de los embalses mayores de 10 hm3. Se observa que los embalses más eutróficos están situa dos en los tramos bajos de los ríos principales, des pués de su paso por las grandes áreas urbanas. Otros están dominados por cuencas con población, agricul tura y ganadería importantes. Los oligotróficos, por el contrario, se sitúan principalmente en las cabeceras de los ríos, en zonas despobladas, frías y cubiertas de una vegetación densa. 3.2.6. La contaminación de las aguas subterráneas La calidad natural de las aguas subterráneas, entendien do como tal su composición original, es producto de la interacción del agua de infiltración y los materiales con los que entra en contacto durante el ciclo hidrológico. Determinados factores externos, principalmente de ori gen antrópico, pueden provocar alteraciones en dicha composición al introducir sustancias ajenas suscepti bles de modificar su naturaleza original. Las aguas de mejor calidad química son las proceden tes de las formaciones carbonatadas. En general, son aptas para todos los usos, con bajos contenidos salinos y suelen presentar mineralizaciones ligeras o medias. Este tipo de aguas predominan en la cuencas del Norte, en las unidades de cabecera y borde septentrional de la cuenca del Duero, bordes de la Sierra del Guadarrama, en el Tajo, cuenca alta del Guadiana, unidades carbona tadas del Guadalquivir y Sur, sistemas interiores del Júcar, Ebro y Cuencas Internas de Cataluña. La variabilidad litológica de las formaciones detríticas da lugar a una amplia diversidad de tipos, desde aguas poco mineralizadas de buena calidad hasta aguas sali nas, de deficiente calificación para ciertos usos. El desa rrollo antrópico sobre estos acuíferos hace que en ellos sean más frecuentes los procesos de contaminación. Los 230 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 194. Mapa del estado trófico de los embalses mayores de 10 hm3 problemas de calidad más habituales en las aguas subte rráneas son la presencia de elevadas concentraciones de compuestos nitrogenados en las áreas de desarrollo agrí cola y de cloruros y sodio, asociados a la intrusión mari na en los acuíferos costeros (fig. 195). Los mecanismos por los que un agente contaminante puede alcanzar un acuífero y propagarse en él son múltiples y en ocasiones muy complejos. La contami nación de un acuífero desde la superficie del terreno se puede deber a los residuos sólidos o líquidos verti dos en cauces secos, a la existencia de vertederos incontrolados o a la acumulación de sustancias conta minantes en superficie. Si los residuos acumulados contienen material soluble, éste será lixiviado por el agua de lluvia y se infiltrará hasta la zona saturada, incorporándose al flujo subterráneo y pudiendo llegar, eventualmente, a las captaciones de aguas. La contaminación por actividades agrícolas se produ ce por la infiltración de aguas (lluvia o riego) que disuelven y arrastran abonos y pesticidas. La explota ción del acuífero conlleva el riesgo de utilización de aguas contaminadas, si se realiza sin las debidas pre cauciones, como ocurre en la contaminación por nitra tos que actualmente presentan algunas de las unidades hidrogeológicas, principalmente las situadas en el Levante español. Las aguas residuales domésticas pueden contaminar los acuíferos en los casos de utilización de fosas sép ticas, reciclado de efluentes y, en general, de sistemas de tratamiento de aguas residuales que utilizan la capacidad depuradora del terreno de manera incorrec ta, casi siempre por saturación de la misma. A pesar de los procesos de adsorción en el suelo y de atenuación de la contaminación que se producen en la zona no saturada, la infiltración de ciertas sustancias hasta el nivel freático puede constituir una amenaza real para las captaciones próximas (Candela y Varela, 1993). El embalsamiento superficial y la acumulación de residuos líquidos de diversa procedencia (balsas de evaporación o de concentración, balsas de infiltración de industrias o de estabulaciones ganaderas, etc.) depositados en excavaciones naturales o artificiales, incluso los vertederos poco o nada controlados, pue den provocar la contaminación de las aguas subterrá neas. Especial transcendencia reviste la situación en que el embalsamiento entra en contacto directo con la zona saturada (caso frecuente en graveras abandona das), por cuanto el contaminante encuentra entonces una vía de acceso directo hasta el acuífero. La conta minación del acuífero manchego por los residuos de las alcoholeras ejemplifica claramente este tipo de procesos. El vertido al terreno de las vinazas residua les de las alcoholeras ha dado lugar a un doble fenó meno de contaminación subterránea: del agua, por aporte de materia orgánica, potasio y otras sales; y de la zona no saturada, por emisión de metano por degra dación anaeróbica de la carga orgánica aportada. 231 Libro Blanco del Agua en España Figura 195. Mapa de la Red de control de la calidad de las aguas subterráneas y acuíferos que presentan intrusión marina Los pozos de inyección directa y la eliminación de aguas residuales industriales, de salmueras proceden tes de actividades mineras o de agua contaminada tér micamente en procesos de calefacción o refrigeración, constituyen una amenaza muy seria, probablemente la más directa, para la calidad de las aguas subterráneas, en particular cuando los pozos y sondeos destinados a este fin no están adecuadamente diseñados, construí dos, situados o manejados. La progresión de la intrusión salina por alteración del régimen de flujo como consecuencia del bombeo exce sivo en acuíferos costeros conectados hidráulicamente con el mar, o la ubicación inadecuada de las captaciones de bombeo en este tipo de acuíferos, provoca el avance de una cuña de agua salada, tierra adentro, al disminuir el flujo de agua dulce hacia el mar, lo que provoca gra ves problemas de contaminación en numerosas unidades hidrogeológicas de la costa mediterránea. 3.2.6.1. Problemas de contaminación detectados Se describen a continuación los factores, naturales o antrópicos, causantes de la alteración de la calidad de las aguas subterráneas, y los principales problemas detectados en España (v., p.e., informes ITGE; MIMAM [1996a]; MIMAM [1997a]. 3.2.6.1.1. Salinización El incremento en el contenido salino se traduce gene ralmente en altas concentraciones de sulfatos y clo ruros. Su origen puede ser debido a la influencia de los materiales por los que circula el agua (yesos o evaporitas), a la reutilización de aguas de riego, con sales añadidas en las actividades agrícolas a las que se suman las sales disueltas a partir del suelo, o a la intrusión marina, provocada por la invasión del agua de mar en los acuíferos costeros cuando se realizan bombeos excesivos. El mapa adjunto muestra, sobre las unidades hidroge ológicas, la red de control de calidad de las aguas sub terráneas y las zonas de riesgo de intrusión marina identificadas por el ITGE. En el Mediterráneo oriental la intrusión marina se pre senta de forma generalizada, y en algunos de sus acuí feros costeros (Plana de Vinaroz-Peñíscola y Plana de Oropesa-Torreblanca) los contenidos de cloruros superan los 500 mg/l permanentemente. Los acuíferos costeros del Sur peninsular presentan problemas loca lizados. En el litoral Atlántico-Sur ocurren procesos de intensa intrusión que entre los años 1990 y 1994 alcanzaron su punto de mayor intensidad. Las zonas que presentan un mayor riesgo son aquellas en las que la salinización afecta a toda la unidad hidro geológica (Intrusión marina general). En otros casos la contaminación salina es meramente local y afecta a zonas concretas muy próximas a los bombeos. En un punto intermedio se sitúa la intrusión marina zonal, que afecta a superficies mayores de acuífero, en las que sin embargo existen algunas zonas poco afectadas por la salinidad del mar. 3.2.6.1.2. Contaminación por nitratos El origen de este importante problema se atribuye a la agricultura (aplicación de fertilizantes) y a la ganadería, aunque en menor medida también los vertidos líquidos urbanos son fuente de compuestos nitrogenados, si bien sus consecuencias suelen ser más restringidas y locali zadas en el entorno próximo a los puntos de vertido. La contaminación por nitratos afecta de forma impor tante al litoral mediterráneo, y es especialmente acusa da en el Maresme, donde se llega a superar los 500 mg/l (la Reglamentación Técnico-Sanitaria obliga a que las aguas potables no superen los 50 mg/l), y en grandes áreas de las planas costeras del Júcar (Castellón y Valencia), donde se superan 100 mg/l. Entre las unida des interiores, la Llanura Manchega, el aluvial del Ebro y algunos sectores del valle del Guadalquivir (aluviales del Guadalquivir y Guadalete) son las más afectadas, con contenidos entre 50 y 100 mg/l de nitratos. De forma local la presencia de nitratos afecta a diversas áreas de las cuencas del Duero (región central del Duero, Esla-Valderaduey y Arenales), Tajo (La Alcarria, Tiétar y Ocaña), Sur (Campo de Níjar, Dalías y Fuente Piedra), y Segura (Campo de Cartagena, Guadalentín, y Vegas del Segura). En la figura 196 se muestran puntos de la red de con trol indicándose si el contenido de nitratos es mayor o menor de 50 mg/l. Como puede verse, el problema no es generalizado en todo país, pero la gravedad de la situación en algunas zonas, en las que se usan estas aguas con destino a abastecimientos, requiere de la mayor atención por parte de los usuarios y de las Administraciones públicas concurrentes. 3.2.6.1.3. Contaminación por metales pesados Los vertidos de efluentes derivados de actividades urba nas, mineras y, fundamentalmente, industriales provocan la presencia de metales pesados en las aguas subterráne as, que en ocasiones inciden en su calidad hasta el punto de que resultan no aptas para el consumo humano. El hierro, el manganeso y el aluminio, en particular los dos primeros, son los metales que aparecen con mayor frecuencia y en todos los ámbitos de planifica ción, en contenidos que exceden los límites permitidos por el Reglamento Técnico Sanitario (RTS). El origen 232 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles del problema está tal vez más relacionado con un efec to litológico que con un fenómeno contaminante. También otros metales de carácter más tóxico como cadmio, plomo, cobre, zinc, selenio, arsénico y cromo se han detectado con cierta frecuencia aunque de manera muy puntual, principalmente en algunas zonas de las cuencas del Tajo, Guadalquivir, Sur, Ebro y Cuencas Internas de Cataluña. 3.2.6.1.4. Contaminación por compuestos orgánicos La contaminación de las aguas subterráneas por com puestos orgánicos es un problema cuyo alcance toda vía no es bien conocido en nuestro país. El origen de este tipo de contaminación es diverso, aunque fre cuentemente está relacionado con la utilización inade cuada de productos fitosanitarios en agricultura. Cabe mencionar asimismo como fuentes contaminantes las fugas en depósitos y conducciones, la eliminación y vertido -urbano e industrial- de residuos que contienen disolventes, desengrasantes, conservantes, agentes de limpieza etc. y los vertederos de residuos sólidos. Durante la presente década, la DGOH y la DGCA y, posteriormente, la DGOHCA, establecieron convenios de colaboración con el CEDEX para el estudio de este tipo de contaminación de las aguas subterráneas, diri gido hasta 1995 a unidades hidrogeológicas detríticas y, más concretamente, a zonas de regadío. Los com puestos que se han detectado con mayor frecuencia en dichos estudios y en otros trabajos puntuales realiza dos por diversos organismos e investigadores pertene cen al grupo de organoclorados, entre los que destacan clorobencenos, cloroetanos, cloroetilenos, tetracloruro de carbono y hexaclorociclohexano. Es destacable la presencia, aunque en contenidos bajos, de una gran variedad de compuestos no desea bles en las aguas subterráneas de las cuencas del Duero y del Tajo. Conviene reseñar que en la práctica totalidad de los casos - en estos y en los restantantes ámbitos de planificación que a continuación se men cionan - los pozos afectados no se destinan al abaste cimiento de agua potable. La contaminación debida a la utilización de productos fitosanitarios ha ocasionado en la cuenca del Guadiana la acumulación de aldrín, DDT, HCH y atra zina en zonas regables de la Mancha Occidental, que en ocasiones exceden los límites máximos autoriados para aguas potables. En ocasiones, también se ha detectado la aparición de compuestos volátiles - tri y tetracloroetilenos, cloro bencenos y etilbenceno - en las aguas subterráneas de la cuenca del Guadalquivir, caso de la Depresión de Granada, Almonte-Marismas y Aluvial del Barbate. En estas unidades se ha detectado asimismo contami nación procedente de derivados del petróleo. También Figura 196. Mapa de puntos de la red de control con presencia de nitratos 233 Libro Blanco del Agua en España de forma generalizada aparecen contaminantes proce dentes de almazaras, refinado y envasado de aceites, tales como ácidos grasos y sus ésteres. En la depre sión de Baza están presentes, aunque en bajas concen traciones, compuestos organoclorados y organofosfo rados; en el aluvial del Guadalquivir se ha descrito la presencia de hexaclorociclohexano. La presencia de compuestos orgánicos ocasiona tam bién problemas de contaminación en numerosas uni dades detríticas de la cuenca del Júcar, en las que se han detectado ciertas sustancias en contenidos supe riores a los permitidos. En ocasiones el problema afec ta a aguas de abastecimiento a poblaciones. En las Planas de Sagunto y Valencia Sur y el Caroch Sur el dicloroetano alcanza puntualmente contenidos muy altos, del orden de 14.000, 13.000 y 17.000 ng/l, res pectivamente. En la Plana de Castellón se han identi ficado una serie de compuestos que sólo ligeramente y de forma puntual superan los límites máximos esta blecidos. La eliminación de residuos industriales en la cuenca del Ebro ha contaminado las aguas subterráneas en la cuenca alta del Gállego, indicada por la presencia de compuestos orgánicos volátiles. En las aguas subterrá neas del acuífero aluvial de Vitoria se han detectado atrazinas, lindano y otros pesticidas procedentes de prácticas agrícolas. En razón de la toxicidad de algunos de los compuestos incluidos en este grupo de contaminantes y habida cuenta del conocimiento insuficiente del alcance del problema en España, resulta necesario continuar los trabajos actualmente en curso, estableciendo criterios de muestreo basados en las características hidrogeoló gicas de los acuíferos y en los usos del agua y del suelo en cada caso. Es importante recordar que la información relativa a problemas de contaminación de las aguas subterráne as procedente de determinadas fuentes de tipo puntual es inexistente o muy dispersa y difícilmente accesible. Tal es el caso de depósitos enterrados, gasolineras, fugas de alcantarillado, vías de comunicación, etc. Aunque el elevado coste de mejorar el conocimiento sobre este tipo de problemas parece en ocasiones disuasorio, sólo con una investigación rigurosa podrá determinarse si los problemas detectados hasta la fecha son los de mayor incidencia, por su gravedad y extensión, en el deterioro de la calidad de los recursos hídricos subterráneos. 3.2.6.2. Descontaminación de acuíferos No han sido muy numerosas las ocasiones en las que se ha intentado descontaminar un acuífero: la comple jidad y dificultad técnicas, y el correspondiente coste económico que estas operaciones conllevan han indu cido comúnmente al abandono del recurso afectado y su sustitución por agua de otro origen. Las actuaciones en el campo de la descontaminación de acuíferos se circunscriben en nuestro país al sanea miento de zonas donde se han producido derrames de hidrocarburos procedentes de depósitos de almacena miento (gasolineras, etc.), sin que hasta el momento se disponga de información referente a la conclusión de ninguna de las acciones en marcha destinadas a la recuperación de acuíferos contaminados por otro tipo de compuestos. En el momento actual, hay que resaltar la importancia que dentro de la descontaminación de acuíferos va a suponer la aplicación del Plan Nacional de Recuperación de Suelos Contaminados, adoptado por Acuerdo de Consejo de Ministros de 17 de febrero 1995 (BOE de 13 de mayo 1995). En cumplimiento del Plan Nacional, y en coordinación con las CCAA, se están realizando ampliaciones regionales de dicho inventario en Andalucía, País Vasco, Cataluña, Navarra y Castilla-La Mancha. Los objetivos contem plados en el subprograma del Plan Nacional “Proyectos de Recuperación”, se han materializado con la realización de cincuenta proyectos de suelos contaminados, en los que se contempla no solo el saneamiento de espacios afectados por residuos de ori gen industrial, sino también la de aquéllos afectados por compuestos de distinta procedencia. En lo referente a actividades de saneamiento realiza das, cabe indicar que se encuentran en desarrollo tra bajos encaminados a la descontaminación de acuíferos contaminados por compuestos tóxicos, cuya presencia ha ocasionado la imposibilidad de utilización de estos recursos de agua, localizándose algunos de éstos en los aluviales del Valle de Escombreras (Murcia), Besós (Barcelona), y del río Jarama (Madrid). La actuación que se está llevando a cabo en el alu vial del Besós, corresponde a la descontaminación del acuífero ligado a una antigua fábrica, que tras un incendio fortuito lo contaminó por disolventes. La tecnología de saneamiento utilizada es la de oxida ción-catalítica de las aguas mediante una planta móvil. Esta misma tecnología fue utilizada igual mente en una gravera del aluvial del río Jarama, que fue recinto de aguas contaminadas por aceites mine rales. 3.2.6.3. Prevención de la contaminación La conservación de la calidad de las aguas subterráne as debe regirse por el principio de prevención, evitan 234 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles do que se produzca su contaminación, estableciendo los medios y normativas que limiten el vertido incon trolado, la instalación de actividades peligrosas sin las debidas medidas de seguridad, y la aplicación indis criminada de productos agroquímicos. Una vez que se ha contaminado un acuífero, la recu peración de su calidad, aunque es factible, es de gran complejidad técnica y supone un elevado coste. Es a estos efectos a los que las autorizaciones de vertido previstas en el RDPH establecen la obligatoriedad del titular de la actividad generadora del vertido de aportar un estudio hidrogeológico demostrando su inocuidad. Las primeras actuaciones que se plantean para con trolar la calidad de las aguas subterráneas consisten en determinar la existencia de los procesos de conta minación, su intensidad y extensión, tipo de com puestos, posibles causantes en el entorno y vulnera bilidad de los acuíferos sobre los que se asientan o van a instalarse las actividades potencialmente con taminantes. Este planteamiento requiere mejorar los sistemas de vigilancia para el control y el seguimiento temporal de la calidad de las aguas. Ello permitirá establecer el estado de las aguas y evaluar las tendencias en fun ción de las actividades antrópicas desarrolladas sobre los mismos. Para que tales sistemas de vigilancia sean eficaces han de cumplir al menos dos objetivos: detectar cualquier variación en la composición del agua y detectar la contaminación con tiempo sufi ciente para poder actuar. En la propuesta del Plan de Acción de Aguas Subterráneas comunitario se dispone que los Estados miembros deben determinar en qué zonas es el agua subterránea particularmente vulnerable a la contami nación, por motivos geológicos o climáticos, tipo de suelo o actividades humanas. En la legislación española, el Reglamento del Dominio Público Hidráulico establece que los estu dios de evaluación de efectos medioambientales, en los casos de contaminación que pudieran afectar a las aguas subterráneas, incluirán la evaluación de las con diciones hidrogeológicas de la zona afectada, el even tual poder depurador del suelo y del subsuelo y los riesgos de contaminación y alteración de la calidad de las aguas subterráneas (art. 237.3). En ambos casos, la obligación parece dirigirse a la evaluación del riesgo de contaminación más que a la determinación de la vulnerabilidad, entendida ésta como una función de las características intrínsecas del acuífero. En cualquier caso, parece necesario realizar una zoni ficación o caracterización del territorio de cada ámbi to de planificación mediante mapas que diferencien distintos ámbitos hidrogeológicos, en función de la importancia relativa de cada uno de los factores que, conjuntamente, determinan la vulnerabilidad de los acuíferos a la contaminación -edafología, caracterís ticas de la zona no saturada, profundidad del nivel del agua, litología, régimen hidráulico del acuífero, recar ga- . Dicha zonificación servirá como herramienta de ayuda en la ordenación de los vertidos potencialmente contaminantes, y podrá utilizarse asimismo en la apli cación de medidas de prevención contra la contamina ción y en la elaboración de planes de ordenación del territorio. Una vez conocidos los diferentes parámetros relati vos al uso del suelo y la vulnerabilidad de los acuífe ros, se pueden establecer medidas concretas. Tal es el caso del Plan Nacional de Residuos Sólidos Urbanos, y del Plan Nacional de Residuos Industriales algunos de cuyos fines consisten en la caracterización de los emplazamientos, tanto de las instalaciones como de los residuos generados y la evaluación de las afec ciones hídricas, y en particular, de la incidencia que sobre las aguas subterráneas puede tener cada tipo de residuo. La protección de las captaciones destinadas a abaste cimiento urbano está contemplada en la Ley de Aguas y el RDPH, que establecen la figura del perímetro de protección. La implantación real de estos perímetros es hasta ahora muy escasa, seguramente debido a las implicaciones jurídicas y sociales sobre la ordenación del territorio y de los usos del suelo. La DGOHCA ha lanzado una iniciativa tendente a sistematizar los pro cedimientos a emplear en el establecimiento de esta figura normativa, y a facilitar la coordinación de com petencias entre los Organismos de cuenca y las Comunidades Autónomas. 3.2.7 Los objetivos de calidad En secciones anteriores se ha descrito el estado de la calidad de las aguas superficiales y subterráneas, apuntándose los rasgos básicos de su situación actual. Para mejorar esta situación actual y pasar a otra que se considera posible y deseable, el instrumento previsto por la regulación vigente es el de la fijación de objeti vos de calidad, y la determinación de las políticas con ducentes a la consecución a medio y largo plazo de estos objetivos. Así, los Planes Hidrológicos de cuenca deben contener “las características básicas de calidad de las aguas y de la ordenación de los vertidos de aguas residuales” (art. 235 Libro Blanco del Agua en España 40e LA), así como los “objetivos de calidad que deban alcanzarse en cada río o tramo de río” en relación con los usos que se hayan previsto para las aguas (art. 79 RAPAPH). Es decir, la planificación hidrológica debe definir la situación de partida en la que se encuentran los ríos y los acuíferos, y la calidad que deberán pose er en un determinado horizonte temporal en relación con los usos a los que se vayan a destinar las aguas. Deben establecerse, además, “los procedimientos, líne as de actuación y características básicas de la ordena ción de vertidos que se precisen para conseguir la ade cuación de la calidad de las aguas a los objetivos de calidad de las mismas” (art. 80 RAPAPH). La definición de estos objetivos de calidad se realiza, en cada caso, por la Administración competente en la materia y se recoge en cada Plan Hidrológico de cuen ca. Una vez definido un uso potencial para un tramo de río o acuífero se deberán cumplir al menos las con diciones impuestas por las Directivas de la Unión Europea en lo referente a la calidad mínima exigida al agua para los usos de abastecimiento urbano, vida pis cícola y baño, sin olvidar las obligaciones que sobre objetivos de calidad y control de vertidos imponen las Directivas europeas sobre normas de emisión y que explícitamente recoge el propio RAPAPH en su artí culo 80.3 cuando estipula que “se preverán programas de actuación para eliminar de las aguas continentales la contaminación producida por aquellas sustancias que por su toxicidad, persistencia o bioacumulación, figuran en las relaciones I y II del anexo al Título III del Reglamento del Dominio Público Hidráulico” y que no son otras que las listas I y II de la Directiva 76/464, relativa a la contaminación por determinadas sustancias tóxicas y peligrosas. La definición de los objetivos de calidad adquiere así una gran relevancia en el proceso planificador, ya que su misma existencia impone que se realicen determi nadas acciones de depuración, prevención y gestión de la contaminación sobre el medio hídrico. Incluso la Ley de Aguas, en su artículo 105, impone el criterio con el que deberán sufragarse estas actuaciones de pro tección de la calidad de las aguas en relación con los objetivos de calidad, cuando establece el canon de ver tido “de acuerdo con las previsiones de los Planes Hidrológicos respecto a la calidad de las aguas conti nentales, de modo que se cubra la financiación de las obras necesarias, incluidas en los respectivos Planes Hidrológicos de cuenca, para el cumplimiento de dichas previsiones”. Estos objetivos de calidad adquie ren así el carácter de compromiso de la Administración hidráulica en relación a las actuaciones que deberá aco meter para satisfacerlos en el futuro. En los objetivos de calidad propuestos en los Planes Hidrológicos de cuenca no se contienen especificacio nes concretas sobre concentraciones de sustancias de lista I y II de la Directiva 76/464, relativa a la conta minación por determinadas sustancias peligrosas. Específicamente no se definen objetivos de calidad de las sustancias de la lista II, en cumplimiento del artí culo 7 de la citada norma comunitaria. En la actuali dad se está estudiando en el seno de la Comisión una lista relevante de sustancias con carácter obligatorio para los Estados miembros. En lo que respecta a los objetivos de calidad de las masas de agua, la mayoría de los Planes Hidrológicos de cuenca proponen evitar los estados eutróficos, sobre todo si el uso de los embalses es el abastecimiento. En lo referente a los objetivos de calidad planteados para las aguas subterráneas, se asegurarán, con carác ter general, las calidades existentes en la actualidad, aunque se añade que en aquellos casos de acuíferos contaminados, utilizados o susceptibles de ser utiliza dos en abastecimientos urbanos, se adoptarán las medidas adecuadas para evitar su degradación y mejo rar su calidad. En los mapas adjuntos se incluyen los objetivos de calidad de los principales tramos fluviales de la Península. Hay que destacar que en algunos tramos del Tajo y en casi toda la cuenca del Segura, los Objetivos de Calidad no han sido definidos por usos, sino por concentraciones máximas permitidas de determinadas sustancias y por valores máximos de algunos paráme tros típicos de calidad del agua, por lo que no se repre sentan en dichos mapas. En cuanto a los objetivos de calidad para baño, casi todos los Planes de cuenca especifican que serán asumidos en todos aquellos tra mos que así hayan sido declarados por las respectivas Comunidades Autónomas, aunque el tramo en sí mismo no tenga tal definición en el correspondiente Plan (fig 197, fig, 198, fig, 199). En cuanto al objetivo de calidad de vida de peces, hay que precisar que no todos los tramos han sido clasifi cados teniendo en cuenta las declaraciones que han ido realizando las respectivas Comunidades Autónomas en cumplimiento de la legislación comu nitaria en la materia. Aproximadamente un 17% de la longitud de los prin cipales ríos españoles ha sido clasificado como de objetivo prepotable A1, un 30% salmonícola y un 41% de baño. Si se atiende a los caudales medios afectados por esta clasificación, un 8% de los recursos renova bles se encuentran clasificados con el objetivo prepo table A1, un 23% salmonícola y un 48% baño. 236 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles 237 Libro Blanco del Agua en España Figura 197. Mapa de objetivos de calidad para uso prepotable Figura 198. Mapa de objetivos de calidad para aguas de baño Destacan el Norte, con un 96% declarado como sal monícola, el Júcar y el Tajo, con 32% y 28% declara dos respectivamente como prepotables A3, o el Guadiana y las Cuencas Internas de Cataluña, con aproximadamente un 40% de A1. La viabilidad económica y técnica que permite a la Administración Hidráulica asumir unos determinados objetivos de calidad debe estudiarse partiendo de las características del cauce receptor, de las características de los vertidos a depurar y de las posibilidades de regulación que permite el régimen concesional vigen te. Aplicando un modelo de decisión que permita eva luar la calidad en función de los caudales circulantes y de los vertidos existentes, se podrán analizar las posi bles alternativas viables económica y socialmente para obtener unos determinados objetivos de calidad, cuyo cumplimiento depende inexorablemente de la asignación de un régimen de caudales mínimos y de la consecución de unos determinados niveles de depuración. La figura 200 ilustra este posible procedimiento de decisión, aunque en la actualidad los modelos de simulación que relacionan la cantidad y la calidad del recurso no son empleados de manera genera lizada. 3.2.8. Los Convenios Internacionales sobre la calidad de las aguas Como ya se indicó, hay una tendencia clara al estable cimiento de convenios internacionales que permitan la mutua cooperación y el intercambio de información sobre la calidad del agua en los cursos transfronteri zos. A continuación se reseñan algunos de estos con venios de interés para España. 3.2.8.1. El convenio OSPARCOM sobre contaminación al Océano Atlántico Los objetivos que exige OSPARCOM (Comisión del tratado Oslo y París) a sus Estados firmantes en lo que se refiere al control de la contaminación marina de origen terrestre al Océano Atlántico son los siguientes: • Controlar al menos el 90% de los siguientes vertidos contaminantes: mercurio, cadmio, cobre, zinc, plomo, lindano, amonio, nitratos, ortofosfatos, nitrógeno total, fósforo total, sólidos en suspensión y salinidad. • Informar anualmente sobre las concentraciones de estas sustancias detectadas en los principales ríos. • Estimar las descargas desde fuentes difusas, peque ñas fuentes y ríos pequeños con objeto de cubrir el 100% de los vertidos al mar. Se pretende, en suma, controlar casi todas las fuentes de contaminación al mar, con el fin de conocer los 238 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 199. Mapa de objetivos de calidad para vida piscícola vertidos totales de cada sustancia y prever las tenden cias para estimar los éxitos logrados con los progra mas de prevención de la contaminación. En las figuras siguientes se pueden apreciar algunas de estas descargas desde los ríos principales de la ver tiente atlántica (fig. 201, fig. 202, fig. 203). Cabe precisar que la información aquí presentada sólo cubre algunos aspectos del Convenio, por lo que en el futuro habrá que intensificar el conocimiento en la materia para cumplir adecuadamente sus objetivos. No obstante, hasta la fecha no se ha podido informar satis factoriamente sobre las descargas al mar desde los ríos, ni sobre las descargas directas al mar a través de emisarios submarinos o desde plantas depuradoras, aunque está en marcha el proceso que determinará en breve plazo la mayor parte de la contaminación de ori gen terrestre al océano Atlántico. 3.2.8.2. El Convenio de Barcelona sobre la contaminación del Mar Mediterráneo El Convenio de Barcelona intenta, entre otras cosas, evitar la contaminación del Mediterráneo como conse cuencia de vertidos de origen terrestre, para lo cual obliga a los firmantes a que tomen todas “las medidas apropiadas para prevenir, reducir y combatir la conta minación de la zona del Mar Mediterráneo causada por desagües de ríos, establecimientos costeros o emi sarios, o precedentes de cualesquiera otras fuentes terrestres situadas dentro de sus respectivos territo rios” y para establecer “en dicha zona un sistema de vigilancia de la contaminación”. El 7 de Marzo de 1995, en Siracusa (Italia), una Conferencia de plenipotenciarios adoptó enmiendas al Protocolo sobre contaminación de origen terrestre. Estas enmiendas son tan importantes que convierten al texto en un nuevo Protocolo, siendo la más significa tiva la adopción del compromiso de eliminar progresi vamente los aportes de las sustancias tóxicas, persis tentes y bioacumulativas del Anexo I, donde se enu meran los sectores industriales y las distintas categorí as de las sustancias que se tendrán en cuenta para la elaboración de los Planes y de los Programas. Entre las sustancias se enumeran los compuestos órgano halogenados y se da prioridad a las 11 sustancias siguientes: aldrín, dieldrín, endrín, dioxinas, furanos, DDT, heptacloro, hexaclorobenceno, mirex, bifenilos policlorados y tóxafeno. España aporta al Mar Mediterráneo el 4% de la esco rrentía total, frente al 12% de Francia, el 33% de Italia, el 13% de Turquía, o el 3% que aportan el con junto de los países situados al Sur de la cuenca. Se comprueba así que el grueso del problema se ubica en los países del Norte y especialmente en Francia, Italia, Yugoslavia, Grecia y Turquía, aunque son Italia y Francia los que suman a las mayores escorrentías las cargas contaminantes más elevadas. 239 Libro Blanco del Agua en España Figura 200. Diagrama de flujos de decisión en relación con los objetivos de calidad Figura 202. Concentración de nitratos en el Guadalquivir en Lebrija (Estación 5798) Figura 203. Concentración de mercurio, cadmio, cobre, plomo, amonio y fosfatos en el Guadalquivir en Lebrija (Estación 5798) Figura 201. Concentración de materiales en suspensión cerca de las desembocaduras de los ríos Miño (Estación 1631), Guadiana (Estación 4018) y Guadalquivir (Estación 5798) 240 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles 0 200 400 600 800 1000 1200 1400 1600 n ov 9 1 fe b 92 m ay 9 2 ag o 92 n ov 9 2 fe b 93 m ay 9 3 ag o 93 n ov 9 3 fe b 94 m ay 9 4 ag o 94 n ov 9 4 fe b 95 m g/ l Miño (1631) Guadiana (4018) Guadalquivir (5798) 0 0,5 1 1,5 2 2,5 28 e n e 92 24 m ar 9 2 26 m ay 9 2 21 j u l 92 27 o ct 9 2 15 d ic 9 2 23 f eb 9 3 02 a br 9 3 15 j u n 9 3 09 a go 9 3 26 o ct 9 3 10 d ic 9 3 22 f eb 9 4 26 a br 9 4 21 j u n 9 4 04 a go 9 4 m g/ l Hg Cd Cu Pb Amonio Fosfatos 0 5 10 15 20 25 30 35 28 n ov 9 1 26 f eb 9 2 26 m ay 9 2 24 a go 9 2 22 n ov 9 2 20 f eb 9 3 21 m ay 9 3 19 a go 9 3 17 n ov 9 3 15 f eb 9 4 16 m ay 9 4 14 a go 9 4 12 n ov 9 4 m g/ l 3.2.9. EL Plan Nacional de Saneamiento y Depuración A pesar de la obligación de control y depuración de los vertidos urbanos (toda actividad contaminante debe contar con autorización de vertido), según se desprende de la Ley de Aguas y su posterior desarro llo reglamentario, el gran impulso en esta materia se produce con la promulgación de la Directiva Comunitaria 91/271, relativa al tratamiento de aguas residuales urbanas. Las actuaciones en materia de saneamiento y depura ción se inician en España a principios de la década de los setenta (con independencia de alguna actuación aislada anterior) con el desarrollo de planes parciales en zonas del litoral, como la Costa Brava y Baleares, que posteriormente se vieron complementados con algunas otras actuaciones en el arco mediterráneo. En la década de los ochenta se ejecutaron sistemas de depuración en importantes núcleos urbanos costeros (Valencia, Alicante, Palma de Mallorca, Benidorm, parcialmente en Barcelona, Castellón, etc.), a los que se debían sumar los significativos planes de Madrid capital (Plan de Saneamiento Integral de Madrid, PSIM) y Comunidad de Madrid (Plan Integral de Aguas de Madrid, PIAM), Sevilla, Burgos, Córdoba, Vitoria, Granada, Pamplona y Bilbao, estos dos últi mos con tratamiento únicamente primario. Aún así, eran evidentes las deficiencias en infraes tructuras de saneamiento, pues quedaban por acome ter actuaciones en ciudades de mediano y gran tama ño y aún no estaba resuelto totalmente el problema en áreas del litoral, como la Costa del Sol, Mar Menor, Albufera, Cornisa Cantábrica, entre otros, además de ciudades del interior, como Valladolid, Murcia, Zaragoza o Logroño. La promulgación de la Ley de Aguas, la incorporación de España a la Unión Europea, la descentralización administrativa del Estado, y una mayor concienciación ciudadana en todo lo referente al medio ambiente en general, y en sus aspectos hídricos en particular, han jugado un papel positivo permitiendo cambiar la ten dencia en el volumen de inversiones que, año tras año, se destinan a estas infraestructuras. Todo ello ha hecho posible el impulso de planes de saneamiento como el de la zona central de Asturias que, prácticamente ejecutado, persigue un objetivo de calidad de vida de peces salmó nidos en los ríos Caudal y Nalón, así como los Planes de Cataluña, Valencia y Baleares, que añaden numerosas instalaciones de depuración a las ya existentes. Por su parte, Canarias ha avanzado de forma positiva en su objetivo de no verter aguas residuales sin depu rar al océano en aquellos casos en los que se necesitan estos caudales depurados para ser reutilizados en el riego de cultivos, campos de golf, etc. Se han puesto igualmente en marcha instalaciones en Cáceres, Badajoz, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Soria, Avila, Jerez, Lérida sin olvidar la gran depuradora de Zaragoza (La Cartuja) que complementa a la ya existente de La Almozara. Como hemos indicado, en el año 1991 se promulga la Directiva 91/271 que exige a todos los Estados miem bros ejecutar instalaciones de depuración de acuerdo con tres escenarios temporales (1998, 2000 y 2005) lo que obliga a llevar a cabo enormes esfuerzos, tanto técnicos como financieros, a los países de la Unión y sobre todo a los más poblados (fig. 204) España en esas fechas contaba con cerca del 60% de la población de hecho conectada a algún sistema de depuración, de la que el 44% disponía de tratamiento secundario y el 15% únicamente primario. Dentro de este porcentaje se incluyen aquellas instalaciones que se encontraban en fase de construcción. No obstante, y de acuerdo con la Directiva, había que incorporar dos parámetros nuevos: • El grado de depuración de las aguas residuales debía referirse a la población-equivalente y no a la pobla ción de hecho (un habitante equivalente hab-eq. son 60 gramos de DBO5 al día. Puede decirse que en España por cada habitante de hecho existen aproxi madamente 2 habitantes-equivalentes). • No bastaba con aludir a la población conectada a algún sistema de depuración, sino que debía estable cerse un grado de conformidad con las exigencias que marca la propia norma comunitaria. Por tanto, había que contabilizar toda la carga conta minante en las redes de saneamiento urbanas, inclu yendo la población estacional, que tanta importancia tiene en España, y aquellos vertidos de tipo industrial y comercial que se generan dentro del casco urbano. Es decir, no servía únicamente un mero inventario de las instalaciones, sino que había que disponer de un diagnóstico de la situación lo más real posible. La Directiva Comunitaria establece tres tipos de áreas diferentes en las que los vertidos pueden sufrir un tra tamiento distinto: • Zonas normales, para las que establece los límites de emisión generales de la Directiva. • Zonas sensibles, para las que exige además la reduc ción de nutrientes (nitrógeno y fósforo). • Zonas menos sensibles, donde en función del tama ño de la población se puede admitir un simple trata miento primario (estas zonas sólo pueden definirse en aguas marinas). 241 Libro Blanco del Agua en España La Directiva, en sus anejos, establece los criterios para definir tanto las zonas sensibles como las menos sensibles. De acuerdo con dichos criterios se ha detectado la existencia de zonas sensibles en embal ses con alto nivel de eutrofia que tienen generalmen te como objetivo el abastecimiento urbano, así como un amplio conjunto de espacios protegidos de alto valor medioambiental, como es el caso de Tablas de Daimiel, Parque de Doñana, Mar Menor o Albufera (v. figura). Por lo que se refiere a las zonas menos sensibles, se han tenido en cuenta los factores siguientes: • Gran longitud de costa, con buenas condiciones de mezcla y dispersión de las aguas en la mayoría de los casos, lo que ha permitido considerar como menos sensible una parte importante del litoral, con excep ción de bahías cerradas y rías y algunas zonas donde se ubican grandes núcleos urbanos. • Son numerosas las áreas del litoral consideradas como zonas de baño, lo que obliga en la mayoría de los casos a efectuar sistemas de tratamiento acordes con este objetivo de calidad. Por lo tanto, puede suceder que una aglomeración urbana esté emplazada en una zona menos sensible, de acuerdo con los criterios de la Directiva 91/271, pero que necesite un tratamiento superior al primario con objeto de cumplir otras normas comunitarias. La Secretaría de Estado de Aguas y Costas, mediante Resolución de 25 de mayo de 1998, ha declarado las zonas sensibles en las cuencas hidrográficas interco munitarias a los efectos previstos en el Real Decreto Ley 11/1995, de 28 de diciembre, y de acuerdo con los criterios establecidos en el Anexo II del Real Decreto 509/1996, de 15 de marzo. En dicha Resolución se identifican, por cada una de las zonas sensibles, los núcleos de población que vier ten a las mismas y que cuentan en la actualidad con más de 10.000 habitantes equivalentes (fig. 205). Con estos antecedentes y con la colaboración de las Comunidades Autónomas se elaboró un Plan Nacional de Saneamiento y Depuración (PNSD) como herra mienta de planificación de las infraestructuras de saneamiento y depuración que debe ejecutar el Estado Español hasta el año 2005, y como instrumento coor dinador de las actuaciones de las Administraciones Públicas con competencia en esta materia. El Plan se aprobó en Consejo de Ministros de 17 de Febrero de 1995, publicándose en el Boletín Oficial del Estado de 12 de Marzo del mismo año. Sus principales datos se muestran en la tabla 57. La reciente evolución del porcentaje de población española conforme con la Directiva 91/271 es la mos trada en la tabla 58, pudiendo percibirse su tendencia positiva. Figura 204. Mapa de estaciones depuradoras más importantes existentes y en construcción a 31 de Diciembre de 1996 242 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Estimaciones hechas en el Plan elevan a dos billones de pesetas las inversiones necesarias, debiendo aco meterse la mayor parte antes del año 2000, dedicándo se cantidades similares a infraestructuras de depura ción (1,0 billones) y saneamiento (0,8 billones). El saneamiento lo componen las redes de alcantarillado y los colectores generales, mientras que la depuración son específicamente las EDAR. La puesta en marcha del Plan, con la firma de Convenios entre la Administración Central y las res pectivas Comunidades Autónomas, la declaración de interés general de diversas actuaciones, la partici pación de fondos europeos (Cohesión, FEDER) y la aprobación de programas operativos específi c o s ( P r ograma Operativo de Medio Ambiente Local, POMAL) han influido positivamente a la hora de abordar el cumplimiento de la Directiva comunitaria. En efecto, en estos últimos años las Administraciones Públicas han iniciado o acelerado importantes proyec tos, entre los que pueden destacarse los de La Albufera en Valencia, Mar Menor en Murcia, Va l l a d o l i d, Logroño, Salamanca, Palencia, Vigo, 2ª fase de Bilbao y Málaga, por citar algunos de los más representativos. Parece pues evidente que, si bien el ritmo no es el ópti mo para alcanzar el pleno cumplimiento de la Directiva de acuerdo con los escenarios temporales ya comentados, es obvio el no desdeñable esfuerzo hecho en los últimos años por conseguir el mayor nivel de conformidad posible. Ahora bien, una vez acometidas las instalaciones queda por resolver otro problema no menos importan te: su gestión. En efecto, este tipo de instalaciones necesitan no sólo un mantenimiento adecuado sino también una explotación óptima o de lo contrario, y aún estando diseñadas las estaciones depuradoras de aguas residuales (EDAR) para alcanzar las normas de emisión exigidas, una descuidada operación puede hacer fracasar dicho cumplimiento y, en consecuencia, las cuantiosas inversiones realizadas. Es bien conoci Figura 205. Mapa de zonas sensibles interiores de la Directiva 91/271 Tabla 57. Datos básicos iniciales de programación del Plan Nacional de Saneamiento y Depuración (1995) 243 Libro Blanco del Agua en España Población total equivalente 85 Mhab-eq Nº de instalaciones existentes 3253 Tratamiento primario 2007 Tratamiento secundario 1217 Tratamiento más riguroso 29 Población conforme 34,5 Mhab-eq Población con EDAR en construcción 11,5 Mhab-eq Población no conforme 39 Mhab-eq 3.3.2. El conocimiento de los usos y demandas 3.3.2.1. Introducción A diferencia de los recursos naturales que, salvo las incertidumbres de un posible cambio climático natural o antropogénico, se suelen considerar con cuantías estacio narias e invariables a largo plazo, las demandas y consu mos de agua son coyunturales y tienen una componente esencialmente temporal, por lo que sus valores siempre han de referirse a una fecha concreta, lo que debe tener se en cuenta para la reconstrucción de las demandas his tóricas y la previsión de su evolución futura. En general hay una notable carencia de estadísticas fiables y regulares sobre usos y consumos de agua, por lo que el conocimiento de las demandas históricas adquiere una incertidumbre a veces similar a la que afecta al conocimiento de las demandas futuras. Esta incertidumbre, unida a la influencia de numerosos fac tores exógenos explicativos de su constitución, hace que la previsión de las demandas futuras presente una especial dificultad, y no sea raro encontrar, como vere mos, importantes desviaciones entre las inicialmente previstas y las finalmente producidas en la realidad. En efecto, ante las dificultades para obtener informa ción periódica y fiable sobre los volúmenes realmente suministrados y consumidos según los diferentes usos, uno de los procedimientos más comunes de valoración de las demandas de los usos de abastecimiento a poblaciones y agrario consiste, como veremos, en aplicar a las poblaciones y superficies de riego unos valores teóricos de dotación, en función del tamaño de las poblaciones, los tipos de cultivo, las características climáticas, el estado de las infraestructuras, etc., y suponer que las cantidades obtenidas son los suminis tros necesarios. Este procedimiento es admisible en la determinación de las demandas futuras, para las que inevitablemente deben realizarse previsiones, pero es discutible su aplicación a las demandas actuales, pues los valores teóricos pueden, en algunos casos, diferir notablemente de los reales. Si existen datos fiables de suministro, el usuario paga por el consumo de agua, y no se están produciendo restricciones, este suministro es asimilable a la demanda, pero tal situación no siem pre se da, ni siquiera en el caso de los abastecimientos urbanos. La relación de este importantísimo problema con la necesidad de extender y mejorar sustancial mente los actuales aforos y sistema de control del agua es evidente, y en esta línea se insiste en diferentes sec ciones de este libro. Seguidamente, y antes de abordar su descripción detallada, se pasará revista a los principales rasgos y problemas de cada tipología de demandas, resu miendo sus características básicas, problemas, y situación de conocimiento. 3.3.2.2. Demanda urbana En el caso concreto de la demanda urbana, una de sus características fundamentales es la gran heterogeneidad en cuanto a la utilización del agua se refiere, pues inclu ye utilizaciones domésticas (individuales), municipales (riego de jardines, bomberos, etc.), colectivas (servicios públicos, como hospitales y escuelas), industriales, comerciales e incluso agrícolas, todo lo cual contribuye a dificultar, en gran medida, su conocimiento. En la práctica, resulta muy difícil diferenciar los volú menes de agua consumidos por las industrias conecta das a la red municipal de los propiamente debidos a las necesidades urbanas. Tal y como se verá más ade lante, según las encuestas de la Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamiento (AEAS, 1998), y como cifras medias indicativas globales, junto a un 61% de consumo estrictamente doméstico, en torno a un 23% del agua registrada en contadores es consumo de pequeña industria, comercial y servi cios que se suministran de la red municipal, y que a efectos de la planificación hidrológica se computa como demanda de abastecimiento urbano. Asimismo, en zonas rurales con una importante caba ña ganadera, la demanda debida al ganado estabulado ubicado dentro de los núcleos de población puede superar al propio consumo doméstico. El turismo y la segunda residencia generan en muchas zonas de nuestro territorio una apreciable demanda de agua, llegando incluso, en algunos núcleos, a superar ampliamente la correspondiente a la población fija. Como orientación basta recordar que, tal y como se comentó en su correspondiente epígrafe, en 1996 se registraron en España casi 62 millones de visitantes, de los que casi la mitad se concentra en la temporada de verano, y que, según el Censo de Población y Viviendas del INE de 1991, en España existen 2,9 millones de viviendas secundarias frente a 11,7 millo nes de viviendas principales. Como se indicó, la incidencia del turismo respecto a la demanda hídrica total puede ser importante a escala local, pero no parece ser muy relevante a nivel nacional. En estas zonas afectadas introduce importantes distor siones, y su fuerte carácter estacional plantea dificulta des especiales para su correcta estimación. Por otra parte, las diferentes prácticas de consumo, reflejo de distintos grados de concienciación en cuanto a la conservación y ahorro de agua y de una diferente disponibilidad territorial de recursos, introducen impor tantes distorsiones en las necesidades de suministro. En lo relativo a la estimación de la demanda futura para abastecimiento urbano, sus valores se hallan determinados por la evolución tanto de la población como de las dotaciones. 249 Libro Blanco del Agua en España 250 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 208. Distintas previsiones de evolución de la demanda urbana por cuencas hidrográficas Cornisa Cantábrica 0 1000 2000 3000 4000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o Duero 0 1000 2000 3000 4000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m / añ o Tajo 0 1000 2000 3000 4000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o Guadiana 0 1000 2000 3000 4000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o Guadalquivir 0 1000 2000 3000 4000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o Sur 0 1000 2000 3000 4000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o Segura 0 1000 2000 3000 4000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o Júcar 0 1000 2000 3000 4000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o Ebro 0 1000 2000 3000 4000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o C.I. Cataluña 0 1000 2000 3000 4000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o Archipiélagos 0 1000 2000 3000 4000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o PNAS 67 II PLAN/D 67 A/ESP 77 CIPH Av 80 A/ESP 85 DOC/BAS 90 PHN 93 PHC Fuentes: Plan Nacional de Abastecimiento y Saneamiento, 1967 (PNAS 67); II Plan de Desarrollo Económico y Social, PG(1967) (II Plan/D 67); El Agua en España, 1977 (A/Esp77); Comisión Interministerial de Planificación Hidrológica-Avance 80, MOPU-CIPH (1980) (CIPH Av 80); El Agua en España, 1985 (A/Esp85); Documentación básica, MOPU-DGOH (1990) (Doc/Bas 90); Anteproyecto de Plan Hidrológico Nacional, MOPT( 1993) (PHN 93) y Planes Hidrológicos de cuenca (PHC). Las incertidumbres sobre la evolución de población y sus tendencias ya han sido comentadas en epígrafes anteriores. En cuanto a las dotaciones, sus valores se encuentran estrechamente ligados al nivel de vida (generalmente entendido como nivel de renta), aunque condicionados por las políticas tarifarias y por la eficiencia y sistema de gestión de las redes de sumi nistro. La actual tendencia mundial en este sentido se dirige hacia una estabilización de las dotaciones de agua en los municipios que ya han alcanzado un sufi ciente grado de desarrollo. Sin embargo, el análisis de la evolución histórica de los valores normativos de dotaciones en los países desarrollados revela una ten dencia creciente en las dotaciones de las poblaciones pequeñas y decreciente, salvo algunas excepciones, en las poblaciones de mayor tamaño. Para ilustrar estos problemas de proyección, los graficos de la figura 208 muestran diferentes previsiones, realiza das en publicaciones oficiales durante los últimos treinta años, relativas a demandas de abastecimiento urbano en las distintas cuencas hidrográficas. Las desviaciones son en algunos casos- verdaderamente llamativas. Estas previsiones, basadas en las tendencias históricas registradas, no pudieron pronosticar la inflexión y el estancamiento que se producirían en el crecimiento de la población, y las crisis económicas a partir de los años 70, lo que dio lugar a las importantes desviacio nes que muestran las figuras. Estas desviaciones han tenido ciertas repercusiones. Así, y como ejemplo, en el caso del Tajo se vio afectado el trasvase Tajo Segura, que se había proyectado teniendo en cuenta el reordenamiento hidráulico que el rápido crecimiento de Madrid iba a operar en la cuenca, con incorpora ción al abastecimiento de la ciudad de recursos proce dentes de los ríos Guadarrama, Alberche y Tiétar. En el caso de Cataluña las previsiones llegaron a plantear el trasvase desde el Ebro, que, finalmente, y ante la evolución real -mucho menor que la prevista- de las demandas urbanas e industriales, quedó limitado a la transferencia de recursos al área de Tarragona. La figura 209 resume estas previsiones para el total de España, y pone de manifiesto las importantes diferencias encontradas. Las previsiones más moderadas son, como puede verse, las de los recientemente aprobados Planes hidrológicos de cuenca, con cifras del orden de la mitad de otras proyecciones anteriores. En cuanto a datos básicos, una de las fuentes de infor mación más valiosas sobre el consumo urbano en España son las 5 encuestas realizadas por la AEAS (años 1987, 1990, 1992, 1994 y 1996) entre las empre sas de suministro de agua potable. En la encuesta de 1996 (AEAS, 1998), última disponible, se llegan a recoger datos directos del 66% del censo de población (con un 40% del censo en núcleos de tamaño inferior a 20.000 habitantes, y un 93% en núcleos superiores a 20.000 habitantes). Existe menos información a medi da que el tamaño de los núcleos disminuye, aunque estos municipios pequeños son la gran mayoría es 251 Libro Blanco del Agua en España Figura 209. Distintas previsiones de evolución global de la demanda urbana 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 16000 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 2000 2005 2010 2015 2020 h m 3 / añ o PNAS 67 II Plan/D 67 A/Esp77 CIPH Av 80 A/Esp 85 PHN 93 PHC Fuentes: Plan Nacional de Abastecimiento y Saneamiento, 1967 (PNAS 67); II Plan de Desarrollo Económico y Social, PG(1967) (II Plan/D 67); El Agua en España, 1977 (A/Esp77); Comisión Interministerial de Planificación Hidrológica-Avance 80, MOPU-CIPH (1980 (CIPH Av 80); El Agua en España, 1985 (A/Esp85); Anteproyecto de Plan Hidrológico Nacional, MOPT(1993) (PHN 93) y Planes Hidrológicos de cuenca (PHC). España. Para los núcleos de tamaños inferior a los 20.000 habitantes, una fuente importante de información es tam bién, como veremos, la proporcionada por la Encuesta sobre Infraestructura y Equipamiento Municipal promo vida por el Ministerio para las Administraciones Públicas en 1986, y que contiene interesante información sobre los sistemas de abastecimiento. 3.3.2.3. Demanda industrial Por lo que se refiere a la demanda industrial, los datos disponibles suelen referirse a la gran industria, que dispone de fuentes de abastecimiento propias. La pequeña y mediana industria, sin embargo, se suele incluir dentro del sector de abastecimiento urbano, lo que conduce en general a una infravaloración de la demanda industrial. Los Planes hidrológicos de cuen ca ofrecen valiosa información al respecto, si bien no siempre son comparables entre sí dada la diferente interpretación respecto a la parte de la industria que se considera dentro de la demanda urbana. Existe, por otra parte, un escaso conocimiento sobre la demanda real de cada una de las industrias, debido a su gran dispersión (tanto territorial como sectorial), a la propia complejidad del uso industrial, y a la falta de controles estadísticos sistemáticos sobre el consumo de agua, más allá de la facturación en el caso en que se adquiera de la red municipal. Esta falta de conoci miento preciso supone uno de los principales proble mas en la evaluación de la demanda industrial, y ha dado lugar a que se tienda a establecer las dotaciones en función de la superficie ocupada, en el caso de polí gonos industriales, o del número de empleados, en el caso de industrias concretas, sustituyendo así las dota ciones referidas a unidad de materia prima o de pro ducto, que -considerando la evolución tecnológica podrían ser más exactas. De este modo, las dotaciones se expresan generalmen te en forma de valores medios para sectores industria les más o menos amplios, lo que puede proporcionar estimaciones globales medias razonables, pero condu cir a errores importantes a escalas reducidas. Además, estos valores pueden diferir ampliamente en función de la fuente consultada debido, fundamentalmente, a las diferencias de consumo existentes entre industrias del mismo sector e incluso del mismo tipo de proceso. En el caso de las demandas futuras las dificultades para su evaluación son mayores, pues deben añadir se las incertidumbres sobre la evolución del desarro llo industrial, que no suele obedecer a fenómenos continuos y predeterminables, sino a decisiones puntuales y coyunturales y, por tanto, difíciles de predecir a medio y largo plazo. 3.3.2.4. Demanda agraria En cuanto a las demandas y usos agrarios, la necesi dad de su adecuado conocimiento se evidencia en su magnitud, que representa, aproximadamente, el cuá druple del resto de usos consuntivos. Algunas de las principales dificultades para su estimación proceden de la diversidad de factores que la determinan: super ficies, variables meteorológicas, dedicación producti va, características de suelo y agua, tipología de méto dos de riego parcelarios y condiciones de manejo, tipología de redes de conducción y distribución y con diciones de operación, etc. Algunos de estos factores presentan, además, una apreciable variabilidad interanual. Este es el caso de los factores meteorológicos (temperatura y precipi tación, fundamentalmente), que determinan las nece sidades hídricas de los cultivos implantados, la super ficie y ubicación de cada cultivo, la extensión total regada y la delimitación del mosaico de parcelas que efectivamente se riegan. Un ejemplo de la variación de la demanda por factores meteorológicos puede encontrarse en un estudio reali zado en 30 zonas de riego de la cuenca del Duero (CEDEX, 1992), donde se aprecia que el promedio de la demanda neta teórica de dichas zonas oscila, según los años, entre el 80 y el 120% de la demanda de un año medio, pudiendo alcanzarse, en algunas zonas concretas, desviaciones considerablemente superiores (desde el 60 al 170%). Como ejemplo de las fuertes variaciones interanuales en las superficies de los dife rentes cultivos puede citarse que las superficies nacionales de regadío de girasol y maíz han oscilado, en el periodo 1991-1994, entre 169.000 y 576.000 ha en el caso del girasol y entre 176.000 y 366.000 ha en el del maíz (datos del MAPA). Todo esto debe advertirnos sobre un hecho impor tante, y que conviene subrayar, y es el de la imposi bilidad práctica de conocer con absoluta exactitud, a la escala de las grandes cuencas hidrográficas, las superficies realmente regadas en un año concreto. Este dato es siempre desconocido y solo puede dis ponerse de él mediante estimaciones, más o menos aproximadas según la finura y detalle del estudio que se realice. Lo verdaderamente pertinente a los efec tos de la planificación hidrológica es la superficie realmente descriptiva de la situación actual (enten diendo por tal una media de los últimos años repre sentativos), y ésta es la comúnmente ofrecida en los recientes Planes hidrológicos de cuenca. Para una determinada unidad de demanda agrícola, su demanda bruta anual y su distribución mensual se eva lúan habitualmente en planificación a partir de la superficie regada, de la distribución superficial de los 252 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles 253 Libro Blanco del Agua en España Figura 210. Distintas previsiones de evolución de la demanda de regadío por cuencas Cornisa Cantábrica 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o Duero 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o Tajo 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o Guadiana 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o Guadalquivir 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o Sur 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o Segura 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o Júcar 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o Ebro 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o C.I. Cataluña 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o Archipiélagos 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 h m 3 / añ o II PLAN/D 67 A/ESP 77 CIPH Av 80 A/ESP 85 DOC/BAS 90 PHN 93 PHC Fuentes: II Plan de Desarrollo Económico y Social, PG(1967) (II Plan/D 67); El Agua en España, 1977 (A/Esp77); Comisión Interministerial de Planificación Hidrológica-Avance 80, MOPU-CIPH (1980) (CIPH Av 80); El Agua en España, 1985 (A/Esp85); Documentación Básica, MOPU-DGOH(1990) (Doc/Bas 90); Anteproyecto de Plan Hidrológico Nacional, MOPT(1993) (PHN 93) y Planes hidrológicos de cuenca (PHC). cultivos implantados, de las necesidades hídricas netas por unidad de superficie (dotación) de cada uno de esos cultivos, y de las pérdidas que se producen en la distribución y aplicación del agua. Para cuantificar estos factores se requiere disponer de un conjunto relativamente complejo de datos básicos y coeficien tes empíricos, y aplicar determinados procedimientos para la valoración de varios parámetros intermedios. La evaluación de estos factores, que son espacial y temporalmente muy variables, presenta ciertas dificul tades que proceden de la variedad de situaciones, de algunas carencias de datos básicos, de limitaciones en cuanto a la disponibilidad de coeficientes empíricos, de cierta diversidad de procedimientos en la evalua ción de parámetros intermedios y carencias en cuanto a su contraste empírico, y de la relativa escasez de mediciones y aforos y, en consecuencia, de la ausencia de un catálogo contrastado y universalmente admitido de dotaciones prácticas de riego tipificadas para todo el territorio nacional. Un ilustrativo ejemplo, paralelo al anterior de las superficies, de las fuertes variaciones de dotación de los cultivos, es el proporcionado por el pimiento del Poniente almeriense cultivado en inver naderos, principal producción bajo plástico de la zona (más de 7.000 has). Pese a tratarse del mismo cultivo (pimiento), la misma zona (poniente almeriense) y el mismo tipo de regadío (suelo enarenado y goteo), la dotación de agua de las diferentes explotaciones, en las campañas 93/94 y 94/95, ha oscilado entre 1907 y 5.168 m3/ha/año, debido a los diferentes ciclos, las dis tintas variedades de pimientos, las diferencias de los invernaderos, y las distintas prácticas de riego. Entre las dos campañas, los valores medios globales han sido de 3.711 y 3.831 m3/ha/año respectivamente (datos de Pérez y Carreño, Caja Rural de Almería, Estación Experimental de las Palmerillas). Como antes se indicaba en relación con las superfi cies, lo importante a los efectos de la planificación hidrológica es la obtención de dotaciones medias zonales, descriptivas de la situación actual (entendien do por tal una media de los últimos años representati vos), y éstas son las comúnmente ofrecidas en los recientes Planes hidrológicos de cuenca. En cuanto a la demanda ganadera, frecuentemente considerada junto con la de regadío para constituir entre ambas la demanda total agraria, resulta ser como veremos en su epígrafe específico- de una cuan tía absolutamente despreciable frente a la de los rie gos, por lo que no se suele analizar de forma porme norizada, y se considera subsumida en la primera. Para la previsión de las demandas futuras se necesita, además, disponer de previsiones sobre las superficies de los nuevos regadíos, cuestión cuya dificultad es bien sabida, su dedicación productiva, afectada por la relativa incertidumbre agroeconómica actual, los aho rros potenciales derivados de las acciones de moderni zación programadas y, en alguna medida, sobre los posibles cambios climáticos. Todo lo anterior, que incorpora dificultades adicionales, induce a tratar las demandas futuras de riego planteando algunos escena rios prudentemente diversificados. 254 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 211. Distintas previsiones de evolución de la demanda global de regadío 0 5000 10000 15000 20000 25000 30000 35000 40000 45000 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 2000 2005 2010 2015 2020 h m 3 / añ o II Plan/D 67 A/Esp77 CIPH Av 80 A/Esp 85 PHN 93 PHC Fuentes: II Plan de Desarrollo Económico y Social, PG(1967) (II Plan/D 67); El Agua en España, 1977 (A/Esp77); Comisión Interministerial de Planificación Hidrológica-Avance 80, MOPU-CIPH(1980) (CIPH Av 80); El Agua en España, 1985 (A/Esp85); Anteproyecto de Plan Hidrológico Nacional, MOPT(1993) (PHN 93) y Planes hidrológicos de cuenca (PHC) De forma ilustrativa, y como se hizo para la demanda urbana, en los gráficos de la figura 210 se muestran diferentes previsiones, realizadas en publicaciones oficiales durante los últimos treinta años, relativas a demandas de agua para riego en las distintas cuencas. Asimismo, la figura 211 resume estas previsiones para el total de España, y muestra también como las previ siones más moderadas son las de los Planes hidrológi cos de cuenca, y del Anteproyecto de Plan Hidrológico Nacional de 1993. Las limitaciones y dificultades que se han expuesto hacen que a veces surjan reservas sobre la fiabilidad de los valores asignados a las dotaciones y demandas de riego. Conviene señalar, sin embargo, que su eva luación, dado el número de datos y parámetros que en ella intervienen y su variabilidad, no es una cuestión fácil. Tampoco es un problema exclusivo de las zonas de riego españolas, sino que es habitual en numerosos regadíos de todo el mundo. Ello se evidencia en las dificultades que se plantean al tratar de obtener infor mación sobre estas materias -por ejemplo sobre las pérdidas de agua- en las zonas de riego de los distin tos países. Hay que tener además en cuenta que la diversidad del medio físico en que se asientan los regadíos hispanos y la variedad de sus características sociales e infraestructurales acrecientan las dificulta des de su tratamiento. Debe señalarse, sin embargo, que la utilización de herramientas como la teledetección, los sistemas de información geográfica, la creación de bancos de datos de dotaciones y demandas reales, y el empleo de los actuales procedimientos experimentales y de cálculo, permiten afrontar el problema con unos nue vos elementos, muy recientemente disponibles, y que, aunque no han resuelto aún completamente el problema, ya están produciendo avances significati vos en la mejora del conocimiento de las demandas y usos del agua para riego. 3.3.2.5. Requerimientos ambientales En cuanto a los requerimientos ambientales, debe decirse que precisan un tratamiento especial, pues no suponen un uso del agua, al menos en un sentido reglamentario estricto, sino que, en rigor, y conforme se indicó al describir el concepto de recursos disponi bles, constituyen restricciones en la propia utilización del agua del medio natural. Estas restricciones pueden perseguir la protección, en determinadas zonas y periodos, de las funciones natu rales del agua mediante la preservación de flujos, de niveles, de volúmenes o de sus características físico químicas. Evidentemente, estas restricciones pueden suponer una limitación de los recursos disponibles para los diversos usos, pero es dudoso que constituyan un uso en sí mismas. Así parece concebirlo la propia Ley de Aguas al diferenciar expresamente, en el capí tulo relativo a asignaciones y reservas, las necesarias para usos y demandas actuales y futuros de las corres pondientes a la conservación y recuperación del medio natural, y así parece deducirse de la relevancia consti tucional que tiene la preservación del medio, como sustrato sobre el que, de forma armónica y respetuosa, han de asentarse las otras actividades. Al margen de esta consideración, la primera dificul tad que se plantea en la definición de los requeri mientos ambientales es terminológica. Si se pretende recuperar las condiciones primigenias de biodiversi dad, especies y ecosistemas anteriores a la detracción de caudales del medio, el término podría ser caudal ecológico, de frecuente utilización en España. Pero si se intenta preservar las condiciones ambientales actuales, resultado de las actuaciones llevadas a cabo a lo largo de la historia, un término más adecuado podría ser caudal de mantenimiento. La segunda dificultad surge en la propia estimación de los volúmenes necesarios para preservar las condicio nes ambientales. Para determinar con cierta precisión este volumen es necesario disponer de un conocimien to exhaustivo de los elementos que conforman el medio físico de los ríos y sus ecosistemas asociados, y sus interrelaciones y dependencias mutuas. Es decir, es necesario conocer las especies y formaciones de vegetación de ribera y acuática y su distribución espa cial, las especies y comunidades animales dependien tes de los ríos, las tipologías de cauces existentes, etc. Una vez conocidos estos parámetros sería posible eva luar las necesidades de agua de cada uno de los ele mentos descritos, tarea para la que se necesitan consi derables recursos económicos y humanos y que es difícil de abordar técnicamente. Los requerimientos ambientales en España han sido abordados con carácter normativo en la legislación autonómica relativa a la protección de la pesca y la preservación de los ecosistemas acuáticos. Las consi deraciones establecidas por las Comunidades Autónomas en su legislación son muy variables. Así, el Principado de Asturias establece distintas fórmulas para determinar el caudal mínimo que debe circular en ríos donde se instalen minicentrales, de acuerdo con las características de la fauna piscícola (truchas, sal mones y otros), la Comunidad Foral de Navarra esta blece caudales ecológicos para una serie de tramos de ríos, Castilla-La Mancha y Galicia establecen el cau dal ecológico mínimo como el 10% del caudal medio anual, Castilla y León establece que el caudal circu 255 Libro Blanco del Agua en España lante mínimo instantáneo no será inferior al 20% del caudal medio interanual en el punto en cuestión, mien tras que Extremadura no establece ningún caudal específico. Estas muchas disposiciones legislativas autonómicas para el cálculo de caudales de manteni miento, cuya lectura puede parecer incoherente, pone de manifiesto en definitiva que cada río es diferente y, por tanto, requiere una metodología individualizada. Por su parte, los Planes de cuenca fijan, aunque no en todos los casos, unos caudales ecológicos o mínimos. Estos caudales son muy dispares, variando desde el 1% al 10% de la aportación media anual. De su análi sis no se desprende, en general, la metodología utili zada para su determinación, aunque en algunos casos no parecen obtenerse de acuerdo con los requerimien tos ambientales reales, sino en función de los recursos no utilizados en la satisfacción de otras demandas ya comprometidas, y cuya modificación podría requerir expropiación. Este criterio carece obviamente de fun damento teórico, pero puede resultar acertado para impedir un mayor deterioro del medio hídrico. Nos encontramos, en definitiva, ante un requerimiento hídrico de gran importancia, pero que carece aún, desde el punto de vista conceptual, de una reflexión sobre su propia naturaleza, y una definición y encaje rigurosos en el sistema de usos; desde el punto de vista técnico, de metodologías, modelos y determinaciones global mente admitidos; y desde el punto de vista jurídico, de la necesaria clarificación competencial y procedimen tal. Volveremos sobre todo ello más adelante, al estudiar esta cuestión de forma específica, señalando los pasos que se han dado para superar tal situación. 3.3.3. Abastecimiento urbano Tras la consideración de la situación y problemas del conocimiento de los distintos usos, se procede a la consideración detallada de cada uno de ellos, comen zando por el de abastecimiento a poblaciones. 3.3.3.1. Descripción general El abastecimiento de agua a las poblaciones es un ser vicio básico incuestionable para la sociedad de nues tros días, y de obligada e irrenunciable prestación por los poderes públicos. La Ley de Aguas, en su artículo 58, así lo subraya considerando siempre prioritario el uso del agua para esta finalidad. Pese a su actual consideración de servicio básico, la provisión de agua potable a las ciudades es un viejísi mo problema, al que no se dio solución alguna hasta el siglo XIX. Beber agua en el pasado siempre resultaba peligroso, incluso mortal, pues los medios de abaste cimiento, cuando existían, acababan rápidamente con taminados por sus propios desechos. Los suministros de agua a las ciudades servían primordialmente para la limpieza y saneamiento, y las bebidas ordinarias para la gente de toda edad fueron, durante los últimos 10.000 años, las alcohólicas cerveza y vino, antisépti cas y calóricas (Vallee, 1998). Un análisis de la evolu ción histórica del abastecimiento urbano en nuestro país, y de las distintas fases de su desarrollo, puede verse en Matés Barco (1999). Básicamente superado -en las sociedades desarrolla das- el problema de la salubridad y potabilidad del agua de abastecimiento, su actual demanda se caracte riza por la exigencia de un nivel de garantía muy ele vado, y una distribución temporal de los suministros necesarios -salvo en zonas turísticas y de segunda resi dencia- sensiblemente uniforme. Además, y en com paración con otros usos, las condiciones de calidad del suministro son obviamente más exigentes, tal y como se vio en los correspondientes epígrafes. Sus retornos se producen de forma puntual y localizada y, en gene ral, con características constantes, por lo que, debida mente depurados, son aptos para su reutilización pos terior en usos con menores exigencias de calidad. La cuantía de estos retornos suele evaluarse, convencio nalmente, como un 80% del agua suministrada. Según la encuesta realizada en 1996 por AEAS (1998), la procedencia del agua utilizada, para abaste cimientos mayores de 20.000 habitantes, se distribuye entre un 79% de agua superficial, un 19% de agua subterránea (incluyendo 2% de manantiales), y un 2% de otros orígenes (básicamente desalación). El gráfico adjunto muestra la evolución de orígenes del agua (captada+adquirida) según las cinco sucesivas encues tas de AEAS, pudiendo apreciarse un significativo aumento del origen superficial desde 1992, frente al mantenimiento del resto de orígenes. En las poblaciones menores de 20.000 habitantes las proporciones se invierten, con un 22% de origen superficial, un 70% subterráneo (39 de pozo o son deo y 31 de manantial), y el resto sin especificar (Sanz Pérez, 1995). Por otra parte, los usos del agua servida por las redes de abastecimiento urbano incluyen, como se comentó, los correspondientes a las demandas de industrias y servicios conectados. La figura 212 muestra también la proporción relativa de los distintos usos en las suce sivas encuestas de AEAS, pudiendo observarse un cierto mantenimiento de estas proporciones. Como puede verse, existe una diferencia apreciable entre el agua captada y adquirida, y el agua registra da en contadores para los diferentes usos. Esta dife 256 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles rencia se debe tanto a las pérdidas desde el origen hasta la puesta en alta, como a las pérdidas y/o falta de registro desde los depósitos de alta, en el proceso de distribución hasta los usuarios finales. En cuanto a la gestión de los abastecimientos, de acuer do con la Ley 7/85 Reguladora de las Bases de Régimen Local (arts. 25.2 y 26.1), el abastecimiento domiciliario de agua potable y la colecta y depuración del agua ser vida son servicios de competencia municipal que deben ser prestados obligatoriamente por los Ayuntamientos. Esta gestión puede hacerse de forma directa (gestión propia, Organismos autónomos o Sociedades públicas) o indirecta (Sociedades mixtas, concesiones, gestión inte resada, concierto o arrendamiento). La gestión puede ser afrontada por un Ente supramu nicipal, con la consiguiente economía de escala (en infraestructuras, gestión técnica, gastos generales, etc.). Estos Entes pueden ser de ámbito local (man comunidades, comarcas, áreas metropolitanas o agrupación de municipios) o autonómico (Organismos autónomos administrativos, Entes públicos o Empresas públicas). El régimen de gestión del abastecimiento varía consi derablemente con el tamaño de la población, como puede verse en la tabla 59, que refleja los resultados de la encuesta realizada por la AEAS en 1996 (AEAS, 1998) para poblaciones de más de 20.000 habitantes. Se incluyen también los resultados totales de las encuestas realizadas en 1992 y 1944, pudiendo apre ciarse una consolidación de la tendencia a encomendar la gestión a sociedades municipales y empresas priva das, disminuyendo la gestión directa de las corpora ciones municipales. A su vez, en poblaciones con menos de 20.000 habi tantes, el 60% de los abastecimientos gestionados por los propios Ayuntamientos en 1994 ha pasado al 53% en 1996, mientras que el 24% de gestión por conce sión en 1994 ha pasado al 29% en 1996. La necesidad de aumentar la garantía y calidad del suministro -y el incremento de costes que ello supone 257 Libro Blanco del Agua en España Figura 212. Evolución del origen y usos del agua de abastecimiento urbano en municipios mayores de 20.000 habs. 0 500 1000 1500 2000 2500 3000 3500 4000 1987 1990 1992 1994 1996 h m 3 / a ñ o Otros Manantiales Subterránea Superficial 0 500 1000 1500 2000 2500 1987 1990 1992 1994 1996 h m 3 / a ñ o Otros Servicios Industrial-comercial Doméstico Mancomunidad Otros Régimen de gestión Corporación municipal Sociedades privs. municipales Concesión a empresa privada Empresa mixta Porcentaje de cada régimen de gestión según rango de población en 1996 De 20.000 a 50.000 hab. De 50.000 a 100.000 hab. Más de 100.000 hab. Area metropol. 8 18 25 0 3 18 31 25 0 0 6 0 76 53 19 25 11 12 14 0 3 0 6 50 Porcentajes Totales 1996 1994 1992 16 15 37 17 23 20 2 3 6 48 49 33 12 4 4 5 6 1 Tabla 59. Régimen de gestión del abastecimiento urbano según rangos de población Ámbito Norte I Norte II Norte III Duero Tajo Guadiana I Guadiana II Guadalquivir Sur Segura Júcar Ebro C.I.Cataluña Galicia Costa Península Baleares Canarias España Demanda urbana (hm3/año) 77 214 269 214 768 119 38 532 248 172 563 313 682 210 4.419 95 153 4.667 Población 1995 (hab) 860.731 1.611.380 1.860.656 2.188.134 6.094.487 1.322.404 376.806 4.753.689 1.996.661 1.387.446 4.095.927 2.752.928 5.562.877 1.961.496 36.825.622 727.553 1.556.329 39.109.504 Dotación bruta (l/hab/día) 245 364 396 268 345 247 276 307 340 340 377 311 336 293 329 358 269 327 , así como la necesidad de completar en los próximo años la depuración de las aguas residuales urbanas, tiende a fortalecer la conveniencia de las agrupaciones de muni cipios para disminuir los costes unitarios de inversión y explotación. Este hecho, a su vez, puede tender a reforzar la participación progresiva de las compañías especializa das en la gestión del agua de abastecimiento. 3.3.3.2. Uso actual y consumos representativos De acuerdo con las encuestas realizadas por la AEAS, se estima que el volumen de agua detraído en España para suministro de población en 1996 fue del orden de unos 4.300 hm3, habiendo oscilado recientemente entre 4.200 y 4.750 hm3/año, según la diferente situa ción climática. Esta cifra corresponde a la demanda bruta e incluye el consumo de las industrias abasteci das por la red urbana, la población turística y estacio nal, los usos públicos, los consumos no registrados y las pérdidas. Puesto que no ha habido restricciones sistemáticas ni significativas, este suministro puede equipararse, sin errores apreciables, a la demanda. La demanda que los Planes hidrológicos de cuenca con sideran representativa de la situación actual se puede Tabla 60. Demandas y dotaciones actuales de abastecimiento urbano por ámbitos de planificación 258 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 213. Demandas y dotaciones actuales de abastecimiento urbano por ámbitos de planificación 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 1000 N or te I N or te I I N or te I II D u er o Ta jo G u ad ia n a I G u ad ia n a II G u ad al q u iv ir Su r Se gu ra Jú ca r E br o C .I .C at al u ñ a G al ic ia C os ta B al ea re s C an ar ia s D em an d a (h m 3 / añ o) 200 250 300 350 400 450 500 D ot ac ió n b ru ta ( l/ h ab / d ía ) Demanda Dotación bruta Dotación bruta media Entre 50.000 y 100.000 Población Entre 20.000 y 50.000 Superior a 100.000 Areas metropolitanas Media Dotación (red) 1994 (l/hab/día) 238 264 289 295 265 Dotación (red) 1996 (l/hab/día) 301 241 296 322 289 situar en torno a los 4.700 hm3/año (alrededor del 13% de la demanda total para usos urbanos, industriales y de regadío). Su distribución según los distintos Planes se muestra en la tabla 60 y la figura 213, en la que también se han incluido las cifras de población estimada en 1995 (datos del INE) y la dotación bruta media resultante. Esta dotación resulta, como veremos, encajada con la estimada por AEAS en sus encuestas. En algunos casos se ha considerado únicamente la demanda generada del propio ámbito, aún cuando la realmente atendida desde el mismo pueda ser diferente. Las poblaciones reflejadas en la tabla 60 no incluyen el turismo, y los efectos de deslizamiento por segundas residencias en zonas rurales, por lo que resultan dota ciones más elevadas en aquellos Planes que tienen una importante componente turística. En la cuenca del Júcar, por ejemplo, la población equivalente, teniendo en cuen ta la población estacional (que supone 2.600.000 per noctaciones) sería de 4.870.000 habitantes frente a una población estable de 4.096.000 habitantes. La distribución territorial de esta demanda es, lógica mente, similar a la distribución poblacional, aunque intensificándose en los puntos de mayor concentración urbana, que requieren disponer de mayores dotaciones. La figura 214 muestra la distribución espacial de la demanda urbana actual para todo el territorio nacional, ofreciendo su valor -en m 3 /año- para cada km2 del territorio español. A partir de este mapa puede obte nerse la demanda de abastecimiento para cualquier área que se desee (cuenca hidrográfica, municipio, provincia, Comunidad autónoma…), sin más que sumar los valores puntuales dentro del recinto estudia do. Como puede apreciarse, las mayores demandas se localizan en las grandes áreas metropolitanas (Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Bilbao), y en el litoral mediterráneo. Este mapa se ha obtenido a partir de los usos del suelo de CORINE-Land Cover, seleccionando la clase de uso urbano. A cada celda del territorio, de dimensión 1x1 259 Libro Blanco del Agua en España Figura 214. Mapa de distribución espacial de la demanda de abastecimiento de poblaciones (mm/año) Tabla 61. Dotaciones (suministro a la red) en función del tamaño de población Año Dotación media (l/hab/día) 1987 309 1990 313 1992 302 1994 265 1996 289 km, se le asignó un valor representativo de la fracción (entre 0 y 1) de ocupación de uso de suelo urbano. Por otra parte, se asignó a cada celda una dotación unitaria según las recomendaciones de la O.M. de 1992, de coor dinación técnica, en función del número de habitantes de la población a la que pertenecía, obtenido por superpo sición con el mapa del censo de población municipal. Las demandas definidas en los Planes Hidrológicos se distribuyeron territorialmente conforme a estos resulta dos, garantizándose así tanto la preservación de los volú menes agregados como su distribución a la escala de los núcleos de población. En cuanto a dotaciones, las obtenidas en las encuestas de AEAS de 1994 y 1996, referidas al volumen de suministro a la red, se muestran en la tabla 61 para diferentes tamaños de población. Como puede apreciarse, las dotaciones tienden a dis minuir con el tamaño de la población, lo que se expli ca por el creciente efecto de escala de los equipa mientos y servicios. Para poblaciones inferiores a 20.000 habitantes, la dotación media continúa dismi nuyendo, aunque existen importantes diferencias entre las diversas poblaciones. Con independencia del distinto origen de los datos, estas dotaciones se diferencian de las dotaciones bru tas en las pérdidas que se producen hasta el origen de la red, en los depósitos de alta. Por otra parte, la evolución en los últimos años de estas dotaciones revela una cierta disminución en 1992, junto con una bajada muy apreciable en 1994, al menos en los núcleos de más de 20.000 habitantes, tal y como mues tra la tabla 62 (datos de AEAS). En el descenso de la dotación de los años 1992 y 1994 debe tenerse en cuenta la presencia de una fuerte sequía, con su correspondiente moderación de la demanda, y las medidas de ahorro y de reducción de fugas llevadas a cabo en un buen número de poblacio nes. En 1996 la dotación se recupera, pero a niveles más contenidos que los del comienzo de la década, permaneciendo el buen efecto de moderación de con sumos inducido por la sequía. Como muestra característica de esta evolución, y ejem plo ilustrativo de una tendencia que parece relativamen te generalizada, se presenta en la figura 215 la serie de volúmenes anuales suministrados en alta por la Mancomunidad de los Canales del Taibilla para atender los consumos de sus municipios (76 pertenecientes a Murcia, Alicante y Albacete, con un total próximo a los 2 millones de personas), Organismos y Entidades man comunadas (MCT [1995]; MCT [1998]). Tabla 62. Evolución reciente de la dotación de abastecimientos media en España 260 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 215. Evolución de los volúmenes anuales suministrados por la Mancomunidad de Canales del Taibilla 0 50 100 150 200 250 1940 1945 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 2000 h m 3 / añ o Año Agua no registrada 1987 30% 1990 32% 1992 29% 1994 28% 1996 29% En ella se observa un fuerte crecimiento continuo pese a algún altibajo-, desde sus orígenes en los años cuarenta, hasta la década de los ochenta. El máximo se alcanza en torno al año 1990 y, desde esa fecha, hay un ligero decremento o estabilización del volumen servido. También es claramente perceptible en la serie el efecto de las restricciones que se aplicaron en las sequías del 83 y del 94. Más adelante se verá como este patrón de comportamiento no es exclusivo sino que, como se dijo, parece generalizado a otros siste mas de abastecimiento. En este caso concreto hay que tener en cuenta que la evolución inicial no es totalmente debida a un aumento de la demanda, sino a que se iban incorporando nuevos municipios y ampliando las redes servidas. Asimismo, hay algunos municipios que también disponen de recur sos propios, cuya consideración podría modificar lige ramente las tendencias globales apuntadas. Pese a todo, parece apreciarse que, una vez alcanzada la madurez de la red, y conectados y atendidos todos sus municipios, no cabe esperar nuevos aumentos continua dos muy significativos, salvo los que procedan de un ligero aumento vegetativo o de demanda de las peque ñas industrias conectadas (sensibles a la coyuntura eco nómica), alguna nueva incorporación, posibles mejoras de dotación, o crecimiento del turismo costero. En cuanto a la estacionalidad de la demanda urbana, se ilustra con claridad en la siguiente figura, en la que se muestra la distribución porcentual de las demandas de abastecimientos urbanos de toda la cuenca del Segura, de sus municipios industriales, agrícolas y turísticos, y del abastecimiento agregado de San Javier, La Ribera y La Manga. Ello permite apreciar los efectos sobre esta demanda del nivel de agregación espacial. Como puede observarse, el efecto estacional es lógi camente más acusado a medida que la unidad de demanda es más pequeña y su especialización turísti ca es mayor. Puede incluso llegar a ser tan intenso como el de una demanda de regadíos, tal y como se aprecia en la figura 216, en la que se ha incluido tam bién, a estos efectos comparativos, la distribución estacional media de los riegos en la cuenca del Segura. En lo que se refiere a pérdidas y agua no controlada, una parte del agua distribuida no es registrada por las entidades suministradoras. Estos volúmenes suelen corresponder a la limpieza de calles y riego de jardi nes, errores de medición y pérdidas, tanto en trata miento como en distribución. El valor medio de estas cantidades no registradas oscila entre un 34% en el caso de las grandes áreas metropolitanas y un 24% en las poblaciones inferiores a 20.000 habitantes. En las poblaciones superiores a 20.000 habitantes este valor 261 Libro Blanco del Agua en España Tabla 63. Evolución porcentual del agua no registrada en abastecimiento urbano Figura 216. Ejemplos de distribución estacional de las demandas de abastecimiento a distintas escalas espaciales 0 2 4 6 8 10 12 14 16 18 Oct Nov Dic Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Fr ac ci ón d el t ot al a n u al ( % ) Total cuenca del Segura Munic. industriales Munic. agricolas Munic. turisticos S.Javier-La Manga-La Ribera Regadío se sitúa relativamente estable, en torno al 30%, según se muestra en la tabla 63 (datos de AEAS). En pobla ciones inferiores a 20.000 habs., el porcentaje es algo mayor (en torno al 31% en 1996). Como se vio, el consumo doméstico es, con diferen cia, la parte más importante del uso urbano. A fin de caracterizar mejor este segmento, se ha reali zado un análisis específico a partir de los datos reco gidos en la Encuesta de Presupuestos Familiares 1990 1991. Esta encuesta se realizó sobre una muestra de 21.155 hogares distribuidos por todo el territorio nacional. Aunque en esta encuesta no se mide directa mente el consumo de agua, permite disponer de infor mación sobre las variables socioeconómicas implica das, y ofrece una buena muestra, espacial y sin sesgos, de los hogares españoles. Se han analizado individualmente los gastos en consu mo de agua que se registran en todas la capitales de provincia españolas de las que se disponía de infor mación completa sobre la estructura tarifaria real, y se ha estimado el consumo de agua por hogar. Aunque, evidentemente, la demanda de agua en las viviendas puede depender de su carácter unifamiliar o multifamiliar, de la dotación de elementos sanitarios, del equipamiento en electrodomésticos, de los hábitos de consumo, etc., puede estimarse que una variable que sintetiza bien todos estos elementos es el ingreso familiar ya que, de alguna manera, está siempre sub yacente en los anteriores, y parece imponerse a otros factores como los tarifarios. Por esta razón, los consu mos familiares de agua anteriormente calculados se han relacionado con los ingresos familiares, obtenien do el resultado que se muestra en la figura 217, donde ambas variables se representan referidas a cada miem bro de la unidad familiar. Sin perjuicio de que el ingreso familiar no es el único factor explicativo de los consumos domésticos, mere ce la pena destacar, en primer lugar, que, contraria mente a lo que se mantiene en ocasiones, parece exis tir una apreciable correlación entre ambas variables, a pesar del insignificante papel que se otorga al recibo del agua en el gasto familiar. A este respecto debe señalarse la baja participación que, según la citada encuesta, tienen los gastos en agua en el gasto total de las familias, tan sólo un 0,5% en la media nacional, con valores que oscilan desde el 0,3% (en Álava, Ávila, A Coruña y Lleida) hasta el 0,9% (archipiélago canario). En la península, los valores más altos se registran en Murcia (0,7%) y Barcelona (0,6%). Estas diferencias son más atribuibles a distintos precios que a diferencias en el consumo. El gasto medio anual en agua es de 3.600 pesetas (de 1991) per cápita (4.300 si se refiere sólo a las capitales de provincias). En segundo lugar, son especialmente relevantes los valores obtenidos para la elasticidad consumo de agua/ingresos familiares: 0,61 de valor medio, con 0,51 para el conjunto de familias con ingresos inferio res a la media y 0,81 para aquéllas con ingresos supe riores a la media. Dentro de este último grupo, la pri mera mitad del tramo, que es la de mayor interés por la previsible evolución futura de los ingresos familia res, registra un valor de 0,66. Es interesante destacar el valor medio resultante del consumo, que se sitúa en 170 l/hab/día. Cabe recordar que esta cifra se refiere exclusivamente al consumo doméstico, por lo que habría que añadir el resto de 262 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 217. Relación entre consumo de agua e ingresos 0 50 100 150 200 250 300 350 400 450 500 0 500 1000 1500 2000 2500 3000 Ingresos per cápita (miles de pesetas/año) C on su m o p er c áp it a (l it ro s/ d ía ) 170 841 consumos no domésticos (comercial-industrial y ser vicios públicos) para obtener la dotación urbana total. Si se supone un crecimiento medio real del PIB entre el 2,5% y el 3,0% anual para los próximos años, y se admite que este aumento se traslada a los ingresos familiares en la misma proporción y se mantienen las actuales pautas de comportamiento en el consumo y la relación precio del agua/ingreso familiar, cabría pro nosticar un incremento medio para el consumo de agua per cápita comprendido entre el 1,7% y el 2,0%, en tér minos anuales acumulativos. Estas cifras correspon den, por tanto, a una hipótesis de trabajo que asume una evolución paralela de la demanda urbana de agua y el PIB, ceteris paribus, como suele hacerse en estudios económicos. En todo caso, es obvio que ésta no debe tomarse como la única aproximación posible a esta cuestión, de cara a efectuar una prognosis fiable de la situación futura. De hecho, en países como Alemania, tras una evolución inicialmente paralela del PIB y del consumo urbano de agua, se produjo una clara diver gencia de ambas variables a partir de los años ochenta, con evoluciones claramente diferentes (Gundermann [1993], p.220). A ello hay que añadir los posibles efec tos de saturación de la demanda, que en algunas ciuda des como Madrid o Barcelona podría ya haberse alcan zado (Sánchez González, 1993). Sin embargo, las cifras anteriores pueden entenderse como una señal de alerta para introducir las oportunas medidas correcto ras en los hábitos de consumo, resaltando la importan cia de las prácticas orientadas al ahorro y equilibrando los posibles crecimientos. Utilizando la misma fuente se ha determinado, ade más, una posible curva de demanda agregada de este sector, que se presenta en la figura 218. Debe desta carse el valor de la elasticidad obtenida: -0,57, igual al observado en estudios realizados para ciudades del sur de California (refs. en Jové Vintró [1993]; Baumann et al. [1998]). Los elevados precios de los tramos de bajo consumo corresponden, fundamentalmente, a viviendas secun darias con escaso grado de ocupación temporal, por lo que el coste del servicio, al referirse a pequeños con sumos, da lugar a altos precios unitarios, no estricta mente homogéneos con el resto de datos. Aunque estos resultados presentan una relativa disper sión, y no se alinean según la clásica curva de deman da, permiten apreciar una cierta respuesta de esta demanda frente al precio del agua. La rigidez resultan te, al menos de acuerdo con las hipótesis realizadas en este análisis, podría no ser tan acusada como se pone de manifiesto en algunos de los numerosos trabajos reali zados sobre esta materia, aunque hay que mostrar cier tas dudas respecto a que se trate en efecto de una res puesta elástica a los precios (curva de demanda) o de una forma estructural de comportamiento vinculada más bien a los sistemas tarifarios y hábitos de vida (razón por la que el eje de abcisas se denomina de con sumos -que son los observados-, y no de demandas). La razón es que, como se ha comprobado reiterada mente, el consumidor urbano no tiene una clara per cepción de cuál es el precio que paga por el agua con sumida, especialmente ante tarifas en bloques crecien tes, por lo que difícilmente va a reaccionar ante tales estímulos de precios. Ello significa que podría, quizás, producirse una elevación de precios generalizada, y mantenerse una curva similar desplazada hacia arriba, 263 Libro Blanco del Agua en España Figura 218. Curva de consumos de agua frente a precios en abastecimientos domésticos 0 100 200 300 400 500 600 700 800 0 50 100 150 200 250 300 350 400 Consumo de agua per cápita (litros/día) P re ci o d el a gu a (p ta / m 3 ) en lugar de reducirse los consumos observados. La experiencia de las empresas del sector apunta, en efec to, a comportamientos inelásticos ante variaciones incluso importantes del precio, sobre todo en los tra mos de demandas más reducidas. Diferente es el caso de los usos industriales, donde sí existe mayor elasti cidad frente al precio, y este efecto, junto con el de las mejoras tecnológicas, puede dar lugar, como se ha constatado, a reducciones de consumo. Son muy escasos en nuestro país los trabajos tendentes a caracterizar sistemáticamente las funciones de demanda de los abastecimiento urbanos. Un problema básico es el de la falta de información estadística sufi ciente, lo que tiende a mejorarse con la progresiva incorporación del sector a las cuentas del INE. Es interesante también conocer la distribución estadís tica del suministro de agua a los abastecimientos domésticos, tal y como se muestra en la figura 219 (Generalitat de Catalunya, 1999). En ella puede verse la distribución acumulada del por centaje de abonados y el suministro de agua en rela ción al volumen anual doméstico suministrado (m3/año). Estas distribuciones se han obtenido por muestreo del suministro trimestral a casi 1 millón de abonados en Barcelona y su área metropolitana, con un suministro total de 26 hm3/trimestre, y pueden en consecuencia considerarse muy representativas de las zonas urbanas catalanas y, por extrapolación, de las áreas metropolitanas del resto del país. Como se observa, el 25% de los suministros concentra el 50% del suministro, mientras que 1/6 del suminis tro máximo se proporciona al 50% de los abonados. La cola derecha de la distribución es muy tendida, con solo un 10% del suministro por encima de los 250 m3/año, y un 10% de los abonados por encima de los 200 m3/año (equivalentes a 550 l/abonado/día). 3.3.3.3. Régimen de tarifas En España existe una compleja estructura tarifaria del agua de abastecimiento, derivada tanto de los diferen tes conceptos contemplados como de los distintos sis temas de gestión, lo que limita seriamente las conclu siones que se pueden obtener de las escasas estadísti cas existentes sobre precios del agua. Las diferencias comienzan en la red en alta, gestiona da por las Confederaciones Hidrográficas en las cuen cas intercomunitarias y por los Organismos equivalen tes de las Comunidades Autónomas en las cuencas intracomunitarias. Posteriormente, el agua se suminis tra en baja a los usuarios por las entidades locales, que optan por uno de los diversos regímenes de gestión anteriormente mencionados. Existen, asimismo, situa ciones muy especiales en las que el agua se suministra en baja por la propia Confederación, como es el caso de la bahía de Cádiz. La facturación al usuario de los servicios prestados por las entidades de abastecimiento suele incluir diversos conceptos que, desde el punto de vista de la entidad, se pueden dividir en dos grandes grupos: • Actividades propias: servicio de agua potable, trata miento del agua, depuración del agua residual, man tenimiento de las redes, etc. • Actividades realizadas por cuenta de otras entidades: tasas de saneamiento y alcantarillado, cánones, impuestos y otros cargos a los abonados. 264 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 219. Distribución de abonados y suministro doméstico en el área de Barcelona 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 0 50 100 150 200 250 300 350 400 450 500 550 600 650 Suministro (m3/año) % % suministro acumulado % abonados acumulado El Estado recupera parcialmente las inversiones en abastecimiento urbano a través del canon de regula ción y la tarifa de utilización, cuyo valor medio totali za unas 0,5 pta/m3. Actualmente, estos conceptos solo se aplican al 25% del volumen suministrado y supo nen, en cualquier caso, una mínima parte del precio final que pagan los usuarios, ya que, generalmente, tienen un mayor peso las inversiones en distribución, saneamiento y otros recargos municipales. Desde el punto de vista de los usuarios, la tarifa suele incluir dos términos: • Término fijo: cantidad independiente del consumo realizado, que se debe abonar por el hecho de estar conectado, se utilice o no el servicio. Suele recibir nombres como cuota fija, cuota por servicio, cuota por suministro, etc. y a veces se incluye como un consumo mínimo anual. Son muy pocas las pobla ciones de gran entidad que no incluyen este término. • Término variable: cantidad que se abona en función del consumo realizado. En unos casos se valora todo el consumo al mismo precio (tarifa lineal) y en otros se aplican distintos precios según el nivel de consu mo (tarifa por bloques). Estos distintos términos pueden apreciarse en la figura 220 (adaptada de Porta, en Cabrera y García-Serra [1997]), donde se resumen y muestran visualmente los sistemas de tarifación más representativos. El sistema tarifario que se adopte es un elemento importante en el comportamiento de la demanda, y un instrumento para su gestión. La tarifa en bloques cre ciente pretende favorecer el ahorro de agua, ya que cuando se supera una cantidad mínima consumida el precio aumenta, mientras que la decreciente se funda menta en los efectos de economía de escala asociados a la producción y distribución del recurso. 265 Libro Blanco del Agua en España Figura 220. Sistemas de tarifación de abastecimientos urbanos Vol. registrado To ta l f ac tu ra d o Vol. registrado To ta l f ac tu ra d o Vol. registrado To ta l f ac tu ra d o Vol. registrado T ot al f ac tu ra d o Vol. registrado T ot al f ac tu ra d o Vol. registrado T ot al f ac tu ra d o Vol. registrado T ot al f ac tu ra d o Vol. registrado T ot al f ac tu ra d o Vol. registrado T ot al f ac tu ra d o Sistema de Precio único Bloques de consumo de Bloques de consumo de tarifación precio creciente precio decreciente Sistema monomio sin mínimo de consumo Sistema monomio con mínimo de consumo Sistema binomio CONCEPTO Servicio de agua potable Tratamiento de aguas residuales Conservación red de alcantarillado Conserv. de ramales y contadores Total actividades propias Tasa saneamiento Tasa alcantarillado Impuestos cargo abonado Total activades ajenas Total actividades propias y ajenas 3 20.000 50.000 50.000 100.000 > 100.000 Áreas Metrop. 77 149 76 66 19 37 36 27 35 19 16 8 11 7 4 88 164 107 123 73 30 23 39 28 16 22 17 5 5 10 8 96 40 44 86 161 197 146 209 Precio del agua según rango de habitantes del municipio (pta/m ) 94 68 32 17 23 16 8 7 115 81 47 29 23 28 7 5 65 37 168 113 Media 1994 Media 1992 Una de las informaciones más sistemáticas sobre los precios de suministro del agua de abastecimiento en España se encuentra en las encuestas realizadas por la AEAS. A partir de ellas se pueden extraer algunas conclusiones que, aunque deben tomarse con cautela, resultan suficientemente orientativas: • En los municipios no incluidos en áreas metropolita nas se utilizan en la misma proporción los sistemas de cuota de servicio y de consumo mínimo, mientras que en las áreas metropolitanas predomina la utiliza ción de la cuota de servicio. • La estructura tarifaria más frecuente para uso doméstico, en poblaciones superiores a 20.000 habi tantes, es la de bloques de consumo con precios cre cientes, que afecta al 80% de la población, si bien se constata todavía la existencia de un número impor tante de abastecimientos con tarifa lineal (17%) e, incluso, con precios decrecientes (3%). La compara ción de las diversas encuestas permite identificar una tendencia hacia la progresividad de la tarifa, debido a la implantación en los últimos años de sistemas para incentivar el ahorro de agua. • En las tarifas para uso industrial esta tendencia es menor, aplicándose tan solo en el 52% de los casos la tarifa por bloques crecientes y permaneciendo el 46% con tarifa lineal. • El número de bloques en ambos casos puede llegar a cuatro, siendo más frecuente el uso de tres bloques en uso doméstico (61% de la población encuestada) y de dos bloques en uso industrial. En las tablas 64 y 65 (elaboradas con datos de AEAS) se muestran los precios medios del agua según tamaños de poblaciones- para uso doméstico e industrial, detallando los conceptos que habitual mente suelen constituir el recibo final. Se han elabo rado sobre la base de un consumo tipo de 100 m3/año para uso doméstico y de 180.000 m3/año para uso industrial. 266 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Tabla 64. Estructura de precios medios del agua para uso doméstico según tamaño de la población (Consumo tipo de 100 m3/año) Nota: Los valores totales no proceden de la suma sino del promedio de muestras diferentes CONCEPTO Servicio de agua potable Tratamiento aguas residuales Conserv. red de alcantarillado Conserv. de ramales y contadores Total actividades propias Tasa saneamiento Tasa alcantarillado Impuestos cargo abonado Total activades ajenas Total actividades propias y ajenas Precio del agua según rango de habitantes del municipio (pta/m3) 20.000 50.000 50.000 100.000 > 100.000 Áreas. Metropolit. 34 41 24 30 25 12 22 8 0 6 16 1 0 0 0 34 47 31 45 10 15 8 10 6 1 1 5 2 1 2 3 16 14 7 11 47 59 37 56 Media 1994 Media 1992 32 25 17 9 7 3 1 2 37 29 11 9 4 4 2 5 12 7 48 35 Tabla 65. Estructura de precios medios del agua para uso industrial según tamaño de la población (Consumo tipo de 180.000 m3/año) Nota: Los valores totales no proceden de la suma sino del promedio de muestras diferentes Ciudad Precio Barcelona 211 Las Palmas 204 Murcia 191 Alicante 132 Córdoba 127 Madrid 122 Palma de M. 120 Almería 119 Cáceres 116 Ceuta 116 Valencia 114 Sevilla 112 Tarragona 107 Ciudad Precio Gerona 102 Bilbao 99 Castellón 97 Huelva 93 Oviedo 92 Pamplona 91 Badajoz 87 Zamora 87 Zaragoza 86 Guadalajara 80 Soria 76 Málaga 76 Cádiz 74 Ciudad Precio Lugo 72 Lérida 72 Albacete 71 San Sebastián 71 Santander 71 Orense 70 Salamanca 69 Logroño 66 Vitoria 61 Valladolid 61 Burgos 60 Ávila 60 Granada 58 Ciudad Precio Ciudad Real 55 Pontevedra 55 Palencia 54 La Coruña 53 León 50 Segovia 48 Jaén 39 Toledo 36 Huesca 35 Melilla 15 Consumo anual (m3) 100 200 400 Precio cobrado por actividades propias (pta/m3) 115 97 99 Precio cobrado por actividades ajenas (pta/m3) 53 49 46 Precio total cobrado (pta/m3) 168 146 145 En función del nivel de consumo anual, los precios del agua para uso doméstico variaron como muestra la tabla 66, con datos de AEAS (encuesta de 1994). Asimismo, los precios medios del agua en 1995 (pta/m3), en distintas capitales españolas, son los ofre cidos en la tabla 67. Estos precios han de considerarse a título indicativo y con ciertas reservas, dada la hete rogeneidad de situaciones contempladas al no incluir todos los mismos conceptos. Por último, el Instituto Nacional de Estadística ha comenzado recientemente a elaborar estadísticas de Medio Ambiente, y dispone ya de un primer trabajo específico sobre precios del agua (INE, 1998). Conforme a este trabajo - basado en datos de 1996 -, el precio total medio actual en España del servicio de agua destinada al abastecimiento de los centros urbanos es de 229 pts/m3. Este precio es el resultado de considerar los costes unitarios de producción de todas las actividades que se realizan desde que el agua es captada en la natu raleza hasta que es devuelta al medio natural en condi ciones óptimas. Incluye, por tanto, el abastecimiento y el saneamiento de las poblaciones. Las actividades de captación y depuración del agua suponen el 17 % del precio total, la fase de distribu ción y suministro supone el 49 %, y la de alcantarilla do y tratamiento de aguas residuales el 34 %, por lo que este precio medio, en los términos estrictos de abastecimiento, y dejando aparte el coste de sanea miento, es de unas 152 pts/m3. Las diferencias regionales respecto a esta media total global son las mostradas en la tabla 68. Como puede verse, en la mayor parte de las comuni dades autónomas, la fase de distribución del agua es la que más repercute en el precio. Sin embargo, en el caso de Baleares es el alcantarillado y tratamiento de aguas residuales la fase más costosa, con un 54 % del precio total. También ocurre, aunque algo menos, en Extremadura en donde esta fase de saneamiento repre senta casi el 41 % de dicho precio. La captación y dis tribución del agua resulta más costosa en el País Vasco que en otras comunidades, un 26 % del precio total. A continuación se sitúan La Rioja y Castilla y León, donde el 22 % del precio es imputable a esta primera fase del ciclo del agua. El análisis de las tablas anteriores permite extraer las siguientes conclusiones: • El precio medio del agua para uso doméstico es mayor que para uso industrial. • El predominio de las tarifas con bloques crecientes no se refleja en una progresividad de los precios en relación con los consumos. La razón es que al tratar se, en la mayoría de los casos, de tarifas con término fijo (independiente del consumo) y término variable (función del consumo), aparecen situaciones de cos tes muy elevados para los consumos muy bajos. • El precio medio del agua ha aumentado de manera importante entre los años 1992 y 1994, destacando el mayor incremento relativo de las actividades ajenas. Tabla 66. Precios medios del agua para uso doméstico según consumo anual 267 Libro Blanco del Agua en España Tabla 67. Precios del agua en distintas ciudades españolas • Los conceptos que han experimentado una mayor subida en los últimos años han sido el tratamiento de aguas residuales y la tasa de saneamiento, debido, fundamentalmente, a la aplicación de la Directiva europea sobre vertidos. Es previsible que, en el futu ro, estos conceptos sean el origen de los mayores incrementos en el precio del agua. • Existen tres ciudades (Barcelona, Las Palmas y Murcia) con nivel de precios del orden de las 200 pta/m3. El resto se encuentra a niveles claramente inferiores. En general, el menor precio medio corres ponde a la Cornisa Cantábrica, seguida por la zona centro y Andalucía. Los precios más altos se regis tran en las islas y en el litoral levantino. • Las diferencias de precios medios totales (abasteci miento y saneamiento) entre Comunidades Autóno mas son muy importantes. Los precios más elevados corresponden a Canarias, con 406 pts/m3, seguida de Murcia, con 362, y Ceuta y Melilla con 323. En el otro extremo se sitúa Castilla y León con 88 pts/m3, y Galicia con 108. A nivel global, el precio medio resultante de dividir la facturación total por el volumen de agua registrada (considerando todos los usos) es de 72 pta/m3 para los abastecimientos encuestados. Sin perjuicio de las dife rencias relativas de renta, este precio contrasta con los pagados en países como Alemania (235 pta/m3), Francia (172), Holanda (175), o Bélgica (186), que lle gan a duplicarlo o triplicarlo, y señalan probablemen te una importante diferencia de imputación de costes a los ciudadanos por el servicio del agua potable. Por otra parte, es interesante diferenciar de estos pre cios finales la parte estrictamente debida al coste de suministro en alta, o disponibilidad del agua en los depósitos de cabecera del abastecimiento. Estos costes del abastecimiento en alta resultan ser, como los costes totales, muy variables de unos lugares a otros. Como meras referencias indicativas, sus cuan tías resultan ser de unas 13 pta/m3 en Castellón, 20 en Valencia, 42 en el área atendida por la Mancomunidad de Canales del Taibilla (básicamente Murcia y Alicante), 21 en el Levante almeriense (Cuevas de Almanzora, Vera y Mojácar), o 14 en la Mancomu nidad del Sorbe. Excepcionalmente se dan cuantías singulares como las de Moncofer, con 100 pta/m3 debido a suministro parcial de aguas desaladas, o las de Palma de Mallorca, donde el transporte de aguas en barco desde Tarragona elevó este coste hasta 350 pta/m3. Conforme a la información del INE, los costes medios de captación en España, con la depuración incluida, serían del orden de las 40 pts/m3. 268 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Distribución del precio (%) Precios medios (pts/m3) Comunidad Autónoma Pr. total (pts/m3) Capt.. Distr. Saneam. Capt.. Distr. Capt. + Distrib. Saneam. Andalucía 258 14.6 44.2 41.2 38 114 152 106 Aragón 135 15.0 45.6 39.4 20 62 82 53 Asturias 135 18.7 51.6 29.7 25 70 95 40 Baleares 289 17.1 28.8 54.1 49 83 133 156 Canarias 406 18.0 51.8 30.2 73 210 283 123 Cantabria 150 25.0 47.0 28.0 38 71 108 42 Castilla y León 88 22.5 62.3 15.2 20 55 75 13 Castilla-La Mancha 176 20.6 45.5 33.9 36 80 116 60 Cataluña 317 19.9 56.3 23.8 63 178 242 75 Comunidad Valenciana 283 18.1 52.0 29.9 51 147 198 85 Extremadura 195 21.3 38.1 40.6 42 74 116 79 Galicia 108 13.3 45.9 40.8 14 50 64 44 Madrid 227 10.3 48.1 41.6 23 109 133 94 Murcia 362 20.2 40.3 39.5 73 146 219 143 Navarra 129 14.3 48.3 37.4 18 62 81 48 País Vasco 173 26.1 32.2 41.7 45 56 101 72 Rioja 113 22.2 35.8 42.0 25 40 66 47 Ceuta y Melilla 323 13.1 55.1 31.8 42 178 220 103 Total España 229 17.3 48.9 33.8 40 112 152 77 Tabla 68. Precios medios del abastecimiento urbano por Comunidades Autónomas En definitiva, y para tener un orden de magnitud glo bal representativo, puede afirmarse que, salvo situa ciones puntuales excepcionales, los costes del agua de abastecimiento en alta alcanzan valores que oscilan entre las 10 y las 40 pta/m3. 3.3.3.4. Experiencias de ahorro y conservación El ahorro de agua, a menudo considerado simplemen te como una respuesta de emergencia frente a una situación de sequía, ha tendido a convertirse en los últimos años en un conjunto de medidas económica y ambientalmente atractivas para equilibrar los balances entre demandas y suministros urbanos. Esta nueva orientación, surgida tras las experiencias de ahorro en el campo energético, pone el acento en el ahorro per manente de agua que se podría conseguir con su uso racional, lo que permitiría retrasar, o en algunos casos incluso evitar, la realización de nuevas y cada vez más costosas infraestructuras de suministro. De esta forma, el ahorro de agua se englobaría en el concepto más amplio de conservación del agua, tér mino surgido hace años en Estados Unidos para hacer frente a un ilimitado crecimiento de la deman da, con sus consecuencias de exigencia de mayores suministros, degradación de la calidad del agua y deterioro ambiental. En su origen la idea de conser vación del agua se orientaba hacia la reducción de la demanda de agua, el aumento de la eficiencia en su uso y la mejora de las técnicas de riego y de los usos ornamentales. El concepto fue posteriormente ampliándose para incorporar todas aquellas técnicas que tienen por objeto el ahorro de agua o la mejor gestión de los recursos, tales como las actuaciones de modernización y rehabilitación de redes, tarifación volumétrica, equipamientos sanitarios de bajo consu mo, desarrollo educativo e información pública, reu tilización de aguas residuales, reciclado, cultivos y jardinería con menos exigencia de agua, etc. En España, sin embargo, la idea de ahorro de agua continúa, en general, asociada a la idea de sequía y no es frecuente que esta cuestión se suscite en situaciones de normalidad o bonanza hidrológica. En consecuen cia, las experiencias de ahorro en España continúan por lo común teniendo el carácter de medidas de emer gencia y no siempre tendría sentido su aplicación en situaciones hidrológicamente normales. Este sería el caso de las limitaciones del riego de calles y jardines o los cortes de suministro que, aunque suelen cali ficarse como medidas de ahorro, en realidad constitu yen medidas restrictivas excepcionales para hacer frente a una situación crítica y no podrían considerar se como un uso realmente racional del agua. Ahora bien, la experiencia de las situaciones de sequía puede servir para comprobar la eficacia de este tipo de medidas. Junto a las medidas excepcionales mencio nadas, en los últimos años de sequía se han llevado a cabo otras actuaciones, tales como campañas de concienciación, reutilización de aguas residuales depuradas, reducción de fugas, aumentos temporales del precio y otras, que han permitido alcanzar ahorros del orden del 5 al 15% de los volúmenes suministra dos en situación ordinaria. Independientemente de su carácter excepcional, los tradicionales e indeseables cortes horarios del sumi nistro pueden ser eficaces en redes de distribución con un elevado porcentaje de pérdidas, pero su eficacia disminuye cuando se trata de redes bien conservadas. Por otra parte, la complejidad de las redes, con fre cuentes interconexiones, obliga a un elevado número de maniobras diarias de cierre y apertura de válvulas, lo que hace que esta medida sea muy engorrosa, cuan do no técnicamente inviable. El frecuente recurso a los cortes de suministro es, pues, indicativo de una inade cuada gestión del servicio de abastecimiento urbano. Las restricciones en el riego de jardines tampoco pue den constituir una medida de ahorro permanente. Sin embargo, la práctica del paisajismo xerofítico que está empezando a implantarse en algunos países presenta interesantes perspectivas. Esta práctica consiste en emplear plantas, arbustos y cubierta vegetal de tipo autóctono, de mayor tolerancia frente a la sequía que el cesped típico de la mayoría de las zonas residencia les. Además de conseguirse una importante reducción del consumo de agua en relación con los jardines con vencionales, se reduce también apreciablemente la cantidad de fertilizantes y herbicidas necesarios. Otra posible forma de conseguir ahorros de agua con siste en la utilización de equipamientos domésticos (cisternas, cabezales de ducha y grifos) de menor con sumo de agua. La experiencia de Ciudad de Méjico en este tipo de medidas parece especialmente prometedo ra. Es posible que para su implantación no sea sufi ciente con incentivos económicos o campañas de información, por lo que podría establecerse la homo logación de este tipo de instalaciones en el marco de una estrategia de ahorro regular. Asimismo, es intere sante la experiencia de la ciudad de Zaragoza y su campaña de ahorro (Viñuales, 1998), no tanto por los modestísimos objetivos volumétricos marcados (1 hm3/año), sino por el efecto de creación de opinión, participación pública y conciencia ciudadana de la necesidad de ahorro. Sin duda, una de las fuentes más importantes de aho rro es la reducción de las pérdidas que se producen en las redes, fundamentalmente en las más antiguas. 269 Libro Blanco del Agua en España Como se ha mencionado anteriormente, el volumen de agua no registrada, en el que se incluyen los usos públicos y las pérdidas en tratamiento y distribución, se sitúa en un valor medio del 28%, con oscilaciones desde poco más de un 10% hasta algún caso excep cional en que se alcanza el 50%. Estas cifras ponen de manifiesto la conveniencia de efectuar mediciones de las aguas dedicadas a usos públicos y diferenciar la proporción real de pérdidas. Existe, sin embargo, un límite técnico y económico para las pérdidas, que algunos especialistas sitúan entre el 10 y el 15%. Alcanzar estos límites requiere disponer de sistemas automatizados de control que permitan conocer en tiempo real el estado de la red, y detectar los posibles incidentes para poder actuar con la necesaria rapidez. No obstante, no debe olvidarse que los posibles aho rros, basados fundamentalmente en los consumos no esenciales y en las pérdidas, disminuyen con el nivel de dotación. Así, resulta más difícil conseguir ahorros significativos cuando las dotaciones son más limita das, lo que agrava la situación de las zonas con esca sos recursos hídricos, donde la necesidad es mayor y suele contarse con dotaciones más estrictas. Generalmente, una vez finalizado el periodo de sequía y normalizada la situación hidrológica, la demanda no suele recuperar los niveles previos, lo que demuestra las posibilidades de realizar ajustes en el consumo urbano. Aunque a corto plazo las entidades gestoras del abastecimiento acusan estos menores consumos en sus cuentas de resultados, acaban adaptando su orga nización y actividades a la nueva situación, restable ciendo el equilibrio. Este efecto de contención en el consumo se aprecia cla ramente en las figuras 221 y 222, en las que se muestra la evolución, a escala anual y mensual, de los volúme nes derivados por el Canal de Isabel II. Se aprecian, 270 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 221. Volúmenes anuales derivados por el Canal de Isabel II desde 1971 0 100 200 300 400 500 600 71/72 73/74 75/76 77/78 79/80 81/82 83/84 85/86 87/88 89/90 91/92 93/94 95/96 h m 3 / añ o Figura 222. Volúmenes mensuales derivados por el Canal de Isabel II desde 1971 0 10 20 30 40 50 60 70 oc t 71 oc t 72 oc t 73 oc t 74 oc t 75 oc t 76 oc t 77 oc t 78 oc t 79 oc t 80 oc t 81 oc t 82 oc t 83 oc t 84 oc t 85 oc t 86 oc t 87 oc t 88 oc t 89 oc t 90 oc t 91 oc t 92 oc t 93 oc t 94 oc t 95 oc t 96 oc t 97 h m 3 / m es junto con un cambio del régimen estacional a mediados de los ochenta, las disminuciones correspondientes a la sequía de estos años ochenta y, de forma más acusada, la de los años noventa. Es interesante constatar, tal y como se sugirió ante riormente, que este mismo efecto puede apreciarse también en los volúmenes suministrados por la Mancomunidad de los Canales del Taibilla, y los suministrados al área metropolitana de Barcelona en los últimos años, según se muestra en la figura 223, en la que se ofrecen las tres series de suministro y su comparación relativa. La sorprendente similitud de pautas observada en sistemas tan distantes entre sí sugiere un patrón de comportamiento general, y la naturaleza global -no local- de este efecto apunta a que, análogamente a como sucede con los recursos hídricos, también las series de demandas (incluso las relacionadas con los regadíos, como veremos al estu diar la reciente sequía), parecen mostrar estructuras significativas de correlación cruzada. Por otra parte, existen algunas medidas generales a adoptar en relación con las sequías, con independencia del sistema específico de que se trate. Así, la elaboración de un manual que defina las fases y los umbrales de pre alerta resulta de interés, pues concreta algo muy impor tante como es el sentido de anticipación a las situaciones adversas. Las campañas de concienciación y los sumi nistros alternativos (p.e. superficiales/subterráneos) resultan también básicos en cualquier circunstancia. Además, cada sistema específico puede requerir trata mientos singulares, no necesariamente generalizables. Las actuaciones llevadas a cabo en el área metropoli tana de Barcelona y en la Comunidad de Madrid durante las últimas sequías pueden servir para ilustrar el tipo de medidas singulares adoptadas en estos casos, y su eficacia relativa. En Barcelona, donde la última sequía alcanzó su punto más crítico en abril de 1990, se adoptaron, entre otras, las siguientes medidas: • Alerta a los usuarios especiales (hospitales, centros asistenciales, etc.) sobre la importancia de adecuar sus instalaciones interiores con el fin de disponer de reservas y prevenir descensos de presión en la red de abastecimiento. • Restricción prácticamente total del riego urbano, limitación al máximo del riego de jardines y obliga ción de funcionamiento de las fuentes ornamentales en circuito cerrado. • Preparación de un plan para limitar los usos comer ciales e industriales de tipo complementario y los usos domésticos de tipo suntuario. • Campaña de concienciación ciudadana en los medios de comunicación. Con el conjunto de medidas adoptadas el consumo disminuyó un 5% entre noviembre de 1989 y junio de 1990. Teniendo en cuenta que el crecimiento medio anual de los años anteriores era del 2,6%, el ahorro conseguido se podría situar entre el 5 y el 8%. El seg mento que registró el mayor descenso fue el uso públi co (18%), seguido por los usos industriales y comer ciales (7%) y domésticos (4%). En la Comunidad de Madrid la última crisis en el abas tecimiento se presentó entre marzo de 1992 y noviem bre de 1993, adoptándose las siguientes medidas: • Creación de una Oficina de la Sequía. • Limitación del riego de parques y jardines (Ley 3/1992 de la Comunidad de Madrid). • Utilización de aguas residuales depuradas para riego, que se facilitaban de manera gratuita. El volumen 271 Libro Blanco del Agua en España Figura 223. Evolución de volúmenes anuales (hm3) suministrados por el Canal de Isabel II, el abastecimiento a Barcelona, y la Mancomunidad de Canales del Taibilla desde 1971 0 100 200 300 400 500 600 700 1971 1975 1979 1983 1987 1991 1995 MCT CyII Barcelona Barc. 250 300 350 400 450 500 550 600 650 100 120 140 160 180 200 MCT CyII movilizado fue muy reducido (sólo 37.000 m3 trans portados en cisternas por 300 usuarios), lo que, unido a la necesidad de autorización por el Organismo de cuenca, y a los posibles problemas sanitarios, hace que esta medida deba plantearse con prudencia en el futuro. • Control de fugas, tomas clandestinas y usuarios con consumos excesivos. Corte de bocas de riego (lo que exigió acuerdos específicos con los Ayuntamientos e instalación de hidrantes para los bomberos). • Instalación de caudalímetros en las grandes conduc ciones y en la red de distribución e instalación de contadores en parques y jardines. Ello debe conside rarse el inicio de una campaña de mejora del control, que aún hoy continúa. • Plan de eficiencia interna, repartiéndose más de 3.000 juegos de dispositivos de ahorro para grifos, duchas e inodoros. Frente al total de 1.800.000 viviendas servidas, esta cantidad es muy modesta, pero importante desde el punto de vista de la concienciación pública. • Campaña en los medios de comunicación social. Con estas medidas, junto con la apertura de nuevos pozos por particulares e industrias, el agua derivada para abastecimiento por el Canal de Isabel II pasó de 590 hm3 en 1991, a 522 hm3 en 1992 y 476 hm3 en 1993, lo que supuso una disminución muy significati va, del orden del 20%. La eficacia de las diversas medidas fue muy variada. Mientras que el ahorro voluntario favorecido por las campañas de comunica ción fue muy efectivo, la limitación del riego y la reu tilización de aguas depuradas para riego tuvieron muy escasa repercusión. Entre los usuarios que habían ins talado dispositivos de ahorro, la mitad alcanzó un aho rro superior al 20% y una quinta parte de ellos aho rraron por encima del 40%. También pudo constatarse el efecto acumulado y progresivo de las medidas tomadas: en el verano de 1993, ya sin restricciones en el riego de parques y jardines, se consumía un 24% menos que en el verano de 1991. No obstante, tras estos años secos parece observarse una cierta recuperación en los consumos, y en 1998 el agua total derivada por el Canal ya alcanzó una cifra de 506 hm3, con tendencia creciente, lo que puede deberse al aumento del número de viviendas -aún con población estable-, a sus mayores equipamientos, a la estabilidad de precios, etc. Como último ejemplo ilustrativo, se muestra un caso en el que las experiencias de ahorro son resultado de un plan previo de medidas de conservación y uso efi ciente aplicadas en situaciones hidrológicas norma les, y no como respuesta coyuntural a la sequía. Es el experimentado en la ciudad de Murcia y su área metropolitana, en que como consecuencia de un importante esfuerzo municipal se han conseguido los 272 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 224. Indicadores de gestión del abastecimiento en la ciudad de Murcia Número de abonados (miles) 0 20 40 60 80 100 120 1983 1986 1989 1992 1995 1998 Volúmenes de agua (hm 3) 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 1983 1986 1989 1992 1995 1998 Suministrada Facturada Pérdidas en la red 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 55 1983 1986 1989 1992 1995 1998 Globales (%) Unitarias (m3/km.dia) Longitud de las redes (km) 0 200 400 600 800 1000 1200 1400 1983 1986 1989 1992 1995 1998 Abastecimiento Saneamiento interesantes resultados mostrados en los gráficos adjuntos (Hervás, 1996. Datos actualizados por comunicación personal). Desde 1984, en que se crea una empresa municipal para el servicio de aguas -y que en 1989 se transforma en empresa mixta- la evolución del volumen requerido en alta del sistema, suministrado y facturado, ha sido contenido y reducido pese a que han ido aumentando tanto el número de abonados (por el natural creci miento vegetativo y por localizar y dar de alta usuarios clandestinos y aumentar el número de contadores) como el de las zonas abastecidas (lo que se refleja en la longitud de las redes). Ello ha sido posible funda mentalmente por la combinación de esfuerzos en detección de fraudes, y mantenimiento, mejora y reno vación de las redes de suministro. Si hubiese conti nuado linealmente la tendencia del periodo 1984-89 se requerirían ahora unos 50 hm3/año, cifra que contrasta con los 30 actuales, y que supone haber ahorrado unos 20 hm3/año, es decir, aproximadamente un tercio del consumo previsto. Ello ha supuesto pasar de dotacio nes unitarias de 330 l/hab/día a 230, no sólo sin la per cepción de perjuicio para los usuarios, sino con un general mejor servicio. Como se observa en los gráfi cos de la figura 224, las pérdidas globales en la red han pasado del 45 al 25% en escasamente 4 años, y la reducción de pérdidas unitarias ha sido aún mayor. Este es un caso en el que la mejora de eficiencia y mayor ahorro y conservación del recurso se ha visto forzada por la escasez hídrica estructural de la zona, que los epi sodios de mayor sequía únicamente exacerban. Un aspecto de importancia fundamental en el desarro llo de medidas de ahorro y conservación es el relativo a su economía. Por una parte, existen casos, funda mentalmente cuando se trata de sistemas eficientes o en zonas de escasez, en que los costes que supone el ahorro no presentan apreciables ventajas económicas frente a la alternativa de nuevas infraestructuras de suministro (siempre y cuando éstas sean posibles), si bien suelen suponer ventajas desde el punto de vista ambiental y de su aceptación social. Además, la diver sidad de situaciones y las dificultades de evaluación de los costes del ahorro, menos conocidos que los de otras técnicas de generación de recursos, no coadyu van a facilitar su desarrollo. Desde el punto de vista jurídico existen también algu nas dificultades para una generalizada implantación de medidas de ahorro, pues la revisión concesional que estas medidas deben conllevar, podría plantear problemas de ejecución práctica si no se ha acordado previamente mediante un plan conjunto, cuyos balan ces hídrico-económicos o sociales resulten atractivos para todos los interesados. Por otra parte, se presenta el problema de la remune ración de las inversiones necesarias para el ahorro que han de realizar las empresas suministradoras del ser vicio de abastecimiento. Paradójicamente, en situacio nes de escasez las empresas realizan gastos extraordi narios en campañas de comunicación para disuadir a los usuarios de consumir el producto que constituye la base de su actividad. Así, cuanto más eficaces son estas campañas y mayor es el éxito conseguido, meno res son sus beneficios. De ahí la conveniencia de dis poner de un adecuado marco tarifario para que los programas de ahorro y conservación puedan ser real mente eficaces. En el sector eléctrico, con el que el sector hídrico tiene algunas similitudes, se vienen abordando estas cuestiones desde hace algún tiempo. En el caso de Estados Unidos, concretamente, se ha introducido el concepto de ahorro compartido, que supone que a las empresas les resulte más rentable invertir en el aho rro de energía por parte de sus clientes que en la construcción de nuevas infraestructuras, al recuperar tarifariamente en distintas proporciones las inversio nes en uno y otro concepto. La necesidad de tales medidas institucionales o regu latorias para fomentar la conservación del agua debe ser subrayada, pues de no establecerse tal conserva ción como objetivo inicial, de forma expresa, los avances que se produzcan serán el resultado de situa ciones críticas, tales como las de Barcelona, Madrid, Sevilla o Murcia, ya comentadas, y no se plantearán desde el comienzo, como posible alternativa a otras fuentes de suministro. Los incentivos económicos son esenciales a este respecto. Debe huirse, en cualquier caso, de la falsa y vana con frontación entre conservación del agua y nuevas infra estructuras. Este debate no ha de plantearse, en ningún modo, como dilema, puesto que la realización de nue vas infraestructuras de suministro y las actuaciones de gestión y conservación del agua deben constituir medidas complementarias, de relativa necesidad según las circunstancias concretas. Como tales, su correcto tratamiento requiere que se consideren de forma coor dinada y conjunta. 3.3.3.5. Demanda futura Las previsiones de los Planes Hidrológicos sobre necesidades futuras para los abastecimientos urbanos elevan la demanda a unos 5.300 hm3/año en el primer horizonte de los Planes (10 años) y a 6.300 hm3/año en el segundo (20 años), con la distribución territorial que se muestra en la tabla 69 y la figura 225. Debe indicarse, en todo caso, que se está interpretando la 273 Libro Blanco del Agua en España Ámbito Norte I Norte II Norte III Duero Tajo Guadiana I Guadiana II Guadalquivir Sur Segura Júcar Ebro Cuencas Internas de Cataluña Galicia Costa Península Baleares Canarias España Primer horizonte (hm3/año) 81 221 266 243 851 126 48 583 283 180 613 338 791 262 4.886 114 347 5.347 Segundo horizonte (hm3/año) 88 230 270 337 939 137 55 640 317 184 686 358 942 317 5.500 123 690 6.313 demanda en el sentido reglamentario, es decir, se suponen proyecciones de consumo futuro con elastici dad precio nula. Esta evolución prevista de las demandas representa, respecto a la situación actual, unos incrementos glo bales del 15% y del 36% para cada uno de los hori zontes considerados. Estos incrementos, que en térmi nos absolutos podrían no ser demasiado importantes en comparación con otras demandas, presentan el pro blema de su exigencia de calidad y su gran concentra ción geográfica, lo que puede dificultar la obtención de nuevos recursos, que se hallan cada vez más dis tantes y a menudo comprometidos. La comparación entre las previsiones de demanda efectuadas en los Planes y las previsiones de pobla ción realizadas por el INE, y comentadas en los epí grafes de población, permite extraer algunas conclu siones que se ilustran en la figura 226. En ella se ha supuesto que la situación actual corresponde a los datos de 1995 y que los dos horizontes de los Planes corresponden a los años 2.005 y 2.015. En primer lugar hay que señalar que frente a un incre mento generalizado de las demandas de abastecimiento en los ámbitos de todos los Planes de cuenca sólo se pre vén incrementos de población en el Guadalquivir, Sur, Canarias, Segura, Guadiana y Baleares. En el resto de los Tabla 69. Previsiones de demanda de abastecimiento urbano a medio y largo plazo según los Planes Hidrológicos 274 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 1000 Ta jo C .I .C at al u ñ a Jú ca r G u ad al q u iv ir E br o N or te I II Su r D u er o N or te I I G al ic ia C os ta Se gu ra C an ar ia s G u ad ia n a I B al ea re s N or te I G u ad ia n a II h m 3 / añ o Actual Primer horizonte Segundo horizonte Figura 225. Demanda de abastecimiento de poblaciones prevista a medio y largo plazo en los Planes Hidrológicos Ámbito Norte I Norte II Norte III Duero Tajo Guadiana I Guadiana II Guadalquivir Sur Segura Júcar Ebro Cuencas Ints. de Cataluña Galicia Costa Baleares Canarias España Dotación actual (l/h/día) 245 364 396 268 345 247 276 307 340 340 377 311 336 293 358 269 327 Dotación 1er horiz. (l/h/día) 270 390 410 313 376 256 342 323 370 337 402 337 393 366 408 564 370 Dotación 2º horiz. (l/h/día) 317 427 432 458 416 274 378 341 396 332 449 369 476 457 432 1080 438 Tasa anual 1995-2005 (%) 0.96 0.69 0.35 1.56 0.86 0.37 2.17 0.53 0.83 0.09 0.66 0.78 1.59 2.25 1.33 7.66 1.25 Tasa anual 2005-2015 (%) 1.61 0.92 0.51 3.87 1.02 0.69 1.00 0.53 0.69 0.14 1.12 0.93 1.92 2.24 0.56 6.72 1.70 ámbitos, por tanto, y si las previsiones del INE son correctas, la evolución de la demanda prevista en los Planes no se justificaría por un mero aumento de la población estable, sino, en todo caso, por un incremento de las dotaciones unitarias o de la población estacional. Analizando algunos de los casos concretos que se muestran en la figura 226, destacan las islas Canarias, con un llamativo incremento de su demanda, que pasa ría a superar en el segundo horizonte a las demandas de todos los ámbitos, con excepción del Tajo y de las Cuencas Internas de Cataluña. Esta última también presenta un considerable incremento de demanda, a pesar de que las previsiones de población indican un apreciable descenso, y pasaría a situarse en el segun 275 Libro Blanco del Agua en España Figura 226. Previsiones de evoluciones anuales de población y demanda urbana en los Planes Hidrológicos Tabla 70. Evolución de las dotaciones de abastecimiento y tasa de variación anual Demanda (hm3/año) 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 1000 1995 2000 2005 2010 2015 Población (miles de habitantes) 0 1000 2000 3000 4000 5000 6000 7000 1995 2000 2005 2010 2015 TAJO C.I.CATALUÑA GUADALQUIVIR JUCAR EBRO SUR DUERO GALICIA COSTA CANARIAS NORTE III SEGURA NORTE II GUADIANA I BALEARES NORTE I GUADIANA II do horizonte con la mayor demanda de España, lige ramente por encima de la demanda de la cuenca del Tajo. Llama igualmente la atención el caso de la cuenca del Duero, donde a pesar de la clara tenden cia de disminución de la población, se prevé un importante incremento de la demanda. En líneas generales, el conjunto de estas previsiones no parece haber contemplado con suficiente intensi dad la implantación de las necesarias medidas de ahorro y contención de la demanda. En efecto, si se analiza la evolución de las dotaciones resultantes de dividir las demandas y las poblaciones previstas, se aprecia su incremento generalizado, tal y como muestra la figura 227. La tabla 70 presenta numéricamente esta evolución de las dotaciones, junto con la tasa de variación anual acumulativa resultante. Estas dotaciones pueden diferir de las de los Planes Hidrológicos, ya que se han obtenido a partir de dife rentes estimaciones de población. Además, tales esti maciones de población han requerido adoptar una hipótesis general de distribución por ámbitos de plani ficación de las previsiones del INE, y algunos Planes pueden tener estimaciones propias de mayor precisión. De acuerdo con los datos de esta tabla, se pueden rea lizar una serie de consideraciones. Las dotaciones del primer horizonte parecen situarse en torno a las cifras convencionalmente admitidas, excepción hecha de Canarias, que en ambos horizontes presenta unas cifras especialmente altas, lo que será objeto de un comentario posterior. Salvo esta excepción, la dota ción de todos los ámbitos es inferior a la establecida en la Orden de 24 de setiembre de 1992, que estable ce, para los dos horizontes, una dotación máxima de 410 l/hab/día para poblaciones con actividad comer cial-industrial alta y más de 250.000 habitantes. La situación es diferente en lo que se refiere al segun do horizonte. En este caso, los ámbitos del Norte II, Norte III, Duero, Júcar, Cuencas Internas de Cataluña, Galicia Costa, Baleares y Canarias superan la cifra máxima de 410 l/hab/día establecida en la citada Orden. Destacan de una forma particular, con una dotación superior a 450 l/hab/día, además de Canarias, las Cuencas Internas de Cataluña, Duero y Galicia Costa, como se había puesto de manifiesto en la figu ra anterior, con una pendiente más acusada que en el resto de los ámbitos. Esta evolución de las dotaciones se refleja en las tasas de variación anual acumulativa de cada ámbito. Estas tasas superan el 1,5% en Canarias, Galicia Costa, Duero, Guadiana II (primer periodo) y Cuencas Internas de Cataluña. Una notable excepción a esta evolución generalizada se presenta en la cuenca del Segura, donde se aprecia una clara apuesta de futuro por el ahorro y la conten 276 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 227. Evolución prevista de las dotaciones de abastecimiento en los distintos Planes Hidrológicos Dotación de abastecimiento (l/hab/día) 200 250 300 350 400 450 500 1990 1995 2000 2005 2010 2015 2020 TAJO C.I.CATALUÑA GUADALQUIVIR JUCAR EBRO SUR DUERO GALICIA COSTA CANARIAS NORTE III SEGURA NORTE II GUADIANA I BALEARES NORTE I GUADIANA II ción de la demanda, con tasas de variación de las dota ciones negativas. Ello da lugar a que, pese a las previ siones de crecimiento de la población, la demanda sólo aumente ligeramente, pudiendo considerarse, en la práctica, casi estabilizada. Se trata, pues, en algunos casos, de incrementos muy importantes en términos relativos, que podrían justifi carse parcialmente por el incremento de la demanda estacional debida al sector turístico. También debe tenerse en cuenta el previsible incremento de dotación en algunas poblaciones rurales como consecuencia de la mejora de su nivel de vida. Debe señalarse, por otra parte, la tendencia a la dismi nución en el número de habitantes por vivienda y el crecimiento de viviendas unifamiliares que lleva con sigo la elevación de los niveles de renta, cuestiones ambas que repercuten claramente en una mayor dota ción. En este sentido, algunos especialistas comienzan a propugnar el empleo de dotaciones por vivienda, y no por habitante, lo que requeriría el manejo de datos sobre la clasificación de las viviendas, sus porcentajes de ocupación temporal y movimientos estacionales de población, todo lo cual permitiría mejorar las actuales prognosis sobre evolución de la demanda de abasteci miento de poblaciones. Frente a estas razones para un posible incremento de las dotaciones debe insistirse en la conveniencia de implantar medidas de ahorro que frenen el creci miento del consumo, habida cuenta de las dificulta des ya mencionadas para hacer llegar a las concen traciones urbanas nuevos recursos, que cada vez son más escasos y distantes. Salvo en el caso del Segura, cuyas dotaciones descienden a largo plazo, las previ siones realizadas en los Planes no parecen haber con cedido suficiente importancia a esta cuestión, cuan do en la práctica ya empiezan a producirse mejoras en la gestión de las redes de suministro con el consi guiente aumento de su eficiencia, como consecuen cia, fundamentalmente, de las situaciones de crisis sufridas durante la última sequía. Esta experiencia deberá tenerse muy presente en la próxima revisión de los Planes de cuenca. El caso de Canarias, antes resaltado, merece una consi deración especial. Como se ha señalado, sus previsiones apuntan a un crecimiento francamente espectacular de la demanda urbana, alcanzando dotaciones en el segundo horizonte superiores a los 1.000 l/hab/día. Esta cifra debe ser matizada incorporando el fuerte efecto que en estas islas tiene el sector turístico. Según las previsiones del Gobierno de Canarias, la demanda de 690 hm3/año estimada para el segundo horizonte se obtendría a partir de una demanda de la población fija de 368 hm3/año y una demanda turística de 322 hm3/año. La demanda de la población fija, teniendo en cuenta las previsiones de población, correspondería a una dotación de 576 l/hab/día, que continuaría siendo la mayor de España. En cuanto a la demanda turística se ha obtenido estimando una dotación para el segundo horizonte que varía de 500 l/hab/día en alojamientos rurales a 650 l/hab/día en pla zas hoteleras. Estas dotaciones también son elevadas si se toma como referencia la Orden de 1992, en la que se establece una dotación de 350 l/hab/día para los chalés, que se consideran los establecimientos de máximo con sumo (en el caso de hoteles se establece una dotación de 240 l/hab/día). Es decir, aún considerando de forma desagregada el efecto turístico, estas cifras no parecen adecuarse a las dificultades de suministro que padece el archipiélago. Sin embargo, en trabajos más recientes (Cabildo Insular de Gran Canaria, 1995) estas cantida des se ven notablemente reducidas, lo que parece indicar una reconsideración de las previsiones anteriores. 3.3.3.6. Problemas existentes y previsibles Descritas la situación actual y las previsiones de futu ro de las demandas de abastecimiento, se pasará revis ta a algunos de los principales problemas con que se enfrenta este sector. En primer lugar, los problemas más evidentes de los sistemas de abastecimiento de poblaciones en España se refieren a su fiabilidad y a su vulnerabilidad. La fiabilidad, entendida como garantía de suministro, debería hallarse próxima al 100%, lo que representaría una seguridad absoluta en el abastecimiento. Sin embargo, las sequías de los últimos años han puesto de manifiesto que en importantes zonas de España los sistemas de abastecimiento no son suficientemente fiables, presentándose, con relativa frecuencia, fallos en el suministro de agua potable. La vulnerabilidad de estos sistemas, con fallos de importante magnitud afectando a extensas zonas del territorio, también ha quedado evidenciada. Una buena parte de la población española, estimada en unos diez millones de personas, sufrió restricciones en el suministro de agua durante la sequía de los años noventa. Poblaciones como Granada, Jaén, Sevilla, Málaga, Toledo, Ciudad Real y Puertollano, y las zonas de la Bahía de Cádiz y la Costa del Sol pade cieron severas limitaciones de suministro, con restric ciones hasta del 30% en algunos casos y cortes diarios de agua hasta de 9 y 10 horas de duración. Además de estos problemas de insuficiencia de recur sos, derivados de la irregularidad de su presentación, también se manifiestan problemas de abastecimiento en zonas con abundantes recursos pero escasa capaci dad de regulación, como sucede en la Cornisa 277 Libro Blanco del Agua en España Cantábrica, donde algunas poblaciones padecen restric ciones en el suministro durante los meses de verano. A ello deben añadirse los problemas en la explotación de acuíferos que afectan a algunos núcleos urbanos que se abastecen de aguas subterráneas en determina das zonas del litoral más turístico de España, con fre cuencia debidos a una deficiente gestión o a la inade cuación de las captaciones. Por tanto, y desde el punto de vista del balance entre los recursos y las demandas urbanas, aún persisten en España graves carencias que se manifiestan con espe cial severidad en aquellos periodos de escasez en que los recursos se mantienen por debajo de su valor medio durante varios años. La necesidad de elevar el nivel de la garantía de suministro, aproximándolo al 100% tanto como sea técnicamente razonable y facti ble, requiere la adopción de medidas que reequilibren el balance, actuando para disminuir los actuales nive les de demanda mediante acciones orientadas al aho rro y conservación de agua o para incrementar los recursos donde dichas actuaciones se revelen insufi cientes (Cabrera et al., 1998). Además de los problemas relativos a la disponibili dad de recursos que acaban de describirse, también existen en España problemas relacionados con la infraestructura de abastecimiento. En algunos casos, las instalaciones no disponen de la capacidad sufi ciente para hacer frente a la demanda, especialmente en verano en las zonas con importante población estacional. En estas áreas las instalaciones deben sobredimensonarse para hacer frente a las puntas de consumo de los meses de máxima ocupación. Debido al rápido desarrollo turístico de algunas de estas zonas en los últimos años, el ritmo de ampliación de las instalaciones no siempre ha podido acompasarse al ritmo de crecimiento de las necesidades, con los consiguientes problemas de suministro. El deficiente estado de algunas infraestructuras es causa, también, de que se produzcan en ocasiones importantes pérdidas de agua, fundamentalmente por fugas en las tuberías. Este problema afecta a poblacio nes no siempre caracterizadas por la abundancia de recursos, por lo que conviene destacar la necesidad de su urgente corrección. Los problemas de calidad que se presentan en los abas tecimientos urbanos suelen ser consecuencia de la con taminación del recurso en origen, en unos casos, y de la falta de un adecuado tratamiento en otros. Actualmente, las captaciones de las que dispone un importante núme ro de poblaciones se sitúan en tramos de río con una calificación inferior a A3. En algunas zonas los proble mas de calidad proceden de carencias en la depuración de los vertidos urbanos. Este problema se agrava en época de estiaje por el menor caudal natural de los ríos, lo que, en algunos casos, da lugar al establecimiento de las consiguientes restricciones de utilización. Las poblaciones que se abastecen de aguas subterrá neas se ven afectadas, en determinadas situaciones, por el deterioro del recurso, debido tanto a la conta minación del acuífero como a la intrusión marina en zonas costeras y como consecuencia, a veces, de una inadecuada gestión. En pequeños núcleos de población, donde la gestión es realizada de forma independiente por cada Ayunta miento, no siempre se dispone de un tratamiento ade cuado. Las ciudades de mayor entidad, por el contra rio, no presentan este problema, siendo aceptable, en general, la calidad del agua suministrada. A este respecto, en algunos casos se aprecian impor tantes diferencias en la calidad de los servicios obte nidos en núcleos grandes y pequeños. En los primeros, al poder contar con Organismos o empresas especiali zadas, suelen alcanzarse niveles de servicio más efi cientes y de mejor calidad, mientras que en los segun dos, sobre todo en el caso de pequeños Ayuntamien tos, pueden llegar a presentarse problemas incluso para obtener un adecuado tratamiento de las aguas potables. Ello ha dado lugar a que sea cada vez más frecuente la integración de pequeños y medianos municipios en órganos supramunicipales que prestan servicio a los Ayuntamientos integrados en dicho órgano. Con ello, como ya se ha mencionado, además de una mayor tecnificación de la gestión y seguridad del suministro, es posible obtener una disminución de los costes. Existen muchos pequeños núcleos, sin embargo, que se abastecen de pozos y manantiales en buenas condiciones, lo que supone una sencilla y eco nómica solución a nivel municipal. La tradicional separación de los servicios de agua potable y saneamiento (incluyendo evacuación de efluentes y depuración) tiende actualmente a corregir se con la unificación de servicios, permitiendo una gestión más racional del ciclo integral del agua. Sin embargo, esta gestión se caracteriza al mismo tiempo por la superposición y concurrencia de dife rentes entidades y niveles de actuación, con partici pación de las administraciones central, autonómica y local. Volveremos sobre este asunto más adelante, al formular nuevas propuestas para la política del agua, pero puede avanzarse ya que este hecho repercute cla ramente en las tarifas, que en lugar de ser integradas como resultado de una armoniosa coordinación, cons tituyen una verdadera agregación, reflejo de la concu rrencia -que a veces se transforma en pugna- de los diferentes niveles de actuación. 278 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Ámbito Norte I Norte II Norte III Duero Tajo Guadiana I Guadiana II Guadalquivir Sur Segura Júcar Ebro Cuencas Internas de Cataluña Galicia Costa Península Baleares Canarias España Demanda (hm3/año) 32 280 215 10 25 31 53 88 32 23 80 415 296 53 1.633 4 10 1.647 De esta forma, son múltiples los destinatarios de los ingresos procedentes de la tarifa: Municipios, Mancomunidades, Consorcios, Comunidades Autónomas, Organismos de cuenca, etc. Todos ellos tienen responsabilidades sobre alguna parte del servi cio y todos pretenden cubrir el coste de sus actuacio nes con dichos ingresos. Así, el resultado es una tarifa agregada cuyos componentes son de naturaleza jurídi ca diversa, con muy escasa relación con la naturaleza económica del servicio prestado. A ello debe añadirse, en ciertos casos, la inclusión en el recibo del agua de conceptos ajenos a ella, convir tiendo el servicio de abastecimiento en un mero ins trumento de recaudación, y desvirtuando la percep ción del precio pagado por el agua. 3.3.4. Abastecimiento industrial 3.3.4.1. Introducción Se describen en esta sección las características del abastecimiento industrial para usos no energéticos. Se centra, por tanto, en el empleo del agua para la producción industrial, que comprende la utilización específica en los productos y en los procesos de fabricación, acondicionamiento y conservación. También incluye la satisfacción de las necesidades inducidas por las correspondientes actividades de producción, tales como alimentación e higiene del personal, mantenimiento, seguridad de las instalacio nes, etc. Los usos industriales energéticos (produc ción hidroeléctrica y refrigeración de centrales) se describen en un apartado posterior. Una parte del abastecimiento a las industrias procede de captaciones propias, de forma directa o a través de polígonos industriales autoabastecidos. Otra parte, fundamentalmente industrias de poco consumo situa das en núcleos de población, suele abastecerse de la red municipal correspondiente. Finalmente, una por ción relativamente pequeña de industrias utiliza agua de ambas procedencias. Como ya se ha comentado, el agua para uso industrial suministrada por las redes municipales se contabiliza dentro del uso de abasteci miento a poblaciones, por lo que el abastecimiento industrial suele hacer referencia exclusivamente a las industrias no conectadas a redes municipales. Este epígrafe se refiere precisamente al abastecimien to de estas industrias sin conexión a redes de abasteci miento, pero debe tenerse presente que la demanda industrial total está compuesta por la demanda de estas industrias más la fracción de uso industrial compren dida en el abastecimiento de poblaciones. Entre las características de la demanda industrial puede señalarse que, al igual que la de abastecimiento urbano, exige altos niveles de garantía de suministro. Los requisitos en cuanto a la calidad del recurso, sin embargo, varían en función del tipo de industria y de la participación del agua en el proceso. Las necesidades de agua vienen determinadas por las diferentes formas de utilización dentro de la industria (refrigeración, producción de vapor, incorporación al producto, etc.) y son función de una serie de variables específicas, como la cantidad y tipo de producto final elaborado, el número de empleados, el sistema de fabricación adoptado, la existencia y características del reciclaje (reutilización dentro de la propia facto ría), etc. También de forma similar al abastecimiento urbano, la distribución estacional de esta demanda es prácticamente uniforme a lo largo del año. 279 Libro Blanco del Agua en España Tabla 71. Demanda industrial actual por ámbitos de planificación Ámbito Los volúmenes y composición de los retornos varían enormemente con el tipo de industria, pudiendo produ cirse, en algunos casos, vertidos muy contaminantes y de difícil tratamiento. La posibilidad de reutilización de los retornos depende de sus características específicas. 3.3.4.2. Uso actual y dotaciones tipo Según los Planes Hidrológicos de cuenca, la deman da total actual de las industrias no conectadas a la red municipal es de 1.647 hm3/año, con la distribu ción por ámbitos que se muestra en la tabla 71 y la figura 228. El mapa de la figura 229 muestra la distribución espa cial de estas demandas, lógicamente asociadas a las grandes concentraciones de actividad industrial. Este mapa se ha obtenido a partir de los usos del suelo de CORINE-Land Cover, seleccionando las clases de uso de tipo industrial. A cada celda del territorio, de dimensión 1x1 km, se le asignó un coeficiente repre sentativo de la fracción (entre 0 y 1) de ocupación de uso de suelo industrial. Las demandas industriales definidas en los Planes Hidrológicos se distribuyeron territorialmente conforme a estos coeficientes, garan tizándose así tanto la preservación de los volúmenes agregados como su distribución a la escala de los núcleos industriales. Así, destacan por el elevado volumen de su demanda las zonas industriales de Torrelavega y Avilés (Norte II), Ría de Bilbao (Norte III), industrias del Canal Imperial de Aragón (Ebro) y Bajo Llobregat (Cuencas Internas de Cataluña). En estos cuatro ámbitos se con centra el 73% de la demanda industrial española no conectada a redes municipales. Las dotaciones empleadas dependen de factores de diversa índole, influyendo, en gran medida, la escasez o abundancia de agua. Se suele producir, de hecho, una frecuente acomodación de la demanda a la oferta, pudiéndose reducir apreciablemente el volumen de agua necesario mediante los adecuados procedimien tos de fabricación. No es de extrañar, por tanto, que industrias del mismo ramo y con producciones simila res demanden cantidades de agua muy diferentes. Una práctica habitual de evaluación de esta demanda consiste en emplear dotaciones en función del número de empleados en la industria correspondiente. Un ejem plo de ello se encuentra en la Orden Ministerial del MOPT, de 24 de septiembre de 1992, que establece las dotaciones orientativas reflejadas en la tabla siguiente. En la misma O.M. se establece una dotación de 4.000 m3/ha/año para los nuevos polígonos industriales. Algunos autores cuestionan el empleo de este tipo de indicadores y sugieren la utilización de otras variables que presentan una mejor correlación con el consumo de agua y pueden conducir, por tanto, a mejores esti maciones. Este sería el caso de la potencia contratada o el consumo de energía eléctrica, que podrían dar lugar a valores de demanda más ajustados. En cualquier caso, dadas las diferencias ya menciona das que se producen entre industrias similares, junto con las distorsiones en el consumo derivadas de una relativamente generalizada falta de datos sobre el suministro, el empleo de dotaciones tipo para evaluar la demanda industrial no ofrece una gran fiabilidad. 280 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 228. Volúmenes de demanda industrial actual por ámbitos de planificación 0 50 100 150 200 250 300 350 400 450 E br o C .I .C at al u ñ a N or te I I N or te I II G u ad al q u iv ir Jú ca r G u ad ia n a II G al ic ia C os ta N or te I Su r G u ad ia n a I Ta jo Se gu ra D u er o C an ar ia s B al ea re s h m 3 / añ o Sector Refino de petróleo Química: Fabricación de productos básicos, excluídos los farmacéuticos Resto Alimentación: Industrias, alcoholes, vinos y derivados de la harina Resto Papel: Fabricación pasta de papel, transformación papel y cartón Artes gráficas y edición Curtidos Material de construcciones Transformados de caucho Textil: Textil seco Textil ramo del agua Transformados metálicos Resto Dotaciones (m3/empleado/día) 14,8 16,0 5,9 0,5 7,5 20,3 0,6 3,3 2,7 1,8 0,6 9,2 0,6 0,6 Se hace necesario, por tanto, realizar un esfuerzo para mejorar las estadísticas disponibles sobre consumo real de agua en las industrias. 3.3.4.3. Demanda futura En cuanto a la estimación de las demandas futuras, a la falta de conocimiento actual se debe añadir la gran incertidumbre asociada a su posible evolución, pues ésta no suele obedecer a fenómenos continuos y prede terminables, sino a decisiones puntuales y coyunturales, de difícil o imposible predicción a medio y largo plazo. Las estimaciones realizadas en los Planes Hidrológicos de cuenca se muestran en la tabla 73 y en la figura 230, en las que también se presenta, a efectos comparativos, la demanda actual. Estas previsiones suponen un crecimiento global cercano al 18% en el primer horizonte, llegando hasta el 26% en el segundo, lo que significa un cre cimiento del 1,65% anual en el primer periodo y del 0,73% en el segundo. Tabla 72. Dotaciones industriales 281 Libro Blanco del Agua en España Figura 229. Mapa de distribución espacial de la demanda industrial (mm/año) Este crecimiento, sin embargo, varía mucho de unos Planes a otros. Mientras que en cinco de ellos (Norte III, Duero, Tajo, Baleares y Canarias) el crecimiento es nulo, en Galicia Costa se prevé un incremento del 72% hasta el final del primer horizonte y del 143% hasta completar el segundo horizonte. No existen razones que hagan prever un aumento de dotaciones para uso industrial. Por el contrario, la experiencia internacional apunta hacia un incre mento del reciclaje y de la reutilización de agua en la industria, con la consiguiente reducción de dota ciones, por lo que los aumentos de demanda previs tos han de suponerse asociados a un incremento de la actividad industrial. Debe señalarse, finalmente, que la industria es una de las áreas donde las posibilidades técnicas de ahorro son mayores y donde, además, la reducción del consumo tiene un efecto añadido evidente, al disminuir retornos que pueden llegar a ser muy contaminantes. 3.3.5. Usos agrarios Los usos agrarios del agua comprenden los propia mente agrícolas, relativos a la producción vegetal, y los ganaderos, referentes a la producción animal. Tabla 73. Previsiones de demanda industrial a medio y largo plazo según los Planes Hidrógicos 282 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Ámbito Norte I Norte II Norte III Duero Tajo Guadiana I Guadiana II Guadalquivir Sur Segura Júcar Ebro Cuencas Internas de Cataluña Galicia Costa Península Baleares Canarias España Actual (hm 3/año) 32 280 215 10 25 31 53 88 32 23 80 415 296 53 1.633 4 10 1.647 Primer horizonte (hm 3/año) 34 291 215 10 24 34 58 99 37 38 92 534 346 91 1.903 4 10 1.917 Segundo horizonte (hm 3/año) 35 299 215 10 24 38 64 99 42 38 116 534 406 129 2.049 4 10 2.063 Figura 230. Demanda industrial prevista a medio y largo plazo en los Planes Hidrológicos 0 50 100 150 200 250 300 350 400 450 500 550 600 E br o C .I .C at al u ñ a N or te I I N or te I II G u ad al q u iv ir Jú ca r G al ic ia C os ta G u ad ia n a II N or te I Su r G u ad ia n a I Ta jo Se gu ra D u er o C an ar ia s B al ea re s h m 3 / añ o Actual Primer horizonte Segundo horizonte Desde un punto de vista cuantitativo, sin embargo, la demanda hídrica de la ganadería es, como veremos, muy poco significativa en comparación con la demanda agrícola. El uso agrícola más importante es el regadío, en el que se incluyen los volúmenes de agua requeridos para la evapotranspiración de los cultivos y, si es el caso, otros volúmenes adicionales de menor entidad, tales como los destinados al lavado de suelos y al riego antihela da u otras modificaciones climáticas locales. Como es sabido, el agua es necesaria para el desarro llo de las plantas, y su aplicación incrementa su pro ductividad y posibilita la diversificación de cultivos. En España, la gran irregularidad temporal de las preci pitaciones no permite que esta aplicación se produzca de forma natural y obliga a la aportación artificial de agua a través del regadío. A diferencia de los usos anteriores, la demanda de agua para riego se caracteriza por su gran volumen y su concentración en los meses más secos del año, lo que obliga a regular y movilizar importantes cantida des de agua anualmente. Se trata, con diferencia, del uso con mayor demanda de agua en España. Los niveles de garantía del suministro para riego, son, sin embargo, menos exigentes que para el uso urbano, y las condiciones de calidad son también menos estric tas. Los consumos, por su parte, son más elevados, retornando al sistema hidráulico una porción en gene ral considerablemente menor que en otros usos. La cifra de retorno que convencionalmente se admite se sitúa en torno al 20% del suministro, aunque, como es lógico, esta cifra varía de forma importante con las dotaciones aplicadas, produciéndose, en algunos casos, retornos muy superiores. A diferencia de los usos urbano e industrial estos retornos no se suelen producir de forma localizada, dando lugar con fre cuencia a una contaminación de carácter difuso de complicada corrección. En relación con los usos agrarios, especial mención merece el Plan Nacional de Regadíos (PNR), aproba do por el Gobierno en 1996 y que está siendo actual mente reelaborado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Este Plan puede ser un instru mento de gran utilidad para estimar la evolución de las futuras necesidades de los riegos, constituyendo una pieza clave para la evaluación de tales demandas futuras. Por esta razón, se ha dedicado un apartado específico - dentro de este epígrafe de los regadíos- al comentario de los principales criterios y resultados disponibles de este Plan, y se dedicará otra sección en un capítulo posterior - al estudio de su naturaleza jurídica y de su relación con los instrumentos de la planificación hidrológica. 1.2.5.1. Evolución histórica del regadío El uso del agua en la agricultura española es muy remoto, existiendo antecedentes aislados desde los primeros pobladores prehistóricos de la península, y desarrollándose de forma que desde el primer mile nio a.C. puede hablarse ya de un regadío autóctono en la vertiente mediterránea, que se consolida y extiende con la influencia fenicia, griega, cartagine sa y romana, continuando en el período visigótico (Al-Mudayna [1991]; Gil Olcina y Morales Gil [1992]; Sáenz [1992]). Los árabes, con claras influencias sirias y egipcias, dejan una estructura y una tecnología muy depurada del regadío que, en algunos casos, ha perdurado hasta la actualidad. En el siglo XIII comienza a desarrollarse una legislación muy prolija sobre la posesión, dominio y uso de las aguas, no sólo en Aragón, con Jaime I, sino también en Castilla, con Alfonso X y sus Partidas, de donde van a surgir los esbozos de las Comunidades de Regantes. Los dos primeros siglos de la Edad Moderna representan la gran transformación del regadío medieval, tanto en lo relativo a las infraestructuras (con la construcción de grandes obras hidráulicas, como el Canal Imperial de Aragón), como a la regulación jurídica (tal y como se verá al estudiar los fundamentos his tóricos del régimen de concesiones de aguas). A partir del siglo XVIII se inicia una política de rega díos fomentada por el Estado, con la abolición del régimen patrimonial del agua, orientada a impulsar la riqueza del país mediante la producción agrícola (es la época del celebre Informe sobre la Ley Agraria de Jovellanos). Durante el siglo XIX se crean empresas con capital privado que, acogiéndose al régimen de concesiones, se dedican a la realización de obras de riego, siendo numerosas las disposiciones legales al efecto, hasta llegar a la Ley de Aguas de 1866, primer código español, y europeo, específico en esta materia. La política hidráulica se convierte en el instrumento fundamental de la política agraria durante la Restauración, apoyada por la corriente regeneracionis ta representada principalmente por Joaquín Costa, para quien el auténtico desarrollo agrario estaba basa do en el regadío y en su componente social. La ejecu ción de obras hidráulicas por el Estado, la Ley de Aguas de 1879, y el sistema de subvenciones a empre sas privadas para la construcción de canales y embal ses de interés público (Ley de 7 de Julio de 1911), constituyen la base del desarrollo hidráulico durante casi todo el siglo XX, y uno de los elementos básicos del modelo tradicional de política hidráulica, domi nante hasta fechas recientes, y a cuyo análisis se dedi carán posteriores secciones. 283 Libro Blanco del Agua en España A comienzos de este siglo existían en España algo más de un millón de hectáreas de regadío. Su expansión constituyó un objetivo fundamental de la política hidráulica de los sucesivos Gobiernos, apoyada en una abundante legislación congruente con tal política, y que se desarrolló mediante diversos instrumentos como la creación de la primera Confederación Hidrográfica (el Ebro) en 1926, la redacción del Plan Nacional de Obras Hidráulicas en 1933, y la creación del Instituto Nacional de Colonización en 1939. Este Organismo, posteriormente transformado en Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA), fue decisi vo para superar la crisis de la posguerra y contribuir al proceso de recuperación socioeconómica, fuertemente apoyado en el robustecimiento de la agricultura (v., p.e., MAPA-MAP-MOPU [1988]; Barciela [1990]). Esta política expansionista de los regadíos se mantie ne, como se ha comentado, hasta bien entrada la segunda mitad de este siglo, aprovechando la prácti ca inexistencia de mercados competitivos. El objeti vo fundamental era producir y, de esta forma, se pudo mantener la convicción generalizada de que el desarrollo regional podía fundamentarse en el del regadío, aún cuando, en algunas zonas, la falta de estructuras adecuadas de comercialización dificulta se la salida de sus producciones. Resultado de aquella política hidráulica fue el extraor dinario incremento de la superficie regada: los 1,5 Mha existentes en 1950 pasaron a ser los 3,4 Mha actuales de riego permanente, es decir, se duplicó la superficie regada en menos de 40 años. Su expansión en lo que va de siglo (casi 2,4 Mha) se debe, casi por partes iguales, tanto a la iniciativa privada como a la pública. La figura 231, de elaboración propia a partir de datos del MAPA (1997) p.34; Sáenz Lorite (1990) pp.87 92; y Barceló et al. (1995) pp.186, 249, ilustra este proceso mostrando la evolución de las superficies de tierras de cultivo regadas en España, y las transfor maciones impulsadas por el Ministerio de Agricultura (INC-IRYDA), tanto en sus zonas de actuación (del orden de un 15% del total), como en zonas de actuación coordinadas con la Dirección General de Obras Hidráulicas (del orden del 85% del total). Las transformaciones desarrolladas exclusiva mente por la DGOH son de muy reducida extensión en relación a estas otras (del orden de un 10% en su periodo de máxima actividad). Como puede verse, desde el año 50 se registra un cre cimiento continuo de la superficie total regada (con mayor dinamismo en herbáceos que en leñosos), que solo hacia finales de los 80 comienza a remitir. En los 40 años que median entre 1950 y 1990 el INC-IRYDA ha transformado, en sus zonas de actuación y en zonas de actuación coordinada con la DGOH, más de un millón de nuevas hectáreas de regadío - lo que supone aproximadamente 25.000 ha/año -, y la superficie total de regadío español se multiplica por más de dos. A partir de mediados de los 80 – cuando se producen las transferencias en esta materia a las Comunidades Autónomas - las transformaciones públicas del MAPA comienzan a remitir, y son progresivamente decre cientes hasta los niveles actuales, de unas 3.000-4.000 ha/año, cifras, como veremos, muy inferiores a las casi 25.000 ha/año previstas para los próximos diez años por el Borrador del Plan Nacional de Regadíos Horizonte 2008 (MAPA, 1998), que supondrían recu perar el ritmo de transformación de los años 60. 284 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 231. Evolución de superficies regadas y transformadas por el IRYDA 0 250 500 750 1000 1250 1500 1750 2000 2250 2500 2750 3000 3250 3500 1940 1945 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 2000 Su p er fi ci es r eg ad as y t ra n sf or m ad as ( m il es d e h as ) 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 55 60 65 70 Su p er fi ci e an u al t ra n sf or m ad a (m il es d e h as / añ o) Sup. regada Herbáceos y barbecho Sup. regada Leñosos Sup. regada TOTAL Sup. transformada acumulada Sup. anual transformada por IRYDA Además del incremento de superficies de regadío, y asociado con éste, la transición de la agricultura tradi cional a la agricultura moderna se caracterizó también por un excepcional incremento del empleo de los medios de producción agrícola. Así, y de forma ilustrativa, la figura 232 (elaborada con datos de MAPA [1997] pp. 604-606, 615) muestra la evolución histórica del consumo agrícola total anual (en millones de pesetas corrientes) de productos fito sanitarios (incluyendo insecticidas y acaricidas, fumi gantes, fungicidas, herbicidas y otros varios), y del consumo agrícola total anual de fertilizantes nitroge nados, potásicos y fosfatados, en toneladas de N, K2O, y P2O5 respectivamente. Con objeto de tener una idea relativa de estas magnitu des, se han dividido los consumos totales de fertilizantes por la superficie fertilizable (tierras de cultivo menos barbechos más prados naturales) existente cada año. La figura 233 muestra tal evolución. Estas cifras tienen, lógicamente, un valor meramente indicativo, pues la media ofrecida puede encubrir irre gularidades espaciales muy importantes. En cualquier caso, puede verse claramente que desde el año 50 se 285 Libro Blanco del Agua en España Figura 232. Evolución del consumo de productos fertilizantes y fitosanitarios empleados en agricultura 0 250 500 750 1000 1250 1500 1750 2000 2250 2500 1940 1945 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 2000 C on su m o d e fe rt il iz an te s (m il es d e to n el ad as ) 0 10000 20000 30000 40000 50000 60000 70000 80000 90000 100000 C on su m o d e fi to sa n it ar io s (M p ta s) Fertilizantes fosfatados Fertilizates potásicos Fertilizantes nitrogenados Total de Fertilizantes Fitosanitarios Figura 233. Evolución del consumo de productos fertilizantes por hectárea de tierra fertilizable 0 25 50 75 100 125 150 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 2000 Fe rt il iz an te s ap li ca d os ( kg / h a) 0 5 10 15 20 25 30 Su p er fi ci e (m il lo n es d e h as ) Nitrogenados Fosfatados Potásicos Total Superficie fertilizable registra un enorme crecimiento en el empleo de estos medios, quintuplicando las cantidades unitarias apli cadas en apenas 40 años. De igual modo, resulta también muy ilustrativo de la transformación producida el examen de la evolución experimentada por los medios mecánicos auxiliares de la producción agrícola. Así, los gráficos de la figura 234 (de elaboración pro pia a partir de datos de MAPA [1997] pp. 609-610) muestran la evolución histórica, en las últimas déca das, de las existencias a 31 de diciembre de tractores, motocultores y cosechadoras de cereales inscritas en las Delegaciones Provinciales de Agricultura, y de la potencia anual de este parque, en millones de caballos de vapor. Como puede verse, el crecimiento en número y potencia desde los años 50 es permanente, y continúa en la actualidad sobre todo con los tractores, frente a cierto estancamiento de motocultores y cosechadoras de cereales. Para tener una idea relativa de cómo este incremento de medios de producción se relaciona con el incre mento de superficies de cultivo, la figura 235 ofrece (datos de MAPA [1997] p.610) la serie de potencias existentes por cada 100 hectáreas cultivadas (lo que se conoce como índice de mecanización). 286 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 234. Evolución del número y potencia del parque de tractores, motocultores y cosechadoras 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 1000 1100 1200 1300 1400 1950 1960 1970 1980 1990 2000 N ú m . t ra ct or es , m ot oc . y t ot al ( m il es ) 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 55 60 65 70 N ú m . c os ec h ad or as ( m il es ) Tractores Motocultores Total Cosech. cereales 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 55 60 65 1950 1960 1970 1980 1990 2000 P ot en ci a ( m il lo n es d e cv ) Tractores Motocultores Cosech. cereales Total Figura 235. Evolución del Índice de mecanización 0 50 100 150 200 250 300 350 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 2000 Ín d ic e d e m ec an iz ac ió n Sólo tractores y motocultores Todas las máquinas con motor Ámbito Norte (I, II y III) Duero Tajo Guadiana (I y II) Guadalquivir Sur Segura Júcar Ebro C. I. Cataluña Galicia Costa Península Baleares Canarias España Superficie (ha) 69.972 550.326 230.720 340.974 483.170 159.607 265.969 370.000 783.948 64.502 63.811 3.382.999 24.039 30.000 3.437.038 El gran desarrollo de estos medios de producción ha supuesto, en definitiva, un extraordinario incremen to, en las últimas décadas, de los inputs aportados a la actividad agrícola. Como se expondrá más adelante, con la incorporación de España a la Unión Europea a mediados de la déca da de los ochenta se acelera la mutación en el ámbito de nuestra agricultura, forzando aún más la transición de un modelo autárquico tradicional (o de agricultura concebida como modo de vida), a otro basado en la modernización de infraestructuras, productividad, competitividad comercial, precios y calidad (o de la agricultura como actividad económica y negocio), que la adecue a las exigencias del comercio mundial -espe cialmente de la Política Agraria Comunitaria (PAC)-, en un marco de ventajas y limitaciones relativamente rígidas, y complejas regulaciones internacionales. El resultado final de este proceso está aún por ver, pero ya se intuyen, junto con indudables beneficios, algunas distorsiones e inconvenientes. En posteriores secciones se abordarán tales problemas y perspectivas de futuro. 3.3.5.2. Uso actual del agua para riego El interés de los regadíos como actividad producti va nacional responde al hecho de que están en la base del sistema agroalimentario y a que, ocupando sólo el 15% del la superficie agrícola útil, se obtie ne de ellos el 55% de la producción final agrícola. Además, generan un 30% de los jornales estimados necesarios para el sector agrario. En algunas regio nes, como Andalucía, este porcentaje casi se dupli ca, y en otras, como Aragón, el sector agroalimen tario genera el 15% de todo el empleo industrial de Tabla 74. Superficies de riego actualmente existentes según los Planes Hidrológicos de cuenca 287 Libro Blanco del Agua en España Figura 236. Evolución desde 1980 de la producción total agrícola del regadío y del secano, y de la relación de productividad entre ambos 0,6 0,8 1 1,2 1,4 1,6 1,8 1981 1983 1985 1987 1989 1991 1993 1995 P ro d . r eg ad ío y s ec an o (b il lo n es p ta ) 0 1 2 3 4 5 6 7 R el ac ió n d e p ro d u ct iv id ad Regadío Secano Relación de Productividad la región. Ambos ejemplos dan una idea de la gr a n i m p o rtancia socioeconómica del regadío, más allá de su participación en el PIB. El gr á fico de la figura 236 (de elaboración propia con datos del MAPA) muestra la evolución reciente de esta producción agrícola (en billones de ptas. cons tantes de 1996), así como la relación de productiv i d a d (ptas/ha) entre regadío y secano. Puede apreciarse la i m p o rtante magnitud relativa del regadío frente al secano, y cómo esta relación ha tendido a incremen tarse con el paso del tiempo. Estas magnitudes pre sentan, además, importantes diferencias terr i t o r i a l e s , tal y como se verá en posteriores epígr a f e s . Centrando nuestra atención en las superficies de r i ego, que son las relevantes desde el punto de vista de los recursos hídricos, la tabla 74 ofrece los datos de superficie regada actualmente existente, según los recientemente aprobados Planes Hidrológicos de c u e n c a . En la tabla, la superficie correspondiente a los Riegos de Levante Margen Izquierda se ha considerado incluida totalmente en el ámbito del Segura, pese a que una parte importante se encuentra en el ámbito del Júcar. Los riegos del ATS en Almería no se incluyen en el Segura, sino en el Sur. El mapa de la figura 237, elaborado a partir de la información de los Planes Hidrológicos de cuenca, muestra la localización espacial de estos regadíos existentes, en términos de superficies brutas o períme tros envolventes de riego. Asimismo, la figura 238 muestra la distribución de superficies regadas, identificadas mediante análisis de teledetección, por unión de datos de los años 1984, 1987, 1991 y 1995. Como puede verse, ambos mapas presentan un aspec to idéntico, pero con diferencias de densidad. Ello es perfectamente explicable considerando que represen tan dos conceptos distintos: en la primera están dibu jados los perímetros envolventes de riego (las denomi nadas unidades de demanda agraria, con superficies brutas), cartografiados y contemplados en los Planes Hidrológicos de cuenca, mientras que en la segunda se representa el resultado de un estudio multitemporal de teledetección en el que se han identificado las superfi cies realmente regadas (netas) en el verano de los años 1984, 1987, 1991 y 1995. El paso de superficies brutas a netas requiere de la aplicación de los correspondientes coeficientes de reducción por efectos de rotación y por improductivos, pudiendo llegar a alcanzarse diferencias significativas entre ambos conceptos. Así, y como ejemplo, atendi das desde la cuenca del Segura se han cartografiado, a partir de los inventarios de aprovechamientos hidráu licos realizados sobre foto aérea y con gran detalle y resolución espacial, un total de 457.950 ha brutas 288 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 237. Mapa de superficies brutas de riego identificadas en los Planes Hidrológicos de cuenca Ámbito Norte (I, II y III) Duero Tajo Guadiana (I y II) Guadalquivir Sur Segura Júcar Ebro C. I. Cataluña Galicia Costa Península Baleares Canarias España Demandas de regadío (hm3/año) 532 3.603 1.875 2.285 3.140 1.070 1.639 2.284 6.310 371 532 23.641 189 264 24.094 Demandas de regadío (%) 2 15 8 9 13 4 7 9 26 2 2 98 1 1 100 Dotación media (m3/ha/año) 7.589 6.547 8.127 6.701 6.499 6.704 6.162 6.173 8.049 5.752 8.337 6.988 7.862 8.800 7.010 regables (dominadas y, alguna vez, ocasionalmente, regadas), mientras que las realmente regadas, netas, cuya demanda está consolidada y se debe satisfacer en un año medio representativo, se han estimado, inclu yendo los riegos del ATS en Almería, en 269.029, es decir, apenas un 60% de las brutas. Estas superficies de regadío existentes generan una muy importante demanda hídrica. La tabla 75 muestra tales demandas actuales según los Planes Hidrológicos de cuenca, expresándose sus valores en términos abso lutos, y en porcentaje sobre la demanda total de riego en España, y ofreciéndose también las dotaciones glo bales medias resultantes. Como se observa, el total demandado es del orden de unos 24.000 hm3/año, de los que más de la mitad corres ponden a las grandes cuencas del Ebro, Duero y Guadalquivir. Las dotaciones medias oscilan entre los 5.750 (C.I. Cataluña) y los 8.800 m3/ha/año (Canarias), con un valor medio global de 7.000. La figura 239 muestra visualmente estos resultados. En cuanto a los métodos de riego utilizados, un 59% de la superficie ocupada riega por gravedad, un 24% Tabla 75. Demandas de riego y dotaciones medias actuales por ámbitos de planificación 289 Libro Blanco del Agua en España Figura 238. Mapa de superficies regadas identificadas mediante teledetección (años 1984, 1987, 1991, 1995) Origen del agua Superficial Subterránea Mixto y Otros Superficie regada (%) MAPA MOPTMA 68 67 28 23 4 10 por aspersión, y un 17% mediante riego localizado. Los datos referentes al origen del agua utilizada en los regadíos españoles no están suficientemente contras tados con inventarios directos. En aquellos que se atienden con aguas subterráneas, una de las principa les causas de su insuficiente conocimiento es el hecho de que estas transformaciones, en general, han corrido a cargo de la iniciativa privada, y solo a partir de 1986 necesitan, obligatoriamente, la concesión administra tiva correspondiente. Si se considera, además, el hecho -relativamente frecuente en algunas zonas- de que un mismo terreno dispone de distintas fuentes de recursos, se comprenderá que la identificación de los orígenes de recursos de todos los regadíos resulta una labor ardua y muy compleja. Pese a estas dificultades, tanto el MAPA como el MOPTMA han elaborado distintas estimaciones, obte niendo distribuciones porcentuales que resultan ser del mismo orden de magnitud, tal y como muestra la tabla 76. En la figura 240 se muestra el origen del agua en las zonas regadas según la evaluación del MOPTMA (1987). Por otra parte, y como ya se ha mencionado, la estacio nalidad de la demanda de riegos puede llegar a ser muy acusada, lo que acrecienta las necesidades de regulación, al coincidir las puntas de demanda con los periodos de menor disponibilidad natural de recursos hídricos. De forma ilustrativa, la figura 241 muestra los valo res medios de la distribución estacional de estas demandas según los datos extraídos de algunos Planes Hidrológicos de cuenca. Puede apreciarse que en aquellas zonas donde la climatología permite cul tivos de invierno, como el Segura, Júcar y Sur, esta distribución presenta una menor estacionalidad, mientras que otras como el Guadiana, Tajo o Duero, prácticamente anulan sus demandas desde noviembre hasta marzo. 3.3.5.3. Precios del agua en regadío De igual forma que en el uso de abastecimiento, se expondrán seguidamente algunas cifras de precio paga do por el agua de riego en distintas zonas de España. La preocupación estadística por estos datos es rela tivamente reciente, y aunque hay abundante infor mación al respecto, ésta suele tener el carácter pun Tabla 76. Distribución de superficies regadas según orígenes del agua 290 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 239. Superficies, demandas y dotaciones actuales por ámbitos de planificación 0 1000 2000 3000 4000 5000 6000 7000 8000 9000 N or te D u er o Ta jo G u ad ia n a G u ad al q u iv ir Su r Se gu ra Jú ca r E br o C . I . C at al u ñ a G al ic ia C os ta B al ea re s C an ar ia s Su p er fi ci es ( km 2 ), d em an d as ( h m 3 / añ o) y d ot ac io n es (m 3 / h a/ añ o) Superficie Demanda Dotación tual de los muestreos, no siempre bien representati vos. En los últimos años se están produciendo inte resantes estudios sistemáticos sobre la cuestión, aunque ceñidos a determinados territorios (v., p.e., Carles et al., 1998). Las dificultades metodológicas para la estimación de los precios de abastecimientos se ven aquí, si cabe, exacerbadas, pues la diversidad de situaciones en las zonas rega bles o comarcas agrarias españolas es extraordinaria. Así, hay diferencias puntuales en t i p o l ogías de cultivos, prácticas y tecnologías de r i ego, costes de distribución y bombeo, costes dife rentes para una misma zona según la fuente de sumi nistro coyuntural que se emplee de entre las distintas p o s i bles, costes distintos según la situación hidroló gica de cada año, según el dato proceda de tarifa s o ficiales o sea encuestado, según se trate de un va l o r 291 Libro Blanco del Agua en España Figura 240. Mapa de zonas regadas con sus orígenes del agua Figura 241. Distribución estacional media de las demandas de riego en algunos Planes Hidrológicos 0 5 10 15 20 25 30 35 oct nov dic ene feb mar abr may jun jul ago sep Duero Tajo Guadiana I Sur Segura Júcar Ebro extremo coyuntural o medio sostenido, según sea un coste de producción o de venta, etc. Todo ello conduce, en definitiva, a que exista una gran variabilidad de precios, incluso entre zonas muy próxi mas, e incluso para la misma zona según el año y la fuen te del dato, por lo que las cifras disponibles de los distin tos trabajos y encuestas han de considerarse como mera mente indicativas, y sujetas a elevadas dispersiones. Para obtener una idea global del precio del agua para regadío en España, pueden considerarse, simplificada mente, las siguientes tipologías: los regadíos tradicio nales o las grandes transformaciones de iniciativa pública, con agua superficiales, suelen ser los de menor coste del agua (en torno a 1-3 pts/m3); otros rie gos superficiales más tecnificados o con mayor esca sez tienen precios mayores (5-10 pts/m3); los regadíos con aguas subterráneas suelen alcanzar también mayo res precios (5-15 pts/m3); los de aguas trasvasadas tie nen precios aún mayores a éstos (20-25 pts/m3); por último, los regadíos altamente productivos y con mayor escasez de suministro son los que alcanzan los mayores precios del agua (25-65 pts/m3). En cuanto a la elasticidad de la demanda hídrica fren te a estos precios pagados, se trata de un terreno poco estudiado en nuestro país, aunque en los últimos años se están realizando distintos trabajos de interés, que van permitiendo su acotamiento y caracterización (Sumpsi el al. [1998]; Federación Nacional de Comunidades de Regantes [1999]). Una revisión de otros aspectos económicos relacionados con el regadío puede verse en Garrido Colmenero (1995), y algunas reflexiones sobre economía de los riegos en Albacete y Peña (1995). 3.3.5.4. Demanda Futura La previsión de las futuras demandas de regadío resul ta particularmente compleja, y sometida a algunas incertidumbres (desarrollo futuro de los regadíos, res tricciones de la PAC, disponibilidades financieras, mercados agrícolas, garantía de recursos hídricos, impactos ambientales, precios del agua, etc.). Pese a tales dificultades, y con el objeto de acotar su magnitud, los Planes Hidrológicos de cuenca han realizado una estimación de estas demandas, consi derando los distintos requerimientos sociales (funda mentalmente de las Administraciones agrarias y los usuarios), y atendiendo a su viabilidad desde el punto de vista de las disponibilidades hídricas. Las cifras obtenidas son las resumidas en la tabla adjunta, y han de interpretarse como una potencialidad futura (lo que, como veremos, el Plan Nacional de Regadíos llama regadíos potenciales), que se podrá ir materia lizando, en su caso, en la medida en que se desarro llen los preceptivos procedimientos administrativos y se arbitren los medios financieros necesarios para las transformaciones. Debe indicarse, en todo caso, que –al igual que se hizo con las previsiones de abasteci miento- se está interpretando la demanda en el senti do reglamentario, es decir, se suponen estimaciones teóricas de máximo consumo futuro con elasticidad precio nula. En las tablas 77 y 78 así como en las figuras 242 y 243, se muestran las superficies y demandas de riego consideradas en los Planes Hidrológicos de cuenca. Además de las posibles iniciativas de las Comunidades Autónomas y de los particulares, ejer cidas en el ámbito de sus respectivas competencias e intereses, el MAPA ha programado, en el contexto del Plan Nacional de Regadíos, una serie de actua ciones para llevar a cabo a medio plazo, mediante mecanismos de cofinanciación con el resto de Administraciones agrarias y, en su caso, de los parti culares. Estas actuaciones implicarían la transforma ción de unas 240.000 ha en los próximos 10 años, correspondientes a regadíos en ejecución, sociales y privados, cuyo detalle se muestra posteriormente, en el epígrafe dedicado al Plan de Regadíos. Como se indicó, éste es un ritmo muy elevado, similar al de los años 60. Asimismo, una cuestión básica en relación con el regadío futuro es la del nivel de precios soportable por la agricultura desde el punto de vista de los requerimientos hídricos. La mayor o menor deman da futura dependerá, en buena medida, del precio resultante del agua para riego y su mayor o menor elasticidad, cuestión a la que nos referimos anterior mente. Tabla 77. Previsiones de posibles superficies máximas de regadíos a medio y largo plazo según los Planes Hidrológicos 292 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Ámbito Superf. Primer Segundo Actual horizonte horizonte Galicia Costa 63.811 63.811 63.811 Península 3.382.999 3.931.600 4.547.284 Baleares 24.039 24.039 24.039 Canarias 30.000 34.000 (1) 38.000 TOTAL 3.437.038 3.989.639 4.609.323 Ámbito Norte I Norte II Norte III Duero Tajo Guadiana I Guadiana II Guadalquivir Sur Segura Júcar Ebro C.I. Cataluña Galicia costa Península Baleares Canarias Total Demanda actual (hm 3/año) 475 55 2 3.603 1.875 2.157 128 3.140 1.070 1.639 2.284 6.310 371 532 23.641 189 264 24.094 Primer horizonte (hm 3/año) 339 55 3 4.349 1.785 2.454 300 3.299 1.127 1.639 2.420 8.213 410 277 26.670 189 264 27.123 Segundo horizonte (hm 3/año) 357 55 3 5.022 2.048 2.645 421 3.659 1.172 1.639 2.580 9.879 494 277 30.251 189 264 30.704 Por otra parte, en el contexto de los trabajos para la pre paración del vigente Plan Nacional de Regadíos Horizonte 2005, se llevó a cabo una selección multicri terio de los regadíos futuros potenciales, considerando la viabilidad técnico-económica y social de la transforma ción, las estructuras agrarias y entorno agroindustrial, y el impacto ambiental y sus posibles medidas correctoras. Se identificó así un conjunto de 1.153.203 has (MAPA [1996] pag.23) de regadíos potenciales futuros, de las que 209.818 eran de iniciativa pública con normativa legal (ya declaradas), 828.632 has eran de iniciativa pública sin normativa, y 114.753 has eran de iniciativa privada. Su desarrollo estará obviamente condicionado por su interés social, rentabilidad económica, disponi bilidad de recursos hídricos y financieros, demanda de los mercados y repercusiones ambientales. Las superficies potenciales identificadas por el vigen te PNR-2005, junto con las del Borrador de PNR-2008 (MAPA [1998]), y las recogidas a largo plazo (año 2018) por la planificación hidrológica de las cuencas, son las ofrecidas en la tabla 79. Como puede verse, las tres fuentes arrojan cifras glo bales muy similares entre sí. 293 Libro Blanco del Agua en España Tabla 78. Previsiones de demandas máximas de regadíos a medio y largo plazo según los Planes Hidrológicos Figura 242. Superficies de riego (ha) en los Planes Hidrológicos de cuenca 0 100000 200000 300000 400000 500000 600000 700000 800000 900000 1000000 1100000 1200000 1300000 1400000 E br o D u er o G u ad al q u iv ir Ju ca r G u ad ia n a I Se gu ra Ta jo Su r C .I . C at al u ñ a G al ic ia C os ta N or te I C an ar ia s B al ea re s G u ad ia n a II N or te I I N or te I II Actual Primer horizonte Segundo horizonte 3.3.5.5. Circunstancias y Problemas Existentes y Previsibles Tras la presentación de los datos y estimaciones fun damentales del regadío, procede ahora plantear algu nas cuestiones relacionadas con su situación y pers pectivas de futuro. En la valoración de estas perspecti vas de los regadíos españoles se han de tener en cuen ta problemas no solo de tipo económico, sino también medioambientales, sociales, etc. Considerando que España, país mediterráneo por excelencia, es uno de los miembros de la UE en los que, por sus características climáticas, su actividad agrícola depende en gran medida del regadío, no podemos dejar a un lado los problemas derivados de los cambios en los mercados agrarios mundiales que repercutirán en la Política Agraria Comunitaria, afec tando a la competitividad de los productos españoles. En consecuencia es previsible que se produzca un des censo en los precios agrarios, derivado de la apertura al exterior y de la competencia entre mercados. Merecen especial atención los problemas en el sumi nistro de agua a las zonas regables, que, en algunos casos, impiden satisfacer las necesidades hídricas de los cultivos, en cantidad y calidad, bien sea por una falta de adecuación en la entrega o por que las dotacio nes calculadas para el proyecto, y objeto, en su caso, de concesión, han sido superadas por la introducción de nuevos cultivos con mayores necesidades hídricas. 294 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles Figura 243. Demanda máxima de regadíos prevista a medio y largo plazo en los Planes Hidrológicos 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 E br o D u er o G u ad al q u iv ir Ju ca r G u ad ia n a I Ta jo Se gu ra Su r G al ic ia c os ta N or te I C .I . C at al u ñ a C an ar ia s B al ea re s G u ad ia n a II N or te I I N or te I II Actual Primer horizonte Segundo horizonte Cuenca Galicia Costa Norte Duero Tajo Guadiana Guadalquivir Sur Segura Júcar Ebro C. I. Cataluña Baleares Canarias TOTAL: Potenciales PNR-2005 707 8.604 349.567 51.232 74.043 84.847 14.550 30.823 48.000 485.216 0 4.000 1.614 1.153.203 Potenciales Borrador H-2008 0 0 249.503 35.777 93.983 92.963 6.708 2.145 75.758 465.981 0 750 3.400 1.026.968 Largo plazo PHC 0 4.528 268.097 59.190 89.849 165.872 22.865 0 55.000 487.358 11.526 0 8.000 1.172.285 Tabla 79. Determinaciones sobre superficies de regadíos potenciales por ámbitos de planificación Han de ser evaluados también los riesgos ambientales derivados de una agricultura intensiva, que para lograr productos competitivos, tiende al uso de una mayor can tidad de productos químicos contaminantes, y a la sobre explotación de acuíferos y otros recursos naturales. En los siguientes epígrafes se describen someramente algunos de principales problemas que se acaban de apuntar. 3.3.5.5.1. Condiciones de mercado y competitividad de la producción. La Política Agraria Común. Tendencias de futuro El agua siempre ha constituido un elemento funda mental en la agricultura de los países mediterráneos, entre ellos España, al ser su potencial agrícola fuerte mente dependiente de la actividad del regadío, en el cual, como es sabido, el agua constituye el factor esen cial de su proceso productivo. Por esta razón, la polí tica hidráulica española ha estado permanentemente influida por los objetivos marcados en la política de regadíos, como instrumento de la política agraria, aunque es de prever que, como se verá al analizar la crisis del modelo tradicional y los nuevos fundamen tos de la política hidráulica, esta relación tenderá gra dualmente a atenuarse en el futuro. En este sentido, es obligado dedicar atención preferen te al contexto exterior en el que se va a desenvolver el sector en los próximos años. Sin olvidar las perspecti vas de los mercados agrarios mundiales, es especial mente relevante describir brevemente el marco institu cional y regulatorio que define las reglas de actuación. La literatura existente sobre esta importante cuestión es muy extensa, pudiendo verse, p.e., Tió (1997). Asimismo, un interesante análisis de la coyuntura actual de la economía agrícola y de sus perspectivas de futuro es el proporcionado por Velarde (1996). En síntesis, puede decirse que el proceso de libera ción de los mercados mundiales, incluidos los agra rios, iniciado en los años cincuenta, fue una de las razones que dieron lugar, en 1957, a la creación, por el Tratado de Roma, de la Comunidad Económica Europea y al establecimiento de una Política Agraria Común (PAC) como mecanismo de defensa de los intereses europeos. La PAC ha consistido desde sus orígenes, básicamen te, en una política de regulación de mercados de pro ductos agrarios dentro de la UE y, si bien no ha mar cado estrategias concretas sobre el desarrollo de rega díos, puesto que ésta es una estrategia estructural que corresponde a los países miembros, no cabe duda de que condiciona las actuaciones de ámbito nacional en materia de regadíos. Inicialmente, la filosofía de la PAC se basaba en la fijación, mediante unas Organizaciones Comunes de Mercado (OCM), de un precio mínimo de garantía para las producciones, lo que aseguraba a los agricul tores el valor de sus cosechas al margen de las fluc tuaciones de los precios, en tanto que la protección en frontera limitaba las importaciones a aquellas situa ciones en que los precios internos del mercado común agrario superaban un umbral prefijado. El principio de solidaridad financiera hacía que el presupuesto comu nitario soportase los costes crecientes que necesaria mente acompañaban al mantenimiento del sistema. Las disfunciones provocadas por esta política, entre las que cabe destacar la generación de grandes exce dentes en los productos propios de la agricultura con tinental europea, hicieron que a partir de mediados de los ochenta surgieran fuertes críticas ante tal situación. Se consolidó entonces la idea de que no era económi camente razonable ni financieramente posible conse guir una garantía integral para cantidades ilimitadas de productos agrarios (Libro Verde de 1985), y a finales de los ochenta la UE se vio obligada a considerar la necesidad de una profunda reforma de la PAC. Este proceso culminó en 1992 con la aprobación por el Consejo de Agricultura de la CE de la reforma de la PAC, con vigencia para el periodo 1994-1999. En 1986, coincidiendo cronológicamente con las críti cas a la PAC entonces vigente, se inició en Uruguay la 8ª Ronda del GATT, que concluiría con los acuerdos de Marraquech de 1994. Con ello se dieron los prime ros pasos hacia una liberalización total del comercio a nivel mundial, referida fundamentalmente al comercio exterior agrario. Estos acuerdos suponen un claro perjuicio para la agricultura europea por la dificultad de adaptar sus altos costes de producción a los bajos precios interna cionales. La Unión Europea, gracias a la reforma de la PAC de 1992, pudo conseguir una demora en la apli cación de estos acuerdos hasta la siguiente reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC) que sustituyó al GATT, prevista para 1999. Con la reforma de la PAC, además de preparar a la agricultura europea para los futuros acuerdos del GATT, el nuevo escenario incorpora medidas restricti vas que modifican sustancialmente las expectativas bajo las que España había negociado el ingreso de su agricultura en el mercado comunitario. 295 Libro Blanco del Agua en España Así, y como se vio al analizar la evolución de las superficies, nuestra producción agrícola ha pasado, en un corto periodo de tiempo, de un modelo que prove nía de la estrategia definida en los años sesenta bajo el objetivo básico de alcanzar el mayor grado de autoa bastecimiento posible y en el que se encontraba fuerte mente protegida frente al exterior, a la vez que mante nía las tradicionales exportaciones propiciadas por las ventajas comparativas (vino, aceite de oliva, frutas y hortalizas), a otro radicalmente distinto. En la actualidad, y como se verá posteriormente, las subvenciones de explotación, que proceden principal mente de la UE, ascienden al 24% de la renta agrope cuaria nacional, superando en algunas Comunidades Autónomas el 40%. Estas cifras muestran la gran dependencia de nuestra agricultura de tales ayudas. Sin ellas es probable que una parte importante de la superficie cultivada en España se hubiera abandonado, con el consiguiente deterioro del medio rural. La figu ra 244 y la tabla 80 muestran las subvenciones agrarias por CCAA en 1995, tanto absolutas (ayudas directas, FEOGA-Garantía, FEOGA-Orientación y Fondos estructurales), como relativas respecto al VAB agrario regional (datos procedentes de MAPA [1998]; García Sanz [1996] pp.230-234). Algunos autores interpretan las subvenciones no estrictamente como tales, sino como pagos compen satorios para propiciar la aproximación de rentas agrarias al resto de la economía europea, mientras otros consideran que sólo son subvenciones las ayu das directas al agricultor, sin considerar las ayudas destinadas a la mejora de las estructuras de produc ción. Ello puede interpretarse así, pero, sea de forma directa o indirecta, es un hecho que el sector agrario español ha recibido una importante inyección de fon dos europeos en los últimos años, tendentes específi camente a financiar las rentas agrarias. En líneas generales, la nueva PAC persigue la regula ción anual de los mercados buscando fórmulas com patibles con los acuerdos del GATT para mantener el nivel de las rentas agrarias mediante un complicado programa de ayudas compensatorias, y evitando la generación de producciones excedentarias en la Unión Europea. Su nueva filosofía se concreta, de forma resumida, en las siguientes medidas: • Rebaja de los precios institucionales • Establecimiento de ayudas compensatorias por hec tárea para los cultivos herbáceos (basadas en rendi mientos históricos de los cereales) o bien mediante primas por cabeza de ganado. Estas ayudas compen satorias vienen limitadas por la superficie de referencia fijada por el Reglamento Comunitario (secano: 8,1 millones de hectáreas distribuidas por Comunidades Autónomas; regadío: 0,4 millones de hectáreas para el maíz y 0,7 para otros cultivos her báceos) y están condicionadas, salvo para los peque ños agricultores, a la retirada rotativa de la produc ción (set-aside) de una parte de las tierras. Se man tienen las limitaciones productivas preexistentes para el resto de los cultivos (cuotas de producción de azúcar, etc.). • Medidas de acompañamiento de protección del medio ambiente (extensificación, reducción de la contaminación, etc.), forestación de tierras agrícolas y jubilaciones anticipadas. En lo que se refiere al sector hortofrutícola y demás productos mediterráneos, vitales para los intereses de la agricultura española, gozan en general de un nivel de protección muy inferior al de los productos conti nentales: limitados sistemas de intervención e incom pleta protección exterior en algunos casos. Pendientes de concretar aún varias de las reformas de las Organizaciones Comunes de Mercado, cabe albergar serias dudas sobre el mantenimiento del principio de preferencia comunitaria en estos casos. La nueva PAC se caracteriza por el abandono de la protección al producto, vía precios, y su sustitución por un sistema de ayudas al productor. Lo relevante de este hecho es que la actividad asociada a las produc ciones que no pueden competir en un mercado libre y que necesitan del pago de las subvenciones para sub sistir depende de la aprobación anual del presupuesto comunitario. El margen de inestabilidad que ello introduce en las expectativas de las explotaciones agrarias es indudable, a pesar de la vocación de per manencia que mantienen algunos autores respecto al sistema de ayudas. Esta sensación se ve reforzada por las líneas definidas en esta nueva etapa relativas a la dilución de la políti ca agraria clásica en una política mucho más global, dirigida al desarrollo rural integrado, donde las consi deraciones medioambientales y la conservación del entorno juegan un papel cada vez más importante. En este contexto, ni la actividad agraria tradicional ni el regadío tienen por qué constituir la componente más importante del medio rural. En definitiva, esta situación supone para España un aumento de la apertura y de la competencia dentro de los propios mercados europeos de productos agrarios. La nueva PAC promueve, desde el punto de vista del comportamiento microeconómico de las explotacio nes, soluciones técnicas que permitan disminuir los 296 La Situación Actual y los Problemas Existentes y Previsibles costes unitarios manteniendo, e incluso mejorando, los márgenes netos por hectárea pero sin incrementar los rendimientos. Por su parte, los acuerdos de la Ronda de Uruguay del GATT supusieron una notable reducción de los aranceles, así como de los numerosos obstáculos no arancelarios existentes. La liberación de los inter cambios recibía de esta manera un fuerte impulso, bajo la previsión de que los resultados sobre la renta mundial no tardarían en llegar en forma de impor tantes incrementos. Entre otras cuestiones suponen un fuerte cambio en el tratamiento dado a la agricultura, puesto que a partir de ahora las acciones de los Gobiernos en temas de política agraria deberán respetar una serie de compro misos regidos por leyes internacionales. En concreto, los Acuerdos de la Ronda de Uruguay del GATT afec tan a España en tres aspectos fundamentalmente: 297 Libro Blanco del Agua en España Figura 244. Mapas de subvenciones agrarias por Comunidades Autónomas Subvención neta añadida (%) respecto al valor añadido bruto agrario (a precios de mercado en 1995) Subvención de la UE (miles de Mpta) • Acceso al mercado comunitario. Existe un doble compromiso: la arancelización de la protección en frontera y la posterior reducción de los aranceles y equivalentes arancelarios (un 36% en el período 1995-2000, gradualmente). La cláusula de acceso mínimo compromete a España a mantener las opor tunidades para importar hasta 2 millones de tonela das de maíz y 0,3 millones de toneladas de sorgo. • Reducción del apoyo interno. La Unión Europea debe reducir la media global de ayuda en un 20%. Se excluyen como ayudas reducibles las establecidas por la reforma de la PAC (ayudas por hectárea y por cabeza

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